Comedias: El remedio en la desdicha; El mejor alcalde, el rey

Chapter 6

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ABIND. Esperanza entretenida, Mal nos llevamos los dos: No hay quien lleve como vos Hasta la muerte la vida. Sois una vela encendida Que va ardiendo hasta acabarse; Pues también, si ha de matarse, Quedaráse el alma a escuras, Y entre tantas desventuras, Bueno es vivir y quemarse. Por ti, esperanza, el cuidado Entretiene de una suerte Al soldado entre la muerte, Y en el palo al sentenciado; En el mar al que va a nado, Al peregrino en el yermo, En el peligro al enfermo: Y ansí yo por ti en la guerra, Cordel, peligro, mar, tierra, Hablo, vivo, como y duermo. Todo se finge por ti, Dudosa y tarda esperanza; Por ti lo imposible alcanza Quien tiene esperanza en ti. Si se pasa el mar ansí, La enfermedad, el cordel, En esta ausencia cruel De mi Jarifa querida Pasa hasta el fin de mi vida, Pues está el remedio en él. Y vos, hermosa señora, Acordaos que aquí los dos Vivimos, queriendo Dios, Con más regalo que agora. Desde la noche a la aurora, En este jardín hermoso Pasábamos el gozoso Tiempo que agora nos falta, Porque la gloria más alta Tiene su fin más dudoso. Mas ya estaréis, por ventura, Destos tiempos olvidada, Porque la gloria pasada Poco en la memoria dura De quien olvidar procura Para vivir sin tormento. Bien lloré mi apartamiento, Que bien echaba de ver Que palabras de mujer Tienen la firma de viento. Bellas flores y jazmines, Que hurtábades por favor A su aliento vuestro olor En estos frescos jardines, ¡Mirad a qué tristes fines Han venido mis vitorias! ¡Mirad cuáles son las glorias, Y los tormentos qué tales! Pues no me mataron males, Y me han de matar memorias.

_Sale_ MANILORO, _criado_.

MANIL. Ya, señor, las tres han dado: Hora será de comer, Si por dicha, como ayer, No te quedas olvidado. Deja la melancolía, Come y desecha la pena; Que aunque comas, será cena, Pasado lo más del día. Aunque a Jarifa aguardaras Con la mesa puesta ansí, Era ya tarde.

ABIND. ¡Ay de mí! Que en sólo el cuerpo reparas; Déjale al alma comer Suspiros, lágrimas, quejas.

MANIL. ¡Por Dios, que si al cuerpo dejas, Que ella le venga a perder! No te digo que no penes, Mas que para poder dar Fuerzas a tan buen penar, Tendrás más si a comer vienes; Porque el que bien ha comido, Más peso llevará a cuestas.

ABIND. Tu inocencia manifiestas, Tu libertad y tu olvido. Vete con Dios, Maniloro, Y déjame aquí morir.

MANIL. Mucho ese tierno sentir Hace ofensa a tu decoro; Y aun a tu Jarifa ofende, Que tanto tu vida estima.

ABIND. ¿La estima?

MANIL. Sí, pues la anima, Y que se aumente pretende. Y pues tu pecho recibe Su alma, y casa le has hecho, ¿Por qué maltratas el pecho Adonde Jarifa vive?

ABIND. ¡Ay, Maniloro! ¿Qué intento? Mal hago en querer morir Si el huésped ha de salir Del pecho en que le aposento. Viva yo; sustento venga; Viva Jarifa.

MANIL. Eso sí.

ABIND. Mas ¿no es engaño, no, sí, Que vida en ausencia tenga? Si muero, mi alma irá A ver a Jarifa luego. Vete con Dios.

_Sale_ CELINDO, _moro, con una carta_.

CELIND. Creo que llego A buen tiempo.

MANIL. ¿Quién va allá?

CELIND. Celindo, soy, Maniloro. ¿Y Abindarráez?

MANIL. ¡Oh Celindo! Aguarda.

ABIND. A morir me rindo: Tanto, ausente, peno y lloro.

