Part 8
Como vino á noticia de Lecestre la partida de su Alteza, hizo pasar de esta parte del rio alguna gente de su exército para que se juntase con los Frisones y se acercase á la tierra, y comenzase las trincheas, como lo hicieron; y lo mismo hizo él contra el fuerte. Avisé luégo á su Alteza dello, y que tenía necesidad de ser socorrido. Volvióse á su alojamiento de Borkeló, y de allí invió al Marqués del Guasto con alguna infantería española, alemana y valona, y con cantidad de carros cargados de vituallas para meter dentro de Zutphen, sin avisarme ni su Alteza ni el Marqués de su venida. Los enemigos, sabiéndolo, le salieron al camino de la montaña que los Frisones habian fortificado, adonde todavía tenian el puente. El Marqués (no sé con qué consejo) habia dexado la metad de la caballería en la campaña de Locchum, y con la infantería acompañado los carros hasta allí, donde halló los enemigos, y á su llegada se vió en peligro de perderse. Yo, como oí tirar, vine á la puerta de la villa, y viendo que se peleaba, y que en tales ocasiones se va algunas veces desproveido, hice sacar un carro con pólvora y balas, sin que nadie me lo pidiese, y llegó á tan buen tiempo, que ya con el contínuo tirar, los soldados no tenian ninguna en los flascos. Entendí despues que sabiendo su Alteza lo que pasaba, sacó lo restante del exército en campaña confusamente, y el sargento mayor hizo escuadron de ella, y su Alteza echaba la culpa á Propercio, ingeniero, de no haberse él hallado, en lo que daba á entender que, no sólo en su oficio, pero en cosas graves y de mayor importancia, le daba mano y crédito. Sabido lo que habia pasado se volvió á su alojamiento. Pero hasta entónces, segun dicen, estuvo muy congoxado, y como yo supe tambien lo que era, hice tocar arma y adelantéme á caballo á hablar al Marqués, y tras mí salió Tassis; hallé á los enemigos y á los nuestros en escuadron tan cerca, que no habia sino un camino en medio. En este tiempo vino la caballería que habia dexado el Marqués en campaña, y tambien iba llegando la gente que salió de Zutphen. El Marqués me preguntó qué se haria, yo le dixe que estábamos tan cerca del enemigo, que mal podriamos apartarnos sin pelear, y que era de parecer que se hiciese, dando yo con la gente de Zutphen por un costado, y él acometiendo por la frente. Preguntó lo mismo á Tassis, y conformóse su respuesta con la mia. Él nos respondió que no traia órden de pelear, sino meter el socorro. En este mesmo punto acometió el Conde Lecestre á nuestras alas del fuerte de la otra parte del rio, donde estaban el Conde Herman y Mons de la Coquela, que la defendian, donde hubo una muy grande escaramuza, y buenas cosas en ella; adonde estaba el Marqués se oia la escaramuza, y no se pensaba sino que era dentro de la tierra, y nosotros que la suya era tambien dentro de ella, cosa que me daba mucha pena, temiendo que por haber yo sacado la gente, no se hubiesen rebelado contra la poca que habia quedado, ó que el enemigo no la hubiese acometido por la parte de sus trincheas que tenian hechas hácia la puerta del Pescado. Volví un poco atras, viendo que el Marqués no queria pelear, y sabido que no habia peligro en la tierra, me volví luégo á juntar con él, y hallé que Anníbal Gonzaga y George Crescia habian cerrado con los enemigos, con sus compañías desordenadamente, por pasos dificultosos, donde se perdió el Crescia, y á Anníbal Gonzaga le dieron una gran cuchillada en el cuello por ir sin celada, que no fué poco escapar de ella; cayó, y despues le retiró nuestra caballería. La demas caballería nuestra se venía retirando con poca órden, á favorecerse de los escuadrones de infantería, yo procuré detenella con ayuda de Nicolo Basta y Evangelista de las Cuevas, que hacia el oficio de Comisario general, y no pudiendo hacer lo que deseaba, saqué mi compañía aparte, que tambien se retiraba con los demas; y la caballería del enemigo no pasó más adelante, y toda la demas caballería hizo alto, y yo me fuí á la