Comedias inéditas

Part 18

Chapter 183,476 wordsPublic domain

El Príncipe, nuestro señor, salió á echar la loa con baquero, calzones y ferreruelo frances de tabi de oro azul, guarnicion de plata, cuello y puños blancos con puntas pequeñas, sombrero negro de fieltro, falda larga, terciada, bordada, y la toquilla con muchas plumas; botas blancas, tan galan y airoso, y recitóla tan bien, que, cuando este dia no tuviera otra cosa que admirára, ésta pudiera sobre cuantas ha tenido el mundo, porque no se juntaron jamas gentileza, hermosura, desenfado, gala y propiedad en tan pocos años y tanta majestad.

Empezó la comedia Cardiloro con baquero y basquiña azul y plata, tocado moro, manto de velillo de plata encarnado, y queriendo arrojarse con desesperacion en el rio por habérsele muerto su dama, corriéndose una cortina, apareció sobre el agua una vision vestida con saco de raso negro, cubierto el rostro con un velo leonado, venía sobre la tabla ó invencion que se movia velocísimamente; era Mandricardo, su padre, que le venía á defender la desesperacion, y habiéndole reprendido el intento, desapareció con la mesma velocidad, y cerrándose la vista al rio, quedó Cardiloro espantado de haber visto á su padre. Salió el sabio Ardano á consolarle y ofrecerle su castillo para que reposase, le llevó á él, y corriendo el lienzo que le encubria, parecieron los salvajes y la entrada, recogiéndole allí; y dejándole durmiendo, le encantó para que estuviese así hasta cierto tiempo en que luciesen sus hazañas. Cerróse el castillo.

Salieron cuatro reyes por puertas diferentes fingiendo venir de diversas partes á hallarse á la competencia del premio de la hermosura.

Liriodoro con baquero y basquiña de tabi de plata encarnado, bordado de cañutillos de vidrio negro, sombrero de falda grande, terciada, bordada, y la toquilla con una rosa grande de diamantes.

Leuridemo, con baquero y basquiña de tabi de oro encarnado, guarnicion de plata, sombrero de falda larga terciada, con rosa y cintillo de diamantes.

Rolando, con baquero de tabi encarnado, bordado todo de lentejuelas de plata, y la basquiña de la mesma tela, bordada de labores grandes de relieve de cañutillo y hojuela de plata, sombrero de falda corta, trencillo de diamantes y una puntilla de pluma blanca con sus rizos.

Alizarán, con baquero de terciopelo negro guarnecido de plata, basquiña de tabi de oro encarnado y de la misma guarnicion, manto de velillo de plata encarnado, tocado de muchas plumas y rizos, á lo africano.

Hablando los cuatro en la competencia, salió un ciudadano á darles cuenta de las Reinas que habian concurrido á ella y cómo venian los jueces á sentenciar.

Entraron dos con garnachas de encarnado y plata, coronas y varas doradas, y llamando las Reinas para hacer el juicio, entraron cuatro.

Lindabella, con baquero y basquiña de encarnado y oro, muchas plumas en el tocado, manto de velillo de plata.

Tisbe, con baquero á lo romano y basquiña de tabi azul de oro, manto de velillo de plata, tocado de plumas y rizos.

Rosélida, reina de Persia, baquero y basquiña de tabi encarnado, guarnicion de plata, tocado de plumas y toca de colores y manto blanco.

Informando cada uno de su justicia, los jueces se pusieron en oracion delante del templo de Cupido para que les declarase la mayor hermosura, abriéronse las puertas á este tiempo, y primero la selva que estaba delante, causando admiracion el movimiento de tanta máquina y la multitud de estrellas, espejos y adorno de florones de oro que pareció despues de abierto; estaba sobre el altar la figura de Cupido con todas sus insignias, y puestos todos en oracion con mucha música, bajaron las dos nubes de los lados del templo, y la superior que las acompañaba, y llegando al suelo, se abrió la de mano derecha y en medio pareció sentado Cupido, y á sus lados el Agradecimiento y Correspondencia.

Cupido, con arco, carcax y venda en la frente, plumas en ella, en cuerpo, con el mismo vestido que echó la loa, el Agradecimiento con montera y baquero de tabi verde, una banda encarnada, guarnicion de plata y botas blancas.

La Correspondencia, con baquero y basquiña de tabi azul, guarnecido de oro, tocado de plumas y rizos.