MANIL. ¿Qué me darás, y tendrás Nuevas de Jarifa y cartas?

ABIND. La vida, el alma que partas.

MANIL. Celindo.

ABIND. ¡Amigo! ¿Aquí estás?

CELIND. Dame tus pies, y ésta toma.

ABIND. ¡Que tal bien se me conceda! ¿Cómo mi Jarifa queda?

CELIND. Buena, gracias a Mahoma.

ABIND. Mil besos doy a su firma, Que hasta el alma me penetra: ¿Qué hará el sentido? La letra Sola mi gloria confirma. _Lea._ "Esposo: Mi padre es ido A Granada desde ayer. Venme aquesta noche a ver." ¡Cielos, yo pierdo el sentido! En el camino podré Leer, amigos, lo demás. Maniloro, ¿no me das Caballo? ¿Heme de ir a pie? Mi vida, ¿que podré veros? Mi alma, ¿que podré hablaros? Mis ojos, ¿que he de gozaros Y en estos brazos teneros? Ea, loco estoy del todo. Celindo, ésta toma, ten; Y tú estas joyas también: Vuestro soy y vuestro es todo. Dame una marlota rica, Llena de aljófar y perlas, Que ha de verme y ha de verlas Quien al sol su lumbre aplica. Dame un hermoso alquicel O bordado capellar, Y también me puedes dar Alguna banda con él. Dame bonete compuesto De mil tocas y bengalas Y plumas, porque no hay galas Que luzgan sin plumas: presto. Dame una manga bordada[48] De aljófar y oro, a dos haces. Los amores son rapaces: Con rapacejos me agrada. Dame borceguí de lazo Y acicate de oro puro, Y porque vaya seguro, Ensillarásme el picazo.[49] Ponle una mochila azul Y un freno de campanillas, La más fuerte de mis sillas Y una adarga de Gazul; Una lanza de dos hierros, Que los estremos se igualen, Por si al camino me salen ¿Esos eran los consejos De caballero y de noble? ¡Buenas tretas son, Alcaide! Quien no te entiende, te compre. Apenas entré en mi casa, De donde pensaba entonces Enviarte un rico presente, Cuando entiendo tus traiciones. Iba yo por el camino Cantando tus grandes loores Y pensando qué rescate Te diese, aunque rico, pobre. Imaginaba caballos, Atados en los arzones Ricos alfanjes de Túnez, Con mochilas de colores; Finas alhombras de seda, Frenos y estribos de bronce, Y unos para ti de plata, Sin otras joyas y dones, Cuando la mejor que tengo, Hallo que me falta; y dióme Más pena en que tú la tengas, Y me aconsejes y robes: Que la traición del amigo Más se siente y duele al doble; Y engañar, fingiendo amar, Es gran bajeza en el hombre. Por eso te desafío A ti, a tres, a seis, a doce, Y os reto como a villanos, Como a infames y traidores, De que no tenéis palabra Ni miráis obligaciones; Que no hay entre todos uno Que el amigo no deshonre. Dame mi esposa, Rodrigo, Si mis palabras te corren; Que no he de salir del campo Menos que muera o la cobre.

NARV. Moro, engañado has venido; Que a quitarte las prisiones Vino a mi Alora tu Alara, Como verás cuando tornes. Porque apenas vino aquí, Cuando a volver se dispone, Por asegurar tus celos Y temer tus sinrazones. Si con ella te he ofendido, ¡Plega al cielo, moro noble, Que me atraviese la espada De un moro villano y torpe! A fe de hidalgo y cristiano; Por la vida, que Dios logre, Del rey, mi señor, Fernando,[50] Por quien guardo aquellas torres; So pena de que en castigo Vuelva sin honra a su corte, Que no he tomado su mano Ni en presencia dicho amores. Y tú eres, moro, el primero A quien doy satisfaciones; Y no te las doy por mí, Que no temo armas ni voces, Sino por ella, a quien debes El amor que desconoces Con esos injustos celos Y villanas presunciones.

