Part 11
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Perdidas estas dos plazas, verdaderas puertas de Holanda y país de Utrecht, por donde se habia de acabar la guerra, ó por lo ménos constreñir al rebelde á reconocer á su Rey y señor natural reconciliándose, dió ánimo al enemigo de proseguir adelante contra esta provincia, en que tanto habia trabajado, y tanta gente habia perdido por señorearse de ella, y así procuró pasar adelante; y á requisicion de los mal intencionados de Gruninghen y solicitud del conde Guillermo de Nassao, que ahora es su gobernador, se determinó de irla á sitiar. El conde Federico y yo estábamos en el fuerte de Covorden á la mira, por ver la punta que hacia, y él, por saber que los dos estábamos en aquel fuerte, procuró cerrar la villa ántes que pudiésemos entrar en ella, y con gente suelta caminó dia y noche para este efecto, mas no lo pudo hacer tan secretamente que con tiempo no fuese yo avisado por las espías que tenía en su campo. Resolvíme tambien de partir para allá, caminando toda la noche, y ordené que alguna infantería que tenía en Covorden, pensando que el enemigo la acometeria, me fuese siguiendo. Entramos dentro el Conde y yo con la gente, á tiempo que ya la avanguardia del enemigo se venía acercando á la tierra, y los mal intencionados de ella, viéndola tan vecina, se comenzaron á alterar (que segun los enemigos decian, habian prometido de hacerlo á su llegada), y de otra parte, el Magistrado no solamente no queria recibir en la villa la gente de guerra que yo habia traido, pero ni áun en el burgo. En este tiempo me llegó cierta cantidad de soldados que habia inviado á sacar de algunos fuertezuelos de poca importancia, y estando con alguna pena de ver el refuso que me hacian de recoger la ente en el burgo, y la alteracion de los malos, por no mostrar flaqueza ordené al conde Federico que con la gente que estaba ya recogida y algunos caballos trabase la escaramuza y tuviese los enemigos lo más léxos de la villa que pudiese, sin desarrimarse mucho del foso y muralla della; y miéntras él peleaba fuera, yo negociaba dentro, de manera que echando fuera alguna cantidad de malos, me abrieron el burgo, y así hice retirar al Conde dentro con la gente, porque no se arrepintiesen. La del enemigo padecia, por haber dexado bagaje y victuallas atras, principalmente los ingleses y escoceses, que viniendo á coger lechugas para comer, se llegaban tanto, que desde las murallas mataban los burgeses muchos de ellos. Llegado todo el exército, se metieron en escuadron algo léxos de la villa, pero con todo eso, con un cañon, dos ó tres medios y una culebrina que hacia tirar, recibian tanto daño que luégo se alexaron, cubriéndose de la artillería lo más que pudieron, pero no tanto, que por el daño que se les hacia, el conde Mauricio reculó sus tiendas y parte del exército, y viendo que los malos que eran de su parte no habian salido con su intencion ni cumplido lo que habian prometido, se estuvo quedo en aquel puesto sin hacer mas trinchea ninguna. Yo imaginaba que lo hacia por esperar la artillería y pertrechos que por la mar venian, como fué así, pues dentro de tres dias comenzaron á parecer gran cantidad de velas, en las cuales, segun los avisos que yo tenía, venian sesenta piezas de batir y las municiones y pertrechos necesarios para un largo y gran sitio. Despaché luégo á su Alteza avisándole de lo que pasaba, el cual invió al teniente de caballos de Mons de Assicourt á reconocer, dando siempre esperanzas de querer dar socorro. Y considerando yo que por estar los españoles amotinados en Diest, y otras incomodidades que su Alteza podia tener, no era posible haber tanta gente que pudiese contrastar con el enemigo, escribí que si su Alteza no tenía doce mil infantes, y por lo ménos dos mil caballos, que no pasase el Rin, porque ménos daño era que yo me perdiese, que no que su Alteza se metiese en este peligro. Estando en la muralla de la villa haciendo tirar la artillería á los escuadrones que se mostraban, mandé que la arcabucería cesase y que no tirase sino de cuando en cuando algun arcabuzazo, lo cual fué causa que los jardines