Comedias: El remedio en la desdicha; El mejor alcalde, el rey
Chapter 9
D. TELL. ¿Dónde fué mi hermana?
JUANA. Entró Por la novia.
SANCHO. Señor mío.
D. TELL. Sancho.
SANCHO. Fuera desvarío Querer daros gracias yo, Con mi rudo entendimiento, Desta merced.
D. TELL. ¿Dónde está Vuestro suegro?
NUÑO. Donde ya Tendrán sus años aumento Con este inmenso favor.
D. TELL. Dadme los brazos.
NUÑO. Quisiera Que esta casa un mundo fuera, Y vos del mundo señor.
D. TELL. ¿Cómo os llamáis vos, serrana?
PELAYO. Pelayo, señor.
D. TELL. No digo A vos.
PELAYO. ¿No habraba conmigo?
JUANA. A vuestro servicio, Juana.
D. TELL. Buena gracia.
PELAYO. Aun no lo sabe Bien, que con un cucharón, Si la pecilga un garzón, Le suele pegar un cabe[113] Que le aturde los sentidos; Que una vez, porque llegué A la olla, los saque Por dos meses atordidos.
D. TELL. ¿Y vos?
PELAYO. Pelayo, señor.
D. TELL. No hablo con vos.
PELAYO. Yo pensaba, Señor, que conmigo habraba.
D. TELL. ¿Cómo os llamáis?
LEONOR. Yo, Leonor.
PELAYO. ¡Cómo pescuda por ellas,[114] Y por los zagales no! Pelayo, señor, soy yo.
D. TELL. ¿Sois algo de alguna dellas?
PELAYO. Sí, señor, el porquerizo.
D. TELL. Marido, digo, o hermano.
NUÑO. ¡Qué necio estás!
SANCHO. ¡Qué villano!
PELAYO. Así mi madre me hizo.
SANCHO. La novia y madrina vienen.
_Salen_ FELICIANA _y_ ELVIRA.
FELIC. Hermano, hacedles favores, Y dichosos los señores Que tales vasallos tienen.
D. TELL. Por Dios, que tenéis razón. ¡Hermosa moza!
FELIC. Y gallarda.
ELVIRA. La vergüenza me acobarda Como primera ocasión. Nunca vi vuestra grandeza.
NUÑO. Siéntense sus señorías:[115] Las sillas son como mías.
D. TELL. No he visto mayor belleza. ¡Qué divina perfección! Corta ha sido su alabanza. ¡Dichosa aquella esperanza[116] Que espera tal posesión!
FELIC. Dad licencia que se siente Sancho.
D. TELL. Sentaos.
SANCHO. No, señor.
D. TELL. Sentaos.
SANCHO. Yo tanto favor, Y mi señora presente.
FELIC. Junto a la novia os sentad; No hay quien el puesto os empida.
D. TELL. No esperé ver en mi vida Tan peregrina beldad.
PELAYO. Y yo, ¿adónde he de sentarme?
NUÑO. Allá en la caballeriza Tú la fiesta solenniza.
D. TELL. ¡Por Dios que siento abrasarme!-- ¿Cómo la novia se llama?
PELAYO. Pelayo, señor.
NUÑO. ¿No quieres Callar? Habla a las mujeres, Y cuéntaste tú por dama. Elvira es, señor, su nombre.
D. TELL. Por Dios que es hermosa Elvira, Y digna, aunque serlo admira, De novio tan gentilhombre.
NUÑO. Zagalas, regocijad La boda.
D. TELL. ¡Rara hermosura!
NUÑO. En tanto que viene el cura, A vuestra usanza bailad.
JUANA. El cura ha venido ya.
D. TELL. Pues decid que no entre el cura.-- Que tan divina hermosura Robándome el alma está.
SANCHO. ¿Por qué, señor?
D. TELL. Porque quiero, Después que os he conocido, Honraros más.
SANCHO. Yo no pido Más honras, ni las espero, Que casarme con mi Elvira.
