Catálogo Monumental de España; Provincia de Álava Inventario general de los monumentos históricos y artísticos de al nación.

Part 7

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A una y otra parte del nimbo se ve arrodillada una figura, coronadas las dos por nimbos aconchados; la de la derecha del espectador es de Isaías, ostentando un pergamino, donde se lee: PAX VOBIS; y la de la izquierda un San Juan Bautista, presentando el mote: ECCE AGNUS DEI. En la faja que separa las dos zonas hállase esta leyenda, que también forma un verso leonino:

La traducción de Baráibar, corrigiendo las de Amador de los Ríos y Becerro de Bengoa, que leyeron e interpretaron equivocadamente, es así: «Por ésta se hace accesible a todo fiel la puerta del cielo», en relación con el versículo del Génesis: «Aquí está la casa de Dios y la puerta del cielo», palabras de Jacob, muy frecuentes en las portadas de los templos en aquella época.

En el centro de la zona interior del tímpano, se ve el divino monograma de Cristo, nimbado como el Cordero y exornado del alfa y omega, pendientes de los brazos superiores del aspa. Sostienen el nimbo dos ángeles, cuyos pies se pierden entre nubes, como para mostrar que descienden del cielo, y en la mitad de la faja, en caracteres iguales a los de la periferia, esta inscripción, que Amador de los Ríos da incompleta, y Baráibar, tras eruditas disquisiciones, tampoco pudo interpretar completamente:

Hay otros epitafios de menor significación e importancia, por los cuales, como por los citados y descifrados anteriormente y por la dispersión arbitraria de los miembros decorativos del pórtico, se confirma, sin duda de ningún género, la primera modificación de la basílica, realizada en el siglo XII.

INTERIOR DE LA BASÍLICA.

Descriptos la fachada y pórtico, penetramos en la basílica por una puerta--colocada tal vez desde la restauración, hecha por el obispo D. Rodrigo de Cascante--en el hastial o muro del lado derecho del crucero, o sea en el extremo izquierdo del pórtico actual. (Lám. 21.)

Esta puerta se halla exornada con sencillas jambas latinas, que la adintelan; el dovelaje está enriquecido por una gallarda serie de hojas de acanto, perfectamente adheridas a la forma general del arco, que es de medio punto.

La sencillez y belleza de esta decoración; la especial manera de su talla y la naturaleza misma de sus elementos en relación con la forma total de la portada, hicieron sospechar a Amador de los Ríos si esta puerta sería la primitiva de la imafronte.

Apenas se penetra en el templo, recíbese una impresión de estupor. ¿Quién dirá que aquel templo fué románico? Primero, la desproporción entre la portada y el pórtico, entrambos de pequeña altura, y la altura elevadísima de su bóveda. Después, la discordancia arquitectónica de lo de afuera con lo de adentro.

«Cualquiera--anota Amador de los Ríos,--acostumbrado a estudiar las basílicas románicas de los siglos XI y XII, al penetrar en la de Armentia juzgaría que iba a encontrarse debajo de una media naranja o de un suntuoso «domo». Esta racional esperanza queda, sin embargo, desvanecida apenas se entra en el recinto.»

El templo está cubierto de bóvedas ojivales, que, como en Las Huelgas de Burgos, en la de Santa María de Vadedios (Asturias), en la de San Vicente, Cristeta y Sabina, de Ávila, revelan ya el triunfo de un nuevo y fastuoso estilo arquitectónico. (Lám. 22.)

El crucero ostenta asimismo un agrupamiento de tres bóvedas apuntadas, elevándose la central sobre las laterales, bien que mucho menos de lo que había menester para constituir el característico cimborrio de las grandes construcciones del mencionado estilo. ¿Era esto una falta del artista o el resultado de una transformación? (Lám. 23.)

