Part 17
¡Ay que me lleva mi brazo! Pobre y desbrazado quedo. Con mi brazo les va dando Á todos su pan de perro; En la puente se ha parado, Ay Dios, que le arrojó en medio Del rio, y el moro agora Sale atrevido y soberbio Para defenderle el paso. ¡Oh, qué puñetes tan recios Se están pegando los dos! Mas á los brazos viniendo, Como son valientes ambos, En medio el rio cayeron. Á ser bribon me acomodo Con el traje soldadesco, Diciendo que de un reves Me lo cortó un moro izquierdo. ¿Quién me metió á ser curioso? ¿Quién en procurar dineros, Si un desdichado al contallos Se ha de hallar el brazo ménos? Buscar quiero quien me ensalme Y quien me dé algun remedio, Que va corriendo de mí Más sangre que de un torrezno. ¡Ay Dios, que me fino! ¡Ay Dios, que me muero! ¿Cómo no tocan y tañen á fuego?
_(Vanse.)_
REINALDOS Y DOÑALDA.
_Rein._
En tanto que los caballos, Desperdiciando colores, Beben viento y pacen flores De que podemos pensallos, En esta ribera verde, En quien soberbia é ingrata Se despeña tanta plata, Y tanto cristal se pierde, Doñalda, engañar podemos El sol.
_Doñ._
Del calor terrible Nos salva el sitio apacible, Diciendo que descansemos En sus verdes laberintos, Cuyos álamos traviesos, Con grillos, tiene abril presos, De esmeraldas y jacintos.
_Rein._
Voy á hacer que los criados Se recojan, que hoy perdidos Buscan, del sol ofendidos, Los arroyos despeñados, Que á dar tributo á este rio Descienden con tanta prisa, Mostrando en su eterna risa Su inocente desvarío.
_Doñ._
Yo, don Reinaldos, en tanto, Entretenida en mis penas, Mares haré estas arenas, Mezclando la risa al llanto.
_Roldan dentro._
Acabe el agua mi fuego.
_Doñ._
Voces en el rio suenan.
_Rold._
Hoy al agua te condenan Mis celos, Medoro fiero.
_Doñ._
Luchando en el rio están Dos hombres, ¿hay tal locura?
_Rold._
Aquí tendrás sepultura, Y mis celos la tendrán.
_Doñ._
El uno al fondo se fué, Y el otro nadando sale.
ROLDAN _sale mojado_.
_Rold._
Sin Angélica ¿qué vale La vida? pero mi fe, Sin ella tiene el valor Que no tendrá semejante Jamas en mortal amante, Porqu’es inmortal mi amor.
_Doñ._
Espiró, sin duda, y quiero Verle el rostro.
_Rold._
Ingrata bella.
_Doñ._
No está muerto.
_Rold._
¿Sois aquella Por quien vivo y por quien muero?
_Doñ._
El Conde es.
_Rold._
¿Sois vos la ingrata?
_Doñ._
¿Hay tal suerte, hay tal ventura?
_Rold._
¿Sois vos la fiera hermosura Que me da vida y me mata? ¿Sois vos la que en el infierno Padeciendo me teneis? ¿Y sois la que padeceis Conmigo un tormento eterno? ¿Sois quien me teneis aquí? ¿Sois Angélica?
_Doñ._
Sí soy.
_Rold._
Con vos condenado estoy, Con vos precito, y así En el infierno los dos Gloria habemos de tener; Vos en verme padecer, Y yo en saber que es por vos.
