Comedia llamada Selvagia, Comedia Serafina

Part 12

Chapter 124,104 wordsPublic domain

_Cec._ Con más razon, mi señor, tengo yo de tener duelo de los soldados que de mi parte en la batalla, que habeis dicho, pelean, porque mirando ser vos caudillo de la parte contraria, y estando fortificado de persona de tanto valor, con armas defensivas de tantas gracias y gentilezas, ansimesmo las ofensivas de tan subidas razones y sentenciosas palabras como de contino les tirais, no pongo dubda sino que todos ellos, siendo vencidos, vuestra vitoriosa mano sobre ellos y mí quede triunfante y vencedora.

_Selv._ Por mi fe que se han igualmente juntado sus mercedes, que por bachillerejo que él sea, ella merece bien el grado de licenciada, pues tan sabiamente sabe difinir las proposiciones y argumentos por él puestos; mas ya me parece que dan las doce y nuestra hora se llega, bien será ponernos en el puesto.

_Fler._ Hora oid, señor, que ella se despide, veamos qué sea la causa.

_Cec._ Mi señor, grande afan llevo comigo por dexar tan presto, siéndome forzado, vuestra graciosa plática y dulce conversacion, mas para otro dia se quede; mi señora Isabela me encomendó que á esta hora la llamase para lo que vos bien sabeis, por tanto me dad licencia.

_Car._ Mi señora, si no tuviese esperanza en lo que dices, aquí fuera mi muerte, mas por esta causa me habré de sufrir, y en lo que decis que sé bien, digo que así es; porque sabed que mi señor es venido ó llega cerca, y yo á lo hacer saber me adelanté, por tanto ved qué se hará sobre ello.

_Cec._ Que, señor, le digais que se llegue luégo hácia aquella otra fenestra que allí parece, que así me lo encomendó mi señora.

_Car._ Pues, mi buena señora, yo voy, los ángeles queden en tu compañía.

_Cec._ Y contigo vayan, señor.

_Selv._ Ta, ta, por Dios, Carduel está gracioso, que con la criada de mi señora lo habia.

_Fler._ Agora no me maravillo de lo que á los dos he oido hablar, que como dicen, en casa del alboguera todos son albogueros; pues él en vos, y ella en su señora, tenian tales maestros.

_Selv._ Hora oigámonos, no sienta lo que sentido habemos.

_Car._ Mi señor Selvago, una criada de Isabela me dixo que debaxo de aquella fenestra tu ventura esperases.

_Selv._ Pues, señor Flerinardo, aquí podés hacerme la merced. Tú, Carduel, di á Risdeño, que allí baxo verás, que se venga contigo adonde el señor Flerinardo está, y que haga al un criado desos que se quede donde los dexamos, y al otro que se pase á la otra calleja, y que si á su salvo lo pudieren hacer, que defiendan la calle á los que vinieren, y si no, que hagan alguna seña.

_Car._ Señor, así se hará.

_Selv._ Mi señor Flerinardo, alguna buena rogativa os encomiendo, pues será necesario en este trance.

_Fler._ Andad, señor, que el ánimo me da que habeis de venir con más alegría que llevais cuidado; tened buen corazon, que todo lo demas es vano.

_Selv._ En cargo lo tengo; adios, hasta la vuelta.

_Isab._ Dime, Cecilia, ¿sabes si ha venido aquel caballero?

_Cec._ Señora, ahí está donde tú le mandaste.

_Isab._ Pues abre paso esa fenestra, y certifícate bien si es él.

_Cec._ ¿Quién es el que está abaxo?

_Selv._ El que sentencia de su vida ó muerte, afligido está esperando.

_Cec._ Llega, señora, no temas, que es él.

_Isab._ Véte, pues, tú un poco á dormir, no te enojes con mis prolixidades.

_Cec._ Ya voy, señora. Bueno va esto; á solas lo quiere haber. Dentro está el tordo de la gorrionera; mas á mí ¿qué me pena? donosa estaba yo si habia de ser la judía de Zaragoza, que llorando duelos ajenos cegó, quanto más que por mí y ella se podria decir: cállate y callemos, que sendas nos tenemos.

_Isab._ Dime, señor, ¿por mandado de quién eres ahí venido?

_Selv._ Mi señora, soylo por el de aquella que no sólo mi vida rige y gobierna, mas mi ánima tiene debaxo su dominio y mando sometida.

