Comedia llamada Selvagia, Comedia Serafina
Part 16
_Pin._ ¡Oh cómo estoy enojado, Cratino, de las cosas que te has dexado decir contra el amor! en verdad no quisiera que tan á rienda suelta hobieras en esta materia caminado, porque serás tenido por maldiciente, especialmente en decir mal de lo bueno; y ¿cómo no sabes que dice el filósofo que el amor es fundamento de todas las virtudes? y ¿cómo no sabes que ninguna cosa puede ser virtuosa si en ella no mora amor? en tanto que decia Salomon: en todo no vi sino vanidad, y humo, y viento, y miseria, y vi que debaxo del sol no habia cosa estable, salvo el amor de Dios. Y áun si miras los dos preceptos mosaicos de donde depende toda la ley, dicen; amarás á Dios y al próximo, de manera que mediante el amor somos salvos, y sin él, mia fe, por demas es la citola en el molino de que el molinero es sordo; pues si del amor tenemos tan grandes bienes, tan grandes provechos, y mediante él esperamos el reposo perpétuo, y la holganza sin fin, y la gloria y quietud perpétua, ¿para qué has estado profazando? ¿por qué murmuras? ¿por qué contradices á la ley de la razon? ¿no miras que es cosa peligrosa nadar agua arriba y seguir la opinion del vulgo tan ajena del camino de la verdad? ¿qué dices, qué dices? ¿embazado estás? ¿por qué? ¿pensabas que no hay más de hablar á sabor de paladar?
_Crat._ No habria palabra mal dicha si no fuese repetida, esto digo; en lo demas, alta me la levantas, por altanería vuelas; abáxate, abáxate y gozarémos de tu conversacion, porque áun los bienes quieren ser comunicados para que el poseedor mejor comunique dellos, porque yo no hablo dese amor tan caritativo, ántes es mi sermon dirigido contra el amor natural, y si la lengua erró, el corazon no pecó.
_Pin._ Eso digo yo, que es buen emendar de avieso, por saltar del fuego dar en las brasas; y ¿cómo no sabes que el amor natural es el que inclina el ánimo de cada uno á amar su semejante, así que cada hombre se mueve á amar á otro, por natura ó por costumbre, aunque no espere deleite carnal? así parece por las aves y animalias, que las verás en manadas, y aunque no tienen entendimiento, por fuerza y por virtud del amor natural, se acompañan unas con otras y se deleitan con su semejante, sin pensamiento de apetito carnal, porque no hay cosa criada que no tome placer destar con su semejante, y así decia Salomon que qualquiera cosa deseaba su semejante; y áun este amor natural, más te digo, que no es en la mano del hombre, y así dice el filósofo que las personas engendradas so una constelacion, naturalmente son de una voluntad y siempre se aman; y así, decia Platon, ¿quiéres saber quien es semejable á tí? mira quién te ama, porque suficiente causa es para inducir y causarse amor el deleite intelectual, y por eso, como sabes, decia el Ciceron, el amor perfecto no es, salvo amar á otro, no por fuerza, no por miedo, no por interese que esperes dél: así queste amor natural con los requisitos y condiciones que has visto, justo y lícito es, y áun asaz virtuoso, y en él no hay que increpar ni dél tienes que decir, ni por ello culpar en cosa.
_Crat._ Mucho andas, Pinardo, sotil, y áun no con pequeña diligencia por me tomar á las palabras, y pues andas con tantos circunloquios trastornando las filosóficas cartas, no hablo, no hablo ni ménos en cosa culpo, salvo al amor abominable, que, en su torno á la contínua, sin descansar un punto está torciendo y moviendo á la voluntad humana, induciéndola al amor de las hembras, solamente por el deleite que dellas se espera; ésta es mi intencion, ésta es la pleita para que he estado aderezando el esparto, ésta es la madexa que ando por devanar, ésta es la tela que con tanto ahinco ando tramando; agora puedes decir lo que quieres, que no uso de circunferencia, ántes hablo pan por pan y vino por vino al uso de mi tierra.