D. TELL. Mañana será mejor.
SANCHO. No me dilates, señor, Tanto bien; mis ansias mira, Y que desde aquí a mañana Puede un pequeño accidente Quitarme el bien que presente La posesión tiene llana. Si sabios dicen verdades, Bien dijo aquel que decía Que era el sol el que traía Al mundo las novedades. ¿Qué sé yo lo que traerá Del otro mundo mañana?
D. TELL. ¡Qué condición tan villana! ¡Qué puesto en su gusto está![117] Quiérole honrar y hacer fiesta, Y el muy necio, hermana mía, En tu presencia porfía Con voluntad poco honesta.-- Llévala, Nuño, y descansa Esta noche.
NUÑO. Haré tu gusto.
_Vanse_ TELLO, FELICIANA _y_ CELIO.
Esto no parece justo. ¿De qué don Tello se cansa?
ELVIRA. Yo no quiero responder Por no mostrar liviandad.
NUÑO. No entiendo su voluntad Ni lo que pretende hacer: Es señor. Ya me ha pesado De que haya venido aquí.
_Vase._
SANCHO. Harto más me pesa a mí, Aunque lo he disimulado.
PELAYO. ¿No hay boda esta noche?
JUANA. No.
PELAYO. ¿Por qué?
JUANA. No quiere don Tello.
PELAYO. Pues don Tello, ¿puede hacello?
JUANA. Claro está, pues lo mandó.
_Vase._
PELAYO. Pues antes que entrase el cura Mos ha puesto impedimento.[118]
_Vase._
SANCHO. Oye, Elvira.
ELVIRA. ¡Ay, Sancho! Siento Que tengo poca ventura.
SANCHO. ¿Qué quiere el señor hacer, Que a mañana lo difiere?
ELVIRA. Yo no entiendo lo que quiere, Pero debe de querer.
SANCHO. ¿Es posible que me quita Esta noche? ¡ay, bellos ojos! ¡Tuviesen paz los enojos[119] Que airado me solicita!
ELVIRA. Ya eres, Sancho, mi marido: Ven esta noche a mi puerta.
SANCHO. ¿Tendrásla, mi bien, abierta?
ELVIRA. ¡Pues no!
SANCHO. Mi remedio ha sido; Que si no, yo me matara.
ELVIRA. También me matara yo.
SANCHO. El cura llegó y no entró.
ELVIRA. No quiso que el cura entrara.
SANCHO. Pero si te persuades A abrirme, será mejor; Que no es mal cura el amor Para sanar voluntades.
_Vanse, y salen_ DON TELLO _y criados con mascarillas_.
D. TELL. Muy bien me habéis entendido.
CELIO. Para entenderte, no creo Que es menester, gran señor, Muy sutil entendimiento.
D. TELL. Entrad, pues, que estarán solos La hermosa Elvira y el viejo.
CELIO. Toda la gente se fué Con notable descontento De ver dilatar la boda.
D. TELL. Yo tomé, Celio, el consejo Primero que amor me dió, Que era infamia de mis celos Dejar gozar a un villano La hermosura que deseo. Después que della me canse, Podrá ese rústico necio Casarse; que yo daré Ganado, hacienda y dinero Con que viva, que es arbitrio De muchos, como lo vemos En el mundo. Finalmente, Yo soy poderoso, y quiero, Pues este hombre no es casado, Valerme de lo que puedo. Las máscaras os poned.
CELIO. ¿Llamaremos?
D. TELL. Sí.
_Llaman, y sale_ ELVIRA _al paño_.
CRIADO. Ya abrieron.
ELVIRA. Entra, Sancho de mi vida.
CELIO. ¿Elvira?
ELVIRA. Sí.
CRIADO. ¡Buen encuentro!
_Llévanla._
ELVIRA. ¿No eres tú, Sancho? ¡Ay de mí! ¡Padre! ¡Señor! ¡Nuño! ¡Cielos! ¡Que me roban, que me llevan!
