Part 6
¿Viéronla entrar?
_Tomé._
Fué ventura, Que en corredor ni ventana No estaba persona entónces.
_Otav._
Abre, y pon luégo la aldaba.
FÉNIS.
_Fén._
Si donde la belleza Del exterior ornato y compostura Confirma la nobleza, Y las obligaciones asegura De un noble caballero, De vuestros piés favorecerme quiero.
_Otav._
Tened, tened, señora.
_Fén._
No juzgueis mi desgracia á culpa mia, Pues oyéndome agora, Culparéis de un tirano la porfía, Cuyo acero desnudo, Si no fuera por vos, matarme pudo. Pensaréis que ha nacido De ser liviana yo, la inobediencia De que estará ofendido, Pues sabed que es valor mi resistencia, Y una virtud causada Del mismo honor á que nací obligada. Es el conde Fabricio Mi padre, de alta sangre y de alto nombre; Mas como el buen juïcio Y la virtud hagan perfecto al hombre, Entre gente que sabe No hay alto nacimiento que se alabe Dos nobles caballeros Me han pretendido, en sangre y renta iguales; Pero satisfaceros Puedo segura yo que con ser tales, Ninguno me ha inclinado Á ser oido, cuanto más amado. César llaman al uno, Leonardo al otro; el César con el nombre No sufre igual ninguno, En el valor, en rico y gentil hombre; Pero no le ha valido Para ser á Leonardo preferido. Pidiéndome arrogante, Mi padre concertó mi casamiento, Leonardo al mismo instante Le declaró tambien su pensamiento, Con que dudoso el viejo, Si no la voluntad, mudó consejo. César en esto airado, Por quitar á Leonardo la esperanza, Libre y desatinado, Dijo, mintiendo extraña confianza, Entre algunos señores, Que tenía de mí falsos favores; Y Leonardo presente Á la conversacion de cierto dia, Se alabó libremente De que por prendas de mi amor tenía Lo que puede la boca Permitir de licencia al que la toca. La honestidad consiste En resistir los labios una dama, Que si no los resiste, Para su infamia abrió los de la fama; Porque quien los entrega, Confiesa más que con la lengua niega. Melindre no os parezca Que mis labios sintiesen sus agravios, Que no es bien que merezca La puerta del amor, que son los labios, Quien ántes de tenellos, Tan necio se alabó de merecellos. Esta loca mentira Me dijo visitándome Leonardo, Para moverme á ira, Y desde entónces esta afrenta guardo, De suerte en mi sentido, Que le aborrezco cuando no le olvido. Mi padre, que debiera Por la misma razon tenerle en poco, En darme persevera Á un hombre para mí tan necio y loco, Que hoy quiere, hoy dice, hoy jura Que tengo de firmalle la escritura. Nuestros deudos se juntan, Aunque él estaba ausente y recatado, Luégo por mí preguntan, Yo salgo, y miro con el rostro airado Á mi padre, al notario, Cual bravo con la espada á su contrario, Tomo la pluma, escribo, Al tiempo de otorgalla, que no quiero, Ni admito, ni recibo Á César por marido, y con severo Rostro en la escrita suma, Á espaldas vueltas arrojé la pluma. No suele así cometa Pasar resplandeciendo por el viento, Y por senda imperfeta, Correr para morir fuego violento, Que yo partí encendida De los agravios de que estoy corrida; En leyendo lo escrito Saca mi padre contra mí la espada, La puerta solicito, Todos le tienen, y salí turbada, Donde me hubiera muerto, Si no fuérades vos mi dulce puerto; Á cuyos piés os ruego Que miéntras pasa del rigor la furia No permitais que ciego Intente hacerme tan notable injuria, Que como el alma os muestra, Miéntras tuviere vida seré vuestra.
_Tomé._
¡Vive Dios que me ha cogido! Gusto de señora tienes, Que yo esperaba un romance, Y en verso grave procedes.
