Part 3
La lectura de las tres primeras lineas se hace sin gran dificultad. La laguna del último renglón la llenó felizmente el Sr. Baráibar, siendo aceptada por el P. Fita y por Hübner, según consta en el _Boletín de la Academia_.
La inscripción, conjeturalmente complementada, dice así:
d. m. a VRELLÆ BOVTI æ . FLACCI ATTESV CLO/. F. AN XXX h s. e. flaccVS PAT h. m. f. c.
D(is) M(anibus) Aureliæ Bouti(æ) Flacci Attesuclo f(ilia) an(norum) XXX h(ic) s(ita) e(st). (Flacc)us pa(ter) h(oc) m(onumentum) f(aciendum) c(uravit).
(A los manes de Aurelia Boucia, hija de Flaco Atesuelo, de treinta años de edad. Aquí yace. Su padre Flaco cuidó de que se le hiciese este sepulcro.)
Tales son las reliquias que Álava conserva de la dominación romana en el Museo que tan diligentemente ha formado el Sr. Baráibar. Ni en nuestras excursiones por casi todo el territorio, ni en las detenidas pesquisas que a través de una extensa bibliografía llevamos hechas, nos fué posible encontrar más. Después de todo, esta misma escasez de monumentos romanos viene a corroborar los autorizados juicios del señor Amador de los Ríos sobre que los romanos «no pudieron dejar claras e inequívocas reliquias de su grandeza allí donde no les fué posible asentar su planta vencedora ni hacer su dominación respetable y duradera», y a justificar en cierto modo la observación de Tito Livio, que nos sirvió de orientación y lema.
CAPÍTULO IV
MONUMENTOS DE LA CIVILIZACIÓN CRISTIANA
Así, pues, del siglo IV al XI se efectuó en todo el mundo antiguo un trabajo enorme, doloroso, pródigo en vidas de hombres y de Imperios, pero que realizó algo tan firme, que todavía dura y parece destinado a permanecer.
(ALFREDO RAMBAUD Y ERNESTO LAVISSE.--_Historia Universal, Los orígenes._)
ÉPOCA ROMÁNICA
Ya hemos testimoniado con la autoridad erudita del Sr. Carreras Candi la carencia de fuentes históricas en todo cuanto se refiere a la cronología de los primeros siglos cristianos de Álava.
«No podemos aceptar--dice--como afirmación histórica, que se viene copiando por la mayor parte de los autores, la de que en el siglo VIII huyeron los hispanogodos de la dominación sarracena refugiándose en territorio alavés. Como no hubo persecución religiosa al ocurrir la invasión árabe, ha de rechazarse la existencia de tales fugitivos.
»Con respecto a los primeros establecimientos cristianos--añade--daremos los siguientes datos:
»En el año 804 se estableció en Añes el Monasterio de SAN VICENTE DE ANNIES, que posteriormente se sumó con el de San Millán.
»A mediados del siglo X fundóse el monasterio de Santa María de Estíbaliz.
»En el siglo XII, sin que se conozca con certeza la fecha de su fundación, ya existían los monasterios de San Clemente y Santa Cecilia de Obaldia, en Madaria; en Apérregui, el de Santa María de Barica; en Zuazo, el de San Miguel; en Zuya, el de Santa María de Oro; en Gurendes, el de San Víctor y San Salvador; en Mañarrieta, el de Santa Gadea; el de Santo Tomé, en Rivabellosa; el de Yula, de Salvatierra, y los de Albéniz, Lasarte, San Román y las abadías de San Andrés de Bolívar y Santa Pía de Cicujano...»
Un prestigio arqueológico, D. Ángel Apraiz, que ha estudiado prolijamente la cuestión, como historiador y como arqueólogo, nos dice en el interesantísimo trabajo «El románico en Álava», publicado el 30 de agosto de 1911 en la revista de San Sebastián _Euskal-Erria_:
«Existe un arte alavés. Por todos los montes y valles de nuestra tierra se encuentran esparcidos restos de una arquitectura, religiosa en su casi totalidad, que con las tradiciones a ella unidas y la significación de sus monumentos, puede constituir, ante una mirada inteligente y amorosa, la completa resurrección de un glorioso pasado.
»Forma tal arte, producido en los siglos XII y XIII, hermosa ejecutoria de la nobleza de este pueblo, del cual certifica en tan remotas fechas la vigorosa fe y la cultura que se extendía a los más apartados rincones de este suelo.»
Como se ve, entre la afirmación del Sr. Carreras Candi, que habla de Armentia, como existente ya en el siglo X, y la del Sr. Apraiz, que fija las producciones románicas alavesas en los siglos XII y XIII, surge, a primera vista, el abismo de dos siglos.
Sin embargo, para quien ahonde en la cuestión, tal vez haya una explicación satisfactoria. En las iglesias y basílicas románicas más antiguas se han registrado, como observa el Sr. Amador de los Ríos, «vestigios indudables, aunque ya débiles reflejos, del arte latino-bizantino», anterior en dos y tres siglos al románico.
¿Quién dice que la basílica de Armentia, por ejemplo, no sea, al construirse en el siglo X, un arte latino-bizantino, ya adulterado por las primeras manifestaciones prerrománicas? ¿Quién, en cambio, puede negar que iglesias como las de Tuesta y Leorza, son románicas aun cuando en ellas aparezca el arte ojival?
