Comedia llamada Selvagia, Comedia Serafina

Part 20

Chapter 202,127 wordsPublic domain

_Pin._ Qué rezar que lleva, como si no supiese la voluntad con que voy.

_Art._ ¿Quién toca á la puerta? ¡oh hijo y más que hermano, y tú seas tan bien venido como el agua en el mes de Mayo! y ¿qué tardanza ha sido ésta tan grande? ¿ha habido algun inconveniente?

_Pin._ He estado aguardando á mi amo Evandro, y con esto me he detenido.

_Art._ ¡Que lo has estado aguardando! ¿y dónde está? ¿anda él tambien á caza?

_Pin._ Yo os aseguro que está bien emboscado ó trasconejado, como suelen decir.

_Art._ ¿Adónde, por tu vida?

_Pin._ Más te va en esto; espera y cura de tus duelos, y dexa á la pecadora de Serafina goce de su hilaza, que todas os lo quereis hacer.

_Art._ ¿Y eso me dices? y creo que está en casa Evandro.

_Pin._ Adevinar, de una dubda me has sacado; déxala, sé que no has de ser tú sola la novia, y á las otras que las papen duelos.

_Art._ Y ¿ques posible?

_Pin._ Otra vez doce, y creo que te pesa.

_Art._ En estar tú, hijo, en medio y haber sido el intercesor, me place en verdad, y pues que así es, démonos de buen tiempo, que este mundo no ha de durar para siempre; y esta vez pase, pero de aquí adelante todo quiero que pase por mi mano, y anden todas, y así se lo dí á Evandro, que de hoy más seamos buenos amigos, y que se quede Pedro en casa y el diablo vaya para ruin. E si mi hijo es bobo, que lo sea en buen hora, que esotra pecadora no ha de estar hecha camaleon deseando lo que sobra á sus vecinas.

_Pin._ Mucho me huelgo en verdad, señora, de quan cuerdamente lo miras.

_Art._ Pues ¿qué quieres? ¿téngome de matar por lo que no puedo haber? Déxame, que hoy somos y mañana no; gocémosnos, que Dios sabe en quál casa hay más dinero; pero eso que haces me parece bien, no olvidar las piernas, porque es el caballo lerdo.

_Viol._ ¡Ah señora!

_Art._ ¿Qué dices, hija?

_Viol._ Que en esta hora viene Filipo del aldea y áun no se ha apeado.

_Pin._ ¡Oh cómo somos perdidos!

_Art._ Calla, bobo, que yo lo proveeré todo, como hecho de oro y de azul.

_Pin._ ¿Y tan presto vas?

_Art._ Hijo, hijo.

_Filipo._ ¿Qué mandas, señora?

_Art._ Aquí, callando, te entra en este aposento.

_Fil._ ¿Hay algo de nuevo?

_Art._ Hoy le ha venido á Serafina su costumbre más desordenada que otras veces; será gran bien que no la veas, y hay necesidad que ella no sepa que eres venido, porque con el demasiado gozo sentirá grande alteracion y podrá nacer de la demasiada alegría algun desastrado caso.

_Fil._ ¡Oh señora, cómo está bien proveido! pues cerrad la puerta tras vos.

_Viol._ El asno, con su alma de cántaro, áun sufrirla los cuernos á ojos vistas.

_Pin._ Pues ¿tan presto vienes?

_Art._ Ya queda en el corral, y le he hecho creer que Serafina está con su costumbre, y que hay necesidad que hasta mañana no la vea.

_Pin._ ¡Oh sotil invencion! ¡oh nuevo género de inventar cautelas! ¡oh astuta y aguda en todo género de maldad!

_Art._ ¿Maravíllaste, Pinardo? pues por esto dicen, algo va de Pedro á Pedro.

_Pin._ Pues, señora, ya es tarde, quiero ir á decir á Evandro que nos vamos, que ésta no es casa de por vida, si mandas algo dímelo; pero yo cada dia me estaré en la posada, que Filipo mucho es mi señor.

_Art._ Pues vé en paz y estotro no pongas en olvido.

_Viol._ Cata, Pinardo, ques tarde y habrá necesidad que veas á Evandro, ¿en qué andas atónito?

_Pin._ Pues vamos y sabrémos si está leuda la masa, ó si está cortido el cordoban.

_Viol._ Áun les dura el dar de las martilladas, ¿son herreros?

_Pin._ Evandro habla, oigamos.

_Evand._

Ya se alexan los mis males, Ya el dolor tambien se olvida, Ya las ánsias tan mortales, Ya las cuitas desiguales No amenazan á la vida. Y los dolores sin calma Al bien no dan ya desvío, Y el sentido en sí se pasma De ver que dentro en el alma Se me causa algun alivio: Y los daños inmortales, Que crecian muy sin medida, Están tornados atales, Que sus cuitas desiguales No amenacen á la vida. Porque con vuestra belleza, El mal se alexa y destruye, Y la tan grande tristeza Y la muerte sin pereza, Con sus angustias ya huye; Y las tan descomunales Ánsias ya van de vencida, En saber que están ya tales, Que sus cuitas desiguales No amenacen á la vida.