_Isab._ Pues y tú ¿qué sientes en eso?

_Selv._ Siento tanto, que mi sentido por sentillo mucho sin sentido queda.

_Isab._ Cierto que jamas vi tantas contrariedades en un ente ó cuerpo como tú agora has demostrado, si no fuese en aquella ficion que el humano entendimiento inventó, llamada Chimera, cuya compostura de cuerpo es semejante á la que en tus palabras has demostrado.

_Selv._ Así es, mi buena señora, como decis; que sabed que mi juicio, despues que de vuestra soberana vista fué tocado, en semejante ficion, que habés dicho, fué convertido; porque si esa Chimera tiene su cabeza de dragon, cuya propiedad es cubrir sus oidos á las palabras del encantador, porque dél no le venga daño, así mi sentido desecha toda audiencia al que de su intento apartarle procura, por el mal que se le seguiria en dexar de padecer por tal causa; y si otra parte en este animal fingido de doncella se muestra, que es el cuerpo, ansí mi entendimiento es de mujer, pues en ella, si tal se consiente decir, es convertido. Tiene ansimismo esta ficion los brazos de oso, cuya propiedad en ser desacordado se señala, ansí mi juicio por tenella en vos, de sí ninguna memoria tiene. Dásele tambien á este simulacro imposible lo alto de sus piernas, que tienen nombre de corvas ó muslos de leon, que sus pequeños hijuelos, naciendo muertos en vida trae; así mi sentido la muerte, que sin gozar de la vida que tengo, ántes poseie, con fuertes clamores hizo de sí apartar, y con nueva vida ennoblecer. Finalmente, las piernas y regimientos de este monstruo son de cabra, que por los riscos y peñas fragosas es hallada, sin temor de la muerte que de allí se le puede recrecer, pues ansimesmo mi entendimiento subido con sus pensamientos en la cumbre de tu soberano valor, con grave pena teme no ser precipitado y caido en triste muerte de desesperacion, la qual me está muy cierta si tu soberana piedad, ocurriendo al eminente peligro que se le ofrece, en alguna manera no diere de mano para que libremente dél libertarle pueda; y pues por tan particular, excelente señora, en lo que por tu causa soy convertido y por tí padezco, te ha sido declarado, pido á tu grande clemencia que con la brevedad necesaria en el presente lugar, donde por tu mandamiento soy venido, alguna forma de vida, que tal con razon pueda ser llamada, por tí se me declare, ó pronunciando la sentencia contra este afligido amador, á muerte precisa sea sentenciado, para que con ella gane lo que viviendo por tan perdido tiene.

_Isab._ Holgado he, noble caballero, con las razones últimas que por tí han sido pronunciadas, por causa que con ellas pides lo que yo deseo que entre nosotros se haya efectuado, que es con brevedad responder al intento que por tus razones me ha sido declarado; y por tanto oye atentamente lo que decir quiero, porque tú de la vanidad que contigo tienes, y yo de fatiga que con tus mensajes y palabras recibo, serémos libres. Bien he conocido de tí desde el primer dia que tuviste atrevimiento de me declarar tu propósito, que me amas, aunque con qué amor yo lo ignoro, porque si es bueno y á buen propósito enderezado, á mi padre, y no á mí, habeis de ir con semejantes mensajes, y si por el contrario es malo, mira si es justo que una doncella noble y generosa como yo, en su fama y honra tal mácula pusiese; y por tanto, pues, por estas breves razones que de mí has oido puedes colegir lo mucho que sobre el caso te pudiera demostrar, ruégote, por aquella nobleza que tu claro linaje en sí tiene, que no quieras más con tus muchas importunaciones el honor de una tal doncella como yo empecer, mas apartando de tí tan nefanda voluntad, ciegues el camino al mal apetito y le abras á la razon que claramente te demostrará quán provechosas y buenas sean mis palabras, y por el contrario, quán dañosos y malos tus deseos ilícitos.

