Comedias: El remedio en la desdicha; El mejor alcalde, el rey
Chapter 8
BAJAM. El miedo tuyo Por ventura le esconde de tus ojos.
CELIND. No es miedo, Bajamed, que ha sido fuerza Ir a Alora los dos, porque era preso De su alcaide Narváez, y al tercer día Juró volver si libertad le diese; Y ella, como mujer, con él ha ido, Ansí por no esperar tu justo enojo Como por no dejar a su marido.
ZORAID. Ensíllame un caballo, ponle a punto; Dame una lanza y una adarga fuerte; Podrá ser que le alcance en el camino.
CELIND. Bien puede ser.
ZORAID. ¡Ah fiero bencerraje, Deshonra de mi honor y mi linaje.
[_Vanse._]
_Salen_ NUÑO, ARRÁEZ, ALARA _y_ NARVÁEZ.
NARV. Ya que en Alora estáis, mi dulce Alara, Pruebe vuestro cruel fiero marido El gusto de escuchar estos requiebros Pues no quiso sufrir celos injustos.
ALARA. Ya no es aquese nombre el propio suyo, Que yo, señor, me he de volver cristiana.
ARR. Ni yo quiero tener el que he tenido; Que quien tiene mujer que le da celos, Mejor dirá que tiene sobre el pecho Un águila que come sus entrañas, Un monte grave y una eterna pena.
NARV. Si vos cristiana habéis de ser, señora, Daréle libertad, y a Coín se vuelva. Y vos podréis quedaros en Alora, Donde no os faltará lo que perdistes.
ARR. Pues eso quiero; y si sufrir no pude Mujer hermosa, viviré sin ella, Y haré cuenta que es muerta; que bien puedo, Pues si es cristiana, no es la que solía.
NARV. Primero que a Coín vuelvas, Arráez, Le has de dar la mitad de tu hacienda Para que viva aquí; si no, no creas Que deste cautiverio libre escapes.
ARR. Y es poco lo que pides; yo me ofrezco De darla con que viva, y es partido A trueco de escapar de sus rigores.
NARV. Pues alto: en esto queden concertados.
_Sale_ PÁEZ.
PÁEZ. Dame, señor, albricias.
NARV. Buenas sean.
PÁEZ. Su palabra ha cumplido Abindarráez.
NARV. No menos esperé de su nobleza, Que al fin acude a lo que debe en todo.
PÁEZ. Y trae su persona acompañada De una bella morisca rebozada.
_Salen_ ABINDARRÁEZ _y_ JARIFA, _de camino_.
ABIND. Danos, ilustre Narváez, Los pies a mí y a mi esposa.
NARV. Bien vengáis, Jarifa hermosa, Y vos, noble Abindarráez.
ABIND. Bien merezco lauro y palma De la merced que recibo, Pues siendo el cuerpo el cautivo, Te vengo a traer el alma.
JARIFA. Yo, famoso don Rodrigo, Como a quien de tu valor Cupo la parte mayor, Tu nombre alabo y bendigo; Y así, vengo a ser tu esclava.
NARV. Mi señora seréis vos. Cuán justamente a los dos El cielo a amar inclinaba, Que sois en estremo iguales. Y estad vos, Jarifa hermosa, De Abindarráez quejosa, Que dice de vos mil males. Que aunque mucho me decía, Hallo agora más en vos, Y es grande engaño, por Dios.
JARIFA. ¡Qué estremada cortesía! Antes, si él os engañó Con deciros bien de mí, Vengo a estar corrida aquí.
NARV. El que lo ha de ser soy yo; Que si tal huésped creyera Que mi pobre casa honrara, De otra suerte la ensanchara Para que mejor cupiera. Pero si en la voluntad, Como en la casa, se vive, Esta el alma os apercibe Y os da a vos su libertad. Ya sois, señor bencerraje, De Jarifa: andad con Dios.
ABIND. Ella y yo somos de vos Con justo pleito homenaje.
JARIFA. Señor, no me desechéis, Que quiero yo ser muy vuestra.
NARV. Sujeta el alma se os muestra Para que vos la mandéis. Y perdonad si no había Preguntado cómo estáis.
JARIFA. Con la salud que me dais, Dando vida a la que es mía.
NARV. ¿Cómo va de las heridas?
ABIND. Un poco las tengo hinchadas.
NARV. Aquí os serán bien curadas De quien os diera mil vidas.