vecinos se hinchiesen de soldados enemigos, que era lo que yo pretendia. Viendo esto, hice juntar una cantidad de soldados que estaban en el burgo, que dentro nunca los dexaron entrar en la villa con saltapantanos ni con espadas, sino solamente con dagas; y á Mendo, con cuarenta soldados de mi compañía que habian venido conmigo y estaban en el burgo, que por hacerme gracia los dexaron entrar. Hice abrir la puerta, y ordené á Mendo que con los caballos cerrase con el primero cuerpo de guardia que tenía el enemigo, y que con la asistencia de aquella infantería, que llevaban saltapantanos, fuese cogiendo y matando á los que andaban en los jardines; y él lo efectuó puntualmente, y trayendo algunos presos, los burgeses se los querian matar, y queriéndolos defender los soldados, les dixe que dexasen hacer á los burgeses por tanto más empeñarlos. Dió este pequeño efecto tanto ánimo á los burgeses, que ya tenian al enemigo en poco; no obstante que si él acometiera la villa por dos partes, como era su intencion, con batería formada, nos pusiera en trabajo, aunque no dudo que tuviera su parte dél ántes de ganarla. Mas pareciéndole que no saldría con la empresa fácilmente, se resolvió de ir á tomar los fuertes que estaban en el territorio de Gruninghen, y el principal era Delfezijl, sobre el rio Ems, de más importancia que todos, en el cual habian puesto los de la villa una compañía, de las dos que ellos tenian á su cargo; y ofreciéndolos yo soldados de su Majestad para meter dentro, jamas los quisieron, pretendiendo ser cosa suya, temerosos de que metiendo yo gente en él, no se le volveria despues. Esta plaza está sobre uno de los dos canales que de la mar vienen á la villa, y cuando el Conde de Rhimbergh la ganó, le usurparon ellos, del cual han pretendido siempre ser propietarios, suplicando á su Majestad les hiciese merced dél dándoles la alta justicia; y sobre esto escribió su Majestad que le informasen de ello; yo lo resistí todo cuanto pude, porque era hacer grande agravio á un caballero llamado Ripperdá, cuyo era el lugar donde estaba el fuerte, y él residia en Alemania; y si bien no servia al Rey, ménos al enemigo. El estorbo que yo les hice en esta tan injusta demanda, con otras ocasiones que adelante diré, fueron causa del ódio que despues han tomado conmigo, y de que yo muchas veces con tanta eficacia haya pedido á su Majestad me hiciese merced de sacarme de este gobierno, porque, como he dicho, así me parecia convenir á su real servicio, pues yo no podia forzar á esta gente á que se le hiciesen como debian. Al fin, el enemigo fué sobre el fuerte, y las compañías que estaban dentro se le rindieron, sin esperar batería. En este tiempo su Alteza invió á Mons de Huerpen, que ahora es gobernador de Maestricht, para que se informase de mí, del estado en que estaban las cosas de este gobierno y las del campo enemigo. Oyó la batería que hacia en los fuertes, é informado de lo que habia en la tierra, se volvió. Su Alteza viendo al enemigo ocupado por estas partes, se resolvió de ir á sitiar el fuerte de Nimega á grande instancia que los de aquella villa le hacian para ello. El enemigo, habiendo tomado los fuertes que he dicho, se volvió con su exército hacia Gheldres. Su Alteza me invió á mandar que le fuese á hablar, y fuimos el conde Herman y yo, y llegamos á Nimega el mesmo dia que su Alteza se retiraba del fuerte, por tener órden de su Majestad de ir á Francia. Mandó que el conde Herman se volviese á este gobierno con los burgomaestres y síndicos de Gruninghen, que estaban allí proveyendo de algun dinero para el sustento de la gente de guerra, y á mí, que tomase el exército á mi cargo, lo cual no quise rehusar por las causas que he dicho. Y ántes de su partida se trató de la recuperacion de Zutphen y de asegurar la villa de Nimega, que á mi parecer, segun le propuse, se podia hacer, ya que no queria dexar guarnicion dentro, pues podia; que atrincheando hacia la puerta que va á Mozza, en aquel alto se podian poner dos ó tres mil hombres, ofreciéndome de quedar con ellos. Parecióle bien esto, pero tratándolo con otros se mudó, y sin dar otra órden, no obstante que los