D. TELL. Caminad ya.
_Dentro._
NUÑO. ¿Qué es aquesto?
ELVIRA. ¡Padre!
D. TELL. Tápala esa boca.
NUÑO. ¡Hija, ya te oigo y te veo! Pero mis caducos años Y mi desmayado esfuerzo, ¿Qué podrán contra la fuerza De un poderoso mancebo, Que ya presumo quién es?
_Salen_ SANCHO _y_ PELAYO, _de noche_.
SANCHO. Voces parece que siento En el valle, hacia la casa Del señor.
PELAYO. Habremos quedo:[120] No mos sientan los criados.
SANCHO. Advierte que estando dentro No te has de dormir.
PELAYO. No haré.[121] Que ya me conoce el sueño.
SANCHO. Yo saldré cuando del alba Pida albricias el lucero; Mas no me las pida a mí, Si me ha de quitar mi cielo.
PELAYO. ¿Sabes qué pareceré Mientras estás allá dentro? Mula de doctor, que está Tascando a la puerta el freno.
SANCHO. Llamemos.
PELAYO. Apostaré Que está por el agujero De la llave Elvira atenta.
SANCHO. Llego, y llamo.
_Sale_ NUÑO.
NUÑO. Pierdo el seso.
SANCHO. ¿Quién va?
NUÑO. Un hombre.
SANCHO. ¿Es Nuño?
NUÑO. ¿Es Sancho?
SANCHO. Pues ¡tú en la calle! ¿Qué es esto?
NUÑO. ¿Qué es esto, dices?
SANCHO. Pues bien, ¿Qué ha sucedido?, que temo[122] Algún mal.
NUÑO. Y aun el mayor; Que alguno ya fuera menos.
SANCHO. ¿Cómo?
NUÑO. Un escuadrón de armados Aquestas puertas rompieron, Y se han llevado...
SANCHO. No más, Que aquí dió fin mi deseo.
NUÑO. Reconocer con la luna Los quise, mas no me dieron Lugar a que los mirase, Porque luego se cubrieron Con mascarillas las caras, Y no pude conocerlos.
SANCHO. ¿Para qué, Nuño? ¿Qué importa? Criados son de don Tello, A quien me mandaste hablar: ¡Mal haya, amén, el consejo! En este valle hay diez casas, Y todas diez de pecheros, Que se juntan a esta ermita: No ha de ser ninguno dellos. Claro está que es el señor, Que la ha llevado a su pueblo; Que el no me dejar casar[123] Es el indicio mas cierto. Pues ¡es verdad que hallaré Justicia fuera del cielo, Siendo un hombre poderoso Y el más rico deste reino! ¡Vive Dios que estoy por ir A morir, que no sospecho Que a otra cosa!
NUÑO. Espera, Sancho.
PELAYO. ¡Voto al soto!, que si encuentro Sus cochinos en el prado, Que aunque haya guarda con ellos, Que los he de apedrear.
NUÑO. Hijo, de tu entendimiento Procura valerte ahora.
SANCHO. Padre y señor, ¿cómo puedo? Tú me aconsejaste el daño, Aconséjame el remedio.
NUÑO. Vamos a hablar al señor Mañana; que yo sospecho Que, como fué mocedad, Ya tendrá repentimiento. Yo fío, Sancho, de Elvira, Que no haya fuerza ni ruegos Que la puedan conquistar.
SANCHO. Yo lo conozco y lo creo. ¡Ay, que me muero de amor! ¡Ay, que me abraso de celos! ¿A cuál hombre ha sucedido Tan lastimoso suceso? ¡Que trujese yo a mi casa El fiero león sangriento Que mi cándida cordera Me robara! ¿Estaba ciego? Sí estaba; que no entran bien Poderosos caballeros En las casas de los pobres Que tienen ricos empleos.[124] Paréceme que su rostro Lleno de aljófares veo Por las mejillas de grana, Su honestidad defendiendo; Paréceme que la escucho-- ¡Lastimoso pensamiento!-- Y que el tirano la dice Mal escuchados requiebros; Paréceme que a sus ojos Los descogidos cabellos Haciendo están celosías Para no ver sus deseos. Déjame, Nuño, matar; Que todo el sentido pierdo. ¡Ay, que me muero de amor! ¡Ay, que me abraso de celos!
