Catálogo Monumental de España; Provincia de Álava Inventario general de los monumentos históricos y artísticos de al nación.

Part 6

Chapter 63,664 wordsPublic domain

VITORIA Casa del Cordón.]

El aspecto exterior del edificio es el de una fortaleza medioeval y representó un papel importante en las discordias intestinas que tantas veces ensangrentaron las calles de la ciudad. La construcción interior también está en ruinas, transformada en inverosímil casa de vecindad; pero, a juzgar por algún detalle que el ojo escrutador percibe, debió ser suntuosa, y este palacio de Vendaño uno de los mejores de Álava y aun del reino.

Al lado de la Casa del Cordón hay otra, cuya fachada, estilo Renacimiento, es curiosísima, y más abajo otras dos, con portadas en piedra de bastante mérito.

En la calle de la Correría también hay varias casas con escudos interesantes de rancio abolengo.

En la de la Pintorería existe un palacio, de fachada plateresca, con un hermoso escudo de armas labrado en su frontis. Se edificó en el siglo XVII sobre el propio solar en donde estuvo el palacio de los reyes Alfonsos, _el Sabio_ y _el Justiciero_.

Especialmente digna de mención entre tanto edificio notable es la llamada de los Álava, emplazada entre las calles de la Zapatería y de la Herrería. Por lo que de ella resta se comprende que debió ser un soberbio y espléndido palacio de hacia la mitad del siglo XV. (Lám. 9.)

La fachada que da a la calle de la Zapatería es de estilo serio, formada de grandes sillares, y en ella hay dos amplias puertas con arcos apuntados y ventanales con escudos de armas, follajes y labrados de imponderable gusto. La otra fachada está formada por una galería ojival, de arcos elegantes y columnas de esbeltez noble.

Toda esta parte alta de la ciudad, tan señoril, tan típica y tan melancólica está llena de ruinas verdaderamente interesantes.

Aun podríamos glosar ciertos edificios, como la cárcel, los mercados, el teatro y la plaza de toros, si hubiese en ellos algo digno de mención. Pero son tan vulgares, que el buen gusto impone sobre ellos una previa censura y será prudente callarlos.

CATEDRAL NUEVA

(EN CONSTRUCCIÓN)

HISTORIA

La extensión de la Diócesis alavesa, que comprende, como se sabe, las tres provincias vascongadas; lo insuficiente de la Catedral vieja, según vimos al describirla, y el propósito, ya de luengos años, de dotar al Episcopado y a Vitoria de una Catedral digna de tan amplia diócesis, fueron razones que abonaron la actividad del prelado Sr. Cadena y Eleta, el cual acometió la empresa magna de construir la nueva Catedral. (Láminas 10 a 16.)

El 24 de febrero de 1900 convocó en el Palacio Episcopal a los representantes de las fuerzas vivas y entidades intelectuales y artísticas de la población, exponiéndoles el proyecto, que fué acogido con entusiasmo.

Se designó una ponencia técnica, compuesta de los arquitectos Sres. Iñiguez de Betolaza, Aguirre y Apraiz, los que dictaminaron como lugar más apropiado para el emplazamiento de la Catedral nueva el convento de las Religiosas Brígidas, situado entre las calles del Prado, de Castilla y de la Magdalena.

Se resolvió la celebración de un concurso, y el 27 de febrero de 1906 publicó las bases la _Gaceta_. El coste de las obras se fijaba en cinco millones de pesetas. El jurado, compuesto de los Sres. D. Augusto Font, profesor de Composición y Proyectos de la Escuela de Arquitectura de Barcelona; de D. Ricardo Magdalena, arquitecto municipal de Zaragoza; de D. Joaquín Pavía, arquitecto de San Sebastián; de D. Fausto Iñiguez de Betolaza, arquitecto diocesano de Álava, y de D. José María Basterra, arquitecto de Bilbao, acordó, por unanimidad, premiar el proyecto de los Sres. D. Javier de Luque y D. Julián Apraiz, que es el que se está ejecutando.

