Part 6
El invierno entraba áspero, y nuestra gente, por lo que habia padecido en el sitio y la extrema necesidad que pasaba, estaba muy descontenta, por lo cual invié á llamar á Tassis para que recogiendo el trigo que se pudiese hallar en la Tuvent, lo llevase dentro de la villa. Y considerando que habia mucho tiempo que no llovia, y que ordinariamente hácia la fin del otoño, como no llueva, el Rin está más baxo que en todo el año, y por consiguiente los demas brazos de él, y más con los vientos orientales; venido, le ordené que buscase vado, no dudando de que le hallaria (por tener alguna experiencia de aquel rio, del tiempo del Duque de Alba, el cual me invió de guarnicion á Deventer con el coronel Mondragon), y hallándole, que pasase y tentase si por detras podria ganar los fuertes que el enemigo habia dexado, y en caso que no, se entrase por la Veluva adelante á executar las contribuciones que habian prometido y no pagado, y para este efecto le proveí de más gente de la que él tenía. Avisóme que habia hallado el vado, y que pasaba y seguia la órden que yo le habia dado. Hubo dificultad en el pasar, porque por el rio venian ya los hielos grandes, por los cuales se perdieron algunos de nuestra caballería, la infantería pasaba en barcas y á ancas de caballos, muy poco á poco, y con mucho trabajo. Hacia una niebla tan espesa, que impedia que los de los fuertes del enemigo no los viesen, mas oyendo algun ruido, inviaron cuarenta ó cincuenta soldados á reconocer, y hallaron que los primeros de nuestra infantería habian pasado, y que hecho fuego, se estaban calentando al rededor de él, y por la escuridad de la niebla estuvieron muy cerca unos de otros ántes de verse. Nuestros soldados desesperadamente cerraron con ellos, sin capitanes, porque todos estaban de la otra parte del rio ocupados con Tassis en hacer pasar la gente, fuéronlos siguiendo hasta hacerlos meter en su fuerte, y con el mesmo ánimo cerraron con él, y ayudándose los unos á los otros con las picas y alabardas lo mejor que pudieron, le entraron, y degollaron más de cien hombres. En aquel tiempo aclaró el dia, y los dos fuertes más cercanos de él, viendo lo sucedido y no teniendo tanta fortaleza ni provision de gente como el ganado, viendo que nuestra gente se preparaba para acometerlos (que ya habia pasado alguna más y acudido á la arma con los oficiales), alzaron los capelos para rendirse, y visto por los soldados de los otros fuertes, desamparándolos, se metieron en otros dos que estaban el rio abaxo. Tassis se fué á la tierra y sacó artillería y los sitió. Entendido lo sucedido por el Conde de Murs y el Wilers, que estaban en Arnem, con la caballería que pudieron juntar en aquel contorno, vinieron al socorro sin infantería, por no tenerla, habiendo perdido mucha en el sitio de Zutphen, y la que quedó inviado á reposar y rehacerse á Holanda y á Utrecht; y así no hicieron ningun efecto, no pudiendo pasar por no tener el hielo tanta firmeza que pudiese sostener los caballos; y los dos fuertes sitiados, padeciendo necesidad, se rindieron, de manera que el fuerte que el enemigo queria tomar por batería, minas, fuerza y hambre, tomó Tassis con otros siete ó ocho, de aquel modo. Hecho esto, los del país vinieron en contribucion y púsose un recibidor para ella á voluntad de Tassis, que yo no me quise entremeter en ello, por no ser de mi gobierno. Avisé de todo lo sucedido á su Alteza, suplicándole mandase poner una persona para esto, y el caballero Cicoña invió por recibidor al comisario Gramay, que lo ha manejado hasta la fin, sin que entrase en mis manos un solo real, ni por mi órden se distribuyese, que es bien al contrario de lo que despues dieron á entender á su Alteza, diciendo que yo en aquellas contribuciones me aprovechaba de cuarenta ó cincuenta mil tallares cada mes; y despues se averiguó que ántes habia yo prestado al recibidor para deshacer las trincheas y fuertes que los enemigos habian hecho al rededor del nuestro. Y de esta manera es cuanto me van ahora calumniando de las contribuciones de Frisa, de las cuales y de todas las demas que se han sacado en todo mi gobierno ha habido recibidores