Comedia llamada Selvagia, Comedia Serafina
Part 13
_Dol._ ¡Ay hijo! ¿no ves que están las cuitadillas, mal pecado, desnudas, entendiendo en el comer? mas ten paciencia, que tiempo habrá para todo; mas esto aparte, por tu fe, Escalion, que me digas, ¿estos gentiles hombres son de la ciudad ó forasteros?
_Sag._ Madre mia, de aquí somos naturales.
_Dol._ Pues decidme, señores, quién fueron vuestros padres, porque si lo que decis así es, no puede ser sino que de mí seais conocidos.
_Sag._ Sabe, señora, que yo soy hijo de Sempronio, criado de Calixto, y de Elicia, y este mi compañero es de Parmeno y Areusa, donde por la familiaridad que nuestros padres tuvieron, ansimesmo por el parentesco que entre nuestras madres hobo, entre nosotros tenemos muy firme amistad y bien querencia.
_Dol._ ¡Oh mis buenos hijos! por mi salud, que os he de abrazar, ca sabed que no pequeño conocimiento tuve yo con vuestras madres, ántes que desta tierra Parmenia mi madre me llevase, y áun, por mi salud, que cuando volví y supe el desdichado caso que á las dos acaesció, que no fué mi dolor pequeño.
_Esc._ Pues dime, madre, ¿qué les aconteció?
_Dol._ No fué nada, hijo.
_Esc._ Dilo ya, madre.
_Dol._ Diéronlas de puñaladas, que no fué nada.
_Esc._ Echa allá, ¿y es pulla ésa? mas dinos, madre, ¿y quién hizo tanto mal? que, por las ebúrneas puertas tartáreas, sólo por lo que á la amistad de su hijos debo, en todo el mundo sabiendo quién es le busque, y más tajadas le haga que letras tiene Baldo y Bartulo con la Coronica española.
_Sag._ Por mi vida, madre, que hasta agora bien ayunos deso hemos estado; ca los dos de pequeños nos salimos desta tierra, y por gran aventura en Italia nos conocimos, donde con deseo de nuestra patria aquí tornamos, y queriendo saber qué se hizo de nuestros padres, nos fué dicho que de sus muertes naturales murieron, por lo qual estamos muy espantados de lo que dices.
_Dol._ Pues yo os diré, hijos: sabed de cierto que Parmeno y Sempronio por homicidas de una buena vieja murieron degollados en el mercado, y Areusa, poco despues en casa de la famosa Celestina, á manos de dos rufianazos, que, si bien me acuerdo, se nombraban Grajales y Barrada. Eso mesmo Elicia, mucho tiempo despues por un panfarronazo llamado Brumandilon; aunque no se fué sin castigo éste, porque degollado murió, y no pensés lo dicho haber muchos dias que pasó, que de cierto la sangre tienen reciente; mas de una cosa, hijos, os podés alabar, que teneis madres medio mártires, que, por mi salud, casi sin culpa las mataron.
_Esc._ Arre nora mala, y á todos ha metido la vieja en la danza, que, por mi vida, este Brumandilon que ha dicho fué mi padre; ya dolor, y si se descubriese á mis compañeros, cómo tomarian de mí rabiosa venganza; mas esto aparte, á fe que está donosa Dolosina, que piensa que se deleitan estos otros mucho con sus palabras, y no sabe que, como dicen, no hay peor burla que la verdadera, y ella dalle que dalle, y entre col y col lechuga, bien te quiero más bao; y despues que los ha descalabrado, úntales el casco diciendo que sus madres fueron medio mártires.
_Dol._ ¿Qué dices entre dientes, hijo Escalion?
_Esc._ Digo, madre, que pues eso es ya pasado, no lo traigas de presente á la memoria, pues no estamos en tiempo de llorar los muertos, sino de tomar placer entre los vivos.