_Otav._
Vuestra pena, y la ocasion Me la ha dado de tal suerte, Aunque otro intento tenía Ántes, señora, que os viese, Que determino, y es justo Ser desde agora obediente Á cuanto vos me mandeis, Puesto que la causa es fuerte; Que no sé qué he visto en vos De aquello que no se entiende, Que me ha mandado serviros, Aunque la vida me cueste. Yo soy en aquesta casa, Desde esta mañana, huésped, Que á tratar un casamiento, Y que en su nombre concierte, Por embajador me envia Cierto amigo, que pretende Á Celia, desde Milan; Así porque no tuviese Más segura voluntad, En cuantos amigos tiene, Como porque yo venía Á negocios diferentes Á Nápoles con el Duque, Aquel Giron excelente, Que de Sicilia ha venido Habrá, señora, diez meses, Donde sucedió al marqués De Villena, su pariente, Aquel Pacheco famoso, Que de tan nobles Maestres De Calatrava y Santiago, Honor de España, desciende. Esto quiso que tratase Con esta dama, de suerte Que hoy la he visto, y es señora Que al conde Otavio merece; Que aquéste es el apellido Deste caballero ausente, Soldado de buena fama En Asti como en Verceli; Entre el Alpe y Apenino Caudaloso el Pó desciende, Donde tiene algunas villas Que le adoran y obedecen. No perderá Celia nada Cuando efetuado quede, Aunque no me ha parecido, Por algunos accidentes; En este cuarto que veis, Y que con vos se ennoblece Aunque no lo imaginaba, Me mandó que me aposente, Porfié, no aprovechó, Obedecí y acetéle; Mi nombre es Cárlos, si acaso En mi persona os parece Que hay algo noble, eso soy, Y para ser vuestro siempre. Mirad agora qué traza Dais en el rigor presente, Que estoy tal de haberos visto, Que me obliga á que os confiese Que me pesará en el alma Con envidia de que llegue Otro alguno á mereceros. Si á Celia quereis que os lleve, Ella hará las amistades Con vuestro padre y parientes; Si quereis estar aquí El tiempo que os pareciere, Aposentos hay y llaves Que os aseguren y cierren; Esto será con secreto, Porque Tomé solamente Ha de acudir á serviros.
_Tomé._
Y Tomé dice que puede Entregarle esta alcaidía, Porque desde Adan deciende Por línea recta de alcaides, Y la guardará fielmente, Porque fué un agüelo suyo Alcaide de los Donceles; Que llevarla á Celia agora, Es notable inconveniente, Que no vive sin envidia La hermosura en las mujeres. Ea, pues, vusiñoría Escoja aposento y éntre, Que un huésped en casa honrada Convidar puede otro huésped, Y sálgase fuera Cárlos, Que sólo se le concede Que pueda ver esta dama Los miércoles y los viérnes.
_Otav._
Señora, Tomé es un loco, Aquí no hay cosa que os fuerce Si no es vuestra voluntad.
_Fén._
Esa basta.
_Otav._
Si lo fuese.
_Fén._
No sé lo que puede ser.
_Otav._
¿Cómo es vuestro nombre?
_Fén._
Fénis.
_(Éntrese.)_
_Otav._
¡Qué bien parecen las cosas Que con los nombres convienen!
_Tomé._
¿Qué quiéres concetear Deste pájaro celeste Si lo es de hermosura y gracia, Y traer en cultos fuelles Los céfiros orientales, Con que sus llamas enciende, Y que en canela y aromas La purpúrea pluma envuelve Para volver á nacer?
_Otav._
¡Ay Tomé!
_Tomé._
Pues bien, ¿qué tienes? No hay borrico que suspire En viendo los alcacéres, Como tú por cualquier hembra.
_Otav._
Mucho esta Fénis ofende, No he visto cosa.
_Tomé._
No más.
_Otav._
Loco me deja.