La colocación de la primera piedra--con asistencia de los Reyes, del Nuncio, a nombre de Su Santidad, de los Arzobispos y Obispos de Burgos, de Sevilla, de Santander, de Pamplona, de Vitoria, de León y de Tarazona, y de todas las autoridades civiles, militares y eclesiásticas de la provincia,--fué una efemerides gloriosa, y la fecha del 4 de agosto de 1907 va unida al nacimiento oficial de la grandiosa fábrica.

ESTILO Y DESCRIPCIÓN

Según el proyecto de los Sres. Luque y Apraiz, el estilo de la nueva Catedral será el ojival puro del siglo XIII, con todo el adorno, filigrana y riqueza de líneas que dicho estilo permite y sin perjuicio de la severa gravedad que lo caracteriza.

La fachada principal, lo mismo que las laterales, situadas en los extremos de la nave transversal del crucero, serán primorosos trabajos de calado y crestería, de igual modo que los pináculos, ventanales y agujas.

Tendrá la Catedral una innovación muy conveniente; la de que el coro estará rodeando el ábside, y así no quitará la vista del altar y capilla mayor, como sucede en la Catedral vieja de Vitoria y en otras varias.

La planta de la Catedral tendrá la forma de una cruz latina. Le precede un gran pórtico, compuesto de tres bóvedas, cuya magnificencia anunciará la riqueza y grandiosidad interior.

Sobre los tramos extremos se alzarán las dos torres que, desde su planta a la cúspide, tendrán 97 metros de altura y serán muy ligeras y afiligranadas. El cimborrio, también bellísimo, está, por su estructura, inspirado en el célebre de Burgos.

El pórtico da acceso por tres grandes puertas al interior, que se compone de cinco naves.

El coste de la Catedral será de siete a ocho millones de pesetas.

Se instalará calefacción por el sistema de vapor y tuberías de agua condensada.

El alumbrado eléctrico será espléndido, conforme a los últimos adelantos.

Las cinco naves han de ser muy espaciosas; la central, de 14 metros de anchura, de eje a eje; las dos laterales inmediatas, de ocho metros, y las otras dos laterales alejadas, de seis metros y medio.

El futuro templo ocupará una extensión total de 118 metros de largo por 48 de ancho.

Adosada a la Catedral, y en el lado correspondiente a la calle de la Magdalena, por la cual tendrá su entrada principal, se construirá la parroquia, que ocupará una extensión de 40 metros de largo por 24 de ancho.

A la derecha de la entrada de la parroquia se hallará la capilla bautismal y siguiendo la misma línea y hacia el fondo, el comulgatorio, la sacristía, el archivo parroquial, la colecturía y un vestíbulo.

En el costado izquierdo de la parroquia se habilitarán, entre otras dependencias, el vestuario, sala de monaguillos, despacho del Director y salón de ensayo de los músicos. En el fondo, detrás del altar mayor, un hermoso patio y a continuación el almacén y taller.

En la parte posterior izquierda, o sea con orientación al Mediodía, se construirá el claustro, que será cuadrado, tendrá grandes arcadas y ocupará una extensión de 900 metros cuadrados. En el fondo del claustro, la sacristía de canónigos y la sala capitular.

Detrás de la sala capitular el archivo y la secretaría; a la derecha, el despacho del Secretario, con antesala y vestíbulo, y a la izquierda, la sala particular del Obispo, con antesala y vestíbulo también.

En total, el claustro y sus dependencias ocuparán una extensión de 1.600 metros cuadrados.

Entre las adosadas a los muros y las aisladas, el templo constará de 82 grandes columnas.

La cripta ocupa la extensión de la girola, y tanto las torres como el cimborrio y el crucero rematarán en cruces de hierro esbeltas y airosísimas.

LA CRIPTA.

