Colección de Documentos Inéditos Relativos al Descubrimiento, Conquista y Organización de las Antiguas Posesiones Españolas de Ultramar. Tomo 3, De Las Islas Filipinas, II

Part 15

Chapter 154,244 wordsPublic domain

El Capitan Juan de la Isla que fué en busca del Maestre de Campo, topó al Galeon San Gerónimo que venia con el aviso de la Nueva España, mal aviado, y peor tratado, entre unas Islas con unas corrientes que no savian á donde estavan, ni á que parte navegar, y como le vieron la gente que venia en el Galeon le pidieron que entrase en él, é los truxese á donde estava el Governador, y él lo hizo ansi, y con el Batel que llevaba avisó al Governador como quedava en el Navio, avisandole de los motines y mala orden que havia traido en el viaje, y cierto se tiene entendido que á no toparlos Juan de la Isla estavan en duda si acertaria á venir tan presto á este Puerto, y á doblar por la otra parte la punta de una Isla donde los topó, corrieran riesgo y travajos artos antes de poder volber al Real: y luego que el Gobernador supo su venida del Navio, despachó al Maestre de Campo con una Fragata esquifada, para que si faltando el viento, remolcado pudiese traer el Navio, el qual los topó que ya venian cerca, y ansi entró y llegaron á este Puerto Martes quinze de Octubre de mil y quinientos y sesenta y seis años, que dió gran contento su llegada; fué lastima grande de oir la mala órden, los motines, desconciertos y muertes, travajos y miserias que huvo, y padecieron en el viaje. Como en el Galeon no venia Capitan, ni parecia despacho de la Real Audiencia, el Governador mandó hacer informacion de todo lo susodicho, por la qual se podrá mas enteramente ver el suceso del viaje y la ruin órden que en todo huvo, y en suma lo que se puede colegir es, que el Capitan Pericon comenzó su viaje, y salió del Puerto de Acapulco, con mayor aceleracion y menos cordura de lo que convenia, y ansi acabó presto y desastradamente: lo que pasó antes que saliese del Puerto allá se tenia entendido, como fué: En haciendose á la vela, dicen, que tuvo menos cuydado de lo que convenia al cargo que traia, y que dexó de proveer y remediar algunas cosas que sucedian y pasavan en las Naos, é primeramente algunas pendencias, y unas palabras que el Sargento mayor tuvo con su hijo el Alferez, y como el Sargento mayor venia por Maestre del Galeon, hizo parcialidad con la gente de la mar, y él, y Lope Martin, Piloto, y un Felipe del Campo y otros de su camarada, y algunos Marineros que eran de la parcialidad del Piloto se conjuraron, y con ellos el Sargento menor que se decia Pero Nuñez y conspiraron contra el Capitan, y se desacatavan y desvergonzavan contra él en palabras y obras, y le tenian muy poco respecto, y le mataron un caballo que traia, sin que se supiese quien lo huviese hecho; y aunque amigos suyos, pareciendoles mal lo que pasava, le dixeron y le avisaron lo que entendian del negocio, y le rogaron que pusiese recaudo en su persona, diciendole, que quien mató el caballo se desvergonzaria á hacer otra cosa peor, y él se reia dello, y lo tenia todo en poco, y ansi se determinaron de matarle, por falta de no poner el remedio que convenia, y una noche estando durmiendo en su camara entraron á él y lo mataron á puñaladas á él y á su hijo, y los que fueron en la muerte, aunque el Sargento mayor se hizo dueño de todo, diciendo que los havia él muerto, dicen que entraron con él juntamente otros dos Marineros que se decian Lara y Morales, y los que favorecieron y hicieron espaldas hallandose armados defendiendo que ninguno de los soldados se bullesen ni meneasen de á donde estavan, fueron el Piloto Lope Martin, Felipe del Campo, el Sargento Pero Nuñez, Sanfate Molina, Juan de Zaldivar, Escrivano de la Nao, y Alonso Boza, y otros de su liga, y muchos de los Marineros que sin tener ellos armas se armaron con cotas de los soldados y otras armas, y ansi fueron señores de todo, y el Sargento mayor quedó por caudillo como lo