Part 2
»La noticia del hallazgo llegó entretanto a oídos de personas entendidas, y pudo averiguarse que los expresados esqueletos aparecieron todos colocados en dirección al Oriente y vueltos hacia la entrada del sepulcro; mientras se fijaban las dimensiones de éste y se determinaba su construcción, si es lícito expresarse de esta suerte, poniéndose al par en claro que no eran solamente esqueletos lo que el ya reconocido túmulo encerraba.
»Era éste por extremo sencillo, ocupando el centro del montículo indicado; formábale un cuadrángulo como de tres metros de largo por dos de ancho, compuesto de seis grandes piedras, sin labra alguna; la mayor, asentada al Norte, era silícea, y calizas las otras cinco.
»Elevábase en el exterior, todo descubierto, a unos tres metros cincuenta centímetros, presentando al interior sobre cuatro metros; el grueso de las piedras no excedía de 0,75 metros, siendo de una sola pieza la cubierta.
»Entre los rotos esqueletos se habían encontrado hachas de piedra, lanzas y cuchillos de cobre, con algunas puntas de flechas silíceas, que los primeros descubridores, y aun después la Comisión provincial de Monumentos, calificaban en 1845, diciendo que eran «corazoncillos pequeños con dientes muy finos de pedernal durísimo». Al lado de estas armas halláronse también número no escaso de piedrecitas de mármol verde claro, «a manera de anillos de forma irregular, con cuatro caras o facetas».
»Como se ve, el túmulo de Eguílaz es un verdadero dolmen sencillo, tal como han descrito este linaje de monumentos los cultivadores de la arqueología céltica.»
La escrupulosidad característica del Sr. Amador de los Ríos lo lleva a largas y confusas disertaciones acerca de si el dolmen es efectivamente celta o si es aborígen, y si puede incluirse entre los monumentos históricos o entre los prehistóricos. Pero modernamente se ha fallado el pleito en el sentido de que habiendo ya una bibliografía de la historia céltica, y siendo el monumento celta, no hay duda de que el dolmen de Eguílaz ha de incluirse entre los monumentos históricos, que es lo que respetuosamente hacemos.
Cuanto al dolmen de Arrízala, llamado por los naturales «sorguiñeche», esto es, «casa de las brujas», se conserva mucho mejor que el de Eguílaz, y es bastante más pequeño. No tiene más que cinco piedras, todas calizas, y la de la cubierta es estriada, y ofrece en los rebordes como un labrado sin relieve, producido por instrumento más rayador que penetrante.
Sea cualquiera el combate erudito que se entable en torno de los celtas, de su cronología y de su civilización, lo que nadie discute ya es que entrambos dólmenes, el de Arrízala y el de Eguílaz, son monumentos celtas, de los pocos, poquísimos que se conservan hoy en todo el mundo.
CAPITULO III
MONUMENTOS DE LA CIVILIZACIÓN ROMANA
España, el primer país del Continente que invadieron las armas romanas, fué el último que se les sometió.
(TITO LIVIO.--_Las décadas._)
»El Gobernador afirmaba que un pavimento «embaldosado de mármoles jaspeados» que encontró a poco más de un metro de profundidad era lo más notable del descubrimiento.»
Hasta aquí el Sr. Amador de los Ríos, que, como se ve, comienza por la ufana creencia de que en Iruña hubo «una no insignificante población romana», y acaba con el desencanto de ser un pavimento de mosaico «lo más notable del descubrimiento».
En el citado _Diccionario de la Academia de la Historia_ se habla también de otro descubrimiento en las cercanías de Cabriana, donde se supone que estuvo Deóbriga. «Se acaba de descubrir--habla el diccionario--en las heredades labrantías de Cabriana, un edificio romano con diferentes pavimentos mosaicos, entre los que sobresale uno con las cuatro estaciones del año, representadas por mujeres hasta medio cuerpo, con los atributos correspondientes a cada estación y dos grifos, todo repartido en seis cuadros, adornados con grecas del mejor gusto, entrelazadas con mucha gracia por todo el pavimento.
»Las piedrecitas de que se componía éste eran negras, verdes y blancas, de mármol, y otras, amarillas y encarnadas, de tierra cocida.
»El otro pavimento, a más de las grecas que corren por los extremos, tenía en el medio un cuadro de Diana cazadora, con su arco en la mano izquierda, tomando con la derecha una flecha del carcaj cargado de flechas, por encima del hombro derecho.