puestos por los mesmos del país; y si alguna cosa yo he tomado de su mano, ha sido de las contribuciones que vienen del enemigo, ganadas á fuego y sangre, y esto con órden de mi general, dadas al comisario Francisco Vazquez de Umaña, que aquí tenía los libros del sueldo del Rey, donde está escrito, y así se hallará que nunca he tocado á las contribuciones, que no haya sido para el puro servicio de su Majestad, al cual yo he acudido con mi persona y hacienda, ordinariamente sin hacer falta, y no lo he dexado en las ocasiones urgentes, como lo han hecho mis secretos émulos, que algunos de ellos nunca se han hallado en ninguna, ántes ofreciéndose, han buscado que negociar en esa Córte por huir de ella. He hecho esta pequeña disgresion por ser lo que digo la causa de mi discurso, no por hacer historia, sino por mi justificacion y descargo, y así va con más verdad que adornado de estilo. Tornando pues á lo de Zutphen, digo, que despues de sucedido lo que ántes dixe, no se entendia sino en proveer aquella tierra, que se hacia con gran trabajo, por haber metido gran guarnicion el enemigo en Locchun y Desburg; y estando yo en la villa de Oldenzel, vinieron el conde Herman de Berghes y su hermano Oswolt al servicio del Rey, habiendo ántes tomado licencia y pasaporte de los enemigos, segun el concierto que yo habia hecho con ellos; y tenian tanto deseo de servir á su Majestad, que me importunaban cada hora que les tomase el juramento de fidelidad, lo cual por cortesía deferia yo, hasta que su Majestad los proveyese de algun cargo; y ellos me han hecho siempre merced de darme crédito en cuanto les he aconsejado, y así los he siempre servido fielmente; llegaron á Oldenzel con peligro de los enemigos, que sabiendo que habian de hacer este viaje, los pusieron emboscada en el camino. Significando yo á su Alteza que la villa de Zutphen era la verdadera entrada para la Holanda, y siendo aquella provincia el nido de los rebeldes, si deseaba ver el fin de la guerra, entrase en ella, y que para hacerlo con más comodidad sería necesario tomar la villa de Arnem, que era fácil de hacer por estar señoreada de montañas y haberse las villas de Nimega y Desburg, vecinas á ella, reducido entónces al servicio de su Majestad; incitado de esta manera su Alteza y pareciéndole bien, quiso ántes mi parecer por escrito. Con esto fué y vino muchas veces el capitan Frias, el cual, á lo último, en la negociacion y viajes, se perdió y estuvo mucho tiempo en prision. Al fin se resolvió ántes de intentar á Arnem de inviar al conde Cárlos á sitiar la villa de Grave, y entre tanto invié á Tassis á hacer un fuerte junto á la villa de Arnem, adonde se divide el rio Isel del Rin, á la punta de los dos rios llamada Iseloort; hízole, aunque no muy perfecto, si bien tal que daba mucho estorbo al enemigo, y estándole haziendo, salieron los de Arnem á escaramuzar con los nuestros, y Anníbal Gonzaga, á quien se habia dado la compañía de Maximiano du Bois, acompañado de infantería, cerró con los enemigos y los rompió y mató algunos, y entre ellos quedó por muerto medio desnudo el Conde de Solms, ahora por los Estados gobernador de Celanda, que retirándole los de Arnem, le curaron con cuidado y teniendo más de cincuenta heridas, las más de ellas mortales, segun me han dicho, sanó, y no es la peor cabeza que los Estados tienen hoy en su servicio. Habíase resuelto su Alteza, como ganase á Grave, de venir en persona con el exército á Nimega, y que Tassis y yo con la gente de esta provincia nos llegaríamos á la villa de Arnem y haríamos un fuerte cerca de un molino de viento que estaba el rio abaxo, y que él vendría de la otra parte por la Veluva. En este tiempo proveyó su Alteza á Mons de Altapena del gobierno de Geldres, concertámonos los dos de juntarnos en Zutphen para buscar medio de entretener aquella guarnicion. Y partiendo yo de Gruninghen para este efecto, llegué á Zutphen con los condes Herman y Oswolt, y avisé á Mons de Altapena de cómo habia llegado allí, rogándole que viniese porque tenía necesidad de volverme luégo á Frisa. Respondióme, en lugar de venir, que era necesario que me llegase yo allá, con toda la gente