La cripta de la nueva Catedral, que hemos visitado varias veces, acompañados del arquitecto, Sr. Luque, el cual, con el Sr. Apraiz, es autor, como ya se ha dicho, del proyecto en obras, se destina a panteón de los Obispos de la diócesis vascongada, y está situada debajo del espacio que en la Catedral propiamente dicha constituirá la girola.

Es la cripta de forma semicircular, y se compone de la nave de circulación y de siete capillas, entre las cuales se destacan por su arte primoroso y suntuario las del Rosario, la de Vizcaya, la de la Virgen de Begoña y la capilla de Navarra.

En la capilla central se ha colocado el altar del Cristo de la Buena Muerte, labrado todo en mármol de Carrara por el notabilísimo escultor D. Emilio Molina. En los entrepaños están los sepulcros de los Prelados y varios bocetos en barro que dan perfecta idea de cómo quedarán el día en que estén terminados.

El estilo general de la cripta es el mismo que ha de presidir en toda la obra, o sea el ojival del siglo XIII, con las influencias modernas que, necesariamente, han de prestarle los progresos artísticos conseguidos.

Todos los arcos ojivales son rebajados, de una gran robustez, y están reunidos en los centros de las bóvedas por 14 enormes claves de afiligranadas y variadísimas tracerías.

Los capiteles de las columnas, que son, como las bases, de mármol de Escobedo, representan: los unos, asuntos religiosos, como los Mandamientos, las Obras de misericordia, los Pecados capitales; los otros, asuntos profanos, escenas y pasajes de historia y guerra; y algunos están compuestos de figuras grotescas y animales fantásticos, entrelazados por hojas de cardo, laurel, roble, etc., según el simbolismo del capitel.

La cripta recibe luz durante el día por 21 vidrieras (tres por cada capilla), cada una de las cuales reproduce un pasaje bíblico. Por fuera, los arcos de cada ventanal están también decorados en delicadísimas tallas de hojarascas y figuras grotescas del propio estilo.

El pavimento de la cripta es de mármol blanco, contorneado por fajas del mismo material y de color salmón.

La cripta es aneja á la Catedral, y cuando el templo esté acabado se descenderá a ella por un tramo de escalera que, arrancando detrás de la capilla mayor conducirá a la mesilla que actualmente sirve de pórtico de ingreso, y en la cual la escalera se bifurca en otros dos tramos que terminan en el suelo de la cripta.

Esta escalera va provista en toda su longitud de un monumental pasamanos de mármol de Escobedo con tracería ojival y cubierta por bóvedas de crucería rampantes. La clave de la bóveda de la escalera está exornada de los atributos episcopales.

JUICIOS SOBRE EL PROYECTO.

El juicio que tan grandiosa fábrica ha merecido a las autoridades más doctas, nos excusa de todo comentario.

La impresión que lo hasta ahora construído, la cripta, nos produjo las varias veces que la visitamos, es de grandiosidad, de suntuosidad, de austeridad, de elegancia, de arte majestuoso, severo y rico.

Críticos de arte tan reputados como los Sres. D. José Ramón Mélida, D. Francisco Alcántara y D. Rafael Domenech, juzgaron la instalación de fotografías y modelos en yeso de las obras de esta Catedral nueva en la Exposición de Arquitectura de Madrid, por abril de 1911, como algo extraordinario por su arte y su magnificencia. Y la Sociedad Central de Arquitectos, en oficio suscrito por su presidente, Sr. Lampérez, se dirigió con tal motivo al Presidente de la Junta de Obras de la nueva Catedral de Vitoria, felicitándole calurosamente por lo grandioso y acabado del proyecto, el cual, terminado en su ejecución, será, como tan repetidamente hemos dicho, honor de Vitoria, de su diócesis y de España entera.

BASÍLICA DE ARMENTIA

HISTORIA

«En lo más alegre, sano y ópimo de la llanura de Álava»--según Ibáñez en su _Vida de San Prudencio_--está situada Armentia, aldea del Ayuntamiento de Vitoria, a dos kilómetros de la capital.

