Comedia llamada Selvagia, Comedia Serafina

Part 15

Chapter 154,086 wordsPublic domain

_Risd._ ¡Oh, cómo por este caso de Selvago ha parecido verdadero aquel dicho del sábio que dice que los principios, á buen propósito enderezados, no pueden haber desastrados fines! Habés considerado el fin de los amores tan excesivos, aunque castos, de Selvago, mi señor, cómo sin ser el caso descubierto, tan á su honra ha conseguido el fin de sus deseos, habiendo sido desposado, con voluntad de sus padres, con su señora Isabela, celebrándose juntamente las de su gran amigo Flerinardo con su hermana; de cierto que él debe más que otro alguno dar muchas y muy cumplidas gracias al Señor, que de todo ha sido causa, pues tan conforme á su apetito y voluntad todos sus negocios le han sucedido; mas ¿qué digo yo? y ¿quién es este medio doctor que á mí se viene? estranjero parece en su hábito, quiérole hablar y sabré de dónde trae camino. Hombre honrado, si no lo habeis por pesadumbre, reciba yo de vos tanta gracia, que vuestra venida en esta tierra me declarés; pues, no sólo vuestro hábito pone admiracion á quien le mira, mas vuestra reverenda persona causa deseo de saber dónde se enderece.

_Cratino._ Buen amigo, sabed que yo soy de aquí natural, aunque há grandes tiempos que por estrañas naciones he caminado; por lo qual os pido de gracia que me digais si teneis algun conocimiento con los que en esta casa, donde vos poco há salistes, habitan.

_Risd._ Señor, sí; ved qué en ello me mandais.

_Crat._ Que me dixésedes si un caballero, que Polibio se llama, vive en ella.

_Risd._ Sabed, señor, que ansí es como decis, y áun en ella hoy se celebra gran fiesta, por causa de dos solemnes desposorios que en ella han sido hechos.

_Crat._ Pues, señor, en lo uno me habeis hecho la merced, en lo otro no me falte vuestra cortesía en me decir quién son los que tal acto constituyen.

_Risd._ Un caballero llamado Selvago con una hija de Polibio, asimesmo otro caballero dicho Flerinardo, no desta tierra, con una hermana del mesmo Selvago, que, por la fiesta ser más solemne, hácese todo aquí junto.

_Crat._ ¡Oh gran Dios, y qué oigo! ¿y es posible que aquí esté Flerinardo?

_Risd._ Decidme, señor, ¿conoceis vos á Flerinardo?

_Crat._ E áun traigo las mejores nuevas para él que jamas pensó oir; por tanto guiadme donde está, que en su presencia sabréis el caso á vuestra voluntad.

_Risd._ Pues, entrad comigo, que yo haré lo que decis; agora ¿veis aquel viejo anciano que allí parece? pues aquél es Polibio, y el que está á su mano diestra es Flerinardo, por quien preguntais.

_Crat._ A Dios gracias, que bien los conozco; por tanto yo les quiero hacer más alegres que al presente están, hablando primero á Flerinardo, veamos si con el tiempo me ha ya desconocido. Noble caballero, ¿conócesme, que muchas veces me habrás visto?

_Fler._ Por mi fe, buen señor, que decis gran verdad, mas el dónde yo lo ignoro.

_Crat._ Y tú, señor Polibio, mira que por ventura de mí has recibido algun servicio.

_Pol._ Cierto, ó la caduca edad me engaña, ó vos teneis por nombre Cratino, debaxo cuya disciplina encargué yo un solo hijo que yo tuve.

_Crat._ Pues sabe, señor, que ansí es como dices.

_Pol._ ¡Oh mi buen amigo Cratino! ¿pues no me decis qué buenas nuevas me traeis de vuestro discípulo y mi buen hermano Sergio?

_Crat._ Mi señor, de vuestro muy noble hijo y mi discípulo, mejor las sabréis vos que yo, pues con él tanto tiempo habeis contratado, ca sabed que Flerinardo, que presente está, es.

_Pol._ ¡Santa María! ¿y qué me decis, que yo no lo creo?