de guerra que habia traido conmigo y la más que pudiese sacar de Zutphen, porque el coronel Schenck y el Conde de Murs habian sitiado un fuerte y le batian. El coronel, hombre de poca conciencia y acostumbrado á rapiñas, habia dexado el servicio de los enemigos y venídose al del Rey, como queda dicho, habiendo hecho ántes obras de sus manos y apoderádose de la señoría de Bliembek, quitándola á un pariente suyo legítimo heredero de ella que la poseia; y así por lo que habia hecho con sus compañeros, como por mantener esta tiranía, se vino al servicio del Rey. Y su Alteza le empleó en el socorro que se invió al Conde de Rinamburgh ántes que yo viniese á Frisa; peleó en el camino con el Conde Holac, y sucedióle bien, y así le hallé en Frisa cuando fuí á gobernarla, adonde su Alteza le invió á llamar para el sitio de Tornay, con la corneta de Adam Vanlanghen, haciéndole coronel de mil caballos; mas él y sus soldados se gobernaron tan mal en aquella jornada, que le despidió la gente, dexando en servicio al dicho Vanlanghen, de que se resintió mucho, por ser el primero desgusto que recibió. Tenía en Bliembeck una compañía de arcabuceros á caballo, con la cual se hacia contribuir de todos los alrededores, y venía conmigo algunas veces con ella á los socorros cuando el enemigo tenía sitiado á Bronckorst. Los de Nimega, ántes de su reduccion al servicio del Rey, todos los soldados que le tomaban, luégo se los ahorcaban, y por esta causa era enemigo mortal de la villa; y por hacerla mayor despecho hizo un fuerte en el rio Wael, que pasa por ella, con que la impedía la navegacion. Cuando este fuerte se hizo, ya la villa trataba de reducirse, como lo hizo, mandaron romper el fuerte, y pareciéndole á él que habia sido causa de la reduccion de la villa á su Majestad, pretendia el gobierno, no sólo de ella, mas de toda la provincia de Gheldres. Dióle su Alteza á Mons de Altapena, y á él ni aquello ni ménos el regimiento del Baron de Anholt, que tambien pedia; y el caballero Cicoña le quitó las contribuciones que él habia puesto en los países, por lo cual le fué fuerza despedir la compañía que tenía, y él se fué al sitio de Ambers, donde estaba su Alteza, á procurar que le diesen algun cargo ó entretenimiento, contentándose con una compañía de caballos y servir aquí en Frisa. Lo cual tampoco no hubo lugar, pero diéronle cien escudos de entretenimiento. Mas no satisfecho de esto, trató secretamente con el Conde de Murs de volverse al servicio del enemigo, y así lo hizo, adonde prosiguió la enemistad que con la villa de Nimega ántes tenía, y lo mesmo contra Mons de Altapena, por haber alcanzado el gobierno que él pretendia. Y la primera cosa que despues siendo enemigo hizo, fué sitiar este fuerte por hacerle despecho. He dicho todo esto de él, porque á las personas tales, aunque sean viciosas y de mala vida, siendo hombres de guerra y de efecto, no los deben poner en desesperacion, porque con ella hacen mucho mal, como él hizo: y así los condes de Berghes y yo volvimos en gran diligencia al socorro de este fuerte, dexando todo el bagaje é impedimento atras; y yo iba con tanta más voluntad, por haber tenido dos ó tres dias ántes carta de su Alteza, con órden de que procurase en todas maneras de sacar al Schenck en campaña y pelear con él; y como se ofrecia la ocasion de efectuar lo que se me habia mandado, apresuré el camino y fuí derecho á Iseloort, donde habia gente nuestra, y pasando el Rin, llegué á Huessen, villa del Duque de Cleves en la Wethua; y caminando hácia Nimega, vino á encontrarme Mons de Altapena, avisándome que el Conde de Murs y Schenck se habian retirado sabiendo mi venida y dexado el fuerte; rogándome con mucha instancia que me llegase á Nimega, dexando la gente que yo traia al rededor de aquella villeta, junto á la cual tenian los enemigos un fuerte á la orilla del rio, el cual él y los de Nimega me rogaron que ántes que me volviese con la gente le tomase, ofreciendo que me darian artillería y municiones. La que me dieron era suficiente, pero la pólvora tan poca, que no me atreví á batirle. Reconocíle, y vi que por la zapa vendriamos más presto á ganarle que por