Part 12
El enemigo, despues de haber hecho sus trincheas, las cuales no pudo hacer sin que las salidas que hizo Mons de la Cocquela le hiciesen daño, hasta tomarle banderas que tenía en ellas, y plantó su artillería en dos partes, en cada una puso treinta piezas, y otras dos en otra parte, que batian un molino que se habia hecho para meter agua en el foso. Comenzó su batería desde las cinco de la mañana hasta las de la tarde, la más terrible que se ha visto en esta guerra; y pareciéndole que habia hecho batería para dar asalto, puso todo su exército en escuadron, y reconociendo las baterías con tres capitanes que fueron á ello, el uno fué muerto al borde del foso, y hallando haber hecho poco efecto, y estarse la estacada entera y bien guarnecida de mosquetería y arcabucería, se retiraron por aquella noche á sus cuarteles, y luégo comenzaron á cegar el foso y á arrimarse con la zapa á la muralla por tres partes, é hicieron dos minas, habiendo batido un torreon de la puerta que estaba á cargo del capitan Bartolomé Sanchez. Nunca yo cesaba de solicitar el socorro viendo la grande ocasion que el enemigo daba para deshacerle parte de su exército si yo tuviera gente para ello. Tenía aloxada su caballería léxos de su infantería, y donde tomándole un puente que no estaba guardado, y rompiéndole, no podian socorrer su infantería, y en el alojamiento no habia sino una calle por donde la caballería podia salir, por ser todo lo demas pantanos, donde la infantería podia hacer grande efecto sin daño de la caballería. A tener yo infantería suficiente, con ayuda de Dios, poca ó ninguna de ella se me escapára, y perdida ésta, la villa fuera socorrida, y por lo ménos el enemigo no podia retirar su artillería por se haber secado el rio por donde la habia traido, de tal suerte que con el tiempo que hacia, de ninguna manera se podia navegar por él. El enemigo, continuando su zapa y mina fuera de ella, habia hecho dos castillos de madera, uno mayor que otro, hechos con gonces y tornillos, de modo que juntando las piezas en parte segura con ruedas y otros artificios, los llevaban enteros donde querian, y eran hechos de arte, que en diversos suelos que tenían, podia estar mucha gente de guerra segura de arcabucería y mosquetería; de donde, descubriendo no solamente el terrapleno, mas las calles y casas, hacian mucho daño. Viendo esto Mons de la Cocquela, puso dos piezas de artillería detras de una casa, con las cuales, batiendo el mayor, le hizo inútil, y del otro se recibia poco daño. Ya estaban los enemigos tan adelante en el terrapleno, que se hallaban con los nuestros pica á pica sin osar dar asalto, y por hacerlos más daño, el enemigo hacia tocar diversas armas falsas, teniendo asestada toda su artillería; y poniéndose los nuestros á la defensa, creyendo que era asalto, hacia grande efecto en ellos. Viendo yo que el socorro tardaba, y conociendo el peligro de perderse en que estaba la tierra, y que no habia mejor remedio para estorbar la pérdida, ó por lo ménos dilatarla esperando el socorro, que meter más gente dentro y proveerla de pólvora, de que comenzaban á tener falta, avisé al conde Herman, que estaba en Gruninghen, que de su parte inviase alguna gente con sacos de pólvora, y que yo tambien inviaria por la mia; y que señalando el dia, hora y lugar donde se habian de juntar, procurasen entrar dentro. Despues que el capitan Sante entró con aquel socorro, los enemigos hicieron en aquella parte algunos fuertes; y aunque el sitio era aguanoso, no dexaban de noche de entrar y salir avisos entre fuerte y fuerte, y esta gente llevaba órden de hacer el mesmo viaje, y con las guías que les habia dado fueron, y la cabeza que yo habia inviado con la gente entró dentro, y el que el Conde por su parte, ó cansado ó perdido de ánimo, estando á tiro de piedra del lugar, por haber tocado los fuertes arma, se retiró, siguiéndole de cuarenta á cincuenta soldados; que los más de ellos, venido el dia, se perdieron, y él tuvo ánimo y fuerzas para volver seis leguas atras, faltándole para ir un tiro de piedra adelante. Este mesmo dia habian comenzado los nuestros á tratar con el enemigo, el cual, habiendo hecho dos minas y alojado su gente por el terrapleno, por no tener por aquella parte