Part 15
El enemigo dexó de seguirnos, que, á mi juicio, era lo que debia hacer, y aunque pudiera ir á Gruninghen desde Omme por otra parte tan cómoda y más, tomó este paso por avituallar de un camino el fuerte. Estando en su alojamiento primero, recibia cartas de los malos de Gruninghen, incitándole á venir sobre ella, y prometiéndole que no sería llegado cuando se rendiria, y á su peticion marchó hácia allá. Nuestros soldados se desmandaban de manera que dexaban el cuartel solo, y viendo esto, comunicándolo con algunos, me resolví de inviar una persona á su Alteza, porque á muchas cartas que le escribia no me respondia; é hice eleccion del capitan Juan Álvarez de Sotomayor, el cual, aunque de mala gana por haber de hacer ausencia en tal coyuntura, se partió luégo, pero fué tan mal guiado, que se perdió, dando en una emboscada de los enemigos. Y así, por el peligro en que las cosas de Gruninghen estaban, tomó á su cargo este viaje el Comisario general, prometiendo ser de vuelta en muy pocos dias, y porque no le sucediese lo que al capitan Sotomayor, llevó consigo la mayor parte de la caballería, la cual le habia de acompañar parte hasta pasar el Rin y parte hasta Brusélas; y en el camino encontró con alguna caballería del enemigo, con la cual tuvo buena suerte. Llegado á la Córte, su diligencia se resfrió de manera que no volvió más, ni ménos la caballería, con haberla llevado toda consigo para volver con más diligencia y seguridad. Éste fué el socorro que negoció, no por su falta, porque ni él, ni los diputados de Gruninghen que estaban en la Córte, pudieron alcanzar que el socorro de Gruninghen viniese á tiempo. A la partida del comisario general, estábamos inciertos si el enemigo sitiaria de todo punto á Gruninghen ó si volveria á nosotros; y yo habia escogido aquel puesto de Denichum por ser fuerte y estar cerca de las villas que el enemigo podia acometer, no pudiendo hacerlo tan de priesa que yo no tuviese tiempo de arrimarme con la gente que tenía conmigo. El conde Mauricio prosiguió su camino hácia Gruninghen, y porque las promesas de los malos de aquella villa no le saliesen en vano como la otra vez, llevó grandes provisiones de todo, tales como ántes he significado. Que de esta manera se hacen las empresas difíciles, fáciles, y al contrario las fáciles, dificultosas, faltando lo necesario. Llegado delante de la villa, atrincheó su campo de manera que la entrada y salida era de peligro y dificultosa. Perdiéronse algunos soldados entrando y saliendo, con quien usó de rigor por atemorizar á los demas, y aunque tenía tanta provision de artillería y municiones, su principal intento no fué tomalla por batería, sino por la zapa, y así con ella fué derecho á un rebellin nuevamente hecho, el cual, por no estar acabado, tenía el foso estrecho y de poco hondo. Batió la puerta que salia á este rebellin, así por quitar á los nuestros la entrada y salida en él, como por atemorizar á los burgeses, rompiendo las casas con las balas que pasaban por la batería de la puerta. Tambien batió una torre que está á un canton de la villa, junto á un rio que viene de la Drent, por donde se proveen los burgeses de turbas, y fué siguiendo sus trincheas y sitio, batiendo las defensas. En este tiempo yo solicitaba con mucha instancia que se socorriese esta villa, y á la fin se me escribió que su Alteza habia ordenado al Conde de Fuentes que hiciese este socorro y que ya él se preparaba para ello, pero más despacio que el peligro requeria, porque los motines lo estorbaban, que nunca se han hecho sino en las mayores necesidades que se han tenido de la gente, principalmente para las de este país. Las desórdenes de nuestros soldados se aumentaban tanto, que sin licencia de sus capitanes y oficiales los del Conde de Solms tomaban las armas y se juntaban con intencion de volverse á Bravante, y lo hicieran sin falta entónces, si no acudiéramos los dos condes hermanos y yo; y el conde Federico los apartó á cuchilladas, hiriendo á algunos