Comedia llamada Selvagia, Comedia Serafina
Part 17
_Pop._ Digo, señor, que allende de ser la misma verdad lo que es dicho, Serafina es muy hermosa y graciosa, y en verdad la blanca flor del azucena ni la muy colorada del rosal ni la del lirio, del olor tan suave, no resplandece más en mi vista, pero cosa conviniente sería que te apartases, señor, desta demanda, porque el agua desta balsa muy pesada es á los que de ella beben; pues estas pendencias con mujeres casadas no engendran sino bandos y discordias en los pueblos, especialmente cuando son emparentadas de nobles parientes de la manera que Serafina; así que, señor, trabajar debrias por la olvidar, que en verdad bien suele amargar á las veces este adobado, y áun quemar los rostros la cocina de la tal boda.
_Evand._ ¿Olvidar dices, Popilia? ántes se olvidará la noble Diana de dar claridad á las tinieblas noturnas, y ántes los polos se olvidarán de ser guias de los errados mareantes, y ántes el quarto planeta se olvidará de dar la vuelta en el zodiaco, que á mí me pase por pensamiento olvidar á mí señora Serafina; ni ningun temor ni peligro, ni las amenazas de la misma muerte no me son inconveniente para en cosa retroceder de lo ya comenzado, venga lo que viniere, suceda fortuna próspera ó contraria, que ántes las siete pléyades dexarán de parecer con la bruma que yo dexe de seguir la voluntad y mando de Serafina.
_Pin._ No le hables, Popilia, más á la mano, déxalo, cada loco con su tema, y si mal le fuese en la mercaduría, su bolsa lo sentirá, cada uno es juez y físico de sí mismo; ande el torno, que yo no me entiendo de salir del juego entre tanto que bulleren los dineros ajenos.
_Pop._ Pues tan determinado estás de echar la soga tras el caldero, porque no vaya todo de mal en peor, gástese el tiempo en buscar remedio conviniente á tu enfermedad y no se entienda de hablar en lo escusado.
_Crat._ Poco te parece que has dicho, Popilia, á buena fe, en medio del hito has dado, no sé si tirabas allá, pero ¿á dó el remedio? ¿adolo? que yo no siento ni pienso que en el mundo nadie tendrá tan recto ni esperto juicio que con harta parte pueda en esta conjuntura acertar, y grandes y muy oscuros nublados tienen ofuscada la puerta deste tan incierto remedio, el camino desta negociacion tambien está muy cubierto de malezas, más ásperas que las de la montaña Ida; así que venga Dios y véalo, que todo lo veo turbio y avena por escardar.
_Evand._ La verdad te ha fablado Cratino, amiga Popilia, porque como Artemia, suegra y madrasta de Serafina, sintióla casada, no la pierde de vista, y tiene tanto cuidado della, que no solamente ha hecho lo que digo, pero há más de un mes que ni por pensamiento sale de casa; pues tener pensamiento de vella en ventana ni en celosía es pensar subir al cielo con escalera; y no solamente pasa esto, pero tráela tan acosada y vale en todo tanto á la mano, que nunca la madre del César tanto persiguió ni temió la deshonestidad de la nuera, quanto Artemia tiene y recela la honra del único hijo.
_Crat._ Y áun allende deso es tan celosa de su natura, que siempre está temblando sobre Serafina.
_Dav._ Bien hace en corregirla, que así despues hallará en ella gracia, segun afirma Salomon, y como persona discreta se há en la negociacion, porque el castigo al amigo en secreto ha de ser; y así decia Diógenes, que el que quisiere ser amado de su amigo castíguelo secretamente, porque la correccion secreta engendra amor; y así amonestaba el divino Platon, que ninguno á su amigo lo castigase en público, ni ménos cuando estuviese sañudo. De manera que asaz lo hace como persona prudente en querer castigar en cabeza ajena.
_Pin._ Viña y niña y habar malo era de guardar, canta el andaluz, y áun Salomon dice: guarda á la mujer luxuriosa y valerte ha poco, así que quanto ellas quieren todo sin más pensallo es hecho, peores son de guardar que casa de dos puertas; mándole yo á la vieja bruxa que si la otra quiere no dexará de hacer sus mangas, y áun bien anchas, y áun nunca Dios me diese otra pena sino tenella engañada ántes de tres dias, aunque ponga más guarda que el alcalde de Atienza.