NUÑO. Tú eres, Sancho, bien nacido: ¿Qué es de tu valor?
SANCHO. Recelo Cosas que, de imaginallas, Loco hasta el alma me vuelvo, Sin poderlas remediar. Enséñame el aposento De Elvira.
PELAYO. Yo, mi señor, La cocina; que me muero De hambre; que no he cenado, Como enojados se fueron.
NUÑO. Entra, y descansa hasta el día; Que no es bárbaro don Tello.
SANCHO. ¡Ay, que me muero de amor Y estoy rabiando de celos!
ACTO SEGUNDO
_Salen_ DON TELLO _y_ ELVIRA.
ELVIRA. ¿De qué sirve atormentarme, Tello, con tanto rigor? ¿Tú no ves que tengo honor, Y que es cansarte y cansarme?
D. TELL. Basta, que das en matarme Con ser tan áspera y dura.
ELVIRA. Volverme, Tello, procura A mi esposo.
D. TELL. No es tu esposo; Ni un villano, aunque dichoso, Digno de tanta hermosura. Mas cuando yo Sancho fuera Y él fuera yo, dime Elvira, ¿Cómo el rigor de tu ira Tratarme tan mal pudiera? Tu crueldad, ¿no considera Que esto es amor?
ELVIRA. No, señor; Que amor que pierde al honor El respeto, es vil deseo, Y siendo apetito feo, No puede llamarse amor. Amor se funda en querer Lo que quiere quien desea; Que amor que casto no sea, Ni es amor ni puede ser.
D. TELL. ¿Cómo no?
ELVIRA. ¿Quiéreslo ver? Anoche, Tello, me viste; Pues tan presto me quisiste, Que apenas consideraste Qué fué lo que deseaste: Que es en lo que amor consiste. Nace amor de un gran deseo; Luego va creciendo amor[125] Por los pasos del favor Al fin de su mismo empleo;[126] Y en ti, según lo que veo, No es amor, sino querer Quitarme a mí todo el ser Que me dió el cielo en la honra. Tú procuras mi deshonra, Y yo me he de defender.
D. TELL. Pues hallo en tu entendimiento, Como en tus brazos, defensa, Oye un argumento.
ELVIRA. Piensa Que no ha de haber argumento Que venza mi firme intento.
D. TELL. ¿Dices que no puede ser Ver, desear y querer?
ELVIRA. Es verdad.
D. TELL. Pues dime, ingrata, ¿Cómo el basilisco mata Con sólo llegar a ver?
ELVIRA. Ese es sólo un animal.
D. TELL. Pues ése fué tu hermosura.
ELVIRA. Mal pruebas lo que procura Tu ingenio.
D. TELL. ¿Yo pruebo mal?
ELVIRA. El basilisco mortal Mata teniendo intención De matar, y es la razón Tan clara, que mal podía Matarte cuando te vía Para ponerte afición. Y no traigamos aquí Más argumentos, señor. Soy mujer y tengo amor: Nada has de alcanzar de mí.
D. TELL. ¿Puédese creer que así Responda una labradora? Pero confiésame ahora Que eres necia en ser discreta, Pues viéndote tan perfeta, Cuanto más, más enamora. Y ¡ojalá fueras mi igual! Mas bien ves que tu bajeza Afrentara mi nobleza, Y que pareciera mal Juntar brocado y sayal. Sabe Dios si amor me esfuerza Que mi buen intento tuerza; Pero ya el mundo trazó Estas leyes, a quien yo He de obedecer por fuerza.
