Part 8
Fénis, el Conde te adora, Advierte que si no vuelves, Le han de hacer aquí pedazos, Y que ya se junta gente. Fénis, vuelve al camarin Á ser cristal trasparente, Á ser búcaro dorado, Á ser de barro celeste; Mira que todos los vidros, De llorar por verte ausente, Fénis, están llenos de agua. ¿Qué hará el Conde si te pierde? No seas mujer ingrata, Tu buena dicha agradece, Pues casarás con un hombre Á quien visitan vireyes, Á quien adora su patria Por el hijo más valiente Que ha honrado á Italia en mil siglos, Aunque los Césares entren. Ea, Fénis celestial, Fénis de coral y nieve, Fénis linda, Fénis joya, Y si diamante no siempre, Mira un pobre caballero Que tu rigor enmudece, Y como cielo nublado Está entre llueve y no llueve.
_Fén._
¿Que, en fin, he de ser tan necia? No hay cosa, Tomé, más débil Que, rogada, la mujer.
_Tomé._
Ántes no hay cosa más fuerte, Como una vez diga nones.
_Otav._
Ven conmigo, hermosa Fénis, Que tú serás mi mujer, Y yo tuyo eternamente.
[Ilustración]
[Ilustración]
ACTO TERCERO.
ALBANO Y CÉSAR.
_Cés._
Dichas de las armas son.
_Alb._
Por imposible he tenido No salir ninguno herido Entre tanta confusion; Mas no saldrémos de presos.
_Cés._
Todo fué desdicha mia.
_Alb._
En las quistiones de dia Son menores los sucesos.
_Cés._
Volví neciamente á ver La dama.
_Alb._
¿En aquel lugar Os habia de esperar?
_Cés._
Amor no sabe tener La rienda á ningun deseo, Porque la imaginacion Es la misma ejecucion.
_Alb._
En vos el ejemplo veo.
_Cés._
Del bien que espera y no alcanza, Por engañar al temor, Va siempre siguiendo amor Los pasos de la esperanza. Loco estoy; yo pienso, Albano, Que me ha de acabar la vida Fénis, si bien ofendida Tanto de su ingrata mano. ¡Con qué crueldad escribió, Cuando la escritura hacia Fénis, que me aborrecia Cuando la adoraba yo! No corre cometa ardiente, Como la mano cruel Discurrió por el papel Atrevida y diligente. No sé qué rigor tan ciego Á tanta furia la mueve, Que de una mano de nieve Saliesen letras de fuego.
_Alb._
Vuestra locura mayor Es pensar que una mujer, Que á vos no os supo querer, Á Leonardo tenga amor. Cuanto á mí, sé claramente Que algun deudo la escondió.
_Cés._
Otavio nos engañó Atrevido y imprudente. ¿Pero quién se ha entrado aquí?
JULIO.
_Julio._
Yo soy, no os alboroteis, Puesto que causa teneis Para que lo esteis de mí. Este papel os ha escrito Leonardo.
_Cés._
Mostrad.
_Julio._
Tomad, Que por antigua amistad, César, su honor solicito.
_(Vase.)_
_Cés._
Vos haceis lo que decis. ¡Papel á mí! ¿qué será?
_Alb._
Desafío, claro está, ¿Ya os olvidais del mentís?
_(Lee César.)_
_Porque la gente no impida mi satisfaccion, os aguardo en la playa, donde está una barca, en que los dos pasarémos á Pausilipo, y con espada y daga, solos, acabarémos en el campo lo que se comenzó en la calle._--LEONARDO.
_Cés._
Notable satisfaccion De sí mismo.
_Alb._
Dame pena Pensar que aquéste os ordena, César, alguna traicion.
_Cés._
No hará, que es buen caballero, Pero aunque serlo promete, Tengo á prueba de mosquete Un peto fuerte de acero; El pecho me ha de guardar, Que el pecho basta cubrir, Porque quien no piensa huir, No ha menester espaldar; En mi recámara entremos.
_Alb._
Iré con vos á la mar.
