Part 4
Invié al capitan Frias á la córte con los estandartes y banderas que se habian ganado, suplicando á su Alteza que me diese asistencia para acabar sitio que tanto trabajo y sangre habia costado. Y no faltó quien en el Consejo, segun he sido despues informado, dixo que merecia castigo por haberme empeñado en tales sitios sin órden de mi superior. Y así por estos buenos oficios despues he sido tratado como podia esperar del mayor enemigo que he tenido todo el tiempo que he servido en Frisa, y el que más daño ha hecho al servicio de su Majestad, que ha sido y es la calumniosa invidia, como lo he visto en el término que se ha usado conmigo. Habiéndome, pues, resuelto de proseguir el sitio, esperando ser asistido, viendo que el enemigo venía al socorro, por hallarme falto de muchas cosas, principalmente de pólvora, fuí á Linghen á pedirla al Drossarte, que no la habia á la mano en otra parte, y por no tener aún la patente de gobernador, me la negó, teniéndose por más señor de aquella plaza que el Rey. Al fin me la dió, dexándole en prendas á mi mujer y dos hijas, con juramento de no sacarlas sin que se la hubiese pagado ó vuelto. Entre tanto que yo hacia esto, el conde Cárlos de Mansfelt, Mons de Altapena y el Conde de Hoechstrate vinieron al socorro con buen golpe de caballería é infantería, que sin tener órden habian venido allí, y sabiendo que habian llegado, me partí con la pólvora que tenía á nuestro campo, donde supe de ellos y de algunas espías que tenía, que el enemigo con todo el poder que el Duque de Alanzon habia traido de Francia, y la gente que los Estados tenian en Frisa, querian socorrerla, por la grande instancia que el Conde de Berghes hacia por sus tres hijos, y el Conde de Holac por la palabra que les habia dado de socorrerlos y ser sobrinos del Príncipe de Orange; los Estados resolvieron de inviar el socorro á cargo del dicho Conde, con el cual tambien venía el general Noris, que fué roto en Northorno, y otros muchos caballeros. Augmentóse el exército del enemigo, dos ó tres dias ántes que viniese el socorro, con dos mil gascones que por la mar habian venido de su tierra, bien armados y en órden, y entre ellos mucha nobleza á cargo de Mons de Burey, gascon; y tambien en su favor llegaron mil y quinientos raitres, segun decian, del viejo conde Cárlos que se dice Conde de Mansfelt. Con todo este aparato vino el enemigo á buscarnos. El conde Cárlos se habia alojado, no estando yo allí, por la parte que el enemigo venía marchando con su exército, para del todo cerrar la villa. Y considerando yo que era gran multitud de gente la que cargaba sobre nosotros, hice proveer bien los fuertes. Y para la resistencia dixe al Baron de Anholt que inviase alguna persona á su fuerte para que no sucediese lo que otra vez; y acuérdome de haberle dicho delante del conde Cárlos que no fuese, sino que inviase; mas él, como buen caballero, quiso ir en persona, y como era de grande estatura, y sus soldados no habian hecho las trincheas, para ir al fuerte, muy altas, el Conde Herman y sus hermanos le conocieron, y (segun ellos me han dicho despues) le hicieron tirar, por cierta question y ódio particular que habian tenido, diéronle un arcabuzazo por los riñones, de que murió despues, y fué gran pérdida, porque si viviera, fuera gran servidor de su Majestad. Viniendo el exército enemigo derecho al cuartel del conde Cárlos, le fuí á pedir que nos juntásemos todos, porque así seríamos algo, y separados nada, pero él insistió en no querer sino pelear allí; y aunque le habia proveido de alguna gente de mi regimiento, via que si él aguardaba se perdia, y perdido él, infaliblemente se perdia todo el exército, y que no podia yo juntarme con él, porque el cuartel y los fuertes quedaban perdidos, y el camino de las vituallas mal seguro; y volviendo á pedirle con grande instancia que se partiese de allí y que nos juntásemos