_Evand._ Mira lo que dices, Pinardo, atiéntate; gran virtud es saber refrenar la lengua, especialmente que no estamos en tiempo de hablar palabras ociosas.
_Pin._ Como ociosas de verdad lo afirmo por los santos de Dios, que me atreveré de traerte respuesta de Serafina, aunque Artemia la tenga en el vientre de la ballena.
_Evand._ ¡Oh qué agradable me es ese sermon! por cierto el de Demóstenes no fué más grado en el senado ateniense, quando el rey Filipo pedia que diesen en rehenes á los oradores de la ciudad; pero imposible cosa prometes, que por tan imposible lo tengo como querer trabajar en que el primer movimiento de la natura dé fin á su curso, en ménos espacio de veinte y cuatro horas.
_Pin._ Pues yo, señor, me encargo de la negociacion, y desde luégo me parto en casa de Artemia: mira qué mandas que diga, mira qué mandas que haga, y si buen recaudo no truxere, no esperes verme; pero aunque sepa abaxar al triste barquero, y aunque sepa ir á hacer compañía á los que andan vagorosos en la ribera Letea, tengo de cumplir la mi palabra.
_Evand._ ¡Oh cómo tengo por fé lo que Pinardo ha dicho! ¡Oh cómo se duele de mi mal! Y pues tan fiel amigo tengo, que pocas veces lo hallan las atribulados, ya ni temo á la desabrida fortuna, ni áun al amor, que tan riguroso se demuestra contra mí, ni ya tengo pensamiento de ver contraria zozobra. E las ánsias tristes, que así desacompañaban de todo consuelo al atribulado corazon, huyendo van como los glebos vapores, heridos de los rayos del rutilante Febo. Y el grandísimo tormento en que el miserable vivir estaba padeciendo á la contínua, afloxado ha sus muy ásperas ligaduras.
_Pin._ Ce, ce, Popilia.
_Pop._ ¿Qué me dices?
_Pin._ Entre tanto que ese ciego de razon y falto de entendimiento es tan devaneando, como suele, anda acá á tu cámara, y vestirme he tus vestidos, que así entiendo ir á verme con Artemia.
_Pop._ Anda allá; pero guarda por malos de tus pecados no te conozcan.
_Evand._ ¡Oh con quánta diligencia, con quánta solicitud procura Pinardo mi salud! ¡Oh cómo tengo pensamiento que ha de dar fin á mis desconsolados sospiros! ¡Oh cómo á mi ver ya mi vida está colgando de la lengua de Pinardo!
_Dav._ Aosadas, señor, aunque es mozo y de poca edad, yo le tengo por tan astuto, y por tan entendido en todo, que bien hará lo que tiene prometido, y áun tan cumplidamente, que yo fiador quel quede sin vergüença y tú sin quexa; pero recia cosa es amar y estar ausente, aunque tambien dicen que la ausencia suele causar olvido.
_Crat._ Bien lo creo en el que livianamente ama, y en el que fué tocado en los esteriores sentidos; pero en el que fué tocado en las potencias intelectuales y dentro en la misma ánima, al contrario es y delante está aosadas el verdadero ejemplo, y la verdadera experiencia de lo que tengo dicho.
_Evand._
_Al morir viendo la vida, Y qu’el hilo nunca corta, Del tal dolor condolida, Ni se acuerda, ni se olvida, Ni el bien ni el mal la deporta._ Porque estar de vos ausente Es llorar el bien pasado; Y el sentido que tal siente, De lo que siente consiente, Qu’el sentir sienta cuidado, Y la vida enmudecida, Viendo qu’el mal no se acorta, Del angustia dolorida, _Ni se acuerda, ni se olvida, Ni el bien ni el mal la deporta_. Mas si mi fuego y mi llama, Y sentir teneis sentido, Claro está, graciosa dama, Qu’el ausencia al que bien ama Ni le da, ni causa olvido; Ni el olvido no me olvida, Ni olvidar no me conhorta; Mas mi vida con tal vida, _Ni se acuerda, ni se olvida, Ni el bien ni el mal la deporta_. Porque do toca el amor, Tal fuego y tal plaga dexa; Que más crece el disfavor Y el ánsia y grave dolor Mientra el triste más se alexa. Y áun crece tan sin medida, A la luenga y no á la corta, Que la vida, ya sin vida, _Ni se acuerda, ni se olvida, Ni el bien ni el mal la deporta_. Y cresciendo la esperanza, Siempre crece la tal quexa, Porque con la confianza De ver tiempo de bonanza, Siendo ausente más se aquexa; Y de ya descaecida La vida no se conforta; Y de estar tan decaida, _Ni se acuerda, ni se olvida, Ni el bien ni el mal la deporta_.