infantería. El enemigo, viendo que los que habian salido de Zutphen les hacian daño por un lado, teniendo un camino hondo casi por foso, se comenzó á retirar. Del escuadron de los españoles se desmandaron algunas picas, y por aquel camino hicieron daño al enemigo y señaláronse algunos de ellos valerosamente. El Marqués, viendo al enemigo retirado, se retiró tambien, dexando en la villa la provision que los carros habian traido. Su Alteza procuró de hacer otra escolta ántes de partirse del alojamiento donde estaba, y sabiendo que se peleaba, dándole mucha pena, quiso venir al socorro, y entendiendo lo sucedido, se aquietó, y vino en persona con todo el exército formado, y dexando los escuadrones, entró en la tierra. Y aquel mesmo dia habia el enemigo batido un fuertezuelo que los nuestros habian hecho á una de nuestras alas, y le dieron asalto, donde perdieron mucha gente sin tomarle. Habiendo su Alteza puesto la provision dentro, se salió, y haciendo una manera de consejo, me ordenó que me quedase todavía en aquella tierra; y considerando que no teniendo un real para la gente de guerra y las cosas que son menester en tales ocasiones, le respondí que ella estaba en gobierno de otro, y el Gobernador de la provincia allí presente, á quien su Alteza, siendo servido, la podia encomendar; que cuanto á mí, me parecia haber hecho harto en haberla ganado y sustentado con tanto derramamiento de sangre, y que habiéndola puesto en manos de mi Generalísimo y del Gobernador de la provincia, con razon me podia tener por excusado, y más habiendo el campo del enemigo mudado ya de alojamiento y dado muestra de quererse retirar; pero si su Alteza gustaba de que yo quedase, me descargase del gobierno que tenía, que lo haria de muy buena voluntad. Y no agradándole mi respuesta, por más que la peticion era tan fundada en razon, me respondió que si no gustaba de ello, que otro lo haria, y así salí de la tierra y me fuí con él á Borkeló, adonde le supliqué que miéntras estaba allí el exército sin hacer nada, fuese servido de acometer la villeta de Locchum, asegurándole de que la ganaria. Dióme buenas esperanzas de hacerlo, pero segun entendí despues, hubo algunos que le mudaron de voluntad, diciendo que yo le queria empeñar y otras cosas semejantes, y así se resolvió de no hacerlo. Dexó con Tassis á Propercio, el cual comenzó á hacer ciertas fortificaciones, gastando en ellas seis ó siete mil escudos sin ningun provecho, porque la primera creciente del rio se llevó todo cuanto habia hecho; y si yo quedára allí, no habia memoria de dar un real, ni dexára para uno ni otro. Resolviéndose su Alteza de partirse y volverse á Brabante, me mandó que fuese á Gruninghen á dar órden á lo necesario, y que despues volviese, porque queria que quedase con el exército al rededor de Wesel. Fuí luégo, y por haber pasado malas noches en Zutphen, me dió una enfermedad tan grande que estuve desahuciado por tres médicos, sin ninguna esperanza de vida. Avisé á su Alteza del estado en que me hallaba, inviándole atestacion de los médicos y burgomaistres de la villa de Gruninghen, suplicándole que pusiese en el exército alguna persona entre tanto, que si Dios me daba vida, como pudiese caminar, iria luégo. Y como nunca han faltado algunos en esa Córte, más para hacerme mal que bien, ménos entónces, pues hubo quien dixo á su Alteza que él tenía la culpa por haberme hecho tantas mercedes, y que aunque estuviera á la muerte, no habia de dexar de ir, mandándomelo él. Diciendo tambien estos mis amigos que yo habia prometido á su Alteza provisiones y victuallas, lo cual nunca hice, ántes estando en Bredevord, cuando íbamos á Zutphen, le dixe que no hacia bien en ir tan desproveido de ellas como iba, y con el celo que yo debo al servicio de mi Rey y al suyo, se lo dixe algo ásperamente, como podrá decir el conde Cárlos, que lo oyó; y en el alojamiento que yo hice al rededor de Borkeló habia tanta provision de trigo, que no sólo bastó para toda la caballería que habia en el