Part 3
Avisé luégo de lo sucedido á su Alteza con el capitan Pedrosa, suplicándole que fuese servido de asistirme para poder pasar adelante contra el enemigo, ó que inviase á Mons de Billí, pues que él se estimaba y tenía por gobernador de esta provincia. Y por no perder tiempo, quise sitiar luégo el fuerte de Niezijl, y los soldados de los dos regimientos de alemanes no quisieron moverse del alojamiento de Northorno sin que los diese dineros y la paga de batalla; y así con las cuatro compañías de caballos, mi regimiento y algunos voluntarios de los dos regimientos, me fuí hácia el fuerte, intentando tomarle por hambre por no tener otra comodidad y hallarme desproveido. El invierno y la necesidad de la soldadesca cargaban á furia, y algunos mal intencionados de la villa de Gruninghen, so color de inviarnos vituallas, metieron en el fuerte algunas barcas cargadas de ellas, sin podérselo estorbar; y tras esto vino una tormenta con tan mal tiempo que no fué poco poderse salvar nuestra caballería y bagajes. Volví á alojarme al villaje de Northorno con los alemanes que no habian querido salir, donde estuve algunos dias; y por las contínuas aguas se pusieron tales los caminos, que puedo decir con verdad haber muerto en el lodo algunos de los nuestros; saquélos á país seco y arenisco y entré en la villa de Gruninghen á tratar con el magistrado de nuestra necesidad y del descontento de nuestra gente, el cual me presentó dos cartas de su Alteza, una en frances y otra en español, en que expresamente me ordenaba que diese á la villa de Gruninghen la gente de guerra, tal cual los de ella me pidiesen y quisiesen tener, sin cargarles de otra manera que á su voluntad, y obedesciéndolas, nombraron la gente como ellos quisieron. Hasta entónces no se sacaba nada para la gente de guerra ni provecho de su Majestad. Y desde aquí comenzaron, para entretener la gente que me pidieron, hasta que llegase el dinero de su Majestad. Y no sabiendo cómo sustentar la demas, tomando conmigo al consejero Wetendorp, me fuí con ella al país de la Tuvent, adonde con ayuda del consejero la alojaron y dieron á cada soldado cinco placas cada dia. En este tiempo sucedió que hasta trescientos ó cuatrocientos caballos del enemigo, que habian quedado de la batalla, se alojaron en el Burgo de Keppel contra la voluntad del señor de él, muy sentido de ello. Mons de Rinavelt, que estaba en guarnicion en Oldenzel, me dió aviso de esto y de que el enemigo se queria amparar de la villeta y castillo de Bronckorst. Inviéle á él á tratar con la Condesa vieja, muy cristiana señora, que nos diese aquel castillo para aprovecharnos del paso del rio Isel para la Veluva y Vuethua, y concediéndolo, me partí luégo con una buena tropa de gente para la guarnicion del castillo, y hallé la caballería que he dicho en el Burgo de Keppel, adonde me llegué con la gente que traia; y reconociendo el Burgo, vi que por la parte del jardin de la casa del señor, no habia otra fortificacion para entrar en él, sino una fuerte palizada, y para esto era fuerza pasar el rio Isel viejo, y estando mirando cómo poderlo hacer, llegó á mí un caballero mancebo, pariente del señor de Keppel, á quien yo habia conocido paje del Conde de Mansfelt. Díxome que el señor de Keppel deseaba saber si yo estaba ó no allí. Preguntéle cómo habia pasado, y mostróme una barca pequeña, la cual hice luégo guardar; y haciéndose ya tarde, ordené á Mons de Rinavelt que con su gente, la compañía del Baron de Anholt y alguna de mi regimiento, fuese en anocheciendo á ponerse detras del castillo de Keppel, avisando al dicho señor que no se moviese ni tocase arma, so pena de tenerle por enemigo; por todo lo demas, estaba el Burgo cercado de grandes fosos de agua con su terrapleno; tenía dos puertas, en la una, que iba hácia Emmerik, puse al teniente Tassis con parte de su regimiento y la compañía de arcabuceros de Mons de Villers con la mia de