»Parte de la vestimenta de la diosa era de cristales menudos, de color azul y verde, bastante regazada; su calzado parecía a las sandalias, con una especie de botín o media con su atadura encima de la pantorrilla, asegurada con lazadas pendientes a la parte delantera.
»Detrás de la diosa, un ciervo con su brida o freno, que arrastraba por el suelo. Los otros pavimentos eran más o menos ricos, según lo exigían las circunstancias a que estaban destinados.»
Glosando el diccionario, escribe, esperanzado nuevamente, el señor Amador de los Ríos: «No es, en consecuencia, temerario el deducir que hubo de elevarse, en el sitio ocupado por los mosaicos, una suntuosa villa.» Pero, casi a continuación, y como si le hubiesen acometido los escrúpulos que tanto y tan autorizadamente lo condicionan, el señor Amador de los Ríos, refiriéndose a los romanos, añade: «No pudieron dejar claras e inequívocas reliquias de su grandeza, allí donde no les fué dado asentar su planta vencedora, ni hacer su dominación respetable y duradera.»
Nada grandioso, nada estable, nada que indique permanencia y dominación, dijimos al comienzo de este capítulo.
ESTATUA DE MUJER.--SU DESCUBRIMIENTO.
Un labrador que guiaba su yunta cerca de Iruña, en 1845, advirtió que la reja del arado tropezaba con algo fuerte y duro; y al remover la tierra, con auxilio del azadón, desenterró una estatua de mármol blanco, representando por las vestiduras a una mujer.
La estatua no tenía cabeza y le faltaban, además, los antebrazos, los pies y parte de las piernas.
Conducida a Vitoria y examinada, entre otras personas inteligentes, por D. Miguel Medinaveitia, este concienzudo erudito la describió en un artículo publicado por el semanario alavés _El Lirio_, que también reprodujo un bonito dibujo del hallazgo.
Para el Sr. Medinaveitia, esta estatua pertenece al período clásico y representa a Ceres, a juzgar por el traje y la apostura.
El doctor alemán Emilio Hübner, en su famoso _Inscritionum Hispaniae Latinarum Supplementum_, la atribuye al siglo II, esto es, a la época de Adriano. Parécele de Ceres o de la Fortuna, deduciendo del manto y de la actitud, que tuvo en la derecha la cornucopia y en la izquierda el _gubernaculum_.
DESCRIPCIÓN DE LA ESTATUA.
El Sr. Amador de los Ríos, en sus _Estudios monumentales y arqueológicos de las provincias vascongadas_, la describe de esta manera:
«La estatua de Iruña es mayor del natural y de mujer, y sobre la subtúnica y túnica ostenta un _pallium_ o manto que envuelve la parte superior del pecho, derribándose sobre la espalda en amplios y bien dispuestos pliegues.
»Cíñese la túnica perfectamente al desnudo con noble estilo estatuario, y revélase aquél con bellas y grandiosas proporciones, sin detrimento alguno, antes bien con mayor gracia y perfección en el movimiento, del plegado. Únese a estas prendas cierta majestuosa proporción que hace más sensibles las indicadas mutilaciones, y sirve como de corona a tales virtudes artísticas una ejecución no menos franca que esmerada.»
La estatua, tal y como se ha descrito, se conserva en el Museo incipiente del Instituto general y técnico de Vitoria, donde su sabio director, don Federico Baráibar, nos la ha mostrado en la visita que guiados por él hicimos.
LÁPIDAS ROMANAS.--SU DESCUBRIMIENTO.
Al mismo tiempo que la estatua, fueron hallados en las ruinas de Iruña trozos de mármoles, piezas de mosaicos, fragmentos de ladrillos, tejas, vasijas, monedas y hasta treinta y dos lápidas completas o rotas, de las cuales se guardan, y hemos visto en dicho Museo, las que pasamos a describir.
LÁPIDA ROJA Y BLANCA.
Es un trozo de mármol blanco y rojo, con inscripciones fragmentarias que, epigrafistas tan autorizados como Hübner, el P. Fita y Baráibar, no han podido ni completar ni interpretar. Mide 0,28 por 0,11, y aun cuando el P. Fita la atribuye al siglo I, los caracteres de sus letras y ciertos signos intermedios que la adornan parecen indicar que sea posterior.
LÁPIDA SONROSADA CON VETAS BLANCAS.
Mide 0,25 por 0,14. La inscripción, completada e interpretada por el Sr. Baráibar, dice:
(Honore) (co)ntentu(s) (im)pensam (remisit.) (Satisfecho con el honor, dispensó el gasto.)