todos, me lo concedió cuando ya la avanguardia del enemigo venía cargando sobre su retroguardia. Los sitiados pasaban tan extrema necesidad, que desenterraban y comian los caballos muertos de seis y ocho dias, y así hacian una puerta nueva hácia el rio para por allí hacer una salida á la desesperada (siendo la parte por donde ménos guardia habia) y salvarse el que pudiese. Estaba dentro el coronel Smit, escoces, y en mi regimiento habia un capitan llamado Hamelton, de la misma nacion, y hablando los dos en su lengua, el uno desde la villa, y el otro de la trinchea, el Hamelton avisó al Smit cómo su campo venía á socorrerlos, y que estaria allí dentro de dos dias, y así no hicieron la salida y esperaron el socorro que vino al tiempo que habia avisado. El capitan Camiga, que los oyó hablar, y aunque no sabía la lengua del todo, entendia algo de ella, por ser la antigua frisona conforme á la inglesa, me dixo que le parecia ser avisos que le daba, y era así, segun los condes me dixeron despues; y como yo no podia probar lo que él decia y sospechaba, busqué alguna ocasion despues para echar al Hamelton de mi regimiento, y así lo hice. Llegado el campo del enemigo al alojamiento del conde Cárlos, puse en un cercado que estaba en aquella parte, junto al fuerte que se decia de Camiga, el rio en medio, al teniente Tassis con más de dos mil y quinientos hombres, el cual mantuvo valerosamente todo aquel dia la escaramuza con el campo del enemigo, y miéntras él escaramuzaba, los tres condes de Berghes y los coroneles Halayn y Smit plantaron la artillería gruesa que el Conde Holac les habia dexado sobre la muralla, y de allí batieron el fuerte, que llamábamos de Anholt, que en la batalla se habia tornado á cobrar, porque por allí la podian socorrer fácilmente ayudándose para el paso del rio del molino, á la defensa del cual yo habia puesto algunos valones del Conde de Manderscheit, que habian llegado con el conde Cárlos y otros de aquí, gente escogida. Yo me puse con un escuadron de infantería poco apartado del fuerte que los de la tierra batian, para socorrerlos si el enemigo daba asalto, desde donde yo via lo que pasaba con Tassis de la otra parte del rio. Hacia hacer balas apriesa á todas las mujeres de mi regimiento, y faltándome plomo, hice tomar todas las pesas de los vivanderos y deshacer los platos de estaño en que se comia. Habiendo dicho á los del fuerte que me habia puesto allí, no sólo para defenderlos, mas para hacerlos pedazos en caso que le dexasen sin órden. Despues de batidos por los de dentro, las compañías francesas salieron á dar el asalto; yo me moví al socorro, y los del fuerte se defendian bravamente, que fué causa de que con la mesma furia que habian salido se volviesen, habiendo recibido gran daño, con muertes de cinco ó seis capitanes y muchos soldados heridos. Y miéntras yo estaba ocupado en esto, el conde Cárlos andaba proveyendo todo lo que era necesario en el campo. Aquel dia no se hizo otra cosa, y á la noche nos fuimos los condes Cárlos, el de Hoecstrate, Mons de Altapena y yo al fuerte de Camiga para dar asistencia al teniente Tassis si acaso el enemigo le acometiese en su cercado. Habia entre él y el fuerte que los enemigos habian batido hácia la parte donde estaba el enemigo, una casa con un jardin, en el cual puse al capitan Decheman y algunos otros capitanes de mi regimiento, y yendo mi sargento mayor con algunos oficiales á visitar esta casa, encontraron á Mons de Burey con algunos gascones soldados suyos, el cual habia propuesto, como caballero mozo, de ser el primero que entrase en la tierra; escapóseles de las manos, y fué á dar al puente que los de dentro habian hecho á la puerta nueva sobre el rio; traxeron presos algunos de los que le acompañaban, á quien examinó el conde Cárlos, y de ellos se supo la gran cantidad de gente que allí habia, obligando sus vidas si no fuese