Las investigaciones personales del Sr. Amador de los Ríos dieron ya por resuelto este interesante problema. El insigne arqueólogo lo explica así:

«A la verdad, aunque alterada la planta, pues que ante el arco triunfal se colocó, sin duda, en 1776 un retablo que cierra el antiguo presbiterio formado por el ábside, no es difícil reconocer que la disposición general de la basílica y su decoración hasta el arranque de las precitadas bóvedas han triunfado de las últimas transformaciones.

»Elévanse, en efecto, en la intersección sobre característico basamento ocho columnas dispuestas de dos en dos y coronadas de grandes y tallados capiteles de follajes, aves y cuadrúpedos, hasta recibir una imposta general de falso ajedrezado; y no cabe dudar que toda esta obra es fruto, y muy apreciable, del último desarrollo en que el estilo románico desplegó cierta grandeza y magnificencia. (Lám. 24.)

»De allí en adelante, nada armoniza ya con esta construcción, incluso el coro, exornado de columnas pareadas y de capiteles que parecen pugnar por asociársele.»

La iglesia, tal como hoy existe, ofrece huellas, signos, pruebas indudables de dos construcciones diferentes, correspondiente cada cual á un diverso estilo. Por si ello no bastase, el Sr. Amador de los Ríos, en unión de alaveses tan ilustres como D. Sotero Manteli, D. Ricardo Becerro de Bengoa, D. Cristóbal Vidal, D. Obdulio Perea y otros, investigó personalmente sobre las bóvedas del cuerpo de la iglesia y del crucero.

Sus hipótesis fueron confirmadas. La armadura total que cubre al exterior la fábrica no era la de la antigua media naranja, ni la del cuerpo de la basílica en restauración por D. Rodrigo de Cascante; el muro sobre que había estribado el primitivo cerramiento de la iglesia, alzábase más de dos metros sobre las bóvedas ojivales; y sobre la central del crucero se levantaban por completo los cuatro tímpanos, que recibieron un día el anillo del «domo». También en las enjutas se apoyaban los cuatro evangelistas simbólicos, cuyas estatuas tocaban con sus cabezas el mencionado anillo, haciendo, por tanto, el oficio de las trompas sobre las cuales descansaban, como se sabe, las más antiguas construcciones de este género.

LOS EVANGELISTAS.

Constituyen el tetramorfo más interesante de las iglesias románicas, y como los evangelistas de los frescos de San Isidoro, de León, ostentan cada uno la cabeza nimbada del animal cuya propiedad simbolizan.

San Juan está representado por un águila, símbolo del arrebatado y majestuoso vuelo de su lenguaje; San Marcos, por un toro, que representa la fortaleza indomable del estilo; San Mateo, por un ángel, que personifica su candidez encantadora, y San Lucas, por un león, que retrata su generosa energía. (Láminas 25 y 26.)

LOS DOS ESTILOS.

Del minucioso examen realizado por Amador de los Ríos, primero, y después por Díaz de Arcaya, por Baráibar y por el arquitecto diocesano Sr. Iñíguez de Betolaza, resulta comprobado hasta la evidencia que la actual basílica se compone de dos cuerpos, correspondientes cada cual a un estilo característico e inconfundible.

El primer cuerpo o zona de la construcción es románico, y el segundo cuerpo y las bóvedas, de estilo ojival. Y la razón de que las bóvedas y el crucero, siendo ojivales, tengan tan poco desarrollo, está bien apuntada por Amador de los Ríos. «Concibiérase--escribe,--concibiérase en verdad holgadamente, siguiendo las leyes de su respectivo desarrollo, una basílica románica dentro de un templo ojival; pero un templo ojival dentro de una basílica románica, ni se concibe sin una dolorosa historia de guerras con otras diócesis, como la de Armentia con Calahorra, ni se contempla sin la fatiga que produce en el ánimo de todo ilustrado espectador, la iglesia de San Andrés, sucesora de la antigua Catedral alavense.»

