Comedias inéditas

Part 7

Chapter 73,766 wordsPublic domain

Vos los podeis comenzar, Pues con vos el sol salió, Y á quien á escuras vivia, Mirad si darlos podeis, Pues hasta agora no habeis Traido á la tierra el dia. Ya que os habeis levantado, Parece que habeis traido Flores en los piés, que ha sido Volver esta sala en prado. Daba en aquestos cristales El sol, y en viéndoos salir Fuése, porque á competir No tiene rayos iguales. Preguntaros cómo habeis Dormido, no será justo, Que si el sueño sigue al gusto, Muchos disgustos teneis, Y tal el sueño habrá sido; Pues yo os prometo que yo No he dormido.

_Fén._

¿Por qué no?

_Otav._

Porque vos no habeis querido.

_Fén._

¿Yo os quito el sueño?

_Otav._

¿Pues quién?

_Fén._

Pues ya me dais ocasion, Hablaros claro es razon; Escuchad.

_Otav._

Decis muy bien.

_Fén._

¿Podré yo fiarme agora De un hombre que me ha engañado?

_Otav._

¿Yo á vos?

_Fén._

Sí, que os he escuchado Cuanto habeis hablado á Flora; Que érades Cárlos fingiste, Siendo vos el conde Otavio.

_Otav._

¿Eso teneis por agravio?

_Fén._

Mintiendo, agravio me hicistes, Pero esto no importa nada; Mas de venir á casaros Con Celia, no hay disculparos De haberme dado posada, Que soy mujer principal Y tan buena como vos, Y posar juntos los dos, Si os está bien, me está mal, Porque, cuando hubiera sido Mi desdicha hallarme aquí, Era gran disculpa en mí Qu’estaba con mi marido; Pero, pues no puede ser, Y á tanto peligro estoy, Que vuestra mujer no soy Y que vos teneis mujer, Mire Tomé si parece Gente en casa y yo me iré.

_Otav._

¿Quereisme escuchar?

_Fén._

Sí haré Qu’el ser quien sois lo merece.

_Otav._

Que soy el Conde es verdad, Y que á Celia vine á ver; Pero no que es mi mujer, Que hay mucha dificultad, Porque en duda si contenta, Del ver al ejecutar, Es jornada por la mar Que suele correr tormenta; Porque vine disfrazado, Os dije que Cárlos fuí, Y si ayer á Celia vi, ¿Cómo puedo estar casado? Cuando de verla bajé Os vi á vos, y aunque traia La imágen que visto habia, Vuestra mano entónces fué Como pincel de pintor, Que lo que otro pintó mal, Borra con destreza igual Para pintarlo mejor; Vos, sobre aquello borrado, Pintastes una figura, Que de la misma hermosura Fué peregrino traslado. Mirad lo que me debeis, Pues de lo que entónces vi, No ha quedado más en mí Del lienzo en que vos pinteis; Luégo mudé pensamiento, Y aquella imaginacion No mudó la ejecucion, Sino sólo el casamiento; En la misma casa ha sido Donde me vengo á casar, Ni vos podeis excusar El ser yo vuestro marido, Si esto se viene á saber; De suerte que no hay engaño, Si al llegar el desengaño Digo que sois mi mujer.

_Fén._

El remedio está dudoso, Conde, y el peligro cierto, Que despues de descubierto, Es mi deshonor forzoso, Si vos, por la obligacion De Celia, habeis de dejarme; Y así es mejor no engañarme, Que será baja traicion. Yo me puedo agora ir: Mira si hay gente, Tomé.

_Otav._

Fénis, Fénis, si esta fe, Si este amor llamais fingir, ¿Cuál ha sido verdadero?

_Fén._

Dejadme.

_Otav._

Señora, oid, Que os han de ver advertid, Mirad que soy caballero Que sabe su obligacion.

_Fén._

Y yo las que tengo sé.

_Otav._

Tenla, detenla, Tomé.