_Dav._ ¡Oh cómo nos ha quitado Evandro de la duda en que estamos! ¡Oh cómo ha dicho maravillas, y por tan sotil estilo que la sentencia de tan sublimados versos trasciende á todo entendimiento humano!
_Evand._ ¡Jesus! ¡Jesus! Y cómo vienes, Pinardo, ¿qué, en hábito de mujer tiendes seguir este viaje?
_Pin._ Mira qué quieres que diga ó haga, que desta manera entiendo engañar la grosa, porque ella me tendrá por moza desas que andan picando los cantones, y no se recelará, y yo dalle he con la mayor, por tanto no es tiempo que me detenga; mira ques lo que me mandas.
_Evand._ Que des esta carta á Serafina, y me traigas respuesta si me cumple vivir ó si mi espíritu abaxe á visitar las infernales furias.
_Pin._ Pues yo me voy, y ruega á Dios por salud, que lo demas yo te lo daré hecho de cera, ó mal me andarán las manos.
_Evand._ El ángel de la Paz te acompañe, y vaya y venga en tu guarda.
CENA TERCERA.
EN QUE SE INTRODUCEN
DAVO. — PINARDO. — ARTEMIA. — SERAFINA. — VIOLANTE.
_Dav._ A buena fe, Pinardo, que debes parar mientes por tí, que quien adelante no mira, atras se halla, y destas marcadurías tales siempre veo escapar sin narices, ó á bien librar con un jubon sin mangas, porque, como dice, quales las romerías tales son las veneras, especialmente que ir tú con vestiduras mudadas, y en hábito de mujer, llevas el cuchillo á la garganta, y áun si miras la soga arrastrando; y tambien de necesidad has de mudar tu nombre para efectuar tu engaño, cosa reprobada en derecho, mayormente en perjuicio de tercero, pues quien en malos pasos anda, en mal acaba, y no puede hablar verdad, y si la dixeses, bonico te pararian, pues hablando mentira la tal cocina muchas veces suele amargar, y áun salir á los rostros; y áun Salomon decia que ántes hombre debe amar al ladron que no al mentiroso; por eso guárdate, que áun sant Gregorio decia que por las mentiras de los malos no se conoce la verdad.
_Pin._ Anda, calla, que quien burla al burlador, etc.
_Dav._ El engañado á la postre no hallará ganancia, decia Salomon, y el poeta afirma, Dios destruye los engañadores y sus engaños y malas lenguas; y áun si miras, debaxo de la piel del cordero va encerrado el lobo, y mira que los malos pensamientos hacen apartar al hombre de Dios.
_Pin._ Titubeando estó, no sé qué me haga; grandes inconvenientes se me representan de la sentencia, que de tu sermon á las clara procede; pero ¡oh cuitado de mí! ¿qué haré? que lo he prometido, y allende de quedar corrido de lo ya comenzado, no me cumple parar en el mundo si retrocedo de la primera intencion.
_Dav._ El primer movimiento no es en mano del hombre, dice Platon, mas la perseverancia en el pecado abominable, cosa parece, y el decreto afirma que nunca la carne se corrompe sin el pensamiento; así que tu voluntad dañada, y tan aparejada para el mal, refrénala, que, áun allende de los notorios inconvenientes, Artemia sabe mucha malicia y es formada en todo género de engaños, y sobre manera sospechosa, sentirte ha luégo la cazada y así del juego saldrás descalabrado; por eso, hermano, si quieres bien librar, concierta tu vida de manera que se asegure tu persona; y esto se mire, que cierto aquella vieja cautelosa es, y dos mil géneros de acechanzas te armará.
_Pin._ ¿Quieres que te diga á un traidor dos alevosos, y podria ser que uno piense el bayo y otro quien lo ensilla, si mucha arte sabe la raposa, más quien la toma?
_Dav._ Adoba por ahí; ya lo digo yo que la moza loca no ha menester toca; y bien dicen que por demas es á la cabeza quebrada untalle el casco.