_Dol._ Mi hijo, no pienses que lo que he dicho ha sido sin causa, que quiero que sepas que no tanto he querido decir esto por dar á estos señores pasion en ello, mas porque nos acordemos de la muerte, que á nadie perdona, y que hoy somos y mañana no; porque, como dice el sabio, su memoria es parte á nos apartar de ofender á Dios, especialmente en los placeres y regocijos, de que tenemos ejemplo en la historia de San Juan que se intitula el limosnero; el qual, siendo gran señor y obispo, industriosamente hacia labrar su sepulcro bien despacio siendo muy suntuoso en obra, porque, como todos le dixesen que ¿cuándo se habia de acabar? le recordasen que se habia de morir; ansimesmo tenía un hombre que industriosamente, quando estaba en algun regocijo ó banquete, le venía á decir que hiciese acabar su sepulcro, pues no sabia quando le habrie menester, porque acordándose de su muerte no se destemplase en la tal fiesta á cometer algun vicio y pecado: eso mesmo un señor eclesiástico, noble y generoso caballero en nuestros tiempos, sobre un mármol que tiene labrado para en siendo muerto poner su sepulcro, recibe la refeccion quotidiana, y todos ó los más dias quiere comer en él, en el qual mármol están cortados unos hermosos versos que, demostrando la historia del caso, nos avisan que nos abstengamos, con la memoria de la temerosa muerte, de pecar, especialmente en los tales actos y convites, cosa por cierto en que cada qual habia de tomar exemplo por el grande fruto que dello se nos puede conseguir. Esto al presente baste, que pues Libina viene á nosotros, ya la comida debe estar á punto.
_Lib._ Madre señora, todo está aparejado, ven quando fueres servida.
_Dol._ Sea luégo, hija, que nunca yo hallo mejor tiempo para comer que quando lo tengo gana, ni me sabe mejor acordándome que Dario, rey de Persia, huyendo de Alexandre, su enemigo, habiendo perdido todo su exército, en un cenegal hediondo y lleno de cuerpos muertos se abajó á beber, diciendo que cosa no le habia sabido mejor en su vida que aquello, porque con más sed lo habia bebido; por tanto, hijos, si os parece, vámonos á sentar.
_Esc._ ¡Ay madre! ¿y quién ha de ir acordándose lo que de la muerte has dicho? que, por mi vida, las cabras nos has metido en el corral con tus palabras.
_Dol._ ¿Por eso habias de dexar de comer? anda en mal hora, ven, sentémonos.
_Esc._ Ojo, compañeros, veréslas, que vuestras requebradas han de ser.
_Rub._ Di sus nombres, y señala quál es Lelia, que por el nombre le soy aficionado.
_Esc._ La que trae las servilletas á la mesa se llama Claudia, la otra que anda allá dentro es Lelia, por quien preguntais; Claudia es fresca como veis y hermosa, mas Lelia es más mochacha: si os parece, lleguémonos hácia allá, y hablarlas hemos.
_Dol._ ¿Dónde vais, locos? venios á sentar.
_Esc._ Acá es, madre, sobre un ciento de bodoques: siéntate tú, que vamos á ver si las cocineras usan bien su oficio.
_Dol._ Pues así pasa, ven, siéntate, señora Valera, y remojarémos la palabra miéntras aquellos locos vienen.
_Val._ Cierto, no es malo el xarope; ¿y de dónde lo hobiste? que por mi salud jamas lo hallo sino vinagre, donde quiera que voy por ello.
_Dol._ Selvago me lo envió, dos horas há; con juramento, que despues he besado veinte veces el cangiloncillo en que está, que dado caso que no bebiese, me deleito de llegallo á la boca.
_Val._ Y áun con eso tienes en el rostro tales colores, que por mi salud en tu mocedad no las podias tener tales.
_Dol._ Malo va esto, vieja me ha llamado; mas no se me irá con ella.
_Val._ ¿Qué dices, comadre?
_Dol._ Digo que como ya tú, de vieja, estás en los huesos, que no has podido tomar color como yo.
_Val._ Eso me parece al judío que dió la pasa al carnero, y le atentaba luégo la cola por ver si habia engordado; tú no ves que hasta que el vino que agora bebí haga operacion áun habrá tiempo.
_Dol._ Pues por la misma causa verás que mis colores son de mio, y no causados por la bebida; que sabe, si no lo sabes, comadre, que toda mi vida he sido fermosa y fresca mujer, y como agora en lo mejor della esté, mira qué maravilla si tengo colores.
_Val._ ¿Qué años habrás, comadre?
_Dol._ Este otro dia hice esa cuenta, y hallé en el libro de la parrochia que tengo hasta cuarenta años.
_Val._ De la mitad arriba, y áun Dios y ayuda.
_Dol._ ¿Qué dices, comadre?
_Val._ Que de más edad te juzgára.
_Dol._ Y áun más te hago saber, que por de ménos edad me tengo, de lo qual es buen testigo mi marido Hetorino, que se espanta de ver el cuerpo que tengo de noche; por lo qual pienso que el libro de la parrochia se engañó, que mal pecado quando se hace el baptismo, como el sacristan está embarazado, da el libro á que lo escriban mochachos, y ellos ponen lo que se les antoja.