traves ninguno que se lo estorbase, dió fuego á las minas, que nos fueron de poco daño, ántes la una de ellas, estando enterrado un torreon de la villa junto á ella, resistiendo, reventó hácia los enemigos, en los cuales hizo mucho estrago. Dieron con todo esto su asalto por tres partes, reforzándole de gente cinco veces, y duró desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde, perdiéndose mucha gente de ambas partes. Entre los nuestros murieron tres capitanes, el conde Luis, hermano del conde Herman, el capitan Biondel, del regimiento de Mons de la Mota, y el capitan Hessel, de mi regimiento, y el conde Mauricio salió herido de un arcabuzazo en el rostro. Al fin, viendo los nuestros que no habia nueva de socorro, y que los enemigos estaban tan adelante en el terrapleno, muchos de los nuestros heridos, y todos generalmente cansadísimos del trabajo y pelear, tornaron á parlamentear con el enemigo, á quien al cabo rindieron la tierra, y uno de los artículos fué que saliesen de este país, pasasen el Rin, y en seis meses no pudiesen volver á él. Cosa mal á propósito para el servicio del Rey, por ser la gente tan buena, como he dicho, y hallarme con poca esperanza de haber otra para resistir al enemigo. Avisé de todo á su Alteza á Aspá, y al Conde de Mansfelt á Brusélas, suplicándoles me socorriesen, advirtiéndolos de que el enemigo quedaba tan mal tratado, que en mes y medio no se podia rehacer para salir en campaña, porque se decia haber perdido más de dos mil hombres. Bien tardó todo el tiempo que he dicho en refrescar su gente y en rehacerla. Ya que esos señores no procuraron el socorro con tiempo, perdido el que el enemigo no estuvo en campaña y el que estuvo en rehacerse, bien pudieran de haber sido servidos de darle cuando se le pedí, inviándome, como he dicho, que sin duda se hubiera excusado lo que despues ha sucedido. Al fin importuné tanto á su Alteza y á su Excelencia, que resolvieron de inviarme socorro, y entre tanto el enemigo, habiendo rehecho su exército, marchaba hácia Covorden. Y habiendo proveido de artillería, municiones y gente, dexé al conde Federico dentro y me fuí á Grol á aguardar el socorro, teniendo aviso que marchaba. El enemigo vino y sitió el burgo de Covorden, y dexando el Mauricio al conde Guillermo, su primo, sobre aquel sitio, se partió con parte del exército y artillería á sitiar la villa de Oetmarsum; y vino tan repentinamente sobre ella, que Mendo, que estaba dentro con mi compañía, habiéndole dado órden de no dexarse encerrar, hubo de pasar por medio de los enemigos para salvarse con la compañía y meterse en Oldenzel, dexando dentro otra de mi regimiento. El conde Mauricio hizo sus trincheas, y plantando la artillería, mataron los nuestros á Mons de Fama, general de ella; y despues de haber batido, se le rindió la tierra con los mesmos pactos que la de Steenvick. Miéntras él estaba en aquel sitio, su primo se acercaba al burgo de Covorden, el cual no tenía más fortificacion que una trinchea simple, defendióle el conde Federico algunos dias hasta que volvió el Mauricio del sitio de Oetmarsum; y una vez estuvieron los enemigos dentro del burgo, y los nuestros los tornaron á echar fuera; pero viendo el Conde que al cabo no le podia defender, le quemó y se retiró al fuerte hácia donde el enemigo caminó con sus trincheas; y conociendo que era una masa de tierra, y que su artillería, por mucha que era, podia hacer poco efecto, se puso á ganarle por zapa, sangrando primero el foso, que era grande, aunque no muy hondo; y con cierto ingenio que usan los marineros, sacaban la agua apriesa. Hizo tambien dos plataformas que abrazaban los dos baluartes, de donde tiraba á las defensas haciendo daño. Yo, confiando en el socorro que se me prometia, aunque habia puesto dentro mucha gente más de la que se suele poner en semejantes fuertes, hice apear parte de la compañía de don Sancho de Leiva y parte de la mia, y á mi alférez con ellos, y los metí dentro pareciéndome que siendo españoles ayudarian mucho al Conde. El enemigo hizo algunos fuertes, habiendo el Conde hecho una salida sobre ellos; y haciendo uno bien cerca de la tierra, el Conde le batió con su artillería desde el fuerte, y los que estaban dentro fueron tan hombres, que