_Pin._ Quédate adios, que ántes la dulce primavera dexará de pintar los campos y florestas con frondas, produciendo flores matizadas con diversos colores, que yo me aparte de efectuar lo ya comenzado; y ya hecho es, la muerte ó la vida comigo va, hacer otra cosa burla sería de muchachos, no quiera Dios que sea tenido por inconstante.
_Dav._ Sé que no eres rio, que no te puedes volver quando quiera que te pareciere, alzándote á tu mano.
_Pin._ Gran tacha es no ser hombre firme en sus propósitos, y áun, segun afirma el Salustio, la inconstancia es señal de locura, y el filósofo dice que el inconstante sus cosas pone á la ventura.
_Dav._ Bien estoy con eso que dices; pero el perseverar en el vicio la constancia con el pecado, no se debe llamar constancia, ni nombre de firmeza merece; y, por el contrario, el que de mal propósito y del camino de los vicios se aparta, no se ha de llamar inconstante, ántes sabio y muy firme en los actos virtuosos y nobles; pero, pues tan predestinado estás en el mal, haz lo que quisieres, y yo arriba me voy, que por demas me parece que es dar consejo á la cabeza loca, ni ménos lavar con lexía la cabeza del asno.
_Pin._ Por esperimentado mancebo tengo á Davo en todo género de negociacion, y bien veo que él como está sin pasion conseja discretamente, pero ¿qué tengo de hacer sino andar por aqueste camino bueno ó malo, cayendo ó levantando, errando ó acertando, y mostrándome en todo osado, que á los tales la fortuna dicen que suele favorecer? pero el mejor consejo al presente es entrarme en casa de Artemia, pues estó á la puerta, como que entro á ver el aposento, lo qual no tendrán por cosa nueva, porque como la casa es labrada por tan maravillosa arte, todos los forasteros tienen por costumbre de vella como cosa de admiracion; y si acaso viere á Serafina, al tiempo el consejo, que nunca me faltarán razones ni nuevos achaques, y todo es menester; pero válala la maldicion, desde aquella rexa que está en el corridor me llama Artemia, ¿áun quál ha de ser si me ha conocido el diablo?
_Artemia._ ¿Sois de aquí de la ciudad hija, ó qué enhorabuena quereis en nuestra casa? entrad, entrad, no hayais vergüenza, que, como suelen decir, al mozo vergonzoso el diablo lo truxo á palacio.
_Pin._ Mozo dice; á otra palabra como esa dexo el manto y la saya como el otro fraile los hábitos, y baxo las escaleras como un cuadrillo; ¿por ahí me entras? no me personeo dese lado; que palabras tiene la noble, habla sin monte.
_Art._ No lloreis, hija, no lloreis; pero allegaos acá y contadme lo que quereis, y decí, ¿cómo venis así enojada?
_Pin._ Yo, señora, soy huérfana de padres, y un tio mio, que vive á la puerta de Sant Juan del Alcázar, es mi tutor, y su mujer trátame tan mal que hoy por dos veces ha cuidado matarme, y yo de desesperada me he salido de casa con intencion de buscar con quién viva, porque en ninguna manera puedo sufrir aquella mujer.
_Art._ Pues no lloreis, hija, no lloreis, que yo enviaré por ese vuestro tio, y haré que dé órden en vuestra vida, ¿oyes, oyes, hija Violante?
_Violante._ ¿Qué mandais, señora?
_Art._ A esa pecadora de moza sola y desconsolada, métela en mi cámara, y dale de cenar y estése ahí.
_Viol._ ¿Cómo os llamais, hermana?
_Pin._ Ilia me llaman, que no debiera nacer.
_Viol._ Pues andad acá, hermana, andad acá, quel llorar poco aprovecha.
_Serafina._ Válala la maldicion aquella moza, y cómo parece á Pinardo el paje de Evandro, ¿es su hermana ó es él mismo? aunque bien me puedo engañar, porque suelen decir que un diablo parece á otro; pero, como que voy á otra cosa, quiero ir al aposento de Artemia y sabré qué hay en el mundo, que una espina tengo atravesada en el corazon, y el alma me da que es esto cosa de gran novedad.
_Ilia._ A Serafina veo, y si las pisadas trae enderezadas acá, sola estoy; áun si viniese pienso que se urdirla bien esta tela.