A juicio del Sr. Baráibar, lo interpretado es el término de la inscripción total, donde probablemente se expresaría una memoria acordada por alguna Orden, Municipio o Corporación. El interesado aceptó con satisfacción el honor, y la hizo a su costa.
Inscripciones o fórmulas idénticas se leen, según dice el Sr. Hübner, en lápidas de Alcacer de Sal, Málaga, Sevilla y otras poblaciones de la Península.
LÁPIDA ROSA, VETAS BLANCAS.
Se recogió del pueblo de Tres Puentes, cercano a Iruña, donde la empleaban los mozos para colocar sobre ella el llamado «cantón», del juego de bolos.
Es un trozo aproximadamente circular, de 0,85 metros en su mayor diámetro, que en su cara plana ostenta siete elegantes letras, no interpretadas por la epigrafía.
LÁPIDA ROSA.
Tiene forma de triángulo, cuyos lados mayores miden 0,15 por 0,19. Las letras del primer renglón son más altas que las del segundo. Tampoco ha sido descifrada.
FRAGMENTOS DE PIEDRA ARENISCA.
En las excavaciones que se hicieron a costa del presbítero y arqueólogo D. Jaime de Verástegui, también por los alrededores de Iruña, aparecieron cuatro fragmentos de piedra arenisca que, reunidos, forman dos trozos de un epígrafe en grandes caracteres, altos de 21 centímetros, y también, como los anteriores, sin descifrar.
CAPITEL HISPANO-ROMANO.
Se descubrió también en las excavaciones del señor de Verástegui, y es de piedra caliza.
Su altura es de 0,65. Sobre su antigüedad se han suscitado diferencias muy curiosas. Hay quien lo considera obra latino-bizantina, del siglo VIII al IX, y quien la cree genuinamente romana, del siglo III al IV.
El sabio arqueólogo Sr. Gómez Moreno, examinando la fotografía, encontró anómalo el desarrollo del collarino, que roba al conjunto la usual elegancia de proporciones; pero, a juicio del Sr. Baráibar, la anomalía de ir el collarino incorporado al capitel, se da con frecuencia en piezas romanas de carácter indígena.
Puede estimarse el capitel, por consiguiente, obra hispano-romana de bajo tiempo, probablemente; pero en modo alguno visigoda, y mucho menos posterior.
El capitel tiene fidelísimo parecido con los capiteles de antigüedad incierta de San Román de Hornija (Valladolid), y con los seguramente romanos de Córdoba, donde se hallan los prototipos clásicos que imita el de Iruña.
LÁPIDA DE LUZCANDO.
También de caliza, donativo de D. Sandalio Oquiñena.
Tiene un metro por 0,66. Sirvió de antepecho a una ventana en la casa cural de Luzcando, pueblo de la jurisdicción de Acilu, en la hermandad de Iruráiz, a 24 kilómetros de Vitoria y cinco de Salvatierra.
Dicha casa cural, ya desaparecida, y la parroquia, que aun subsiste, se construyeron en gran parte con materiales allegados de la Vía romana.
Trátase de un hermoso cipo sepulcral que, a juicio del Sr. Baráibar, es obra curiosísima del arte provincial ibero-romano. El disco y los sarmientos que la embellecen son adornos frecuentes en las lápidas encontradas en Salvatierra, San Román, Ibarguren, Contrasta, Ocáriz y Urbina de Nasabe, todas ellas citadas por el Sr. Hübner en su _Suplemento_, y por el Sr. Baráibar en su _Museo incipiente_; pero ni una sola existente en el Museo, ni en parte alguna conocida, a menos de nosotros.
La inscripción de esta lápida, complementada y comentada por el Sr. Baráibar, es así:
D(is) M(anibus) M(arco) Sem(pronio) Fusco oculati f(ilio) an(norum) LV Fuscinus fr(ater) M(arco) s(uo) f(ecit) H(ic) s(itus) e(st).
(A los Dioses Manes. A Marco Sempronio Fusco, hijo de Ocualto, de cincuenta y cinco años. Fuscino hizo este sepulcro a su hermano Marco. Aquí está sepultado.)
LÁPIDA DE NARBAJA.
También de caliza, de 0,52 por 0,46.
Se descubrió cuando se estaba abriendo la carretera vecinal de Narbaja a Mendíjur. Al ser transportada al palacio del senador don Carlos de Ajuria, la rompieron los canteros, por lo que se perdió la mayor parte de la inscripción.
De la impronta que en el instante de hallarla, y antes, por consiguiente, de que se rompiera, obtuvo el Sr. Baráibar, se ha podido transcribir íntegra. Las dos figuras de hombres con bastones, conduciendo un objeto cuadrangular, y los ramitos de laurel que exornan a uno y otro lado la inscripción, dan a esta lápida de Narbaja caracteres curiosos y singulares.