de ellos; y como estaban de tan mala voluntad, no sólo robaban el país, pero se dieron á saquear iglesias y casas nobles, y las otras naciones hacian lo mesmo, no pudiendo yo remediar ni castigar esta desobediencia general, sino era con fuerza, y ésta habia de salir de los proprios que hacian los robos é insolencias. Castigáronse algunos de los que robaban iglesias, sin osar mostrar rigor con los demas, porque no me dexasen solo, ni hiciesen lo que despues hicieron; y áun disimulando el saquear el país, se volvian á Bravante sin licencia, llevando las bolsas llenas de los robos que habian hecho, y quexándose decian que se habian ido por el mal tratamiento que yo les habia hecho, y si alguno llegó á Bravante pobre, fué porque así los enemigos, como los villanos, sabiendo que se iban, les salian al camino, y quitándoselo, los dexaban ir. La mayor parte de los que se han ausentado sin licencia, lo han hecho más por ruindad y miedo que tenian que por necesidad, pues el mal que yo les hacia era asistirlos y ayudarlos con lo que podia, empleando en esto no sólo mi hacienda, pero mi crédito; y si no les daba pagas como ellos querian, no era culpa mia, pues éstas habian de venir de otra mano que de la mia. Estando en este trabajo, llegó el dinero de su Majestad, el cual procuré que se les diese luégo. Pasó toda la gente una manera de reseña, y el comisario Melendez les repartió el dinero sin meterme yo en ello, como lo hago despues que supliqué á su Alteza que no me mandase manejar dinero del Rey, y con haber sabido algunos que no me he ocupado en esto, me culpan de no haber dado más dinero del que se dió. El Comisario tiene las cuentas, y él hizo el repartimiento, el cual se hizo mejor que por allá se ha hecho, porque se empleó con mucho cuidado en ello, y si la gente no era mucha, eran muchos los capitanes y oficiales, como ántes dixe. Mas por la distancia que hay de aquí á esa Córte, ó por malicia, algunos, con pasion ó ignorancia de las cosas, informan fuera de camino y de la verdad. Despues de haber recibido este dinero la gente de guerra se andaba todavía robando, aunque no con tanta insolencia, por no ser sólo la falta del dinero la que les movía á ello, sino la intencion que tenian de, pagados ó no pagados, volverse á Bravante con licencia ó sin ella. El enemigo proseguia su sitio, y llegando con su trinchea al foso del rebellin, y segándole, se pegó con la zapa y mina dentro de él. Los nuestros en este tiempo hacian algunas salidas, matando muchos enemigos y tomando banderas en sus trincheas, prendiendo tambien algunos oficiales y un capitan. Los de la villa, digo los malos, que eran los más, tomaron las armas para echar á los buenos de la villa, y darla al enemigo, como se lo habian prometido. Mas los soldados del Rey, que estaban fuera, que áun hasta aquel dia no los habian dexado entrar, acudieron al peligro dexando casi la guardia del fuerte y de la batería, y los que estaban en el burgo con los vecinos de él, que siempre han sido fieles, dando asalto al lugar, rompiendo la estacada del foso, entraron dentro. Con esta asistencia sobrepujaron los buenos á los malos, y si entónces del todo hubieran de ellos limpiado la tierra, ó los prendieran ó matáran, pudieran detenerse algun tiempo más. Escondióse el burgomaestre Balen, como autor de la traicion, segun se decia, y el burgomaestre, su yerno, juró por el Rey más de miedo que de voluntad, que no la tenía buena, y si los nuestros en aquella furia halláran al Balen, sin duda le matáran. El conde Mauricio, como sintió la revuelta de la villa, se estuvo en sus trincheas temiendo no fuese alguna estratagema, sin consentir que soldado ninguno saliese de ellas, y si entónces acometieran, pudiera ser que se lleváran el rebellin, y como los nuestros entraron en la tierra contra la voluntad de los de ella, proveyeron mejor las guardias. El enemigo casi perdia la esperanza de tomalla, con haber sido avisado que, no obstante lo sucedido, prosiguiese la empresa, que la