_Selv._ Si pensára, cruel señora, que para del todo matarme, el presente favor de tí me venía, ántes la sentencia rigurosa en mí executára, que habiendo gozado de tan vana esperanza, al presente con más crecido tormento y pasion en mí sentilla; mas ¡ay de mí! que ni hay causa para que tal ay de mí se manifieste, pues la bienaventuranza que en este ay se me sigue, en ay de soberano gozo se convierte, que por bienaventurado me podria intitular si la vida que agora ó despues ha de pagar la deuda que debe, con pagarla á lo que tu soberano valor y fiel servicio es obligada, de tales dos deudas se viese libre para más la poner en la fama en morir por tal causa; mas si esto con brevedad ser pudiese, no por pequeña bienaventuranza lo tendria, mas ¡ay de mí! que por ser muy al contrario mi vida viviendo en muerte morirá, y mi fin desventurado sin serlo, con estarme de contino presente olvidado de su oficio y nombre, de mí teniendo fastidio, será para siempre apartado y dividido. ¡Oh mi muy verdadera señora, escesivamente pido á tu soberano valor, pues el modo de muerte y el quándo, que es luégo, por tí se me ha manifestado, el lugar á tal sacrificio perteneciente por tí se me declare, porque cumpliendo en todo tu mandamiento y querer, no sólo tú seas en ello satisfecha, mas áun mi muerte será gloriosa y su fin bienaventurado siendo en todo á tu querer obediente!

_Isab._ Cesen, cesen, ¡oh señor mio! tus injustas querellas, que si mis razones fueron bastantes á causallas, mi sentido no lo es en oillas, por el rabioso tormento que muestras á mi causa padecer, no solamente mi fuerza á que sus fuerzas sienta constriñe, mas áun recibiéndole por suyo enteramente con otro nuevo que en mí concibe, su sér me fuerza á sentir, y mi fuerza sin ella forzosamente en manifiesto peligro se ve puesta; por tanto, escusados qualesquier preámbulos y circunferencias, sabe, señor mio, si no lo sabes, que tuya soy y por tal me tengo y confieso; y si dices que por mí sufres grave pena, yo por tí rabioso tormento; y si por mi causa pierdes la vida, yo por la tuya paso dos mil muertes; y pues, señor, tan abiertamente mi voluntad has sabido, haz, ordena, manda á tu voluntad, que de mí (pues mi libertad señoreas) por entero serás obedecido; y si atento al entrañable amor que en tí tengo, con vínculo de matrimonio tuvieres por bien de recibir la tal posesion, aunque clandestinamente y sin licencia de mis padres, se haga, teniendo bien por entendido que, con limpio amor y igual grado soy de tí amada, posponiendo tu persona á todo peligro y afrenta que en este caso se pueda suceder, gloriosamente me gozáre, y lo contrario haciendo, no sólo no me pagarás el verdadero amor que me eres obligado, mas de mi muerte y fin miserable serás causa.

_Selv._ Ni mi persona por obra, ni mi sentido de palabra, ni áun mi entendimiento en imaginacion excelente, señora, será bastante á te dar las gracias por las soberanas mercedes que de tí al presente me vienen. ¡Oh bienaventurado yo, que habiendo mi vida visto el espantable barquero del oscuro rio Flegeton, siendo en el punto de la muerte, tan maravillosamente por quien era la causa soy en ella restaurado y vuelto! ¡Oh si fuese posible, mi señora, que lo mucho que mi ánimo siente, el cuerpo con alguna demostracion te lo pudiera representar! como creo que de lo hecho, no solo tendrias pena, mas en ser tanto de mí estimada soberanamente te gozarias, porque con palabras vanas exteriores, lo verdadero que en el interior siento no dañe con el velo del callar, quiero en todo satisfacer; solamente digo que con el amor y voluntad que las mercedes me prometeis, con esa las recibo, contándome por igual de los que de la eterna beatitud gozan, en que me hagais digno de vuestro soberano matrimonio; por tanto, ved, señora, cómo quieres que se ordene, que aparejado estoy, como siempre, para en todo cumplir vuestro mandamiento.

_Isab._ ¡Oh mi señor, bien tenía por mí que donde tanta virtud mora otra respuesta no se esperaba! por lo que, si os parece, la noche siguiente en esta mesma hora, trayendo vos aparejo, por las paredes del jardin, que desta otra parte parece, podréis entrar, donde algun buen órden en nuestros negocios se determine, porque más, sin ofensa de Dios, nuestros deseos se cumplan.

_Selv._ Mi señora, en soberana merced la que por vos me es prometida recibo, y como decis se cumplirá.

_Isab._ Mi señor, aunque bien contra mi voluntad, os pido licencia, porque allende de ser hora, para quitar la sospecha que se puede recrecer si alguno nos viese, es bien acordado.