_Sale_ PÁEZ.

PÁEZ. ¡Pesia al moro! Señor mío, ¿Con él en eso te pones, Tú, que no sueles sufrir Marsilios ni Rodamontes? Aguarda, que a puros palos Le haré que el camino tome A reñir a su mujer Los celos que se le antojen.

NARV. Páez, no salga ninguno, Si no es que el moro responde Que no está contento desto.

PÁEZ. Suplícote me perdones, Que le he de quitar la vida.

ORTUÑ. Tiene razón. Baja, corre, O haremos todos lo mismo.

ALVAR. Mejor es que alguno nombres De los que estamos aquí Sufriendo que nos deshonre...

CABR. El que llegare más presto, Basta.

NARV. Ninguno me enoje.

ESPIN. Perdona, que no hay remedio.

PER. Baja y la boca le rompe.

NARV. ¡Por vida del Rey!

PER. No jures.

NARV. ¡Ah, señores! ¡Ah, señores!

_Bájense todos._

PÁEZ. Permíteme, Alcaide ilustre, Que de una almena le ahorque.

CABR. Dame licencia, señor, Que las narices le corte.

ARR. Basta, que vienen todos los cristianos. Mal hice en presumir de un hombre noble Una bajeza igual; pero los celos No dan lugar a la razón, ni miran Si es justo o no lo que su rabia intenta. Bien puedo a la defensa prevenirme, Que dijera mejor para la muerte, Porque cualquiera dellos es un Héctor, Y el Alcaide famoso el mismo Aquiles.

_Todos bajen, las espadas desnudas, y_ NARVÁEZ _deteniéndolos_.

NARV. Ténganse, digo: ténganse, soldados, O ¡por vida del Rey!...

PER. Señor, ninguno Quiere ofenderte.

NARV. Envainen, pues.

ARR. ¡Oh ilustre Rodrigo, a quien el cielo haga dichoso Sobre todos aquellos que celebra La antigüedad con palmas y laureles! Rendido estoy a tu nobleza, y veo Que mi ignorancia fué mi propio engaño Aunque si amor a todos da disculpa, ¿Por qué no la tendrán mi amor y celos? Si tú, si tus soldados, si los hombres, Si las aves, los peces, si las fieras, Si todo sabe amor, si todo teme Perder su bien, y con sus celos propios Defiende casa, nido, mar y cueva, Llora, lamenta, gime y brama; advierte Que celos y sospechas me obligaron Al desatino que a tus pies me rinde.

NARV. Moro, la libertad que yo te he dado Me obliga a tu defensa; y sabe el cielo Que te he dado tres cosas en un día, Que es dellas cada cual la más preciosa: La libertad, la honra, y hoy la vida. Vuelve a Coín; pero primero jura Que no has de dar a Alara pesadumbre; Que si lo sé, ¡por vida del Rey! juro Que he de quemar tu casa, y a ti en ella, Cuando fuera Coín Granada o Córdoba.

ARR. Yo te doy la palabra, y por Mahoma Te juro de querella y regalalla.

NARV. Parte con Dios; que buena mujer tienes En Coín, y en Alora buen amigo. Cuando alguno tratare de enojártela, Acude a mí, que yo seré tu espada.

ARR. Los cielos guarden tu famosa vida.

_Vase._

NARV. Esto es mi gusto; no replique nadie.

_Sale_ NUÑO.

NUÑO. Ya queda, ilustre Alcaide, en Coín Alara; Mas yo no sé qué enredos son aquestos, Pues parte de aquí agora su marido.

NARV. Vino en su busca no la hallando en casa.

NUÑO. Tiene aqueste camino tantas sendas, Que el miedo y las celadas han causado, Que le hemos siempre errado en el camino.