_Tomé._
Detente.
_Otav._
¿Qué haré de Celia?
_Tomé._
Casarte.
_Otav._
¿Cómo casarme?
_Tomé._
Ó volverte.
_Otav._
¡Hay tal mudanza!
_Tomé._
¿Qué dices?
_Otav._
¡Qué confusion!
_Tomé._
Ya no puedes Hacer otra cosa.
_Otav._
Calla, Que el hombre que más entiende, Adónde amanece sabe, Pero no dónde anochece.
_(Váyanse.)_
LEONARDO, FABRICIO Y CÉSAR.
_Leon._
Yo no soy hombre á quien hablar se puede Con esa libertad.
_Fabr._
No lo es la mia Cuando el agravio á la prudencia excede.
_Leon._
Para mí lo será vuestra porfía Si en ese loco engaño persevera.
_Cés._
Aquí la fe no estriba en cortesía, Y hablando cuerdamente, no quisiera Que el Conde en esto hubiera anticipado Lo que deciros yo mejor pudiera.
_Fabr._
De vos tambien me llamaré agraviado, César, aunque conozco que es respeto Á las muestras del tiempo que ha pasado, Que llegando á poner en justo efeto Lo que debo á quien soy, no ciño espada Para que á ajena mano esté sujeto.
_Cés._
Yo no respeto vuestra edad pasada, Mas digo que me toca por la mia, Como parte en su honor más agraviada.
_Leon._
De alguno de los dos saber querria En qué se funda engaño tan notable Para satisfacer vuestra porfía.
_Cés._
Déme licencia el Conde que yo hable.
_Fabr._
Decid, pues todo tiene un mismo intento, Y un mismo sentimiento inreparable.
_Cés._
Yo le pedí, Leonardo, en casamiento Al Conde, á Fénis, y con más ventura Que vos sin oponer merecimientos, El gusto de su parte me asegura, Y para que quedase concluido, Hoy habemos firmado la escritura; No vino en esto Fénis, y sentido El Conde amenazóla con la espada, Del desprecio de entrambos ofendido, La casa, en detenerle alborotada, No vió salir á Fénis, que á sentilla, No hubiera sido Troya desdichada, Pues fué caballo griego cierta silla, Incendio injusto que su casa espera Si no puede el peligro reducilla; No vino sola, puesto que pudiera, Que con soldados españoles vino, Que fuera mayor mal si se supiera La causa de intentar un desatino. Fénis como este inobediente al Conde, Aunque no es en el mundo peregrino, Dicen que sois, y que por vos se esconde, Conociendo los turcos y criados, Y que la voz comun señala adónde; Agora no os admire que agraviados Vengamos á pediros, como es justo, Si obliga á caballeros tan honrados, Excuseis la ocasion deste disgusto Restituyendo á Fénis, que, en efeto, No os está bien un caso tan injusto, Y basta para un hombre tan discreto.
_Leon._
Aunque reportado y sabio Fundasteis vuestra razon, De la injusta presuncion Debo formar justo agravio, Es verdad que yo he servido Á Fénis, tan desdichado Que para ser despreciado Apénas dicha he tenido, Tambien lo es que la pedí, Y que el Conde se excusó, Si de Fénis entendió Cuán desestimado fuí; Pues si César es testigo De aqueste aborrecimiento, ¿Cómo tanto atrevimiento Pudiera intentar conmigo? ¡Yo silla, yo turcos, yo, Yo españoles, yo soldados! De un hombre estais agraviados Á quien siempre aborreció. ¿De tanto desprecio mio Tanta ventura se infiere? Digo que si un hombre hubiere Que afirme tal desvarío, Quiero quedar por infame.
_Fabr._
¿Y si hay un hombre que os vió?
_Leon._
¿Á mí?
_Fabr._
Sí.
_Leon._
Si fuere yo, Que lo que he dicho me llame.
_Fabr._
Venid conmigo.