Para abrirse la nube tendió muchas alas y volantes, pareciendo dentro muchas estrellas y córtes de velillos de colores, y los tres bellísimos hermanos parecian, no las deidades fingidas que representaban, sino verdaderos celestiales espíritus que bajaban para la perfeccion y complemento de la fiesta.

En otra nube venía la emperatriz Aurora, con baquero y basquiña de tabi encarnado de oro y guarnicion de plata, puntas de lo mesmo en los faldones del baquero, tocado de plumas de colores y tocas blancas y manto de velillo blanco con muchos diamantes. Tendió la nube diversas ruedas y volantes cuando se abrió, mostrándose muy rica por lo interior; pareció la Reina tan hermosa y resplandeciente, que turbó la vista á cuantos la miraban, y no sólo parecia aurora, mas el mesmo sol acompañado de todas las estrellas.

Salieron todos los hermanos de las nubes, y dió Cupido la corona á Aurora, diciendo que sólo á su hermosura era debida, de que quedaron todos muy contentos y le dieron gracias, y diciendo él que la habia traido del cielo para ello, se metió en su nube y con mucha música se empezaron á levantar todas tres hasta su lugar, quedando Aurora que llevó en su compañía á Lindabella, para estar juntas en su palacio.

El Agradecimiento y Correspondencia, los dos serenísimos Infantes, se fueron á sentar junto á su padre, habiendo representado sus papeles tan bien, que no se puede encarecer su gracia: Dios los guarde.

Las demas reinas se fueron á sus provincias, por la mar, acompañando á Tisbe y á Rosélida, Liriodoro y Alizarán enamorados de sus hermosuras, y en el reino de Aurora se quedaron Leuridemo y Rolando enamorados de Lindabella, y Mitilene de Leuridemo, con que se acabó la primera jornada.

Por intermedio salió á danzar el Príncipe, nuestro señor, con la señora doña Sofía, vestida basquiña y baquero verde, guarnecido de plata, abanino y verdugado; danzaron Galería de amor y Canario, su Alteza con extremado aire y gracia, y la señora doña Sofía tan diestramente, que el ver tanta perfeccion en tan pequeños cuerpos, sobre la novedad y grandeza de cuanto se miraba, metió á muchos en sospecha que todo era encantado.

En la segunda jornada, despues de haber representado diferentes personas, estando en el tablado Gonforrosto, vestido un sayo largo de tabi blanco bordado todo de florones verdes y encarnados, los cabellos sueltos y con baston de general y guirnaldas en la cabeza, y con él dos capitanes, Solmarino y Bramarante, vestidos sayos de raso verde y oro, cabellos sueltos y mazas; hablando los tres, de la parte del rio se oyeron grandes voces y ruido como de navegantes que se perdian, acudieron los salvajes á las peñas para reconocer lo que era, y corriéndose las cortinas que encubrian el rio, pareció en él una nave que muy furiosa iba á embestir con la roca, venian en ella Tisbe, Rosélida, Alizarán, Liriodoro y marineros con muchas luces; con ellas las personas que traian las joyas, vestidos y plumas. Fué la más agradable y nueva apariencia que puede imaginarse, causando igualmente alegría y lástima, porque representaban con tanta propiedad su perdicion, que parecia cierto el peligro de que se lamentaban.

Sonando la nave como rompida, cerró la vista al rio, y saliendo al teatro por diferentes partes algunos, como escapados de la tormenta, fué el primero Liriodoro, á quien los capitanes salvajes captivaron, y tambien á Rosélida, llevándolos á su Emperador, que á él le mandó sacrificar á Diana y de ella se enamoró.

Tisbe se escondió en una cueva, y Alizarán por lo alto del monte, lamentándose todos de no saber unos de otros.

Mitilene, hija de la sábia Circea, andaba enamorada de Leuridemo, el cual, por estarlo de Lindabella, no la admitia; fué Mitilene á pedir favor á su madre, que salió vestida de raso negro y plata, manto de velillo de plata negro, y entendido el caso, ofreciendo ayudarla, se fueron á su cueva, con que se acabó la segunda jornada.

En el intermedio salió á bailar la Reina, la Condesa de Medellin, las señoras doña Mariana de Córdoba, doña Estefanía de Mendoza, doña Luisa Osorio, doña Isabel de la Cueva, doña Ana María de Acuña, con los mesmos vestidos de la farsa; bailaron la Españoleta, y la Reina tan airosamente y con tanta destreza, que guiando á todas, hizo que se pusiese en olvido lo que habia pasado: pareció coro de ninfas de los que celebran los poetas festejando á su Diana.