NARV. Mohíno estoy del moro, aunque habéis visto Que le he hablado tan bajo y tan humilde. La culpa tengo yo de que se atrevan Por la quietud con que en mi casa vivo. La buena vecindad lo causa. Basta; Que yo lo enmendaré de aquí adelante, Y dése buen principio en esta noche. Nueve, los más gallardos de vosotros, Ensillen sus caballos y armen luego; Que quiero poner miedo a estos villanos, Y que no tengan de sosiego un hora. Tú, Nuño, aquí te queda; y si te hallares Para salir al campo descansado Y podrásme alcanzar donde ya sabes.[51]

NUÑO. En quitándome aquestos galgamentos Y mahométicos hábitos, te alcanzo. No te apartes de aquellos olivares.

NARV. Digo que allí te aguardo. ¡Hola! Secreto;[52] No sepan en Alora que salimos.

_Vanse todos y queda_ NUÑO.

NUÑO. Estraño fué de Alara el pensamiento, En viendo la presencia de Narváez, Pues en todo el camino no ha cesado De distilar mil perlas de sus ojos, De enamorada, tierna y despreciada: Que la mujer con el desprecio quiere. Díjele mi razón, pero fué en vano; Que tiene el alma del Alcaide llena.

_Sale_ MENDOZA, _sargento_.

MEND. ¡Gracias al cielo que estos muros veo, Ya de mi cautiverio el cuello libre! ¡Oh generoso Alcaide!, claro ejemplo De aquellos capitanes felicísimos Cuyas cenizas honra Italia y Grecia. Mas ¿cómo es esto? Salgo de entre moros Y el primero que encuentro es moro en casa.

NUÑO. Señor Mendoza.

MEND. ¿Quién es?

NUÑO. Yo soy Nuño.

MEND. ¡Oh, Nuño amigo!

NUÑO. Muchos años goces La libertad.

MEND. ¿Adónde está el Alcaide?

NUÑO. Por el portillo entiendo que ha salido Con algunos soldados, de secreto, Que quiere hacer aquesta noche un robo.

MEND. No escuso de servirle ni de verle, Y besarle las manos como a padre, Por la merced de mi rescate.

NUÑO. Vamos; Que yo sé dónde van.

MEND. Pues, Nuño, ensilla.

NUÑO. En quitándome aquestas sopalandas.

MEND. Pues ¿cómo estás ansí? Mas ya imagino Que habrá por qué.

NUÑO. Sabráslo en el camino.

[_Vanse._]

_Salen_ NARVÁEZ _y siete soldados, todos con adargas, lanzas y acicates, lo mejor que puedan, que ésta es la salida de importancia_.

NARV. Todo hombre esté atento y surto,[53] Que apenas nos oiga el viento, Con tan poco movimiento, Como el lobo cuando al hurto Camina solo y atento; Que si en los montes o llanos De los ganados cercanos Hace en las piedras ruído Con las manos, de corrido Se muerde las mismas manos. Creció ya la desvergüenza Desta bárbara canalla, Y es lo mejor atajalla En los pasos que comienza Que en los fines remedialla. Todos sois fuertes soldados, Todos hidalgos y hallados En famosas ocasiones: Aquí son, con las razones, Los consejos escusados. Deseo hacer una presa Con que enviar a Fernando, Que siempre me está obligando, Algún fruto desta empresa; Que ha mucho que estoy callando. Yo soy como el labrador A quien alquila el señor La viña por su tributo Pues si no le rindo el fruto, Quejarse puede en rigor.

PER. Famoso Alcaide de Alora Y de la fuerte Antequera, Que a Sevilla honrar pudiera, Si la ocasión es agora, Suceso dichoso espera; Que cualquiera piensa hacer Lo que se debe a tener Tu militar disciplina.

PÁEZ. Gente a caballo camina. ¿Quién será?

ESPIN. ¿Quién puede ser?

NARV. Oíd, que llegan aquí.

_Salen_ MENDOZA _y_ NUÑO, _con lanzas y adargas_.

NUÑO. Ellos, sin duda, serán.

MEND. Mas ¡qué encubiertos están!

NARV. ¿Quién va allá?

MEND. Quien somos di.

NUÑO. Tus soldados, capitán.