_Doñ._
Conde de mis ojos, Dueño de mi vida, Á quien huí halagos Y negué caricias, Juventud con quien Amor se eterniza, Pues tal vencimiento Su imperio acredita, Ya cesó el rigor Coronado de iras, Armado de celos, Calzado de envidias; Ya murió Medoro, Que amor facilita, Imposibles tales Con fuerzas divinas. Ya salió del pecho Para que en él vivas, Espirando el cuerpo Como el alma misma, Ya amor quiere al fin Que á tus piés se rinda La que fué del orbe Mayor tiranía. Vén á mis imperios, Donde te aperciban Vasallos sus Javas, Tesoros sus minas; Lograrémos dulces Horas mal perdidas, Ya en sabrosas paces, Ya en honestas riñas; Que en paces y en guerras Tierno amor se cria, Pues de los halagos Los disgustos libran. Así al fin serémos, Dos almas unidas, Palomas constantes, Castas tortolillas; Vén, porque mis moros, Conde, te reciban Por alma que pone Leyes en la mia.
_Rold._
Circe del Oriente, Belleza que imita Al sol en los rayos, Y al cielo en la vista, Dame ese alabastro, Donde el alma imprima Clavos de rubíes Que mi nombre digan; Dulce esclavitud, Donde desestiman Libertad las almas Por vivir cautivas, Luégo me desposen, De moro me vistan, Que si es mora el alma, El traje lo diga. Tráiganme una aljuba De púrpura tiria, Y de finas hojas, Un monte me ciñan; Dadme un corvo alfanje, Y aunque su cuchilla De damasco sea, De coral se finja. Ya es Orlando moro, Lloren su ruina Cruzados pendones, Cristianas provincias.
REINALDO Y VILLANOS.
_Rein._
Estos labradores Darte solicitan, Émulas del sol, Soberbias, pajizas, Que en robles y fresnos Al cielo obeliscan, De juncos y cañas Fábricas egipcias, Cuyas rubias pajas Mármoles no envidian, Aunque hay vientos locos Que las desperdician.
_Rold._
Mi escuadron se junte, Y al frances embista: Toca al arma, toca, Tierra y viento giman, Crucen los jinetes Y la infantería, Muera Cárlos, muera, Y Angélica viva.
_Rein._
¿Qu’es esto?
_Doñ._
Reinaldos, Celebra mis dichas, Y deja que al Conde Gane con mentiras.
_Guar._
Con el loco dimos.
_Peyr._
Aquí me destripa, Pues me ha desbrazado.
_Doñ._
Á esa gente anima.
_Rein._
¿Quién le trujo?
_Doñ._
El cielo Para darme vida; Finge como yo, Que en mi engaño estriba Llevarle á París, Y aquéstos le sigan El humor tambien.
_Rein._
Traza es peregrina.
_Rold._
De escucharme sólo, Cárlos se retira, Sigan el alcance, Pues se atemoriza. ¿Quién sois vos?
_Doñ._
El moro De quien más se fia Mi padre, el Gran Can; Postra las rodillas Á tu nuevo dueño.
_Rein._
Dame esas invictas Y reales manos.
_Rold._
Levantad.
_Rein._
Rendidas Del Catayo tienes Ya las monarquías.
_Rold._
Buen talle de moro, Mis legiones rija; Pues de San Dionís Estamos dos millas, Guiemos allá.
_Rein._
Ya, con alegrías, Va marchando el campo.
_Rold._
Pues decid que vivan Orlando y la bella, Reyes de la India.
_Rein._
Viva el rey Orlando, Todo el campo grita.
_Peyr._
Y el loco mayor De la loquería.
_(Váyanse.)_
CÁRLOS Y FLOR DE LIS.
_Cárl._
Las banderas africanas, Ántes de entrar en París, Se ofrezcan á San Dionís En sus aras soberanas. Láminas del triunfo sean Sus tafetanes vencidos, Que, afrentados y corridos, Apénas al viento ondean.
_Flor._
En bronce, y no en tafetan, Guardará el tiempo tus glorias, Que tan célebres victorias Asiento á los siglos dan.
_(Pasa volando Astolfo con la redoma.)_
Pero ¿qué cometa impreso Se ve en la media region?
_Cárl._
Prodigios del aire son.