_Crat._ Pues yo, señor, sí; por tanto, con atencion oid mis palabras y seréis en vuestra dubda satisfecho. Es, pues, de saber que al tiempo que Sergio, vuestro hermano, fué señalado por gobernador en una provincia de la Nueva España, á su peticion, por no tener hijo alguno, le distes uno que vos teníades, llamado Beliselio, el qual prohijó, y con él fué, habrá hasta diez y ocho años, á gobernar su tierra; en la qual, siendo llegado, tomó gran conocimiento y amistad con un rico varon que allí tenía su asiento; mas no habia medio año allí vivido, quando por una grave enfermedad fué de la vida privado, dexando en guarda de vuestro hijo aquel con quien tanta amistad habia tomado, juntamente con toda su hacienda y haber; mas el noble rico, tomando muy grande amor con el infante, y careciendo él de hijos, ansimesmo espontáneamente le prohijó, donde por su mandado, quitándole su propio nombre, que era Beliselio, que tenía, con nombre de Flerinardo le hizo de allí adelante llamar. Pues en este tiempo yo le enseñé todo aquello que á semejante persona que á la suya era convenía; despues de todo lo qual, con deseo de ver aquella fértil y abundosa tierra, determiné con voluntad gastar algun tiempo en verla, lo que no se pudo hacer tan ligeramente, que quando di la vuelta para vuestro hijo, supe que por haber sido muerto aquel noble hombre que le habia prohijado, quedando él por heredero de tesoro innumerable, sabiendo ser natural desta tierra, en ella determinó pasar; lo que por mí sabido, en su seguimiento me puse para del todo manifestalle quién su linaje fuese, pues con él, no sólo será placiente, mas en todos, á quien cabe parte, causará gozo soberano y muy jocundo.

_Pol._ ¡Oh gran Dios, y cómo son grandes tus maravillas, que habiendo tan cerca de mí tenido un hijo, cuya memoria grande pena me causaba, haberle así desconocido, y pudiendo ansimesmo con su presencia recebir alegría, pensando ser en ausencia, con su deseo padecer grande y penoso tormento! ¡Oh mi buen hijo, que entre mis brazos te tengo y lo pongo en dubda, segun se me hace arduo de creer que tanto bien en la postrimera edad me estaba aparejado!

_Fler._ ¡Oh mi padre y mi buen señor! cómo de hoy más soy enteramente bienaventurado; pues habiendo sido por dos veces huérfano, con grave tormento mio, para que agora en mayor estima al verdadero y entre todos tan aventajado tuviese.

_Sen._ Mi señor Polibio, pídoos que me dexés gozar de la bienaventuranza de tal hijo; pues si en el parto graves dolores por su causa padecí, no menores fatigas por su ausencia he tenido.

_Pol._ Vos teneis mucha razon, mi señora, por tanto hágase como pedis.

_Sen._ ¡Oh luz y clara luminaria, en que yo me contemplo! y ¿es posible que del bien de tenerte en mis brazos me sea dado que goce?

_Fler._ Mi señora madre, el bien yo le recibo en podelle tan enteramente gozar, por haberme Dios hecho tan dichoso que de tales padres fuese producido y engendrado.

_Selv._ Mi buena señora, dénos parte dese caballero, pues mi señora esposa y hermana suya, no la menor de pena, entre todos, con su ausencia ha recibido; por lo qual no es justo que de la gloria del conocimiento sea no participante.

_Fler._ Mi buen señor, á vos y á ella, junto con mi señora esposa, igualmente quiero abrazar, pues con igual grado de amor á todos tres os amo y estimo; y de verdad, dexada aparte la gloria que de cobrar tales padres recibo, que soberanamente me gozo en hallarme allegado pariente con las tres personas que más en este mundo quiero, fuera tambien de la honra que en serlo de tales excelencias estrañamente me glorifico.

_Selv._ Respondiendo por las partes, digo, señor, que nosotros de tal conocimiento debemos con razon ser enteramente contentos, por lo mucho que todos ganamos en tal persona como vos tener por afine y pariente en tan cercano grado.

_Pol._ Ora, mi buen amigo Cratino, yo querria saber de vos una cosa, de que tengo alguna dubda de tanto bien como gozo; lo qual es que me digais cómo jamas se ha sabido por acá eso todo que me habés dicho que allá ha pasado, pues no es verisímil que una muerte de una persona tan noble y principal, como era mi hermano el gobernador, tanto tiempo estuviese callada y secreta.