_Cés._
No me habeis de acompañar; Mirad que ocasion darémos Á que se pierda el honor.
_Alb._
Yo os dejaré.
_Cés._
¡Fénis mia, Si ha de llegar algun dia En que agradezcas mi amor!
_(Vanse.)_
TOMÉ Y FLORA.
_Tomé._
Los cofres llegaron ya.
_Flora._
Ya lo vi todo, Tomé, Y áun más de lo que pensé.
_Tomé._
No te entiendo.
_Flora._
Claro está.
_Tomé._
Declárate más conmigo.
_Flora._
No me puedo declarar; Pero dí, ¿qué me has de dar?
_Tomé._
Seré liberal contigo: No te daré yo diamantes, Pero algunas niñerías De vidro, al fin, como mias, Pero son muy semejantes. ¿No has visto retrato?
_Flora._
Sí.
_Tomé._
No tienen estimacion, Aunque los vivos no son, Pues los vidros son ansí, Porque en la luz semejantes, Ya que no en naturaleza, Imitando su belleza, Son retratos de diamantes. ¿Pero cómo estoy contigo?
_Flora._
Si cosas falsas me das, ¿Qué puedes esperar más De lo que has hecho conmigo?
_Tomé._
Y vosotras ¿qué nos dais Que no sea falso tambien?
_Flora._
Si nos enseñais, ¿de quién Bárbaramente os quejais?
_Tomé._
Falsedad es vuestro nombre.
_Flora._
Voime, que tengo que hacer, No hay cosa mala en mujer Que no la aprenda del hombre.
_Tomé._
Dame siquiera una mano; Mas dirás, Flora gentil, No doy por vidro marfil.
_Flora._
¿Lisonjas conmigo, hermano?
_(Vase.)_
OTAVIO.
_Otav._
¡Qué cansado que has estado! Fénis, ya puedes salir.
FÉNIS.
_Fén._
No sé si ha sido el venir, Conde, á esta casa, acertado. Tomé, ¿vióme alguno?
_Tomé._
¿Quién? Todo estuvo prevenido.
_Otav._
Fénis, mi ropa ha venido. Pon esas manos, mi bien, En las joyas que traia Para Celia, que han de ser Para quien es mi mujer, Que eres tú sola, luz mia. Y créeme, que quisiera Que cuanto el sol celestial Cria en la India Oriental En esos cofres viniera; Pobreza fué para tí, Pero, Fénis, tu belleza No ha menester más riqueza Que el alma que tiene en sí.
_Fén._
Estoy, conde, divertida De verte tan empeñado En la palabra que has dado.
_Otav._
No la cumpliré en mi vida.
_Fén._
¿Pues cómo piensas vencer Este imposible?
_Otav._
Al amor No hay dificultad mayor Que llegarla á proponer; Y aunque de Celia es verdad Que las quejas considero, Al Conde, tu padre, quiero Pedirte con libertad. Toma esas joyas en fe, Señora, de que eres mia, Que mañana será el dia Que desengañada esté.
_Fén._
Verélas por ser tu gusto.
_Otav._
Parte á dárselas, Tomé.
_Tomé._
Un aparador seré, Y vendráme el nombre al justo: Una cintura verás De sirenas, que recelo Que el más alto paralelo Del sol no relumbra más; Vienen cinco apretadores Con esmaltes carmesíes De diamantes, de rubíes En clavellinas y flores; Viene tambien un collar Tan brillante, rico y bello, Que sólo en tu hermoso cuello Ó en el del sol, puede estar. Vienen tambien arracadas De tanta vária invencion, Que exceden la estimacion, Siendo en gran precio estimadas, Y tienen tanta eminencia, Que pueden estar seguras Que no hay orejas tan duras Que no les diesen audiencia; Otras joyas y cadenas, Con bandas y con sortijas, Para que á tu gusto elijas, Todas de diamantes llenas. Pensarás que son enredos, Y encarecimientos vanos, Harán dos Indias tus manos, Y rayos del sol tus dedos; Pues rosetas con que des Lazadas á los zapatos, Aunque á diez puntos, ingratos, Competirán con los piés.