villa era suya como fortificase bien las entradas, que no pudiesen pasar quinientos mosqueteros que yo queria inviar, habiendo hecho reconocer los pasos, y eran tales que no era posible, porque los arroyos y fosos tenian barcas armadas, y en los demas fuertes de tierra y trincheas. Los de la villa de Gruninghen dan siempre á uno del Magistrado el cargo de la artillería y municiones, y éste fué entónces Gisbert Harens, el cual al principio del sitio decia á nuestros soldados que tirasen cuanto quisiesen, porque habia pólvora para dos años, y no lo dudo, porque ellos ántes habian hecho gran provision de ella, y cuando últimamente fuí llevé de la del Rey una gran cantidad, y despues les habia dado toda la que ellos dixeron haber inviado á Steenvick, y en este tiempo vino á entenderse que no habia sino de veinte á treinta quintales. Y avisándome de ello el teniente coronel con un soldado, éste fué preso, y por él supo el enemigo la falta de pólvora que habia, y por otra parte tuve aviso que los malos de dentro, so color de apacentar sus vacas por la otra parte de la tierra, daban y recibian avisos de todo lo que en ella pasaba, y como Gisbert dixo que habia tanta abundancia de ella, se gastaba con poca consideracion, tirando liberalmente donde no era necesario. Nunca yo tuve buena opinion de este hombre en lo tocante á cristiano, sabiendo que habia inviado sus hijos á la villa de Amsterdam á un consistoriante, grande hereje, y así se puede creer que de malicia lo habia hecho desperdiciar y escondido mucha parte, como despues se ha dicho y hallado. Sabido esto por el enemigo, minaba á toda furia el rebellin, y sintiéndolo los nuestros, le cortaron reparándose, pero siempre dexaban en lo cortado su guardia. Acabada la mina y dándola fuego, la guardia fué maltratada. Dió una manera de asalto, pero no osando acometer lo cortado. Con esto, la falta de pólvora y el trabajo contínuo, nuestra gente se disminuia de número y de ánimo, y en las casas y por las calles las mujeres de los burgomaestres Balen y Leo, madre é hija, andaban incitando al pueblo que se rindiese, diciendo la madre que si no se hacia, su marido quedaria con infamia por haberlo prometido muchos dias habia; y tambien dicen que la mujer de un capitan del Rey que está en esa córte hacia lo mesmo, y que su marido la escribia que no habia socorro, y que sabía que no la escribiría sino la verdad. Estas tres mujeres hacian más mal que treinta hombres, porque movian á las demas á que incitasen á sus maridos á rendirse, que allí ellas tienen más voto y mando en sus casas que en otras partes. Su Alteza en este tiempo y el Conde de Fuentes, nombrado, como he dicho, para este socorro, escribian á menudo á los de la villa, y por más que yo procuraba con dádivas y promesas que hacia á los soldados, ninguna de las cartas pudo entrar. Poco ántes de esto se perdió junto á Wesel el alférez Lázaro Sanchez, que venía con una de su Alteza en hábito de villano, el cual así habia ido y vuelto dos ó tres veces; lleváronle preso al conde Mauricio, y con amenazas que le hicieron, prometió mostrar las cartas que habia escondido, y fué su ventura hallarlas en el hueco de un árbol, donde las habia puesto, que á no darlas le maltratáran. Díxose de no sé qué promesa que este hombre habia hecho al enemigo, que por haberle yo visto servir lealmente no lo pude creer, pero el miedo hace prometer cosas sin voluntad ni pensamiento de cumplirlas; bien es verdad que despues que se hallaron las cartas, el conde Mauricio le trató bien, le sentó á su mesa y me le invió sin rescate, pero pidiéndome por él otro que el Comisario general habia dexado en Rimbergh, de los que habia roto en el camino yendo á la Córte. Los de Gruninghen, deseando tratar, inviaron sus diputados al enemigo; querian éstos, y áun algunos de los eclesiásticos, ganar las gracias con él, y así cada uno procuraba facilitar la rendicion; y no solamente los que salieron fuera, pero la mayor parte de los que quedaron dentro hacian