_Ast._
Ya traigo á Roldan el seso.
_Flor._
Astolfo en un mostro alado Y una ampolla de cristal, Pasó con presteza igual.
_Cárl._
El seso sin duda ha hallado Del Conde su primo.
_Flor._
¿Dónde Vió medicina tan sábia, Que, como el Fénix de Arabia, De los mortales se asconde? Que si se pudiera hallar, Ménos locuras hubiera Y el mundo en paz estuviera.
REINALDOS.
_Rein._
Vengan, señor, á escuchar El caso más peregrino Que en el mundo sucedió, Astolfo á tiempo llegó Por el viento cristalino, Que con engaño habia entrado Don Roldan en San Dionís.
_Flor._
¿Qué dices?
_Rein._
Ya, Flor de Lis, El Conde el seso ha cobrado.
_Cárl._
¿Cómo vino y cómo fué?
_Rein._
Trujímosle por engaño, Cuya industria y modo extraño Despues, señor, te diré; Llegó Astolfo á esta ocasion, Que en una ampolla traia Del monte, en que siempre hay dia, La más alta confeccion, Y en boca y narices puesta, Oler quiso y beber quiso, Y aprehendiendo de improviso Materia tan bien dispuesta, Cayó en tierra medio muerto, Y á tu cuarto le llevamos, Donde volviendo pensamos Que será el remedio cierto, Y olvidado de la mora Y de todo lo pasado, Confuso y avergonzado, Dirá que á Doñalda adora.
_Flor._
Vamos á ver el suceso De su próspera fortuna.
_Rein._
Ya del monte de la Luna Astolfo le trujo el seso.
_(Vanse.)_
ROLDAN, _desnudo_.
_Rold._
¿Qué es esto? ¡Válgame Dios! ¿Qué torres y capiteles Son éstas, que en obeliscos Gigantes al sol se atreven? ¿Qué cuarto es éste en que el arte, Inmortal como valiente, Se excede en molduras de oro, Anagrifos y relieves? ¿Son brocados los que admiro? ¿Son los que toco paredes? Paredes son y brocados, Que en más dudas me suspenden. ¡Cielos! ¿quién me trujo aquí Desnudo y de aquesta suerte? ¡Yo, tan descompuesto y pobre! ¡Yo, en traje tan indecente! ¡Yo, sin saber dónde estoy! ¡Yo, roto y entre doseles! No lo entiendo, vive Dios, Ni áun el alma en mí se entiende. ¿Dónde mis armas están? ¿Dónde el invencible temple De aquel diamante forjado De sí mismo, como el Fénix? Todo está callado y surto, Rumor ninguno se siente, Si no es del silencio cuarto, Cuarto encantado parece; Quiero pedir de vestir, Y echaré de ver si hay gente. Hola, de vestir me dad.
TRES CRIADOS.
_1.º_
Aquí los vestidos tienes.
_Rold._
¿Por dónde entrastes?
_2.º_
¿Por dónde? Por la puerta.
_Rold._
Dos mil veces Me santiguo, ¿sois demonios? Porque, si lo sois, no teme Roldan demonios ni encantos; Apénas dije traedme De vestir, cuando os vi á todos Con los vestidos presentes. Teneos y decid quién sois.
_3.º_
Franceses somos.
_Rold._
¿Franceses?
_2.º_
Y camareros de Cárlos.
_Rold._
Si es ansí, preso me tiene En París.
ASTOLFO.
_Ast._
En San Dionís Estás.
_Rold._
¿Astolfo no es éste? ¿Él tan gallardo y yo así? Cárlos quiere que me afrenten: Corrido estoy y ofendido, Este honor guardan los reyes. Dí que si ésta ha sido burla, Ha sido burla solemne. Mas, ¡vive Dios!
_Ast._
Léjos fueron, Conde, las que ya aborreces.
_Rold._
¿Quién me ha puesto así?