_Pin._ Léxos andabas, mi Cratino, de la verdad, mucho dexabas y áun bien apartado del trillado y llano camino por te ir por las ásperas sendas, pues no hay atajo sin trabajo; mándote yo, por tanto, usar de los propios términos, y á cada uno llámale su nombre y responderte ha; y de lo blanco no quieras hacer negro, ni por el contrario, ni del vicio no quieras hacer virtud, ni á la virtud, usurpándole su nombre, no la cuentes en el número de los vicios; y como que, con tus manos lavadas y tu cara sin vergüenza, á dos por tres llamas al deleite y desenfrenada luxuria amor, por Dios, andas bueno, eso me parece el enjabonar la viuda los tocados negros, pues sabe, sabe que ese apetito que mueve á la voluntad humana se llama amores, y no amor, y el deleite del tal amor consiste en el cuerpo, y por eso no se puede ni debe llamar amor; porque Aristóteles decia que amor no es sino querer que la persona que hombre ama haya bien, y el que ama solamente por interese corporal, que espera del que ama, no lo ama de la manera que comunmente y por la mayor parte se aman los hombres y hembras, que no es sino por saciar su carnal y dañado apetito; así que esta concupicencia desordenada ni es amor ni áun cosa que le semeje. Porque el verdadero amor grandes cosas hace por amor de la persona á quien ama, y si no las hace no es amor; en tanto que decia el Apóstol que ninguno podia forzar el corazon del que ama mucho, y que áun la muerte no lo podia sobrepujar; y de aquí, si se te miembra, decia el Salomon en los _Cánticos_, el amor es fuerte como la muerte.
_Crat._ Atento estoy, amigo Pinardo, á tan altas doctrinas de tan resplandecientes colores como estás matizando, trabajando de ingerir tan frescos rosales y tan suaves olores entre mis ramas emponzoñadas procedientes de la misma raíz del baladro; el amor verdadero y honesto quál sea, por maravillosos términos lo has esplanado, al cabo estoy, satisfecho me has y áun bien alumbrado de la ceguedad que así me ofuscaba los sentidos; y así decia el maestro del divino Platon hablando de la desenfrenada lujuria, no hay mayor captiverio que ser sometido á amor, y que no tienen ojos los que sensualmente aman, decia asimismo, porque aquel amor de concupicencia no es virtud, mas es vicio.
_Pin._ Algo me vas entendiendo, y pues te satisfacen bien mis sentencias, ¡oh, qué propósito! piensas que decia el Augustino en el libro de las respuestas, amor no es al, salvo el que ama transtornarse en la cosa amada por conformidad de vivir; pero en lo demas ilícito y inhonesto, á que tú quieres llamar amor hermoseándole el nombre, digo que ensucia el ánima y consume el cuerpo, quita la virginidad, roba la fama, enoja á Dios, y así decia el Ciceron: quel siervo de la lujuria no puede enseñorear á otro, y que el que della usa es más esclavo que el comprado; y así decia Sant Pablo que los deleites del mundo puso Dios en la lujuria. E Aristóteles al gran Alexandre, ya que conquistaba el mundo, le escribió diciendo: ¡Oh clemente Emperador, no te inclines á la lujuria, porque es destruicion del cuerpo, abreviamiento de la vida, corrompimiento de virtudes, traspasamiento y quebrantamiento de ley, y engendra costumbres de hembra! así que guárdate, guárdate de tal lazo, que Salomon dice que ni se puede esconder el fuego en el seno sin que se queme la ropa, ni puede estar el hombre con las mujeres sin pecar; por tanto, hermano, el tal tercio húyelo de tu carga, que mal está la estopa cabo el fuego, pues el encomendar la oveja al lobo, ya ves que procede de notoria simpleza, y querer tú andar los piés descalzos por cima de las brasas, sin quemarte la planta de los piés, cosa imposible parece, así que destos juegos huye, huye, que, á buena fe, desta manera se hacen los cogombros retuertos.
_Crat._ Ya veo de dónde tiras; tan olvidado estuviese el enemigo de la humana natura de mi ánima quanto yo estoy apartado de lo que piensas; más honda, más honda va la conseja, más honda va, ¡ojalá en mí se ensolviera todo, y nuestro señor Evandro estuviera desenredado desa red ó los piés fuera del lazo!