exército, mas para batir y vender hasta los de su Córte, como lo hicieron. Su Alteza dexó el exército al rededor de Wesel á cargo de Mons de Altapena, hizo acabar el puente sobre el Rin y hacer dos fuertes, uno de una parte y otro de otra, para guardarle. Y viendo el Conde Lecestre que su Alteza era partido de Zutphen, prosiguió el sitio del fuerte. Y Tassis y Propercio sacaron la gente y lo que habia en él y le dexaron. Pusieron allí los enemigos luégo muy buena guarnicion y provision, y queriéndose el Conde tambien retirar con su exército, ántes de partir procuró con engaño meter en la villa de Deventer guarnicion, y así puso á Mons de Stenley, coronel de irlandeses, con su regimiento, y con él otras compañías inglesas. El Stenley, hallándose ofendido del Conde Lecestre y de otros de su nacion, y lo que yo más creo, por tener buen celo al servicio de Dios, siendo muy católico, dió á entender á Tassis, que estaba en Zutphen, que queria reducirse al servicio de su Majestad, y dalle aquella su tierra sin recompensa alguna. Y estando asegurado Tassis de su voluntad, me vino á avisar á Gruninghen, díxele que no se podia tratar de ello sin licencia de nuestro superior, y que haria bien en irse á Brusélas á dar cuenta de todo á su Alteza. Hallóme con la enfermedad en el estado que he dicho, y él se informó de los médicos que me curaban. Partióse para Brusélas, y no sólo traxo órden de tratar con el Stenley, pero de hacer su residencia en Gruninghen, teniéndome ya por muerto. Acabó Tassis su concierto, y el Stenley le metió una noche dentro con la gente que consigo llevaba, y ántes estuvo hecho escuadron en la plaza que los de la villa lo entendiesen: á las compañías de ingleses, que estaban allí, dexaron salir libremente, y á los burgeses no se les hizo mal ninguno. Estaba con el Stenley el capitan Roland Yorch, inglés, el cual se partió de Deventer, al punto que Tassis entró, para el fuerte de Zutphen, y avisando de lo sucedido en Deventer, puso tanto miedo á la guarnicion, que les hizo salir de allí, de manera que el Stenley no sólo dió la villa de Deventer á su Majestad, pero fué causa que aquel fuerte tambien se ganase. Este caballero ha servido despues acá con su regimiento, tan fielmente como todos saben; y al Roland dió su Alteza una compañía de caballos, con la cual sirvió á su Majestad hasta la muerte, la cual, segun dicen, procedió de tósigo que un cocinero suyo le dió. Como entendió su Alteza lo sucedido en Deventer, ordenó que un oficial del pagador fuese con dinero para pagar la gente que allí estuviese, y en Zutphen el comisario Francisco Vazquez hiciese las libranzas y que Tassis las firmase. Yo me estaba en Gruninghen, adonde padecia lo que Dios sabe por darles satisfaccion; y temiendo que el de Villers, que yo tenía preso en mi casa, no tuviese comunicacion con algunos de los malos de la villa, de que fué siempre bien proveida, le invié al castillo de Linghen, ordenando al Drosarte que no le dexase tratar con ningun extranjero si no fuese en su presencia, y que le tuviese estrechamente guardado; pero él era tan astuto y mañoso, que ganó la voluntad del Drosarte, el cual le trató con tanta libertad y familiaridad, que tuve mala sospecha de él. Levantaban los Estados en aquel tiempo cierta cantidad de herreruelos, los cuales, viniendo de Alemania, habian de pasar por Cloppenburg, y cerca de este país de Linghen. El Conde de Murs, ó que tuviese alguna inteligencia con el de Villers, ó que en efecto fuese llamado de esta caballería, juntaba cerca de Suvol toda la suya y la infantería que podia. Yo tenía proveidas y avisadas todas las guarniciones que estuviesen á punto para cuando él se moviese, teniendo muchas espías y hombres á caballo á trechos para avisarme con tiempo, y no me ponia en campaña por no tener dineros que dar á la gente y por conservar los trigos que áun no estaban maduros, pareciéndome que, segun la órden que yo habia dado á las espías, sería avisado con tiempo; y entendiendo que el Conde