MEND. Nuño y Mendoza.

NARV. ¡Oh Mendoza! La libertad justa goza Mil años.

MEND. Dame tus pies.

NARV. Allá hablaremos después.

NUÑO. Qué, ¿perdiste aquella moza?

NARV. Calla, Nuño, que me importa. Y pues aquí hay dos senderos, Divididos, caballeros, Será la empresa más corta.

NUÑO. Vengan diez mil moros fieros, Que en diez hay para diez mil.

NARV. Habla con voz más sutil. Si el contrario nos aprieta, Acudid a esta corneta.

ALVAR. Cualquiera contrario es vil.

NARV. Los cuatro venid conmigo, Y los cinco id por allí. Nuño, calla.

NUÑO. Harélo ansí, Aunque en no yendo contigo, Voy sin fuerzas y sin mí.

_Vase_ NARVÁEZ _con los cuatro_[54].

ALVAR. ¿Por dónde, Nuño, echaremos?

NUÑO. Por entre estos olivares.

ESPIN. ¡Plega al cielo que topemos O ganados o aduares!

NUÑO. Y algún moro que almorcemos.

ALVAR. ¿Acordáisos de aquel día Que sólo Narváez venía?...

ESPIN. Paso, que he oído cantar.

ALVAR. Aquí podéis escuchar, Que parece algarabía.

_Canten dentro._

En Cartama me he criado, Nací en Granada primero, Y de Alora soy frontero Y en Coín enamorado. Aunque en Granada nací Y en Cartama me crié, En Coín tengo mi fe Con la libertad que di. Allí vivo adonde muero, Y estoy do está mi cuidado, Y de Alora soy frontero Y en Coín enamorado.[55]

_Salga_ ABINDARRÁEZ _cuan gallardo pueda, con lanza, adarga y acicates_.

ABIND. Gracias a Alá que ya llego.

NUÑO. ¡Bizarro moro!

ALVAR. ¡Gallardo!

ABIND. Llévame al premio que aguardo, Dulce Amor, aunque eres ciego.

ESPIN. ¡Detente y date a prisión!

ABIND. ¡Cristianos! ¡Oh suerte avara! De mi dicha lo jurara. ¡Oh cielo! ¿A tal ocasión?

NUÑO. Date, o morirás.

ABIND. ¿Ansí Se dan los hombres cual yo?

_Con las lanzas y adargas se ha de hacer esta batalla de cinco a uno, porque es cosa nueva._

ESPIN. ¿Qué hay, Peralta?

PER. Aquí me hirió.

ALVAR. ¡A él, que me ha herido a mí!

PER. ¡Bravo esfuerzo!

NUÑO. ¡Estraña cosa! A cinco ha desbaratado.

PER. Ya está en el suelo Alvarado, Y medio muerto Espinosa. Dad un silbo al gran Narváez.

_Sale_ NARVÁEZ _y los otros cuatro_[56].

NARV. ¿Qué es esto, amigos?

NUÑO. Que un moro Nos mata.

ABIND. ¡Oh cielo que adoro, Ayuda tú a Abindarráez!

NARV. Paso, no le acometáis.-- Caballero fuerte y diestro, Siendo tanto el valor vuestro Como entre cinco mostráis, ¡Dichoso aquel que os venciese! Y aunque yo arriesgue mi vida, La juzgo por bien perdida Como en vuestras manos fuese. Pero al fin he de probar; Que empresa de tanta gloria Sólo intentalla es vitoria.

ABIND. Pues alto: dadnos lugar.

_Aquí batallen el_ ALCAIDE _y_ ABINDARRÁEZ.

PÁEZ. A no estar el moro herido Y de pelear cansado, Diera al Alcaide cuidado.

NARV. Moro, date por vencido, O si no, daréte muerte.

ABIND. En tu mano está matarme, Mas vencerme y sujetarme, En otra mano más fuerte.[57] Tu esclavo soy.--¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Mil veces ay! Pues ya para mí no hay Sino llorar que nací. ¿A tal tiempo, vil fortuna? Desespero, ¡por Alá! Mataréme.