_Fler._ Mi señor, yo os daré en eso más razon que Cratino, mi maestro, podia dar, por causa que en ello fuí más certificado. Es de saber que así como Sergio, el que yo tenía por padre, murió, á consentimiento de los principales de la provincia eligieron por gobernador un caballero natural de aquella tierra; esto fué en una ciudad la más noble de la isla, echando fama ser aquél el que de acá se habia elegido, y ellos lo hicieron pensando tener con él más libertad, pues era entre ellos nacido; el qual, con temor que no le fuese el mando quitado, puso mucha vigilancia en que la muerte del propio gobernador no se manifestase; asimesmo aquel rico, en cuyo poder yo quedé, amándome mucho, por miedo no me apartase dél si mis deudos el caso entendiesen, ayudó á que fuese guardada el astucia; que siendo fallecido, y quedando yo por su legítimo heredero, sabiendo ser deste reino de Castilla natural, en él vine con todo mi heredamiento, que en rentas y juros, siendo aquí venido, gasté, con intencion de hacer aquí perpétua morada.

_Pol._ Agora sí que Dios nos ha concedido más mercedes que nosotros merecemos, en que á tan próspero suceso todo haya venido.

_Risd._ Señor Polibio y señores desposados, sabed que yo guié aquí este noble varon, y pues fuí causa que tanto regocijo hayais tenido, muestre cada uno aquí su liberalidad y quién sea, esto es, que me dedes algo con que tenga casa y pucheros, porque determino de me casar y no hallo quien me quiera, que viéndome tan ruinejo y sin blanca, á nadie llego que no diga Dios te ayude por toda esta hacera, enviándome para galeote; que todavía si tuviese algun dinero, no faltaria quien, por no llorar los duelos de sus vecinos, se aburriese á se casar comigo, que como, gracias á Dios, ha habido ogaño tan buena cosecha de mujeres, teniendo yo alguna pecunia no me podrá faltar una. En mí, señor Selvago, bien seguro lo tengo, mas en vosotros, señores, querria que hubiese alguna virtud para los zagales perrigalgos que en vosotros se encomiendan.

_Fler._ Ven acá, Risdeño, ¿y casarte quieres? ¿no ves que la carga del matrimonio es pesada, y tú, siendo chiquillo, no la podrás llevar?

_Risd._ Por eso me encomiendo yo á los buenos, para que lo que en mí faltáre por ellos sea cumplido; quanto más que, aunque chiquillo, todavía tendria fuerzas, con un cayado que me ayudase, á llevar la carga, y áun para dar á mi mujer con él, si necesario fuese.

_Fler._ Calla en mal hora, no digas eso, que no hallarás quien contigo se quiera casar.

_Risd._ Pues áun esto no es mucho, que yo os prometo que primero que dé la mano, tengo de dar en un papel ciertos capítulos á mi esposa, que ha de ser para que diga si los entiende guardar, y si no, que busque amo.

_Fler._ ¿Tienes algunos de coro?

_Risd._ Sí tengo.

_Fler._ Pues dilos, por tu vida, veamos si hacen al caso á nuestras señoras esposas.

_Risd._ El primero, que en ninguna manera me lleve á vivir á Cornualla, porque es muy dañoso lugar. Lo segundo, que en todo y por todo me ha de ser obediente, y si yo la mandáre que ruede, que ella se arroje de cabeza. Lo tercero, que gobierne bien su familia. Lo quarto, que no destruya ella en banquetes y almuerzos de comadres, lo que Risdeño zanqueando á casa truxere. Lo quinto, que no me tome conversacion ni amistad con mujeres ni otras personas de mala fama. Lo sesto, que en su casa esté recogida y honesta, y por la calle sea muy recatada y amadora de honra. Lo séptimo, que no me sea demandona ni pedidora de buxerías, ni venga á decir fulana tiene esto y yo no, porque me daria á mí no buena comida, y quizá sería causa á que Risdeño, enojado, la hiciese saltar el oropel de las servillas y recibiese de botiboleo media docena de ya me entendeis. Éstos son los siete pecados más graves acerca de las mujeres en el matrimonio; otras circunferencias y avisos le daria de mí á ella.

_Fler._ Por verdad que estás gracioso; mas yo te seguro que con las condiciones dichas no te cases tan presto.

_Risd._ Ese cuidado dexalde á mí, dadme vos lo que yo pido, que podria ser que estuviese ya ojeada.

_Selv._ Dime, Risdeño, ¿es hermosa?

_Risd._ Si es ó no, á Dios ha de dar la cuenta; quanto más que, yo fiador, que algun ciego la querria ver.