marchaba, marché tambien hácia Covorden con la gente que pude sacar del país de Gruninghen y de la guarnicion de Steenvick, y pensando tener lugar de juntarme con la gente que estaba en la Tuvent, hallamos al enemigo alojado en el villaje de Ulsent, camino forzoso que yo habia de hacer para ir allá, y adelantéme con la gente que traia conmigo á un villaje llamado Emmelinken, á una buena legua de donde él estaba, y entendiendo que partia de allí caminando hácia Linghen, y tomando el camino del alojamiento que con la suya habia tenido aquella noche, invié á Mendo con parte de mi compañía á tocarle arma á la retroguardia para entretenerle porque no hiciese diligencia; y la infantería que yo tenía, la invie por los pantanos para más seguridad suya, dando órden de acudir todos á Oetmarsum, adonde yo iba; y allí hallé á Mario Martinengo con toda la caballería que estaba alojada en la Tuvent, y la compañía de D. Rodrigo de Castro, que estaba de guarnicion en Linghen, que yo habia inviado á llamar para cierto efecto del servicio del Rey, que me hizo temer más el suceder allí alguna desgracia; y así luégo como llegué á Oetmarsum, ordené al capitan Mario que con su compañía y la de D. Rodrigo se partiesen luégo á la hora por otro camino del que el enemigo llevaba, caminasen en diligencia, y se metiesen en Linghen. El Conde de Murs, por las armas que Mendo le habia tocado, no pudo caminar más que hasta la abadía de Oetmarsum; y caminando de noche derecho á Linghen, supo como el capitan Mario habia entrado ya en ella, y así, por disimular la inteligencia que tenía dentro, si la habia, tomó á la mano izquierda hácia Meppen, dexando el rio Ems á la derecha. Yo, habiendo reposado un poco la gente, y recogiendo la demas infantería, que estaba alojada en la Tuvent, le iba siguiendo lo más cerca que podia; y como llegué á Linghen, supe como el Conde se habia apoderado de la villa de Meppen, so color de pedir victuallas y entrar á comprarlas. Por lo cual despaché luégo parte de la gente que tenía, á entrarse tambien en la villeta de Haesluyn, ambas del país Munster, para impedirle el paso de Alemania y de las victuallas. Dexáronla entrar con asistencia de un caballero del país, que se halló allí acaso; puse tambien la demas gente en puestos donde se le podia hacer daño al enemigo y apretar más la villa. Despaché luégo con toda diligencia á su Alteza, suplicándole que me declarase si podia poner artillería en campaña para batir al Conde de Murs en aquella tierra, por ser del imperio, y esto por tres y cuatro mensajeros, sin tener respuesta ni resolucion ninguna de lo que habia de hacer. Mas no por eso dexaba de hacer de léjos al enemigo la guerra que podia, que en diversas veces Mendo le mató mucha gente. Y entendiendo por mis espías que trataban de salirse y escaparse de noche, avisé de ello al Conde de Barlaymont, que gobernaba por entónces el país de Gheldres, y la gente que estaba cerca del Rin, por muerte de Mons de Altapena, su hermano, y acudió con parte de ella. Y el Conde de Benthen, cuñado del de Murs, y de una mesma religion, le avisó de la venida del de Barlaymont; y así determinó el de Murs de salvarse con la caballería de noche, no osando aventurar la infantería. Yo habia dado órden al capitan Mario, que gobernaba en Haesluyn, que tuviese siempre gente á las puertas de Meppen, y que, como sintiese que el enemigo se retirase, hiciese pegar fuego á una casa, para que, con la gente que yo tenía conmigo, con aquella seña le saliese al camino, lo cual podia hacer en media hora, y estar en el puesto una ántes que él llegase, y que él caminase luégo á la hora á juntarse conmigo, que era fácil, porque tenía ménos camino que andar que el enemigo; pero los que él habia puesto en centinela se descuidaron de manera, que el enemigo salió de Meppen sin ser sentido dellos, llevando preso consigo al Drosarte. Fuí avisado tarde de su salida por un villano, y con todo eso le seguí con la gente que tenía conmigo, y por hallarme con