_Pop._ ¿Qué me dices, que áun todavía dura esta conseja? malo se pára este arroz, sobre que yo pensé que no tienen cosa más olvidada se torna agora al regosto; bien le debiera saber las ojuelas, pues lo que él ganáre en esa mercaduría poco vivirá quien no lo verá, y áun podrá ser que nadára y se ahogára á la orilla, y eso piensa y en eso entiende, y por mi fe, donoso está; el pecar humana cosa es, el perseverar en el mal, obra es del diablo; esto me parece: de lo que ganará en esta venta, no quiero parte, que al gallarin le saldrá. Como creo en Dios, no está en sí ni lo tengo por hombre cuerdo.
_Crat._ Adivinar agora, en hora mala lo ves; buena andas, Popilia, en tal tiempo pidiendo seso á tanto yerro, me parece eso como preguntar al israelita si sabe oficio de cantero.
_Pin._ Burlando estais de la feria teniendo en poco el mal de nuestro amo; pues yo seguro que le valiera más estar de quartanas ó herido de landre, que no tornar á entender en esos embarazos, que ni tienen cabo ni medio, especialmente que la envidia de algunos, que ya me entendeis, daña más de lo que se puede pensar.
_Dav._ Contigo estoy; por eso decia el vandálico preceptor de la moral filosofía, que el envidioso se paga de decir mal de lo bueno y decir bien de lo malo, y el beato Gregorio decia, no hay mayor tormento que la envidia, y cierto, como la polilla gasta la ropa, así la envidia gasta al hombre que della usa, y do mora envidia no puede morar amor.
_Pin._ Bien dicen que ni el envidioso medró, ni quien cabe él moró; pero hágote saber que la mayor venganza que puedes tomar del envidioso es hacer buenas obras, por eso, hermano Davo, échate bien á dormir, no te guardes, que á buena fe, que dice Séneca que te has de guardar más de la envidia de los amigos y parientes que de la de los enemigos.
_Dav._ Bien veo que dese vicio nació el primer derramamiento de sangre sobre la haz de la tierra á causa del hijo del primer hombre; pero ¿quién se guardará del ladron de casa, y quién se guardará de la indignacion y ódio de su madrastra? que ya todos sabeis que Serafina es una cordera mansa y una paloma sin hiel, pero el aya que la gobierna guarda fuera, Dios te libre ni áun de encontralla en la calle.
_Pin._ No sé qué tema teneis vosotros tanto tiempo há con esta mujer, porque yo algunas veces le he hablado, pero no la hallo sino tan justificada y tan apuesta en la razon como si fuese una santa.
_Dav._ El santo de Pajares, que se quemaba él y no las pajas, y como eso sabe hacer; y por tomarte á las palabras, en buena fe, dé siete vuelcos en el infierno; Dios me guarde del diablo, y despues della y de su ira.
_Pin._ Eso dexado para en su tiempo, dí que goces, Cratino, que ha sido la causa de tornar Evandro al juego viejo con los naipes nuevos.
_Crat._ La imaginacion en la cosa siempre suele refrescar las llagas, esto de una parte, y tambien ver á la clara la voluntad de Serafina, han dado causa á que el viejo dolor, cobrando aliento de nuevo con recientes fuerzas, ha tornado á lo atormentar de tal manera, que toda esta noche ni él ha dormido ni á mí dexó pegar los ojos; pues despues que el polo encomenzó á enseñar la gentilidad y resplandeciente cara de Apolo, como los sentidos, con sobrevenir la luz, se divertieron algo de la especulacion en que con tanto ahinco estaban ocupados, ¿quién te podrá decir las lástimas que ha dicho, las lágrimas que ha derramado, los desmayos que de rato en rato le ocupaban la potencia de los vitales espíritus, gimiendo y sollozando y sacando tantos sospiros y tan tristes de enmedio de las entrañas, que tras cada uno parecia que ya la carne, condolida de tantos trabajos, quedaba desmamparada y convertida en su primera composicion? ¿y quién podria, con mil lenguas que tuviese, contar las grandes pasiones y en sí tan repugnantes que le he visto estar padeciendo? Mi fe, hermanos, viendo la causa en tal estado y el negocio en términos no convenientes á la salud de Evandro, como me doliese su cuita, como si sobre mis sentidos la tal pena se estuviera ministrando, tomé por mejor remedio salirme de la sala y entrarme aquí, como veis, llorando ventura tan fuerte y tan contraria y tan áspera y de dañosa zozobra; pero si quereis ver lo que digo y la razon de mi cuita, vení, vení, que desde la puerta veréis que de cien partes no digo la una de lo que pasa.