_Ast._
Tú propio, Y ya que saberlo quieres, De Angélica los encantos En tal bajeza te tienen; Hoy contigo se desposa, Burlando bárbaros reyes, Y en el tálamo te aguarda, Donde las bodas celebres.
_Rold._
¿Yo conozco aquesa mora? ¿Á mí á decirme te atreves Tal bajeza? ¿Á mí me casas Con una ramera aleve, Como lo dice la fama, Si no es que la fama miente? ¿Á mí, sabiendo que soy Roldan? ¿á mí?
_Ast._
No te alteres.
_Rold._
Mas por quitarme á Doñalda, Aquí á Angélica me ofreces.
_Doñ._
No hace tal, que á ser tu esclava, Conde, me tienes presente.
_Rold._
Avergonzado y confuso Estoy, señora, de verme Tan descompuesto en tus ojos.
_Doñ._
De la suerte que estás eres Mi dueño.
REINALDOS.
_Rein._
Pues bien, ¿qué falta?
_Rold._
Falta que no te avergüences, Reinaldos, de verme así.
_Rein._
El llegar, Roldan, á verte, Agradécelo á tu esposa, Y á Astolfo se lo agradece.
_Rold._
¿Cómo desta suerte estoy?
_Rein._
Escucha... mas que lo cuente No quiere el Emperador.
_Rold._
Porque así á verme no llegue, Cubridme.
CÁRLOS Y FLOR DE LIS.
_Cárl._
Conde.
_Rold._
Señor.
_Cárl._
¿Qué es eso, y qué traje es ése?
_Rold._
No sabré, señor, decillo.
_Cárl._
Tan afrentoso fin tienen Siempre los principios viles, Para que el mundo escarmiente.
_Rold._
No os entiendo, vive Dios.
_Cárl._
Entended sin entenderme.
_Flor._
Angélica os tiene así, Vil hechizo del Oriente.
_Rold._
Sólo es Doñalda mi hechizo, Que vive en el alma siempre.
_Flor._
Portentosa maravilla.
_Cárl._
Pues tanta aficion se premie Con su mano; tarde el Conde Vuelve del campo.
_Doñ._
Pues vuelve, Es milagro.
_Rold._
Ésta es mi mano.
_Cárl._
Saraos y fiestas se ordenen, Que en ellos quiero asistir, Y en ellas ser juntamente El padrino, pues ya el moro Al mar las banderas vuelve, Acobardado y vencido.
_1.º_
Dejadme entrar.
_(Entran los villanos.)_
_Peyr._
Dejad que entre.
_Mart._
Y á mí tambien.
_Cárl._
Hoy la entrada Á ninguno se le niegue.
_Guar._
Dadnos los piés.
_Peyr._
Y á mí y todo, Rey del cántaro.
_Rold._
¿Qué quieren Estos rústicos?
_Peyr._
Yo un brazo, Que en conciencia me le debe, Que no le parió mi madre Para ser carne de peces; De plata me le mandó.
_Doñ._
Un brazo de plata tienes.
_Rold._
No entiendo esta confusion.
_Peyr._
Un escritorio he de hacerle, Que si le llevo conmigo, Llevo en el brazo mi muerte.
_Guar._
Y á nosotros ¿qué nos mandan Por ayudar á traerle?
_Cárl._
Las mil doblas prometidas.
_Mart._
Más años que hay necios cuentes.
_Cárl._
Vamos, y el Conde se vista, Porque en sus bodas comience Su sosiego, y tenga en ellas Fin el _Pastoral albergue_.
FIN.
_Esta comedia se hizo 18 dias, en Sevilla.--Hay una rúbrica._
[Ilustración]
RELACION DE LA FAMOSA COMEDIA DEL PREMIO DE LA HERMOSURA Y AMOR ENAMORADO,
_que el Príncipe, nuestro señor, la cristianísima Reina de Francia y serenísimos infantes don Cárlos y doña María, sus hermanos, y algunas de las señoras damas representaron en el Parque de Lerma, lúnes 3 de Noviembre de 1614 años_.