_Tomé._

Temo que dais ocasion Para que os sientan en casa. ¿Dónde te vas á perder?

_Fén._

Tomé, ¿qué tengo de hacer Si el conde Otavio se casa?

_Tomé._

No casará, vive el cielo.

_Otav._

Júralo, Tomé, por mí.

_Fén._

Ayer á entrambos os vi, ¿Qué os debo?

_Tomé._

Un honesto celo, Una piedad, un amor, Una estimacion nacida De un alma, Fénis, rendida Á la fe de tu valor; No pagues mal la posada Del alma y del camarin, La cena y cama, que en fin, Estás por noble obligada; ¿Qué huésped, por vil que sea, Fénis, se va sin pagar?

_Fén._

Tomé, ¿quiéresme dejar?

_Tomé._

¿Quieres que Celia te vea? Mira aquel hombre, por Dios, Qu’está en los huesos por tí.

_Fén._

No pienso quedarme aquí, Si no me matais los dos.

_Tomé._

Plega á Dios, si se casáre Mi amo, si no es contigo, Que me mate el más amigo De quien el alma fiáre; Mira que de véras juro.

_(Llaman.)_

_Otav._

Que llaman, Tomé.

_Tomé._

Señora, Éntrate siquiera agora, Que por tu honor lo procuro.

_Fén._

Más peligro es hoy tu engaño Que mis desdichas ayer.

_(Éntrese.)_

_Tomé._

Voy abrir.

_Otav._

¿Quién puede ser Que no pretenda mi daño?

CÉSAR.

_Cés._

Desde ayer me prometí Serviros, aficionado Á vuestro ingenio y agrado, Y á lo que hicistes por mí; Y hoy que de cierto he sabido Que sois persona tan grave, Que ya en Nápoles se sabe, Conde, á lo que habeis venido, De que os doy el parabien, Vengo á ofreceros persona, Casa y vida.

_Otav._

Si me abona Lo que vos decis tan bien, Y que ya sabeis de mí, El no me haber descubierto Me perdonad, que al concierto Vine disfrazado ansí. Ya me dicen que teneis Á Fénis.

_Cés._

Engaño ha sido, Que Fénis no ha parecido.

_Otav._

¿Qué decis?

_Cés._

Que no penseis Que soy tan dichoso yo; Y pues que me habeis hablado En cosa que me ha costado La vida que me llevó, Quiero descansar un poco Con un hombre tan discreto, Que quien ama está sujeto Á hablar siempre como loco, En la tema que porfía.

_Otav._

Desde ayer que un ángel ví, Os juro que estoy ansí, Y que sólo hablar querria En materias amorosas.

_Cés._

Teneis razon de querer Tan bien nacida mujer, Y de partes tan hermosas.

_Otav._

Perdido estoy como vos.