_Pin._ Vamos, vamos, que no es tiempo de andar á la flor del berro, y llegados á la puerta seguirémos el consejo más sano, conformándonos con la disposicion en que viéremos estar la cosa.
_Pop._ Hablando está entre sí, oigamos, sabrémos en qué ley vivimos.
_Evand._
La muerte con sus fervores, Con mal que punto no olvida, Ya me abraça; Y en ver tantos disfavores, La desconsolada vida Se embaraça; Y el sentido dice: «Vén Vén, vén y habe compasion Del ya vencido. Esperanza mia por quien Padece mi corazon Dolorido.» Porque con el tal favor, Que será qual nunca es vido Acá jamas, Luégo cesará el dolor, Y las ánsias del sentido Habrán compas. Y pues ellas me dicen Qu’en viendo tu perficion Sería guarido, ¡Oh señora, ten por bien De me dar el galardon Que te pido! Y si aquesto se me niega, Venga ya la confesion Y su extremo; Pues la muerte ya se allega, Y en hallarme en tal sazon, No la temo. Y estando en tanta porfía, Porque tus bienes alexas, Triste estoy; Y pues punto de alegría No tengo, si tú me dexas, Muerto soy. Pero no, que pensamiento De lo tal en mí se cuaje Ni se sienta, Mas está el entendimiento Esperando el tal mensaje En gran afrenta; Y áun qu’el triste bien confia, Dice con ánsias muy viejas, Pues no erró: «Vida de la vida mia, ¿A quién contaré mis quexas Si á tí no? »Mas para questé contento, Pues que mi triste vivir A nadie aplace, Otra salud no la siento. Salvo aceptar el morir, Pues te place; Ó haz qu’el fuego que m’arde Lo apague de mis sentidos, Con favores, Aquel dios de amor tan grande, Que consuela los vencidos Amadores. »El qual siente lo que siento, Y siente qu’el mi sentir Ya no siente, Y siente qu’el sentimiento Del sentido y consentir, Bien consiente En que la muerte no tarde; Y á tí, pues tienes sentidos, Mis dolores, De mando asoluto mande, Que hieran en tus oidos Mis clamores. »Y si aquesto no concedes, El alma, con tal querella, Se me arranca; Pero mira que bien puedes Atender, si tú quies vella, Como basca; Y venga tu gran bondad A ver la rabia espantosa Que no fenece, Y la justa pïedad Que á persona tan hermosa Pertenece. »Y á la cuita que á mi alma, De las carnes ya la aparte Y la alexa, Vuestra merced ponga calma, Y tambien el fuego aparte, Que me aquexa; Y la muy gran crüeldad, Que de angustia temerosa Me fornece, Incline tu voluntad A mi vida dolorosa, Que padece. »Por qu’el sentido me priva El sentir que estais airada, Mi señora; Y con pena tanto esquiva, La mi vida amancillada S’empeora; Por tanto, el grave pensar Haz que cese, y el cuidado Tan pujante, Y aquel tanto desear, Que hace ser porfiado Al amante, »Haciendo que ya no crezca La pena, que así se muestra Mi enemiga, Y el sentido ya aborrezca El mal que á mi vida adiestra, Y no lo siga; Y haz el daño, avadar, Que al corazon ha ligado, Más que ante, Que no lo dexa mudar, Sino quanto más penado Más constante.»