_Leon._
Yo iré, Pero no ha de haber traicion, Que con esa condicion Solo y sin armas saldré.
_Fabr._
¿Será de Celia segura La casa?
_Leon._
Ninguna habrá Como ella.
_Fabr._
Pues allí está.
_Leon._
Mi inocencia me asegura.
_Fabr._
Necia disculpa.
_Cés._
Fingida, Pero no le ha de valer, Que á Fénis ha de volver Ó le ha de costar la vida.
_(Váyanse.)_
FÉNIS Y EL CONDE OTAVIO.
_Fén._
¿Qué crédito os puedo dar, Cárlos, en tiempo tan breve?
_Otav._
El que á sí misma se debe La que me pudo matar.
_Fén._
¿En dos horas puede amar Un hombre con tal rigor?
_Otav._
En años diréis mejor, Y esta verdad asegura Que al hacer vuestra hermosura El cielo, nació mi amor; Y ántes es muy cierta cosa, Porque si el cielo sabía, Como es cierto, que os habia De hacer, Fénis, tan hermosa, Mi voluntad amorosa, Qu’es tan antigua recelo, Y deste breve desvelo, Puedo decir con verdad, Que es amor y voluntad, Desde que lo supo el cielo. Luego viene á ser mi amor, Cuando pensó fabricaros El cielo, para obligaros Á la antigüedad mayor; Mirad si debeis favor Á quien há tanto que os ama, Y su dulce dueño os llama, Pues desde el tiempo que fuistes, Vos para Fénis nacistes, Y yo para vuestra llama. Cuantos siglos han pasado Desde que pensaba haceros Tiene mi amor en quereros, Y me debeis de cuidado, Y así cuantos han amado Lo han aprendido de mí, Que el primer amante fuí, Pues cuando el cielo pensó Haceros, amaba yo, Pues ántes que fuese os vi; De suerte que me han debido Su principio los amores, Y vos los mismos favores Que si os hubiera servido, Porque si yo hubiera sido, Esto que os digo os dijera En cualquier tiempo que os viera, Pues es cierto de los dos, Que ó no naciérades vos, Ó que yo luégo os quisiera.
_Fén._
Si como en burlas hablais Con esas vanas quimeras, Hablára el alma de véras, Que vos decis que me dais, No dudeis, si lo dudais, Que estuviera agradecida, Pero siéntome ofendida De que finjais voluntad, Que el amar con libertad No es de voluntad rendida. Buscar sutiles caminos De decir altos concetos, Bien puede ser de discretos, Pero no de amantes finos; Obligar con desatinos, En las obras suele estar, No en el estilo de hablar, Que el más bajo entendimiento Sabe hallar un pensamiento Sutil, si quiere engañar. Cárlos, yo estoy en estado, Que podré hablaros y veros, Pero no podré quereros, Aunque me habeis obligado, No por ajeno cuidado, Sino por desdicha mia, Sólo deciros querria, Que ya con llana amistad, Obliga mi voluntad Vuestra mucha cortesía. Discreto sois, bien me veis En las desdichas que estoy, Soy quien vos sabeis que soy, Pues ya mis padres sabeis, Y no porque me ampareis Os digo, testigo es Dios, Ni por saber de los dos, Lo que hacer el tiempo quiere, Que si algun hombre quisiere En el mundo, seréis vos.
TOMÉ.
_Tomé._
¡Que no le baste al amor Ser ciego, sino que quiera Hacerse sordo tambien!
_Fén._
¡Ay triste si viene Celia!
_Tomé._
¿No habés oido los golpes Con que nos quiebran la puerta Padre y marido de Fénis?
_Otav._
Retírate como puedas, Y abre tú.
_Tomé._
Voy.
_Fén._
¡Cielo santo! No os parezca inobediencia.
_(Éntrase.)_
LEONARDO, FABRICIO Y CÉSAR.
_Tomé._
Entrad, que aquí está don Cárlos.
