Comedia llamada Selvagia, Comedia Serafina
Part 2
No ménos los otros, con ser muy seguidos, Ofrescen de suyo provecho á sus entes Robados del dote de los excelentes, Adonde se muestran ser brutos perdidos: Y siendo risibles se van convertidos Sus pérfidos ánimos en irracionales, Apénas sabiendo que son inmortales, Viviendo conforme de los escogidos.
En parte se muestran las artes malvadas Lustrosas, por Circes artera famosa, De Febo salida discreta y hermosa, En furia de Vénus sus tramas obradas: Verás ansimismo vejeces saladas, Autor de las cuales es un epimeo, Robustos desgarros de un gran giganteo, Rastreras mentiras del mesmo tramadas.
Y todo juntado, verás dibujadas, Obrando las fuertes humanas edades, No ménos que todas sus enfermedades, Viciosas al ánima limpia criada: En ello contempla si tienes tocada, Y puede por frágil tu mente caer, Ofresce tu cuerpo por ella perder, Si sientes que dello será libertada.
Impuso nuestr’alma su gran Hacedor, En grado tan alto de ser sustancioso, No siendo corpórea, que por piadoso De no la perder se puso en dolor: Obtuvo ser siervo de grande señor, Doliéndose della no fuese perdida, En tanto que puso como hombre la vida En muerte, quiriendo ser su redemptor.
De donde parece que todos debemos Abrir nuestros ojos, huyendo los vicios, Dexando los torpes y malos indicios, Do siempre metidos y puestos nos vemos: En ellos, pues cierta la muerte tenemos, Volvamos la rienda sin más tener calma, En donde se salve y remedie nuestr’alma, Y no se confunda tal bien, pues podemos.
No parte pequeña de nuestro pecar Tomó para sí la carne dañosa En ser á los cuerpos cruel y penosa, Andando contino por los trabucar: No pueden con ellos seguros estar, Ni ménos alivio pequeño tener, Osando sus fuerzas en contra poner, Soborna sus partes á la sustentar.
En estas sibílicas guerras buscamos, No fuerza, mas arte por nuestra flaqueza, Teniendo con ellos pocos fortaleza, Osando á las veces con honra quedamos: Los hechos extraños por esto buscamos, En donde sus males se ponen y penas, Do siempre sacamos materias muy buenas; Obrando por ellas muy bien nos hallamos.
Si bien se notase, por esto van dando Varones humanos los tales tratados, Por esto yo mando mis cinco cornados Al templo sublime que van levantando: Teniendo, pues, pena por irse mostrando Rugosas sus faltas, siendo descubierto Intento con esto surgir en el puerto, A todos por ellas perdon demandando.
ANDREÆ ALFONSI PIUM AD LECTOREM EPIGRAMMA.
_Floribus hoc: plenum: varijs varioque lepore nectare et ambrosia: perlege lector opus. Dat tibi Seluagiam: per doctus Seluagus auctor. Nerigidum Nasum rhino cirotis agas. Panditur hic cæcum cæci velamen amoris. Si sapis: hic cernis quaeque cauenda tibi. Frange leues arcus: crudeles frange sagittas iam pharetrate puer: si tua damna patent. Quid precor in sacro numero numerare deorum. Si tua quis longe numina vana probat. Edocet Alfonsus: tacite quot vulnera confers. Iurgia quod fraudes: et sine lege dolos. Prodocet et scillan veneris vastamque charibdin: quo vebit infirmam parua inuenta ratem. Vade liber felix totum relegende per orbem: det rogo terra tibi: det rogo limpha viam._
ARGUMENTO DE LA COMEDIA.