_Pin._ ¡Oh alto y maravilloso fabricador de las cosas criadas, y qué gran manera de metrificar, por cierto los sonetos del Serafino toscano no se igualaron, con harta parte, en la sentencia ni en la gentileza, ménos se pueden equiparar los metros del galano Petrarca! ¡qué manera tan grande ha tenido para decir lo que quiere! por cierto, si á noticia de Serafina viniese esta glosa tan alta, que en el mismo instante concediese en su voluntad, porque le constaria á la clara que la pasion que por ella se siente da causa de inventar lo que no se pensó.
_Pop._ Sin duda estoy muy contenta de lo que entre sí le he visto estar metrificando, pero bien será que entremos por consolalle, porque, como dicen, llagas untadas duelen y no tanto.
_Dav._ Bien será, y anda adelante, Pinardo, que cierto la compañía mucho desecha toda pasion y todo género de tristeza, y, como dicen, todos los duelos con pan son buenos.
CENA SEGUNDA.
EN QUE SE INTRODUCEN
EVANDRO. — CRATINO. — POPILIA. — DAVO. — PINARDO.
_Evand._ Mozos, mozos, ¿estais ahí?
_Crat._ A la puerta de la sala estábamos, ¿qué mandas, señor?
_Evand._ ¡Oh cómo me abraso en el fuego que veo á la clara proceder de los ojos de Serafina! ¡oh cómo sirviéndola pensé valer más y todo me ha sucedido al contrario! ¡oh cómo la misma discordia está predominando en mi pecho! ¡oh cómo la confusion me acompaña! no me veo capaz de salud, el remedio de mi consuelo della depende, mi salud recobrarse imposible es: ¡oh cómo me sería agradable la muerte! ¡oh cómo en cosa la temo, por cierto tan grata me sería su vista qual fué la del gran vandálico Duque al católico Rey, nuevamente pasado en la provincia antiguamente Latina llamada! Pero ya, ya ahinojándose van unas pasiones sobre otras, poner habrán término en mi vivir, porque cierto es que las cosas que ya van de vencida y no pueden mucho tiempo durar permaneciendo en un sér, declinar habrán, porque todas las cosas del mundo celeste y sublunar por cierta órden se rigen, y por la Providencia divina, ya á cada un sér le está limitada la obra y fuerza para que ha de provechar; y el norte y trion y planetas, por cierto órden se rigen, la qual exceder en un punto imposible cosa es, segun natura. Si, que la vida, amancillada con tan sobradas angustias, fatigada con tan demasiados trabajos, cargada de tan contínuos dolores, enflaquecida de las contínuas vigilias, decaida de las enojosas lágrimas, no puede durar ni estar tan firme que no fenezca, porque al hombre términos le están constituidos, los quales no puede traspasar.
_Pin._ Mejor sería, señor, entender en buscar algun conviniente remedio á tu salud, que estar añadiendo materiales al fuego y atizándolo con tan nuevos géneros de querellas.
_Evand._ ¿Qué mejor remedio que desear la muerte? ¿qué mejor consuelo que desear del todo el fin de mis tristes y miserables dias? pues tanto le aplace á aquella que, con sola su vista me tiene aherrojado en tan áspera prision, que la servidumbre del crudo tirano no fué más dañosa á los vecinos de Agrigento.
_Dav._ Para todas las cosas hay medio, para todas las enfermedades hay sus medicinas aplicadas, para todas las llagas hay cura y defensivos, y áun no hay dolor tan grande al qual el tiempo y su discurso no lo disminuya y ablande; por tanto, esfuerza, esfuerza y no te desmayes, que áun Serafina mujer es, del género de las quales dixo Salomon, de cien hombres he hallado uno bueno, pero de mil mujeres ninguna he hallado buena.
_Evand._ Calla, calla, boca sin verdad, que entendiendo las cosas y autoridades al desuso infamas al sexu femíneo, mediante el qual se sustenta la humana natura, y no sabes que áun el mismo Salomon dixo: el que halló buena mujer halló alegría, y el que echa la buena mujer echa todo el bien de su casa; y áun el Augustino dixo: ninguna cosa habia en el mundo peor ni mejor que la mujer; pues ¿qués lo que estás diciendo? ¿qué estás profazando? porque si quieres mirar y notar con atencion lo que diré, la perfecion de Serafina abasta adornar las faltas de todas las que podrias recitar por culpadas, porque ella es prudente en todo género de disciplina, la qual virtud mucho resplandece en la hembra.