_Otav._
¿Estás loco?
_Tomé._
Ven conmigo.
_Fén._
Tomé, sin codicia voy De las rosetas.
_Tomé._
Estoy Tal, que no sé lo que digo, Perdona, pues vas segura, Que en llegando á hablar en piés Me enloquezco, y pienso que es La cifra de la hermosura.
_(Vanse.)_
_Otav._
Quien dice que al amor engendra el trato, Débale al trato lo que amor no debe, Que la hermosura que no mata en breve, Sin alma y luz parecerá retrato. En la imaginacion siglos dilato Pocas horas de amor que el cielo mueve, Que quien veneno tan hermoso bebe, En no morir correspondiera ingrato. El alma la belleza ilustra y dora, Que aquésta el cielo, aquélla el sol retrata, Y si á matar se juntan, basta un hora, Que es hermosura la que luégo mata, Y costumbre de ver la que enamora Con largo tiempo á quien despues la trata.
LEONARDO, _alterado_.
_Leon._
Perdonad haberme entrado En vuestro aposento ansí.
_Otav._
¿Pues estaba abierto?
_Leon._
Sí.
_Otav._
Para vos siempre lo ha estado. ¿Qué suceso causa os dió?
_Leon._
Pienso que á César he muerto, Y á estar, Otavio, encubierto, Vuestra amistad me obligó.
_Otav._
Bien hicistes en fiar Vida y libertad de mí; ¿Cómo ha sido?
_Leon._
Pasa ansí: ¿Hay quien me puede escudar?
_Otav._
Ninguno, porque Tomé, En mis cofres ocupado, Tendrá diverso cuidado.
_Leon._
Pues escudadme.
_Otav._
Sí haré.
_Leon._
Generoso Conde Otavio, De quien tan altas hazañas Las plumas de las historias Trasladarán de la fama, Ya sabeis mi calidad, Y juntamente la causa De la enemistad de César, Por quien mejor me llamáran Pompeyo que no Leonardo, Pues como en la edad pasada Por Roma, Pompeyo y César, Y hoy César por una dama; Pienso que sabeis que es Fénis Hija de Fabricio y Laura, Nobles condes de Armelina, Villa no léjos de Mantua, De que la hubiérades visto Notablemente me holgára, Así porque su belleza Disculpára mi desgracia, Como porque no confio De mi ignorancia alabarla. Hizo la naturaleza El cuerpo, como si hallára Con quién competir, ó el arte Tuviera tanta arrogancia; El alma, el cielo, mas tiene Sola una potencia el alma, Que es un grande entendimiento, Que las otras dos le faltan. Yo no sé que haya tenido Voluntad, que acompañára Memoria, pues no se acuerda, Y á quien la quiere desama; Finalmente, la servimos César y yo en hora infausta, Pues no ha estimado á ninguno Si no es para ser ingrata. Ya sabeis cómo y por qué Dejó su padre y su casa, Y cómo tan neciamente Que la tengo me levantan; Si la he visto, plega al cielo Que no tenga dicha en nada, Y que César goce á Fénis; Maldicion, Conde, que basta, Porque con esta ninguna De cuantas lo son iguala, Que españoles, silla y turcos Han sido invenciones falsas; El acuchillarme César Por una mujer tapada, Fué sospecha de sus celos, Fénis son cuantas se tapan. Una palabra me dijo, Que me ha obligado á vengarla, Que si el alma puede herirse, Es con hierro de palabras; Verdades que no lo son Si está desnuda la espada, Que sólo afrenta la lengua Adonde la espada calla. Con esto, y no mucho seso, Á César esta mañana Escribí con un amigo Que le aguardaba en la playa; Vino César luégo al punto, Que quien en salir se tarda, Parece que reconoce En su contrario ventaja. Guiéle al mar, cuya orilla Tenía una barca atada Por mi órden, y en su borde Desde la tierra una plancha. Entramos dentro los dos, Guié yo