lo mesmo, hablando y conversando con los enemigos á la puerta, miéntras se trataba, y áun los metian dentro y hacian buena acogida; y á los nuestros, poco ántes, les cerraban las puertas y hacian mal tratamiento. Los principales, que muchos dias ántes trataban con los enemigos, eran los dos burgomaestres Balen y Moyen Steynz, los consejeros Gaspar Willens, Robert Ulgart y Draper. Este Draper era el que avisaba al enemigo lo que pasaba en sus consejos, y Juan Tembouren era el mensajero secreto y Ernest el negociador. La más parte del Magistrado era de la del enemigo, y ellos tenian corrompida la mayor de la villa. De éstos eran los principales el hijo del secretario Altinghe, que agora es burgomaestre, y los hijos de Gaspar Willems, un Rolof Isbrans, y Isbrans Sbrans y otros muchos; y el consejero Ulgart fué el que más insistió y solicitó al enemigo estando en Omme, que fuese á sitiar á Gruninghen, asegurándole que la ganaria. Éstos y otros semejantes eran los que procuraban meterme en mal con todos para mejor venir á su intento. Y lo que hacian conmigo hacian tambien con el Presidente de Frisa y con el consejero Wetendorp, ambos fieles vasallos y servidores de su Majestad, sin tener otra ocasion contra ellos que ser tales. Los principales que hacian esto, que eran malos, comian y bebian conmigo muy á menudo, y despues iban á incitar á los otros para que me prendiesen con los demas católicos, y si no acudiera el conde Federico en aquel tiempo con la gente que traia, sin falta lo intentáran. Cuando yo vine á conocer esta maldad, y ellos entendieron que lo sabía, se dieron más priesa á solicitar al enemigo, y por hacerlo más seguramente, inviaron á esa Córte al burgomaestre Hubena y al síndico á solicitar el socorro por ser los de quien ménos ellos se fiaban. Tambien han procurado, de poco tiempo á esta parte, ganar á los condes Herman y Federico, haciéndolos gratos con los malos, sirviéndolos y acariciándolos más de lo que solian, y sé yo que Pok Hebrardi, secretario de la cámara del Rey, dixo estando con los principales de esta máquina, que se procuraba en vano de ganar á estos caballeros, porque los hallaba muy fieles servidores del Rey. Concertada la villa con el enemigo, y salida la gente con sus armas y bagajes, vinieron á Oldenzel, y de allí á pasar el Rin por haber capitulado de no servir en tres meses de esta parte. Él se estuvo quedo en su campo algunos dias proveyendo lo que era necesario en la tierra, y yo en el primero alojamiento que tomé. Y aunque el Comisario habia dado al regimiento del Conde de Solms más dinero que á los demas, y que el comisario Roberti, que poco ántes habia venido para las provisiones del socorro de Gruninghen, les daba á todos pan de municion, á la fin resolvieron de partirse, dexándome con la necesidad de gente que tenía, y el enemigo desembarazado para poderme acometer. Los del Conde de Solms inviaron sus diputados á Oldenzel, á donde el conde Herman y yo estábamos, á avisarnos de la resolucion que habian tomado, diciendo que no fuesen á estorbárselo á cuchilladas como la otra vez, porque se defenderian, y así otro dia comenzaron á marchar, y con ellos las demas naciones, y la resta de la caballería que el Comisario general habia traido, sin quedar conmigo más que los capitanes y oficiales. Y considerando que si esta gente iba sin ellos les podria suceder algun daño en el camino, ó que llegados á Bravante se amotinarian, los dexé ir con ellos. Y no puedo creer, como tambien era la opinion de algunos oficiales, sino que habia entre ellos algunos de la parte del enemigo que hacian acrescentar estas desórdenes. Al fin son obras del demonio, y que permite Dios para castigo de nuestros pecados y descuidos, él lo remedie, pues es causa suya, y se compadezca de la miserable gente que tan injustamente padece. Partida esta soldadesca de diversas naciones, queriendo yo alojar en Oldenzel á los españoles que habian quedado, la mitad de ellos se alteraron, y siguieron á los demas