poca, por no haber llegado la de Mario, no hacia más que procurar entretenerle como, podia hasta que llegase, matando algunos de los que se quedaban atras. El Conde de Barlaymont venía caminando apriesa, pero no pudo llegar á tiempo; yo le seguí hasta el villaje de Ulsen, y poco despues llegó el de Barlaymont, pero el enemigo estaba ya tan adelante, que se hubiera hecho poco servicio en seguirle más. Fué una ocasion muy buena, perdida por un descuido. Yo me volví á Linghen á procurar de apretar á Meppen, porque estando en manos del enemigo, era de grande estorbo para el camino de Gruninghen. La infantería que quedó dentro, viéndose desamparada de la caballería, se resolvió de tratar conmigo, y así sobre mi palabra, vinieron dos de sus capitanes, el uno escocés y el otro valon, y concertamos que si dentro de cierto término no eran socorridos, que dexarian la villa y se volverian á Holanda. En este tiempo llegó aquí Mateo Serrano, un entretenido, con cartas de su Alteza, por las cuales me mandó tomar á mi cargo las villas de Deventer y Zutphen y que metiese guarnicion en ellas, queriendo emplear los irlandeses en el viaje de Inglaterra, y poner á Tassis con su regimiento en Buryk y en los fuertes que su Alteza habia dexado allí al rededor, y dábame el Serrano tanta priesa, que me fué fuerza inviar al Conde Herman á Deventer á tratar con el Stenley su salida de allí. Yo me quedé esperando que el enemigo socorriese á Meppen, ó que ellos rindiesen la villa, segun el tiempo que habian prometido. Mas los diputados del país de Munster, que estaban aquí, con dones y promesas hicieron tanto, que al fin ellos no lo cumplieron, temiendo los de Munster que viniendo en nuestras manos no se la volverian, teniéndola su Majestad como ganada en guerra. Yo, habiendo esperado el término puesto, me partí para Deventer, por la gran priesa que el Serrano me daba, y llegué en un dia, con ser jornada que vale por dos, y en partiéndome yo de allí, los enemigos se acordaron con los de Munster y los dexaron la villa. Salió Stenley de Deventer, y Tassis de Zutphen, en las cuales tierras puse guarnicion de la gente de mi cargo. Su Alteza me mandó que señalase los gobernadores en ellas que yo quisiese, que él los aprobaria é inviaria las patentes, y así nombré al Conde Herman para ambas, que estando tan cerca una de otra, podia bien tener cuenta con ellas; y en su ausencia gobernaba en Zutphen el teniente coronel de Mons de Billí. Y demas de esto, su Alteza me mandó que fuese á Burick á tener cargo de toda aquella ribera del Rin. No quise replicar en ello, y por no darle desgusto fuí luégo. Habia Schenck poco ántes tomado la villa de Bona, cuatro leguas de Colonia, rompiendo una puerta que salia al rio, donde habia puesto buena guarnicion. El Elector habia pedido asistencia á su Alteza para volver á cobrarla, y el Nuncio del Papa, que estaba con él, solicitaba lo mesmo. Su Alteza invió alguna gente para este efecto, y por cabeza della al Príncipe de Simay, el cual estando yo en Burick, me invió á rogar con Tassis que me llegase á Bruck, donde estaba, para tomar mi parecer en lo que se habia de hacer en aquella guerra. Fuí, y Tassis conmigo, y llegados allí tuvimos nueva que Schenck habia salido de Bona por esta parte del rio con mucha gente y artillería, á batir dos navíos de guerra del Rey, que yo habia inviado á Colonia y estaban pegados á la ciudad. Hízolo así, y los capitanes de los navíos sacaron la gente en barcas dexándolos batir como quisieron; y por no ser la artillería gruesa, no los hizo mucho daño. Vino el Príncipe de Simay con caballería é infantería á ponerse por la otra parte del rio, arrimado á la tierra, hácia donde los navíos estaban, sin hacer más efecto, por estar el rio en medio y no tener barcas para pasar, que tirarse mosquetazos unos á otros. Y así, retirándose el Schenck á Bona con la artillería que habia traido para batir los navíos, el Príncipe pasó el rio con barcas y se fué á alojar á Ducque, burgo que está de la otra