_Dav._ A osadas, enhoramala, ¡y cómo la tienes bien entendida! Si prudente fuese, de otra manera se habria gobernado en esta jornada.
_Evand._ Pues está atento, por mi vida, y no murmures ni hables entre dientes, que por extenso te quiero informar de las virtudes y de las gracias de natura, de que Serafina está asazmente adornada; ella es muy pacífica y amiga de toda concordia, de la qual virtud está escripto: bienaventurados los pacíficos, porque ellos poseerán el reino de los cielos.
_Pin._ A la fe pacífica, pero no quiere consentir contigo en la paz y áun creo que lo acierta.
_Evand._ Está atento, Pinardo, así la ventura próspera te acompañe. Es honesta en su habla y traje, más que la mujer del ateniense Focion, de la qual se escribe que unas amigas suyas le mostraban muy grandes atavíos y joyas de sus personas, y ella no teniendo ninguna de aquellas cosas, dixo: yo no curo de más atavíos de ser mujer de Focion.
_Pop._ Mucho holgaria, señor, que nos informases quién era ese Focion, de quien tanto contentamiento tenía la venerable matrona.
_Evand._ Focion fué ciudadano de Aténas, y sabido en derecho y asaz adornado de la moral filosofía, y áun fué capitan de la ciudad, y fué tan moderado en sus cosas, aunque era pobre, que enviándole el Grande Alexandre setenta talentos de oro, no los quiso recebir, y despues le envió trescientos y ménos los recibió; á cuya causa fué tan estimado, que, despues que el universal monarca venció la segunda vez en batalla al gran Rey Dario, no se halla que en las cartas á nadie escribiese saludes si no fuese á Antipatro y á Focion.
_Pop._ ¡Oh, qué agradable me ha sido, señor, oir historia de varon tan digno de fama! agora puedes tornar al presupuesto primero.
_Evand._ Es constante en sus propósitos; de la qual virtud dice el Tulio que ninguna cosa hay de tanta estima ni tan digna en los hombres como la constancia, y cerca desta virtud está escripto en las escrituras lacedemónicas del Licurgo, que habiendo dado las leyes á los de Lacedemonia, con temor que no las quebrantasen les tomó juramento que las guardarian hasta que él volviese, y él se fué á la ínsula de Delfos y nunca más volvió; y al tiempo que murió, mandó que sus cenizas fuesen echadas en la mar, porque los de Lacedemonia no las juntasen y las truxesen, y quebrantasen las leyes que las habia dado.
_Pin._ Mia fe, desa virtud mejor fuera que estuviera falta Serafina, para que mejor se efectuára vuestro propósito.
_Evand._ Y es muy templada en todas sus obras y muy humilde en la conversacion, no presuntuosa, no soberbia, no vanagloriosa, no lisonjera, no dura de cerviz, ántes muy piadosa y acompañada de misericordia; muy liberal con sus servidores, no avara, no enojosa, no airada, ántes muy mansa en todas las razones, muy justificada en sus obras; no lisonjera en las palabras; muy verdadera en la razon, muy leal á sus parientas y amigas; no engañosa, no parlera, no desabrida, no de malas respuestas á sus criadas, no loca, no envidiosa, no inconstante, no triste ni con alteracion en sus hechos, y ¡qué fornida de castidad, virtud tan resplandeciente en la hembra!
_Pin._ Luego ¿en qué andas como Pedro, por demas corriendo tras la esperanza vana y navegando por parte adonde ninguno halló puente? correr en caballo sin freno me parece á mí todo aquesto, sino sólo querer pescar en el golfo con delicada caña.
_Pop._ Dexalo que, como dices, ¿quién loára la novia sino su madre? pues que, á buena fe, si hobiésemos de volver la hoja, que áun la linda Serafina no se quedase fuera del coco, ántes le alcanzaria buena parte de la colacion.
_Pin._ Agora, pues, diga lo que quisiere, que quien de locura enferma, tarde ó nunca sana.
_Crat._ ¿Qué has estado hablando, Popilia? ¿parécete que me contradigo en algo?