sin podérselo estorbar; que por ser de tantos tercios, habia poca obediencia entre ellos. Hice alojar en la villa á los que se quedaron, con quien, por exemplo, se habia de usar de gratitud por el buen término que han tenido y las necesidades y trabajos que han pasado. Y aunque el enemigo sabía esto particularmente y lo que habia de hacer, no lo pudo efectuar por haber cargado tanto las aguas, que áun á caballo no se podia ir, ó muy mal, por los caminos, y duró tanto, que la sazon y tiempo de podernos ofender en este país se pasó. Pero habiéndose las lluvias aplacado algo, por no perder el poco de buen tiempo que quedaba, procuró hacer por agua lo que no podia por tierra; y así se resolvió de ir á Berken con navíos, y hallando tambien dificultad, no pudo hacer nada por la mesma causa, habiendo crecido mucho el Rin. Viendo esto, se volvió contra Grol, y encaminando allá su aparato, vino un embaxador del Rey de Navarra á pedir gente á los Estados, y negoció tan bien, que se la concedieron; y así dexando la empresa, inviaron la demas gente á sus guarniciones. No sé cómo no les estorbaron el viaje. Quiso Dios ayudarnos con esto y las contínuas aguas, que sin ellas, es cierto no perdiera el enemigo tal ocasion, é hiciera algun efecto por la poca resistencia que hallára. Recogí la gente que me quedaba en sus guarniciones, entreteniéndola con la municion que se les daba, hasta que llegaron veinte mil felipes, que el Comisario repartió lo mejor que pudo, dando á unos para seis semanas, y á los de mi regimiento para cinco, que es más que el escudo que por allá se dice haber dado yo á cada soldado; pero no se pudieron dar dos pagas, como de ahí se escribia mintiendo á esta gente, pues para una habia avisado este Comisario ser menester mucho más que los veinte mil felipes, que aunque son las compañías pequeñas, son muchos los oficiales y primeras planas con otras aumentaciones lícitas, ó ilícitas, que hacen más número de gente de la que hay. El dar á entender á estos soldados que se les inviaban dos pagas no habiendo para una, fué causa de alterarlos contra el Comisario, yendo á sacarle de su casa, y le tuvieron entre ellos en medio de la plaza, que si no fuera por el conde Federico que fué á sacarle de entre ellos, habiéndoselo yo rogado, le maltratáran. Retiráronse estos soldados á sus posadas, por aquella noche, muy descontentos, y con intencion, segun tuve aviso, de tomar á la mañana las armas y apoderarse de las puertas para hacerse pagar del Comisario y de mí las dos pagas que les escribian de Bravante haberse inviado para ellos. Y temiendo, porque esta nacion alemana, estando una vez alterada, es mala de aquietar, hice venir aquella noche dos compañías de caballos de Paulo Emilio Martinengo y de Alonso Mendo, y con la asistencia de los españoles que habian quedado, mi regimiento y la compañía de don Sancho de Leyva, que estaba dentro, eché fuera del lugar parte de los alemanes más sediciosos, con que se aplacaron, y á no hacer esta diligencia, sin duda se pasára mal. El dinero que entónces vino, dixo el Comisario haber sido proveido por Agosto del año pasado, y ahora estamos en Hebrero de éste, y en todo este tiempo no ha venido otra provision ni memoria de ella; causa bastante para que esta soldadesca, no sólo se hubiera alterado, pero vendido ó saqueado estas tierras, y presentado á sus capitanes y á mí al enemigo por desesperacion, viéndose tan olvidados y poco estimados, habiendo servido fielmente en este país con tanto trabajo y necesidades, y que pagan á otros de su nacion por allá sin hacerles ninguna ventaja en servir, ántes habiendo pocos que se les puedan igualar, y que cuando el enemigo les acomete, no son socorridos á tiempo ni como sería razon que se hiciese. Entre los de Gruninghen y país, como en otra parte he tocado, hay disputa sobre el haberse reducido á la obediencia y servicio del Rey despues que el Sr. D. Juan fué dado por enemigo por la razon que al principio dixe, que fué porque el Príncipe