La tarde en que, guiados por el Gobernador de la provincia, don Salvador Aragón, visitamos la admirable basílica, pudimos gratamente testimoniar el ambiente de campo y de égloga que D. Federico Baráibar señala en su _Epigrafía armentiense_.

«El caserío--dice el Sr. Baráibar--disperso en planos distintos, es ventilado y sano, y el paisaje que le sirve de fondo, abierto, amenísimo, con alternativas de tierras de labor, cerrados bosques y todas las incomparables bellezas de la Llanada de Álava.

»A las casas y palacios han sucedido nogales gigantescos; a las calles y plazas, muros de madreselvas y abillurris, y setos de perenne brusco. No hay bullir de gentes como cuando aquello fué refugio de cristianos batidos por los árabes; pero tampoco deprimente silencio; al contrario, las simpáticas voces de los campos suenan por allí libres y señoras, descollando entre todas, dulcísima y perpetua, la de la fuente que brota en Mendibe, y corriendo por el pueblo, se para a veces y forma remansos apacibles.»

¿De dónde viene el nombre de Armentia? Para Hernao, Larramendi y otros convencidos tubalistas, es simplemente variante del de Armenia, e impuesto por el propio Túbal, estirpe obligada de otras poblaciones españolas. Ibáñez dice que Armentegui quiere decir en vascongado «lugar de armenios», y que en las llanuras de Álava estableció Túbal su colonia, cuya capital fué Armentia.

Para el Sr. Baráibar la composición del vocablo Armentia da una etimología razonable. En vascuence _arr_ es piedra y _mendi_ monte; y el artículo _ad_, sufijado o pospuesto, dieron el término de Armentia, que significa «monte pedregoso o cantera», aludiendo a alguna notable en aquel lugar.

Según el Sr. Carreras Candi, en su _Obispado y fueros de Álava_, hacia el año 871, aparece ya como Obispo de Álava o de Armentia, puesto que con entrambos nombres figura el prelado Bivere, oriundo de una noble familia leonesa, refugiada en Álava.

«Bivere--escribe el Sr. Carreras Candi--debió ejercer muchos años el episcopado o hubo algún Obispo intermedio del cual nada se sabe hasta ahora.» Después, en la cronología episcopal hasta el siglo XII Armentia es sucesivamente incorporada y desmembrada de la Sede de Calahorra, hasta que D. Rodrigo de Cascante, al firmar en 1181 el Fuero que otorgó a Vitoria D. Sancho, _el Sabio_, de Navarra, se tituló _Armentiensis episcopus_.

«Consagrada la basílica bajo la advocación de San Andrés--dice el Sr. Amador de los Ríos,--y mientras Calahorra está en poder del sarraceno, Armentia es respetada desde los últimos días del siglo VIII como una nueva diócesis. Sólo en 1088, muerto el obispo Fortunio II, uno de los sabios Prelados que defienden en Roma el Rito Isidoriano, es agregada por autoridad de Alfonso VI a su antigua matriz, rescatada ya Calahorra del poder árabe.

»Desposeída de la silla episcopal, fué convertida la basílica de Armentia en colegiata, cuyo carácter conservó hasta 1498, en que trasladaron título y autoridad los Reyes Católicos a la parroquia de Santa María de Suso, armados al propósito de una bula pedida a Alejandro VI.

»Así pasó la importancia jerárquica de la basílica de San Andrés de Armentia; trescientos sesenta y tres años ha servido de parroquia, cuatrocientos diez fué colegiata; sobre dos siglos alcanzó la categoría de sede episcopal.»

ESTILO Y DESCRIPCIÓN

¿Ha conservado en tantas vicisitudes la integridad y la pureza de su primitiva construcción? Las investigaciones arqueológicas del señor Amador de los Ríos han realizado en este punto una empresa tan ardua como inmejorable. Gracias a los desvelos del insigne erudito podemos hoy trazar la historia de este glorioso monumento, verdadera joya románica, aun cuando profanada por dos reconstrucciones incalificables e increíbles.