propio la barca Adonde suelen ir muchas Á gustos, que no á desgracias; Desembarcamos, y luégo Que pisamos la campaña, Detrás de una huerta, á quien Jazmines y hiedra enlazan, Le dije: Aquí estamos solos, Donde quiero ver si hablan Las manos como las lenguas. Él, la color demudada, Sacó la espada diciendo: La razon á nadie agravia; Yo soy César. Respondí: Hoy seréis César y nada. Animoso y diestro César Me daba el pecho, y guardaba La cabeza, que venía Con ménos cuidado y armas, Viendo yo que era imposible Herirle, y que el pecho estaba Defendido como el mio, (Que nunca se deja en casa La defensa el que es discreto), Por no guardar mi venganza Para mejor ocasion, Como cobardes la guardan, Saqué de la faltriquera Una pistola cargada, Que hizo el mejor ingenio De los que tiene Alemania; Toqué la llave, dió fuego, Que para mal nunca falta, Y de aquel infierno breve El alma de plomo exhala; Traidor dijo, y respondí: No se fie quien agravia, Que no hay traicion si hay agravio, Que entónces todo es venganza. Dejéle mirando el pecho, Y arrojándome en la barca Pasé la mar, y en la orilla Puse la turbada planta, Y acordándome de vos, Y que nadie en esta casa Tendrá sospecha que estoy, Miéntras que mis padres tratan Cómo á Flándes pueda irme, Ó por más seguro, á España, Á ponerme en vuestro amparo Vine, que en aquestas cuadras Podré estar con más secreto Para saber lo que pasa, Que de tales caballeros, Amparar en las desgracias Á quien les pide favor, Es el blason de sus armas.
_Otav._
Pésame, señor Leonardo, Por vos, por César, por mí, Y de que hayais muerto ansí Caballero tan gallardo. Ya es hecho, debo ofreceros Cuanto soy, pues es razon Cumplir con la obligacion, Y morir por defenderos. ¿Tomé?
_Tomé._
Señor.
_Otav._
¿Has oido Algo de lo que ha pasado?
_Tomé._
Todo, señor, lo he escuchado, Aunque estaba divertido.
_Otav._
Aquí habemos de esconder Á Leonardo.
_Tomé._
¿Estás en tí?
_Otav._
¿No hay allí una cuadra?
_Tomé._
Sí.
_Otav._
Pues ¿por qué no puede ser? Entrad, Leonardo, que adonde Os pondrá Tomé, yo sé Que nadie disgusto os dé.
_Leon._
Dadme vuestras manos, Conde.
_Otav._
Dejad agradecimientos; Tomé esta noche será Vuestro huésped.
_Tomé._
¿Quién dará Alcance á tus pensamientos? Irme quisiera entre moros.
_Otav._
Á Celia me voy á ver.
_Tomé._
Siempre tengo yo de ser El que ha de encerrar los toros.
_(Váyanse.)_
EL CONDE FABRICIO Y EL VIREY.
_Virey._
En eso, Conde, está la diferencia De los mayores á los verdes años.
_Fabr._
Mal informado está vuestra excelencia, Que no soy yo la causa destos daños.
_Virey._
Diréis que en Fénis fué desobediencia, Y aquí se ven más claros los engaños, Que no era bien casalla á su disgusto.
_Fabr._
Y ¿cuándo aciertan por su propio gusto?
_Virey._
Pues muerto agora César, ¿no os parece Que dividirse en bandos es forzoso Todo este reino?
_Fabr._
Si morir merece La causa, haced castigo riguroso, Bástame á mí lo que mi honor padece.
CAPITAN.
_Cap._
¡Por Dios que ha sido César venturoso!
_Virey._
¿Qué es eso, Capitan?
_Cap._
Que César vive.
_Virey._
Pues ¿quién tan falsa informacion escribe?
_Cap._
Yo fuí con los soldados que mandaste, Y saliendo del mar le hallé en la orilla.
_Virey._
¿Y á quien ó dónde, Arnaldo, le dejaste? Que tu poco valor me maravilla; ¿Cómo no le prendiste y le llevaste Á Castilnovo?