Tenemos, pues, como reliquias del románico, la imafronte, el pórtico, los tímpanos del «domo», las estatuas y el ábside, y como testimonio de la reconstrucción ojival, las bóvedas y el crucero. Es decir, los dos cuerpos de la basílica; los dos siglos que se la disputaron: el XI y el XII. (Lám. 27.)

BASÍLICA DE ESTÍBALIZ

HISTORIA

NUESTRA VISITA.

Uno de los más bellos panoramas que hemos visto es el que contemplamos desde la colina donde se alza la basílica de Estíbaliz.

Llegamos al mediar la tarde de un día espléndido de otoño. El coche que nos conducía desde Vitoria hizo las dos escasas leguas de camino en media hora, y durante tan corto tiempo las sensaciones fueron tantas y tan intensas, que al llegar ante la basílica hubimos de implorar descanso a nuestros guías.

EL PANORAMA.

¿Por qué las sensaciones? Porque unas horas antes intentábamos respirar en el irrespirable ambiente de Madrid, y horas después, en pleno monte, bajo la libertad de un cielo altísimo y entre robles, hayas y maleza, pudimos olvidar el Congreso por la Horaciana y la conversación de los políticos por las estrofas de _García del Castañar_.

Desde la altura en que se asienta el templo, al sol poniente del otoño, el campo se extendía, verde y fértil, en inmensas llanuras plácidas. Los expedicionarios, todos a nuestro modo artistas, hubimos de gustar «el divino silencio del paisaje», sintiendo el alma de las arboledas, como Rousseau o como Amiel.

El llanete, como atalaya, domina la campiña de Vitoria, pintorescamente sembrada de aldeas, pueblos, villas, bosques, alquerías, maizales, huertos.... No recordamos de un paisaje igual o parecido, a no ser el que se divisa desde las torres del Generalife en la histórica vega granadina.

LOS JUICIOS DE DIOS.

Largo rato permanecimos gustando las bellezas del panorama, y bien pronto surgió la evocación, animándolo y como resucitándolo. Fue allí, en aquel mismo carrete, delante de la airosa fábrica cuya portada es vieja, de diez siglos, donde se celebraban «los juicios de Dios».

Precisamente el día 1.º de mayo, de sol á sol, el Justicia y cofrades de Arriaga presidían la patriarcal ceremonia.

«Aquel día--nos dice el Sr. Carreras Candi--las campanas de Estíbaliz no sonaban como en señal de luto. Los que acudían al «juicio de Dios» iban acompañados de sus amigos y parientes, atravesando los caminos diligentemente, a fin de estar en el santuario al amanecer.

»A esa hora el abad de Estíbaliz, que ya estaba en la puerta de la basílica, saludaba a los que venían a presidir:

»--Dios guarde al Justicia mayor y cofrades del campo de Arriaga.

»Los que llegaban respondían:

»--Dios guarde al señor abad de Estíbaliz.

»Unos y otros, los cofrades como el abad, tomaban asiento en un banco de piedra situado al final de una explanada frente a la puerta del templo, y el Justicia mayor decía:

»--Pueden llegar a mí los agraviados.

»Los querellantes se acercaban a decirles quién o quiénes les habían ofendido y las razones que tenían para batirse. El tribunal examinaba las armas para ver si eran o no de las admitidas por la ley. Luego, el abad, dirigiéndose a la congregada multitud, decía:

»--En nombre de nuestra santa religión, yo os requiero que penetréis en la iglesia.

»Entraban todos y comenzaba la misa. Una vez terminada, el abad exhortaba varias veces a los rivales para que se reconciliasen, y si no lo lograba, salían todos del templo, cuyas puertas cerrábanse, quedando dentro solamente el abad.

»La lucha se efectuaba entonces peleando los contendientes hasta que el tribunal la daba por concluída.

»Al ponerse el sol, el Justicia mayor decía a grandes voces:

»--Quedan conclusos los agravamientos y desafíos hasta que el sol de mayo vuelva a surgir entre esos montes.»