_Val._ Ora, comadre, dexa eso, demos otro deogracias, pues tan ocupados con vuestras dueñas están esos gentiles hombres.
_Dol._ Otra hallarés más perezosa en eso.
_Val._ Ora tañeldes la campanilla, que mucho tardan en su plática.
_Dol._ Locos, locos, ¿por qué no os venis á sentar?
_Esc._ Madre, si tú no vienes á echar el baston entrellos será escusado, porque la batalla está muy rigurosa, especialmente que las damas áun de hablarlos se desdeñan.
_Dol._ Agora espera, que yo os concertaré. ¿Qué es esto, Claudia? Y tú, Lelia, ¿por qué no hablais estos señores, y os venis con ellos á comer?
_Claud._ ¡Ay, madre, déxate deso! Comed vosotras allá, que yo y Lelia despues comerémos.
_Dol._ Anda, mal hora, déxate deso. Tómala tú, señor. ¿Cómo es tu gracia?
_Sag._ Sagredo.
_Dol._ ¿Y el compañero?
_Sag._ Rubino.
_Dol._ Pues, señor Rubino, toma por la mano á Lelia, y tú, hijo Sagrado, á Claudia; Escalion él se tendrá el cargo á su Libina, y vámonos á sentar.
_Lel._ ¡Ay, señor! déxame, que no soy desas, ni tengo de ir allá.
_Dol._ ¿Qué es esto, Lelia? ¿Mándolo yo y dices tú otra cosa? ¡Por mi salud, si no mirára al honor de los convidados, que yo hiciera cosa que no pluguiera á todas! mas irse han los huéspedes, y comerémos el gallo, que asaz habrá tiempo.
_Esc._ Ea, señora, no tomes pena, que á ella le pesa por te haber enojado.
_Dol._ Anda, hijo, déxame, que aquella habia de cumplir de ojos lo que yo mandaba por la boca.
_Esc._ Hora no haya más. Tú, señor Rubino, con la señora Lelia en este cabo os asentad, y junto, en esotro cabo, estará Sagredo y Claudia; yo y Libina nos sentarémos acá en lo baxo; las dos madres, pues se hallan solas, hagan entre sí compañía en la cabecera de la mesa.
_Claud._ Madre, á la puerta llaman.
_Dol._ Vé, pues, hija, mira quién es.
_Claud._ ¡Dios sea comigo! y á Risdeño, el enano de Selvago, tenemos á la puerta con un mozo que trae una pieza de paño.
_Dol._ Él y los buenos años: vé, hija, por tu fe, abre.
_Claud._ Ya voy, señora.
_Risd._ Esté enhorabuena la fresca.
_Claud._ En tal venga el gentil-hombre. Sube, señor, si eres servido, que allá está mi señora.
_Risd._ Quiero, pues, madre, estés en buen hora tú y la compañía. ¿Qué es esto que veo? ¿y aquí estais vosotros, y no hubiera memoria del pobre de Risdeño?
_Dol._ Hijo, señor, vengas en buen hora. Daca, Claudia, aquí una silla, ponla entre mí y la señora Valera. Siéntate, señor, por tu vida, y comerás.
_Risd._ Quiérolo hacer, pues que tanto me lo ruegan. Tú, mochacho, dexa sobre esa arca el paño y véte.
_Dol._ No le envieis, señor, comerá primero.
_Risd._ Déxale, madre, que será menester en la posada, que si algo habie de comer, yo supliré por él y por mí.
_Dol._ Pues ¿y dónde lo habies de echar, señor, que tu cuerpo con poca cosa se podria henchir?
_Risd._ Donoso está el dicho. ¿Cómo, madre, y agora sabes que tengo dos estómagos? Pues quiero que sepas que lo que en cuerpo falto eché en estómagos, que otra cosa no tengo de dentro; si no, exempli gracia, comenzad á partir esas aves y verés maravillas.
_Claud._ Por mi salud que dice verdad. ¿No veis que hace de engullir?
_Sag._ Déxale, señora, que mucha priesa trae mucho vagar, y quien con ligereza el camino anda, de descansar tiene.
_Esc._ Ce, señora Dolosina, mira que no guardas la ley de palacio, que has bebido tres veces con el primer manjar.
_Dol._ Hijo, por eso estamos agora en la sala donde hay otra ley, que bien sabes que dixo el sabio: «Cuando estuvieres en Roma vive como en Roma»; por esto quiero yo guardar la ley de sala, pues en ella estoy.