Hallándose Su Majestad en Lerma muy entretenido, en compañía del Príncipe nuestro señor, de la cristianísima reina de Francia, y serenísimos infantes don Cárlos y doña María, sus muy caros y amados hijos, y con gran cuidado el Duque de tener fiestas para ello, entre algunas de toros, cañas y extraordinarias invenciones de regocijado y vistosísimo fuego, en diferentes dias, noches y puestos, hubo resolucion que se representase la famosa comedia de _El Premio de la hermosura y Amor enamorado_, que teniéndola estudiada los cuatro serenísimos hermanos y algunas señoras damas, estuvo determinada para otras ocasiones, y por festejar en ésta á su padre, quiso el Príncipe nuestro señor, acompañado de su ayo en el mismo deseo, reconociendo el amor recíproco que deben, declararse por autor de esta gran representacion ayudándole sus hermanos y damas, con mucho gusto.
Para ejecucion de este pensamiento, se escogieron por teatro el sitio llano que hay entre la bajada del castillo y palacio, y el primer brazo del rio Arlanza, que sangrado en algunos, fertiliza y hermosea el amenísimo parque, teniéndole todo el año verde y en extremo apacible.
Aquí se hizo un tablado, igual con el suelo, de ciento y cincuenta piés en largo y ochenta en ancho, y atajándole por la parte del Occidente, en un apartamiento de cincuenta, se hizo el vestuario, y en él cuatro aposentos, que, colgados de tapicería, quedaron fuertes, abrigados y capaces para que en cualquiera se vistiese una de las cuatro personas reales; detras de ellos se armó una gran tienda, con su contratela, todo de hermosa vista, en la cual hubo disposicion para vestirse las damas y asistir á ello sus criadas, sin ocasion de mezclarse ni inquietar la fiesta, que no fué lo ménos admirable de ello.
En medio de los cuatro aposentos hubo otro para oficiales de los tornos y otros ministerios de las apariencias, sin embarazarse ni poder ver los personajes, ni llegar á sus estancias, y en esta forma para los mismos efectos hubo dos altos de corredores, pasadizos y aposentos.
Por el Oriente y Mediodía dividian el tablado dos vallas iguales y consecutivas cubiertas de alfombras; delante de la primera, cerca del mediodía de ella, estuvo la silla de Su Majestad, y á las espaldas apartamientos para caballeros y personas graves; de aquí se levantaba un tablado con gradas en que estuvieron criados de la casa real y otras personas, y entre él y el rio se armó otra tienda correspondiente á la del vestuario, que servia de entrada á todo el teatro.
Delante de la valla del Mediodía tuvieron lugar las señoras duquesa de Peñaranda, condesas de Castro y Barajas, dueñas y damas que no representaron, y detras, en un tablado algo eminente, mujeres de criados de Su Majestad y criadas de damas; y estos dos lados estaban colgados de tapicería.
Por el del Norte tenía el brazo del rio, donde se hizo un muelle en que pudieron caber los grandes, títulos, gentiles hombres de cámara, mayordomos, caballerizos, meninos, pajes y caballeros que se hallaron en Lerma, que fueron muchos.
La fachada del vestuario parecia en forma de media luna, y en la parte del Norte, sobre el rio, se fabricó una montaña de siete estados en alto, y en proporcion de la circunferencia, pintados en ella riscos y aspereza, ceñida de algunos caminos y torcidas sendas de aparente rusticidad; llamábase monte Iman. Parecia tan natural, por esto y por el sitio en que estaba, que apénas se podia determinar con la vista. Al pié de este monte se levantaba dentro del rio un peñasco, donde con mucha propiedad se hizo apariencia de romperse una nave; en lo bajo de la montaña, mirando al teatro, se mostraba una cueva de oscura y pavorosa entrada, y pegado á ella estaba el templo de Diana, á quien adoraban los bárbaros que la habitaban; era catorce piés de ancho y veinte y cuatro en alto, y movíase todo con tanta facilidad como si fuera una pequeña rueda, sustentándose en un perno solo que tenía en la esquina de la parte del Norte, puesto con tanto artificio que se extendia á la mitad del tablado, cuando habia de manifestar su apariencia: estaba pintado con imitacion de edificio brutesco.