Desde el siglo VIII, en que se construyó, hasta los años de 1776, en que, según la Academia de la Historia, «se mudó enteramente el semblante de la antigua fábrica», en el larguísimo trayecto de diez centurias, la basílica de Armentia ha sido despojada y trastornada de modo bárbaro.

FACHADA.

«La fachada principal, esto es, la imafronte--dice el Sr. Amador de los Ríos,--tal como había llegado a los tiempos modernos, constaba de dos cuerpos; encerraba el primero la portada, compuesta de un arco adintelado, sobre el cual se levantaba un tímpano de medio punto, ornado de relieves y coronado por bella cimbra; mostraba el segundo cuerpo, en su centro, al Salvador, rodeado de los Apóstoles, en figuras de alto relieve, y veíase a los lados otros relieves, que en más antiguas esculturas representaban pasajes del Nuevo Testamento.

»Quedó la imafronte, en 1776, despojada de toda decoración y cerrada enteramente al acceso público; los miembros arquitectónicos y los relieves que la enriquecían fueron trasladados a un pórtico viñolesco, de cinco arcos redondos, el cual ofrece ahora entrada a la iglesia, y colocados allí con cierto desorden, que produce, en verdad, muy extraño efecto. (Lám. 17.)

»Entretanto, las impostas que, adornadas de un falso ajedrezado o de vástagos y flores, y siempre dispuestas en bisante, señalaron la división de los referidos cuerpos, y los canecillos y modillones, que recibieron y formaron el primitivo tejaroz, fueron distribuídos en la nueva fachada de 1776, ya para recibir las jambas de las ventanas, ya para servir de asiento a la cornisa que sostiene la armadura de aquella desdichada construcción, arrimada a la antigua basílica, para dar posada al párroco. Esta singular dislocación de miembros arquitectónicos aumenta por extremo el raro y desagradable efecto del pórtico.»

PÓRTICO.

Fijando en él la investigadora mirada no es difícil reconocer, sin embargo, que esas inarmónicas incrustaciones, en que se muestra cierto loable respeto a los restos de la basílica, cuyo exterior se destruía, dan claro testimonio de tres diferentes edades artísticas, las cuales abarcan por entero la época más floreciente de la historia de Armentia.

Compruébase esta observación en el muro lateral de la cabeza del pórtico, dentro de dos arcos de medianas dimensiones que allí pudieron armarse.

Vese la parte central de los mismos ocupada por preciosos fragmentos de los relieves que, antes de 1776, llenaban las extremidades del segundo cuerpo de la imafronte, y que pertenecieron, sin duda, a la primera construcción de la basílica, debida a los cristianos acogidos en el suelo alavés durante la segunda mitad del siglo VIII o primeros años del IX. (Lám. 18.)

RELIEVES DEL PÓRTICO.

Difícil es determinar hoy lo que estos relieves individualmente figuran, reducidos como están a inconexos fragmentos y asentados en el muro de una manera tan fortuita.

Como se ha insinuado ya, todos estos relieves representan pasajes de la vida de Jesucristo; y por la disposición especial del conjunto; por la rara proporción de las figuras, que revela un arte que se transforma o tiende a desaparecer; por la rudeza del diseño; por el plegado característico de los paños, y, finalmente, por la manera tradicional de ejecución y la forma típica de producir el claroscuro, no vacilamos en colocar tan singulares esculturas bien andado ya el referido siglo IX.

Así, pues, los relieves pertenecieron a la basílica, que ya era Catedral en tiempos de Alfonso, _el Casto_, en los últimos días del arte latino bizantino y primeros del románico. (Lám. 19.)

LÁPIDAS E INSCRIPCIONES DEL PÓRTICO.

