Comedias: El remedio en la desdicha; El mejor alcalde, el rey

Chapter 10

Chapter 104,228 wordsPublic domain

PELAYO. Mucho tienen los reyes del invierno Que hacen temblar los hombres.

SANCHO. Señor...

REY. Habla, sosiega.

SANCHO. Que el gobierno De España agora tienes...

REY. Dime, quién eres y de dónde vienes.

SANCHO. Dame a besar tu mano, Porque ennobleza mi grosera boca, Príncipe soberano; Que si mis labios, aunque indignos, toca, Yo quedaré discreto.

REY. ¿Con lágrimas la bañas? ¿A qué efeto?

SANCHO. Mal hicieron mis ojos, Pues propuso la boca su querella Y quieren darla enojos, Para que, puesta vuestra mano en ella, Diera justo castigo A un hombre poderoso, mi enemigo.

REY. Esfuérzate y no llores, Que aunque en mí la piedad es muy propicia, Para que no lo ignores, También doy atributo a la justicia. Di quién te hizo agravio; Que quien al pobre ofende, nunca es sabio.

SANCHO. Son niños los agravios Y son padres los reyes: no te espantes Que hagan con los labios, En viéndolos, pucheros semejantes.

REY. Discreto me parece: Primero que se queja me enternece.

SANCHO. Señor, yo soy hidalgo, Si bien pobre en mudanzas de fortuna, Porque con ellas salgo Desde el calor de mi primera cuna. Con este pensamiento, Quise mi igual en justo casamiento. Mas como siempre yerra Quien de su justa obligación se olvida, Al señor desta tierra, Que don Tello de Neira se apellida, Con más llaneza que arte, Pidiendole licencia, le di parte. Liberal la concede, Y en las bodas me sirve de padrino; Mas el amor, que puede Obligar al más cuerdo a un desatino, Le ciega y enamora, Señor, de mi querida labradora. No deja desposarme, Y aquella noche, con armada gente, La roba, sin dejarme Vida que viva, protección que intente, Fuera de vos y el cielo, A cuyo tribunal sagrado apelo. Que habiéndola pedido Con lágrimas su padre y yo, tan fiero, Señor, ha respondido, Que vieron nuestros pechos el acero; Y siendo hidalgos nobles, Las ramas, las entrañas de los robles.[147]

REY. Conde.

CONDE. Señor.

REY. Al punto. Tinta y papel. Llegadme aquí una silla.

_Sacan un bufete y recado de escribir, y siéntase el_ REY _a escribir_.

CONDE. Aquí está todo junto.

SANCHO. Su gran valor espanta y maravilla. Al Rey hablé, Pelayo.

PELAYO. El es hombre de bien, ¡voto a mi sayo!

SANCHO. ¿Qué entrañas hay crueles Para el pobre?

PELAYO. Los reyes castellanos Deben de ser ángeles.

SANCHO.[148] ¿Vestidos no los ves como hombres llanos?

PELAYO. De otra manera había Un rey que Tello en un tapiz tenía: La cara abigarrara,[149] Y la calza caída en media pierna, Y en la mano una vara, Y un tocado a manera de linterna, Con su corona de oro, Y un barbuquejo, como turco o moro. Yo preguntéle a un paje Quién era aquel señor de tanta fama, Que me admiraba el traje; Y respondióme: "El rey Baúl se llama."

SANCHO. ¡Necio! Saúl diría.

PELAYO. Baúl cuando al Badil matar quería.[150]

SANCHO. David, su yerno era.

PELAYO. Sí; que en la igreja predicaba el cura Que le dió en la mollera Con una de Moisén lágrima dura[151] A un gigante que olía.

SANCHO. Golías, bestia.

PELAYO. El cura lo decía.

_Acaba el_ REY _de escribir_.

REY. Conde, esa carta cerrad. ¿Cómo es tu nombre, buen hombre?

SANCHO. Sancho, señor, es mi nombre, Que a los pies de tu piedad Pido justicia de quien, En su poder confiado, A mi mujer me ha quitado, Y me quitara también La vida, si no me huyera.

REY. ¿Que es hombre tan poderoso En Galicia?

SANCHO. Es tan famoso, Que desde aquella ribera Hasta la romana torre De Hércules es respetado;[152] Si está con un hombre airado, Sólo el cielo le socorre. El pone y él quita leyes: Que estas son las condiciones De soberbios infanzones Que están lejos de los reyes.