batería, porque aunque estaba hecho con mucha faxina y árboles, el foso era seco ó con muy poca agua y arenisco, y que zapando lo que habia desde la agua hasta la faxina, vendria todo á caer abaxo. Invié á Tassis por una parte, para que guiase su trinchea derecha al fuerte, y yo con los Condes por otra, y cuando venimos con nuestras trincheas á entrar en el foso y á zapar lo que he dicho que habia de la agua á las faxinas, se rindieron los del fuerte, y á la entrada del foso dieron una pedrada al conde Federico, que habia venido de Buxmer á ver á sus hermanos, y entre ellos cayó sin habla, de suerte que pensamos ser muerto, y mataron al capitan Claraute del regimiento de Mons de Billí, hombre de valor y de virtud. Yo tenía por cosa cierta que Schenck viniera á socorrer este fuerte, pues estaba en Arnem, que no está más de allí de una hora de camino, y tenía consigo toda la gente con que habia sitiado el fuerte de Nimega; no vino ni supe por qué. Y tratando con Mons de Altapena del entretenimiento de la gente de la guarnicion de Zutphen, que era la causa de mi venida de Gruninghen, me dixo que era necesario entrar en la Veluva á executar las contribuciones y á procurar sacar más. Respondíle que tenía mucho que hacer en Gruninghen, que aunque la Veluva era de su gobierno, le sirviera en aquello de muy buena voluntad, pero que era fuerza partirme. Pidióme la gente y á Tassis para hacerlo, concedíselo, y partíme para Oldenzel, y Tassis entró hácia Utrecht para el efecto. El Conde de Murs, Schenck y Mons de Wilers, gobernador que era del país de Utrecht, juntaron sus fuerzas y fueron contra él. Tassis llevaba la mejor y más experimentada gente que el Rey tenía en estas partes, así caballería como infantería, y lo mostraron bien, porque estando alojado junto á la villa de Rhenen, en un villaje llamado Hameronghen, adonde de improviso acudió el enemigo, hallándole con la caballería separado de la infantería, y pareciéndole buena ocasion, dexó tambien su infantería atras y acometió á nuestra caballería. Valióle á Tassis mucho el consejo que yo le habia dado, que si viniese á pelear, tuviese un cuerpo entero de caballería para acudir á las necesidades; que esto, despues de Dios, fué causa de la victoria. Rota esta caballería con la nuestra, y la infantería, que ya llegaba, cargaron en la infantería del enemigo, de manera que pocos soldados de ella quedaron vivos. El Conde de Murs y Schenck se escaparon, y el de Wilers quedó preso, con quien en nuestra joventud habia yo tenido estrecha amistad, y así le compré de los soldados que le habian tomado y le traxe conmigo, y despues su Alteza me hizo gracia de permitir su rescate, que fué dándome doce mil florines. Despues de esto sucedió que inviando el conde Guillermo de Nassao dos compañías de caballos, una de arcabuceros y otra de lanzas (de esta era capitan Mons de Bordas, caballero frances, y de la de arcabuceros Bernalt Cessin) á tomar las vacas de la Drent, y tocándose arma en Steenvick, donde estaba mi compañía de lanzas, con ella y algunos garabies del regimiento de Mons de la Mota, saliendo Mendo á ellos en un paso estrecho, los acometió y rompió, prendiendo al capitan frances mal herido, de que murió despues, que el conde Guillermo lo sintió mucho. Siendo este invierno grandes las heladas, los de Frisa no querian pagar las contribuciones, como siempre han hecho, si no es á fuego y á sangre; ofreciéndose esta ocasion, invié á Zutphen á llamar á Tassis, ordenándole que traxese la más gente de aquella guarnicion que pudiese, y á los dos hermanos condes de Berghes, á Mons de la Coquela y á Mons de Rinavelt, y que juntos entrasen en Frisa á executar las contribuciones, como lo hicieron. Los enemigos, temiéndose de esto, se habian juntado con mucha cantidad de trineos, con los cuales llevaban parte de su gente y vituallas. Tassis, sin saber esto, quiso entrar en la Bildt, que es un pedazo de tierra de aquella provincia ganado de la mar con diques, y la gente que habita en ella muy rica. Mas como comenzaba á deshelar, le fué necesario dar la vuelta, y de manos á boca topó con el enemigo que le venía siguiendo, el cual, como vió