_Sale_ FELICIANA.
FELIC. Perdona, hermano, si soy Más piadosa que quisieras. Espera, ¿de qué te alteras?
D. TELL. ¡Qué necia estás!
FELIC. Necia estoy; Pero soy, Tello, mujer, Y es terrible tu porfía. Deja que pase algún día,[127] Que llegar, ver y vencer No se entiende con amor, Aunque César de amor seas.
D. TELL. ¿Es posible que tú seas Mi hermana?
FELIC. ¡Tanto rigor Con una pobre aldeana!
_Llaman._
ELVIRA. Señora, doleos de mi.
FELIC. Tello, si hoy no dijo sí, Podrá decirlo mañana. Ten paciencia, que es crueldad Que los dos no descanséis. Descansad, y volveréis A la batalla.
D. TELL. ¿Es piedad Quitarme la vida a mí?
_Llaman._
FELIC. Calla, que estás enojado. Elvira no te ha tratado, Tiene vergüenza de ti. Déjala estar unos días Contigo en conversación, Y conmigo, que es razón.
ELVIRA. Puedan las lágrimas mías Moveros, noble señora, A interceder por mi honor.
_Llaman._
FELIC. Sin esto, advierte, señor, Que debe de haber un hora[128] Que están llamando a la puerta Su viejo padre y su esposo, Y que es justo y aun forzoso Que la hallen los dos abierta; Porque, si no entran aquí, Dirán que tienes a Elvira.
D. TELL. Todos me mueven a ira. Elvira, escóndete ahí, Y entren esos dos villanos.
ELVIRA. ¡Gracias a Dios que me dejas Descansar!
D. TELL. ¿De qué te quejas, Si me has atado las manos?
_Escóndese_ [ELVIRA].
FELIC. ¡Hola!
CELIO. _Dentro._ Señora.
FELIC. Llamad Esos pobres labradores.-- Trátalos bien, y no ignores Que importa a tu calidad.
_Salen_ NUÑO _y_ SANCHO.
NUÑO. Besando el suelo de tu noble casa (Que de besar tus pies somos indinos),[129] Venimos a decirte lo que pasa, Si bien con mal formados desatinos. Sancho, señor, que con mi Elvira casa, De quien los dos habíais de ser padrinos, Viene a quejarse del mayor agravio Que referirte puede humano labio.
SANCHO. Magnánimo señor, a quien las frentes[130] Humillan estos montes coronados De nieve, que bajando en puras fuentes, Besan tus pies en estos verdes prados: Por consejo de Nuño y sus parientes, En tu valor divino confiados, Te vine a hablar y te pedí licencia, Y honraste mi humildad con tu presencia. Haber estado en esta casa, creo[131] Que obligue tu valor a la venganza De caso tan atroz, inorme y feo, Que la nobleza de tu nombre alcanza. Si alguna vez amor algún deseo Trujo la posesión a tu esperanza, Y al tiempo de gozarla la perdieras, Considera, señor, lo que sintieras. Yo, sólo labrador en la campaña, Y en el gusto del alma caballero, Y no tan enseñado a la montaña Que alguna vez no juegue el limpio acero, Oyendo nueva tan feroz y estraña, No fuí, ni pude, labrador grosero; Sentí el honor con no haberle tocado, Que quien dijo de sí, ya era casado.[132] Salí a los campos, y a la luz que excede A las estrellas, que miraba en vano, A la luna veloz, que retrocede Las aguas y las crece al Oceano, "Dichosa, dije, tú, que no te puede Quitar el sol ningún poder humano Con subir cada noche donde subes, Aunque vengan con máscaras las nubes." Luego, volviendo a los desiertos prados, Durmiendo con los álamos de Alcides[133] Las yedras vi con lazos apretados, Y con los verdes pámpanos las vides. "¡Ay!, dije, ¿cómo estáis tan descuidados? Y tú, grosero, ¿cómo no divides, Villano labrador, estos amores, Cortando ramas y rompiendo flores?" Todo duerme seguro. Finalmente, Me robaron a mi prenda amada, Y allí me pareció que alguna fuente Lloró también y murmuró turbada. Llevaba yo, ¡cuán lejos de valiente! Con rota vaina una mohosa espada; Llegué al árbol más alto, y a reveses[134] Y tajos igualé sus blancas mieses.[135] No porque el árbol me robase a Elvira, Mas porque fué tan alto y arrogante, Que a los demás como a pequeños mira: Tal es la fuerza de un feroz gigante. Dicen en el lugar (pero es mentira Siendo quien eres tú) que, ciego amante De mi mujer, autor del robo fuiste, Y que en tu misma casa la escondiste. "¡Villanos, dije yo, tened respeto: Don Tello, mi señor, es gloria y honra De la casa de Neira, y en efeto, Es mi padrino y quien mis bodas honra." Con esto, tú piadoso, tú discreto, No sufrirás la tuya y mi deshonra; Antes harás volver, la espada en puño,[136] A Sancho su mujer, su hija a Nuño.