Un caballero llamado Flerinardo, generoso y de abundante patrimonio, vino de la Nueva España en esta ciudad, donde un dia por ella ruando, como acaso pasase por casa de un caballero anciano llamado Polibio, de una fenestra della vido una fermosa doncella, de la qual excesivamente fué enamorado. Pues como le fué dicho el tal Polibio tener una muy apuesta hija, cuyo nombre era Isabela, y la tal fenestra fuese de su aposento, creyendo ser la mesma Isabela la que visto habia, por caballero de su amor se intitulaba. Donde, dando parte á un gran amigo suyo, caballero de illustre prosapia, llamado Selvago, de su crescida pena, sucedió que el mesmo Selvago, teniendo deseo de ver quién á su amigo tan subjeto y captivo le tenía, cumpliendo un dia su propósito y viéndola, no pudiendo su libertad someter á lo que á la verdadera amistad de Flerinardo debia, grandes cuitas y mortales deseos á su causa padesce, tanto que fué puesto en grave enfermedad. Pues veniendo su gran amigo Flerinardo en presencia de su hermana Rosiana, llamada á visitarle, conoció que la tal Rosiana era la que en la fenestra de Polibio habia visto, y no Isabela, como se pensaba, porque acaso, como hubiese amistad entre las dos doncellas, aquel dia se habian juntas recreado, lo cual como á Selvago fuese dicho, con excesivo placer, porque abiertamente osaria amar á Isabela, de su tan grave enfermedad fué sano, donde poniendo en el negocio una vieja astuta, cuyo nombre era Dolosina, cumplieron enteramente sus deseos, siendo primero desposados por palabras de futuro, lo que de á poco, con licencia de sus padres, se puso por obra, pasando lo mesmo de Flerinardo con Rosiana. Pues estando el dia que las bodas se solenizaban con gran regocijo, vino un maestro de la Nueva España, que habia sido de Flerinardo, el cual declaró cómo el mesmo Flerinardo era hijo único de Polibio, padre tambien de Isabela, que de chico, con un tio suyo, en aquellas tierras se habia partido; con las quales nuevas, todos muy gozosos, quedando dos hermanos con dos hermanas juntos en matrimonio, se dará fin á la comedia.
[Ilustración]
CENA PRIMERA DEL PRIMER ACTO.
En que Flerinardo, noble caballero, siendo captivo del amor de Rosiana, illustre doncella, la qual en una fenestra vido, dexando cargo á un su siervo llamado Escalion para que se certificase de quién la dama fuese, él, en su posada, de su ventura gravemente se lamenta; donde acaso veniéndole á visitar un su gran amigo, cuyo nombre era Selvago, y sabida la causa de su pena, por evidentes razones y grandes exemplos de su propósito apartarle procura, lo que no pudiendo con él acabar, su favor le promete en el caso. Escalion viene diciendo ser la fenestra en que la doncella por su señor habie sido vista, del aposento de Isabela. Donde se sigue que pensando Flerinardo ser la mesma Isabela la que su corazon habia robado, más firme en su propósito, la procura servir, ordenando nuevas invenciones para poner en obra su deseo. Introdúcense:
FLERINARDO. — SELVAGO. — RISDEÑO. — ESCALION.
_Flerinardo._ Resuenen ya mis enormes y rabiosas querellas, rompiendo el velo del sufrimiento con que hasta hoy forzosamente han sido detenidas. Penetren los encumbrados cielos mis fuertes y congojosos clamores, forzando su fuerza sin ella por haber sido forzada con acaescimiento tan desastrado y fuerte. Maticen los delicados aires mis muchas y dolorosas lágrimas, de miserables y profundos sospiros esmaltadas. Descúbranse los furibundos alaridos, quebrantando los claustros y encerramientos que tanto tiempo han tenido, esparzan con su ligero ímpetu las delicadas exhalaciones de que el no domable corazon solie ser cercado. Apártese de mí todo contento, pues gloria sin ella, por haberla tenido, mis míseros sentidos han gozado. Dolor, angustia y pena procuren de hoy más mi compañía, quieran con querer lo que mi contraria ventura no queriendo quiso. Apercíbase mi pequeña fortaleza para tan horrenda batalla como comenzar quiere; descubra sus insignias y estandartes de clemencia, poniéndose los soldados de servicios en alarde de rompimiento. Resuenen los roncos atambores con querellosos zumbidos, los tiros mensajeros penetren con fuertes dislates los túrbidos vientos y municiones de majestad contraria; los ligeros dardos