Sabido es que el románico, estilo de una civilización incierta, arte de transición, como la época que lo engendra, tiene diversas manifestaciones que hemos de detallar oportunamente. Ahora sólo nos toca, en sus apreciaciones generales, señalar el contraste entre la afirmación del Sr. Apraiz, al asegurar «que existe un arte alavés» y las diversas fórmulas románicas que por tan vario modo acusan la carencia de esta su pretendida uniformidad. Entre la basílica de Armentia (siglo X) y la de Estíbaliz (siglo XII) el estilo románico pasa de una niñez ingenua, ruda y lóbrega, a una florida y gallardísima juventud.
Invocando la autoridad que en cuestiones históricas y arqueológicas reconoce el mundo erudito a los Sres. D. Federico Baráibar, D. Jaime Verástegui y al padre jesuíta Indalecio Llera, el citado Sr. Apraiz realizó un trabajo utilísimo, «en el que se describen y registran con exposición de croquis, medidas y relaciones con otros monumentos, discutiendo los problemas que plantea el románico, unas setenta muestras de ese arte que por toda nuestra tierra se extiende con variedades que lo llenan de encanto y de vida».
Ese trabajo, que el Sr. Apraiz remitió a un certamen, está inédito. Pero el autor, amablemente, nos ha suministrado un índice, en el interesante estudio, ya citado, «El románico en Álava», que apareció en la revista _Euskal-Erria_. Además, las bondades del Sr. Baráibar nos permiten incluir entre nuestras fotografías, las 70 a que se refiere el señor Apraiz y muchas más, que personalmente obtuvimos en nuestras excursiones por la provincia, unas y otras de monumentos románicos, que son, como se sabe, los más numerosos en Álava, y, por tanto, en nuestro Catálogo provincial.
«En el arte románico alavés--escribe el Sr. Apraiz,--entre la vieja basílica de Armentia (que no lo es tanto como se ha pretendido) y la de Estíbaliz, cuya terminación debe pertenecer al siglo XIII, se nos muestran con su ingenuidad de obras primitivas, entre otras, la actual ermita de San Martín de Avendaño, que evoca una leyenda de venganzas como la de los héroes griegos, y cuyo sistema constructivo al estilo de la llamada Escuela Provenzal, es muy curioso; la ermita de San Juan de El Burgo, y el ábside de la parroquia de Trocóniz, hoy muy transformada; el Cristo de Labastida, cuya masa teñida de siena por el sol de la Rioja, se destaca sobre una colina escarpada, recordando el nombre militar de la villa; la iglesia de Ezquerecocha; la de Hueto de Arriba, con su pila bautismal llena de preciosos relieves de época no muy anterior a la que ese templo representa; la de Nanclares de la Oca y la que fué parroquia de Urrialdo, envuelta con las tradiciones del basilisco, en un muy adecuado ambiente.
»Próxima a Estíbaliz se alza la iglesia de Argandoña que, al igual de otras abajo mencionadas, ostenta detalles idénticos a los de aquella fábrica, privándola de cierta singularidad que en ella se ha pretendido ver.
»En la misma escuela podemos agrupar la bella ermita de San Juan de Marquínez. Y contemporáneas suyas deben de ser las ermitas de San Martín y Santa María de Maestu, que con la parroquia de Leorza forma un grupo interesante, pues en todas las ahora citadas, como en las que vamos a enumerar, aparece el arco ojival, demostrativo de época gótica, entre otros caracteres genuinamente románicos o transitivos.
»Así son: las iglesias de Abechuco y Betoño; las de Lasarte con espléndidas estatuas en una ventana; las de Miñano Menor, Olano, Añua, Gamarra Menor y Urrúnaga; las de Durana y Otazu, con hermosas portadas, muy semejantes entre sí; la de Arzubiaga, la de Ullívarri-Arrazua, en la cual, sobre los arcos de su ingreso, aparece algún motivo realista; las de Lezama, Amurrio, Unzá, Oyardo, Gújuli, Guillerna, Catadiano, Pipaón y Heredia; la ermita de Nuestra Señora de Ayala, en Alegría, que conserva un curioso pórtico del mismo estilo; lo mismo que las parroquias de Erenchun y Nanclares de Gamboa; las iglesias de Gaceo, de Ullívarri-Viña, Hueto de Abajo, Legarda, Mendiguren, Belunza, Bernedo y Lubiano, y las aun más pobres en ornamentación de Gardelegui, Aberásturi, Mendizábal, Gojain, Nafarrete y Elosu.
»Hay que añadir a este índice de ejemplares románicos las murallas de Salvatierra y de Laguardia; las vírgenes de Yurre, de la Esclavitud, en Vitoria; de Arriaga, de Ocón, de Anadoya y de Barajuen, y algunos crucifijos y ornamentos que oportunamente describiremos por separado.»
Se ve, pues, que la gran riqueza monumental de Álava está principalmente en sus iglesias románicas, tan numerosas como en la región donde haya más, aunque la mayoría reconstruídas ojivalmente, y algunas de ellas, como Armentia y Estíbaliz, por la pureza de su estilo ingenuo, verdaderamente admirable y dignas del estudio detenido que las hemos de consagrar.
ÉPOCA OJIVAL
Una observación general formulada por el Sr. Amador de los Ríos, y que hemos comprobado personalmente en nuestras excursiones investigadoras, nos da bien definida la época ojival de Álava.
Esta observación dice que bastantes templos románicos fueron reconstruídos y exornados, al andar del tiempo, conforme al arte singular, gallardo y elegante de la ojiva. Muchas bóvedas y portadas fueron sustituyendo fenestras y muros; muchas iglesias que aun guardaban las reliquias estatuarias de su vieja construcción románica alzaron la gallarda nave ojival. Casi todos los monumentos románicos del siglo XIII fueron--dice el citado arqueólogo--«dolorosamente adulterados».