En la tercera jornada, tratando Circea con Rolando que ella haria una nave muy rica y la pondria en el puerto, y él publicaria que se la enviaban de su reino para que se fuese él en ella, y que sería tal su riqueza y fábrica, que obligaria á Aurora y á Lindabella á que entrasen á verla, pidiendo él que por maravillosa le hiciesen ese favor, y que teniéndolas en la nave, haria que con mucha ligereza navegase, llevándolas á Hungría donde se casaria él con Lindabella, y que sabiéndolo Leuridemo, recibiria por mujer á Mitilene; y habiéndolas embarcado con este engaño, se hizo relacion de todo y de la huida de la nave, contándoselo á Leuridemo, que estaba en el jardin de Aurora con Fabio su jardinero, Belisa, dama, que muy lastimada vino á darle cuenta, y diciendo que ya parecia en el mar, se corrieron todas las cortinas desocupando la vista al rio, quedando descubierto gran parte de él.

Echando Leuridemo maldiciones á la sábia y á la nave, pasó á vista de todos con velocidad, pero de suerte que duró el poder verla por medio cuarto de hora; llevaba á Aurora, Lindabella, Mitilene, Circea, Rolando, su paje Celio y gentes de mar, con muchas luces, gallardetes, flámulas, estandartes y banderolas de diferentes colores, velas tendidas, que con la variedad de joyas, plumas, tocas y galas de los que en ella iban, fué la más bella y alegre vista que en las aguas pudo esperarse, y parecia que las fabulosas córtes de Neptuno eran verdaderas y que el mismo Júpiter y las demas fingidas diosas se habian juntado en el globo de la nave, queriendo mostrar á porfía el poder de su hermosura y deidad. Cerróse la vista al rio, y Leuridemo prosiguió en sus execraciones con tan viva voz y lastimado sentimiento, que si la nave llevára hombres-fieras ó mármoles, los enterneciera y obligára con sus quejas á detenerse y á escucharlas, sin reparar en que eran lágrimas de comedia; entróse Leuridemo y cerróse la vista al rio.

Gonforrosto mandó á sus capitanes sacrificasen á Liriodoro, y habiéndolo hecho, salió Tisbe preguntándoles por él y se le enseñaron, abriendo el templo movido sobre el perno en que estaba fabricado, para que se pudiese gozar de su vista, pareció lleno de luces, velillos y chapas de plata, y sobre el ara la figura de Diana, vestida de raso blanco, guarnicion de plata, cabello suelto y un venablo en la mano. Viendo Tisbe muerto á Liriodoro sobre la última grada del altar, tomando un puñal á Gonforrosto, se mató dejándose caer sobre el cuerpo; cerróse el templo, y fuéronse los salvajes admirados retirándose á su lugar.

Salió Leuridemo con Cintio, capitan, que le representó Andres de Alcocer, señor de Tovilla, á quien por sus gracias singulares quiso su alteza repartir papel en esta comedia, porque no le faltase entremes; traia Leuridemo gente de guerra y armada de mar en seguimiento de la nave, y él y los que en ella iban y los que andaban por la montaña, se hallaron juntos al pié de ella, por tormentas y otros sucesos; y dándose cuenta de ellos unos á otros, salió Doris, ninfa de Diana, con jubon y basquiña de raso blanco y guarnicion de oro, baquero de velo de plata y muchas plumas y tocas, con dos guirnaldas de flores en un cestillo, que de parte de la diosa traia para los dos amantes muertos, y contando á todos el caso, se abrió el templo y parecieron los dos tendidos en las gradas; coronólos Doris, todos les dijeron singulares elogios, y pidieron á Leuridemo les cantase una elegía, y tomando la guitarra, la señora doña Catalina de Acuña se la cantó con tanta suavidad y propiedad de fúnebres y lastimosos acentos y quiebros enamorados, que resucitáran los muertos, si lo fueran, para oirlas.

Bajo la nube que estaba sobre el monte Iman, y en medio de la bajada se abrió, con admirable vista de la hermosura de su fábrica y majestad interior, mostrando muchas alas doradas de lucidísimo adorno, y extendiendo muchos círculos, que se extendian unos en otros á modo de esfera; venía dentro Cupido á casarse con Aurora, y en llegando al suelo salió á darla la mano, y llevándola á la derecha, se sentaron en la nube, y cerrándose se levantó á su lugar. Los demas se casaron con quien cada uno queria, que la facultad general de dispensar en esto sólo la tienen los poetas.