_Sale_ ZORAIDE _y su gente_.
ZORAID. Digo que tengo de entrar.
NARV. ¿Qué alboroto es ése?
ZORAID. ¡Afuera! Si en tu casa no estuviera...
NARV. Vuelve la espada a envainar, Y di quién eres.
ZORAID. Yo soy El Alcaide de Coín.
NARV. Ya sé tu enojo, y en fin, De por medio agora estoy. Deja, famoso Zoraide, Las armas, que esto ya es hecho.
ZORAID. Por ti las dejo, a despecho De mi honor, famoso Alcaide. No pudieran venir ellos A otro sagrado mayor.
NARV. Si éstos son yerros de amor, Ya viene el perdón con ellos. Noble es el abencerraje, Por tu hijo le has tenido; Que le perdones te pido, Pues es de honrado linaje.
ZORAID. ¿Cómo te puedo negar Cosa que tan justa es?
NARV. Besa, Abindarráez, sus pies.
ABIND. Temblando habré de llegar. Llegad, Jarifa, también.
ZORAID. Por mis hijos los recibo. Mas quedaos con el cautivo.
NARV. Es de Jarifa.
ZORAID. ¿De quién?
NARV. A Jarifa se le di.
JARIFA. Yo, señor, le doy a vos.
NARV. Pues yo os entrego a los dos.
ZORAID. Yo a vos tres, dándome a mí; Y os daré seis mil ducados Por los tres.
NARV. Esos le doy A Jarifa.
JARIFA. Vuestra soy.
NARV. Queden al dote obligados.
JARIFA. Dos arcas de ropa blanca De mi mano os enviaré.
NARV. Esas solas tomaré, Por ser de mano tan franca.
ZORAID. Su yerro juzgo por dicha.
NARV. Y yo haberos obligado. Aquí acaba, gran senado, _El remedio en la desdicha_.
FIN
EL MEJOR ALCALDE, EL REY
El texto que damos es reproducción del que aparece en la "_Veinte y una parte verdadera de las comedias del fénix de España Frei Lope Félix de Vega Carpio, del Abito de San Iuan, Familiar del Santo Oficio de la Inquisición, Procurador Fiscal de la Cámara Apostolica, sacadas de sus originales... Año 1635. Con privilegio. En Madrid, Por la Viuda de Alonso Martin. A costa de Diego Logroño, mercader de libros_," corregido alguna rara vez y completado por la impresión suelta siguiente: "_Núm. 16.--Comedia famosa--El mejor alcalde--el rey--de Lope de Vega Carpio... Fin.--Hallaráse esta comedia y otras de diferentes títulos en Madrid en la librería de Antonio Sanz, en la Plazuela de la Calle de la Paz. Año de 1741._"
FAMOSA COMEDIA
EL MEJOR ALCALDE, EL REY
DE FREY LOPE DE VEGA CARPIO
PERSONAS QUE HABLAN EN ELLA
SANCHO. DON TELLO. CELIO. JULIO. NUÑO. ELVIRA. FELICIANA. JUANA. LEONOR. EL REY DE LEÓN. EL CNDE DON PEDRO. ENRIQUE. BRITO. FILENO. PELAYO.
ACTO PRIMERO
_Sale_ SANCHO.
SANCHO. Nobles campos de Galicia, Que a sombras destas montañas, Que el Sil entre verdes cañas[88] Llevar la falda codicia, Dais sustento a la milicia De flores de mil colores; Aves que cantáis amores, Fieras que andáis sin gobierno, ¿Habéis visto amor más tierno En aves, fieras y flores? Mas como no podéis ver Otra cosa, en cuanto mira El sol, más bella que Elvira, Ni otra cosa puede haber; Porque, habiendo de nacer De su hermosura, en rigor, Mi amor, que de su favor Tan alta gloria procura, No habiendo más hermosura, No puede haber más amor. ¡Ojalá, dulce señora, Que tu hermosura pudiera Crecer, porque en mí creciera El amor que tengo agora! Pero, hermosa labradora, Si en ti no puede crecer La hermosura, ni el querer En mí, cuanto eres hermosa Te quiero, porque no hay cosa Que más pueda encarecer. Ayer, las blancas arenas Deste arroyuelo volviste Perlas, cuando en él pusiste Tus pies, tus dos azucenas; Y porque verlos apenas Pude, porque nunca pára,[89] Le dije al sol de tu cara, Con que tanta luz le das, Que mirase el agua más[90] Porque se viese más clara. Lavaste, Elvira, unos paños, Que nunca blancos volvías, Que las manos que ponías Causaban estos engaños; Yo, detrás destos castaños, Te miraba con temor, Y vi que amor, por favor, Te daba a lavar su venda: El cielo el mundo defienda,[91] Que anda sin venda el amor. ¡Ay, Dios! ¡Cuándo será el día, Que me tengo de morir, Que te pueda yo decir: ¡Elvira, toda eres mía! ¡Qué regalos te diría! Porque yo no soy tan necio Que no te tuviese en precio, Siempre con más afición; Que en tan rica posesión No puede caber desprecio.