lanzas; en la otra puerta me puse yo con alguna infantería y algunos caballos alemanes, gobernados por Mons de Rinavelt á costa del país de la Tuvent; y sabiendo que todos estaban en el puesto que les habia ordenado, les invié á decir que en tirando yo dos piecezuelas de campaña (que llevaba conmigo para meter en el castillo de Bronckorst) cada uno arremetiese por su parte; que Tassis y yo hiciésemos gran ruido, y que el de Rinavelt arremetiese callando, porque él habia de ser el que más efecto hiciese. Los enemigos que estaban dentro, temiendo lo que sucedió, habian ya cargado sus carros y bagajes; y así, aparejándose para partir, en tocándose arma, abrieron una puerta que va á Emmerik, y comenzaron á huir por aquella parte; Tassis cerró con ellos y el de Rinavelt entró rompiendo la estacada y yo por la otra puerta. En el Burgo no habia sino una calle, y ésta ocupada con carros y con raitres á caballo, y nosotros entre ellos; por lo cual pocos ó ninguno de la caballería é infanteria que allí estaban se salvaron. Ganáronse muchos y buenos caballos con su estandarte, y de nuestra parte no se recibió más daño que salir el teniente Tassis con un arcabuzazo en el carrillo. Hecho esto, invié la gente que estaba destinada para Bronckorst con Mons de Rinavelt, y yo fuí con las demas hacia Emmerik á tomar de allí vituallas, y ver si podia dar una escalada á la villa de Scherembergh. Hice visitar el foso por donde estaba más seco, y halláronle lleno de abroxos y la subida más dificultosa de lo que me habian dicho, y así no se acometió; y volviéndome hácia la Tuvente, Mons de Rafueldt, primo hermano del Baron de Anholt, me pidió que le diese gente para ir á tomar la villeta y castillo de Vueert, país de Munster, pero como era señor de ella el Conde de Colemburg y tenía en aquella plaza algunos soldados, que no se contentaban de ser neutrales como es el país de Munster, hacian todo el mal que podian á los vasallos y servidores de su Majestad; y así invié con él á Tassis con la gente de su cargo. Sacaron dos piezas de artillería del castillo de Anholt, y al fin tomaron el de Vueert defendiéndose un dia ó dos; el cual hasta hoy se conserva y tiene por su Majestad. Dexé de guarnicion en Keppel caballería é infantería. Los enemigos, viendo el daño que los de la guarnicion del castillo de Bronckorst les hacian, principalmente por el rio Isel, les sitiaron, batieron y dieron asalto sin tomarle; tuviéronle muchos dias sitiado y algunas veces fuí desde Gruninghen á socorrerle, y metiendo vituallas, sacaba los heridos y enfermos y dexaba otros de refresco; y el enemigo entendiendo que yo venía cerca se metia en un fuerte que tenía con su artillería, dexándome hacer lo que queria. En un viaje de éstos invié á Keppel, que estaba cerca, á Mendo mi alférez con vituallas, el cual, acercándose, oyó escaramuzar; y adelantándose con la caballería, ordenando que alguna le siguiese, halló que la guarnicion de Desburgh (que era de los ingleses que habian escapado de la batalla de Northorno, y alguna cantidad más de nobleza y soldadesca que de Lóndres habia venido de nuevo) por gallardía habian salido á escaramuzar con los de Keppel, cerró Mendo con ellos, y rotos, se retiraron á una casa, donde no queriéndose rendir, con la asistencia de la infantería que venía con la escolta, que se habia dado priesa á caminar oyendo escaramuzar, y la guarnicion de Keppel, los hicieron pedazos. Yo me fuí derecho á Gruninghen, y porque helaba, invié á Frisa la caballería é infantería que se pudo sacar con el Baron de Monseao; y entrado en ella, le dieron la palabra de contribuirle; mudóse el tiempo, y no lo cumplieron, y así puse mi regimiento á la entrada de Frisa en un castillo de un gentil hombre llamado Rom, con algunas compañías de alemanes, de donde procuraban hacer en Frisa todo el mal que podian; y muchas veces acontecia que algunos prisioneros de ella ántes se dexaban