NARV. Triste está.

ABIND. Ya no hay esperanza alguna.

NARV. ¿Hombre de tanto valor Siente tanto el verse preso, O es las heridas?

ABIND. No es eso.

NARV. Pues ¿qué?

ABIND. Desdicha es mayor.

NARV. Ataos este lienzo en ellas, O aguardad, y os le pondré.

ABIND. Aquí en el brazo saqué La que más me duele dellas.-- ¡Oh, mal trazada alegría! ¡Triste! ¿Qué haré?

NARV. ¿Qué cuidado Os tiene tan lastimado?

ABIND. ¡Ya os perdí, señora mía! ¡Gloria mía, ya os perdí! Dulce Jarifa, mi bien, ¡Ya os perdí!

NARV. A mi casa ven; Serás preso y dueño allí. Pero holgárame en estremo Saber tu pena importuna; Que esto de guerra es fortuna, Que mañana por mí temo. Alza ese rostro noble caballero, Porque a la libertad pierde el derecho, Perdiendo en la prisión el prisionero El ánimo que debe al noble pecho.[58] Esos suspiros tiernos, ese fiero Dolor, no corresponde a lo que has hecho; Ni menos es tan grande aquesta herida Que cause indicios de perder la vida. Ni tú la has estimado de manera Que dejes por tu honor de aventuralla: Si es de otra causa tu tristeza fiera, Dímela, que por Dios de remedialla.[59]

ABIND. Ya el alma en tu nobleza aliento espera; En vano mi temor sus penas calla. ¿Quién eres, generoso caballero?

NARV. Satisfacerte de quién soy espero: Rodrigo de Narváez soy llamado, Soy Alcaide de Alora y de Antequera Por el Rey de Castilla.

ABIND. ¡Que he llegado A tus manos, Alcaide!

NARV. Tente espera.

ABIND. Ya no me quejo del rigor del hado, Puesto que ha sido en ocasión tan fiera. Huelgo de ver, Alcaide, tu presencia, Aunque me cuesta cara la experiencia. No me ha agraviado mi fortuna en nada, Y pues debo estimarme por tu hacienda, No es bien que esta flaqueza afeminada De cosa tuya sin razón se entienda. Retírese tu gente y confiada Mi alma en tu palabra, ilustre prenda, Sabrás mi historia, y muerte de dos vidas: Que no lloro prisión ni siento heridas.

NARV. Soldados, vayan todos adelante.

NUÑO. ¿Quedaré yo?

NARV. Camina tú el primero.

ABIND. ¡Que la fortuna en tiempo semejante Me trajo a verte, ilustre caballero! Pero, porque te dé dolor y espante, Mi historia triste referirte quiero; Que por ventura, porque más te obligue, Sabrás qué es amor.[60]

NARV. Di.

ABIND. Escucha.

NARV. Prosigue.