verdad lo que decian. Considerando la poca que nosotros teniamos, y esa repartida en tantas partes y fuertes, y que lo más útil y mejor que podiamos hacer era juntarnos todos y procurar dar batalla; no pudiendo estorbar al enemigo la entrada en la villa por haber crecido el rio, habiendo los de Zutphen detenido la agua en sus molinos, por la cual entró el de Burey aquella noche, y sacó los condes de Berghes, que por salvarlos el enemigo habia puesto todas sus fuerzas. Consideramos tambien no haber entre nosotros dinero para comprar vituallas, y que ésas áun no venian, y á la llegada del conde Cárlos con aquellos señores, fué menester dar á su gente lo poco que yo tenía, sin que me quedase un real. Hiciéronse escuadrones ántes del dia en nuestra plaza de armas por asegurar más el alojamiento y tener mejor sitio para pelear. Repartióse la poca municion de guerra que quedaba entre los soldados; y siendo de dia, comenzamos con todas las trompetas á llamar al enemigo á la batalla, y él se arrimó con todo su exército á la tierra, entre la cual y nosotros habia poca plaza para meter en órden tan gran exército como ellos traian, que, segun nos parecia, era la causa por que no se movian de junto á la tierra; y así, sin mover la órden de los escuadrones, vueltas las caras á las de los enemigos, nos retiramos á otra montaña más adelante, camino de Grol, dándole lugar para ponerse en batalla. Allí estuvimos esperando á ver lo que queria hacer, y visto que no se movia, se resolvió de retirarnos; y así ordené que los heridos, enfermos y gente inútil caminase delante con alguna guardia, y que retirando todo lo que habia en el alojamiento, se le diese fuego; y tras esto, tomó el conde Cárlos la avanguardia con su regimiento, llevando consigo la artillería que se habia ganado en la batalla; tras ellos otros dos regimientos de alemanes, y yo, poniendo las banderas del mio entre las de los alemanes, hice dos mangas de los soldados de él, y con ellas y con toda la caballería tomé la retroguardia. El enemigo, viéndonos con tan buen órden, nos dexó ir en paz, salvo algunos que nos venian tirando á las espaldas, y por ser tarde para nuestro camino, no se hacia caso de ellos; pero al cabo, como se llegaban muy cerca, habiendo yo de pasar por un camino muy estrecho, donde habia valladares y arboledas, hice baxar las lanzas á algunos soldados de mi compañía, y que se quedasen allí, para que en volviendo yo la cara cerrasen con ellos, y llegando cerca de la emboscada, la volví, y luégo cerraron, matando algunos. Tomóse un prisionero aleman de poca edad, que, aunque no queria decir quién era, mostraba ser persona de calidad, el conde Cárlos me le pidió, y yo le compré á los soldados en doscientos escudos, y se le dí; y despues, estando en Grol, confesó al Conde ser hermano de la mujer del conde Hans Albert, su tio, y que él era conde de Glelik, de casa principal y rica. De allí adelante los enemigos nos dexaron del todo. Llegamos con esta órden á un pequeño rio, y no habiendo puente, fué necesario romper la órden, y pasar cada uno como podia. Y considerando yo que la compañía del Baron de Anholt, que guardaba á Grol, estaba tan amotinada, que á su mesmo coronel y capitan, yendo herido de muerte, no le quisieron dexar entrar ni acompañarle hasta Bredevord, que era suya, dos horas de camino de allí, adonde murió aquel mesmo dia. En la cual compañía habia dos ó tres que hablaban bien español, habiéndolo aprendido siendo alabarderos del Rey, principales autores del motin, á los cuales yo habia ganado con dineros que los daba cuando por allí pasaba, y de esta manera tenía la entrada y salida en aquella villa como yo queria, rehusándola á su coronel. Y aunque se inviaron los furrieles al villaje de Iburgh á hacer alojamiento, mi intencion era de alojarla en Marsfelt, detras y junto á la villa de Grol, para mayor seguridad nuestra, y efectuar