parte de la ciudad, el rio en medio. La primavera comenzaba á venir y el invierno á aplacarse, que hasta entónces no se podia estar en campaña por el cruel tiempo que hacia, y Schenck, temiendo que el Príncipe no hiciese lo que yo le advertia y rogaba, y era que se fortificase en frente de Bona, haciendo un fuerte con sus alas, á imitacion de el de Zutphen, se fortificó. Y como yo habia venido allí sin órden de su Alteza, me quise volver á mi gobierno, ó á Burick, que no lo habia hecho ántes porque el Nuncio y el Príncipe me aseguraban que me harian venir órden para mi quedada allí; pero no viniendo tan presto como yo deseaba, me resolví de partirme en uno de los navíos de armada. Pidiéronme el Nuncio y el Príncipe que les dexase á Tassis allí, y así lo hice. Y acuerdóme haberles dicho á ambos á mi partida que con el regimiento de Mons de Sant Valamont, que habia llegado aquel dia, acometiesen luégo el fuerte que Schenck hacia, que aún no estaba en defensa; decíalo por ser la mayor parte de aquel regimiento de la nacion francesa, que al principio es de mucho más servicio que despues, y tambien lo dixe por no dar lugar al Schenck á que fortificase más el fuerte, y tardáronse de efectuarlo. Y yendo allá se resolvieron, no sé por qué causa, de hacer fuertecillos al rededor, sin acometerle de otra manera que, á mi parecer, se podia hacer. Los fuertecillos que hicieron eran tales, que saliendo el enemigo del suyo, ó los dexaban, ó les degollaban la gente que habia dentro. Yendo Tassis á reconocer el rio arriba, donde hacia otro fuerte, estando cinco ó seis de los enemigos escondidos en unas viñas que allí habia, el uno de ellos le dió un arcabuzazo por la cabeza, de que murió luégo, que fué gran pérdida, porque si Dios le diera vida, hiciera muchos servicios á su Majestad, siendo hombre de mucho valor y buena intencion. Llegando yo á Burick, entendiendo que Rhymbergh estaba muy mal proveida, salí en campaña con la gente de Tassis y alguna de la villa de Gheldres, y me puse en la abadía de Camp, de donde tenía tan apretada la villa, que era fuerza al enemigo venir á socorrer ó perderla. Mas dándome cierta enfermedad, me constriñó á venir á Burick, adonde recibí órden duplicada de su Alteza para que fuese á Bona; y una de ellas me traxo un caballero inglés, teniente de la compañía de caballos del capitan Roland Yorck, que estaba de guarnicion en la villa de Deventer, el cual habia ido á la Córte á solicitar la compañía, por la muerte de su capitan, y volvia mal satisfecho, segun yo colegí por sus palabras, y su Alteza me escribia en su carta que tuviese cuidado con él, porque no le contentaba su manera de hablar ni proceder; y así, entreteniéndole conmigo dos ó tres dias, despaché un mensajero al Conde Herman, diciéndole que estuviese sobre aviso. Llegado á Deventer, fué con un su hermano á hablar al Conde, á quien halló comiendo, y ofreciéndole que se sentase á su mesa y le hiciese compañía, él comenzó á hablar ásperamente, y echando mano á la espada acometió al Conde tan denodado, que si no fuera por los que estaban con él á la mesa, sin duda le matára; mas, levantándose con presteza, tomó sus armas y mató á ambos hermanos, sin que jamas se haya sabido la causa que les movió á hacerlo. Teniendo órden de su Alteza de ir al sitio de Bona, aunque la enfermedad me tenía en la cama, por no poder ir á caballo ni en coche, me puse en un navío de armada, y así llegué allá. El Príncipe de Simay no habia hecho otra cosa en aquel sitio, sino comenzar á hacer trincheas, aunque tenía artillería para batir la tierra y exército suficiente para la empresa. Y como llegué, se entró en consejo para lo que se habia que hacer, que esperándome no habian comenzado más de lo que digo. Antes de mi venida los enemigos habian hecho salidas, degollado alguna gente, quemado cuarteles, roto una compañía de hombres de armas y tomado preso á Mons de Conroy, haciendo su deber como muy valiente caballero; y estuvo preso hasta que la tierra se rindió. En