LA BASÍLICA.

Se ignora a ciencia cierta el año de su fundación. Ni Amador de los Ríos, ni Carreras Candi se atreven a fijarla con exactitud. Sin embargo, por documentos irrefutables se sabe que existía ya en el siglo XI, erigida como monasterio, o de los canónigos regulares de San Agustín o de los monjes de San Benito, únicas Órdenes religiosas existentes en la Península en aquella época.

Según una escritura del año 1074, Alvar González hizo donación «del altar de la derecha» del monasterio de Santa María de Estíbaliz. Otro documento de por entonces hace referencia a un Conde, bajo cuya protección estaba el templo.

Andando ya el año de 1138 la ricahembra D.^a María González López, hija tal vez de Alvar González, dona, con otras posesiones, «todo el Monasterio» al Superior de los benedictinos de Nájera.

Durante cerca de tres siglos el monasterio fué propiedad de estos benedictinos, los cuales, en precio de dos mil maravedises de renta sobre las alcabalas de Nájera y mil florines de oro del cuño de Aragón, al contado, poníanlo con todas sus pertenencias en poder de D. Fernán Pérez de Ayala, hijo y heredero del Gran Canciller de Castilla, a 5 de julio de 1431.

¿Habían hecho en la fábrica estos monjes alguna obra o modificación importante antes de enajenar la donación de la ricahembra alavesa?

Amador de los Ríos se inclina a creer que, «a excepción de algunos miembros decorativos, los cuales dan razón de la centuria oncena, en que se erigió, sin duda, todo cuanto constituye desde el siglo XI la iglesia de Santa María de Estíbaliz fué debido a los abades de Nájera.

ESTILO Y DESCRIPCIÓN DEL TEMPLO

LA FACHADA.

La fachada principal, o sea la del Mediodía, se compone de tres cuerpos diferentes. El primero lo constituye la portada; el segundo, un riquísimo ventanal; el tercero, es el de la espadaña o campanario. (Lámina 28.)

La puerta es un primor de elegancia y buen gusto. Hállase decorada por gallardas columnas, cuajadas en su totalidad de entrelazos, dados y flores cuatrifolias de apacible relieve; de capiteles que se alzan entre hojas bellamente picadas y pájaros bizarramente esculpidos; de baquetones que se desenvuelven con notable galanura y gracia, formando en semicírculo la archivolta y en el extremo superior de la misma, de una proporcionada cimbra, ennoblecida de follajes tallados asombrosamente. (Láminas 29 y 30.)

Esta primera zona o cuerpo está cerrada por una imposta suntuosísima, todavía dispuesta en bisante y exornada de vástagos serpenteantes, hojas y flores esculpidas con valentía, con lo que se completa la decoración fastuosa del primer cuerpo.

Menos rico y proporcionado el segundo, ostenta, cobijada por un arco redondo, una ventana destinada a dar luz al crucero. Son las jambas que la decoran muy sencillas y sencillísimos también los volteles que describen sus intradós.

La ventana sustituyó sin duda a los característicos rosetones de que hacían gala los templos románicos, y por las proporciones de su abertura cree Amador de los Ríos que cuando se trazó «no se cubría ya aquel espacio con láminas de yeso ni con otras cristalizaciones naturales».

El tercer cuerpo es la espadaña o campanario, que se componía de tres arcos; pero que por haber destruído el central una centella, quedaron reducidos a dos. No ofrece el menor particular, ni por los arcos, ni por las campanas.

El muro que forma en toda su extensión el cuerpo de la iglesia mostrábase enteramente liso y únicamente animaban su tejaroz algunos modillones y canecillos semejantes a los de Armentia.

LOS ÁBSIDES.

