Comedias: El remedio en la desdicha; El mejor alcalde, el rey

Chapter 5

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NUÑO. No creo que lo estás poco.-- ¡Cuántos locos hace un loco! ¡Cuerdo yo, que libre vivo! ¡Vive Dios, que es gran flaqueza Tropezar la voluntad! Que amor es enfermedad Y sale por la cabeza. Yo no quiero más amor Que mis armas y caballo; En esto mis gustos hallo Y me porto a mi sabor. Sólo mi arnés es mi dama; Este adoro, déste fío, Tanto, que, a no ser tan frío, Aun le acostara en la cama. Yo le limpio, yo le visto, Porque en la necesidad Me muestra la voluntad Con que una espada resisto. Mi amor es lanza y caballo; Soldado que a amor se inclina, Tan cerca está de gallina Cuanto pretende ser gallo. Bien que, amor, ya os tengo a vos Alguna vez por juez; Pero esto sola una vez, Que no ha de ser más, ¡por Dios! La mujer, fácil estopa, Es mancha de aceite, fuego, Que, si no se ataja luego, Cunde por toda la ropa.

NARV. No tengo que decir más.

ARR. Mucho debe a tu valor Esta a quien tienes amor.

NARV. Bien la quiero.

ARR. Tierno estás, Pues te confiesas vencido, Siendo Narváez, señor, El hombre más vencedor Que el mundo ha visto y tenido.

NARV. (_Esto aparte._) Toma, Nuño, y a un balcón De cuatro rejas azules,[28] Después que te disimules Con la trazada invención, Dirige tus pasos ciertos; Que en la plaza le verás. Llama a su puerta.

NUÑO. Y ¿qué más?

NARV. La respuesta y los conciertos.

NUÑO. La mora ¿se llama?

NARV. (_No lo oiga el moro._) Alara, Y que es casada he sabido.

NUÑO. Creo que con su marido Más presto se negociara; Que te tienen tanto amor Los moros destas fronteras, Que es lo menos que pudieras Alcanzar de su favor.

ARR. Dice Nuño la verdad: Adoran tu nombre y fama.

NUÑO. Voyme.

ARR. ¡Dichosa la dama A quien tienes voluntad!

NARV. Guíete amor.

_Vase_ NUÑO.

NARV. Dime, Arráez: ¿Dónde ayer ibas?

ARR. Señor, Sólo a saber que el amor Era mayor que Narváez. Mi cautiverio he tenido, Señor, por bien empleado, Sólo por ver humillado Hombre a quien nadie ha vencido. Yo iba a ver mi labor Y alejéme, sin pensallo, Donde me llevó el caballo Y a él le llevó el furor.

NARV. Pues ¿en qué ibas divertido?

ARR. En un largo pensamiento Con que a veces mar y viento, Cielo, fuego y tierra mido.

NARV. Moro, pues sabes el mío, Dime el tuyo; que, si puedo, Obligado a tu bien quedo.

ARR. De tu grandeza lo fío.

NARV. Esta mi pasión me obliga A pensar que quieres.

ARR. Quiero... Pero mi tormento fiero No permitáis que os le diga; Mayor es que amor airado.

NARV. ¿Mayor que amor puede ser?

ARR. Es celos de mi mujer, Rodrigo, que soy casado.

NARV. ¡Con celos, y estás aquí! No lo quiera Dios, Arráez; Ya eres libre.

ARR. ¡Oh gran Narváez! Hoy vive mi honor por ti. Dame esos pies.

NARV. Vete luego.-- Páez.

_Sale_ PÁEZ, _soldado_.

PÁEZ. Señor.

NARV. Dale a este moro Su caballo y armas.

ARR. Lloro. De alegría.

PÁEZ. Ya lo entrego.

[_Vase._]

ARR. Yo te enviaré mi rescate, A fe de hidalgo.

NARV. Con celos No quieran, moro, los cielos Que yo en la prisión te mate. Vete libre, que es razón, Aunque poco lo has quedado, Que con celos y casado, No quieras mayor prisión. ¿Tienes hermosa mujer?

ARR. No la hay más bella en Coín.

NARV. 'Aunque soy cristiano, en fin, Te he de dar mi parecer: Mira no entienda de ti[29] Que de su amor no te fías, Que, en viendo que desconfías, Todo lo ha de hacer ansí. Amala, sirve y regala, Con celos no la des pena, Que no hay mujer que sea buena Si ve que piensan que es mala.

