Cinco libros de historias: Libro 2
Chapter 3
En esos mismos momentos, surgió en Rávena un mal no muy distinto. Un tal Vilgardo, un hombre más ocupado que entregado al estudio de la lengua latina, tal y como es habitual entre los italianos, que siempre tuvieron por costumbre ignorar el resto de ciencias y centrarse en esa. Toda vez que, henchido de arrogancia por sus conocimientos, empezaba a parecer más estúpido, se le aparecieron una noche unos demonios bajo el aspecto de los poetas Virgilio, Horacio y Juvenal, que falsamente le agradecieron que se hubiese entregado tan encarecidamente al estudio de sus obras; le dijeron que era su afortunado heraldo para la posteridad y le prometieron que sería partícipe de su gloria. Pervertido por los engaños de los demonios, empezó a enseñar, ensoberbecido, muchas ideas contrarias a la fe sagrada y afirmaba que se debía creer en cuanto afirmaba estos poetas. Al final, se descubrió su herejía y fue condenado por el propio papa de Roma, Pedro; también se descubrió a muchos otros partidarios de este enfermizo dogma por Italia en esta época, los cuales murieron todos a sangre o fuego. También de la isla de Cerdeña, donde suele haber una gran abundancia de gente de esa calaña, en esta misma época hubo algunos que marcharon hacia Hispania, donde corrompieron a una parte de su población, y fueron exterminados por los hombres de fe. Esto se entendió como un presagio de la profecía de Juan, que afirmaba que, pasados mil años, Satanás se liberaría , cosa que trataremos más ampliamente en el tercer libro.
Fin del Libro Segundo
Notas
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