de Oranje y Estados rebeldes mostraban más aficion á los del país que á los de Gruninghen de que en extremo se resentian, que si se la mostráran más á ellos que al país, la opinion de los que entienden su humor es, que nunca vinieran al servicio de su Majestad. Y así á los Estados generales fuera fuerza tenerlos sujetos con guarnicion, por no caer otra vez en este inconveniente, procuran ahora concertarlos, y para esto han inviado sus diputados, que áun están ocupados en ello sin apariencia de concierto, porque se comienzan á arrepentir de lo que han procurado y negociado, conociendo, aunque tarde, el error que han hecho, y los que ya nos fueron contrarios, lo son ahora más del enemigo, si bien de secreto, tal es el humor de los de este pueblo, y creo que serán malos de concertar con haber entremetido al síndico, que estaba en esa Córte cuando se perdió, que como nacido en el país y criado en la villa, ambas partes se fian de él. Yo le he tenido siempre por hombre de bien, pero paréceme imposible que no haya sentido y sabido las traiciones que en su tiempo se han tramado contra el Rey, siendo amigo de los burgomaestres Balen y Moyen Steynz, cabezas de la maldad. Hallándome en el aprieto que he dicho, no me vino otra asistencia despues acá, sino la de un maestro de cuentas con órden de su Alteza, á informarse de los abusos que le habian dado á entender que habia en Linghen, comision procurada por el Recebidor contra el Drosarte de allí, fundado en cierta pasion que entre ellos habia. El Recebidor habia dicho tanto y tanto en Bravante á los de finanzas y de cuentas, que fué despachado para informarse de todo este Comisario, el cual naturalmente es de poca verdad, y enemigo de paz y concordia. El Recebidor le llevó luégo á su casa, y así le informaba de muchas cosas que no se halláran con verdad, y entre otras que este Comisario ha hecho, fué escribir á la mayor parte de los nobles de aquel país, que el peso que tenian de contribuciones era contra la voluntad de su Majestad y de su Alteza, y contra razon y justicia; cosa que no sólo á la nobleza, mas á todo el país ha movido contra mí, de tal manera, que procurando sacar de él alguna sustancia para entretener la soldadesca en la grande necesidad que padecen, no los hallo con la voluntad que solia. Y por esto, á no hallarme con gente de guerra, mi persona y todos los demas ministros del Rey corriéramos peligro del pueblo, con no haberlos cargado jamas sin grande necesidad, utilidad y provecho suyo, porque con la necesidad el soldado se desmanda, y desmandado hace más mal en un dia que interesa en un mes, y el daño que se les hace con desórden no viene tan á provecho de su Majestad como el que se saca con órden; y en presencia de este Comisario se juntaban sin la mia á dar al enemigo lo que extraordinariamente les pedia, y de esto no hacia caso, sino de lo que era para el servicio del Rey, de manera que, ó éste sin duda era más por el enemigo que por su Majestad, ó no acertaba su comision por la pasion que tenía contra el Drosarte y contra mí; y aunque de éstos y de ellos he procurado sacar contribuciones del enemigo, y las hayan prometido, es tan poco lo que de ellas se saca, que el comisario Melendez se ha maravillado de ver que es miseria para lo que allá se ha dicho; que como son sacadas por fuerza, y algunas veces á fuego y sangre, cuando no se pueden executar no las quieren pagar, como lo han hecho siempre. En este tiempo viniendo pocos dias há á este país de Linghen cien caballos del enemigo, invié al capitan Bartolomé Sanchez con mi compañía de lanzas y alguna infantería de esta guarnicion, y hallándolos alojados en un villaje, esperó á que fuese noche para tomarlos más seguros, y venida, los acometió y rompió; y habiendo avisado al capitan Mendo de la venida de estos enemigos, salió con su compañía por otra parte, y dió con otra diferente tropa de caballos, y tambien los deshizo, prendiendo y matando dos capitanes y la mayor parte de los enemigos.
* * * * *