ARR. No sólo das libertad, Mas saludables consejos.

NARV. Pues estoy de darlos lejos, ¡Y tengo necesidad![30] Parte a Coín, por que veas Mi mora, que no conoces.

ARR. ¡Plega al cielo que la goces Con el gusto que deseas!

[_Vanse._]

_Salen_ ABINDARRÁEZ _y_ JARIFA.

ABIND. Ya que no me amáis, señora, Como antes, de amor tan llano, Cual era el de vuestro hermano, Habladme más tierno agora; Decidme lo que sentís, Jarifa hermosa, y creed Que me hacéis mayor merced Cuanto más de mí os servís: Ya pasó el temor cobarde Que la hermandad nos ponía; Habladme, Jarifa mía, Más tierno, así el Cielo os guarde.

JARIFA. ¿Qué te tengo de decir?

ABIND. ¿Tu ingenio puede ignorar Qué es hablar, sabiendo amar? ¿Sabiendo amar, qué es sentir?

JARIFA. Si digo lo que te quiero, ¿Qué te puedo decir más?

ABIND. Es libro o carta que das Sin el título primero; Cuando al Rey quieren hablar, O negociar por escrito, ¿No le llaman grande, invito?[31]

JARIFA. Ansí le suelen llamar.

ABIND. Pues títulos tiene amor.

JARIFA. ¿Cómo?

ABIND. Mi bien, alma y vida; La esperanza entretenida, Ansí negocia el favor.

JARIFA. Luego ¿diréte mi bien?

ABIND. ¿Soy tu bien?

JARIFA. Sí.

ABIND. Pues bien dices, Y por que ansí le autorices Al amor contra el desdén.

JARIFA. Luego, si mi alma eres, ¿Ansí tengo de llamarte?

ABIND. ¿Eso tengo de enseñarte, O es que decirlo no quieres? Nadie las ciencias podría Sin la experiencia saber; Mas no es posible aprender El amor y la poesía: El hacer versos y amar, Naturalmente ha de ser.

JARIFA. Si no es siendo tu mujer, Yo no me puedo esforzar.

ABIND. Pues, mi bien, si soy cautivo De tu padre, y como preso, Por aquel triste suceso, En fe de su guarda vivo; Si él piensa que yo no sé Que soy preso Bencerraje, Del envidiado linaje Que un tiempo el más noble fué, ¿Cómo te podré pedir? Casémonos de secreto, Cuanto el ser preso y sujeto Puedan, mi bien, permitir.

JARIFA. Como palabra me des Que libre la cumplirás.

ABIND. Y eso ¿a quién le importa más? Dame tus hermosos pies.

JARIFA. La mano te quiero dar, Tuya soy desde este día.

ABIND. Yo tuyo, Jarifa mía: Ya bien te puedo abrazar.

JARIFA. Como hermano y como esposo, De que ya te doy la mano.

ABIND. No hables de eso de hermano Que vuelvo a estar temeroso. ¡Oh famoso y claro día, Que tanta gloria me apresta! Cada año os haré una fiesta Por señal de mi alegría. ¡Oh bien sufrido tormento! ¡Oh bien lograda esperanza, Bien fundada confianza, Bien nacido pensamiento! Alegres pesares míos, Discreta y justa porfía, Cuerda y famosa osadía, Venturosos desvaríos. Dulce amar, dulce penar, Dulce temer, dulce ver, Dulcísimo padecer, Felicísimo esperar. ¡Favoreced hasta el fin Empresa tan justa, cielos, Sin mudanza, olvido y celos!

JARIFA. Mi padre viene al jardín.

ABIND. Huyamos.

JARIFA. Dame la mano; Deja de estar temeroso.

ABIND. Ya temo, secreto esposo, Lo que no público hermano. Vamos donde no nos vea Tratar de nuestro contento, Que aún temo que el pensamiento Visto de sus ojos sea. Mira que me has de querer.

JARIFA. Hasta morir te he de amar.

ABIND. Pues yo no te he de olvidar.

JARIFA. Eres hombre.

ABIND. Y tú mujer.

JARIFA. Para ti soy piedra.

ABIND. Y yo.

JARIFA.[32] Pues no temas.

ABIND. Probaré.

JARIFA. Quiéreme mucho.

ABIND. Sí haré.

JARIFA. ¿Ya no soy tu hermana?

ABIND. No.

JARIFA. ¿No en público?