Son tres, y corresponden a la fachada de Levante. Semejantes a los de Armentia, presentan la disposición, decorado y formas generales de esta clase de cerramientos en las basílicas románicas de tres naves, construídas durante el siglo XII; mas abiertos los arcos de las fenestras, que daban templada luz al santuario, parecen indicar, según observaciones de Amador de los Ríos, que «se acercaba el momento en que la aplicación del vidrio iba a transformar aquellas construcciones impulsando el desenvolvimiento de un nuevo y más grandioso estilo arquitectónico». (Lám. 31.)

INTERIOR DEL TEMPLO.

No tiene, como la de Armentia, pórtico. Entre la puerta ya descrita y el interior del templo, hay un recinto, como de dos varas en cuadro, de paredes lisas, cerrado por puertas de madera, lisas también.

Entrando ya en la iglesia, se advierte a simple vista su carácter completamente románico. La planta, como la de Armentia, es de cruz latina, y también de una sola nave, aun cuando está cerrada por los tres ábsides ya descritos.

El desarrollo de su alzado hasta el arranque de los arcos, determinado por una cornisa muy saliente, ajústase a las prescripciones del estilo románico en su postrera época; embasamento, columnas, capiteles, muestran, por cierto, extremada variedad y pertenecen al gusto predominante en la parte románica de la basílica de Armentia; y los arcos torales, elevándose ligeramente sobre el medio punto, acentúan ya de un modo inequívoco el desenvolvimiento natural de la ojiva, que siguen de igual modo las bóvedas.

LA VIRGEN.

La Virgen de Estíbaliz se levanta sobre un altar lleno siempre de cirios y de flores, produciendo, por la desproporción y tosquedad de su tallado, cierta impresión de primitivismo.

Está sentada en un sillón, teniendo en su regazo al Niño Jesús y sosteniéndolo con su mano izquierda. Mide 1,18 metros de altura por 0,30 centímetros de ancho, y el pintado y la talla de sus ropas acusa una antigüedad que se remonta al siglo XII.

EL FRONTAL.

En el altar donde se alza la Virgen, situado a la derecha del presbiterio, y único de la iglesia, hay un frontal notabilísimo.

Consiste en una gran tabla de mármol, enriquecida de labores caladas, que descubren a simple vista ser derivaciones, no muy lejanas, del arte latino-bizantino, cuyo florecimiento, como se sabe, se realiza bajo la dominación visigoda, después de la conversión de Recaredo.

El mármol, trabajado primorosamente, está, como decimos, cuajado de calados lindos, en dos circunferencias tangentes, muy caprichosas y notables.

LA PILA BAUTISMAL.

También es una obra de arte por su riqueza y delicadísimas labores, la pila bautismal, de una sola piedra, tallada en doce arcos separados por columnitas, representando extraños mascarones y descansando sobre tres columnas de caprichosos capiteles. Se desconocen el artífice y la antigüedad; pero se juzga, generalmente, obra muy posterior a la del templo. (Lám. 32.)

ABERÁSTURI

EL LUGAR.

A unos siete kilómetros de Vitoria, en un paraje poco fértil, entre tierras de labrantío y monte bajo, está el lugar de Aberásturi, compuesto de 40 edificios, con escuela incompleta y unos 200 habitantes.

LA IGLESIA.

Su iglesia parroquial, de entrada, está bajo la advocación de San Esteban. Además tiene dos ermitas: una en el mismo pueblo y otra en el sitio que se denomina de Uriarte, distante poco más de un kilómetro.

La iglesia está clasificada entre las románicas por D. Ángel de Apraiz, en su autorizado estudio sobre _El románico en Álava_.

Es una fábrica cuya antigüedad data de los comienzos del siglo XII. Muy pobre de ornamentación, lo único verdaderamente notable en ella es la portada, exornada con tres órdenes de columnas a cada lado, sencillas, con los capiteles desnudos y una archivolta muy severa y muy característica. (Lám. 33.)

El interior del templo es, igualmente, sobrio y acusa por la sencillez de sus elementos y la adustez de sus bóvedas, el carácter arqueológico de la centuria que lo construyó.