D. TELL. Pésame gravemente, Sancho amigo. De tal atrevimiento, y en mi tierra No quedará el villano sin castigo Que la ha robado y en su casa encierra. Solicita tú y sabe qué enemigo, Con loco amor, con encubierta guerra Nos ofende a los dos con tal malicia; Que si se sabe, yo te haré justicia. Y a los villanos que de mí murmuran Haré azotar por tal atrevimiento. Idos con Dios.
SANCHO. Mis celos se aventuran.
NUÑO. Sancho, tente, por Dios.
SANCHO. Mi muerte intento.
D. TELL. Sabedme por allá los que procuran Mi deshonor.
SANCHO. ¡Estraño pensamiento!
D. TELL. Yo no sé dónde está, porque, a sabello, Os la diera, por vida de don Tello.
_Sale_ ELVIRA, _y pónese en medio_ DON TELLO.
ELVIRA. Sí sabe, esposo, que aquí[137] Me tiene Tello escondida.
SANCHO. ¡Esposa, mi bien, mi vida!
D. TELL. ¿Esto has hecho contra mí?
SANCHO. ¡Ay, cuál estuve por ti!
NUÑO. ¡Ay, hija, cuál me has tenido! El juicio tuve perdido.
D. TELL. ¡Teneos, apartaos, villanos!
SANCHO. Déjame tocar sus manos, Mira que soy su marido.
D. TELL. ¡Celio, Julio! ¡Hola! Criados, Estos villanos matad.
FELIC. Hermano, con más piedad, Mira que no son culpados.
D. TELL. Cuando estuvieran casados,[138] Fuera mucho atrevimiento. ¡Matadlos!
SANCHO. Yo soy contento De morir y no vivir, Aunque es tan fuerte el morir.
ELVIRA. Ni vida ni muerte siento.
SANCHO. Escucha, Elvira, mi bien: Yo me dejaré matar.
ELVIRA. Yo ya me sabré guardar Aunque mil muertes me den.
D. TELL. ¿Es posible que se estén Requebrando? ¿Hay tal rigor? ¡Ah, Celio, Julio!
_Salen_ CELIO _y_ JULIO.
JULIO. Señor.
D. TELL. ¡Matadlos a palos!
CELIO. ¡Mueran!
_Echanlos a palos._
D. TELL. En vano remedio esperan Tus quejas de mi furor. Ya pensamiento tenía De volverte, y tan airado Estoy en ver que has hablado Con tan notable osadía, Que por fuerza has de ser mía, O no he de ser yo quien fuí.
FELIC. Hermano, que estoy aquí.
D. TELL. He de forzalla o matalla.
FELIC. ¿Cómo es posible libralla De un hombre fuera de sí?
_Vanse._
_Salen_ CELIO _y_ JULIO _tras_ SANCHO _y_ NUÑO.