ABIND. Aún no quisiera.

JARIFA. Ya eres mi bien.

ABIND. Tú mi vida.

JARIFA. ¿Soy tu hermana?

ABIND. Sí, fingida.

JARIFA. ¿Y tu esposa?

ABIND. Verdadera.

[_Vanse._]

_Sale_ ALARA, _mora_; DARÍN, _paje_.

ALARA. ¿Moro a mí de Alora?

DARÍN. A ti Busca un morisco de Alora.[33]

ALARA. ¿Dice a Alara?

DARÍN. Sí, señora.

ALARA. Di que entre.

DARÍN. Ya viene aquí.

_Sale_ NUÑO, _en hábito de moro_.

NUÑO. Dame, señora, los pies, Después que te guarde Alá.

ALARA. ¿Si mi Arráez preso está?-- Moro, di presto lo que es.

NUÑO. Solos habemos de hablar.

ALARA. Salte allá fuera, Darín.

NUÑO. Para venir a Coín Quise este traje tomar; Que sabed que soy cristiano Y soldado de Narváez.

ALARA. No son nuevas de mi Arráez: Salió el pensamiento vano. Pues, cristiano, el capitán, ¿Qué puede quererme a mí?

NUÑO. No os quiere poco, si aquí Correspondencia le dan. Está perdido por vos, Que os vió en las treguas pasadas Sobre estas rejas doradas.

ALARA. ¡Qué necios que sois los dos! ¡El alcaide en enviarte, Y tú en venir!

NUÑO. No entra bien; Pero es el primer desdén.[34]

ALARA. A ti no debo culparte, Que eres, en fin, mensajero; Aunque a buen tiempo has venido, Que no está aquí mi marido Y ha tres días que le espero; Pero a él, que es tan discreto Como nos dice la fama, Mucho le culpo.

NUÑO. Si os ama, No tiene culpa, os prometo. Esta carta leed agora; Veréis en lo que se funda.

ALARA. Ya la necedad segunda.[35] _Lea._ "Narváez, alcaide de Alora." ¡Ay de mí! La firma es suya Y la letra de mi Arráez. ¿Quién escribe esto a Narváez, Cristiano, por vida tuya?

NUÑO. Un moro, para que fuese Más claro.

ALARA. ¿Qué suerte de hombre?

NUÑO. Ni sus señas ni su nombre Podré darte aunque quisiese. Dos días ha que está cautivo, Que en una celada dió.

ALARA. ¿Sabe a quién escribe?

NUÑO. No.

ALARA. Algún consuelo recibo; Que es en estremo celoso. Esta letra he conocido.

NUÑO. ¿Cómo?

ALARA. Que es de mi marido.

NUÑO. Aún será el cuento gracioso. Luego el cautivo de allá, ¿Es vuestro marido?

ALARA. Sí.

NUÑO. Yo negocio por aquí: Segura la prenda está.-- Pues alto: venid conmigo, Trataréis de su rescate.

ALARA. Justo será que dél trate, Aunque injusto el ir contigo. Pero donde está mi Arráez, Más sus celos aseguro, Y más si su bien procuro. Pero ¿qué dirá Narváez? Que voy a lo que me llama, Sin duda, creerá de mí.

NUÑO. Basta, que llevo de aquí A uno mujer, y a otro dama.

ALARA. Mas diga lo que quisiere, Pues se ha de desengañar: Mis joyas quiero llevar Y el dinero que pudiere. Vamos, que es de amor indicio. Haré ensillar en qué vamos.

NUÑO. Una para dos llevamos; No anda muy malo el oficio.

[_Vanse._]

_Salen_ ZORAIDE, ABINDARRÁEZ _y_ JARIFA.

ZOR. No me puede pesar con más estremo. Forzosa es mi partida, Abindarráez, Y el dejarte en Cartama es más forzoso, En poder del alcaide que aquí viene; Que así lo escribe el Rey y así lo manda.

ABIND. ¿Que así lo manda el Rey y así lo escribe?

ZOR. Que me parta a Coín con mi familia Me manda el Rey y que te deje solo Aquí en Cartama, mientras Zaro viene, Que ha de ser el alcaide de Cartama. Yo me he de partir hoy, porque me manda Que acuda de Coín a la flaqueza, De los fieros cristianos oprimida, Ejercitados en continuos robos, Celadas, quemas, correrías, talas Y otras malas y ruines vecindades Que suelen siempre hacer los fronterizos, Y más donde Rodrigo de Narváez Está con tal valor, consejo y fuerza, Que es uno de los nueve que publica[36] Del Sur al Norte la española fama.