lo que despues se hizo, y así me adelanté con todos estos señores, y los amigos que yo tenía entre los soldados de aquella guarnicion abrieron las puertas y alojaron al conde Cárlos y á los demas. Yo me fuí á hacer el alojamiento al lugar que he dicho, é invié á decir al exército que se encaminase allí, y á los furrieles, que habian ido á Iburgh, que se volviesen á este lugar. El enemigo, habiendo metido todas las vituallas que tenía dentro de Locchum, y proveida, caminó hácia Vildemburgh, castillo del Conde de Isteron; y sabiendo yo cuán mal proveidos iban, no cesaba con tropas de caballería de tocarles arma para que no se desmandasen á buscar de comer. Estas tropas que yo inviaba, mataban muchos de ellos, y era lástima de ver los gascones, que por no ser acostumbrados á beber cerveza, bebian agua, y con ella les vino una enfermedad, que se quedaban por aquellos caminos en tropas; habia entre ellos mucha nobleza y joventud, despues los alojó su coronel Nedereltem junto á Emmerik, adonde fué tanta la mortandad, que no escaparon de veinte uno. Los Estados, considerando el fastidio que Keppel y Bronchorst les habian dado, ordenaron al exército que las fuese á tomar. Cargó tanta agua y tan mal tiempo, que si en la gente de guerra que estaba en una y otra parte hubiera fidelidad, no las tomáran, porque les faltaba artillería y lo demas necesario para sustentarse en campaña. En este tiempo, por no tener dineros, nuestra gente se comenzaba á alterar, y los burgomaistres de la villa de Grol me vinieron á avisar que los soldados de su guarnicion tenian inteligencia con el enemigo, y que si los dexábamos allí y nos partíamos sin mudarlos, que sin falta la villa se perderia. Y así ordené aquella noche que viniese la mayor parte de mi regimiento sin banderas, y la mayor de la caballería; y socolor de inviarlos contra el enemigo, hacerles entrar en la tierra, por acortar camino, porque era menester rodear mucho por otra parte, y con el crédito que yo tenía con aquellos soldados, tuve las llaves, y estando la gente en la plaza se puso en escuadron. Venido el dia, los soldados me vinieron á decir que estaban muy maravillados de que aquella gente no marchaba. Yo les invié al conde Cárlos que les diese la respuesta, y sin dársela, se vino con ellos á mi casa, por estar yo mal dispuesto, díxele que sería bueno desengañarlos, y así lo hizo, diciéndoles que no era la gente que estaba en la plaza la que habia de salir, sino los que tan mal se habian gobernado como ellos. Respondiéronle que pues habian de salir, que fuesen de su regimiento ya que con él habian pasado muestra, que es el mesmo que llaman de Gheldres, que á mi venida en Frisa invié á Brabante por su mal gobierno, con la caballería de Schenck y los hombres de armas, y despues el regimiento fué dado al conde Cárlos, el cual los aceptó en el suyo, con no haber sido de él ántes, y luégo habiéndolos hecho sus procesos, mandó ahorcar algunos de los más culpados, y otros se echaron por las murallas huyendo; y aquel mesmo dia hizo salir fuera de la villa á los demas, y que caminasen con mi regimiento, poniendo una compañía del suyo, que era de Tisilinghe y la coronela mia, y al Tisilinghe por gobernador. En toda nuestra gente de guerra crescia la necesidad y con ella la desobediencia, y no sabiendo qué hacerme de ella, propuse, tomando conmigo la que el país podia sustentar, que la demas fuese con el conde Cárlos á Brabante, so color de inviarle con más seguridad. Habíase ya partido Mons de Altapena con su compañía de lanzas con poco gusto, por haber entendido que sin avisarle le habian quitado el gobierno de Breda. Invié con el Conde la mayor parte de mi regimiento y todo el del Conde de Rinamburg, quedándome con el del Baron de Billí, con el cual he tenido particular cuenta, dándole lo mejor que habia en todo este gobierno, por respecto de su coronel, y merecerlo ellos