_Fabr._
Por Dios, señor, que me pesa De inquietaros.
_Otav._
Escribia Ciertas cartas.
_Fabr._
Hablad, César.
_Cés._
Mejor es que vos digais Lo que á la puerta de Celia Os dijo el señor don Cárlos.
_Fabr._
Señor don Cárlos, quisiera Excusaros este enojo, Pero por mi honor es fuerza; ¿Hoy no os pregunté si vistes Una mujer á esta puerta?
_Otav._
Es verdad, y respondí Que dos turcos de librea, Con seis soldados de escolta, En una silla la llevan, Y vos dijistes entónces: Traicion de Leonardo es ésta.
_Cés._
Lo mismo á mí me dijistes.
_Leon._
Buena manera de prueba, Para saber que soy yo Dueño de tan loca impresa; Decid, caballero noble, ¿Iba yo entónces con ella?
_Otav._
Yo no os he visto en mi vida.
_Leon._
¿Pues es razon que se infiera, Que aborreciéndome Fénis, Autor deste insulto sea, Y que digais que la tengo? ¿No era cosa más discreta Buscarla entre religiosas, Donde estará con decencia, Como se ha de presumir De una señora que deja Por altiva, ó por su gusto, El casamiento de César?
_Cés._
Dice bien, mucho se ha errado, Que si luégo se siguiera, Fuera el reducirla fácil.
_Fabr._
Hija indiscreta, ¿qué intentas? ¿Por qué me quitas la vida?
_(Vase.)_
_Cés._
Y á mí el alma, que me llevas En el desden con que huyes, Y en el dolor que me dejas; Tengo yo de ser Apolo Para pedir que te vuelvan, Fénis, los dioses, laurel, Ó como Anaxarte, piedra; Arrepentido de amarte, Buscar quisiera las hierbas De los montes de Tesalia, Para olvidar tu belleza.
_(Vase.)_
_Leon._
Yo, caballero, no soy Quien de Fénis se lamenta, Mas soy quien en tal fortuna De mi enemigo se venga; Mirad el estado mio Por aquella ingrata bella, Que me alegro de que falte Para que César la pierda.
_(Vase.)_
_Otav._
Extraño suceso.
_Tomé._
Extraño Si las fábulas le cuentan.
_Otav._
¿Dónde está escondida Fénis?
_Tomé._
Ese pabellon de tela Que está en el cuarto aposento, Es del sol de su belleza El ocaso en que se ha puesto, Y la nube que le cerca.
_Otav._
La noche baja, Tomé, Y á Fénis no se le acuerda Cómo ha de pasar la noche.
_Tomé._
Si aquí nos bajan la cena, De criados y criadas Será imposible esconderla, Y si por ventura subes, Señor, á cenar con Celia, ¿Qué le darémos á Fénis?
_Otav._
De la cena se te acuerda, Y no de toda una noche.
_Tomé._
Eso no te cause pena, Conmigo podrá dormir.
_Otav._
¡Qué burlas, Tomé, tan necias Para tantas confusiones Como esta noche me esperan! Nunca la vieran mi ojos, Nunca, Tomé, te dijera Que la metieras aquí.
_Tomé._
¿Quiéresla bien, bien de véras?
_Otav._
¿Verá nadie su hermosura Sin que por ella se pierda? Yo aseguro que en el mundo Sucedió cosa como ésta, En término de dos horas, Pues casándome con Celia, En su misma casa tengo Por quien el dejarla es fuerza.
_Tomé._
Ten ánimo, que á la parte Del corredor que á esa huerta Mira, he visto un camarin, Cifra sutil de Venecia; De la mitad de tu cama Haré á Fénis en qué pueda Pasar esta noche, y cuantas No sepan sus padres de ella; Cerraráse por de dentro, Que aldaba tiene la puerta, Para que de tí segura, Si no de sí misma, duerma; Puesto que siendo quien es, Aunque sin llave estuviera, Yo sé que la respetáras Por no infamar tu nobleza; Pero en duda, porque amor Cuando todos duermen vela, Quitémosle la ocasion.