ABIND. ¿Que así lo manda el Rey y así lo escribe?

ZOR. Hijo, Dios sabe lo que a mí me pesa; Si basta solamente decir hijo. ¿Cómo puedo exceder de lo que él manda?

ABIND. ¿De qué me tiene el Rey a mí tal odio, Si os hace el Rey a vos mercedes tantas? ¿Por ventura soy yo del Rey esclavo? ¿He cometido algún delito inorme Contra sus leyes o real cabeza, Que me manda dejar solo en Cartama Y sujeto al alcaide que aquí viene; Y a vos, que sois mi padre, y a Jarifa, Mi amada hermana, que a Coín se partan?

ZOR. Hijo, el Rey me lo escribe, el Rey lo manda: Yo voy a responder y obedecelle. Tú entre tanto, Jarifa, haz que aperciban Tus mujeres tu ropa, que esté a punto, En tanto que Alborán parte a Granada.

JARIFA. Ansí lo haré, señor, que a la partida Ya estoy desde esta tarde apercebida.

_Váyase el_ ALCAIDE.

ABIND. Sola esta vez quisiera, Dulce Señora mía, Hacerme lenguas para hablaros tanto, Que del alma se viera La pena y la porfía; Mas salga por los ojos, vuelta en llanto. De que viva me espanto Tan desdichada vida, Si ha de quedar en calma[37] Apartándose el alma De aquellos brazos donde estaba asida. Fuí esposo ayer presente; Hoy, ¿qué seré, si estoy de vos ausente? ¿Que os vais, hermosos ojos,[38] Soles del mismo cielo? ¿Que dejáis vuestra tierra y vuestro amigo? ¿Qué de ausencia y enojos, Nubes del bajo suelo, Eclipsan vuestra luz, que adoro y sigo? ¿Que no hablaréis conmigo, Ni me diréis amores? ¿Que no podré tocaros? ¿Que ya no podré hallaros Entre estas aguas y olorosas flores? ¿Qué es esto, vida mía?

JARIFA. De la de entrambos el postrero día, Si no me consolara, Gallardo dueño mío, Señor del alma, que la tuya adora, Que la fortuna avara No es peña, monte o río, Sino mudable viento de hora en hora; La ausencia, que ya llora El corazón presente, Me acabara la vida, Que vive entretenida De que has de estar tan poco tiempo ausente Cuanto pueda llamarte Para poder secretamente hablarte. No habrá ocasión tan presto Cuando te llame a verme, Que presto la ha de haber, aunque ya es tarde. Y en pago, esposo, desto, Tan tuya quiero hacerme, Que entre mis brazos tu venida aguarde.

ABIND. Huya el temor cobarde, Señora, de mi pecho, Si ese bien me prometes.

JARIFA. Paso: no te inquietes, Que por ventura por mi bien se ha hecho; Que, viniendo secreto, Tendrán nuestros deseos dulce efeto. Yo entiendo que mi padre Irá presto a Granada O que tendrá otro justo impedimento Que a nuestra vida cuadre, Y yo estaré ocupada En sólo este cuidado y pensamiento.

ABIND. Y en este apartamiento, ¿Qué me dejas por vida, Si la vida me llevas?

JARIFA. La esperanza y las nuevas De que será tan presto tu partida.

ABIND. ¡Al fin te vas, señora! ¡Triste de mí, si yo me muero agora!

JARIFA. No morirás, mi vida, Que la mía te queda.

ABIND. Pues viviré mil siglos inmortales. Dame, esposa querida, Tus brazos, en que pueda El alma descansar de tantos males.

JARIFA. Véngante tan iguales Como yo lo deseo.

ABIND. ¿Llamarásme?

JARIFA. ¿Eso dudas?

ABIND. No haré, si no te mudas. ¡Ay, cuantos siglos ha que no te veo!

JARIFA. ¿Cómo, si no has partido?

ABIND. Pensé que era pasado, y no es venido.

ACTO SEGUNDO

DEL REMEDIO EN LA DESDICHA

_Salen_ NARVÁEZ _y cuatro soldados_, PÁEZ _y_ ALVARADO, ESPINOSA _y_ CABRERA.

NARV. Dadle la mano, Alvarado, Y no haya más.