_Sale_ ELVIRA.
ELVIRA. Por aquí Sancho bajaba O me ha burlado el deseo; A la fe que allí le veo, Que el alma me le mostraba. El arroyuelo miraba Adonde ayer me miró: ¿Si piensa que allí quedó Alguna sombra de mí? Que me enojé cuando vi Que entre las aguas me vió.-- ¿Qué buscas por los cristales Destos libres arroyuelos, Sancho, que guarden los cielos, Cada vez que al campo sales? ¿Has hallado unos corales Que en esta margen perdí?
SANCHO. Hallarme quisiera a mí, Que me perdí desde ayer; Pero ya me vengo a ver, Pues me vengo a hallar en ti.
ELVIRA. Pienso que ayudarme vienes[92] A ver si los puedo hallar.
SANCHO. ¡Bueno es venir a buscar Lo que en las mejillas tienes! ¿Son achaques o desdenes?[93] ¡Albricias, ya los hallé!
ELVIRA. ¿Dónde?
SANCHO. En tu boca, a la he,[94] Y con estremos de plata.
ELVIRA. Desvíate.
SANCHO. ¡Siempre ingrata A la lealtad de mi fe!
ELVIRA. Sancho, estás muy atrevido. Dime tú: ¿qué más hicieras Si por ventura estuvieras En vísperas de marido?
SANCHO. Eso, ¿cúya culpa ha sido?
ELVIRA. Tuya, a la fe.
SANCHO. ¿Mía? No. Ya te lo dije, y te habló El alma, y no respondiste.
ELVIRA. ¿Qué más respuesta quisiste Que no responderte yo?
SANCHO. Los dos culpados estamos.
ELVIRA. Sancho, pues tan cuerdo eres, Advierte que las mujeres Hablamos cuando callamos, Concedemos si negamos: Por esto, y por lo que ves, Nunca crédito nos des, Ni crueles ni amorosas; Porque todas nuestras cosas Se han de entender al revés.
SANCHO. Según eso, das licencia Que a Nuño te pida aquí. ¿Callas? Luego dices sí. Basta: ya entiendo la ciencia.
ELVIRA. Sí; pero ten advertencia Que no digas que yo quiero.
SANCHO. Él viene.
ELVIRA. El suceso espero Detrás de aquel olmo.
SANCHO. ¡Ay, Dios, Si nos juntase a los dos, Porque si no, yo me muero!
_Escóndese_ ELVIRA _y salen_ NUÑO _y_ PELAYO.
NUÑO. Tú sirves de tal manera, Que será mejor buscar, Pelayo, quien sepa andar Más despierto en la ribera. ¿Tienes algún descontento En mi casa?
PELAYO. Dios lo sabe.
NUÑO. Pues hoy tu servicio acabe, Que el servir no es casamiento.
PELAYO. Antes lo debe de ser.
NUÑO. Los puercos traes perdidos.
PELAYO. Donde lo están los sentidos, ¿Qué otra cosa puede haber? Escúchame: yo quijera[95] Emparentarme...
NUÑO. Prosigue De suerte que no me obligue Tu ignorancia...
PELAYO. Un poco espera, Que no es fácil de decir.
NUÑO. De esa manera, de hacer Será difícil.
PELAYO. Ayer Me dijo Elvira al salir: "A fe, Pelayo, que están Gordos los puercos."
NUÑO. Pues bien; ¿Qué la respondistes?
PELAYO. Amen, Como dice el sacristán.
NUÑO. Pues; ¿qué se saca de ahí?
PELAYO. ¿No lo entiende?
NUÑO. ¿Cómo puedo?
PELAYO. Estó por perder el miedo.