y tajantes espadas con desvíos consuman los míseros combatientes, inquira el fuerte caudillo del ingenio nuevas y exquisitas maneras de combates para que pueda venir en algun próspero suceso su fluctuoso partido. ¡Ay de mí, en quánto dolor y tormento el inhumano Cupido mi no subjetado corazon tan súbitamente pudo someter! ¡Oh amor, amor, cómo jamas creyera que tanta fuerza en forzar los no forzados alcançabas, perdiendo sin perder al no perdido para que del todo recuperar se pueda! ¡Ay de tí, Flerinardo, el más mísero de los míseros, sin que causa en tí se halle para que tal nombre te convenga! considera en qué estado tu contraria fortuna te ha traido despues de te haber libertado de muy muchos y grandes peligros, porque más agora, vuelta su rueda, su contrariedad en tu daño experimentases. ¡Oh, cómo mi tan amada libertad sin alguna se halla por haber sido tocada de la pestilencial ponzoña del inconstante Cupido, donde otra cosa no se espera suceder, sino que la vida junto con el ánima satisfagan al inviolable precepto de natura, si la causadora de tanto daño no pone la triaca saludable en la infistolada y encurable herida! Mas, ¡ay de mí! que primero las veloces influencias celestes dexarán su acostumbrado camino, que tal medicina en mi crecido mal sea aplicada, pues mi flaco merescimiento, con el grande de mi seráfica dea, en ello no da lugar, por lo cual soy forzado á que mi vida, llena de contrarias miserias, en miserias miserablemente perezca; y áun si esto con brevedad fuese, no pequeña gloria se me seguiria porque mi mal de todo punto se acabase. ¡Oh Cupido, tirano y crudelísimo juez! pídote, pues soy impotente para tan crudo tormento como, sin te ofender, en mí pusiste, ó me dés manera como le pueda sustentar, ó del todo exagerando tu injusticia, consuma ya mi trabajosa y triste vida. ¡Oh cruda y desastrada suerte de amadores, que cresciendo cada dia más sus fatigas, las fuerzas para sustentallas se disminuyen, y el sentido para más sentillas se aumenta, y la muerte, por dar más pena, huye de la penosa vida! ¡Oh vida sin vida, pues viviendo paso vida de muerte! ¡Oh muerte sin muerte, pues muriendo no muere mi pena! ¡Oh pena sin pena, pues penando no pena mi dolor! ¡Oh dolor sin dolor, pues doliendo su dolor es descanso! ¡Oh descanso de mi pena, remedio de mi cuita, amparo de mi tribulacion, auxilio de mi desconsuelo, vida por quien la mia se conserva, deja ya de atormentar á quien delante tu clarífico aspeto misericordia postrado demanda!
_Selvago._ ¿Qué es esto, señor Flerinardo, que tan súbito mudamiento al presente en vuestra figura se muestra? ¿por ventura habeis sabido alguna desastrada nueva de vuestra patria, que tales extremos os fuerza á demostrar, ó sentisos fatigado con alguna enfermedad inopinada? Por Dios, señor, no me lo tengais más celado, que bien sé ser algun arduo caso nuevamente en vos acaescido, pues siendo tamaña vuestra amistad, áun no soy desto sabidor; pídoos, mi señor, en quanto puedo, que más con el anhelo del callar vuestras pasiones y penas, por vos no me sean escondidas, pues que os es manifiesto que siendo vos triste no puedo yo ser alegre, y que teniendo vos pena no tendré yo placer, y finalmente, que vuestro mal y bien (como en la verdadera amistad conviene) ha de ser por mí igualmente rescebido; aliende lo dicho, como el sabio declara, diciendo que en los amigos todas las cosas han de ser comunes, y pues por tales yo y vos nos tenemos, justo es que de vuestro dolor me deis parte, porque en ello, si pudiere ser, os dé el remedio más conveniente, con que vuestros afanes algun tanto se disminuyan.
_Fler._ Si fuerça en la mia hubiese para él alguna manera demostraros, señor Selvago, el grave dolor que mis sentidos atormenta, ni vos dello seríades ajeno, ni yo dexarie de rescebir soberano consuelo en manifestar mis cuitas á quien sé que por suyas las tendria; mas, ¡ay de mí! que no solamente para declarar mi pena me falta poder, mas áun yo mesmo (lo que más en la enfermedad ha de tener) la causa del todo ignoro, de que se sigue un tan grave detrimento en mi penosa fatiga, que la muerte, en todo mal fin y cabo, en el mio para mayor gloria deseo ya que viniese, donde con ella se podrie ganar lo que en la vida por tan perdido tengo.