ALVAR. No permitas, Pues siempre honor solicitas, Que pierda el que me han quitado.

NARV. Volvedme a contar lo que es, Que en lo que hasta agora entiendo, Poco vuestro honor ofendo.

ALVAR. El mío pongo a tus pies, Pero no has de permitir Que quede en mala opinión.

NARV. ¿Sobre qué fué la cuistión?

ESPIN. No se la mandes decir, Que es parte y dirá a su gusto.

ALVAR. Yo diré mucha verdad; Y el que más.

NARV. Paso: acabad, Que ya recibo disgusto.

ESPIN. Oyeme, señor, a mí.

NARV. Ni Alvarado ni Espinosa Me han de hablar ni decir cosa; Páez lo cuente.

PÁEZ. Pasa ansí... Y remítome a Cabrera, Que estaba delante.

NARV. Acaba.

PÁEZ. Jugando Alvarado estaba, Y Espinosa desde afuera; Y en una suerte dudosa, Sin pedirla o ser tercero[39] A pagar de su dinero, Juzgó la suerte Espinosa. Alvarado respondió: --¿Quién le mete en esto?--Y luego Replicó Espinosa:--El juego; Que veo juego y tercio yo. --Mejor fuera que callara-- Dijo Alvarado más recio. Dijo Espinosa:--Algún necio La suerte le barajara;[40] Que yo sé de tropelías.-- Alvarado replicó: --Miente el que dice que yo Puedo hacer bellaquerías.-- Espinosa en este punto El sombrero le tiró, Metieron mano, y llegó[41] El presidio todo junto Y pusiéronlos en paz, Hasta que con la alabarda Llegaste al cuerpo de guarda.

NARV. Y ¿en eso estás pertinaz? ¡Gentil engaño porfías! Si estotro dice que sabe Tropelías, ¿en qué cabe Que entiendas bellaquerías Y que lo entiendas por ti? Y el haberle desmentido, A Espinosa no ha ofendido, Pues él lo dijo por sí; Y si ofensa no se ve Ni Alvarado desmintió, El sombrero que tiró De ningún efecto fué; Y cualquier soldado sabio, Que en agravio, si le hubiera, Las espadas juntas viera, Dirá que cesó el agravio. No hay cosa que con haber Metido mano a la espada No quede desagraviada, Porque es lo posible hacer. Quede esto a mi cuenta, y yo Vuestro honor tomo a mi cargo Y satisfacer me encargo Lo que otro diga.

ALVAR. Eso no; Que nadie hablará en aquello Que hablare tal capitán.

NARV. Y esas manos ¿no se dan?

ALVAR. Sí daré, pues gustas dello.

ESPIN. Su amigo soy.

ALVAR. Yo su amigo.

_Salen_ ORTUÑO, _soldado, y_ ZARA, _morisca_.

ORTUÑ. ¿Con quejas al capitán?

ZARA. Por dicha en él hallarán Más piedad que en ti, enemigo.

ORTUÑ. Oyete, galga.

ZARA. Señor.

NARV. ¿Qué es eso?

ZARA. Una pobre esclava Que en la nobleza que alaba El mundo, espera favor.

NARV. ¿Qué es esto, Ortuño?

ORTUÑ. Esa perra Me levanta no sé qué.

NARV. ¿Cúya es?

ORTUÑ. Tuya y mía fué, Y cautiva en buena guerra.

ZARA. Señor, de noche y de día Me hace fuerza y maltrata.

NARV. ¿Ansí la esclava se trata?

ORTUÑ. Miente, por tu vida y mía; Sino que no entiende bien Y cualquier cortés favor Luego piensa que es amor, Y fuerza dirá también: Haciendo estaba mi cama, Y porque a ayudarla fuí, Se vino huyendo de mí.

NARV. ¡Sí, sí; deso tienes fama! Ahora bien: ¿qué te he de dar Por ella?

ORTUÑ. Tuya es.

NARV. Di; acaba.

ORTUÑ. Ya ves que es buena la esclava, Y mejor de rescatar.

NARV. Doite por ella una copa De plata: ve al repostero.

ORTUÑ. Doile yo, pobre escudero, Diez mil y cama de ropa,[42] Y ¡una copilla me das!

NARV. Sin dinero estoy, ¡por Dios! Pero di que te den dos Si con tanta sed estás.

ORTUÑ. Beso tus manos.

NARV. Ya, mora. Eres mi esclava.