SANCHO. ¡Oh, si se fuese de aquí![96]
PELAYO. ¿No ve que es resquiebro, y muestra Querer casarse conmigo?
NUÑO. ¡Vive Dios!...
PELAYO. No te lo digo, Ya que fué ventura nuestra, Para que tomes collera.[97]
NUÑO. Sancho, ¿tú estabas aquí?
SANCHO. Y quisiera hablarte.
NUÑO. Di. Pelayo, un instante espera.
SANCHO. Nuño, mis padres fueron como sabes, Y supuesto que pobres labradores,[98] De honrado estilo y de costumbres graves.
PELAYO. Sancho, vos que sabéis cosas de amores, Decir una mujer hermosa y rica A un hombre que es galán como unas frores: "Gordos están los puercos", ¿no inifica Que se quiere casar con aquel hombre?
SANCHO. ¡Bien el requiebro al casamiento aplica!
NUÑO. ¡Bestia, vete de aquí!
SANCHO. Pues ya su nombre Supiste y su nobleza, no presumo Que tan honesto amor la tuya asombre, Por Elvira me abraso y me consumo.
PELAYO. Hay hombre que el ganado trai tan fraco, Que parece tasajo puesto al humo; Yo, cuando al campo los cochinos saco...
NUÑO. ¿Aquí te estás, villano? ¡Vive el cielo!...
PELAYO. ¿Habro de Elvira yo, son del varraco?[99]
SANCHO. Sabido, pues, señor, mi justo celo...
PELAYO. Sabido, pues, señor, que me resquiebra...
NUÑO. ¿Tiene mayor salvaje el indio suelo?
SANCHO. El matrimonio de los dos celebra.
PELAYO. Cochino traigo yo por esa orilla...
NUÑO. Ya la cabeza el bárbaro me quiebra.
PELAYO. Que puede ser maeso de capilla, Si bien tiene la voz desentonada, Y más cuando entra y sale de la villa.
NUÑO. ¿Quiérelo Elvira?
SANCHO. De mi amor pagada, Me dió licencia para hablarte ahora.
NUÑO. Ella será dichosamente honrada, Pues sabe las virtudes que atesora, Sancho, tu gran valor, y que pudiera Llegar a merecer cualquier señora.
PELAYO. Con cuatro o seis cochinos que toviera, Que éstos parieran otros, en seis años Pudiera yo labrar una cochera.
NUÑO. Tú sirves a don Tello en sus rebaños; Es señor desta tierra, y poderoso En Galicia y en reinos más estraños: Decirle tu intención será forzoso, Así porque eres, Sancho, su criado, Como por ser tan rico y dadivoso. Daráte alguna parte del ganado; Porque es tan poco el dote de mi Elvira, Que has menester estar enamorado. Esa casilla mal labrada mira En medio de esos campos, cuyos techos El humo tiñe porque no respira.[100] Están lejos de aquí cuatro barbechos, Diez o doce castaños: todo es nada Si el señor desta tierra no te ayuda Con un vestido o con alguna espada.
SANCHO. Pésame que mi amor pongas en duda.
PELAYO. ¡Voto al sol!, que se casa con Elvira. Aquí la dejo yo; mi amor se muda.
SANCHO. ¿Qué mayor interés que al que suspira Por su belleza, darle su belleza, Milagro celestial que al mundo admira? No es tanta de mi ingenio la rudeza,[101] Que más que la virtud me mueva el dote.
NUÑO. Hablar con tus señores no es bajeza, Ni el pedirles que te honren te alborote; Que él y su hermana pueden fácilmente, Sin que esto, Sancho, a más que amor se note.
SANCHO. Yo voy de mala gana; finalmente, Iré, pues tú lo mandas.[2]
NUÑO. Pues el cielo, Sancho, tu vida y sucesión aumente. Ven, Pelayo, conmigo.[2]
PELAYO. Pues ¿tan presto Le diste a Elvira, estando yo delante?
NUÑO. ¿No es Sancho mozo noble y bien nacido?[102]
PELAYO. No le tiene el aldea semejante Si va a decir verdad; pero, en efeto, Fuera en tu casa yo más importante, Porque te diera cada mes un nieto.
_Vanse_ NUÑO _y_ PELAYO.
SANCHO. Sal, hermosa prenda mía; Sal, Elvira de mis ojos.
_Sale_ ELVIRA.