_Viol._ ¡Oh, válame la pasion del hijo de Dios, y qué alta y qué maravillosa cancion! ¡oh cómo los versos de aquel gran mantuano Maron en la inflacion y pesadumbre, no se les igualan, y por qué sotil y maravilloso estilo ha ensalzado la gloria de que al presente su espíritu está triunfando!

_Pin._ Mas parece que se entienden á coplas.

_Viol._ Pues no seas tan pesado, que áun te pueden sentir de dentro; ea, ya, ten alguna vergüenza, mira quál estoy, ni te ha de abastar la cama ni poyos ni paredes.

_Pin._ Pues ya, señora mia, ya es hecho, y pues tanto te quexas, quiero ir acá adentro, aunque sea el agua de por Sant Juan, y esparciré todos estos ñublados, que hora es que diésemos parte al dia.

_Viol._ Y áun á la noche me parece á mí que es tiempo ya de dar parte, porque el rutilante Febo, ya aposentado en el ocaso, no resplandece en nuestro horizonte.

_Pin._ ¿Por ahí me entras? no estoy más aquí.

_Evand._ ¿Cómo vienes, Pinardo? ¿qué hora es?

_Pin._ ¿Agora preguntas eso? vámonos, mirá, señor, que anochece, y ya Filipo es venido.

_Ser._ ¡Vírgen María!

_Pin._ Él vino habrá una hora del aldea, y Artemia á mi causa le hizo entrar allá, en el postrer aposento de la casa, diciéndole que tú, señora, estabas con tu costumbre, y porque no sintieses alguna alteracion convenia que no te viese hasta mañana.

_Ser._ ¡Oh próspero suceso! mas dime, Pinardo, ¿qué, tan privado estás?

_Evand._ Ya yo, señora, te he informado de lo que pasa, por eso duerme á buen sueño.

_Pin._ A mí la fe, teniéndola en el degolladero, de que la vi á la colla díxele cómo estabas en casa.

_Ser._ ¿Qué me dices?

_Pin._ A la fe, ni quité ni puse; pero lo que pasa díxeselo.

_Ser._ ¿Y qué te respondió? así no veas contraria ventura de las cosas que más deseas.

_Pin._ Por el crucifijo de Búrgos, que se holgó como si viese el cielo abierto, porque ella bien vido que su mercaduría no se podia vender secreta; y por no jugar á calla y callemos que sendas nos tenemos, no hay traicion que no hará. E por concluir, me dixo á la clara que de hoy más quiere hablar á Evandro, y que la riña de Sant Juan sea paz para todo el año.

_Ser._ De manera que todo lo has soldado y asegurado con el hábito de hembra, y despues ándate ahí diciendo mal de las mujeres.

_Pin._ Yo, nunca Dios tal mande; pero vamos, señor, que el tiempo es largo y ya sabes el camino.

_Evand._ ¡Oh! cómo se me arrancan las entrañas en pensar que, un solo momento, me tengo de ver ausente de la vida en que mi triste y miserable vivir se sostiene.

_Ser._ Yo, señor, soy la que quedo tan desconsolada con tu ausencia, qual quedaron los caballeros del gran Alexandre en tierras ajenas peregrinando, ya muerto el universal caudillo; pero, pues éste es el mejor consejo, sigámoslo, y la Vírgen del Remedio te guie y lo remedie todo, como todos deseamos, conservando tan demasiado gozo como de tu vista se me ha causado.

_Evand._ Por el mismo camino que venimos te torna, Pinardo, que muy encubierto es; pero por nosotros podrán decir, anoche fuí y agora vengo, marido bueno.

_Pin._ Así acontece en estas casas recias, á la mañana la cocina y á la noche la carne; pero sube, señor, que yo quedo á cerrar la puerta.

_Evand._ Davo, Davo, ¿estás ahí?

_Crat._ Todos estamos aquí, señor, esperando, y no poco recelosos de tu tardanza.

_Evand._ ¡Cómo soy de todo bienaventurado! ¡oh cómo mi voluntad se ha cumplido! ¡oh cómo he gozado de la más acabada y perfecta doncella que en el mundo vive!

_Dav._ No sea el virgo postizo, por hacelle creer que truena.

_Evand._ Y pues ya mis pensamientos tristes hallaron vado, y mis desconsoladas pasiones han cesado, con el demasiado gozo que por las venas se va derramando, no es tiempo de más querellas ni de buscar géneros de nuevas lamentaciones; alégrate, alégrate, Popilia, que no hizo Dios á quien desmamparase.

_Pop._ Pues que ya, señor, la Vírgen sin mancilla lo ha remediado todo, de hoy más con más acuerdo, con más consejo, con más sufrimiento le gobierna, y hora es que reposes; si te parece, salirnos hemos.