ABIND. Famoso Alcaide de Alora,[61] Invicto y fuerte Narváez, A quien por tantas hazañas Pudieran llamar el grande: Sabrás, capitán, que a mí Me llaman Abindarráez, A diferencia del viejo,[62] Que era hermano de mi padre. Nací desdichado al mundo De la casta abencerraje, Y por que sepas la suya,[63] Escucha, ansí Dios te guarde: Hubo en Granada otro tiempo Este famoso linaje, En la paz gallardo y sabio, Y en las armas arrogante. Del Consejo eran del Rey Los ya viejos venerables, Los mozos seguían la Corte, O en la guerra, capitanes. Amábalos todo el pueblo Y aun los moros principales, Y más el Rey sobre todos, Con honras y oficios graves. No hicieron cosa jamás Que su valor no mostrase, Siendo en todo tan gentiles, Valientes y liberales, Que en Granada se decía Que no había abencerraje De mala disposición, Necio, escaso ni cobarde. Eran maestros de todo, Inventores de los trajes, De las galas, de los motes, Y de otras ilustres partes. No sirvió dama ninguno Que su favor no alcanzase, Ni dama llamarse pudo Sin galán abencerraje. Pero la envidia y fortuna, Una vil y otra mudable, Los derribaron al suelo: Que siempre los altos caen. Que al Rey quisieron matar Y con sus reinos alzarse, Les levantaron zegríes; Si fué cierto, Dios lo sabe. Cortáronles las cabezas Un triste y aciago martes, Quedando de todos ellos Sólo mi tío y mi padre. Derribáronles las casas, Mandando la misma tarde Pregonarlos por traidores Y su hacienda confiscalles. No quedó en Granada alguno Que este nombre se llamase, Si no son los dos que digo, Que no pudieron culparles. No quiso que en la ciudad[64] Los varones se criasen, Y mandó sacar las hijas En Africa o otras partes. Y así, a mí, triste, en naciendo, Me llevaron al Alcaide De Cartama, hombre muy rico, Ilustre en armas y sangre. Este tenía una hija, Rodrigo, en belleza un ángel, Que es el mayor bien que tengo; Si otro tengo, Alá me falte. Crióse conmigo niña, Engañados y ignorantes, Que ser hermanos creimos; Mas no engaña el tiempo a nadie. Crióse amor con nosotros, Niños, niño; grandes, grande; Lo que pasó en este tiempo No es tiempo que aquí lo trate. Desengañónos un moro, Y vimos en un instante El imposible posible, Y lo posible alejarse. Casámonos de secreto; Pero, en gloria semejante, Que se partiese a Coín Mandó Almanzor a Zoraide, Y que a mí, mientras viviese, Otro Alcaide me dejase En Cartama, donde he estado Ausente del bien que sabes. Lloramos nuestra partida, Y partiendo, si se parte,[65] Concertamos que en ausencia De su padre me llamase.[66] Fuése su padre a Granada; Escribióme, y yo esta tarde Aderecéme cual viste, Por ir de gallardo talle. Aguardándome está agora: ¡Mira si lloro de balde, Pues voy herido, en prisiones, Sin bien y entre tantos males! De Cartama iba a Coín, Breve jornada, aunque alargue Siempre la tierra el deseo Poniendo montes y mares; Iba, el más alegre moro Que vió Granada, a casarme Con mi señora Jarifa, Que ya en su vida me aguarde. Véome preso y herido, Y lo que siento es que pase De mi bien la coyuntura. Déjame agora matarme.[67]

NARV. Notable es tu suceso, fuerte moro; Pero, pues tanto tus desinios daña La dilación, no es justo que los pierdas; Que has sido por estremo desdichado, Pero hallaste el remedio en la desdicha. Y por que veas que mi virtud puede Vencer a tu fortuna, si me juras Volver a mi prisión dentro en tres días,[68] Libertad te daré para que vayas A gozar de Jarifa, tu señora.

ABIND. Beso tus pies mil veces, gran Narváez; Que harás en eso, aunque es hazaña tuya, La mayor gentileza que en el mundo Ha hecho caballero generoso.

NARV. ¡Ah, hidalgos!

PÁEZ. ¿Qué nos mandas?

NARV. Este preso. Señores, si gustáis de darme, quiero Salir por fiador de su rescate.

PER. Haced, señor, de todo a vuestro gusto.

NARV. Dadme esa mano diestra, Abindarráez.

ABIND. Tomad, señor.

NARV. ¿Juráis y prometéisme, Como hidalgo, venir a mi castillo De Alora y ser mi preso, al tercer día?

ABIND. Sí juro.

NARV. Pues partid enhorabuena; Y si queréis mis armas o persona, Iré con vos.

ABIND. Vuestro caballo quiero, Porque entiendo que está cansado el mío.

NARV. Tomadle, y vamos.

NUÑO. Tuvo estraña dicha.

ABIND. Basta, que hallé el remedio en la desdicha.

ACTO TERCERO

DEL REMEDIO EN LA DESDICHA

_Sale_ ABINDARRÁEZ.