CONDE. La carta está ya cerrada.

REY. Sobreescribidla a don Tello De Neira.

SANCHO. Del mismo cuello Me quitas, señor, la espada.

REY. Esa carta le darás, Con que te dará tu esposa.

SANCHO. De tu mano generosa, ¿Hay favor que llegue a más?

REY. ¿Veniste a pie?

SANCHO. No, señor; Que en dos rocines venimos Pelayo y yo.

PELAYO. Y los cortimos[153] Como el viento, y aun mijor. Verdad es que tiene el mío Unas mañas no muy buenas: Déjase subir apenas, Echase en arena o río, Corre como un maldiciente, Come más que un estudiante, Y en viendo un mesón delante, O se entra o se para enfrente.

REY. Buen hombre sois.

PELAYO. Soy, en fin, Quien por vos su patria deja.

REY. ¿Tenéis vos alguna queja?

PELAYO. Sí, señor, deste rocín.

REY. Digo que os cause cuidado.

PELAYO. Hambre tengo: si hay cocina Por acá...

REY. ¿Nada os inclina De cuanto aquí veis colgado, Que a vuestra casa llevéis?

PELAYO. No hay allá donde ponello: Enviádselo a don Tello, Que tien desto cuatro u seis.

REY. ¡Qué gracioso labrador! ¿Qué sois allá en vuestra tierra?

PELAYO. Señor, ando por la sierra, Cochero soy del señor.

REY. ¿Coches hay allá?

PELAYO. Que no; Soy que guardo los cochinos.

REY. ¡Qué dos hombres peregrinos Aquella tierra juntó! Aquél con tal condición, Y éste con tanta ignorancia. Tomad vos.

_Danle un bolsillo._

PELAYO. No es de importancia.

REY. Tomadlos, doblones son. Y vos la carta tomad, Y id en buen hora.

SANCHO. Los cielos Te guarden.

_Vase el_ REY _y los caballeros_.

PELAYO. ¡Hola! Tomélos.

SANCHO. ¿Dineros?

PELAYO. Y en cantidad.

SANCHO. ¡Ay, mi Elvira! Mi ventura Se cifra en este papel, Que pienso que llevo en él Libranza de tu hermosura.

_Vanse, y sale_ DON TELLO _y_ CELIO.

CELIO. Como me mandaste, fuí A saber de aquel villano, Y aunque lo negaba Nuño, Me lo dijo amenazado: No está en el valle, que ha días Que anda ausente.

D. TELL. ¡Estraño caso! Dice que es ido a León.

D. TELL. ¿A León?

CELIO. Y que Pelayo Le acompañaba.

D. TELL. ¿A qué efeto?

CELIO. A hablar al Rey.

D. TELL. ¿En qué caso? El no es de Elvira marido: Yo ¿por qué le hago agravio?[154] Cuando se quejara Nuño, Estuviera disculpado; Pero ¡Sancho!

CELIO. Esto me han dicho Pastores de tus ganados; Y como el mozo es discreto Y tiene amor, no me espanto, Señor, que se haya atrevido.

D. TELL. Y ¿no habrá más de en llegando Hablar a un rey de Castilla?

CELIO. Como Alfonso se ha criado En Galicia con el conde[155] Don Pedro de Andrada y Castro, No le negará la puerta, Por más que sea hombre bajo, A ningún gallego.

_Llaman._

D. TELL. Celio, Mira quién está llamando. ¿No hay pajes en esta sala?

CELIO. ¡Vive Dios, señor, que es Sancho! Este mismo labrador De quien estamos hablando.

D. TELL. ¿Hay mayor atrevimiento?

CELIO. Así vivas muchos años, Que veas lo que te quiere.

D. TELL. Di que entre, que aquí le aguardo.

_Entran_ [SANCHO _y_ PELAYO].

SANCHO. Dame, gran señor, los pies.

D. TELL. ¿Adónde, Sancho, has estado, Que ha días que no te he visto?

SANCHO. A mí me parecen años. Señor, viendo que tenías, Sea porfía en que has dado, O sea amor a mi Elvira, Fuí hâblar al rey castellano,[156] Como supremo juez Para deshacer agravios.

D. TELL. Pues ¿qué dijiste de mí?

SANCHO. Que habiéndome yo casado, Me quitaste mi mujer.