_Evand._ Cuerdamente has hablado, Popilia; ¿adónde vas, Pinardo, adónde vas? mira no digan por tí que eres el mozo del escudero gallego.

_Pin._ Con Violante me voy, porque de que te dan la vaquilla acude con la soguilla.

_Dav._ Donde te quieren mucho no vayas á menudo, dice el otro, porque la mucha familiaridad ódio engendra.

_Pin._ Entre los necios y hombres de poca estima es eso, y entre los que andan jugando, á hurta cordel, el juego de la corre-vela, pero, entre los discretos y nobles, miéntra más familiaridad y más conversacion, más causa es de amistad, y así os quedá y holgaos entre esta gente de palacio, y regocijaos bien, que yo, Pinardo, acabo de representar la comedia Serafina llamada.

[Ilustración]

NUNQUE COMPUESTO POR EL MISMO AUTOR.

Nunca jamas la soberbia Careció de desconcierto; Ni vide tiro más cierto Que hablando siempre verdad; Ni hay otra linda beldad, Salvo abundar en virtud; Ni hay mayor ingratitud Qu’el no conocer á Cristo; Ni jamas yo bien he visto Sin esperanza de gloria; Ni vide peor memoria Que pensar siempre en el vicio; Ni vi mejor sacrificio Que el corazon humillado; Ni vide más hondo vado Qu’el de la poca conciencia; Ni vide perfecta sciencia Sin proceder de lo alto; Ni hay hombre pobre ni falto, Salvo el de poco sentido; Ni hay otro mejor olvido Que del mal que daña al alma; Ni hay otra más dulce calma Que la de los pensamientos; Ni tan prestos movimientos, Como los de la mujer; Ni más fuerte contender Que esforzar la voluntad; Ni hay otra mayor bondad Que la falta del pecado; Ni vi bienaventurado Al que sigue tras el mundo; Ni vi, segun aquí fundo, Contra cierzo buen abrigo; Ni al pobre tener amigo, Por más que tenga parientes; Ni vi más perdidas gentes Que las que siguen el mal; Ni mayor daño, ni tal, Que la voluntad cativa; Ni vi cosa más esquiva, Que la hembra, si está airada; Ni vi cosa mal gastada Si se da al menesteroso; Ni vi qu’el qu’es presuroso, Abunda de discrecion; Ni vi yo mejor lecion Que de la Sacra Scriptura; Ni hay cosa tan mala é dura Qu’el malo fingir qu’es bueno; Ni hay mal de que así me peno, Qu’en ver padecer al justo; Ni vi hecho más injusto Que es culpar al inocente; Ni tartamudo elocuente, Ni el perezoso dispierto, Ni con enojo concierto, Se vido en el más prudente; Ni vi que nadie bien cuente, De lo que pasa en consejo. Yo, fiador, que no se espere. Así que, dé donde diere, Pues se guarda tal costumbre, Que nunca la muchedumbre Acierta en cosa que haga: Y así no vi mayor plaga Que amar é ser dañado; Ni otro mejor dictado, Qu’es usar de la lealtad; Ni vi mayor claridad, Qu’es es ser muy limpio en la fama; Ni vi más caliente llama, Que si amais de corazon; Ni vi yo mayor pasion Que si os niegan el servicio; Ni vi yo mejor oficio, Qu’el de la contemplacion; Ni vi que mala intencion A la larga floreciese; Ni vi quien permaneciese En bien, siguiendo maldad; Ni vi mayor crueldad Que entender en torpes hechos; Ni vi mejores provechos, Que de la justa ganancia; Ni vi que la temperanza Dañase á quien la siguió; Ni mayor mal no se vió Qu’el del secreto enemigo; Ni hay otro perfecto amigo, Sino el que se muestre en faltas; Pero destos No verás uno entre ciento.

FIN.

ÍNDICE

Advertencia preliminar i Carta a J. E. Hartzenbusch xiii

COMEDIA SELVAGIA

Portada original xvii Prólogo del autor al lector I Dirige el autor su obra VII Andreæ Alfonsi epigramma XII Argumento de la comedia XIII

Primer acto Cena primera 1 Cena segunda 30 Cena tercera 52 Cena cuarta 65

Segundo acto Cena primera 84 Cena segunda 99 Cena tercera 107 Cena quarta 119

Tercero acto Cena primera 134 Cena segunda 146 Cena tercera 153 Cena cuarta 169

Quarto acto Cena primera 175 Cena segunda 181 Cena tercera 190 Cena quarta 208

Quinto acto Cena primera 226 Cena segunda 253 Cena tercera 260 Cena quarta 279

Colofón 292

COMEDIA SERAFINA

Portada 293 Argumento de la comedia 295 Cena primera 297 Cena segunda 320 Cena tercera 335 Cena cuarta 349 Cena quinta 370 Cena sexta 384 Nunque compuesto por el mismo autor 401