Así tuvo fin esta gran comedia, gobernando el Príncipe nuestro señor cuanto en ella se representó, y salidas y entradas de todos, con gran puntualidad y cuidado, advirtiendo lo que habian de hacer, sin que en alguna hubiese falta.

La admiracion que puede causar lo que se ha dicho de su Alteza, y la verdad de lo que pasó, que fué mucho mayor, pondérenlo sus reinos y los del mundo, para esperar los efectos que pueden prometer de estas muestras de su gran caudal en tan tiernos años: muchos guarde Dios á su Alteza. Acabada la farsa, tomó ferreruelo y sombrero, y se fué á sentar junto á su padre para ver la máscara en que se remató la fiesta.

Acabada la comedia, quitaron los oficiales el templo de Cupido tan sordamente, que no pudo percibirlo el auditorio, quedando solas las puertas que hacian la superficie á la fachada del vestuario.

Despues de haber tañido los violones, lo que bastó para dar lugar á que se vistiesen las de máscaras, abriéndose la selva, se presentaron parejas á la vista, cuatro damas con máscaras negras rajadas, baqueros y basquiñas de raso encarnado, guarnecido de oro, verdugados, mantos de velillo de plata, abaninos y tocados de argentería, hachas en las manos. Eran la serenísima Reina, las señoras doña Isabel de la Cueva, doña Ana María de Acuña, doña Estefanía de Mendoza: salieron al teatro iguales, y habiendo danzado un rato airosísimamente, en la mesma igualdad, vueltos los rostros al vestuario, pareció la segunda cuadrilla, baqueros y basquiñas de raso blanco, guarnicion de plata, mantos de velillo blanco y negros, y plumas de los mismos colores y conformes en lo demas con la primera cuadrilla; eran las señoras doña Juana de Castro, doña Catalina de la Cerda, doña Mariana de Córdoba, doña Catalina de Acuña, y habiéndose recibido, y juntas danzado con algunas vueltas y mudanzas mirando al vestuario, una cuadrilla delante otra, hallándose cerca de Su Majestad, se mostró la tercera, vestida de raso azul, guarnicion de oro, mantos de velillo de plata encarnado, tocas de plata y conformes en lo demas; eran las señoras doña Juana Portocarrero, doña Luisa Osorio, doña Juana de Noroña, doña Isabel de Aragon. Habiéndose recibido iguales, danzaron media hora con muchas vueltas y lazos, que con dificultad se percibian, mas anduvieron con tanta destreza en todo, que cuanto más confusa se hallaba la vista de cuantos lo miraban, salian más concertadas en sus puestos. Guió la máscara la Reina diestrísimamente y con tal cuidado, que cuando le faltára á quien la seguia, no pudiera perderse; mas todas anduvieron con tanta cuenta y arte, que pudieron acompañar tan gran Reina, en presencia de tan alta majestad.

Para hablar de la representacion, aire, gala y bizarría de la cristianísima Reina, no hay palabras, y así se quede á la contemplacion de los que conocen su divina hermosura y participan la comunicacion de su soberano entendimiento, y para los que se hallaron presentes este dia, que por lo ménos venerarán con silencio y éxtasis la parte que pudieron comprender.

Decir en particular la perfeccion con que cada una hizo lo que le tocaba, y declarar las galas, joyas y costosísimos aderezos que sacaron, no es posible, porque ningunas relaciones bastan ni pudo percibirse cuanto se vió, ni empezándose á tratar de ellos puede poner fin á lo que se dijese, porque es ofenderlo todo y temeridad hablar en ello, ni yo me atreviera á hacer este borron si no me lo mandáran; ocasion tienen los célebres ingenios de estos tiempos para eternizarse con tan gran sujeto de sus historias y poesías.

FIN.

ÍNDICE.

_Páginas._

Advertencia preliminar. V

Amor, pleito y desafío. 1

Fac-símil. 119

Amor con vista. 121

La Prueba de los amigos. 237

Un pastoral albergue. 361

Relacion de la comedia _El premio de la hermosura_. 479

[Ilustración]

NOTAS

[1] Con el título de _Las comedias de Lope de Vega Carpio_ se publicó, desde 1609 á 1647, una coleccion de sus obras dramáticas, que consta de veinte y cinco partes ó tomos en 4.º, de alguno de los cuales hay várias ediciones. Lope no reconoció como legítimas más que las publicadas desde la parte novena, pues las anteriores, dice, estaban tan adulteradas, _que era imposible llamarlas suyas_. Sueltas ó reunidas se han publicado ademas otras muchas comedias de Lope, pero la mejor coleccion hasta ahora publicada es la que el Excmo. Sr. D. Juan Eugenio de Hartzenbusch dió á luz en la _Biblioteca de Autores Españoles_, con el título de _Comedias escogidas de frey Lope Félix de Vega Carpio_, cuatro tomos en 4.º mayor, que comprenden ciento doce comedias.