ZARA. Sí soy.

NARV. Pues yo libertad te doy. Vete a tu tierra en buen hora.

ZARA. Déte el cielo mil vitorias, Caudillo de los cristianos.

_Vase_ ZARA.

CABR. ¡Qué rotas tiene las manos!

PÁEZ. Y ¡qué llenas de honra y glorias!

_Sale_ PERALTA, _soldado_.

PER. Aquí, señor, está el moro Que viene por el rescate Del sargento.

NARV. ¡Buen quilate Descubre esta vez el oro! No tengo un real, ¡por Dios! Llama ese morillo aquí, Y por él me lleve a mí, O estemos juntos los dos. Pero escucha: al repostero Di que mi plata le dé, Que yo la rescataré Cuando tuviere el dinero. Venga el sargento al momento, Donde es también menester, Porque más vale comer Sin plata que sin sargento.

PER. ¡Oh, Alejandro! ¡Oh gran Narváez!

NARV. Id vos, Peralta, con él.

PER. Voy, señor.

_Vase_ PERALTA.

PÁEZ. ¿Qué das por él?

NARV. Quinientos escudos, Páez.

PÁEZ. Aunque de esclavo le sacas, Por esclavo le has comprado.

_Sale_ NUÑO, _en hábito de moro, con un rebozo_.

NUÑO. ¿Hay acaso algún soldado Que no tenga fuerzas flacas, Que quiera luchar conmigo?

NARV. ¿Por dónde este moro entró? ¿Quién puerta y licencia dió En mi casa a mi enemigo?

NUÑO. Yo me entré solo a probar Mis fuerzas o en paz o en guerra.

ALVAR. ¡Bravo moro! En esta tierra Suelen desafíos usar. Yo quiero luchar contigo.

PÁEZ. Y yo con adarga y lanza.

ESPIN. Yo con la espada, si alcanza La suya a igualar conmigo.

NUÑO. A todos juntos os reto Fuera del alcaide.

PÁEZ. Bien; Mas conmigo solo ven.

NUÑO. Eres valiente en efeto; Mas no vengo a pelear, Sino a avisar a Narváez.

NARV. Salíos todos, y tú, Páez, Haz esas puertas guardar.

PÁEZ. Bien dices; que éste podría Intentar tu muerte.

ALVAR. Vamos.

_Vanse los soldados._

NARV. Ya, moro, solos estamos.

NUÑO. ¿No me conoces?

NARV. Querría.

NUÑO. Soy el moro Marfuz.

NARV. Creo Que eres famoso y gran hombre, Aunque nunca oí tal nombre; Mas verte el rostro deseo.

NUÑO. Soy sobrino de Mahoma; Vengo a matarte.

NARV. ¿A mí?

NUÑO. Si; A ti, pues.

NARV. ¿Adónde?

NUÑO. Aquí.

NARV. Pues alto; la espada toma.

NUÑO. Pues ya, como ves, la empuño.

NARV. ¡Ea, moro, a mí te ven!

NUÑO. Nuño soy.

NARV. ¿Nuño?

NUÑO. Pues ¿quién?

NARV. ¡Válate el diablo por Nuño!

NUÑO. ¿No sabes lo que ha pasado?

NARV. ¿Cómo?

NUÑO. El moro que escribió Era el dueño de quien yo[43] La misma carta he llevado.

NARV. ¿Qué dices?

NUÑO. Que es su marido, Y que, viendo su prisión, Viene a verle.

NARV. Y a ocasión Que ya libremente es ido.

NUÑO. ¿Ido?

NARV. Enviéle a su casa.

NUÑO. ¿Por qué?

NARV. Porque era celoso.

NUÑO. ¡Por Dios, que es cuento donoso! Todo a propósito pasa; Que la mora traigo aquí, Y ansí la podrás gozar, Pues da el marido lugar.

NARV. ¡Qué buen remedio le di!

NUÑO. La vida, ¡por Dios! le has dado, Pues a su casa le envías Cuando a la tuya traías La prenda que le has quitado. ¡Buen recado hallará en ella! ¡Oh celosos! Siempre vi Que les sucediese ansí; El guardalla es no tenella.

NARV. Bien dices.

NUÑO. Ya viene; escucha.

_Sale_ ALARA.

NARV. Pésame ¡por Dios! señora, De que hayáis venido agora.-- ¡Qué grande hermosura!

NUÑO. Mucha.