buenos de aquella villa andaban dando voces por las calles diciendo que quedaban perdidos y vendidos, se partió para Francia, y á mí me invió al exército, dexándome ordenado que deshiciese la fortificacion que Camilo Archini habia hecho en Midelver, y el fuerte que Mons de Rinavelt guardaba enfrente de la villa de Rees, necesarísimo para el paso en Frisa. Maravillábame yo de que estando la villa de Nimega en tanto peligro mandase romper estos fuertes, que en parte la tenian sujeta, y así no obedecí al primero mandato, ni ménos al segundo, pero con el tercero y el cuarto fué fuerza hacerlo. Y así no hubo su Alteza partido, cuando los de aquella villa comenzaron á tratar con el enemigo, y él á marchar con alguna gente hacia ella el rio arriba. Entendiendo esto, me partí para allá con alguna caballería é infantería. La gente del enemigo hizo alto hácia Til, y yo en Mozza, y aquí me resolví de ir con alguna parte de mi gente á la villa, y contra la opinion de Nicoló Basta y de otros capitanes que iban conmigo, entré dentro con dos compañías de caballos, dexando los demas fuera; hice convocar al Magistrado en casa de Mons de Guilein, gobernador de la tierra, proponiéndoles que, si la querian asegurar, recibiesen más gente de guerra dentro, que allí la tenía para dársela tal como ellos la quisiesen, lo cual les ofrecí tres veces y todas me lo negaron. Y así, vista su resolucion, me volví á salir y fuí á Midelvert, adonde junté gran cantidad de villanos de alrededor para desmantelarle, como su Alteza me habia mandado, y á Mons de Rinavelt avisé que hiciese lo mesmo del de Rees, llevando la artillería y municiones el rio arriba, á Rhymbergh, donde hoy está. Yo andaba con el exército buscando de comer donde lo podia hallar, por padecer necesidad así la caballería como la infantería, que con esta comodidad me han dado siempre los cargos, y estando entre Mastricht y Riuermunde, tuve aviso que el conde Mauricio marchaba con su exército hacia Nimega. Y por hacer lo que pudiese y que no se me diese culpa, escogí de todo el exército de dos á tres mil hombres sueltos, y aunque los dos regimientos de alemanes, de los condes de Barlaymont y Arembergh, andaban descontentos dias habia, jurando de no tornar á pasar la Mosa hacia Bravante sin ser pagados, todavía con promesa que les hice de que los volveria al mesmo puesto, la pasaron á Venló, por donde caminé por más seguridad mia, que tomando el camino de Mozza iba en gran peligro de perderme, por estar ya el conde Mauricio al rededor de la villa de Nimega. Consideré que ya que aquella villa se hubiese perdido, ó no me quisiesen admitir dentro con la gente que llevaba, por lo ménos aseguraria la de Grave, que es de tanta importancia, y estaba tambien en peligro por estar ausente Mateo de Castelo, gobernador de ella, y haber poca guarnicion dentro; y así me fuí allá, avisando por todas las vias posibles al Gobernador de Nimega que yo estaba allí para meterme con él, y que con la gente de guerra que tenía tomase una puerta, y que avisándome haberlo hecho, á la hora yo caminaria con la gente rio arriba, por ser camino secreto y cubierto. Mas los de la villa, como superiores de la gente del Rey que estaba dentro se apoderaron de las puertas, y dixeron al Gobernador que ni él ni ningun soldado del Rey se llegase á ellas, porque le harian pedazos; y en esto iban tratando con el enemigo. Como supe lo que pasaba, tuve la villa por perdida, y así me resolví de asegurar la de Grave; y habiendo tenido aviso de la gente de guerra que estaba dentro, de que los burgeses no andaban bien, y que eran superiores de ellos, hice caminar á la infantetía que habia traido conmigo hacia allá, y adelantándome un poco, hice venir los burgomaestres á la puerta, á los cuales propuse que valdría mas meter aquella infantería dentro, que no que anduviese por aquella campaña haciendo daño, prometiéndolos de entretenerla sin daño de la tierra. Respondiéronme que lo tratarian con sus burgeses, pero que temian que no lo podrian alcanzar, por haberles prometido otros lo mesmo y no cumplido. Entraron dentro y volvieron con resolucion de que en ninguna manera los