_Cés._

Sí, pero más bien pagado, Oid, Conde, mi cuidado: Hija del conde Fabricio, Otavio, es la bella Fénis, Que sin conceptos del nombre, Serlo de hermosura puede; Si vos la hubiérades visto, Fuera alabanza más breve, Porque ninguno la vió Que el alma no le rindiese; De lo que conozco en vos, Era mujer propiamente Para vuestro entendimiento, Porque divino le tiene. Si la hubiérades tratado, Dijérades claramente, Porque los siglos pasados Las Sibilas encarecen, Que es menester que á Lucano, Versos Argentaria enmiende, Ni que las letras latinas Á Carmenta se debiesen, Que es menester que coronen Filosóficos laureles Á Telesila, y que Aspasia Dulce retórica enseñe. Quien oye á Fénis, escucha El libro más elocuente, Quien la ve, mira un jardin De azucenas y claveles; Que estoy loco por su amor, Dirá, Conde, quien me oyere, Pero cuerdo en su alabanza, Que á toda alabanza excede, Si soy dichoso en casarme Y pasan estos desdenes, Vos veréis que no os engaño, Que áun de vos pienso valerme Para que me honreis con Celia, Si el cielo quiere que llegue El dia de nuestras bodas, Y que los enojos cesen, De lo que os diré nacidos, Que no porque me aborrece. Hijo del príncipe Arnaldo, Que hoy en Nápoles mantiene La mayor casa, es Leonardo, Aquel mozuelo insolente Que ayer conmigo venía, Y los dos, con poca suerte De agradar sus bellos ojos, Habemos servido á Fénis. No es mejor que yo Leonardo, Que pienso que cuando herede Al Almirante, mi tio, Puesto que no lo desee, No habrá en Nápoles señor Que me iguale; finalmente, Las diligencias de entrambos, Como entre amantes sucede, Hicieron que con la envidia Locos nuestros gastos fuesen; Las justas y los torneos, Cuyo espectáculo vence Romanos amphiteatros, Naves y fieras silvestres, Con aplausos generales Y con versos excelentes, Ocuparon muchos dias Las plumas y los pinceles; Sólo quiero referiros Una entrada que merece, Por pensamiento y grandeza, Que Nápoles la celebre: Movíase por sí misma, Sin que instrumento se viese, Una máquina, retrato De toda la Arabia feliz, Iba esmaltada de flores Y de árboles diferentes De los que aromas producen, Y para que olor tuviesen, En fuego secreto el ámbar Espiraba al aire ambiente Olor divino, formando Una primavera alegre; De aquesta máquina en medio, Se miraba un monte fértil, Más que los huertos de Adónis, Más que de Tesalia el tempe; En la cumbre un Fénis de oro, En vez de llamas, en nieve, Y un sol que luciente en alto, Solicitaba encenderle; La letra de aquesta empresa Solo decia: «No puede», Con siete letras tan grandes, Que eran á todos patentes; Leonardo, con justa envidia, Quiso tambien disponerse Á vencer esta invencion, Para la fiesta siguiente. Sacó la misma provincia, Y las mirras y laureles, Canelas y inciensos hizo, De plata las hojas verdes, Puso el Fénis en el monte, Entre mil llamas ardientes, Y haciendo un sol de cristal Que el fuego en secreto ardiese; La letra d’esta arrogancia Era: «Yo haré que se queme», Fiando en árboles de oro Que la nieve deshiciese; Á este tiempo la pedimos Juntos, y yo por valerme De la industria y la venganza, De que arrogante dijese Que su sol abrasaria Lo que yo pintaba en nieve, En una conversacion, Porque Leonardo me oyese, Dije que el Conde Fabricio, Octavio, me daba á Fénis, Y para desconfiarle, Y que no la pretendiese, Me alabé de dos favores Que á los marfiles se atreven De sus manos, y á las rosas De sus labios neciamente. Súpolo Fénis, y es dama Tan belicosa y tan fuerte De condicion, y en su honor Una deidad tan celeste, Que al firmar las escrituras, Deudos y amigos presentes, Puso la pluma ¡ay de mí! En la tinta de mi muerte. Para firmar la sentencia En que dice que no quiere, Al tomar Fénis la pluma Tres dedos fueron jüeces, Quiere amor que me sentencien, Lo demas ya lo sabeis; Dichoso vos muchas veces, Pues os casais donde os aman, No yo, donde me aborrecen.

_Otav._

Pésame de vuestro mal.

_Tomé._

Señor, mi señora viene.

_Cel._

Voyme; gozalda los años Que vuestro valor merece.

_(Vase.)_

CELIA, LISENA Y FLORA.

_Cel._

Pues ya vusiñoría no desea Verme, justo será que yo le vea.

_Otav._

Señora, ¿tal exceso?

_Cel._

No es exceso, Siendo mi dueño vos.

_Otav._

Aquí confieso Que erraron mi ignorante cortesía Y mi encogida y necia cobardía; Fuera d’eso, he tenido una cansada Visita, aunque la doy por disculpada, Por ser quejas, señora, de un amante; Sobrino pienso que es del Almirante.

_Cel._

El marido de Fénis, una necia, Que cuanto ve desprecia.