NARV. En aqueste punto envío Vuestro marido de aquí, Aunque no le conocí.

ALARA. Bésoos los pies, señor mío, Por la merced recebida; Pero soy tan desdichada, Que a sus celos y a su espada Ofrezco mi cuello y vida; Que, como allá no me halle, No ha de creer mi intención, Sino que ha sido invención Por gozarme y engañalle; Pero ya, después que os veo Tan gallardo, ilustre y fuerte, Tendré por justa mi muerte Y por vida mi deseo: Cuanto publica la fama Es poco en vuestra presencia.

NARV. Yo os quise mucho en ausencia, Y presente, el alma os ama; Pero en ella me ha pesado Que de la carta haya sido Tercero vuestro marido, A quien libertad he dado.

ALARA. No os cause, señor, pesar, Sino servíos de mí; Que ya que he venido aquí, Vuestro amor quiero pagar. Y ¡dichosa yo, si acaso Amor firme hallase en vos!

NARV. ¿Qué te parece?

NUÑO. ¡Por Dios, Que habla desenvuelto y raso!-- ¿Vos erais la desdeñosa? Malo estaba de entender; No he visto fácil mujer Que no sea vergonzosa.

NARV. Yo os agradezco en estremo La voluntad, mi señora; Pero aunque el alma os adora, La ofensa de mi honor temo; Que parece que deshonra Mi opinión y calidad, Que a quien di la libertad Le venga a quitar la honra. ¿Qué dirá vuestro marido, Sino que yo le engañé? Y sabe el cielo que fué No habiéndole conocido. Sabed que soy caballero, Y que quitalle el honor Contradice a mi valor.

NUÑO. Mejor dirás majadero.-- Gózala, ¡pesia mi vida! O si no, dámela a mí.

ALARA. Señor, ya he venido aquí, Y os quiero si soy querida; Y aunque ese término sea Del valor que en vos se ve, Advertid que pensaré Que os he parecido fea.

NUÑO. Dale ese contento, acaba; Que en amor no hay cortesía.

NARV. Basta, Nuño. Alara mía, Más os amo que os amaba; Más hermosa estáis aquí Que entre las rejas azules.

NUÑO. Ya entiendo; no disimules: Señora, queredme a mí. ¡Vive Dios, que es impotente!

NARV. Nuño, parte y ve con ella A Coín. Vos, mora bella, Tenedme por vuestro.

NUÑO.[44] Tente; No pierdas esta ocasión.

NARV. A quien libre quise hacer, ¿He de quitar su mujer?

NUÑO. ¡Oh nuevo andaluz Cipión! Hazañas son de tu mano. Vamos, Alara, de aquí.

ALARA. ¡Que me desprecies ansí! ¡Oh riguroso cristiano!

_Vase_ ALARA y NUÑO.

NARV. Si fué mayor la gloria y noble el pago Que dió en España a Cipión la fama En no querer gozar la presa dama, Que el vencimiento ilustre de Cartago; Y si después de aquel lloroso estrago De Dario, más heroico el mundo llama[45] Al macedón, que no violó su cama, Mi deuda con lo mismo satisfago. No quiero que me estimen ni me alaben Las propias ni las bárbaras naciones, Porque en mi pecho sus grandezas caben. No son los capitanes Cipiones Ni Alejandros los reyes, si no saben Vencer sus apetitos y pasiones.[46]

_Salen los soldados_ PERALTA, ORTUÑO, ALVARADO, ESPINOSA _y_ CABRERA.

PER. ¡Albricias!

NARV. Yo te las mando.

ORTUÑ. ¡Ea, fiestas y alegría!

PER. Dos mil ducados te envía De socorro el rey Fernando.[47]

NARV. Dios guarde al Rey mi señor. Esta tarde hay paga.

ALVAR. Vivas Mil años, y dél recibas Premio igual a tu valor.

NARV. Ea, poned mesas luego; Todo os lo he de dar, ¡por Dios!, Y a ser diez mil, como dos.

ESPIN. Peralta, mis pagas juego.

PÁEZ. ¿Quién habrá que eso no haga?

NARV. Llama aquesas cajas, Páez.

CABR. ¡Vivan Fernando y Narváez!

ALVAR. ¡Paga!

CABR. ¡Paga!

ORTUÑ. ¡Paga!

ESPIN. ¡Paga!

[_Vanse._]

ABINDARRÁEZ, _solo_.