burgeses querian que entrasen, y que si yo lo intentaba se alterarian y tomarian las armas. Y estando ya asegurado de los soldados que estaban de guardia á la puerta, hice que detuviesen fuera á los burgomaestres; púseme delante de los soldados, y ordené que sin tocar atambor me siguiesen todos, y así entré dentro sin estorbo ninguno hasta el castillo, donde puse los alemanes, y las demas naciones, como italianos, irlandeses y valones, repartí en los hospitales, cuerpos de guardia y en algunas casas vacías, sin permitir que soldado entrase donde hubiese burges. Ayudóme á dar á esta gente victuallas de pan, queso y cerveza un comisario de victuallas llamado Romade Robertin, en lo cual se empleó como bueno y fiel servidor que es de su Majestad. Supe despues de algunos enemigos que he tenido en prision, hombres que podian saber el secreto de su exército, que si yo no entrára, la villa estaba ya concertada con el enemigo; á lo ménos puedo asegurar que si no era así, estaba en este peligro. Pocos dias despues llegó de la otra parte del rio Mons de Guilein, con toda la gente de guerra que estaba en Nimega, la cual se habia rendido al enemigo sin su voluntad, de que el pobre caballero, como muy fiel á su Majestad, venía con tanta angustia y pena, que temí muriera allí, de que le dió una enfermedad que le duró muchos meses. Al fin los inconvenientes vienen las más veces por negligencia y descuido de otros, y los semejantes lo vienen á lastar y padecer. Alojé aquella gente tambien dentro, por no perderla fuera, dándola la misma comodidad que á la demas, y pocos dias despues llegó Mateo de Castelo, que venía de Tornay, donde tenía su mujer. Habiendo el conde Mauricio dado órden en la villa de Nimega, se retiró; y queriendo yo hacer lo mesmo, dixe al Gobernador que pidiese la gente de guerra de que tenía necesidad, que yo se la dexaria, y que me espantaba de que habiendo tanta artillería dentro de la tierra, tenía tan poca pólvora; y era tal, que me habia sido fuerza refinarla á mi costa miéntras estuve allí; advirtiéndole de los medios por donde se podia proveer de ella suficientemente. Dexéle algunas compañías de italianos, que me pidió y nombró, y volvíme adonde habia dexado el exército. Y su Alteza, para el viaje de Francia, que áun no era partido, invió por la mayor parte de la gente de él, y la llevó el Maestre de Campo D. Gaston Espinola, si bien los dos regimientos de alemanes altos se alteraron del todo, y se alojaron á su gusto entre Mastricht y Liexa. Y en esta sazon mandó su Alteza al duque Mauricio de Saxa levantar un regimiento de infantería alemana en esta provincia de Linghen, y él juntó la gente suficientemente; destruyó el país, y los de él llevaron el regimiento hacia Colonia, haciendo mucho mal por donde pasaba, y así se deshizo de sí mesmo. El Duque, los capitanes y reliquias de él, sabiendo que yo estaba en Mastricht, me fueron á hablar, y en virtud de una carta que su Alteza habia escrito al Duque, me pidieron alojamiento y entretenimiento. Respondíle que su Alteza entendia que habiendo pasado muestra se juntase con el exército que yo gobernaba, y que él no la habia pasado, que el exército era ido á Bravante, y así yo no podia cumplir lo que me pedia; que haria bien en ir á hablar á su Alteza, pues yo no podia mandar en aquel país, y así lo hizo. Sabe Dios las causas por que este regimiento se deshizo y no pasó muestra, y lo mesmo el del duque Francisco, su hermano, que asimesmo se levantó en este país, y en él tambien se deshizo, siendo ambos muy necesarios para el servicio de su Majestad. En el tiempo que se levantaron se perdió el dinero del Rey, destruyóse el país, perdióse el teniente coronel Teseling, y no hicieron otro efecto. Partido su Alteza para Francia, escribí al Conde de Mansfelt, que en su lugar gobernaba, suplicándole que fuese servido de proveerme algun dinero para la gente de guerra de mi gobierno, porque me queria volver á él. Mandóme venir por el dinero á Brusélas, y así fuí, donde estuve algunos meses solicitándolo sin poderlo alcanzar. En este tiempo sucedió la muerte del Duque de Cleves, y siendo necesario inviar de parte de su