_Otav._

Una que dicen que se fué temiendo La espada de su padre.

_Cel._

Estando haciendo Las escrituras, dijo, en vez de firma, Con que su loca presuncion confirma, Que á César no queria, y es un hombre Rico, noble, galan y gentil hombre.

_Otav._

Tal me lo ha parecido.

_Cel._

Es una loca, Que entiende que á sus méritos es poca La majestad de un rey.

_Otav._

Vusiñoría Se siente, aunque es su casa, que no es mia.

_Cel._

Quien eso dice cuando el alma enseño, Señal es que no quiere ser su dueño.

_(Siéntense.)_

_Otav._

La casa, señora mia, Es donde yo vi mi bien, Aunque temiendo el desden Del bien que no conocia, Ayer fué el dichoso dia Que en aquesta casa hallé El bien que nunca pensé; Que no pude imaginar Que tal grandeza de amar Cupiera en tan breve fe, Y tanta gloria me da Ver que rendí su desden, Que no tengo yo más bien Que el que en esta casa está; Aquí dentro vive ya Mi dueño, mi amada esposa, Tan entendida y hermosa, Que me pesa de tener Sola un alma que ofrecer Á su deidad amorosa. Mucho el veros me suspende, Pero si me atrevo á hablar Desta suerte, es por pensar Que hablo con quien me entiende; Temo que desto se ofende, Pero tanta discrecion Disculpará la ocasion, Que á no estar nadie presente, Trasladára tiernamente Á la lengua el corazon.

_Cel._

Bésoos las manos, Otavio, Por la merced que me haceis, Á quien sois correspondeis, Y con ser noble, á ser sabio; No tengo yo por agravio Que no hableis más tiernamente, Que si os detiene esta gente, Tiempo queda á los casados Para decir sus cuidados Con afecto diferente. Gustosa estoy de que aquí Hallásedes vuestro bien, Pues hallé yo en vos tambien El mayor bien para mí; Yo sola dichosa fuí En que en mi casa tengais, Conde, el bien que deseais, Que siendo vos mi marido, El mayor que al cielo pido, Con daros á vos me dais; Mas mirad que no os mudeis D’ese firme pensamiento.

_Otav._

Quien sabe mi sentimiento, Siente lo que no sabeis; Como el alma no me veis, Lo que no entendeis juzgais.

_Cel._

¿De qué tema os enojais?

_Otav._

Vos no teneis qué temer, Que quien es ya mi mujer No duda lo que dudais.

_Tomé._

Señor, el Duque.

_Otav._

¿Qué Duque?

_Tomé._

El Virey.

_Cel._

Pues no me vea. Abre, Flora, el camarin, Abre, que esconderme es fuerza.

_Flora._

Dame la llave, Tomé.

_Tomé._

Espera.

_Flora._

¡Qué linda flema!

_Tomé._

Ya la busco, no me turbes.

_Flora._

De la carroza se apea.

_Tomé._

Vive Dios, que la tenía En la faltriquera izquierda; Pienso que se me ha caido.

_Flora._

¿Hay tan gran descuido? muestra.

_Tomé._

¿Qué quieres, que no la hallo?

_Flora._

No la busques, que ya entra.

EL VIREY Y CRIADOS.

_Tomé._

¡Qué bien he librado á Fénis De que no la viese Celia! Todo se pierde si doy La llave.

_Otav._

Vuestra excelencia Nos dé sus piés á los dos.

_Virey._

Á daros la norabuena, Señora Celia, he venido, Y para que el Conde sepa Que aunque viene disfrazado No se esconde la grandeza.

_Otav._

Aquí teneis un esclavo.

_Cel._

Sillas. ¡Hola!

_(Siéntense el Virey, el Conde, y Celia en medio.)_

_Cel._

Si supiera Que tal merced merecia, Me amaneciera en la puerta.

_Otav._

Yo estaba bien descuidado D’esta merced, que, á saberla, Fuera á hacer mi obligacion.