_Pol._ Ora que Risdeño tiene mucha razon en lo que ha dicho y pide; por tanto, yo de mi parte le mando para su casamiento una pieza ataviada con una cama de ropa.

_Risd._ Pues, señor, me haceis la merced, señalad que la pieza y cama ha de ser conforme al cuerpo de mi esposa, porque si para mí fuese, con una de vuestros galgos cumpliríades la manda.

_Pol._ Agora que ansí lo digo.

_Fler._ Yo te mando seis pares de capas y sayos para tu cuerpo, y en nombre de mi señora esposa, todos los vestidos de mantos y sayas que se debieren dar á la novia, conforme á su estado.

_Risd._ Señor Flerinardo, téngoos en merced qué me haceis tanta fiesta como hace el calendario á San Juan, que le da seis capas, y vos dáismelas con sayos y todo, aunque la manda no es para en tiempo que haga aire, porque yendo con sayos y capas, no teniendo calzas, no sería mucho que fuese echando plazos por toda la ciudad; á vuestra señora esposa tengo en merced su manda, y ruego á la Madre de Dios que así la cobije con su manto, como con el suyo ha de cubrir á mi esposa.

_Selv._ Yo, en pago de lo bien que me has servido, te mando doscientos escudos, y en nombre de mi señora esposa, el oro que á la tuya perteneciere.

_Risd._ Señor Selvago, en mucho cargo os soy, pues con vuestra manda no temeré las lanzas y saetas de la mala ventura, habiéndome armado con dosciendos escudos para mi defensa; mas encomiéndoos que no se tornen broqueles, porque no servirán tanto, que son chiquillos. A la señora, vuestra esposa, debo mucho, pues así con el oro amarillo de desesperacion que me manda, me reserva de la que pudie tener en comprallo de los plateros, que me lleváran los ojos; y pues al presente, señores, aquí no hay más que negociar, y tan prósperos sucesos todos estos acaecimientos han tenido, muy alegres y regocijados vosotros, por lo ya dicho, y yo, por de muy pobre verme rico y prosperado, será bien acordado entrarnos á cenar, porque, como dicen, los placeres y los duelos con pan son buenos; con lo qual yo, Risdeño, hombre de bien aunque chiquillo de cuerpo, amigo de todos aquellos que mi bien desean y mi provecho procuran, pidiendo por las faltas cometidas el debido perdon, acabo de representar la comedia llamada _Selvagia_.

FIN.

[Ilustración] Fué impresa la presente obra en la Imperial ciudad de Toledo, en casa de Joan Ferrer. Acabóse á diez y seis dias del mes de Mayo. Año de M. D. LIIII.

COMEDIA

NUEVAMENTE COMPUESTA

LLAMADA SERAPHINA,

EN QUE SE INTRODUCEN NUEVE PERSONAS

LAS QUALES EN ESTILO CÓMICO Y Á VEZES EN

METRO VAN RAZONANDO HASTA DAR

FIN Á LA COMEDIA.

ARGUMENTO DE LA COMEDIA.

Evandro, caballero natural del reino, antiguamente Lusitania llamado, y al presente Portugal, se enamoró de una señora, Serafina llamada, de estrema manera hermosa y dotada de todo género de virtud, natural del reino de Castilla; y era casada con un caballero, Filipo llamado, el qual era de natura frio, á cuya causa Serafina se estaba vírgen, fué causa principal para se enamorar de Evandro; pero Artemia, madrastra suya y madre de Filipo, en gran manera la guardaba. A cuya causa, Pinardo, criado y paje de Evandro, fué, en hábito de mujer, en casa de Serafina, y se echó con Artemia, y con Violante, doncella de Serafina, y concertó con Serafina que hablase á Evandro, y así tornó á casa muy próspero; pero Popilia, sirvienta de casa de Evandro, y Davo, criado suyo, mucho y largamente informaron á Evandro de cómo Artemia era dueña de malas costumbres. De lo qual maravillado Evandro, fué en casa de Serafina desfraçado, solamente acompañado de Pinardo, donde efectuó su propósito, hallando vírgen á Serafina, y así todo hobo próspero y agradable fin; pero en el principio, Cratino, secretario de Evandro, mucho lloraba y se quexaba del amor por ver á Evandro tan penado y tan cargado de dolor á causa de los amores de Serafina.