_Esc._ Madre, ¿quántas veces, tú que sabrás todas las opiniones, es lícito beber en una comida?
_Dol._ Por cierto, hijo, abusion es que nunca la cato, ni la puedo hallar lo firme; unos, por ser malaventurados, dicen tres, otros, casi semejantes, dicen cinco, otros nueve, otros trece, y otros, de la qual opinion soy yo, dicen treinta y seis veces; mas empero yo, por cumplir con todos, bebo tres, y despues seis, y ansí adelante hasta el último término, por topar y cumplir lo más cierto.
_Risd._ Eso me parece, madre, como el teniente que echaba las fiestas, y decia: esta semana, señores, no sé en qué dia cae una, fiesta de guardar, holgad toda la semana, y así toparés con ella.
_Dol._ Así es, hijo, como decis, por lo qual con justa causa se me consiente, como ves; quanto más que de tal culpa me desculpa el refran antiguo que dice que el horno y el viejo por la boca se calientan; que puesto que yo agora no sea vieja, por estar en víspera de ello, puedo usar de sus previlegios; mas en eso no mireis vosotros, que vais, miéntras yo hablo, como por la posta, por esos pavos, y á pocas me habríedes dexado los huesos en los platos.
_Esc._ No hables, madre, que bien sabes que oveja que bala bocado pierde, hasta que te enfade el manjar, como hace Risdeño, y no tendrás de nosotros queja.
_Risd._ ¿Sabeis por qué lo hago yo? yo os diré. Contáronme un cuentecillo sobre otro tanto como esto, con el qual quedé avisado, y fué que dos hombres, en un camino que iban, llegaron á una posada, donde siéndoles puesta para comer una liebre, el uno dellos preguntó al otro al principio si tenía memoria de que habia muerto su padre, el respondió que le dieron unas calenturas, y mandándole el médico sangrar, vino á descubrirse ser resfriado, donde haciéndole medicinas, y dándole purgas, obrando con algunas dellas tanto que si viviera quedára purgado para toda su vida, al fin de questiones levantándosele el pecho tomó y murióse; pues miéntras aquél contaba esto el compañero habia ya dado al traste con la liebre, de lo cual el que contaba se sintió mucho, aunque no lo demostró. Otro dia, poniéndoles, en otro lugar, una gallina para comer, tornó á preguntar el de primero al otro que de qué habia muerto su padre, el qual, dando muchos y grandes bocados, respondió en una palabra diciendo: de una landre.
_Esc._ Hi, hi, hi, por mi vida que estuvo donoso, aunque para nosotros tambien fué bueno el cuento; pues no te hará daño lo que entre tanto comiste.
_Risd._ Por eso remedié yo con tiempo, que fué tener pausa hasta que los estómagos dixeron, no más pavos por agora.
_Esc._ Madre, por tu fe, que nos eches acá el un jarrillo desos, que allá el uno bastará.
_Dol._ ¡Ay hijo, no digas tal! por tu vida, que me dará desmayo si así lo hiciese; ¿tú no ves que yo al uno y mi comadre al otro habemos tomado por compañeros? mas porque con los amigos más se ha de hacer, toma allá.
_Risd._ Alonge, dixo Lucía al odre; porque bien me basta á matar la sed lo que escancian las dos que tengo al lado; pues por su abundancia, traspasando su fuerza el intervalo de enmedio, llega á poner operacion en mis estómagos.
_Dol._ En Dios y en mi conciencia, comadre, que nos ha llamado borrachas en buen romance.
_Val._ Comadre, nunca peor os digan; ca sabed que un tiempo, segun he oido, se tuvo por virtud, que fué quando el gran Caton lo exercitó; y porque en persona tan veneranda no hubiese vicio, ese que en él se halló, por ser dél usado, le baptizaron por virtud.
_Dol._ ¡Oh quién fuera en ese dorado siglo!
_Risd._ Burlada te halláras, porque á las mujeres les era vedado.
_Dol._ ¿Qué decis? no lo creo.
_Risd._ Pues sabe que era ansí, que tenian por averiguado ninguna mujer que bebiese vino ser casta, y despues acá por el apóstol fué dicho que en el vino estaba la luxuria.
_Dol._ Cierto, gran crueldad hacian éstos con sus mujeres, pues que tanto bien les vedaban.