Del lado derecho de este monte salia un corredor de buena perspectiva para músicos, ministriles y otros instrumentos, y por donde hombres armados, banderas, tambores y otras insignias de guerra hicieron diversas muestras en diferentes ocasiones.
Cerca del Mediodía del teatro se veia el palacio de la emperatriz Aurora, hermoseado con várias pinturas, torreones, castillos, chapiteles y rejas, y al pié un jardin compuesto de flores y hierbas naturales, y en medio una fuente que levantaba el agua un estado.
En medio del frontispicio, junto á este palacio, estaba el templo de Cupido, con dos puertas grandes cubiertas de ramas y cosas verdes, á modo de ramada ó selva, con que se cubria gran parte de la fachada del teatro, y cuando se abrian parecian detras las del templo, pintadas de oro y azul.
En la esquina de mano derecha del mismo frontispicio, se levantaba un castillo encantado de un sabio llamado Ardano, con pinturas á manera de canterías troneras, torres y mucho almenaje; subíase á él por unas gradas que se encubrian con un lienzo pintado de cosas rústicas, como peñas y hierbas diferentes, y al correrse este paño se mostraba una cueva que guardaban dos salvajes con sus mazas: rematábase la punta del Mediodía en un peñasco que correspondia al monte Iman, y opuesto á él, con muchos derrumbaderos y muy bien imitada, la aspereza, y en la mitad de su altura la casa de la maga Circea, á modo de cueva oscura y rústica.
Sobre el rio algo apartado del monte Iman, habia un torno que se movia velocísimamente sobre las aguas, y encima una tabla en que podia vivir una persona; y este lado estaba todo colgado de telas de diferentes colores, que servian de cortina para encubrir y dar vista al rio en algunos pasos de la comedia, en el cual detras del vestuario habia una nave con todas sus jarcias y demas aparejos para navegar, llevando treinta personas.
Á los dos lados del templo de Cupido, cuatro estados en alto, estaban dos nubes, y en medio otra superior que las cubria y acompañaba hasta el suelo, y dejándolas en él se volvia á lo alto, y tornaba á acompañarlas cuando se habian de levantar á su lugar.
En lo alto del monte Iman estaba otra nube muy grande, y todas eran de hechuras diferentes, y tan bien pintadas al natural, que lo parecian mucho. Tenía el vestuario dos puertas para entrar al teatro, una cerca del templo de Diana, otra debajo del castillo encantado, y habia otras entradas por las cuevas, peñascos y montañas.
En esta forma se terminaba el teatro, cubierto todo de toldos y coronado de luces, y habia muchas en las escaleras y torres de los castillos, y diez y ocho blandones en el suelo; todos se encendieron de dia, con que no pudo conocerse la noche cuando vino.
Aderezado todo en esta forma, parecia la más extraordinaria y agradable vista que imaginarse puede, porque en ella no se hacian imposibles los castillos encantados, los palacios grandiosos, los espaciosísimos salones, y los tronos más encarecidos y alabados en los imaginarios libros de caballerías, ántes parecia que cuanto en ellos se ha fingido hicieron aquí la naturaleza y el arte tan propiamente, que quedaron cortos los coronistas de aquellas hazañas fabulosas, y que la verdad que aquí se miraba facilitaba la fe de cuanto ellos dicen.