Al estilo románico, en las dos épocas de su largo desarrollo, pertenecen las columnas y capiteles, que indican su mayor florecimiento, y los arcos, que muestran su decadencia, iniciada ya en ellos la manifestación ojival.

Muéstranse los fustes adornados por monumentales estatuas adheridas, que hacen oficio de cariátides, como en la Cámara Santa de Oviedo y en otras construcciones religiosas de los siglos XI y XII; apúntanse los arcos ligeramente, como en algunas iglesias parroquiales de Asturias y Castilla y en todas las que se construyeron en Sevilla y Córdoba, recién conquistadas por San Fernando. La basílica, pues, había experimentado dos transformaciones dentro de los siglos XI y XII. ¿Qué documentos positivos podían confirmar esta deducción arqueológica? Con sólo volver la vista a los relieves y miembros arquitectónicos incrustados en el muro longitudinal, nos era dado, por fortuna, hallar camino para autorizar históricamente la hipótesis.

LOS TÍMPANOS.

Contémplase, en efecto, en la parte central, el gran tímpano que hasta 1776 decoró el segundo cuerpo de la imafronte; en él se halla representado el Salvador rodeado de los doce Apóstoles. Jesús, cuya figura es harto mayor que las de sus discípulos, aparece como éstos, en pie, vistiendo amplia túnica talar y cubriendo sus hombros afibrado manto.

Para quien, guiado de espíritu investigador y crítico haya estudiado los monumentos que se erigen en Asturias, León y Castilla durante los siglos XI y XII, no puede ser dudoso que este interesante relieve si no pertenece de lleno a la gloriosa era del imperio español, inaugurada por un Fernando I y cerrada por el no menos esclarecido Alfonso VII (1038 a 1157), lleva impreso profundamente el sello de aquel arte que tantas maravillas había producido en la basílica de San Juan Bautista, consagrada desde 1032 al preclaro Isidoro de Sevilla, y en la ya referida Cámara Santa de la Catedral ovetense, ampliada por la magnificencia de Alfonso VI.

A la derecha de este gran tímpano mírase asimismo el de la portada, que constituía la decoración del primer cuerpo del imafronte; el arquitecto de 1776 armóle allí de tal manera, que semejó con él cierta especie de sepulcro, en cuyo centro colocó un bulto o estatua yacente del siglo XIV. Delante, sin exceder de la línea del muro, poníale varias columnas ochavadas, que tomó tal vez de otros monumentos interiores del trastornado templo. (Lám. 20.)

Sobre este remedo de enterramiento, que no han vacilado en señalar como tal sepulcro entendidos investigadores, asentóse, pues, el referido tímpano, obra en verdad muy digna de detenido examen.

Fórmalo un arco de medio punto, orlado en su periferia externa de una franja enriquecida de vástagos serpenteantes y de flores, que acusan su origen bizantino, y enriquecido en la interna por una inscripción de caracteres latinos, todavía isidorianos, la cual ofrece la lección siguiente:

Ocupa el semicírculo una tabla de piedra, dividida en dos zonas; hállase la superior ennoblecida por la representación simbólica del inmaculado Cordero, y la Cruz dominicana, encerrado todo en un nimbo sencillo con este expresivo verso leonino, grabado en su contorno:

«El primer verso--escribe el Sr. Baráibar--alude, sin duda, a las proféticas palabras de Oseas (c. 13, v. 14); _Ero mors tua, o mors_. En el segundo, el león simboliza a Cristo: _Ecce vicit leo de tribu Juda, radix David_. (De _Apocalipsis_, v. 5.) Este victorioso león, de la tribu de Judá, descendiente de David, siempre se ha entendido que es del Salvador del mundo.

El cordero, representación profética de Jesús, desde el Génesis y el Éxodo, y su más augusta figuración en la ley de gracia, es emblema frecuente en los monumentos cristianos y presta al de Armentia extraordinario realce. El verso grabado en el nimbo consuena con el _Ego sum resurectio et vita_, palabras de Jesús antes de que resucitara a Lázaro.