_Risd._ Ántes les hacian honra, y si ellos lo bebian, más era por ser fuertes en las batallas que tenian que por el apetito del cuerpo; más digo, que algunos mataron sus mujeres porque lo bebieron, y ninguna pena por ello les fué dada, lo que agora, no solamente á las mujeres se consiente, mas á los infantes pequeños muy contra toda razon se les da, porque dado caso que los ponen en mala costumbre, acórtanles la vida, porque siendo el niño en sí muy cálido por razon de la sangre que tiene nueva, y el vino ansimismo siendo caliente, dos extremos juntos consumen la vida al que ansí le fué dado; mas esto aparte, señores compañeros, mirad que es mucho retozar ése, especial estando quien lo vea á diente.
_Sag._ Señor Risdeño, no tenés en eso más razon que un bonete redondo, que si vos sois corto, echaos á vos la culpa, que buenas mochachas tenés al lado.
_Risd._ Eso será para pedilles consejo en algun arduo caso.
_Sag._ Anda, señor, que el pajar viejo, desque encendido, malo es de apagar.
_Risd._ Bien es verdad, mas hasta en eso es el trabaxo, y tambien aquí no hay lugar de lo que decis, porque si yo mostrase mas favores con alguna de estas señoras, la otra con razon de mí se podia quejar.
_Claud._ Donoso está, por mi vida.
_Risd._ Mas si alguno de vosotros, señores, quiere comigo trocar asiento, no recibiria pequeño servicio en ello.
_Esc._ Qué, ¿áun servicio ha de ser?
_Risd._ Ya veis, señor, si tal persona como yo se sufre hablar en otros términos.
_Dol._ Volvedme, hijos, el jarrillo si habés hecho con él.
_Esc._ ¿Ya se acabó eso otro?
_Dol._ Sí, hijo, que, como Risdeño echaba en sus dos estómagos, con lo que nosotras bebimos concluyóse presto.
_Esc._ Toma, madre.
_Dol._ ¡Ay hijos, y cómo os habeis habido tan cruelmente con él, que casi tripas no le habeis dexado!
_Risd._ Por mi vida, que son buenas las olivas, y que siempre las acostumbro por me hacer buen estómago y me quitan la sed de la tarde.
_Dol._ Así es que en eso son apropiadas.
_Esc._ Pues, madre, perdónanos nuestro atrevimiento; tu, Risdeño, negocia con la madre, que nosotros nos entramos en otra pieza.
_Risd._ Ántes os quiero decir á todos unas buenas nuevas.
_Esc._ ¿Qué son?
_Risd._ Que están concertados los desposorios de Flerinardo y Rosiana; por tanto, concluid presto, que seréis en la posada necesarios.
_Esc._ ¡Oh, Dios te dé buenas nuevas, que así será como decis! Ea, compañeros, cada uno á su albergue con su huéspeda, que quien tiempo tiene y tiempo atiende, tiempo viene que se arrepiente.
_Risd._ Señora Dolosina, mi señor te envia muchas saludes de su parte, y esta pieza de raja que te mandó ayer en pago de la sortija.
_Dol._ Mi hijo, á tu señor dirás de mi parte que le beso las manos mil veces por las mercedes que cada dia me hace, y si tú de mí has menester alguna cosa, aparejada estoy.
_Risd._ De la misma manera me puedes mandar, madre; mas agora me da licencia, que me he detenido.
_Dol._ Tú, hijo, la tienes.
_Risd._ Pues quédate con Dios, señora.
_Dol._ Él vaya en tu compañía.
_Val._ Comadre, muchos años nos holguemos juntas, y mirad si me mandais algo, porque voy á la posada de Isabela.
_Dol._ No más sino que le deis mis besamanos, y que le tengo en merced la sortija.
_Val._ Así lo haré, comadre, quedá en buen hora.
_Dol._ La madre de Dios te guie, comadre Valera.
CENA SEGUNDA DEL QUINTO ACTO.
En que Polibio habla con su mujer Senesta, en que será bien dar compañía á su única hija Isabela. Senesta despues de razones viene en ello; conciértanse que le vendrá bien Selvago; queda en que por un primo del mesmo Polibio se le hable. Introdúcense:
POLIBIO. — SENESTA.