D. TELL. ¿Tu mujer? ¡Mientes, villano! ¿Entró el cura aquella noche?

SANCHO. No, señor; pero de entrambos Sabía las voluntades.

D. TELL. Si nunca os tomó las manos, ¿Cómo puede ser que sea Matrimonio?

SANCHO. Yo no trato De si es matrimonio o no; Aquesta carta me ha dado, Toda escrita de su letra.[157]

D. TELL. De cólera estoy temblando.

[_Lee._]

"En recibiendo ésta, daréis a ese pobre labrador la mujer que le habéis quitado, sin réplica ninguna; y advertid que los buenos vasallos se conocen lejos de los reyes, y que los reyes nunca están lejos para castigar los malos.--_El Rey._"

Hombre, ¿qué has traído aquí?

SANCHO. Señor, esa carta traigo Que me dió el Rey.

D. TELL. ¡Vive Dios, Que de mi piedad me espanto! ¿Piensas, villano, que temo Tu atrevimiento en mi daño? ¿Sabes quién soy?

SANCHO. Sí, señor; Y en tu valor confiado Traigo esta carta, que fué, No, cual piensas, en tu agravio, Sino carta de favor Del señor rey castellano Para que me des mi esposa.

D. TELL. Advierte que, respetando La carta, a ti y al que viene Contigo...

PELAYO. ¡San Blas! ¡San Pablo!

D. TELL. No os cuelgo de dos almenas.

PELAYO. Sin ser día de mi santo, Es muy bellaca señal.

D. TELL. Salid luego de palacio, Y no paréis en mi tierra; Que os haré matar a palos. Pícaros, villanos, gente De solar humilde y bajo, ¡Conmigo!...

PELAYO. Tiene razón; Que es mal hecho haberle dado Ahora esa pesadumbre.

D. TELL. Villanos, si os he quitado Esa mujer, soy quien soy, Y aquí reino en lo que mando, Como el Rey en su Castilla; Que no deben mis pasados A los suyos esta tierra; Que a los moros la ganaron.

PELAYO. Ganáronsela a los moros, Y también a los cristianos, Y no debe nada al Rey.

D. TELL. Yo soy quien soy...

PELAYO. ¡San Macario! ¡qué es aquesto!

D. TELL. Si no tomo Venganza con propias manos... ¡Dar a Elvira! ¡Qué es a Elvira! ¡Matadlos!... Pero dejadlos; Que en villanos es afrenta Manchar el acero hidalgo.

_Vase._

PELAYO. No le manche, por su vida.

SANCHO. ¿Qué te parece?

PELAYO. Que estamos Desterrados de Galicia.

SANCHO. Pierdo el seso, imaginando Que éste no obedezca al Rey Por tener cuatro vasallos. Pues ¡vive Dios!...

PELAYO. Sancho, tente; Que siempre es consejo sabio, Ni pleitos con poderosos, Ni amistades con criados.

SANCHO. Volvámonos a León.

PELAYO. Aquí los doblones traigo Que me dió el Rey; vamos luego.

SANCHO. Diréle lo que ha pasado. ¡Ay, mi Elvira! ¡Quién te viera! Salid, suspiros, y en tanto Que vuelvo, decid que muero De amores.

PELAYO. Camina, Sancho; Que éste no ha gozado a Elvira.

SANCHO. ¿De qué lo sabes, Pelayo?

PELAYO. De que nos la hubiera vuelto Cuando la hubiera gozado.

_Vanse._

ACTO TERCERO

_Sale el_ REY _y el_ CONDE _y_ DON ENRIQUE.

REY. El cielo sabe, Conde, cuánto estimo Las amistades de mi madre.[158]

CONDE. Estimo Esas razones, gran señor; que en todo Muestras valor, divino y soberano.

REY. Mi madre gravemente me ha ofendido;[159] Mas considero que mi madre ha sido.[160]

_Salen_ SANCHO _y_ PELAYO.

PELAYO. Digo que puedes llegar.

SANCHO. Ya, Pelayo, viendo estoy A quien toda el alma doy, Que no tengo más que dar: Aquel castellano sol, Aquel piadoso Trajano, Aquel Alcides cristiano Y aquel César español.