_Otav._
Entro á despedirme della Para ver á Celia. ¡Ay cielos! ¿Quién pensára que estuviera La dulce gloria de Fénis En el infierno de Celia?
[Ilustración]
ACTO SEGUNDO.
CELIA Y LISENA.
_Lis._
Con razon tu dicha alabas, Pues á la fama responde.
_Cel._
¿No es galan, Lisena, el Conde?
_Lis._
Como tú le imaginabas, Que á tus melindres no hubiera, Con ménos gracia y valor, Satisfaccion.
_Cel._
Fué temor Que ménos gallardo fuera; Así suelen engañar Los casamientos ausentes.
_Lis._
No es poco que te contentes.
_Cel._
No pudiera imaginar Mayor dicha que he tenido, Puesto que el temor no cesa.
_Lis._
Cortés estuvo en la mesa, Gracioso y entretenido.
_Cel._
Sí, pero no me miró Como quien tiene deseo, Que no le enamoro creo, Y que vengo á estarlo yo; Si tuviera bien impresa Mi voluntad, con mirar, Más habia de cenar En mis ojos que en la mesa. No le veo con cuidado De enamorado, Lisena, Que más estuvo en la cena Inquieto que enamorado: ¿Y cuál hombre con amor Se despidiera tan presto?
_Lis._
El que le tienes te ha puesto Ese excusado temor, Que el irse fué cortesía Por no parecer cansado, Ni ha de estar enamorado Y tan perdido en un dia; Ayer te vió, ¿qué le quieres?
_Cel._
Que esa disculpa le des, Lisena, es justo, despues Que somos propias mujeres, Pero no cuando nos miran, Que es bien que atentos estén, Miéntras esperando el bien Con la esperanza suspiran; No es tan cortés el amor.
_Lis._
El irse presto lo es.
_Cel._
No le quiero tan cortés, Más necio fuera mejor; Luégo que el Conde llegó, Más atento me miraba, Para volverse cenaba, Segun la prisa se dió; ¿Y cuál hombre no me hubiera Esta mañana enviado, Por cumplimiento, un recado, Cuando por amor no fuera?
_Lis._
Á un hombre cansado quieres Poner culpa.
_Cel._
Si lo está, De mí disculpa tendrá.
_Lis._
Brava en los principios eres, No comiences por celosa, Que desenamoran celos.
FLORA.
_Flora._
No han hecho dama los cielos En casarse más dichosa.
_Cel._
¿Qué hay, Flora? ¿está levantado El Conde?
_Flora._
Cuando llamé, Agua le daba Tomé, Entré y díle tu recado, Recibió los buenos dias Con mucho gusto y placer, Que sabe muy bien hacer Amorosas cortesías; Dije que le suplicabas De tu gente se sirviese, Que de que sólo estuviese Con notable pena estabas: Respondióme que no habia De servirle, hasta casarse, Ninguno, por no obligarse Despues á descortesía. Tomó el almuerzo Tomé, Con tanto me despedí.
_Cel._
¿No te preguntó por mí?
_Flora._
Eso muy despacio fué, Y con un grande recado Del deseo que tenía De verte.
_Cel._
¡Y dormido habia Hasta las diez descuidado!
_Flora._
¿Pues cansado, qué ha de hacer?
_Cel._
¿Cómo no ha subido aquí?
_Flora._
Por darte lugar ansí Que te puedas componer, Que fuera estilo grosero Usar de esa libertad; Merece tu voluntad, Que es un galan caballero, Bien hablado y entendido.
_Cel._
¿Juzgasle tú enamorado?
_Flora._
Si al espejo te has mirado, Ociosa pregunta ha sido; Las joyas que te ha de dar Dijo que estaba esperando.