ALEGRÍA

LA VILLA.

Situada en la llanura de Álava, como a tres leguas de Vitoria, entre huertas, poblados y alamedas fértiles; su nombre es adecuado al paisaje risueño y encantador.

Tiene en la actualidad unos 140 edificios y cerca de 700 habitantes. Su parroquia, dedicada a San Blas, es de entrada, y pertenece al arciprestazgo que da nombre a la villa; además tiene las ermitas de Nuestra Señora de Ayala, de San Miguel de Henayo, de Nuestra Señora de Larraza, de San Julián, de San Pedro Larraz y de San Martín, y un convento de religiosas clarisas, cuya fundación data de 1581.

RUINAS DE LA FORTIFICACIÓN.

En un cerrete próximo a la iglesia de San Blas quedan aún vestigios del recinto amurallado que, flanqueado por cuatro grandes cubos en los ángulos, y por otros cuatro menores en los centros, defendía a la villa de las incursiones enemigas.

Notabilísima era esta obra de fortificación, pues la base de circunferencia de los cubos grandes llegaba a 37 metros, y la de los pequeños a ocho. De cubo a cubo había siete metros de distancia, y el perímetro de la fortificación alcanzaba 124. Había 15 troneras con emplazamiento para la artillería gruesa, y el recinto tenía tres puertas empotradas en el murallón.

HISTORIA

Se ve, pues, que la villa alcanzó tiempos memorables y que su historia es digna de recordación.

En la antigüedad Alegría se llamó Dulanci, y por sus cercanías pasó la famosa Vía romana de Astorga a Burdeos, registrada en el _Itinerario_ de Antonino.

En diferentes excavaciones se han encontrado monedas de Augusto y de Tiberio, y alguna lápida.

Por privilegio que otorgó en Sevilla D. Alfonso XI, dado a 20 de octubre de 1375, se decía:

_«Y porgue la dicha villa sea mejor poblada, e los moradores de ella valan más é hayan mejor con qué nos servir, tenemos por bien que la dicha villa haya nombre Alegría de Dulanci... é que hayan el fuero de las leyes, según que le habían primero, porque sean mantenidos en paz e en justicia, é que se juzguen todos por él los que moraren, é que los alcaldes dende que libren é judguen los pleitos criminales e civiles por el dicho fuero.»_

Además, el propio Alfonso XI les concedió que sus vecinos nombrasen todos los años alcalde y merino del pueblo, y pudiesen tener todos los lunes un mercado franco.

Don Fernando, _el Católico_, les confirmó estos privilegios en 1480, y años después, en 1501, la reina D.^a Isabel compraba en 600.000 maravedises las fortalezas de Alegría a la casa de Lazcano.

En la guerra con la primera República francesa, por los años de 1795, el ejército francés, vencido en Azcárate, fué perseguido hasta Alegría y obligado a abandonarla.

En la guerra civil de los siete años, el 27 de octubre de 1834, se libró también en la villa un combate sangriento, que ocasionó la célebre derrota de los liberales al mando del brigadier O'Doyle, por los carlistas que mandaba Zumalacárregui. Las bajas liberales fueron más de 1.000 muertos, y las de los carlistas, más de 700.

ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE AYALA.

El monumento más característico y notable de esta villa histórica es, sin duda, la ermita de Nuestra Señora de Ayala, uno de los contados templos románicos que se conservan sin huellas de reconstrucción, ni en su fachada, ni en su pórtico. (Lám. 34.)

Tanto el citado Sr. Apraiz, como D. Federico Baráibar, la diputan por una verdadera joya. Y el ilustre arquitecto D. Vicente de Lampérez, que tan sabia y prolijamente la describió, también proclama las bellezas características de su pórtico.

Por la parte del Mediodía, entre un verde pretil de rosales y los penachos de ramaje de algún árbol, blanquea la gentil arcada de su pórtico.