el consejo que se tuvo dixe: que tierra que no estuviese del todo cercada y no tomada en veinte y cuatro horas, era difícil de ganar si los de su parte la quieren socorrer y los de dentro defender; y que mi parecer era que primero se acometiesen los fuertes que Schenck habia hecho de la otra parte del rio, porque tomándolos, podrian pasar los navíos de armada el rio arriba, y estorbando el socorro, tomar la tierra, y no de otra manera, como se vió claramente en lo que despues sucedió, que viendo Schenck ir el sitio de véras, dexando al Baron de Polvitz por gobernador, se salió della; y levantada gente en el Palatinato, embarcándola el rio abaxo, entró de noche en Bona. Así se resolvió de acometer los fuertes; tomáronse uno ó dos que estaban el rio arriba, sitióse el grande con gran peligro, batióse y ordenóse de dar asalto; y porque de la otra parte del rio se descubria todo el fuerte, mandó el Príncipe poner tres piezas para dar asistencia á los que le diesen, tirando á quien se pusiese á la defensa, que todos estaban descubiertos. Ordenóse que el tercio de Cárlos Spineli llevase la avanguardia, pero que no arremetiesen hasta que se les diese órden. Los alemanes lo hicieron sin ella, y el capitan D. Alexandro de li Monti, que estaba señalado para dar el asalto, viendo los alemanes ir á él, se movió tambien, y los unos y los otros confusamente, lo cual fué causa que los de dentro se defendieron é hicieron retirar á nuestra gente. Quexábase Cárlos Spineli de que don Alexandro se hubiese movido sin órden, diciendo algunos que el moverse sin ella á cosa semejante no era bien hecho. Pero si ellos se halláran en el puesto de D. Alexandro, que es un cuerdo y valiente caballero, hicieran lo mesmo para no permitir que se les quitase la avanguardia, como lo hizo. Prosiguiendo el sitio de este fuerte, acercándose con trincheas, los alemanes de Aquemburg, que llevaban la suya á la ala dél, estando cerca de ella, hablaron con los de dentro, que eran de su nacion, y los traxeron á nuestra parte, y ocuparon la ala que éstos guardaban, por donde los del fuerte no podian entrar ni salir, á cuya causa padecian. El Príncipe se pasó hácia el fuerte dexándome á mí con la gente al rededor de Bona, porque se entendia que Schenck la queria socorrer por tierra. Los del fuerte trataron con el Príncipe y se rindieron, y sin avisarme, los invió el rio abaxo hácia Holanda. El conde Federico de Berghes, á quien yo habia dexado en Burick, no los dexó pasar, por no llevar pasaporte ni carta mia, de que se sintió el Príncipe, y pudiera excusar este fastidio si fuera servido de mandarme que lo escribiese al Conde; pero nunca falta quien incita á la disension ántes que á la concordia, como lo procuraron hacer entre él y mí, mas no pudieron tanto, que yo dexase de serle muy servidor, y él de tenerme por tal. Despues de tomado el fuerte y pasado los navíos de armada el rio arriba, se apretó más la tierra con la zapa, y llegados al foso, le hallamos muy hondo y hechas en él casasmatas. La intencion que el Príncipe tenía era de henchir el foso, y haciéndolo, fuera obra larga, pero segura. Los enemigos no dexaban casi cada dia de hacer salidas, y algunas con daño nuestro, principalmente donde estaban los loreneses de Mons de Sant Valamont, que con éstos tenian los de dentro particular tema y enemistad. Vino en este tiempo nueva al Príncipe que su Alteza inviaba al Conde de Mansfelt, queriéndole emplear á él, por ventura, en otra parte. El Conde, considerado, dilató su venida por respecto del Príncipe, y él se dió priesa á concluir con la tierra ántes que llegase, y halló buena ocasion para ello, porque los de dentro, cansados ya de estar allí, dician que por un Schenck, que habia tomado esta empresa á cargo, no querian llegar al extremo peligro del sitio; y por esto no quisieron tener órden, así en las municiones de guerra como en las de boca, por tener tanto mayor ocasion de rendirse, principalmente despues que supieron la venida del Conde de