_Virey._

De quien á Milan gobierna Tuve carta esta mañana En que me avisa por ella Cómo á Nápoles venis Para casaros con Celia. Tanta amistad el Marqués Con vuestro padre profesa, Y por lo que vos con él Habeis andado en la guerra De España contra Saboya, Que me ha mandado que os tenga Prevenida la posada, Y así os suplico que sea La mia, para serviros.

_Cel._

Puesto que el Conde merezca Esa merced, no es razon Que vos permitais su ausencia, Que aunque es pobre, aquesta casa Es suya, y ya vive en ella; Ni es bien que vuestro favor Á mí me desfavorezca.

_Virey._

Si ha sido descortesía, Perdonad, que si supiera Que ya estaba en ese estado Lo que tanto amor concierta, No le ofreciera mi casa; Mas no sirviéndose della, Algo tengo de hacer yo Que al Conde obligarle pueda, Y que volviendo á Milan, El Marqués me lo agradezca.

_Otav._

Giron gallardo, por quien El turco de Italia tiembla, Y dos canales de Europa, De Felipe las banderas, Como honrar á sus vasallos Fué siempre condicion vuestra, Á mí por la misma causa, Que no porque lo merezca, Celia y yo reconocemos Esta merced, que con ella Dará blason á sus armas La antigüedad que profesan.

_Virey._

Por lo ménos yo he de ser Padrino, y es bien que sepa Cuándo será el desposorio.

_Cel._

Esta noche.

_Virey._

¿Tan apriesa?

_Otav._

Esta noche no, señor, Hasta que mi ropa venga, Y las joyas que he traido.

_Cel._

Galas y joyas no sean Estorbo, yo tengo joyas.

_Tomé._

¡Qué bravamente le aprieta!

_Salga por delante dellos_ FÉNIS, _cubierta con el manto, y éntrese por la otra puerta_.

_Virey._

¿Qué es esto?

_Cel._

¿Mujer aquí? ¡Hola! ¿Qué mujer es ésta?

_Lis._

De aquella cuadra salió.

_Virey._

Agora creo que es cierta La boda, que hay rebozadas.

_Tomé._

¡Qué locura! voy tras ella.

_(Levántense.)_

_Virey._

Y yo, señores, me voy, Suplicándo’s se me advierta La noche que esto ha de ser.

_Otav._

Dios guarde á vuestra excelencia.

_(Cumplimientos al salir y váyase el Virey.)_

_Cel._

No sé por dónde comience, Otavio, tan justa queja, ¡Vos mujeres en mi casa! ¿Quien viene á casarse en ella, De tal calidad las trae, Que con tanta desvergüenza Salen delante del Duque Sólo por hacerme afrenta?

_Otav._

Sosegad, señora, el pecho, Que ésta es una amiga vuestra, Mejor dijera enemiga, Pues infamaros desea. Entróse aquí libremente Sin que le diesen licencia, Porque avisarme queria De algunas cosas secretas; Como llamastes, no quise Que os diese el hallarla pena, Y escondiéndola Tomé, Fué tan libre y tan resuelta, Que salió como la vistes.

_Cel._

¿Pues qué os dijo que pudiera Ser en mi ofensa?

_Otav._

No importa.

_Cel._

Decildo si es en mi ofensa.

_Otav._

¡Qué diré, qu’estoy sin alma!

_Cel._

No lo calleis.

_Otav._

Bien quisiera; Díjome que era galan Vuestro el Duque, y si suspensa Tuve la imaginacion D’esta su visita incierta, Fué por haber confirmado Lo que me dijo con ella.

_Cel._

¡Hay tal maldad! ¿tú conoces Aquesta mujer, Lisena?

_Lis._

Una doña Ángela suele Verte en misa algunas fiestas Y murmurar de tus galas.

_Flora._

Y ten por cierto que es ella, Que yo la he visto envidiosa Burlar de que vas compuesta, Con otras amigas suyas.