_Selv._ Mi señora, si la pena que dello recibo no se templase en alguna manera con la gloria que tan presto conseguir espero, en manifiesto peligro sería mi vida puesta; mas considerando lo dicho al presente me habré de sufrir, y por tanto, vos, mi señora, la teneis y para á mí eso mesmo la dar.

_Isab._ Pues, señor mio, el Criador de todas las cosas os acompañe.

_Selv._ El mesmo quede con vos, mi señora. ¿Qué os parece, señor Flerinardo? ¿habeis oido algo de lo pasado? ¿puédome tener enteramente por dichoso?

_Fler._ Mi señor, muy bien lo he oido, y de cierto que entre los tales podeis ser contado, pues de tal persona en tan excesivo grado sois querido.

_Selv._ Así es como decis; mas, pues en esto no hay más que hacer, si os parece volvamos á la posada y reposarémos lo que de la noche queda; y siendo el dia venido, yo hablaré con mi señora Funebra sobre vuestro negocio, porque enteramente seais alegre, quedando los desposorios públicos para cuando los mios se celebren.

_Fler._ Señor, téngoos en merced, que, con vuestra mucha alegría, de mí no habeis perdido memoria.

_Selv._ Esa causa la pone más en mí, que, pues vos en mi pena habeis sido participante, justo es que en la gloria y descanso seamos ansimesmo conformes, y pues ya dentro en la posada estamos, bien será entrar á nuestro albergue; vosotros, criados, íos á dormir, que no pondré en olvido el buen servicio que esta noche de vosotros he recebido; ruégoos que en ello tengais el secreto que conviene y la calidad del hecho demanda.

CENA PRIMERA DEL QUINTO ACTO.

En que Escalion concierta con Sagredo y Rubino, los criados de Selvago, un convite en casa de Dolosina. Venida la hora, y sentándose á comer, llega Risdeño á la puerta con un dón para la vieja. Entrando comen todos juntos, pasando entre ellos graciosas cosas. Acabada la comida dales nuevas del desposorio de Flerinardo ser ya concertado, con que muy gozosos él á su posada se vuelve, quedando los otros en casa de la vieja con sus criadas. Introdúcense:

ESCALION. — SAGREDO. — RUBINO. — DOLOSINA. — VALERA. — CLAUDIA. — LELIA. — LIBINA. — RISDEÑO.

_Esc._ Aun ¿qué sería si esta noche hobiesen despachado á mis amos, enviándolos, como dice el refran, con cartas al purgatorio? que por mi fe á mala señal tengo haber tan presto Isabela vencídose, y concedido en el negocio. ¿No fuese ántes alguna guadramaña para cogellos á todos juntos como en gorrionera, donde paguen hecho y por hacer? Agora sea, que yo no lo estimo en dos quartos, pues en salvo está el que repica; y si nos faltase señor, pan comen en las Italias. Por mi vida, pues, que estaba donoso Flerinardo en avisarme que diese presto la vuelta; ¿pensábase el necio que estoy harto de vida? pues engáñase cierto, que más agora que nunca quiero gozar de mi mundico, pues es mi tiempo, y no que fuera donde, por ventura, en llegando nos dieran caperuza, ó nos enviáran cargados de leña; una fuí al baño, y ésa con daño. Este otro dia salieron todos los compañeros, y áun tuve la muerte á los ojos, que á pocas me pudieran engastonar en lienzo, y enviarme á poblar el pradillo de San Agustin, y ¿habia de tornar al juego? pues á fe mia que se engañan en más de la mitad del justo precio, que desde entónces firmé en mí de nunca más perro al molino, porque cantarillo que muchas veces va á la fuente, ó dexa el asa ó la frente. ¿Mas qué digo? ¿no son éstos Rubino y Sagredo, los criados de Selvago? Ellos son, cierto, quiéroles hablar sobre qué mundo corre, y si han ellos sido en la escaramuza, y andan descarriados por aquí. ¡Oh, señores! Y ¿dónde por estos barrios?

_Sag._ Señor Escalion, están Selvago y Flerinardo en consulta sobre ciertos negocios, y nosotros venímonos á dar una gateada por aquí á buscar quien bien nos haga.

_Esc._ ¡Oh, pese al mundo, y cómo he sido engañado, que tan á su salvo salieron del juego! Pues, señores, ¿sabeis si Flerinardo ha preguntado por mí?