PELAYO. Yo, que no entiendo de historias,[161] De Kyries, son de marranos, Estó mirando en sus manos Más que tien rayas, vitorias. Llega y a sus pies te humilla; Besa aquella huerte mano.[162]

SANCHO. Emperador soberano, Invicto Rey de Castilla, Déjame besar el suelo De tus pies, que por almohada Han de tener a Granada Presto, con favor del cielo, Y por alfombra a Sevilla, Sirviéndoles de colores Las naves y varias flores De su siempre hermosa orilla. ¿Conócesme?

REY. Pienso que eres Un gallego labrador Que aquí me pidió favor.

SANCHO. Yo soy, señor.

REY. No te alteres.

SANCHO. Señor, mucho me ha pesado De volver tan atrevido A darte enojos; no ha sido Posible haberlo escusado. Pero si yo soy villano En la porfía, señor, Tú serás emperador, Tú serás César romano, Para perdonar a quien Pide a tu clemencia real Justicia.

REY. Dime tu mal, Y advierte que te oigo bien; Porque el pobre para mi Tiene cartas de favor.

SANCHO. La tuya, invicto señor, A Tello en Galicia dí, Para que, como era justo, Me diese mi prenda amada. Leída y no respetada, Causóle mortal disgusto; Y no sólo no volvió, Señor, la prenda que digo, Pero con nuevo castigo El porte della me dió; Que a mí y a este labrador Nos trataron de tal suerte Que fué escapar de la muerte Dicha y milagro, señor. Hice algunas diligencias Por no volver a cansarte, Pero ninguna fué parte A mover sus resistencias. Hablóle el cura, que allí Tiene mucha autoridad, Y un santo y bendito abad Que tuvo piedad de mí, Y en San Pelayo de Samos[163] Reside; pero mover Su pecho no pudo ser, Ni todos juntos bastamos. No me dejó que la viera, Que aun eso me consolara; Y así, vine a ver tu cara, Y a que justicia me hiciera La imagen de Dios, que en ella Resplandece, pues la imita.

REY. Carta de mi mano escrita... ¿Mas qué debió de rompella?[164]

SANCHO. Aunque por moverte a ira Dijera de sí algún sabio,[165] No quiera Dios que mi agravio Te indigne con la mentira. Leyóla y no la rompió; Mas miento, que fué rompella Leella y no hacer por ella Lo que su Rey le mandó. En una tabla su ley Escribió Dios: ¿no es quebrar La tabla el no la guardar? Así el mandato del rey. Porque para que se crea Que es infiel, se entiende así. Que lo que se rompe allí, Basta que el respeto sea.

REY. No es posible que no tengas Buena sangre, aunque te afligen Trabajos, y que de origen De nobles personas vengas, Como muestra tu buen modo De hablar y de proceder. Ahora bien, yo he de poner De una vez remedio en todo. Conde.

CONDE. Gran señor.

REY. Enrique.

D. ENR. Señor.

REY. Yo he de ir a Galicia, Que me importa hacer justicia. Y aquesto no se publique.

CONDE. Señor...

REY. ¿Qué me replicáis? Poned del parque a las puertas Las postas.

CONDE. Pienso que abiertas Al vulgo se las dejáis.

REY. Pues ¿cómo lo han de saber, Si enfermo dicen que estoy Los de mi cámara?

D. ENR. Soy De contrario parecer.

REY. Esta es ya resolución: No me repliquéis.

CONDE. Pues sea De aquí a dos días y vea Castilla la prevención De vuestra melancolía.

REY. Labradores.

SANCHO. Gran señor.

REY. Ofendido del rigor, De la violencia y porfía De don Tello, yo en persona Le tengo de castigar.

SANCHO. ¡Vos, señor! Sería humillar Al suelo vuestra corona.

REY. Id delante, y prevenid De vuestro suegro la casa, Sin decirle lo que pasa, Ni a hombre humano, y advertid Que esto es pena de la vida.

SANCHO. Pues ¿quién ha de hablar, señor?

REY. Escuchad vos, labrador: Aunque todo el mundo os pida Que digáis quién soy, decid Que un hidalgo castellano, Puesta en la boca la mano Desta manera: advertid, Porque no habéis de quitar De los labios los dos dedos.

PELAYO. Señor, los tendré tan quedos, Que no osaré bostezar. Pero su merced, mirando Con piedad mi suficiencia, Me ha de dar una licencia De comer de cuando en cuando.

REY. No se entiende que has de estar Siempre la mano en la boca.

SANCHO. Señor, mirad que no os toca Tanto mi bajeza honrar. Enviad, que es justa ley, Para que haga justicia, Algún alcalde a Galicia.