[Ilustración]

CENA PRIMERA.

EN QUE SE INTRODUCEN

CRATINO. — POPILIA. — EVANDRO. — DAVO. — PINARDO.

_Cratino._ ¡Oh amor halaguero, oh cruel, oh soberbio, oh enojoso, oh desabrido, oh altivo, oh airado, oh vergonzoso, oh de poca vergüenza, oh amargo, oh dulce, oh enojoso y triste, oh alegre y deleitoso, oh presuntuoso, oh humano, oh turbio en tus cosas, oh de dulce y de agradable conversacion, oh desatinado, oh de gran concierto, oh temeroso, oh humilde, oh esquivo y terrible, oh manso y lisonjero, oh de poco sosiego, oh reposado y no presuroso en tus cosas, oh inicuo, oh justo, oh inconstante y antojadizo, oh firme en tus cosas, oh apresurado y movible, oh constante y moderado en tus hechos, oh vario, oh firme, oh piélago y golfo de tempestad y contínuo tormento, oh puerto seguro y sin temor de contraria bonanza, oh pobre de juicio, oh acompañado de prudencia y de toda crianza, oh mísero y pobre, oh rico y pródigo y muy liberal, oh ajeno de razon, oh acompañado de toda la discrecion del mundo, oh embarazado en tus obras, oh desenvuelto de conclusion, oh amigo de brevedad, oh enemigo de la concordia, oh cauteloso, oh llano negociador! ¡oh cómo nos ligas, oh cómo nos atas y sueltas, oh cómo aprietan tus ligaduras, oh cómo afloxas tus atamientos, oh cómo nos atormentas, oh cómo nos libras de tus prisiones y fuertes cadenas, oh cómo ciegas y trastruecas el entendimiento, oh cómo nos alumbras con tu luz de la manera quel rutilante Febo, alumbrando de claror al sublunar mundo fugados loglevos vapores!

_Popilia._ Altas maravillosas cosas anda investigando Cratino, y tanto inculca unas con otras, tan contrarias y repunantes entre sí, que no sé adónde se dirige sermon tan ofuscado; pero oigamos, que cada camino, como dicen, suele descobrir sus sendas y hondos barrancos.

_Davo._ Mil chimeras estoy revolviendo en la imaginacion, y mil sospechas se me engendran de la novedad no acostumbrada; porque quien vido á Cratino estar inquiriendo con demasiada atencion las potencias y poderío del amor y las obras, y acto en sí tan confuso y repunante, no es sin misterio; causa hay, y áun no de pequeña carga; yo aseguro agradable me sería que á tantas enigmas diese conclusion; pero él procede, prestémosle el oido benigno, porque el sermon no perezca, y si alguna duda ó cosa que le parezca resultáre, allí nos quedamos, él juega armado y los compañeros en la tabla, y áun le podemos sobre ello decir el sueño y la soltura, y siquiera porque vea en qué feria vende su mercadería, porque la verdad hija es de Dios, y al amigo ó al enemigo no se le debe decir cosa al contrario del verdadero camino; pero grandes aceleraciones me ocurren con velle tan desatinado, Dios lo convierta todo en sosiego, mas el alma me da que desta vuelta no lloremos duelos ajenos, y yo aseguro que no nos loemos de haber pasado el vado sin mojarnos la zapata.

_Pinardo._ Así burlando, como si nuestro mal lo pudiésemos echar á puerta ajena, suelen decir que cada buhonero alaba sus agujas; pero al presente ni las nuestras ni las ajenas, sino oye á Cratino y verás si tenemos necesidad de abrir el ojo, porque, á lo que siento, la nuestra no toca en el hito ni en el blanco; y si lo miras, conocerás á la clara en lo que está, porque por la víspera se conoce el disanto, y, como dicen, harto es de ciego el que no ve por tela de cedazo.

_Dav._ Pues oye, oye, que á sus nuevas querellas se torna de la manera que primero.

_Pin._ Pues diga bien y gaste su almacen, que ésas son mis misas, y áun podrán decir por mí, el harto del ayuno no tiene cuidado ninguno.

_Dav._ ¿Que almorzado has, á lo que parece?