JULIO. Ansí pagan los villanos Tan grandes atrevimientos.
CELIO. ¡Salgan fuera de palacio!
LOS DOS. ¡Salgan!
_Vanse._
SANCHO. Matadme, escuderos. ¡No tuviera yo una espada!
NUÑO. Hijo, mira que sospecho, Que este hombre te ha de matar, Atrevido y descompuesto.
SANCHO. Pues ¿será bueno vivir?
NUÑO. Mucho se alcanza viviendo.
SANCHO. Vive Dios, de no quitarme[139] De los umbrales que veo, Aunque me maten; que vida Sin Elvira no la quiero.
NUÑO. Vive, y pedirás justicia; Que rey tienen estos reinos, O en grado de apelación La podrás pedir al cielo.
_Sale_ PELAYO.
PELAYO. Aquí están.
SANCHO. ¿Quién es?
PELAYO. Pelayo, Todo lleno de contento, Que os viene a pedir albricias.
SANCHO. ¿Cómo albricias a este tiempo?
PELAYO. Albricias, digo.
SANCHO. ¿De qué, Pelayo, cuando estoy muerto, Y Nuño espirando?
PELAYO. ¡Albricias!
NUÑO. ¿No conoces a este necio?
PELAYO. Elvira pareció ya.
SANCHO. ¡Ay, padre! ¿Si la habrán vuelto? ¿Qué dices, Pelayo mío?
PELAYO. Señor, dice todo el puebro Que desde anoche a las doce Está en casa de don Tello.
SANCHO. ¡Maldito seas! Amén.
PELAYO. Y que tienen por muy cierto Que no la quiere volver.
NUÑO. Hijo, vamos al remedio: El rey de Castilla, Alfonso, Por sus valerosos hechos, Reside agora en León; Pues es recto y justiciero,[140] Parte allá y informarásle Deste agravio; que sospecho Que nos ha de hacer justicia.
SANCHO. ¡Ay, Nuño! Tengo por cierto Que el rey de Castilla, Alfonso, Es un príncipe perfeto; Mas ¿por dónde quieres que éntre Un labrador tan grosero? ¿Qué corredor de palacio Osará mi atrevimiento Pisar? ¿Qué portero, Nuño, Permitirá que éntre dentro? Allí, a la tela, al brocado, Al grave acompañamiento Abren las puertas, si tienen Razón, que yo lo confieso; Pero a la probreza, Nuño, Sólo dejan los porteros Que miren las puertas y armas, Y esto ha de ser desde lejos. Iré a León y entraré En Palacio, y verás luego Cómo imprimen en mis hombros De las cuchillas los cuentos. Pues andar con memoriales Que tome el Rey ¡santo y bueno! Haz cuenta que de sus manos En el olvido cayeron. Volveréme habiendo visto Las damas y caballeros, La iglesia, el palacio, el parque, Los edificios, y pienso Que traeré de allá mal gusto Para vivir entre tejos, Robles y encinas, adonde Canta el ave y ladra el perro. No, Nuño, no aciertas bien.
NUÑO. Sancho, yo sé bien si acierto. Vé a hablar al rey Alfonso; Que si aquí te quedas, pienso Que te han de quitar la vida.
SANCHO. Pues eso, Nuño, deseo.
NUÑO. Yo tengo un rocín castaño, Que apostará con el viento Sus crines contra sus alas, Sus clavos contra su freno; Parte en él y irá Pelayo En aquel pequeño overo Que suele llevar al campo.
SANCHO. Por tu gusto te obedezco. Pelayo, ¿irás tú conmigo A la corte?
PELAYO. Y tan contento De ver lo que nunca he visto, Sancho, que los pies te beso. Dícenme acá de la corte Que con huevos y torreznos Empiedran todas las calles Y tratan los forasteros Como si fueran de Italia, De Flandes o de Marruecos.[141] Dicen que es una talega Donde junta los trebejos[142] Para jugar la fortuna, Tantos blancos como negros. Vamos, por Dios, a la corte.[143]
SANCHO. Padre, adiós; partirme quiero. Echame tu bendición.