Mansfelt; pareciéndoles que el Príncipe, por no dexar devenir al cabo de su empresa, les haria mejor partido que otro, comenzaron á tratar con él, y así, teniendo ambas partes gana de acordarse, se hizo brevemente, saliendo la gente de guerra con sus armas y bagaje. Pidieron rehenes para la seguridad de su camino y personas, é inviaron á Rhymbergh, si bien me acuerdo, dos caballeros napolitanos, Federico de Afflitto y Cola María Carachiolo, capitanes del tercio de Carlo Spineli. Hubo alguna dificultad sobre la seguridad de volver los navíos que habian de llevar el bagaje, y como estaban á mi cargo, tenía cuidado de mirar por ellos. Mas habiendo por ventura entre los enemigos un capitan llamado Gerit Heryunge, que fué el que ostinadamente defendió á Locchum, por haberle yo conocido por hombre cortés y de verdad, y haber tenido, siendo yo gobernador de Harlem, de donde era natural, grande amistad con su padre y parientes, prometiéndome que me los volveria, me fié de su palabra, y él la cumplió honradamente. Su Alteza, entendiendo la rendicion de esta tierra, mandó que el Príncipe se retirase, y que la gente de guerra fuese á cargo del Conde de Mansfelt á sitiar á Watendonck, y así el Conde, para este efecto, se fué á la villa de Venló á esperar allí la gente. Los de aquella villa y el coronel Wuentin, gobernador de ella, eran los que solicitaban aquel sitio, por la mala vecindad que los de aquella villa les hacian. Y yo, tomando licencia del Príncipe, me volví con los navíos de armada á Burick, adonde supe la venida del Conde de Mansfelt á Venló, y porque era fuerza partirme para Gruninghen, le fuí á besar las manos y á tomar su licencia. Y tratándome del sitio de Watendonck y de las comodidades que tenía para él, le dixe, como su servidor, considerando el tiempo, que era principio de invierno, muy lluvioso, y el puesto de la tierra, de sí mismo pantanoso, la necesidad y mala voluntad de la gente de guerra que venía de Bona, y la comodidad y asistencia que le daban, que no le haria Dios poca merced si salia con aquella empresa, y que cuanto á lo demas que le ordenaba su Alteza que hiciese acabado aquello, me parecia imposible, por las razones que por escripto le dí luégo, y que sin duda el que dió á entender aquello á su Alteza debió de ser alguno que ignoraba el país donde se habia de efectuar, ó mal intencionado. Sitió su Excelencia la villa de Watendonck, y con hallar las dificultades que yo le habia dicho, con su buena diligencia y valor, y la ayuda de Dios, salió con la empresa sin proseguir más adelante. Yo me partí para Gruninghen, dexando al conde Federico en mi lugar en Burick. Llegado que fuí hallé los trabajos y fastidios que siempre, porque en mi ausencia á toda aquella provincia la habia puesto en contribucion el enemigo y estaba á su devocion, perdida la poca que ántes tenian á los de la parte del Rey; ayudándolos á esto el burgomaestre Bal, por presentes que le dieron los Anabaptistas, de que aquel país está lleno. Poco despues su Alteza proveyó el gobierno de Gheldres en el Marqués de Varambon, encargándole tambien lo del Rin; y por muerte del Tassis, encomendó su regimiento á Juan Tissilinghe, capitan de él. En este tiempo proveyó su Alteza al Baron de Chassé la Drosartía de Linghen, con patente, no sólo de Drosarte, pero de gobernador del castillo, villa y país de Linghen, que era quitarme enteramente lo que tenía por patente y habia dias que servia. Supliqué á su Alteza que si su voluntad era que yo no gozase del gobierno, conforme á las patentes que tenía y juramento que habia hecho, que me descargase del todo de él, y le proveyese en quien fuese servido; que el que no hallaba bueno para el todo, ménos mereceria parte, y que no recibiria al Baron en Linghen, sino fuese descargándome del juramento que habia hecho. Y así su Alteza le recompensó en otras cosas. Y viendo cómo todo andaba, más quisiera yo que le proveyera esto, con las condiciones que le pedia, para irme á servir á S. M. en otra parte.