[2] Entre otros, la correspondencia de Lope de Vega con el Duque de Sesa, la cual nos da á conocer al poeta bajo un punto de vista completamente distinto del que le han presentado hasta aquí todos sus biógrafos.

[3] La égloga á Claudio, áun cuando escrita en 1632, se publicó, despues de muerto Lope, en _La Vega del Parnaso_ por el Fénix de España frey Lope Félix de Vega Carpio, del hábito de San Juan, procurador fiscal de la cámara apostólica, dirigida al Excmo. Sr. D. Luis Fernandez de Córdova Cardona y Aragon, duque de Sesa, etc. En Madrid, en la imprenta del reino, año de 1637. Aludimos á los conocidos versos que dicen:

Mil y quinientas fábulas admira, Que la mayor el número parece; Verdad que desmerece, Por parecer mentira; Pues más de ciento, en horas veinte y cuatro, Pasaron de las Musas al teatro.

Ademas de este dato, hay otros muchos que lo confirman, pudiendo seguir paso á paso la prodigiosa fecundidad del poeta. En las listas de sus comedias que acompañó al _Peregrino_, se cuentan doscientas diez y nueve; en el _Arte de hacer comedias_ dice llevaba concluidas cuatrocientas ochenta y tres; en la _Oncena parte de sus Comedias_, llegan ya éstas al número de ochocientas, y al de novecientas en la _Parte catorce_ de las mismas, y por último, en el prólogo de la _Parte veinte_ se expresa así: «Las almas cándidas tendrán esperanza de que, como he vivido bastante para escribir mil y setenta comedias, tendré tambien vida para imprimirlas.»

[4] «Escribió él solo más en número y en calidad que todos los poetas antiguos y modernos, y sino, pónganse sus obras (que no es dificultoso, pues todos las tenemos en las librerías) y las de Lope en una balanza, y se verá la ventaja con la experiencia. Las comedias representadas llegan á mil ochocientas. Los autos sacramentales pasan de cuatrocientos.» _Fama póstuma á la vida y muerte del doctor frey Lope Félix de Vega Carpio, y elogios panegíricos á la inmortalidad de su nombre_, escritos por los más esclarecidos ingenios, solicitados por el doctor Juan Perez de Montalban. Madrid, 1639. Fólio 11 vuelto y 12.

[5] _El Peregrino en su patria_, dedicado á D. Pedro Fernandez de Córdova, marqués de Priego, señor de la casa de Aguilar. Sevilla, 1604, en 4.º En esta edicion, que es la primera, publicó Lope una lista de las comedias que habia compuesto hasta entónces, y comprende doscientas diez y nueve; en otra edicion de la misma obra, hecha en Madrid, 1618, añade á la lista anterior ciento catorce comedias más.

[6] _Catálogo bibliográfico y biográfico del Teatro Antiguo Español, desde sus orígenes hasta mediados del siglo XVIII_, por D. Cayetano Alberto de la Barrera y Leirado. Madrid, 1860, pág. 425.

[7] _Don Juan de Alarcon y Mendoza_, por D. Luis Fernandez-Guerra y Orbe, obra premiada en público certámen de la Real Academia Española, y publicada á sus expensas. Madrid, 1871, pág. 234.

[8] Véase en la página 119 el facsimil que publicamos.

[9] No sucedió así en su tiempo, pues la comedia se representó, que sepamos, en Madrid, Zaragoza y Lisboa; véanse las páginas 235 y 236 del presente volúmen.

[10] La Barrera y Leirado, obra ántes citada, páginas 433 y 436.

[11] La Barrera y Leirado, _ibid._, pág. 436. _Memoria remitida al Excmo. Sr. Ministro de Fomento, Instruccion y Obras públicas, por el Director de la Biblioteca Nacional._ Madrid, 1865, pág. 111.

[12] Debemos subsanar aquí, á propósito de las personas á quienes debemos gratitud y favor por lo que nos han ayudado en nuestra publicacion, un olvido involuntario padecido en la advertencia que precede al _Cancionero_ de Stúñiga, dejando allí de consignar la parte que tuvo en que le diésemos á luz el entendido bibliófilo Sr. D. Joaquin de Azpiazu y Cuenca.

[13] Hay un claro en el MS.