_Rub._ Creemos que no, porque los dos no han salido de un aposento.

_Esc._ ¿Pues no me decis cómo os fué esta noche? que yo he estado el más afligido hombre del mundo, que me quisiera hallar en ello, sino que Dolosina jamas me dió ese lugar, que, como su marido Hetorino está fuera del pueblo, ella no quiere dexar su casa á humo de pajas, por temor no la roben; y áun tambien os digo que me tiene hoy allá convidado.

_Sag._ En lo que desta noche preguntais, sabed que nos fué muy bien; mas decidnos, señor Escalion, ¿qué gente tiene en su casa Dolosina? porque os hago saber que Rubino y yo deseamos ser sus parrochianos, con apercibimiento que acudirémos bien con las obladas.

_Esc._ Sabed, señores, que tiene tres mozas de gentil parecer, de las cuales una, llamada Libina, tengo yo; mas si vosotros quereis, yo seré parte á que con las otras privásedes vosotros, mas hágoos saber que ha de bullir pecunia.

_Rub._ Ántes nos haréis la mayor merced del mundo, que en eso no faltará.

_Esc._ Pues sea de esta manera: esperadme aquí miéntras voy á la hablar en ello, y si puedo, negociaré con ella en que hoy comamos todos juntos.

_Rub._ A tiempo vendria, que á fe mia dos pavos y quatro gallinas he cantusado de la despensa, de ántes de ayer acá, con intento que el domingo nos diéramos una holgadura en la huerta del Rey; por tanto id, que aquí os esperamos.

_Esc._ Pues adios hasta la vuelta. A fe como guante al pié me viene esto, porque cuidoso andaba por llevar algo de mi parte á la mesa de Dolosina, que parece mal, quando el convidador es de ménos cuantía que el convidado, entrarse las manos en el seno á sentarse á la mesa. A la puerta veo á Dolosina, quiero dalle el mensaje. Madre señora, ¿qué haces pensativa aquí?

_Dol._ Mi fe, hijo, pienso cómo salir de vergüenza contigo y con un ama de Isabela que tengo convidada, aunque por tí no me daria tanto, pues como en tu casa estás; pero dáseme de la otra, que yo no tengo tanta posibilidad como su persona merece.

_Esc._ Pues, madre, un buen remedio te daré si recebirle quieres, el qual es que los dos criados de Selvago, Sagredo y Rubino, por oidas, de Claudia y Lelia, tus doncellas (perdóneme Dios si peco), andan en alguna manera enamorados, y si tú les das licencia que vengan hoy á comer contigo, ellos proveerán tu mesa de manera que muy á tu honra cumplas con quien has dicho; y no te pese dello, que mozos son que lo que por ellos hicieres te sabrán agradecer y gratificar.

_Dol._ Hijo Escalion, ellos y los buenos años vengan en buen hora á mi casa á recebir servicio.

_Esc._ Madre, pues yo voy á que envien el recaudo.

_Dol._ Hijo, con la bendicion de Dios.

_Esc._ Bien se ha negociado esto; pues la vieja vino tan de corazon en ello.

_Sag._ ¿Qué nos dices, Escalion?

_Esc._ Que hagais lo que dixisteis, que de buena voluntad seréis recibidos.

_Rub._ ¡Oh, Dios te dé salud, hermano Escalion, que de verdad no tenía mayor deseo que tener alguna persona con quien pase tiempo, y le dé parte de mis placeres!

_Esc._ Pues decidme, ¿qué pensais enviar?

_Rub._ Yo de mi parte dos pavos y quatro gallinas, asimismo el pan que fuere menester y un buen xamon de tocino.

_Sag._ Pues yo daré principio y postre conforme al tiempo, que será fruta verde y olivas de Córdoba y queso de Pinto.

_Esc._ Mirad que no contais lo más necesario.

_Sag._ ¿El vino, creo, decis? Pues no tengais pena, que no faltarán seis ú ocho azumbres de lo de Monviedro.

_Esc._ Contigo me entierren, que quentas al uso del flamenco, que decia: entre dos compañeros veinte y cinco de vino y uno de pan, y sobra pan y falta vino; mas tened cuenta de lo proveer con tiempo, que lo dicho basta quanto la mar.

_Rub._ Deso perded cuidado, que luégo se hará.

_Esc._ Pues alto, ildo á proveer y dad la vuelta, que aquí os espero.