aunque los hacia grandísimo daño por no estar en defensa, nunca se movieron. Mandó el Conde salir del fuerte una buena tropa de soldados para darle asalto, y diéronsele, y los de dentro se defendieron muy valerosamente, pero al fin quedando muy pocos de ellos vivos, y viniéndoles socorros de sus cuarteles, los nuestros, por no ser cortados entre los dos fuertes, se retiraron. Murieron allí dos alférez de mi regimiento, Juan Lopez, español, y Mons de Ruylle, valon, que lo era de mi compañía coronela, ambos muy valientes soldados. Hechas las plataformas, comenzó el enemigo á henchir el foso (hacen esto con mucha maña y presteza), y en este tiempo me llegó el socorro á Grol, á cargo de Mons de la Capela, con su regimiento de Liejeses, el tercio de D. Gaston y el de irlandeses de Mons Stenley, que todos juntos no pasaban de ochocientos soldados, y algunas compañías de caballos á cargo de D. Alfonso de Avalos, hermano del Marqués del Guasto, que cierto no llegaban á cien caballos por tener las compañías muy faltas de gente, tanto que me acuerdo haber pasado una delante de mí con dos arcabuceros delante de avanguardia, tres lanzas de batalla, tres mujeres y un clérigo de retroguardia, sin tener más soldados que éstos, y todo este buen socorro, sin un real, ni ménos yo le tenía. Viendo la sustancia de esta asistencia, y temiendo que si poniala gente en los casales, el enemigo los podria degollar fácilmente, me resolví de meterlos todos en la villa de Grol, por evitar este inconveniente, que sin falta sucediera como digo, y con ser la tierra pequeña y de ruines casas, ellos y la guarnicion ordinaria estaban cubiertos. Y por más entretener al enemigo en el sitio de Covorden, despaché luégo para entrar dentro algunos valones del regimiento de Mons de la Capela con un capitan suyo, y díle tan buena guía, y él lo hizo tan bien, que entró dentro con mucho peligro, y avisando el de la Capela á su Alteza y á su Excelencia particularmente de la gente que habia traido aquí, las cartas se perdieron en el camino y vinieron á manos del conde Mauricio, y él las envió al conde Federico dentro con un trompeta, para que viese el socorro que habia venido. Él respondió que aunque no viniese otro socorro, que esperaba con el de Dios defender la plaza. Tambien escribia yo muy á menudo, suplicando que el socorro fuese tal que pudiese ser bastante, porque aquél no lo era. Tratando yo un dia con algunos capitanes del tercio de D. Gaston, de que holgára que estuvieran dentro del fuerte algunos capitanes más de los que habia, se ofreció de su buena voluntad el capitan Jerónimo de Oria, genovés, caballero de mucha virtud y valor, que él iria, y procuraria entrar ó perderse. Y yo se lo agradecí como á quien él es y el caso requeria; fué con algunos soldados amigos suyos, y con tener guardia el enemigo por aquella parte, pasó como un rayo rompiendo por ella y entró dentro. Su Alteza me escribia que me inviaria socorro suficiente, que así lo habia ordenado y podia hacer porque tenía mucha y muy buena gente en Aspá para su guardia, y grande suma de dinero que le habia venido de España. Invió al fin el socorro á cargo de D. Alonso de Mendoza, con su tercio de infantería española y una buena cantidad de caballería, y con esto y lo que acá estaba, se pudiera socorrer el fuerte si viniera á tiempo y con medios, porque aunque vino con él un oficial del pagador, no traxo un real consigo, ántes me dixo que le habia faltado para cumplir con algunas compañías españolas, de una paga que se les habia dado en Bravante, pero que de Colonia habia de venir cierta suma. Vino esta gente cuando ya el enemigo habia cegado el foso del fuerte, y por una cortina de un baluarte se habia metido dentro, arrancando los árboles de que estaba vestida, con ingenios de tornos. Alojóse dentro de él y minándole sin podérselo estorbar, porque siendo las cortinas cortas, los traveses de los baluartes hacian poco efecto, y las dos plataformas tambien impedian que no se pudiesen valer de ellas, porque tiraban continuamente allí cruzando su batería; acertó á ser el baluarte más fuerte de los cinco que el fuerte tenía, y así el Conde le cortó, desamparando la mayor parte de él, comenzando á hacer una retirada, hácia una plataforma