REY. El mejor alcalde, el Rey.

_Vanse todos y salen_ NUÑO _y_ CELIO.

NUÑO. En fin, ¿que podré verla?

CELIO. Podréis verla Don Tello, mi señor, licencia ha dado.

NUÑO. ¿Qué importa, cuando soy tan desdichado?

CELIO. No tenéis qué temer, que ella resiste Con gallardo valor y valentía De mujer, que es mayor cuando porfía.

NUÑO. Y ¿podré yo creer que honor mantiene Mujer que en su poder un hombre tiene?

CELIO. Pues es tanta verdad, que si quisiera Elvira que su esposo Celio fuera, Tan seguro con ella me casara Como si en vuestra casa la tuviera.

NUÑO. ¿Cuál decís que es la reja?

CELIO. Hacia esta parte De la torre se mira una ventana, Donde se ha de poner, como me ha dicho.

NUÑO. Parece que allí veo un blanco bulto,[166] Si bien ya con la edad lo dificulto.

CELIO. Llegad, que yo me voy, porque si os viere, No me vean a mí, que lo he trazado, De vuestro injusto amor importunado.

_Vase_ CELIO _y sale_ ELVIRA.

NUÑO. ¿Eres tú, mi desdichada Hija?

ELVIRA. ¿Quién, sino yo, fuera?

NUÑO. Ya no pensé que te viera, No por presa y encerrada, Sino porque deshonrada Te juzgué siempre en mi idea; Y es cosa tan torpe y fea La deshonra en el honrado, Que aun a mí, que el ser te he dado, Me obliga a que no te vea. ¡Bien el honor heredado De tus pasados guardaste, Pues que tan presto quebraste Su cristal tan estimado! Quien tan mala cuenta ha dado De sí, padre no me llame; Porque hija tan infame, Y no es mucho que esto diga, Solamente a un padre obliga A que su sangre derrame.

ELVIRA. Padre, si en desdichas tales Y en tan continuos desvelos, Los que han de dar los consuelos Vienen a aumentar los males, Los míos serán iguales A la desdicha en que estoy, Porque si tu hija soy Y el ser que tengo me has dado, Es fuerza haber heredado La nobleza que te doy. Verdad es que este tirano Ha procurado vencerme; Yo he sabido defenderme Con un valor más que humano; Y puedes estar ufano De que he de perder la vida Primero que este homicida Llegue a triunfar de mi honor, Aunque con tanto rigor Aquí me tiene escondida.

NUÑO. Ya del estrecho celoso, Hija, el corazón ensancho.

ELVIRA. ¿Qué se ha hecho el pobre Sancho, Que solía ser mi esposo?[167]

NUÑO. Volvió a ver a aquel famoso Alfonso, rey de Castilla.

ELVIRA. Luego ¿no ha estado en la villa?

NUÑO. Hoy esperándole estoy.

ELVIRA. Y yo que le maten hoy.

NUÑO. Tal crueldad me maravilla.

ELVIRA. Jura de hacerle pedazos.

NUÑO. Sancho se sabrá guardar.

ELVIRA. ¡Oh, quién se pudiera echar De aquesta torre a tus brazos!

NUÑO. Desde aquí, con mil abrazos Te quisiera recibir.

ELVIRA. Padre, yo me quiero ir, Que me buscan; padre, adiós.

NUÑO. No nos veremos los dos, Que yo me voy a morir.

_Vase_ ELVIRA _y sale_ DON TELLO.

D. TELL. ¿Qué es esto? ¿Con quién habláis?

NUÑO. Señor, a estas piedras digo Mi dolor, y ellas conmigo Sienten cuán mal me tratáis; Que, aunque vos las imitáis En dureza, mi desvelo Huye siempre del consuelo, Que anda a buscar mi tristeza; Y aunque es tanta su dureza Piedad les ha dado el cielo.

D. TELL. Aunque más forméis, villanos, Quejas, llantos e invenciones, La causa de mis pasiones No ha de salir de mis manos. Vosotros sois los tiranos, Que no la queréis rogar Que dé a mi intento lugar; Que yo, que le adoro y quiero, ¿Cómo puede ser, si muero, Que pueda a Elvira matar? ¿Qué señora presumís Que es Elvira? ¿Es más agora De una pobre labradora? Todos del campo vivís; Mas pienso que bien decís, Mirando la sujeción Del humano corazón, Que no hay mayor señorío Que pocos años y brío, Hermosura y discreción.