matar que pagar contribucion. Llegado el verano, y padesciendo necesidad la gente que habia quedado con Tassis en la Tuvente (porque ya no podia el país pagar lo que ántes), él fué con mi parecer hácia Locchum á hacer un fuerte al rededor de la casa de un gentil hombre para desde allí inquietar la villa impidiendo el coger los trigos que tenian sembrados, que eran muchos. Juntóse con el Baron de Anholt, que era vuelto de la córte á su casa con el título de coronel del regimiento del Conde de Rinamburg, que su Alteza le dió. Y hallando la tierra muy desproveida, se acercaron más á ella para sitiarla del todo; y el Baron fué á Gruninghen á darme cuenta de lo que Tassis y él habian hecho, rogándome que, siendo posible, me hallase allí, porque sin ninguna duda el enemigo queria venir á socorrer la tierra. Y considerando que aunque se habian puesto sobre ella sin mi órden, no era razon rehusar lo que en tal ocasion me pedia, me partí luégo con él, llevando conmigo alguna infantería y caballería, y en dos dias llegué á Locchum, dexando atras un poco de infantería por no poder caminar tanto. Y en amanesciendo, el Baron y Tassis me mostraron de la manera que habian sitiado, y hallando que la parte más necesaria se habian dexado abierta, queriéndolo remediar con diligencia, vimos que los escuadrones del enemigo venian al socorro por el camino de Zutphen, y así fué necesario tomar por plaza de armas una montañuela que está delante de la villa, junto á la cual estaba el camino que yo temia para el socorro de ella. Acercándose el enemigo, se trabó la escaramuza con caballería é infantería, donde sucedieron algunas buenas cosas y daño, porque de una parte y de otra habia piecezuelas de campaña que daban en los escuadrones. Ellos, conociendo que con el cuerpo de la gente les estorbaba el socorro en grueso, y que en aquel punto me llegó la infantería que yo traia de Gruninghen, resolvieron que su caballería tomase algunos sacos de trigo que para aquello habian hecho, y que de una arremetida los echasen al borde del foso. Yo, temiéndome de esto, puse en un camino hondo pegado á la montañuela parte de nuestra caballería, para que, arremetiendo ellos hácia la tierra, los diesen de traves. Movióse la del enemigo, que era mucho más que la nuestra, so color de querer escaramuzar, y corriendo, de una arremetida hicieron su efecto con poco ó ningun daño, estando yo en otra parte, dando órden á la nuestra que cerrase, y hízolo tan tarde, que no sirvió de nada: durando todavía la escaramuza, no se peleó del todo aquel dia, porque la desigualdad de la caballería era grande, y no poderme yo mover por aquella parte donde el enemigo estaba sin romper los escuadrones. Hallaba el enemigo los suyos hechos, y delante una trinchera natural donde tenía su artillería, y del lado estaba toda su caballería muy bien puesta y en órden; y contentándose con el poco socorro que habia metido, comenzó á retirarse. Entónces, aunque era algo tarde, quise pelear, pudiendo hacerlo con más comodidad, seguridad y razon de guerra que ántes, por haber dexado el enemigo el puesto fuerte que tenía. Y comunicándolo con las cabezas de la gente, no lo aprobaron, ni ménos yo hallaba algunos de ellos con la voluntad de pelear, que mostraban tener cuando no era lícito ni convenia hacerlo por las causas que he dicho. Que tambien hay en este nuestro negro y mal oficio, como en otras cosas, hipocresía y artificio. Retirado el enemigo, ordené que se atrincheasen en aquella parte, y se hiciese un fortezuelo. Hiciéronse otros necesarios al rededor de la tierra, repartiéndolos y dándolos en guardia á los regimientos y capitanes que allí habia. Y luégo despaché á su Alteza avisándole de cómo habia hallado á aquella gente empeñada, y que sin órden no la podia desamparar, ni ménos dexar el sitio, estando en tal punto. Suplicándole que viendo la ocasion que se ofrecia, me ordenase lo que habia de hacer, y