tenia tratado con los del Motin, el qual apaciguó la gente, diciendo, que él daria descargo por que havia muerto al Capitan, no tuviesen pena, y que él los traeria á su General, y se pornia debaxo de su mano, y se descargaria de la muerte del Capitan y su hijo; y ansi comenzó á hacer algunas informaciones; y dende á poco, entre él y el Piloto Lope Martin huvo cosquillas y diferencias en que el Sargento mayor trató de prender al Piloto, y queriendolo poner en obra algunos de su liga á quien dió parte dello se lo estorvaron, diciendo, que aun no era tiempo, que lo dexase para otra mejor conyuntura, y él por condescender con ellos lo dexó de hacer, de lo qual fué avisado el Piloto por algunos de los que fueron en lo estorvar al Sargento mayor, y aquella noche prendió el Piloto con favor de los Marineros al Sargento mayor, diciendo, que se consintiese echar unos grillos, que ansi convenia al sosiego de la gente y luego el Sargento menor con algunos Marineros tomaron y quitaron las armas á la mayor parte de los Soldados, y las metieron debaxo de cubierta, y otro dia siguiente por la mañana almorzaron todos juntos, el Piloto, y el Sargento mayor, y menor, y otros de su liga, y despues de bien bebido, el Piloto Lope Martin mandó ahorcar al Sargento mayor, el qual pensó que burlavan con él, y decia, ¿qué niñerias eran aquellas? que le dexasen; y ansi le guindaron sin confesion y le echaron á la mar medio vivo, y quedó el Piloto Lope Martin solo por caudillo, y por su consejero el Felipe del Campo, y decia y publicava, que á esta Isla no vernia el Piloto, pero que echaria la gente en una Isla de esta comarca, y que él se iria con los que le quisiesen seguir, á los quales prometia de hacerlos muy presto hombres ricos y bienaventurados, y que se volveria á España por el Estrecho de Magallanes; y en llegando á la Isla de los Barbudos, y en su paraje surgió en una Isla pequeña, que si el quisiera guardar la instruccion de la Real Audiencia no tenia para que llegar alli, ni baxar tanto en altura; y estando surtos en aquella Isleta, trató de dexar alli toda la gente que no fuese de su opinion, y asi lo comunicó con los de su liga, é para mejor lo poder hacer mandó sacar todas las caxas y ropa de los soldados, y él se desembarcó, y mandó á toda la gente se desembarcase, diciendo, que havian de invernar alli, y que queria aderezar la Nao, y ansi salió en tierra la mayor parte de la gente, á lo menos de los soldados, y no era tan secreto el dexar allí la gente, que muchos no lo viniesen á entender. Un clérigo que venia en el Galeon llamado Juan de Viveros dice que entendió el negocio y la crueldad que querian hacer, como Sacerdote se atrevió á hablar al Felipe del Campo, como persona por quien se governara el Piloto, rogandole que mirase bien este negocio y no permitiese dejar alli la gente, que era inumanidad, que los truxesen á las Filipinas, y los dexasen donde hoviese bastimentos y comida donde se pudiesen remediar; y que si esto no llevase remedio á lo menos les diesen sus armas, y no los dexasen ansi perdidos; y que le respondió, que no se podia hacer por ninguna via, y que no curase de cansar ni tratar mas dello; y ansi no osó mas hablar en el negocio, porque todos esperavan cada hora la muerte de los amotinadores, y ansi andaban todos atonitos y turbados, ni se osavan fiar unos de otros, aunque fuesen amigos; y estando en estos travajos y miserias, parece que por permisión de Dios, Rodrigo del Angle que venia por Contramaestre, y Santiago de Garnica, Alguacil del agua, y Juan Anrique Flamenco Lombardero, trataron de se alzar con el Navio en nombre de S. M. y dexar al Piloto y sus secuases en la Isla en tierra, y con los demás venirse á este Real, y para lo poder hacer mejor dieron parte dello á Lara, Marinero, que fué en la muerte del Capitán, y era de la parcialidad del Piloto, y estavan en el Navio él y Morales que eran de la misma liga; y tratado el negocio con el Lara le prometieron que le harian