_Cel._

Otavio, si por la puerta De mi casa entró el Virey, Fuego del cielo me encienda; ¿Hay tal traicion, por quitarme, De envidia y de celos muerta, Que no me case? Pues no, No ha de ser d’esa manera. Pluma y papel, Flora, presto, Yo la diré en pocas letras Quién es ella y quién soy yo.

_Otav._

No es razon, escucha.

_Cel._

Suelta.

_(Vanse todas.)_

OTAVIO.

_Otav._

No hay cosa que no alcance Con la industria remedio, Pero aunque estando en medio De tan perdido lance, Salga Celia sin celos, Si pierdo á Fénis, ¿qué me importa? ¡ay, cielos! El Virey, que en su vida Vió á Celia, ha remediado, Con haberle culpado, Que Fénis atrevida Resolucion tomase, Que delante de todos me dejase. ¿De qué mujer se cuenta Mayor atrevimiento? Tratar mi casamiento, Causa le dió violenta, Creyó que me casaba, Y que á peligro de su honor quedaba, Porque si no se fuera, Cuando yo no podia Resistirla, temia Que despues no pudiera: ¡Ay Fénis, cómo has hecho De nieve el nido en mi abrasado pecho! ¿Adónde vas? no creas Que con Celia me case, Por más que me obligase, Que quiero yo que veas, Aunque era amor de un dia, Que fué verdad del alma, Fénis mia.

TOMÉ.

_Tomé._

¿Con ese descuido estás?

_Otav._

¿Descuido te ha parecido Estar muerto, estar perdido, Y estar ausente, que es más? Cuéntame, Tomé, sin vida, ¿Por dónde Fénis se fué?

_Tomé._

Yo la seguí y la rogué, Señor, que fuese servida De oir la satisfaccion De la boda que ha creido, Y á todo me ha respondido Que palabras de hombres son, Y que haber salido ansí, Fué temor que no pudiera Despues.

_Otav._

Si ella á mí me oyera, Como te escuchaba á tí, Yo la volviera, Tomé.

_Tomé._

Pues no va léjos de aquí.

_Otav._

Pues ¿puedo alcanzarla?

_Tomé._

Sí, Pero volverla no sé, Aunque á forzarla te atrevas.

_Otav._

Cierra, y donde fué me guía.

_Tomé._

Ven por aquí.

_Otav._

¡Fénis mia! Mira que el alma me llevas.

FÉNIS, _con manto_.

_Fén._

Ya no tiene mi fortuna Más desdichas que me dar, Ni más tormentas el mar, Que levantaron los vientos De mis locos pensamientos Cuando mi casa dejé, Y tan necia me olvidé De tantas obligaciones, Por escuchar las razones De un hombre que me ha burlado; Pero quédese casado, Y no en peligro mi honor; Principios tuve de amor, Amor que yo no sabía, Tanta novedad me hacia Al verme rendir á un hombre, Que apénas supe su nombre; Mas mudó mi pensamiento Su talle, su entendimiento, Pero no para aguardar, Fénis, á verle casar, Y que el Virey le apadrine, Que no hay amor que me incline Para que pierda mi honor; Deteniéndome va amor, ¡Qué pasos tan perezosos! Pero hay hombres cautelosos, Aunque si el Conde lo fuera, La puerta anoche rompiera, Ó por lo ménos llamára; ¡Ay Dios, quién imaginára La desdicha en que me veo! Irme y volverme deseo, Pero un hombre viene aquí, Leonardo es éste, ¡ay de mí, Que me ha conocido creo!

LEONARDO Y JULIO.

_Leon._

No hay sacarlos á los dos, Julio, de que á Fénis tengo.

_Jul._

De hablar con Fabricio vengo, Y está quejoso de vos, Creo que quiere quejarse Al Virey.

_Leon._

¿Por qué razon Donde sola mi aficion Puede, Julio, averiguarse? Fénis no me quiso á mí, Siempre de mí se burló, Pues ¿cómo la tengo yo?