NUÑO. Señor, vos decís muy bien. El cielo os guarde.

D. TELL. Sí hará, Y a vosotros os dará El justo pago también.

NUÑO. ¡Que sufra el mundo que estén Sus leyes en tal lugar Que el pobre al rico ha de dar Su honor, y decir que es justo! Mas tiene por ley su gusto Y poder para matar.

_Vase._

D. TELL. Celio.

_Sale_ CELIO.

CELIO. Señor.

D. TELL. Lleva luego. Donde te he mandado a Elvira.

CELIO. Señor, lo que intentas mira.

D. TELL. No mira quien está ciego.

CELIO. Que repares bien te ruego, Que forzalla es crueldad.

D. TELL. Tuviera de mí piedad, Celio, y yo no la forzara.

CELIO. Estimo por cosa rara Su defensa y castidad.

D. TELL. No repliques a mi gusto, ¡Pesar de mi sufrimiento!, Que ya es bajo pensamiento El sufrir tanto disgusto. Tarquino tuvo por gusto[168] No esperar tan sola un hora, Y cuando vino la aurora Ya cesaban sus porfías; Pues ¿es bien que tantos días Espere a una labradora?

CELIO. Y ¿esperarás tú también Que te den castigo igual? Tomar ejemplo del mal No es justo, sino del bien.

D. TELL. Mal o bien, hoy su desdén, Celio, ha de quedar vencido. Ya es tema, si amor ha sido; Que aunque Elvira no es Tamar,[169] A ella le ha de pesar, Y a mí vengarme su olvido.

_Vanse, y salen_ SANCHO, PELAYO _y_ JUANA.

JUANA. Los dos seiás bien venidos.

SANCHO. No sé cómo lo seremos; Pero bien sucederá, Juana, si lo quiere el cielo.

PELAYO. Si lo quiere el cielo, Juana, Sucederá por lo menos... Que habremos llegado a casa, Y pues que tienen sus piensos Los rocines, no es razón Que envidia tengamos dellos.

JUANA. ¿Ya nos vienes a matar?

SANCHO. ¿Dónde está señor?

JUANA. Yo creo Que es ido a hablar con Elvira.

SANCHO. Pues ¿déjala hablar don Tello?

JUANA. Allá por una ventana De una torre, dijo Celio.

SANCHO. ¿En torre está todavía?

PELAYO. No importa, que vendrá presto Quien le haga...

SANCHO. Advierte, Pelayo...

PELAYO. Olvidéme de los dedos.

JUANA. Nuño viene.

_Sale_ NUÑO.

SANCHO. ¡Señor mío!

NUÑO. Hijo, ¿cómo vienes?

SANCHO. Vengo Más contento a tu servicio.

NUÑO. ¿De qué vienes más contento?

SANCHO. Traigo un gran pesquisidor.

PELAYO. Un pesquisidor traemos Que tiene...

SANCHO. Advierte, Pelayo...

PELAYO. Olvidéme de los dedos.

NUÑO. ¿Viene gran gente con él?

SANCHO. Dos hombres.

NUÑO. Pues yo te ruego, Hijo, que no intentes nada, Que será vano tu intento; Que un poderoso en su tierra, Con armas, gente y dinero, O ha de torcer la justicia, O alguna noche, durmiendo, Matarnos en nuestra casa.

PELAYO. ¿Matar? ¡Oh, qué bueno es eso! ¿Nunca habéis jugado al triunfo? Haced cuenta que don Tello Ha metido la malilla; Pues la espadilla traemos.[170]

SANCHO. Pelayo, ¿tenéis juicio?

PELAYO. Olvidéme de los dedos.

SANCHO. Lo que habéis de hacer, señor, Es prevenir aposento, Porque es hombre muy honrado.

PELAYO. Y tan honrado, que puedo Decir...

SANCHO. ¡Vive Dios, villano!

PELAYO. Olvidéme de los dedos. Que no habraré más palabra.

NUÑO. Hijo, descansa; que pienso Que te ha de costar la vida Tu amoroso pensamiento.

SANCHO. Antes voy a ver la torre Donde mi Elvira se ha puesto; Que, como el sol deja sombra, Podrá ser que de su cuerpo Haya quedado en la reja; Y si, como el sol traspuesto, No la ha dejado, yo sé Que podrá formarla luego Mi propia imaginación.