á él Capitan y lo mandaria todo; y con esto, y tambien porque ya no estava en la gracia del Piloto como solia, concedió con ellos, y dixo que les favorecia en todo lo que pudiese, y teniendole ya de su parte se alzaron en nombre de S. M., y dieron voces á los de tierra que se embarcasen, y ansi se echaron quatro ú cinco soldados á nado y se metieron en la Nao, y el Lara dió voces al Felipe del Campo, que era su íntimo amigo que viniese á la Nao, el qual le respondió desde la playa, que él iria allá y le castigaria á él y á los demás vellacos que estavan en la Nao. Entonces el Contramaestre Rodrigo del Angle y sus compañeros, picaron los cables de las ancoras sobre que estavan surtos y se hicieron á la vela como que querian salir del Puerto, y obra de un quarto de legua de tierra tornaron á surgir y embiaron el Batel á tierra á requerir la gente, que se embarcasen los que quisiesen venir á Zebu, y parece que aquel dia no pudieron, ni osó ninguno embarcarse, porque los amotinadores los detuvieron sin armas acorralados; y otro dia en dos caminos que hizo el Batel de la Nao á tierra requiriendoles que se embarcasen luego alguna gente, y lo mismo hizo el dia siguiente, é otros se aventuraron á ir á la Nao á nado, y Lope Martin quedó con veinte y seis personas, á los quales se les quedó muy gran parte de ropa, y todas las caxas de los soldados, y el Piloto siempre tuvo confianza, y ansi lo decia y publicava, que havia de tornar la Nao á su poder teniendo confianza de algunos Marineros que tenia amigos en la Nao, y el Rodrigo del Angle se hizo á la vela y dixo, que él los traeria á Zebú, y ansi vinieron; y el Rodrigo del Angle mandó prender á Lara y á Morales, porque se temia dellos y diciendo haver sido culpados en la muerte del Capitan los ahorcó; y desde los Ladrones á estas Filipinas tuvieron contrarios tiempos de vendavales, y ansi arrivaron dos ó tres veces, que quando vieron la primera Isla de las Filipinas no traian ya agua, y vinieron necesitados de comida, y en una Isla dellas tomaron agua y alguna comida, aunque con daño y muerte de algunos naturales, y lo mismo hicieron en la Isla de los Ladrones; y andando entre estas Islas dos dias antes que topasen al Capitan Juan de la Isla, el Santiago de Garnica y el Juan Anriquez en el Batel con diez y seis personas se apartaron á buscar comida, y ansi no vinieron en la Nao; el Governador despachó luego en su busca una Fragata y á cavo de quinze dias llegaron á este Real; y porque de la informacion que se hizo resultó culpa contra Juan de Zaldivar, Escrivano del Galeon, haber sido culpado entre los conjurados de la muerte del Capitan, demás, y allende, que algunas personas dieron noticia al Governador de algunos chismes que trató entre el Piloto, y Capitan y Sargento mayor, descubriendo lo que el Capitan con él tratava en secreto como Escrivano; y ansi hecha informacion y proceso contra él, fué preso y confesó como fué savedor de la muerte del Capitan muchos dias antes que lo matasen, y que la noche que le mataron él dió y repartió armas con los parciales y favorecedores del Motin; y ansi se mandó hacer justicia dél, y muerto, el Governador juntó todos los demás que venian en la Nao y les hizo una plática, diciéndoles la mala orden que en todo havian traido y tenido y que de todo ello no echava mano, ni parava, sino solamente en la traycion y muerte del Capitan y su hijo, que era digno de grave punicion y castigo y que por esta causa havia hecho justicia de Juan de Zaldivar, como lo havian visto, y que tenia entendido que todos los demas que havian venido en el Galeon no tenian culpa en ello, sino que deseavan servir á S. M. y que con esta voluntad havian venido acá, y que todos los culpantes y participantes de aquel delito tan enorme y feo, que quedavan con el Piloto, y otros ternian su pago, que eran ya muertos; pero que para que á nadie no quedase resabio ni escrupulo deste negocio, que él, en nombre de S. M. les perdonava á todos los