_Cap._
Apénas la barquilla En que salió del mar César dejaba, Cuando sin armas y en prision estaba, Y le traigo, señor, á tu presencia.
_Virey._
En paz, Arnaldo, esta ciudad has puesto.
CÉSAR _y soldados con arcabuces_.
_Cés._
Los piés, señor, me dé vuestra excelencia.
_Virey._
César, á vos os dan la culpa desto; En fin, en poca edad poca experiencia, Fuera más justo con partido honesto Tratar la paz, que no con locos bríos Pasar el mar á injustos desafíos; Pues, por vida del Rey, que quien tratáre De alborotar el reino...
_Cés._
Estéme atento Vuestra excelencia y mi justicia ampare, Pues sabe el Conde que la paz intento, Y cuando airado en que salí repare, Mire su generoso nacimiento, Y que un hombre su igual le desafía Y entónces culpe la disculpa mia; Danme un papel, ¿qué excusa hallar pudiera Que fuera con mi honor? al mar camino, Y á Leonardo, que estaba en la ribera, El ánimo y el paso á un tiempo inclino; En una barca, aunque la mar se altera, Entramos juntos, y volando el pino Del edificio breve, el rejon muerde La blanca orilla de la tierra verde. Con la espada y la daga me provoca, La mia entónces con la suya iguala Diestro valor, pero en distancia poca Leonardo entre los céspedes resbala, De la lealtad el término revoca, Y al fácil plomo de una ardiente bala Remite la sentencia de mi muerte, Resistida mejor de un peto fuerte. Yo, con la turbacion, «traidor» diciendo, Quedé á mirar el golpe, que dudoso El corazon se estaba estremeciendo Al eco del sonido riguroso, Y Leonardo la playa discurriendo, Vengado mal, aunque le fué forzoso, Salió con vida y sin honor, de suerte Que pudo publicar mi incierta muerte; ¿Pues es justo, señor, que á Fénis tenga, Y á un hombre como el Conde el honor quite, Y que alterar á Nápoles prevenga Cuando toda la culpa me remite? Si tan injusto agravio no se venga, Y tanto atrevimiento se permite, Que se ha de alborotar el reino crea Vuestra excelencia, si la paz desea.
_Virey._
César Gonzaga, y vos, conde Fabricio, No replicando á lo que yo intentáre, Que de Dios y del Rey será servicio, Haréis que este alboroto se repare; Si de que tiene á Fénis hay indicio, Leonardo, donde quiera que se halláre, La infamia pagará con la cabeza De atreverse á ofender vuestra nobleza, Pero si no, las paces son forzosas, Sin replicar á la razon razones.
_Fabr._
Mi honor pongo en tus manos generosas, ¡Oh gloria de los ínclitos Girones!
_Cés._
¡Ay, Fénis, entre todas estas cosas, Tu sola en tanto mal mi vida pones! Si tú sabes de tí, yo te lo ofrezco, Si Leonardo lo sabe, te aborrezco.
_(Vanse.)_
LISENA, CELIA Y FLORA.
_Cel._
Esto le vengo á decir.
_Lis._
Pienso que ha salido fuera.
_Cel._
¡Quién pensára que mintiera!
_Lis._
Los hombres saben mentir.
_Cel._
Siempre la culpa nos dan De lo que la tienen ellos.
_Lis._
Querellos y no creellos.
_Cel._
No ha parecido galan, Sino marido, en mentir.
_Lis._
¿Doña Ángela qué responde?
_Cel._
Responde que miente el Conde, Y que se lo ha de decir, Que no le ha visto en su vida, Ni en mi casa entró jamas, Y arrogante añade más, De mis palabras corrida, Que ella tiene talle y años Para no ser envidiosa, Sino envidiada.
_Lis._
No hay cosa Más necia que desengaños.
_Cel._
Ángela dirá verdad, Y el Conde es un gran traidor, Que ni agradece mi amor Ni me tiene voluntad; Mal al Conde parecí.