NUÑO. Hijo, pues eres discreto, Habla con ánimo al Rey.
SANCHO. Tú sabrás mi atrevimiento. Partamos.
NUÑO. ¡Adiós, mi Sancho!
SANCHO. ¡Adiós, Elvira!
PELAYO. ¡Adiós, puercos!
_Vanse y salen_ TELLO _y_ FELICIANA.
D. TELL. ¡Que no pueda conquistar Desta mujer la belleza!
FELIC. Tello, no hay que porfiar, Porque es tanta su tristeza Que no deja de llorar. Si en esa torre la tienes, ¿Es posible que no vienes A considerar mejor Que, aunque te tuviera amor, Te había de dar desdenes? Si la tratas con crueldad, ¿Cómo ha de quererte bien? Advierte que es necedad Tratar con rigor a quien Se llega a pedir piedad.
D. TELL. ¡Que sea tan desgraciado Que me vea despreciado, Siendo aquí el más poderoso, El más rico y dadivoso!
FELIC. No te dé tanto cuidado, Ni estés por una villana Tan perdido.
D. TELL. ¡Ay, Feliciana, Que no sabes qué es amor, Ni has probado su rigor!
FELIC. Ten paciencia hasta mañana, Que yo la tengo de hablar, A ver si puedo ablandar Esta mujer.
D. TELL. Considera Que no es mujer, sino fiera, Pues me hace tanto penar. Prométela plata y oro, Joyas y cuanto quisieres; Di que la daré un tesoro; Que a dádivas las mujeres Suelen guardar más decoro; Di que la regalaré, Y dile que la daré Un vestido tan galán, Que gaste el oro a Milán Desde su cabello al pie; Que si remedia mi mal La daré hacienda y ganado, Y que si fuera mi igual Que ya me hubiera casado.[144]
FELIC. ¿Posible es que diga tal?
D. TELL. Sí, hermana, que estoy de suerte, Que me tengo de dar muerte O la tengo de gozar, Y de una vez acabar Con dolor tan grave y fuerte.
FELIC. Voy a hablarla, aunque es en vano.
D. TELL. ¿Por qué?
FELIC. Porque una mujer Que es honrada, es caso llano Que no la podrá vencer Ningún interés humano.
D. TELL. Ve presto, y da a mi esperanza Algún alivio. Si alcanza Mi fe lo que ha pretendido, El amor que le he tenido Se ha de trocar en venganza.
_Vanse._
_Sale el_ REY _y el_ CONDE _y_ DON ENRIQUE _y acompañamiento_.
REY. Mientras que se apercibe Mi partida a Toledo y me responde El de Aragón, que vive[145] Ahora en Zaragoza, sabed, Conde,[146] Si están ya despachados Todos los pretendientes y soldados; Y mirad si hay alguno También que quiera hablarme.
CONDE. No ha quedado. Por despachar ninguno.
D. ENR. Un labrador gallego he visto echado A esta puerta, y bien triste.
REY. Pues ¿quién a ningún pobre la resiste? Id, Enrique de Lara, Y traedle vos mismo a mi presencia.
_Vase_ ENRIQUE.
CONDE. ¡Virtud heroica y rara! Compasiva piedad, suma clemencia! ¡Oh ejemplo de los reyes, Divina observación de santas leyes!
_Salen_ ENRIQUE, SANCHO _y_ PELAYO.
D. ENR. Dejad las azagayas.
SANCHO. A la pared, Pelayo, las arrima.
PELAYO. Con pie derecho vayas.
SANCHO. ¿Cuál es el Rey, señor?
D. ENR. Aquel que arrima, La mano agora al pecho.
SANCHO. Bien puede, de sus obras satisfecho. Pelayo, no te asombres.