del fuerte, por la cocina de una casa, hasta lo que habia cortado del baluarte, que tambien hacia traves como la plataforma. Y sabiendo yo por las espías que tenía en el campo del enemigo, el estado en que estaban las cosas de él, daba priesa al Maestre de Campo D. Alonso de Mendoza que caminase é hiciese diligencia, y él la hizo, y sabiendo que estaba cerca, tomé la avanguardia con la gente que acá estaba, para informarme de más cerca de cómo se podia socorrer. Llegando el Maestre de Campo y sabiendo que yo me habia partido, me siguió con mucha presteza, aunque llovia y hacia mal tiempo. Juntámonos en Ulsen, lugar del condado de Benthen, y otro dia marchamos juntos á Denichum, tambien lugar del mesmo condado, una buena hora de camino de Covorden. Este fuerte de Covorden está en un sitio fuertísimo, que de todas partes le cercan pantanos y turbales inaccesibles la mayor parte del año; solamente hay un paso arenisco y duro debaxo, pero siempre con agua, y dura ántes que se llegue al fuerte y despues á la entrada de él, adentro, una pequeña hora de camino, paso hecho á posta para las barcas de una provincia á otra, que esto significa el nombre Covorden; hay tres ó cuatro arroyos que salen de estos pantanos y turbales, y todos vienen á dar al fuerte, y de ello se hace un rio, que va por unos grandes prados á entrar en el rio Vecht. Pocos dias ántes que nosotros llegásemos á Denichum, habia venido el Conde Holac con un regimiento nuevo y alguna otra gente, á juntarse con el Mauricio; y queriendo estar apartado de él, se alojó entre Denichum y su campo, pero más cerca de él que de nosotros, donde se habia fortificado; mas sabiendo que el socorro venía, habia dexado aquel puesto y tomado otro. La metad de la fortificacion estaba delante del rio que viene de Covorden, y la metad detras, y tambien dexó éste como supo que éramos partidos de Oldenzel; y luégo tomó otro mucho más fuerte que los dos, acercándose al cuartel del Mauricio, adonde se fortificó con grandísima priesa, como tambien lo estaba el Mauricio en su cuartel, y fuera de esto, así por aquel paso de agua que he dicho, como por otras partes por donde podiamos pasar, habia ya hecho buenos fuertes, y reparar y doblar las trincheas, tanto contra nosotros, como contra el fuerte. Traia conmigo tres piecezuelas de campaña, con las cuales hice señal al Conde de mi venida, y por no perder tiempo, invié alguna caballería á tomar lengua por aquella parte donde estaba el Conde Holac; y por los pantanos invié dos capitanes, uno italiano y otro español, porque mi intencion era, ya que se podia caminar por ellos, que con toda la infantería se llegase por aquella parte, lo más cerca del fuerte que se pudiese, como no fuesen sentidos, y con la caballería tocarles arma la mayor que fuese posible, y que la infantería estuviese hecha alto y que en oyendo esta arma arremetiese á las trincheas, y ganándolas, no dudaba de ganarse las plataformas y echar los enemigos fuera del burgo, que áun todavía estaban atrincheados. Considerando yo que tocando arma al cuartel del Holac, el Mauricio viniera del suyo al socorro, como despues hizo, y que entónces nuestra infantería hubiera hecho el efecto que he dicho facilísimamente, por estar el cuartel del Holac media hora de camino hasta las trincheas. Los dos capitanes fueron á reconocer el paso para guiar la infantería, y de enmedio del camino se volvieron sin reconocerle, echando la culpa el italiano al español, diciendo que no habia querido pasar adelante, y que él no queria ser más prudente ni valiente que el otro. Hicieron una gran falta al servicio del Rey, que con el favor de Dios, rompiéramos al enemigo, porque parte de su exército estaba fuera á traer victuallas, que padecia de ellas por estar léxos de sus tierras; tambien padeciamos nosotros, más por falta de dinero que de victuallas, que muchas nos venian; pero los soldados de este gobierno y los demas que habian venido con el Maestre de Campo D. Alonso de Mendoza, salvo los de su tercio, dexaban sus banderas por ir á buscar de comer, y á no estar el enemigo ocupado en sus fuertes y trincheas, como lo estaba, él hiciera suerte en nosotros. Visto lo que los dos capitanes habian hecho, ó no habian hecho, nos resolvimos de