que havian venido á esta Isla de Zebú, é se havian puesto devaxo del Estandarte Real, para que en ningun tiempo no se les pediria sobre ello cosa alguna, ni se procederia contra ellos, haciendo en lo venidero lo que eran obligados en el servicio de S. M.; á lo qual les persuadió y animó todo lo que pudo, poniéndoles delante la grandeza y gran christiandad de S. M. é quan largo era en hacer mercedes y gratificar á los que le servian, y las calidades y aparejos de la tierra, y lo mucho que podrian merecer, y tener, y alcanzar siguiendo bien y con fidelidad, asi para con Dios como para con S. M. y para acrecentamientos de inmortalidades de sus famas y honras: y con este razonamiento dió á todos gran contento, y á lo que mostraron quedaron muy alegres, y porque las capitanias de acá estavan faltas de soldados por los muertos y enfermos, los repartió á los soldados en ellas por sus esquadras, escepto quatro ó cinco soldados gentiles hombres que tomó para su compañia, y ansi los unos y los otros dieron muestra de muy gran contento, é hicieron homenaje de nuevo y juraron de obedecer á S. M, y al Governador en su Real nombre, y el Piloto Rodrigo del Angle entregó al Governador una vandera en que dixo haverse alzado en nombre de S. M. para venir con la gente y Nao á esta Isla como esta dicho.

En este tiempo despachó el Governador á la Isla de Panay al Sargento mayor Luis de la Haya, por el arroz que prometieron de tributo, con dos Fragatas, y al Maestre de Campo embió en la Nao San Juan á la Provincia de Quabite y Taguna y costa de Butuan, á rescatar toda la mas canela que pudiese, con instruccion de lo que havia de hacer, y fué con él el Contador de S. M. con rescates para el efecto destas dos jornadas, fueron algunos de los soldados recien venidos á vueltas de otros que acá estavan. Partió de este Real el Sargento mayor á veinte y seis de Octubre, y el Maestre de Campo salió en principio de Noviembre, y llevó la Nao San Juan, é una Fragata pequeña, y mas de cien hombres entre Soldados y Marineros.

Sabado diez y seis dias de Noviembre en la noche, volbió el Maestre de Campo á este Puerto, sin efectuar á lo que havia ido, y llegó con un temporal desecho y tormenta muy recia, medio desbaratado de la tormenta, que la mar le havia llevado el baupres, y la cebadera, y la gavia desecha, y con todo no quiso parar ni surgir hasta llegar acá, por lo mucho que importava su llegada; y dexó la Fragata que llevaba en la costa de Dapitan con quinze hombres, por no la poder tomar la gente della, ni traerla, y llegado que fué dió noticia al Governador de como havia topado una Armada de Portugueses, que le havian dicho que venian á la Isla en busca nuestra, de cuya causa havia determinado volberse; y cierto fué muy acertada su vuelta á este Real, como volbió, aunque pasó travajo y riesgo en ella. El topó en la costa de Quabite, que es en la Isla de Vindanao una Fusta de Portugueses, y queriendo ir sobre ella para reconocer y saber que gente era, la Fusta no le quiso aguardar; como era mas ligera y andaba mas que la Nao no la pudo alcanzar, y visto que no aprovechava ir tras ella, hizo amaynar las velas, y en amaynando la Nao amainó ansimismo la Fusta, y como le vió amaynado embió allá el Batel de la Nao con su Sargento á reconocer que gente era, y llegados á la Fusta les dixeron, que eran Portugueses que venian de la India; y preguntándole ellos ¿qué gente eran los de la Nao? el Sargento disimuló con ellos diciéndoles, que eran Españoles que andavan perdidos, y no savian en que tierra estavan, y les rogó que les dixesen, qué Isla era aquella, y los Portugueses dixeron, que era Vindanao, y con esto se volbió, y dende á poco el Capitan de la Fusta en un esquife suyo embió dos soldados con una carta á la Nao, en que le escrivió, como él era Antonio Sequeira, Capitan de aquella Fusta por el Rey de Portugal, y que venia de la India en una Flota, de que venia por General Gonzalo de Pereyra, que el Virey de la India