por ser tan buenos soldados. El Conde se fué, y yo me volví á mi gobierno á Oldenzel, alojando este regimiento en aquellos contornos, y de allí vine al castillo de Lynghen, donde dexé empeñadas mi mujer é hijas por la pólvora que me habian dado. Y aquí me dixo el Drosarte de Covorden que la villa de Steenvick estaba tan mal reparada que fácilmente se podia entrar en ella, dándole una escalada. Y siendo necesario ántes de intentarlo saber la hondura del foso (que el Drosarte no lo sabía), empleé una mujer, la cual yendo al rededor, desde el camino iba mirando que no la viesen, echando dentro su capelo como que el viento se le llevaba, y así entró y tomó la hondura que tenía sin ser vista, que no llegaba á la rodilla. Determiné de sacar la gente de las guarniciones, y que Tassis fuese á la empresa, y como estaba reposada, iba de buena gana, aunque caminando por agua algunas veces hasta la cinta, y acertó á ser una noche oscura, y por la mesma parte que la mujer habia reconocido, le dió asalto y la tomó. Y por la obligacion que tenemos de venerar las imágines de los Santos escogidos de Dios, diré lo que aquel dia sucedió. Estando la villa de Hasselt entre la de Steenvick y de Svuol, la cual se mantenia todavía secretamente en la religion católica, conservando las iglesias enteras y adornadas, sin recibir guarnicion de una ni de otra parte, los enemigos, por asegurarse de ella, la hicieron una emboscada, y con ella tomaron la puerta y entraron dentro, y para el efecto habian ido dos capitanes de la guarnicion de Steenvick con algunos soldados suyos, y despues de haber dexado guarnicion y roto las iglesias, tornaron á inviar sus soldados, y ellos, tomando las casullas y cruces de las iglesias, y la imágen de la Santísima Vírgen Madre de Dios y la de San Juan, que estaban al pié de un gran Crucifixo, entraron en procesion de aquella manera en la villa de Steenvick, al rededor del terrapleno, y en el mismo lugar por donde fué entrada la tierra las pusieron en la muralla, diciendo con escarnio á las imágines que guardasen bien aquel portillo, miéntras ellos iban á hacer buenaxera de lo que habian ganado en Hasfelt; mas fué Dios servido (en venganza de su Santísima Madre, por el escarnio que se hizo á su imágen) que por aquella mesma parte se volviese á ganar la tierra, sin pérdida de ningun soldado, ni haber costado á su Majestad más de cuarenta tallares, que se dieron á la buena mujer y á su marido. Como supe lo sucedido, acudí luégo allá, llevando conmigo al consejero George Wetendorp, del Consejo de Frisa, y á Hoctendorp, del de Overissel, á poner de allí contribucion de todo lo que se pudiese de la parte de Frisa, para sustentar la guarnicion que allí estuviese de caballería é infantería; de donde se ha sacado gran cantidad de dinero, en provecho de su Majestad, que les ha sido descontado á los soldados. Púsose un recibidor que daba cuenta de todas las contribuciones al Presidente y Consejo de Frisa. Tambien con amenazas y obras malas, que se hacian á los frisones, hice que los que estaban en contribucion pagasen las rentas reales en mano de Wetendorp, entónces recibidor de su Majestad, y así fuí el primero que puso el país en contribucion en provecho del Rey, que de ántes no se hacia. Procuré hacer lo mesmo en el país de Gruninghen, y tratándolo con los offemans en la cámara que llaman del Rey, que son los burgomaistres sacados del magistrado, que con el gobernador administran la justicia del país, y con el mejor modo y razones que pude les propuse que permitiesen que el comisario ó otro de la parte del Rey recibiese lo que se sacase del país. A que me respondió el burgomaistre Wifringa (que era uno de los offemans) con su acostumbrada arrogancia, que si el Rey queria tener cuenta de dineros, que los inviase, pues que no tenía que hacer con el que se sacaba del país de Gruninghen, que á ellos les tocaba. Esta