_Cel._
Amor le pido, que cuando Se ama es la mayor amar.
_Flora._
Eso yo te lo aseguro, Y que se muere por tí.
_Cel._
¡Que yo trate de esto ansí! Que me desconozco os juro.
_Lis._
En lo justo no hay recato, Licencia tiene quien ama.
_Flora._
Como enfrente de su cama Está puesto tu retrato, Díjele yo si quisiera Tener el original; Y dijo que dicha igual Pedir al cielo pudiera.
_Cel._
Toma, Flora, aquel vestido Que hice para la entrada Del Virey, que ser amada Deseo.
_Flora._
Los piés te pido, Y cree que lo serás.
_Lis._
Perdida, Celia, te veo.
_Cel._
Como es honesto el deseo, Se atreven los ojos más.
_(Váyanse.)_
CONDE OTAVIO Y TOMÉ.
_Otav._
Mala noche he pasado, Conté las horas, no conté las penas.
_Tomé._
¿De un hora enamorado?
_Otav._
¿Qué importa si la sangre de las venas Me abrasa aquel veneno?
_Tomé._
Nunca duermo mejor que cuando ceno; Cenó Fénis muy poco, Ó fuese por melindre ó por cuidado, Pero yo, como un loco, Dejé un capon muy tierno y bien asado En pura notomía, Que así lloraba aunque cantar queria. Cerró la puerta luégo, Y trató de acostarse.
_Otav._
¡Caso extraño Y laberinto ciego, Que Fénis sin temer humano engaño En su casa amanezca, Y entre dos extranjeros anochezca; Y yo, que no pensaba Verla en mi vida, esté como me veo!
_Tomé._
Cuando ya se acostaba, Hácia la puerta me llevó el deseo, Permitiendo la llave Entrar la vista á su persona grave. Iban los alfileres Quitando los marfiles de las manos, Que son en las mujeres Fácil prision de sus adornos vanos, Porque en los rostros bellos No hay hermosura como estar sin ellos; Quitó luégo las joyas, Ropa y jubon, al fin quedó en manteo, Que abrasára mil Troyas, Á no enfrenar respetos el deseo; Que luégo manifiesta Honra y valor una mujer honesta. Bajó de los chapines Fénis al suelo dos pequeñas basas De ramos de jazmines, Áun con estar á solas tan escasas, Que apénas pude verlas, Mas vi la honestidad vertiendo perlas, Porque con el manteo Hizo una rueda al desatar las cintas, Y un muro á mi deseo.
_Otav._
Agrádame el recato con que pintas Esta hermosura honesta.
_Tomé._
En fin, no sé cuál de las dos se acuesta, Ó Fénis en la Holanda, Ó la Holanda en su nieve, pero apénas Que se sosiegue manda Aquella blanca imágen de azucenas, El fugitivo sueño, Cuando su pena se revela al dueño. ¡Ay, dijo, Fénis triste! ¿Adónde estás sin padres y sin honra? ¿Por dónde me trujiste, Fortuna, á padecer tanta deshonra? Quitárasme la vida Con darme muerte adonde fuí nacida, Que aqueste caballero, En sabiendo mis padres este engaño, Ha de ser lo primero Matarle á él, y tengo de su daño Más pena que del mio; Aquí dos tiernas lágrimas le envio: Que por la misma llave Presumieron los ojos que saldrian, Y que á su pecho grave Entre las alas de un suspiro irian. Calló, quizá pensando Que la estabas entónces escuchando.
_Otav._
Ella se ha levantado. ¿Cerraste bien la puerta?
_Tomé._
No imagines Descuido en mi cuidado.
_Otav._
Hácia esta cuadra suenan los chapines; ¡Por Dios que sale hermosa! Tal suele el nácar descubrir la rosa.
FÉNIS.
_Fénis._
Buenos dias, si es que yo Buenos os los puedo dar.
_Otav._