_Selv._ Aunque vuestras oscuras razones se muestran tales á mi flaco entendimiento, no por eso dexo de conjeturar de qué pié, como dicen, os sentis, por causa de tantos y tan diversos circunloquios y rodeos como en vuestra plática habeis usado, lo que siempre se les dió á los hermanos de semejante cofradía, como en la que vos, á lo que veo, quereis entrar, pagando la luminaria de muchas y muy diversas pasiones adelantada; mas aunque esto así pase, no por eso dexeis de manifestarme si vuestro mal es de amor, porque de semejantes criados y familiares que vos en vuestro transfigurado rostro demostrais, este perverso señor suele siempre acompañarse.
_Fler._ Quereros yo, señor, encubrir lo que vos tan fácilmente habeis entendido, poco ménos sería que locura; por tanto habeis de saber que ruando yo este dia, despues de vísperas, por la ciudad, la fortuna que lo ordenó, mis hados que lo quisieron, y mis ojos que fueron la causa, vi en una fenestra una dama de tanto valor y hermosura, que ni las pasadas la igualaron, ni las presentes la llegan, ni áun las por venir la podrán en alguna cosa hacer ventaja. Pues yo de tal vision espantado, no ménos fuera de mí que los tocados de Circes, ó los que tocaron sus labrios en el rio Lecteo, viéndome en otro mundo, nuevas costumbres y nueva manera de vivir desde entónces en mí se ha hallado; de que mi mísero espíritu de tal manera se siente afligido, que la vida tiene por muerte, y la muerte le sería dichosa vida.
_Selv._ De gana, señor Flerinardo, si no sintiese que os daba pena de la vuestra, me reiria viendo la noble condicion que teneis y soberano valor, puesto en una tamaña vanidad como en la que poneros quereis ó del todo estais metido; verdaderamente no pudiera pensar que así vuestro buen entendimiento y templado juicio tan de presto perdiésedes en os dar, las manos atadas y tan de ligero, á este valiente robador, cuyo engañoso poderío los vanos sentidos de los simples y soeces hombres de contino señorear procura, dándoles en el fin aquel galardon que su locura tiene merecido. Por vuestra fe, señor, mirá bien lo que hacés; no querais así someteros, de señor, á ser por vuestra voluntad siervo y muy abatido. Considerad los daños y desventuras que desde el principio del mundo hasta en nuestros tiempos ha cimentado, engañando con su apacible cara y fingidos regalos y caricias los que en alguna manera á su voluntad halla conformes. Si bien considerais, todos los que han escripto, veréis que por un sendero los más contra éste sus obras enderezan, contando los desastrosos acaescimientos que por él fueron urdidos y cimentados. Homero, el principal de los griegos escriptores y poetas, aunque en el proseguir de su historia muy ajeno, por eso no dexa de le dar sus toques, demostrando por su _Ulixea_ la engañosa vida y costumbres de la luxuriosa Circes. Tambien Maron, entre los latinos poetas fénix único, todo el quarto libro de su _Eneida_ en decir sus inicuos hechos ocupó; lo mesmo de Ovidio en su _Metamorfoseos_ pareciendo. Salomon le llama pestilencia y lazo en que los ánimos ociosos como en liga se prenden. Tulio dice que ciega los ojos del entendimiento y causa en el cuerpo senetud sin tiempo, ansimesmo que de todos deben ser aborrecidos los que del todo se le dan. El divino Platon dice que torna locos y sin sentido á los en quien mora. Valerio Máximo le baptiza por raíz y principio de todos los males. Petrarca con diversos contrarios le blasona, diciendo ser un fuego intrínseco, una herida deleitosa, un sabroso veneno, una deleitable dolencia, que causa suave y dulce muerte. Hablando en lo mismo un autor de nuestros tiempos, dice que los enamorados impúdicos, como leprosos, deben ser excluidos de todo poblado y conversacion humana, queriendo demostrar ser el amor deshonesto una lepra, que no solamente á sus señores destruye, mas áun á sus familiares y alegados inficiona. Pues si los