_Pin._ Mas qué, ¿me tengo de mantener del aire como camaleon, ó andarme haciendo papo de aire como cuervo en el verano? á la fe, no lo niego, que lo primero que hago, en poniendo los piés en el suelo, es guachapear con aquello blanquillo de Madrigal, y despues venga Dios y véalo, que, por mi fe, como dice la otra, ántes beberé que me toque; y esto hecho, lo demas dé do diere y ruede el mundo como quisiere y á la mano que por bien tuviere, que de lo demas yo tener pena, así puedes llamar al rey compadre.

_Dav._ De manera que el que quisiere tu saliva ayunas ha de ser en la cama.

_Pin._ Pues ¿qué quieres, que pise el sapo en ayunas? así puedes pedir cerezas por Navidad; pero apriesa habla Cratino, oigamos, porque, como dicen, quien escucha, de su mal oye.

_Crat._ ¡Oh amor, y cómo escedes los límites de tu jurisdiccion! ¡oh cómo nos distraes en feos actos y en torpes hechos! ¡oh cómo á tu causa se tuerce nuestro triste y miserable vivir! agora digo que no culpo á Lamech, que en la edad primera contraxo bigamia, casando con dos mujeres, contra la dotrina dada á nuestro primer padre en el huerto de los deleites, «serán dos é una carne»; ni ménos inculpo al aceleroso Catilina, que, por amor de casar con la romana matrona, mató al hijo; ni pongo culpa á Clodio, que dió causa á que el César repudiase su legítima mujer; pues trocadas de tu frecha, y llagados de tu áspera mano, excedieron en estremo los límites y términos de la razon; pero no sé qué diga, confuso estoy, porque esta tan suprema potestad del divino consistorio, de la soberana justicia te está permitida, y tú, mandado eres, subjeto estás; por ajeno mando te riges y gobiernas; cállome, cállome, porque quien tras otro cabalga no ha silla, que, do quieres, la subjeccion te releva de culpa, mil defensas tienes, notorias están, á la clara parescen, no digo más; pues que el que sufrió venció, y vido lo que quiso, y á buen callar llaman Sancho, y en boca cerrada no entra mosca. Especialmente que, andando á escuras, presto tropieza hombre, y caminando por donde no es el camino pisado, pocas veces se acierta, y áun Diógenes lo reprobaba; pues tambien hablar hombre en lo que no sabe cosa escusada me parece; allá se avenga, si mal ó bien tiene, él se lo buscó, sé que no tengo de cegar llorando duelos ajenos, de do diere, venga lo que viniera, que lo que fuere de los otros será de mí; porque, á lo que siento, no son tan necios, que cada uno no querrá guardar su cabeza.

_Pop._ A solas piensas que estás, amigo Cratino, y tienes las espías de las puertas adentro, y pensando que nadie tenias, has hablado, como entre compadres, lo tuyo y lo ajeno, y has revuelto tantas materias ofuscando lo claro, cubriendo de color á lo prieto; y así tan confusamente te has habido en el proceder, que resumir las dudas que de tus sentencias resultan sería querer tomar truchas con haldas enjutas; por tanto, no me revuelvo contigo, porque sería enojarte á tí herirme en el ojo, pero mal suena eso que con tanta eficacia estás afirmando, que, tornándolo de latin en romance, dices que no culpas á los hombres porque ciegamente aman, y parece que los escusas con matizado lustre, diciendo que Dios gobierna todas las cosas. Al cabo estás, entendida me tienes, y si ése es buen coger de agraces, tú lo ves; fea cosa es y mal parece reprobar á la clara la fuerza y poder, franca libertad y libre albedrío, de fino quiebras, y mira que muchas veces por conservar la cosa, se pone en parte que en la mayor necesidad no paresce; torna, torna en tí, y mira lo que dices, y emienda lo dicho, que más vale ser tenido por necio que por porfiado, y áun si miras, del sabio es mudar el consejo.

_Crat._ Pues cómo, ¿no sabes que Dios permitió que el primer hombre amase nuestra primera madre y así lo formó con una inclinacion natural? verdad es que nunca desordenadamente se amaron en el estado de la gracia.

_Pop._ Tú te lo dirás todo, de manera que confiesas que despues del pecado, y así por quebrantar el precepto de Dios, vino la desenfrenada luxuria de la carne y el tan libidinoso apetito.

_Crat._ Así lo digo, así lo afirmo, y cosa en contrario no la siento.

_Pop._ Satisfecha estoy para comigo, y di ya lo que quisieres, que yo cuenta hago que me he librado de las manos del gavilan, ó como dicen, de los cuernos del toro.