De otra parte, la epigrafía, reconstruida y comentada por el señor Baráibar con su reconocida ciencia, indica que se trata de una lápida sepulcral que, por estar labrada en piedra caliza, testimonia, o la humildad, o la pobreza, o entrambas cosas a la vez del que la costeó.
La inscripción, que copiamos del _Museo Incipiente_, es así:
Greca de aspas pequeñas D. luna en creciente. M. Dos figuras de hombre con bastones, llevando entre ambos un objeto cuadrangular. A uno y otro lado ramas de laurel, hasta el pie del epígrafe.
MARITVS ANTI CVS /// SQV MARCE LINVS ANN XX SHM ROMVLVS /////// MAR // FILIO ////////// O POSVET MR MONV V
D(is) M(anibus) Maritus Anticus (e) squ(ilina) Marcelinus ann(orum) XX s(itus) h(ic). M(arcus) Romulus M(arito) filio(piiisim)o posuet m(oe) r(ens) monu(mentum) V(ale)
(Marito Antico, de la tribu esquilina, de veinte años de edad, yace aquí. Marco Rómulo, apenado, puso a su piadosísimo hijo Marito este sepulcro. ¡Adiós!)
LÁPIDA DE ANGOSTINA.
Lindando con Navarra, por la parte de Marañón, está, en jurisdicción de Angostina, la ermita de San Bartolomé, en cuyo altar, en el ángulo de la mesa, estaba la lápida.
Dicha ermita carece de mérito artístico; pero ofrece algún interés, por haberse utilizado en su construcción lápidas romanas. Una de ellas, en piedra caliza, de 0,50 por 0,36, que por disposición del párroco fué trasladada al Obispado, y de orden del Obispo cedida al Museo de Vitoria, conserva casi íntegra la inscripción, que dice así:
Æmilius Maternus Flori filius ann (rum) XX h(ic) s(itus) e(st).
(Emilio Materno, hijo de Floro, de veinte años. Aquí yace.)
ÁRULA DE ARAYA.
Fué donada al Museo por el Senador D. Carlos de Ajuria, y es, con la estatua ya descrita, lo más interesante de la colección.
Es de piedra arenisca: alta, o,68; ancha, 0,56; gruesa, 0,27.
Se halló con otras tres en «El nacedero», de donde fluye el río Ciraunza, á 120 metros sobre la fábrica metalúrgica de Araya. Las letras casi se hallan desvanecidas por la acción del agua, en donde el ara estuvo sumergida.
C /// PITO /. AR NYM////// IS //////// SVIT IBENS MER ITO.
C(a)pito ar(am) nym(ph)is d(e) s(uo) po(suit) (l)ibens merito.
(Capitón, gustosamente y con motivo, puso a sus expensas esta ara a las ninfas.)
«El lugar donde se hallaban las piedras--dice el Sr. Baráibar--es por demás escabroso y esquivo, al pie de una roca que se alza, vertical y desnuda, sobre la límpida, fresca y copiosa fontana.»
Con esta dedicatoria son cinco los númenes a quienes en Álava se rendía culto durante la época romana: dos de la mitología grecorromana, las ninfas en Araya y Donela en Iruña, y tres de la mitología indígena: Uvarna, en Zambrane; Tullonio en Alegría de Duranci, y Sandao Baelisto, en Angostina, según anota Hübner en su tantas veces citado _Supplementum_.
Dedicatorias semejantes a las de Capitón se han descubierto en árulas de los baños de Montemayor (Cáceres), descifradas por el Padre Fita en el _Boletín de la Academia de la Historia_.
Otra lápida a las ninfas apareció en Quintanilla de Somuñó (Burgos), y también, en el propio _Boletín_, la ha traducido el sabio epigrafista.
LÁPIDA DE ASSA.
Donada por D. Ángel León Lores. Es de piedra caliza, de 0,75 por 0,56, con hermosos caracteres del siglo I.
Se halló en Assa, a ocho kilómetros de Laguardia, en la frontera de Navarra. Estuvo en la derruída ermita de Santa María, de donde fué llevada a la llamada «Casa del monte», y de allí al Museo de Vitoria, donde se conserva.
A la cabeza de la lápida, en una extensión de 45 centímetros, obsérvanse vestigios de dos sencillas grecas, entre las cuales, rebajada a cincel, hay una faja, donde acaso esculpió el cuadratario las siglas D. M.