_Lis._
Si ha traido esa mujer, ¿Cómo le has de parecer Lo que él te parece á tí?
_Flora._
Hasta agora, por no darte Pesadumbres, no queria Decirte lo que sabía D’este nuestro Durandarte; Pero ya será forzoso, Porque fuera deslealtad Encubrirte la verdad.
_Cel._
¡Qué casamiento dichoso!
_Flora._
Yo he visto entrar la mujer Con estos ojos.
_Cel._
¿Tú?
_Flora._
Yo.
_Cel._
¿Cuándo?
_Flora._
No há un hora que entró; Sin esto, llegando á hacer La cama hallé la mitad.
_Cel._
¿Y la otra mitad?
_Flora._
Sería Para esta señora mia.
_Cel._
Partirla no es voluntad.
_Flora._
¿No ves que es á lo señor, Que siempre están divididos?
_Lis._
Son enfermos los maridos D’esto que llaman amor.
_Cel._
Llama á Otavio.
_Flora._
Él viene aquí.
OTAVIO Y TOMÉ.
_Otav._
En este jardin estaba.
_Cel._
¿Ya cuando la noche viene Aguas y flores agradan?
_Otav._
Hállanse los pensamientos Mejor entre flores y aguas.
_Cel._
No serán los de Milan, Pues allá no dejais dama, Que de mí segura estoy.
_Otav._
Vuestros, que vos sois la causa; Que no hay sin vos pensamientos.
_Cel._
Cierto que estoy obligada Á ser siempre esclava vuestra.
_Otav._
Reina mia, que no esclava.
_Cel._
¿Quereisme mucho?
_Otav._
Esa duda, Señora, fuera excusada, No hay amor que iguale al mio, Dulces deseos me abrasan De verme en la posesion De tan ricas esperanzas.
_Cel._
Bien haceis, alzad la voz Para que os oiga la dama Que teneis, como hombre noble, Dentro de mi propia casa, ¡Ah, traidor!
_Otav._
Quedo, señora.
_Cel._
Y el Tomé, diciendo gracias Siendo tan grande alcahuete.
_Tomé._
Agora entró mi semana, Vive Dios, que no hay respuesta; Cogido nos ha la trampa.
_Otav._
Por cierto que vuestro enojo, Hermosa Celia, excusára Quien vió entrar á quien decis, Yo perdono su ignorancia; Si supiera lo que ha sido...
_Cel._
¿Hay otra invencion armada, Otra doña Ángela fea Envidiosa de mis galas? ¿Hay otra vecina d’estas Que acechando por ventanas, Más en la de sus vecinos Viven que en sus propias casas?
_Otav._
Señora, pues no se excusa Hacer de vos confianza Y deciros la verdad...
_Tomé._
Jesus, todo se declara.
_Otav._
Sabed que Leonardo ha muerto Á César, y en una carta Me escribió todo el suceso Y me pidió vuestra casa, Hasta la puerta llegó En una silla.
_Cel._
¡Qué extraña Mentira!
_Otav._
Un manto traia Por encubrirse á la guarda Del Duque que anda á buscarle, Y ésta habrá sido la causa De engañarse quién le vió, Que así los ojos se engañan.
_Cel._
Vos debeis de pensar, Conde, Será mi ignorancia tanta, Que con haberos oido Está la fiesta acabada; Si no ven mis propios ojos Á Leonardo y él me habla, Y cuenta cómo es verdad Que mató á César Gonzaga, No he de quedar satisfecha.
_Otav._
Pues abre, Tomé, esa cuadra.
_Tomé._
Señor Leonardo, salid.
LEONARDO.
_Leon._
No os espanteis que me valga Del valor del señor Conde Y el favor de vuestra casa, En una ocasion tan grave.
_Lis._
Si no es figura encantada, Este es Leonardo, señora.
_Cel._
Que el Conde mi señor haga Su obligacion es muy justo; Entraos, que la gente pasa De casa y no es bien que os vea, Flora, traigan luégo cama.
_Leon._
Bésoos mil veces los piés.