Todo estaba con tan gran arte, proporcion y seguridad, que parecia, al verse, ordenado para eternizarse en aquel lugar en memoria de la heroica y suntuosa fiesta que en él se representó.
Era la comedia de Lope de Vega; la eminencia de los versos, decencia y decoro de ellos lo mostraban, que sólo su ingenio podia darlos propios á tales recitantes.
Tomó el sujeto del libro de su Angélica, y como allí, introdujo tantos reyes y reinas que vinieron á Sevilla á merecer y ocupar el reino que su rey, cuando moria, mandó se diese al hombre ó mujer más hermosa que se hallase, y allí daba el premio á Angélica, en esta comedia á la emperatriz Aurora; y de juntarse los reyes y reinas que introduce en ella á la competencia del premio de la hermosura se enamoran variamente, encontrándose algunos en la eleccion, y otros conformándose en la correspondencia, y cuando se acabó esta junta se dividieron en diferentes partes, acompañando algunos á las reinas en las jornadas y navegaciones á sus reinos, y variándose los acaecimientos vino á ser de mucho enredo, y muy apacible, toda con grandes alusiones á historias, fábulas poéticas y libros de caballerías, aventajando por esto á todas cuantas ha hecho su autor.
El lúnes 3 de Noviembre fué el dedicado para este solemnísimo regocijo, y estando todo dispuesto á las cuatro de la tarde, como se apeaban de los coches, empezaron á entrar en diferentes cuadrillas los personajes que habian de representar, y recogiéndose en el vestuario criados y personas de este ejercicio, llevaban plumas y otros aderezos como recogiéndolos para la farsa, que no faltó esta accion para imitar los cómicos más ejercitados.
El dia fué pardo y apacible, y estando todos en un admirable y quieto silencio (que la novedad de tantas maravillas suspendia mucho), entrando Su Majestad, Dios le guarde, con sonoroso ruido de chirimías y otros instrumentos, se hizo una demostrativa salva desta entrada. Fué por la tienda del Oriente, y habiéndose entretenido con sus hijos hasta que los vistieron, salió á su silla con otra regocijadísima salva.
Representaron los papeles de la comedia:
_Cupido_, el Príncipe nuestro señor.
_Aurora_, la cristianísima reina de Francia.
_El Agradecimiento_, deidad, el serenísimo infante don Cárlos.
_La Correspondencia_, deidad, la serenísima infanta María.
_Liriodoro_, rey de Grecia, la señora doña Isabel de Aragon.
_Leuridemo_, rey de Numidia, la señora doña Catalina de Acuña.
_Rolando_, rey de Hungría, la señora doña Catalina de la Cerda.
_Alizarán_, rey de Catay, la señora doña Mariana de Córdoba.
_Cardiloro_, rey de Tánger y _Rosélida_, la señora doña Ana María de Acuña.
_Lindabella_, reina de Tartaria, la señora doña Juana de Aragon.
_Mitilene_, reina de Argenes, la señora doña Estefanía de Mendoza.
_Tisbe_, reina de Epiro, la señora doña Luisa Osorio.
_Gonforrosto_, emperador salvaje, la señora doña Juana de Noroña.
_Solmarin_ y _Bramarante_, capitanes salvajes y dos jueces de Oriente; doña María Jordan y doña Leonor de Quirós, de la cámara.
_Mandricardo_, vision y _Circea_, maga, doña María Marañon, de la cámara.
_Ninfa Doris_, _Fabio_, jardinero, y un ciudadano, doña Vicenta de Castro.
_Celio_, paje, doña Estefanía Gomiz de la Reguera.
_Figura de Diana_, en un altar, doña Francisca de Páramo, todas de la cámara.
_Cintio_, capitan, Andres de Alcocer.
El traje en que se representaron los papeles de hombres, era de baqueros cortos y basquiñas, aderezos de espadas, dagas, sombreros, tocados á lo africano, algunos cuellos y puños blancos llanos.