_Pol._ Señora y mi amada compañera Senesta, pues que Dios por su infinita misericordia tuvo por bien de juntarnos á los dos en matrimonio, y ansimesmo darnos de sus bienes tan largamente con mucha honra de linaje; y lo que más se ha de estimar, un dón tan excelente, que fué el fruto de bendicion con que gran consuelo y descanso siempre hemos tenido en nuestra hija Isabela, tan cumplida de gracias interiores como de exteriores adornada; yo tengo en mí determinado, si en ello juntamente vuestra voluntad viene, porque la fortuna con algun mal reves no tenga lugar (soltándose del palo de Bocacio) contra nosotros, de que se le dé una compañía tal qual su noble linaje demanda y su agraciada persona merece, porque dado caso que hasta hoy no se ha visto en ella causa de algun mal indicio, sólo porque, como dicen, quien quita la causa quita el pecado, me parece ser éste buen acuerdo para que nuestra fama y honra se adelante de contino; y si miramos á los antiguos, que tinien por costumbre no poner esta carga en sus hijos hasta que ya en perfecta edad los veian llegados, sufríese por la simplicidad y buenas maneras de aquel dorado siglo lo que agora no ha lugar por la mucha malicia del nuestro; tenemos exemplo y cada dia lo vemos por experiencia que muchas nobles y generosas personas, por la confianza que de sus hijos tenian, los vinieron á perder, hallándolos clandestinamente, no á su honra, desposados, de que los míseros padres, viendo su fama perdida, no sólo de la hacienda en casos que se recrecen, mas de la vida son privados y miserablemente destruidos; por lo qual claramente se demuestra que no pequeño cuidado han de tener los padres en poner estado con tiempo á sus hijos, y más si fueren hijas, y muy mayor si las tales de hermosura son adornadas; porque dificultosamente se puede guardar lo que por muchos es cobdiciado, y pues para que no las pierdan, deben temprano ponellas en cuidado de contentar marido y regir familia, lo que se aprueba con aquel verdadero y vulgar proverbio que dice que aquélla fué mejor doncella que más temprano fué casada, porque con la carga del matrimonio acesoria, no sólo pierden todas y cualesquier liviandades que la juventud en sí tiene, mas con grande castidad y virtud procuran gobernar sábiamente aquello en que de tan niñas fueron impuestas.
_Senesta._ Mi señor Polibio, la sentencia de vuestras sábias y discretas razones en su principio demuestra lo que qualquier agradecido christiano con su Dios ha de tener, que es darle soberanas gracias por los bienes que dél tiene recebidos, en lo qual digo que, en lo que á mí toca, yo cumplo, aunque no por entero, mas con todo aquello á que mis fuerzas son bastantes. Decis más, mi señor, que por quitar toda ocasion á nuestra hija Isabela en alguna liviandad que perjudique á nuestra honra, determinais de ponella en estado perfeto de vivir; cierto si no conociese bien á quien he criado, no habrie dubda, sino que en eso habie de tener grande recatamiento; mas dígoos de cierto, mi señor, que podeis bien dormir á sueño suelto en ese caso y con mucha seguridad, porque, si me decis de muchas nobles doncellas que han degenerado á su linaje, cometiendo algun mal exceso en su fama, á lo ménos no quiero que mi Isabela ser de las tales se presuma; porque, si consideramos su mucha virtud, su grande castidad, su contínuo recogimiento, su extraña gravedad, su cumplido saber, su gravedosa presuncion, no sólo semejantes escrúpulos os quitará, mas qualquier cuidado en su guarda nos hará perder; por tanto, mi señor, considerando lo dicho, no cures tan presto ponella en tantos cuidados y trabajosos desabrimientos como la carga del matrimonio en sí tiene, sino dexalda, señor, goce enteramente parte de su juventud en sosiego y descanso, que, teniendo con más perfeta edad mayor experiencia en los tratos de tal estado, cumpliéndose lo que decis ella en ello, más sábiamente se regirá, y nosotros, entre tanto, de su presencia agradable y linda conversacion gozar podrémos.
_Pol._ No quiero, señora, que penseis que todas las cosas tienen dentro de sí la aparencia que de fuera muestran, pues se ve ser muy al contrario; especialmente en este animal tan no conocido que racionalmente por miembro diviso, cuya condicion atestiguan todos los sabios que por entero imposiblemente se puede conocer, lo que se ve manifiesto en lo que nosotros cada dia más nuevamente en nosotros descubrimos; por lo qual no es razon que tanta confianza en vuestra hija acumuleis, pues de cierto entónces la conoceréis ménos quando más pensais que la teneis conocida, y si de sus virtudes y linaje decis, digo que no es justo que dello tanto caudal se haga, pues vemos muchas veces en el buen paño caer raza; y pues esto y lo dicho tan claro se muestra, ruegos, mi señora, que en mi voluntad vengais, porque en ello sólo se hace lo que al provecho de todos conviene.