embiava en busca de Miguel Lopez de Legaspi, que havia salido de la Nueva España con quatro Navios alzado, y que el dicho su General por no llegar á tierra con las Naos gruesas que traia, le havia mandado descubrir aquella costa; por tanto que les pedia y requeria se fuesen luego á su Fusta para ir con él á su General y que sino lo quisiesen hacer, que los llevaria por fuerza, porque entendia que devian ser de la compañia de Miguel Lopez de Legaspi, é otras palabras y amenazas escusadas, fuera de todo buen termino é comedimiento. El Maestre de Campo, vista su carta le respondió mas comedida y cuerdamente, diciendole, que muy poco crédito tenia de la fidelidad que la Nacion Española suele tener en servir á su Rey, pues le embiava á decir semejantes palabras, é que Miguel Lopez de Legaspi, á quien decian que buscaban, era Governador y Capitan General de la Majestad Real del Rey Don Felipe nuestro señor, y por su Real mandado estava poblado en la Isla de Zebú y que alli lo hallarian, el qual los reciviria del arte que ellos mas quisiesen; y en lo que decia que fuese á su Galeota, que los que en su compañia traia no lo consintirian, ni el menos lo queria hacer, porque era de edad que no le espantavan palabras, ni aun obras, y que bien parecia en la manera de su hablar y escribir, que traia caballo muy ligero. Y vista la respuesta el Portugués hizo tocar el atambor é desplegar banderas é otras señales é insinias de guerra y de pelear: el Maestre de Campo mandó izar las velas, para arrivar sobre la Fusta para ver lo que queria, pensando que él aguardara, porque llevaba muy buena gente de arcabuzeria, y artilleria, y aderezos, que aunque fueran dos ó tres semejantes se le diera poco dellos; pero la Fusta lo hizo mejor, que no aguardó, sino que dando velas hizo lo que primero havia hecho, é jamas quiso esperar á tiro de cañon, é visto que no llevaba medio de alcanzarla determinó dejarle y volberse al Real, porque las otras Naos de Armada no viniesen estando él fuera, y estando como en el Real estavan descuydados, y por ser el viento contrario para venir anduvo dos dias bolteando de una vuelta y otra sin poder ganar casi nada, y en todo este tiempo la Fusta no lo perdió de vista, sino que dava los mismos bordos que la Nao, aunque bien desviado della; é andando ansi fatigado por no poder volber con la brevedad que él quisiera fué Dios servido de darle un tiempo de vendaval desecho, y tan recio, que en toda esta comarca é Islas fué como un vracan, y con todo este temporal prosiguió su camino para el Real, é no con pequeño peligro é riesgo, y corriendo su derrota la noche siguiente obra de treinta leguas deste Puerto topó quatro Navios gruesos que estavan mar al través reparandose del temporal que hacia, y pasó por junto á ellos, y al postrer Navio preguntó ¿qué gente eran? y le respondieron que de Castilla, pero en la habla les conocieron ser Portugueses, y ansi los dexó y se vino su camino procurando llegar al Real primero que ellos; é otro dia siguiente que fué el dia que llegó aqui, obra de diez leguas del Puerto, vió otras dos Fustas que venian costeando á esta Isla de Zebu, ácia acá, y aunque de la una dellas le quisieron hablar no curó ni aguardó por lo que arriva es dicho; y ansi llegó despues de anochecido al Real, y dió toda esta noticia al Governador, é luego se proveyó y entendió de poner buena guardia é centinelas, y en otras cosas necesarias y convenientes, á la buena guardia y seguridad del campo, por que se tuvo por muy cierto que venian en busca nuestra como lo havian dicho. Otro dia Domingo asomaron las dos Fustas por la entrada de este Puerto, y venian á la vela, y teniendo entendido que devian venir á hacer algunas deligencias ó requerimientos, no se curó dellos, y viniendo ansi á la vela se encubrieron con una punta que haze un manglar que está enfrente de nuestro fuerte, las quales como reconocieron nuestro asiento é vieron las Naos del Puerto, no osaron entrar en él, é hicieron