_(Éntrese.)_
_Cel._
Perdonad, Conde, que estaba Enojada con razon.
_Otav._
Dadme licencia que vaya Á vuestro cuarto con vos.
_Cel._
No tanta desconfianza Que os obligue á cumplimientos.
_Otav._
Valióme, Tomé, la traza.
_Tomé._
Demonio debes de ser.
_(Váyanse.)_
¿Qué hay, Flora?
FLORA Y TOMÉ.
_Flora._
¿Qué quiere?
_Tomé._
Aguarda.
_Flora._
Mas qué, ¿me quieres reñir?
_Tomé._
Tu culpa pienso que habla.
_Flora._
¿Qué querias? ¿que yo fuera, Tomé, traidora á mi ama?
_Tomé._
No, mas no ser habladora, Pero esto os viene de casta.
_Flora._
Vosotros sois el silencio.
_Tomé._
En fin, como hombre se llama, Y como mujer la lengua.
_Flora._
¡Qué discreta semejanza! Tambien es mujer la honra, Y el agravio es hombre.
_Tomé._
Basta, Yo me rindo á tu elocuencia; Mas por Dios qué es cosa extraña Ver de qué suerte en dos dias De amor Celia al Conde trata, Que de enojos y temores Todo es celos esta casa, ¿Este es cuarto ó calabozo? Que ya solamente falta Que nos venga á visitar Á media noche tu ama, Ó que diga que los vidros, Búcaros, fuentes y tazas, Con otras cosas curiosas D’este camarin, son damas. No serán buenos casados Si la vista no me engaña.
_Flora._
¿Qué querias? ¿que sufriese Que entrasen aquí sus daifas? Tomé, Tomé, la mujer Que ve su marido, y calla, Andar con otras, ó tiene Algo que él calle, ó es santa.
_(Vase.)_
_Tomé._
Brava fortuna nos corre Comenzando en mar bonanza, Ya me pesa de haber sido D’esta tormenta la causa: Notable ingenio el de Otavio, No se levanta borrasca Que no se aparezca lüégo, Como San Telmo en la gabia. Quiero ver lo que hace Fénis. Vidro hermoso, porcelana De la China ó azafate De Portugal de oro y nácar, Bandeja de seda y perlas, Caja de pastillas de ámbar, Escritorio de Carey Con molduras de oro y plata, ¿Qué haces entre esos vidros?
FÉNIS.
_Fén._
Tomé, divertida estaba.
_Tomé._
¿Mirabas las joyas?
_Fén._
Sí; Y son tan ricas y hermosas, Tan de buen gusto y lustrosas, Que á su dueño en ellas vi. Pero ¿ves resplandecer Tantos diamantes en ellas, Que brillando como estrellas, Cuando quiere anochecer, Ponen codicia á los ojos Del más honesto recato, Y cuando fueran retrato Del sol y sus rayos rojos? Pues no hay joya para mí Como el Conde, mi señor.
_Tomé._
Bien puede ser que el amor Haga ese milagro en tí, Mas para mí d’este efeto Fueron causa los diamantes, Porque nunca, ¡oh Fénis! ántes Te pareció tan discreto, Tan lindo ni tan galan.
_Fén._
Necio, no me habia dado La palabra que ha jurado, Que entónces los hombres dan La mayor joya en valor, Que es el alma y voluntad.
_Tomé._
Ruido siento.
_Dentro_ OTAVIO.
_Otavio._
Esperad Que yo os haré abrir, señor.
_Tomé._
El Conde es éste y gran gente.
_Fén._
Aguarda y luégo abrirás.
_(Vase Fénis.)_
_Otav._
Abre, Tomé, ¿dónde estás?
_Tomé._
Señor.
_Otav._
Abre, impertinente.
EL VIREY, CONDE FABRICIO, OTAVIO, ALBANO, JULIO, EL CAPITAN.
_Tomé._
Tráesme tan desvelado Que en una silla dormia.
_Otav._
Con mi ropa ha sido el dia, Como ocupados cansado.
_Virey._