ELVIRA. ¡Ay, Dios! ¡Con cuántos enojos Teme amor y desconfía! Que la esperanza prendada, Presa de un cabello está.
SANCHO. Tu padre dice que ya Tiene la palabra dada A un criado de don Tello: ¡Mira qué estrañas mudanzas!
ELVIRA. No en balde mis esperanzas Colgaba amor de un cabello. ¿Que mi padre me ha casado, Sancho, con hombre escudero? Hoy pierdo la vida, hoy muero. Vivid, mi dulce cuidado; Que yo me daré la muerte.
SANCHO. Paso, que me burlo, Elvira. El alma en los ojos mira; Dellos la verdad advierte; Que, sin admitir espacio, Dijo mil veces que sí.
ELVIRA. Sancho, no lloro por ti, Sino por ir a palacio; Que el criarme en la llaneza[103] Desta humilde casería, Era cosa que podía Causarme mayor tristeza. Y que es causa justa advierte.
SANCHO. ¡Qué necio amor me ha engañado! Vivid, mi necio cuidado; Que yo me daré la muerte. Engaños fueron de Elvira, En cuya nieve me abraso.
ELVIRA. Sancho, que me burlo, paso. El alma en los ojos mira; Que amor y sus esperanzas Me han dado aquesta lición: Su propia difinición Es que amor todo es venganzas.
SANCHO. Luego ¿ya soy tu marido?
ELVIRA. ¿No dices que está tratado?
SANCHO. Tu padre, Elvira, me ha dado Consejo, aunque no le pido: Que a don Tello, mi señor Y señor de aquesta tierra, Poderoso en paz y en guerra, Quiere que pida favor; Y aunque yo contigo, Elvira, Tengo toda la riqueza Del mundo (que en tu belleza El sol las dos Indias mira), Dice Nuño que es razón Por ser mi dueño; en efeto, Es viejo y hombre discreto, Y que merece opinión Por ser tu padre también. Mis ojos, a hablarle voy.
ELVIRA. Y yo esperándote estoy.
SANCHO. Plega al cielo que me den El y su hermana mil cosas!
ELVIRA. Basta darle cuenta desto.
SANCHO. La vida y el alma he puesto En esas manos hermosas. Dame siquiera la una.
ELVIRA. Tuya ha de ser: vesla aquí.
SANCHO. ¿Qué puede hacer contra mí, Si la tengo, la fortuna? Tú verás mi sentimiento Después de tanto favor; Que me ha enseñado el amor A tener entendimiento.
_Vanse, y sale_ DON TELLO, _de caza; y_ CELIO _y_ JULIO, _criados_.
D. TELL. Tomad el venablo allá.
CELIO. ¡Qué bien te has entretenido!
JULIO. Famosa la caza ha sido.
D. TELL. Tan alegre el campo está, Que sólo ver sus colores Es fiesta.
CELIO. ¡Con qué desvelos Procuran los arroyuelos Besar los pies a las flores!
D. TELL. Da de comer a esos perros, Celio, así te ayude Dios.
CELIO. Bien escalaron los dos Las puntas de aquellos cerros.
JULIO. Son famosos.
CELIO. Florisel Es deste campo la flor.
D. TELL. No lo hace mal Canamor.[104]
JULIO. Es un famoso lebrel.
CELIO. Ya mi señora y tu hermana Te han sentido.[105]
_Sale_ FELICIANA.
D. TELL. ¡Qué cuidados De amor, y qué bien pagados De mis ojos, Feliciana! ¡Tantos desvelos por vos!
FELIC. Yo lo estoy de tal manera,[106] Mi señor, cuando estáis fuera, Por vos, como sabe Dios. No hay cosa que no me enoje; El sueño, el descanso dejo: No hay liebre, no hay vil conejo Que fiera no se me antoje.
D. TELL. En los montes de Galicia, Hermana, no suele haber Fieras, puesto que el tener[107] Poca edad, fieras codicia. Salir suele un jabalí De entre esos montes espesos, Cuyos dichosos sucesos Tal vez celebrarles vi. Fieras son, que junto al anca Del caballo más valiente, Al sabueso con el diente Suelen abrir la carlanca. Y tan mal la furia aplacan, Que, para decirlo en suma, Truecan la caliente espuma En la sangre que le sacan. También el oso que en pie Acomete al cazador Con tan estraño furor, Que muchas veces se ve Dar con el hombre en el suelo. Pero la caza ordinaria Es humilde cuanto varia, Para no tentar al cielo; Es digna de caballeros Y príncipes, porque encierra Los preceptos de la guerra Y ejercita los aceros Y la persona habilita.