_Rub._ Sea, quedad con Dios.

_Esc._ Por mi fe, Escalion, que á muchas destas se te ha de caer la colilla; ayer paño para un entero vestido que el príncipe se lo puede cubrir, esta noche pasada con Libina, que hace comigo más caricias que la reina Iseo con Tristan, agora comer de autan á costillas de otro; así, así, pese al mundo, anden todas, y más la caxcada, que buen rey mozo nos tenemos, haya buena olla, que mal testamento no ha de faltar. Pues á Dios digo mis culpas, si se hace lo que he medio oido del desposorio de Flerinardo con Rosiana, allí serán las descabeñadas, pues librea buena y otros percancillos no pueden faltar. Pues, por mi fe, aunque dexe una razon por otra, que no trocase mi estado por del mejor caballero del reino, porque si bien se mira vivo más descansado y más á mi provecho que todos ellos; que sus estados y señoríos, no sólo no les traen descanso, mas áun les causan vida muy desventurada, porque por mucho que tengan para cumplir con la honra, siempre andan alcanzados, tristes, cuidadosos, pensativos, llenos de cuidados y congoxas; no tienen un placer que no reciban innumerables pesares y zozobras. Siempre la barba sobre el hombro, quando por su causa, quando por la de sus vecinos y parientes; el pecado venial que cometen se les hace mortal; la injuria que reciben, por pequeña que sea, es muy acumulada de todos; andan en mayor peligro si los reyes se muestran furiosos; siempre, aunque estén sanos, con muletas, que son los criados, los quales, si les faltan, en casa han de estar encerrados; pues si las rentas no les acuden á tiempo, no cumpliendo con quien deben, son en público baldonados y en secreto maldecidos; asimismo son á más obligados con los pobres, y que poco pueden, lo que si por no poder más no se hace, luégo el vulgo tiene materia de que roer; esto, en suma de mil quento de razones que pudie traer al propósito; por el contrario, yo contino alegre, contino lleno de placer sin haber á quien, si á Dios no, de mí bueno ni de mí malo sea tenido á dar cuenta, con mi diayvito donde quiera valgo, donde quiera me honran, donde quiera soy tenido, si aquí me va bien, acullá no he temor que por robarme me quiten la vida; si recibo alguna afrenta, en dos dias no hay memoria; si me quiero ir á pasear sin que aguarde á los criados, lo pueda hacer; y finalmente, yo, en descanso y dos mil pasatiempos paso mi vida, que dellos son deseados y nunca habidos, por lo qual muy claro se muestra que en más aventajada y de desear sea mi vida que la de los que he dicho. Ya me parece que veo á mis compañeros, bien será, pues se hace hora, no detengamos la ida.

_Rub._ ¿Es hora, señor Escalion?

_Esc._ Eso decia comigo, que podemos ir, porque huésped con sol ha honor, quanto más que si fuese temprano podrémos pasar un rato de tiempo con aquella gentalla.

_Sag._ Sea pues, que ya á razon ha de estar aparejado despues que se envió.

_Esc._ Iza, iza, ojo á la ventana.

_Rub._ ¿Quién es aquélla, Escalion?

_Esc._ Libina es, que nos llama.

_Sag._ Buena moza es, por mi vida, si la pieza es tal como la muestra del paño.

_Esc._ Presto seréis fuera de esa duda; mas ahora entremos.

_Dol._ ¡Oh mis hijos! ¡Oh mis emperadores! tal se me torne el bien qual vosotros me pareceis.

_Sag._ ¡Qué enjaezada parola tiene la noble! mas qual yo y ella somos, tal salud la dé Dios.

_Dol._ Entrad, mis señores, que todo es vuestro, y como tal lo podeis tener, juntamente con su dueño.

_Sag._ Madre señora, en buen hora estés tú y la compañía y el ofrecimiento te tenemos en soberana gracia, que de la mesma manera de nosotros te puedes servir y en ello estamos muy aparejados.

_Esc._ Dime, madre, ¿quién es aquella dueña que allí está?

_Dol._ La que, hijo, te dixe hoy que era ama de Isabela y gran amiga mia, que por me hacer á mí merced, hoy se vino á estar con nosotros.

_Esc._ Pues, señora, hazme merced que mandes baxar aquí á Lelia y á Claudia, que estos mis señores compañeros en tal la recibirán.