fuese servido de mandarme proveer de más gente y medios para poderla entretener, porque á causa de la necesidad que se pasaba, dejaban las banderas solas ó mal acompañadas por ir á buscar de comer. Y aunque andaba por la campaña el conde Cárlos de Mansfelt con algun buen golpe de gente, por entónces no vino ninguna adonde yo estaba, ni ménos tuve respuesta suya. Consumido en pocos dias el trigo que aquella caballería puso en el lugar, se determinó el enemigo de socorrerle con todas las fuerzas posibles é intencion de pelear. Movióse el Príncipe de Orange á tomar esta resolucion, porque las villas vecinas, principalmente Zutphen y Deventer, amenazaban que si no socorrian á Locchum se rendirian á su Majestad; y así vino el Conde Holac, con la mayor parte de la gente de guerra que tenian, y con él otros muchos principales y coroneles, y entre ellos, los tres hermanos condes de Berghes (que entónces servian al enemigo), los condes Guillermo y Filipe de Nasao, otro hermano del Conde Holac, los coroneles Smit, Ifelstein, Lalayne y Hesnoy, frances, con algunos cañones para batir nuestros fuertes. Vinieron con este aparato á presentarse delante de nosotros, á los 27 de Agosto de 1582. Trabáronse buenas escaramuzas, en las cuales uno de los enemigos dixo al capitan Guzman de mi regimiento y al capitan Bartolomé Sanchez, que me dixesen que me fortificase en la montaña, porque venian con mucha gente y gran preparacion. Plantó el enemigo su campo á las espaldas del rio Berck, que pasa por las murallas de la villa, teniendo un camino ancho, que va á la tierra derecho, donde habia hecho Tassis un fuerte con foso seco todo de arena, el cual quiso tomar el enemigo, y haciendo ántes sus trincheas, plantando la artillería, le comenzó á batir. Desde la montaña donde yo estaba con los escuadrones, inviaba siempre gente de refresco seguramente por nuestras trincheas; la artillería del enemigo al principio pasaba el fuerte y hacia mucho daño, pero Camiga, capitan del regimiento del Baron de Billí que estaba dentro, como valeroso soldado, se reparó de manera que la artillería no hacia más daño. El enemigo, viendo que habia hecho alguna subida en el fuerte para dar asalto, invió algunos capitanes franceses á reconocer mejor la batería, y vieron que el fuerte y los fosos estaban llenos de gente, y sin falta, si dieran asalto, perdieran mucho, porque yo, desde la montaña donde estaba, podia por nuestras trincheas socorrer el fuerte seguramente, y en todo este tiempo no cesaba la escaramuza. Los sitiados, viendo el poco efecto que el enemigo hacia, y tambien desde una torre, que un fuerte que estaba junto al molino, el rio arriba, á cargo del Baron de Anholt, le tenian mal proveido de gente, por haber venido muchos á ver lo que pasaba en las escaramuzas, que desde el fuerte no se podia ver por estar la villa en medio, hicieron á la desesperada una salida, y le ganaron, degollando la mayor parte de ellos, muy descuidados de ser acometidos, y por allí avisando lo sucedido al Conde Holac (que su campo ni el nuestro no lo podian ver), el cual, dexando el rio en medio de ambos campos, caminó con su exército y vituallas á entrar en la tierra por el fuerte ganado. El Baron de Anholt pudiera haber dado mejor cuenta de aquel fuerte, pues no tenía otra cosa á cargo. El enemigo proveyó por él la tierra á su gusto; y conosciendo yo que al fin se habia de venir á pelear, saqué la gente que habia en todos los fuertes, é hice un cuerpo de toda. La intencion del enemigo era, segun los condes de Berghes me han dicho despues, de irse á la villeta de Borckeló, país de Munster, que era de donde nos venian las vituallas, y forzarme, por falta de ellas, á levantarme de allí con desórden, y entónces acometerme, y sin falta (si Dios no remediaba por otra via) nos pusieran en aprieto. Esto causó un descuido, que en la guerra es muchas veces causa de notables pérdidas. En todo este