_Ser._ Estaos, hermana, estaos, n’os levanteis, que debeis estar fatigada.
_Il._ Más fatigado está Evandro y lo pasa.
_Ser._ ¡Jesus, Jesus, y eres Pinardo! es verdad que no me la daba el espíritu.
_Pin._ Esta carta traigo de Evandro, y por traella traigo la muerte á los dientes, como veis, y Artemia anda por ahí, no es tiempo de pláticas; leelda, señora, y dadme la respuesta, que, como veis, en el filo está la negociacion, y desta mi venida depende la salud y vida y honra de Evandro, y áun la vuestra, como veis, no se queda en la posada; sábia sois, en tal reputacion estais tenida acerca de todos, pensaldo bien, pensá las cosas, que yo cumplido he con lo que debo al servicio de quien me ha criado.
_Ser._ No sufren dilacion estas cosas, como dices, hermano Pinardo; turbada estoy, no sé qué me diga, yo me voy para mejor poder entender en tu despacho, porque malo es burlar hombre con su cabeza.
CARTA DE EVANDRO Á SERAFINA.
Señora y todo mi bien: Si como perdí la libertad y todo libre albedrío, con claridad tan resplandeciente que de contino está procediendo de vuestra vista, juntamente no cobrára esperanza de libertad, escusado me fuera el mi tan apasionado vivir, porque, estando acompañado de tan sobrada pasion, ningun alivio ni sentido tuviera para poder estar á la contina especulando en vuestra sobrada gracia y demasiada hermosura, acompañada de tan incomparable beldad, que claramente veo rescebir los apasionados sentidos clarífica y resplandeciente luz, contra las escuras tinieblas de que á vuestra causa el entendimiento se halla ocupado; pero con vuestra vista toda la escuridad y niebla cerrada se convierte en lumbre, tan fulgente como la procediente de los rayos del clarífico Apolo, de manera que manifiesta es la cuita que por vos me atormenta; pues remedio en verdad no lo espera, porque vuestra tan sobrada honestidad y mesura le antepone mil géneros de inconvenientes. De manera que, sin más esperanza de salud, rescibo en satisfacion, y por cumplida paga, mis males y tan demasiado tormento ser á vuestra causa, y con esto sería contento y me satisfaria si entero estuviese, que mis sobradas ánsias se sienten de vos, pues sois la causa principal y primera de donde mi desconsolado y tan penado vivir proceden, pero mi poco merecimiento, enemigo del tan sobrado atrevimiento, me representa tantos temores, que me hallo indigno de áun pensar en lo tal, y así quedo el más aherrojado captivo de quantos en la casa de amor padescen.
Por la carta bien paresce, Muy linda graciosa dama, Que mi vida os obedece, Y que por vos no fenece Tan grande fuego y tal llama. Pero los tristes sentidos Que se abrasan, Aunque están ya decaidos, En verse tan encendidos Bien os llaman,
Diciendo con gran clamor, Ven, ven, señora, por quien Padecemos, Y aumentarás el dolor, Y tendrémos mayor bien Del que tenemos. Y creciendo el tal favor, No estimarémos la muerte Ni la vida, Ni tendrémos más temor De ver desastrada suerte Ni caida.
Pues los otros exercicios, Tan prontos al daño y mal Tras que andamos, Ya han cesado en sus oficios Diciendo: señora, y val Que espiramos. Así que no están en calma, Ántes ya muy consumidos Os desean; Y los sentidos y el alma, Con angustias condolidos, Mucho penan.
Y desta arte así padece Pena y tormento mortal La mi vida, Y la triste ya fenece Con el ánsia desigual, Que no la olvida. Y tambien el pensamiento, Vacilando en el dolor, Que así lo trata, Siente congoxas, tormento, Viendo claro el disfavor Que lo mata.
Así que mirando aquesto, Dama del mundo más bella, Me vencí, Pues que no tan lindo gesto, Ni ménos tan clara estrella, Yo la vi. Y con esto satisfago Del todo al entendimiento, Segun veis, Pues que con vuestro halago, En tan crudo y gran tormento Le teneis.
Mas ya recibe por gloria Ser la causa do depende Á lo que apunta, La de más alta memoria Que el ingenio humano entiende Ni barrunta, En lo qual cierto, contento Le tendrá la tal porfía, Y estaria, Si tuviese pesamiento, Que por vos, señora mia, Se sabía.