vuelta, é se metieron entre unos baxios é Isletas que están hacia Matan, detrás del manglar arriba dicho, y como tardavan y no entravan, el Gobernador embió una Fragata á saver que se havia hecho, y á descubrirlas, la qual, aunque corrió gran rato por la via que ellos tomaron no las pudo hallar ni descubrir, é se volbió, diciendo, que no parecian, é se tuvo entendido que reconocido nuestro asiento se havian vuelto á su Armada para venir todos juntos, de cuya causa, con gran priesa en el Real se entendia en fortificar el fuerte, é fuera dél se hicieron dos bestiones de pipas llenas de arena, y de faxina, y mas arena, en que se plantaron seis piezas de artilleria que jugavan á raiz del agua, y la demás artilleria se repartió por los caballeros del fuerte, y por otras partes convenientes, é se hicieron otros aparejos, é la Nao Almiranta se puso junto al fuerte, con su artilleria, municion, y gente para su guarda, demás que con el artilleria del fuerte estava guardada; é las otras dos Naos San Juan, é San Geronimo, se apartaron á la parte de Levante del fuerte, por desocupar y desembarazar la parte por donde los enemigos havian de entrar, y por no repartir la gente que era poca, en tantas partes, y el Maestre de Campo fué por tierra por la costa de Zebú á ver y reconocer donde se les podia poner algunas emboscadas é impedirles el saltar en tierra, si lo intentasen de hacer, desviado del fuerte; y visto todo volbió; é con su parescer y de los demás Capitanes y otras personas del campo se vió y puso en todo la mejor orden que pareció que convenia para nuestra seguridad é defensa, é á la gente toda se dió orden de lo que havian de hacer, y adonde havia de acudir cada uno; en lo qual toda la gente travajó tres dias de dia y de noche con grande regocijo y alegria de todos, que mostravan la gran voluntad y deseo que tenian de servir á S. M. é puesto todo en concierto en la mejor orden que se pudo dar, conforme el asiento é aparejo que havia, el Governador mandó ajuntar la gente, é les hizo una platica animandolos para la guerra, é ocasion que se ofrecia, y esperavan de los Portugueses, que decian, que venian en su busca, diciendoles, que se acordasen que eran Españoles, é la reputacion é valor que la gente Española tenia en todas las partes del mundo, é principalmente en todo Oriente, y la fidelidad que suelen y acostumbran tener á su Rey, y que siendo ellos de la misma Nacion, era justo que lo mismo se entendiese é publicase en estas partes del Poniente, é que donde tan buenos principios, prodigios y sucesos por la bondad de Dios hasta ahora havian tenido, los procurasen de llevar adelante, dandoles á entender la inmortal fama, loor y renombre que dello se les seguiria alcanzando victoria, y justificó la causa de parte de S. M. y de la suya en su Real nombre, diciendo, que él no pretendia ni queria tener guerra con los Portugueses, antes procuraria de su parte toda paz y amistad con ellos, pero que si ellos no la quisiesen é le hiciesen guerra, é les quisiesen tomar y quitar lo que con su sudor y travajo en nombre de S. M. havian ganado, obligados estavan á lo defender y morir sobre ello, y que en causa tan justificada Dios seria con ellos, y les ayudaria, y con su favor, haciendo ellos lo que devian, la victoria estava cierta, y alabó y loó mucho á los soldados la fidelidad y zelo que mostravan de servir á S. M. é la voluntad con que havian travajado, y travajavan en la fortificacion de su campo, y el regocijo que mostravan de la guerra, é venida de los Portugueses, diciendoles, que con tales compañeros y soldados él estava bien confiado, no solamente de defenderse, pero aun de ofenderles y quitarles lo que tuviesen si fuese necesario, y otras palabras semejantes, de que los soldados mostraron gran contentamiento, é respondieron, que moririan todos en servicio de S. M. donde quiera que el Governador se lo mandase, é que deseavan fuesen ya llegados los Portugueses para andar á las manos con ellos.