tiempo nunca cesaba la escaramuza, y los enemigos, por haber salido con su intencion, estaban tan gallardos, que salieron con golpe de gente hácia nuestro alojamiento, en el cual habia puesto, para guardia de él, al capitan Camiga, que se defendia valerosamente. Viendo yo lo que pasaba desde la montaña, y que todo el campo del enemigo marchaba hácia allá, descendí con la gente, dexando en un fuertecillo que habia en ella al capitan Decheman con su compañía y algunas de mi regimiento, y me arrimé á nuestro alojamiento, y no pudiendo meter la frente del escuadron al enemigo, me fué forzado dar el costado, y por tener poca caballería, y el enemigo mucha, la arrimé á nuestra infantería, esperando á pié firme la suya, que venía cargando con furia, y como á media carrera de caballo choqué con ella, y peleando ambas partes obstinadamente, hubo muchos hombres y caballos derribados por tierra; y no conociendo ventaja, saqué del escuadron de infantería algunas hileras de alabardas, picas y espadones, ordenando á los demas que estuviesen firmes, y porque lo restante del exército enemigo caminaba, invié al capitan Decheman que cargase con la gente que le habia dexado en la montaña y diese de traves, como yo tambien hice con la que habia sacado del escuadron, desbarrigando caballos y haciendo el daño que podia; pusiéronse en huida tomando el camino por donde yo tenía los escuadrones. Aquellos tres dias y dos noches estuvimos con las armas en las manos adonde los soldados habian hecho muchos fosos para estar seguros de la artillería de la villa, en los cuales la caballería del enemigo huyendo, y la nuestra siguiendo, daban malas caidas. Lo restante del campo enemigo, viendo su caballería rota, hizo alto, salvo la tropa que el conde Federico tenía y otros caballeros, que acometiendo el alojamiento contra Camiga, cerró con nuestro escuadron, y uno de los enemigos á caballo entró hasta las banderas y se llevó una, derribando por muerto al alférez, y es la primera que acá se ha perdido en mi tiempo. Las picas resistieron al encuentro muy bien, haciendo gran daño al enemigo; y viendo desde la montaña que se peleaba abaxo, dexé el siguimiento de la caballería del enemigo y junté la gente en ella, y haciendo todos segunda vez oracion baxé á dar calor á nuestro escuadron y banderas, y con mi venida el enemigo se rompió; fuíle siguiendo hasta las puertas de la villa, y si algunos de los nuestros no acertáran á cerrar la puerta, todos entráramos mezclados. Yo seguí con la caballería la gente que echó á mano izquierda, y por hallar el puente roto, invié á Mendo con alguna caballería, el cual entró tras ellos por el agua, y yo volví por la infantería que ya me venía siguiendo, la cual me pidió licencia para acometer los fuertes que las compañías francesas habian ocupado; y viendo que estaban con tan buena voluntad, se la dí, y habiendo ántes hecho tercera vez oracion arremetieron luégo con tanto valor, que los ganaron, retirándose la mayor parte de los franceses dentro de la tierra; y los nuestros hallando junto el bagaje del enemigo y algunas piezas de campaña, que la gruesa ya la habian metido dentro, saquearon el bagaje, y fué bueno el butin por la mucha nobleza que entre los enemigos habia. El Conde de Holac, que estaba en la tierra, viendo que se peleaba sin su órden, salió fuera, y no pudiendo dar remedio, por estar ya rota su gente, rogó á los tres hermanos condes de Berghes que se quedasen dentro, prometiendo de venir á socorrerlos, como lo hizo despues. Quedaron en la tierra con ellos las compañías francesas con su coronel y otros muchos de caballería é infantería, dexando muchos caballos entre los dos fosos de la villa, de donde nuestros soldados sacaron algunos de noche. Prosiguióse el sitio, porque, aunque habian puesto provisiones, era tanta la gente que habia dentro, que no podia durar mucho.
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