Así que á la clara ved Que mi vida que os adora Siempre os llama, Y no quiere otra merced, Sino que sepais, señora, Cómo os ama; Y que dello no pasion, Ni cosa que lo parezca Recibais, Ni ménos alteracion, Aunque mi vida fenezca, Vos sintais.
_Ser._ ¡Oh atribulado corazon, y cómo te cumple padecer, pues á tu causa está penado el que más amas! ¡Oh potencias del ánima, pues sois las más nobles en la humana compostura! ¿por qué no estais muy despiertas y sintiendo, con sentimiento crecido, el dolor que Evandro está padeciendo á mi causa? ¡Oh esteriores sentidos, que no vigilais á la contínua, consintiendo en todo género de pasion, pues fuistes y estais culpados como partícipes en el delito que de mi parte se cometió contra Evandro! ¡Oh corporales exercicios! ¿por qué n’os apresurais en que la voluntad de Evandro se cumpla? Porque, estando él con dolor, estando triste, estando enojado, estando en tormento, estando acompañado de pasion, estándose abrasando en un fuego más agente y más intolerable que no el del infierno, no puedo yo vivir. ¡Oh si la hermana se apresurase en cortar el hilo! ¡Oh si las superiores y celestes potencias dexasen de influir la operacion de natura en mi inferior y flaca composicion, ninguna cosa al presente más agradable me sería; gozo de lo tal, sin comparacion, se derramaria por mis venas! ¡Oh alto Dios, padre comun del género humano, y quán maravillosas y incomprensibles son tus obras! ¡Oh de quánta excelencia está acompañada la masa flaca de la pesada y enojosa tierra! ¡Oh de qué sér tan infinito está adornada y compuesta que del entendimiento humano no se puede imaginar! y pues tan inmensas maravillas usaste con el hombre, adornándolo de tan maravillosa perfeccion, haz al presente, por tu infinita y eterna bondad, que mi espíritu no vaya desesperado á la casa del desabrido y triste Pluton, porque, segun en el agonía en que está, y segun la pena y angustiada vida que padezco, gran temor se me representa que habré de facer compañía al apasionado Ixio, tan atormentado del enojoso buitre, que nunca un momento dexa de estar cebándose con nueva crueza en su pecho; pero ¡oh cuitada! que para más aumento de mi pasion, vienen mis criadas, pensando que tengo mucha voluntad de compañía.
_Viol._ Hora es, señora, que duermas, que Artemia ya se ha retraido, y algo es noche.
_Ser._ Pues tráeme, Violante, así el alto Señor te cumpla lo que más deseas, una caxa de acorza, porque comeré un bocado, que muy angustiada me siento y de parte del corazon me vienen grandes desmayos.
_Viol._ Héla aquí, señora; pero tengo pensamiento que te haces preñada, porque ya me parece que es tiempo, pues há cerca de seis meses que estás casada.
_Ser._ ¡Bien está en la cuenta; por mi fe, á causa de la incapacidad de mi marido, y á causa de su demasiada impotencia, me estoy tan vírgen como el dia en que nací; estáme esotra diciendo del preñado!
_Viol._ ¿Digo algo, señora? pienso que estoy en lo cierto, porque callas.
_Ser._ Digo, hermana Violante, que eso fuera y mañana pascua, pero si tan derecha te vas acostar.....
_Viol._ ¡Amarga de mí, y si es verdad lo que por la ciudad se suena que su marido no es para mujer! ¡Ay! digo que estará estotra donosa, moza y fermosa y rica, y que le falta lo mejor. Como es buena cosa el hombre sin manos, pues dos mujeres en la cama tan bien parecen, qual sea su sueño; pues guarde el cuerno, que de allí se suele levantar la tos á la gallina: como se contentan estotras mucho que les guarden la fe sobre tal caso, no me maravillo, sobre que la noche quel marido no habla con ellas, otro dia no les veis el gesto. Andase estotro la mitad del tiempo fuera de casa, y despues piensa cumplir con palabras; áun no sea verdad lo que se suena de Evandro, ¡ay! digo yo que sería la burla coronada.
_Ser._ ¿Qué hablas entre dientes, Violante? Véte á dormir.
_Viol._ Acá lo ha Marta con sus pollos.
CENA CUARTA.
EN QUE SE INTRODUCEN