acometer el cuartel del Holac, escogiendo de las naciones que allí habia mil soldados que fuesen de avanguardia, y que tras ellos fuese la demas infantería y la siguiese toda la demas caballería, con intencion de que los mil soldados acometiesen los primeros, y ganando las trincheas, la demas infantería se pusiese en escuadron dentro del cuartel, y que toda la caballería encubierta en un bosque, que estaba junto al cuartel del Holac, esperase á la gente que viniese al socorro del cuartel, del Mauricio. Tambien se ordenó que no se tocase arma hasta que se pelease mano á mano con el enemigo; habiéndolos dado una guía para mostrarles por donde entraban y salian los carros de aquella fortificacion, no habiendo puerta ni trinchea en aquel paso. Cuando llegaron estos mil soldados al cuartel donde habia estado poco ántes el Holac, creyeron que se iban huyendo y diéronse priesa á caminar tras él; á los que llevaban la guía, con la mucha que iban y la arma que tocaron, se les escapó de las manos, que fué causa de que no se acertó lo que pretendiamos. La gente se derramó por aquellas trincheas, acometiéndolas por diversas partes, y el enemigo que estaba en ellas, por haber tocado arma tan temprano, las defendia valerosamente. Mataron luégo al capitan D. Juan de Bivanco que iba en la avanguardia, y á otro capitan aleman del regimiento del Conde de Barlaymont, que habiendo entrado dentro con algunos soldados y no siguiéndole los demas, le mataron con los que con él habian entrado. Ya era llegado el Mauricio con el socorro, y el dia aclaraba, y temiéndome de lo que sucedió, habia hecho adelantar la caballería para dar calor á la infantería, y si sucediese mal, poderla retirar más seguramente. La artillería de sus trincheas nos comenzó á hacer gran daño, y con los unos y con los otros, tuve trabajo en recoger y retirar la infantería, viendo que miéntras más se estaba allí era más perder. Al pasar del rio puse alguna infantería en las trincheas que el Holac habia dexado, por si el enemigo nos cargase. Volvimos al cuartel siempre con cuidado, porque no nos acometiese el Mauricio á la retroguardia, que toda la gente de su exército, salvo la que estaba en las trincheas, habia ya acudido allí. Debieron de morir aquel dia, de los nuestros, cien hombres de la infantería, de todas naciones, que no fué mucho segun jugaba la artillería y arcabucería del enemigo. Otro dia, por no mostrar flaqueza, me fuí á presentar con el exército junto á Covorden, enfrente del cuartel del Mauricio, llamándole con la mayor parte de las trompetas que tenía, á batalla, pero ni quiso darla, ni ménos trabar escaramuza, y yo lo deseaba por ver si le podria sacar de sus trincheas y pelear con él; visto que no queria, me volví al cuartel, habiéndome mostrado á los de Covorden para darles ánimo. Despues de esto fuí á reconocer el paso de Scherembergh, pensando pasar por allí á la Drent y tentar por aquella parte el camino de Gruninghen, y no fué posible con llevar los caballos á mano. El teniente Mendo que iba delante se empantanó de manera que ni él ni su caballo podian salir del pantano. En este tiempo habia llegado el conde Herman á juntarse con nosotros, con la gente que habia sacado de aquel país; y su hermano, que estaba dentro del fuerte, viendo que no le podiamos socorrer, y que el enemigo le habia minado la mayor parte del baluarte que él habia cortado, se rindió con muy honrados pactos que el enemigo le concedió por hallarse apretadísimo de victuallas; y si el socorro, como vino á lo último me viniera al principio, cuando el otro, con las comodidades que en tales casos se requiere, el fuerte se socorriera sin ninguna duda, y el Mauricio y su exército estaban en gran peligro de perderse ó recebir un notable daño. Mas al fin las victorias vienen de Dios y él las da á quien es servido, pero tambien es necesario que los hombres se ayuden y provean de su parte sin dexar tales cosas á la ventura. Cuando vino Mons de la Capela con aquel socorro, el tiempo era seco y por todas partes se podia caminar, lo que no se podia hacer en el que vino D. Alonso de Mendoza, que era de otoño, y con las aguas de él, se habia hecho dificultoso lo que ántes era fácil.
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