_Jul._

Ellos lo dicen ansí.

_Leon._

¡Qué buen talle de mujer!

_Jul._

Á lo español va tapada.

_Leon._

El aire español me agrada. Dama, ¿no podrémos ver El cielo donde esa estrella Tuvo dichoso lugar, Que me holgaré de embarcar Mis pensamientos con ella? ¿No hablais? ¿no me respondeis? ¡Qué aspereza, qué rigor!

CÉSAR Y ALBANO.

_Alb._

Matarle será mejor Si esa sospecha teneis.

_Cés._

Verme y burlarse de mí Es señal, que á Fénis tiene.

_Jul._

Leonardo.

_Leon._

¿Qué?

_Jul._

César viene.

_Cés._

¿No es éste Leonardo?

_Alb._

Sí.

_Cés._

Vive Dios, que esa mujer Es Fénis.

_Alb._

Dichoso has sido En hallarla.

_Cés._

Él ha querido, Como debe de saber Que al Virey se han de quejar, Ponerla en parte segura; Pues en vano lo procura, Que hoy se la pienso quitar. ¡Ah, caballero!

_Leon._

¿Quién es?

_Cés._

César soy, que cobrar quiere Esa dama que traeis, Ántes que el Virey lo intente, Que en los pleitos del honor Las armas son los jüeces.

_Leon._

Yo no conozco esta dama, Si ella descubrirse quiere, Os podrá satisfacer De lo que á Fénis parece; Tapada la hallé, y sin darme Lugar á que la requiebre, Porque no he visto en mi vida, Por señas, tantos desdenes; Esto no es satisfaccion, Que en lo demas, cuando fuere Necesario, estoy aquí.

_Cés._

Como la dama que viene Con vos se descubra el rostro, Yo me iré, no siendo Fénis.

_Leon._

Eso es dar satisfaccion, Porque yo sé claramente Que no es Fénis, y no quiero, Cuando esta dama quisiese, Que porque vos lo quereis, Se descubra, que no puede Ser con mi honor descubrirse.

CONDE OTAVIO Y TOMÉ.

_Tomé._

Aquella es Fénis.

_Otav._

Detente, César y Leonardo son Los que en su poder la tienen.

_Tomé._

Espera, que dos á dos Parece que reñir quieren.

_Cés._

Para mí fuera bastante Que un hombre noble dijese Que no es Fénis, si lo es; Pero mi amor no consiente Que deje en dudas los ojos, Que desengañarse pueden.

_Leon._

Ya he dicho que es honra mia, Que nadie por fuerza piense Que le doy satisfaccion.

_Tomé._

Éstos riñen, no te alteres, Estate escondido aquí.

_Cés._

Pues cuando á mí se me diese Satisfaccion, ¿no soy hombre, Leonardo, que la merece?

_Leon._

De mí no, que soy mejor Que vos.

_Cés._

Quien lo dice miente.

_Leon._

Con la espada no hay agravio, Decid que los dos nos dejen.

_(Acuchillándose dos á dos se entren.)_

_Tomé._

Llega, que es buena ocasion.

_Otav._

El amor me favorece; Fénis mia.

_Fén._

Traidor Conde.

_Otav._

Oye, escucha.

_Fén._

¿Qué me quieres?

_Otav._

Que vuelvas á darme vida, Que si conmigo no vuelves, Serás de mi muerte causa; Mira que si aquestos vienen, Te has de ver en más peligro, Pues primero que te lleven Me han de quitar dos mil vidas.

_Fén._

Pues cuando volver pudiese Acabar con mi aficion Tan loca y tan neciamente, ¿Para qué quieres que vea Tus bodas, y tan alegres, Que hay novios enamorados, Y que hay padrinos vireyes? Yo fuera por convidada, Á ser hábito decente El que me dan mis desdichas.

_Otav._

Si Celia mi mujer fuere, Que Dios me quite la vida.

_Fén._

¿Pues ya qué has de hacer?

_Otav._

Quererte.

_Tomé._