_Vanse._

NUÑO. ¡Qué estraño amor!

JUANA. Yo no creo Que se haya visto en el mundo.

NUÑO. Ven acá, Pelayo.

PELAYO. Tengo Qué decir a la cocina.

NUÑO. Ven acá, pues.

PELAYO. Luego vuelvo.

NUÑO. Ven acá.

PELAYO. ¿Qué es lo que quiere?

NUÑO. ¿Quién es este caballero Pesquisidor que trae Sancho?

PELAYO. El pecador que traemos Es un... ¡Dios me tenga en buenas! Es un hombre de buen seso, Descolorido, encendido; Alto, pequeño de cuerpo; La boca, por donde come; Barbirrubio y barbinegro; Y si no lo miré mal, Es médico o quiere serlo, Porque, en mandando que sangren, Aunque sea del pescuezo...

NUÑO. ¿Hay bestia como éste, Juana?

_Sale_ BRITO.

BRITO. Señor Nuño, corre presto, Porque a la puerta de casa Se apean tres caballeros De tres hermosos caballos, Con lindos vestidos nuevos, Botas, espuelas y plumas.

NUÑO. ¡Válgame Dios, si son ellos! Mas ¡pesquisidor con plumas!

PELAYO. Señor, vendrán más ligeros; Porque la recta justicia, Cuando no atiende a cohechos, Tan presto al concejo vuelve, Como sale del concejo.

NUÑO. ¿Quién le ha enseñado a la bestia Esas malicias?

PELAYO. ¿No vengo De la corte? ¿Qué se espanta?

_Vanse_ BRITO _y_ JUANA, _y salen el_ REY _y los caballeros de camino y_ SANCHO.

SANCHO. Puesto que os vi desde lejos, Os conocí.

REY. Cuenta, Sancho, Que aquí no han de conocernos.

NUÑO. Seáis, señor, bien venido.

REY. ¿Quién sois?

SANCHO. Es Nuño, mi suegro.

REY. Estéis en buen hora, Nuño.

NUÑO. Mil veces los pies os beso.

REY. Avisad los labradores Que no digan a don Tello Que viene pesquisidor.

NUÑO. Cerrados pienso tenerlos Para que ninguno salga. Pero señor, tengo miedo Que traigáis dos hombres solos; Que no hay en todo este reino Más poderoso señor, Más rico ni más soberbio.

REY. Nuño, la vara del rey Hace el oficio del trueno, Que avisa que viene el rayo; Solo, como veis, pretendo Hacer por el rey justicia.

NUÑO. En vuestra presencia veo Tan magnánimo valor, Que, siendo agraviado, tiemblo.

REY. La información quiero hacer.

NUÑO. Descansad, señor, primero; Que tiempo os sobra de hacella.

REY. Nunca a mí me sobra tiempo. ¿Llegastes bueno, Pelayo?

PELAYO. Sí, señor, llegué muy bueno. Sepa Vuesa Señoría...

REY. ¿Qué os dije?

PELAYO. Póngome el freno. ¿Viene bueno su merced?

REY. Gracias a Dios, bueno vengo.

PELAYO. A fe que he de presentalle,[171] Si salimos con el pleito, Un puerco de su tamaño.

SANCHO. ¡Calla, bestia!

PELAYO. Pues ¿qué? ¿Un puerco Como yo, que soy chiquito?

REY. Llamad esa gente presto.

_Sale_ BRITO, FILENO, JUANA _y_ LEONOR.

BRITO. ¿Qué es, señor, lo que mandáis?

NUÑO. Si de los valles y cerros Han de venir los zagales, Esperaréis mucho tiempo.

REY. Estos bastan que hay aquí. ¿Quién sois vos?

BRITO. Yo, señor, bueno, So Brito, un zagal del campo.[172]

PELAYO. De casado le cogieron El principio, y ya es cabrito.[173]

REY. ¿Qué sabéis vos de don Tello Y del suceso de Elvira?

BRITO. La noche del casamiento La llevaron unos hombres Que aquestas puertas rompieron.

REY. Y vos, ¿quién sois?

JUANA. Señor, Juana, Su criada, que sirviendo Estaba a Elvira, a quien ya Sin honra y sin vida veo.

REY. Y ¿quién es aquel buen hombre?