males que por él de hecho han sido tramados de palabra los quisiese demostrar, ántes el tiempo que la materia tendria fin determinado; mas aunque esto ansí sea, no dexaré de particularizar algunos para más vuestro propósito confundir y mi razon aprobar. Digo, pues, que las mayores guerras que en el mundo fueron ni serán, si á los autores creemos, que fueron las de los griegos y troyanos, por este sacrílego fueron cimentadas, donde tanta gente ilustre pereció, quanta el mundo hasta entónces habia criado. No fueron, empero, menores las que los romanos y sabinos en uno truxeron, donde por este cruel, hermano con hermano y padre con hijo atrozmente se mataban. Pues si queremos decir lo que en nuestra España, por intercesion de la Cava, discípula de este cruel malvado, pasó, bien creo yo que no faltaria qué, si las grandes y mortales llagas que de ello áun tenemos, del todo siendo guarecidas, en ello nos diesen lugar. En personas particulares es cosa espantosa de ver los daños que hasta hoy tiene hechos, pues David por él ofendió á Dios, á quien tanto amaba, tan gravemente, haciendo matar al inocente capitan suyo Urías. Salomon por él, pues, fué idólatra. Su hermano Amon por su causa murió muy desastradamente. Lo mesmo fué del fortísimo Sanson. El padre de Oréstes por él fué privado de la vida á manos de su mujer Clitenestra. Tolomeo, rey de Siria, por su causa recibió otra semejante pena que Agamenon. Por éste el famoso reino de Persia perdió el renombre de invencible, que por largos tiempos habia adquirido, siendo sucesor Sardanapalo, el cual perdió la dignidad de rey en traje femenino. Medea y Prógnes por él mataron á sus hijos. Semíramis, habiendo en hábito de varon regido á la gran Babilonia, por ella edificada, grande tiempo con mucho saber, el mesmo dia que tal vestido dexó, ganó para sí la muerte, dada por su hijo, á quien ella en mala parte amaba. Aníbal dexó de señorear la gran ciudad de Roma por él. Xérxes, á quien los vientos con las mares temian, por viciarse en este pecado perdió su reino y señorío. Por causa de éste se han cometido muy malos y nefandos pecados, como fué el de Passipha con el toro; Pigmalion, con una estatua de piedra; Cratis, pastor, con una cabra, donde por esta causa por un cabron de mala muerte fué muerto; Estello, con una yegua; Aristeo, con una asna; Calígula y Commodo, siendo emperadores romanos en un dia nascidos, pecaron gravemente con dos hermanas carnales suyas; tambien Hemon con Rodope, su propia hija; Thereo, rey de Tracia, con su cuñada Filomena; Thicthes, con Europa, mujer de su mesmo hermano; Sother, rey de Sicia, con su madrastra Stratonice; Ayax Oileo, con la profetisa Casandra; Dionisio el tirano, con las vírgenes Locrenses. Por éste, Tarquino el superbo, no tan solamente fué homicida, mas la muy hermosa y casta Lucrecia se dió con sus propias manos la cruel muerte, y por esta causa él, con todos los más de su linaje, fué afrentosamente de su reino y estado desterrado. Por éste, nuestro leal enamorado Macías miserablemente fué muerto. Por el mesmo, Dante y Petrarca, muy famosísimos y discretos toscanos, tambien padecieron mil cuitas y mortales deseos. Y finalmente, por esta pestilencial ponzoña, la más que matrona romana doña María Coronel, con un tizon de fuego, por no faltar la fe á su D. Alonso, cruelmente se mató. ¡Oh pues! ¿quién será tan de poco juicio, que así de su voluntad se ponga á padecer semejantes afanes como este tirano de contino á sus súbditos ofrece? Mirad, pues, señor Flerinardo, no tan solamente lo que he dicho, mas lo que pudiera decir, y veréis muy á la clara quánto mal será para vos poneros en mar, donde la salida es incierta y los peligros muy ciertos. Juicio tenés no tal que el mio haya menester; mirad con ojos de lince lo que de aquí habeis de sacar, y no solamente seguiréis mi parecer, mas á vos libraréis de muy cierto peligro y rigurosa muerte.