tierra de Steenvick, miéntras ha estado por de su Majestad, ha hecho mucho daño al enemigo, gobernándola lo más del tiempo Antonio de Coquela, teniente coronel de Mons de la Mota, hombre de mucho valor y gobierno. En esta sazon, estando yo en Oldenzel, se hizo la presa de Zutphen de esta manera. Habiendo los soldados del Baron de Anholt tomado dos de la guarnicion de ella, no queriéndolos rescatar su capitan, se resolvieron de hacer que aquella tierra viniese á manos de su Majestad. Y habiéndome traido algunos que me dixeron de la manera que se habia de hacer, no fiándome mucho, invié con ellos al capitan Tissilinghe, el cual, reconociéndolo, me dixo ser como los soldados decian. Dexélo resfriar por un poco de tiempo, porque Mons de Nienoort, caballero del país de Gruninghen que servia á los Estados, les prometió que permitiéndole levantar cuatro mil hombres entraría en aquel país y le sustentaría, haciéndome la guerra sin gasto suyo. Y avisado yo de esto, habia inviado á Tassis con la mayor parte de su regimiento y de otros que estaban conmigo, á guardar el país y los diques por donde el Nienoort podia acometerle con sus navíos. Los de Gruninghen, queriendo usar de la autoridad que siempre han pretendido tener con sus gobernadores, volvieron á inviar á Tassis con la mayor parte de la gente que yo habia inviado, dexando la ménos útil para lo que se pretendia, y llegaron á tiempo que Tissilinghe era vuelto de reconocer á Zutphen; y así invié á Tassis á hacer la empresa, la cual se executó de esta manera. Siendo la villa cercada de altas murallas de ladrillo á lo antiguo, tenian hecha delante del foso viejo otra fortificacion de tierra con sus baluartes, el uno junto á los molinos, el cual tenía un cuerpo de guardia que podian estar en él veinte y cinco ó treinta personas, y entre la primera y segunda puerta habia otra que iba á dar á este baluarte; y fiándose de la primera, no ponian guardia en la primera fortificacion; no cerraban aquélla, ni ménos proveian aquel cuerpo de guardia, por no tener sino una compañía de infantería, con los vecinos; y así, arrimando una escalera por defuera al baluarte (que aunque nuestra gente hacia algun ruido, no se podia sentir por ser el del agua de los molinos mucho mayor, ni teniendo foso, por causa del molino y de un riachuelo que por allí pasaba), se metieron en el cuerpo de guardia hasta treinta hombres escogidos en toda la tropa, que eran los que podian caber, y Tassis, con toda la demas infantería, se metió en unos fosos cerca de la puerta, por donde D. Fadrique de Toledo la batió y tomó el año setenta y dos. Dexó la caballería que llevó en un bosque algo apartado, porque no se oyesen los relinchos de los caballos, y siendo de dia, los de la villa salieron á abrir la puerta como acostumbraban, y al punto los nuestros, que estaban en el cuerpo de guardia, fueron á buen paso á la que iba donde ellos estaban, que era entre las dos de la villa, y repartiéndose, los unos fueron á acometer á los que fueron á abrir la primera, y los otros á los que guardaban la segunda, acertaron á matar al que iba á echar el rastrillo segun yo les habia ordenado que hiciesen, y poniendo guardia en él se apoderaron de la puerta; los que habian salido á reconocer, viendo ser acometidos por las espaldas, y Tassis, oyendo el ruido, embistiéndolos por delante, se huyeron al rededor de la tierra á la campaña. Tassis no hizo caso de seguirlos y fué á ayudar á los nuestros que todavía peleaban á la segunda puerta, y como llegó, se entró del todo, y fueron siguiendo á los enemigos hasta otra puerta antigua, adonde los soldados y burgeses que habian corrido á la arma hicieron un poco de resistencia, y habiendo acudido la caballería que habia dexado en el bosque al ruido del pelear, todos juntos entraron en la plaza, adonde hubo poca resistencia, y así del todo se acabaron de apoderar de la villa.