FELIC. Como yo os viera casado, No me diera ese cuidado, Que tantos sueños me quita.
D. TELL. El ser aquí poderoso No me da tan cerca igual.
FELIC. No os estaba aquí tan mal De algún señor generoso La hija.
D. TELL. Pienso que quieres Reprehender no haber pensado En casarte, que es cuidado Que nace con las mujeres.
FELIC. Engáñaste, por tu vida; Que sólo tu bien deseo.
_Salen_ SANCHO _y_ PELAYO.
PELAYO. Entra, que solos los veo; No hay persona que lo empida.
SANCHO. Bien dices: de casa son Los que con ellos están.
PELAYO. Tú verás lo que te dan.
SANCHO. Yo cumplo mi obligación.-- Noble, ilustrísimo Tello, Y tú, hermosa Feliciana, Señores de aquesta tierra, Que os ama por tantas causas, Dad vuestros pies generosos A Sancho, Sancho el que guarda Vuestros ganados y huerta, Oficio humilde en tal casa. Pero en Galicia, señores, Es la gente tan hidalga, Que sólo en servir al rico El que es pobre no le iguala. Pobre soy, y en este oficio Que os he dicho, cosa es clara Que no me conoceréis, Porque los criados pasan De ciento y treinta personas, Que vuestra ración aguardan Y vuestro salario esperan; Pero tal vez en la caza Presumo que me habréis visto.
D. TELL. Sí he visto, y siempre me agrada[108] Vuestra persona, y os quiero Bien.
SANCHO. Aquí, por merced tanta, Os beso los pies mil veces.
D. TELL. ¿Qué quieres?
SANCHO. Gran señor, pasan Los años con tanta furia, Que parece que con cartas Van por la posta a la muerte, Y que una breve posada Tiene la vida a la noche, Y la muerte a la mañana. Vivo solo; fué mi padre Hombre de bien, que pasaba Sin servir; acaba en mí La sucesión de mi casa. He tratado de casarme Con una doncella honrada, Hija de Nuño de Aibar, Hombre que sus campos labra, Pero que aun tiene paveses En las ya borradas armas De su portal, y con ellas, De aquel tiempo, algunas lanzas. Esto y la virtud de Elvira (Que así la novia se llama) Me han obligado: ella quiere, Su padre también se agrada; Mas no sin licencia vuestra, Que me dijo esta mañana Que el señor ha de saber Cuanto se hace y cuanto pasa Desde el vasallo más vil A la persona más alta Que de su salario vive, Y que los reyes se engañan Si no reparan en esto, Que pocas veces reparan. Yo, señor, tomé el consejo, Y vengo, como él lo manda, A deciros que me caso.
D. TELL. Nuño es discreto, y no basta Razón a tan buen consejo. Celio...
CELIO. Señor...
D. TELL. Veinte vacas Y cien ovejas darás A Sancho, a quien yo y mi hermana Habemos de honrar la boda.
SANCHO. ¡Tanta merced!
PELAYO. ¡Merced tanta!
SANCHO. ¡Tan grande bien!
PELAYO. ¡Bien tan grande!
SANCHO. ¡Rara virtud!
PELAYO. ¡Virtud rara!
SANCHO. ¡Alto valor!
PELAYO. ¡Valor alto!
SANCHO. ¡Santa piedad!
PELAYO. ¡Piedad santa!
D. TELL. ¿Quién es este labrador Que os responde y acompaña?
PELAYO. Soy el que dice al revés Todas las cosas que habra.
SANCHO. Señor, de Nuño es criado.
PELAYO. Señor, en una palabra, El pródigo soy de Nuño.
D. TELL. ¿Quién?
PELAYO. El que sus puercos guarda. Vengo también a pediros Mercedes.
D. TELL. ¿Con quién te casas?
PELAYO. Señor, no me caso ahora; Mas, por si el diabro me engaña, Os vengo a pedir carneros, Para si después me faltan; Que un astrólogo me dijo Una vez en Masalanca Que tenía peligro en toros, Y en agua tanta desgracia, Que desde entonces no quiero Casarme ni beber agua, Por escusar el peligro.
FELIC. Buen labrador.