volver los nuestros, se apoderó del Cassar Huysum, junto á Liewerdt. Tassis se puso al rededor de este lugar con la caballería, y los demas acometieron al enemigo dentro de él, y le deshicieron, matándole mucha gente, y tambien hubo algunos heridos y muertos de nuestra parte, habiéndose peleado bien de ambas. Y habiendo el Conde Hoswolt muerto y quitado la bandera á un alférez del enemigo, el pobre señor volteándola, con el contento de lo que habia hecho, se la revolvió el viento á la cabeza, y uno de los nuestros, pensando ser enemigo segun dicen, le dió con una pica ó alabarda por el colodrillo y le mató. Fué muy sentida su muerte, porque daba esperanzas de venir á ser grande hombre, por ser muy diestro á caballo, de gran valor, bondad y discrecion. Murió tambien el capitan Enrique Wandelde, muy buen soldado nuestro. Y porque deshelaba mucho, se dieron priesa á volverse á Gruninghen, adonde yo estaba, trayéndome preso á Steynmalts, teniente del conde Guillermo, que era el que gobernaba la gente enemiga, hombre muy noble, vasallo del Rey de Dinamarca; y dos ó tres dias despues vino allí un mensajero, no sabiendo lo sucedido, que iba en su busca á Frisa con carta del Rey y otras de su padre, parientes y amigos, las cuales abrí por la ocasion que diré; pero la del Rey, por su respeto, se la invié cerrada, y leyéndola, me la volvió luégo abierta, la cual ni las demas no contenian otra cosa sino que se volviese luégo á Dinamarca, porque el Rey tenía necesidad de su persona. Corria entónces fama por las villas marítimas de Alemania que este rey, incitado de algunos príncipes y señores della pretendia la corona imperial, y quitarla al que la tiene. Y pensando por esta via saber algo de ello, le invié este prisionero sin ningun rescate, escribiéndole que por no estorbar su servicio, ni el bien ni acrescentamiento de aquel caballero teniéndole preso, en viendo su real carta, se le inviaba, porque otro ninguno le diese libertad sino su Majestad, suplicándole que recibiese aquel pequeño presente del menor ministro y vasallo que el Rey, mi señor, tenía. El caballero se presentó al suyo, así preso como iba, y dándole libertad, se acordó el Rey que teniendo yo en Holanda la armada de mar á mi cargo, le hice otro semejante servicio de unos navíos de su reino que me pidió, y así me quiso honrar escribiéndome con un presente real que me invió, de parte del cual se sirvió su Alteza, y con parte quedé yo. Mucho importa en tales ocasiones ganar semejantes voluntades, porque vienen despues á ser de mucho momento en el servicio del príncipe á quien se sirve, pues tienen necesidad unos de otros, y así es bien tenerlos gratos, que por esta razon supe de este rey algo de lo que deseaba, y avisé dello á quien convenia. Al principio del verano vino su Alteza al sitio de Grave con todo lo necesario, que al fin es el verdadero camino de hacer la guerra, y no á remiendos, adonde me mandó que le viniese á ver para lo de Arnem, y así lo hice. Y estando todo concertado, despues de sitiado Grave me llegó nueva de la muerte de mi mujer, á quien habia dexado enferma en Gruninghen; dióme su Alteza licencia para ir á su enterramiento y exequias. Batida la tierra, la tomó su Alteza, y dexando la empresa de Arnem, que era tan necesaria y provechosa, se fué á sitiar á Venlo, que estaba á cargo de Schenck, y con asistencia de los burgeses la tomó. Y de allí se fué á sitiar á Nus, tierra del Arzobispo de Colonia, que poco ántes habia tomado por inteligencia el Conde de Murs; batióla, y tomándola por asalto, la quemó, y volvióse por el Rin abaxo con su exército á tomar á Rimbergh, del mismo arzobispo, que habia ocupado el de Murs, adonde yo, siendo de vuelta de Gruninghen, llegué con alguna gente de mi cargo. Díxome su Alteza que se espantaba de que en tal tiempo pidiese mi nacion alojamiento, siendo el más propio que se podia desear para hacer guerra. Hablé sobre ello á algunos capitanes, los cuales me respondieron que no sabian nada, y que estaban prestos para todo lo que su Alteza les mandase: no quiero decir lo que sobre esto podria, por muchas causas.
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