Majestad á su enterramiento, y á poner una persona en el gobierno de Gheldres, aunque para ambas cosas yo era poco suficiente, me mandó su Excelencia que lo hiciese, sin darme ninguna comodidad para mi gobierno, ni áun para el ajeno, y la que me dió para mi viaje apénas bastaba para pagar la escolta de Brusélas á Namur, que entónces este camino estaba muy peligroso. Tambien me ordenó que acabado aquel servicio me volviese á la villa de Mastricht, que por ser de tanta importancia convenia que una persona de recaudo estuviese en ella, por haber llevado su Alteza consigo á Francia al Gobernador. Pasando por esta villa para el viaje que he dicho, avisé al capitan Limburg, que la gobernaba, que estuviese con cuidado, porque sabía que el enemigo queria dar una escalada á aquella tierra, ordenándole que en sabiendo que el enemigo estaba en campaña, estuviese él con toda la gente de guerra á las murallas todas las noches, y que de dia doblase las guardias á las puertas. El conde Mauricio vino y dió la escalada, y fué ventura no ganarla. El capitan, descuidado demasiado, por más que fué avisado del Gobernador de Wert que el enemigo marchaba, y por no haber dado parte al magistrado de este aviso, vino en ódio de aquel pueblo, el cual, á mi vuelta allí, me solicitaba mucho que le castigase por algunos indicios que tenian de no ser fiel, á mi parecer no bastantes para quitar la vida y la honra á un soldado que, desde el principio de esta guerra, habia yo visto servir á su Majestad bien y fielmente. Poco despues de esto vino de Francia el Gobernador, y yo me volví á Gheldres. Los de la villa de Mastricht procedieron contra el Limburg para echarle de ella, y así vino aquí con el regimiento del Príncipe de Simay y sirvió como muy honrado soldado hasta la muerte. Con todo esto, fuí caminando dia y noche por ser el tiempo corto, y con gran peligro llegué á tiempo. Hice lo que se me mandó, asistiendo al entierro y exequias del Duque, de que puntualmente advertí á su Excelencia, y embarcándome el rio abaxo, me fuí al país de Gheldres, adonde gasté mucho más de lo que tenía.
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Venida la primavera, el enemigo formaba su exército, y avisé de ello, y de que sin ninguna duda daria sobre mi gobierno; y con todos los avisos que dí y la solicitud grande que hice, jamas pude alcanzar asistencia con efecto, sino en promesas. Ya era vuelto su Alteza de Francia, y mandándome volver de Gheldres á mi gobierno, lo hice luégo con la mesma ayuda y provision que ántes me habia dado. Y no hube llegado, cuando entendiendo que el enemigo queria acometer la villa de Steenvick ó Covorden, donde me puse por estar en medio de todo el gobierno, aunque no estaba tan bien proveida como la de Steenvick, que tenía á cargo el teniente coronel de Mons de la Mota con más de mil soldados, la flor de la gente de guerra que el Rey tenía en esta provincia; y él, por su valor y prudencia suficiente para aquello y para mucho más, y con su diligencia y ayuda de los vecinos y soldados de dentro, la habia reparado lo mejor que se pudo; que fortificarla como era menester no se podia hacer por causa del sitio, en mucho tiempo. Acertó á estar en aquella villa Mons de Guaterdich, gobernador de Santa Gertruidemberg, que habia venido allí para cierta empresa que el Rey nuestro señor mandó que se hiciese por Pedro Rans, criado suyo; y aunque se conoció ser engaño y trato doble, este caballero, por tener valor y deseo de servir á su Majestad, sabiendo que el campo enemigo marchaba hácia allí, se quedó dentro queriendo hallarse en aquel sitio. Llegó el enemigo con exército y aparato real, y cuando yo supe que caminaba, importunaba con grande diligencia á su Alteza, que estaba en Aspá tomando la agua, y al Conde á Brusélas, por el socorro; y viendo que se tardaba, procuré, con la poca gente que tenía, aumentar la guarnicion de la tierra, é invié al capitan Sante con alguna gente y el dinero con que me hallaba; el cual hizo tan buena diligencia, y se gobernó de manera que por mucho cuidado que el enemigo tenía y más hacia para estorbar el socorro, entró dentro sin ninguna pérdida.