D. TELL. Humor gasta.
FELIC. Id, Sancho, en buen hora. Y tú Haz que a su cortijo vayan Las vacas y las ovejas.
SANCHO. Mi corta lengua no alaba Tu grandeza.
D. TELL. ¿Cuándo quieres Desposarte?
SANCHO. Amor me manda Que sea esta misma noche.
D. TELL. Pues ya los rayos desmaya El sol, y entre nubes de oro Veloz al poniente baja, Vete a prevenir la boda, Que allá iremos yo y mi hermana. ¡Hola! pongan la carroza.
SANCHO. Obligada llevo el alma Y la lengua, gran señor, Para tu eterna alabanza.
[_Vase._]
FELIC. En fin, vos, ¿no os casaréis?
PELAYO. Yo, señora, me casaba Con la novia deste mozo, Que es una lumpia zagala, Si la hay en toda Galicia; Supo que puercos guardaba, Y desechóme por puerco.
FELIC. Id con Dios, que no se engaña.
PELAYO. Todos guardamos, señora, Lo que...
FELIC. ¿Qué?
PELAYO. Lo que nos mandan Nuestros padres que guardemos.
[_Vase._]
FELIC. El mentecato me agrada.
CELIO. Ya que es ido el labrador, Que no es necio en lo que habla. Prometo a Vueseñoría[109] Que es la moza más gallarda Que hay en toda Galicia Y que por su talle y cara, Discreción y honestidad Y otras infinitas gracias, Pudiera honrar el hidalgo Más noble de toda España.
FELIC. ¿Que es tan hermosa?
CELIO. Es un ángel.
D. TELL. Bien se ve, Celio, que hablas Con pasión.
CELIO. Alguna tuve. Mas cierto que no me engaña.
D. TELL. Hay algunas labradoras Que, sin afeites ni galas, Suelen llevarse los ojos, Y a vuelta dellos el alma; Pero son tan desdeñosas, Que sus melindres me cansan.
FELIC. Antes, las que se defienden Suelen ser más estimadas.
_Vanse, y sale_ NUÑO _y_ SANCHO.
NUÑO. ¿Eso don Tello responde?
SANCHO. Esto responde, señor.
NUÑO. Por cierto que a su valor Dignamente corresponde.
SANCHO. Mandóme dar el ganado Que os digo.
NUÑO. Mil años viva.
SANCHO. Y aunque es dádiva excesiva, Más estimo haberme honrado Con venir a ser padrino.
NUÑO. Y ¿vendrá también su hermana?
SANCHO. También.
NUÑO. Condición tan llana, Del cielo a los hombres vino.
SANCHO. Son señores generosos.
NUÑO. ¡Oh!, si aquesta casa fuera, Pues los huéspedes espera Más ricos y poderosos Deste reino, un gran palacio...
SANCHO. Esa no es dificultad: Cabrán en la voluntad, Que tiene infinito espacio. Ellos vienen, en efeto.
NUÑO. ¡Qué buen consejo te di!
SANCHO. Cierto que en don Tello vi Un señor todo perfeto; Porque, en quitándole el dar, Con que a Dios es parecido, No es señor; que haberlo sido[110] Se muestra en dar y en honrar. Y pues Dios su gran valor Quiere que dando se entienda, Sin dar ni honrar no pretenda Ningún señor ser señor.
NUÑO. ¡Cien ovejas! ¡Veinte vacas! Será una hacienda gentil, Si por los prados del Sil La primavera los sacas.[111] Pagúele Dios a don Tello Tanto bien, tanto favor.
SANCHO. ¿Dónde está Elvira, señor?
NUÑO. Ocuparála el cabello O algún tocado de boda.
SANCHO. Como ella traiga su cara, Rizos y gala escusara, Que es de rayos del sol toda.
NUÑO. No tienes amor villano.[112]
SANCHO. Con ella tendré, señor, Firmezas de labrador Y amores de cortesano.
NUÑO. No puede amar altamente Quien no tiene entendimiento, Porque está su sentimiento En que sienta lo que siente: Huélgome de verte así. Llama esos mozos, que quiero Que entienda este caballero Que soy algo o que lo fuí.
SANCHO. Pienso que mis dos señores Vienen, y vendrán con ellos. Deje Elvira los cabellos Y reciba sus favores.
_Salen_ DON TELLO _y criados_; JUANA, LEONOR _y villanos_.