Catálogo Monumental de España; Provincia de Álava Inventario general de los monumentos históricos y artísticos de al nación.

Part 10

Chapter 103,727 wordsPublic domain

El hemisferio o recipiente aparece dividido en tres zonas; la superior ostenta, separadas por finas columnitas, numerosas figuras apostólicas, unas en pie y otras arrodilladas, todas en oración y labradas muy toscamente.

En la franja central hay ocho cuadros, separados también por columnitas, cada uno con un dibujo diferente, a cuál más delicado y fino, representando hojas, flores y animales, de una gracia de ejecución que contrasta notablemente con la tosquedad primitiva de la franja anterior.

La última franja asentada sobre el pie de la copa, es de bastante menos mérito, pues sólo tiene algún relieve insignificante.

De todos modos, la pila bautismal de Hueto de Arriba es positivamente una verdadera joya artística. (Lám. 64.)

IGOROIN

EL LUGAR.

Forma parte del Ayuntamiento de Laminoria y se compone de seis viviendas diseminadas en un paraje quebrado, seco y pobre.

MONUMENTOS.

La iglesia, del arciprestazgo de Maestu, dedicada a San Miguel, es digna de mención únicamente por su portada, de un estilo románico característico, que se acusa en la sobriedad de su arquería, desnuda de ornamentación y en la ausencia de todo miembro decorativo de su fachada, adusta y solemne en su pobreza. (Lám. 65.)

LA BASTIDA

EL LUGAR.

A 41 kilómetros de Vitoria, y al pie de la sierra de Toloño, en paraje agreste, vecino de montes y encinares, está La Bastida, villa de cerca de 400 casas y más de 2.000 vecinos.

HISTORIA

Fué antiguamente plaza de armas importante, como puede advertirse en nuestros días examinando en los vecinos riscos de Toloño las ruinas del castillo de su nombre.

Hasta el año 1200 perteneció La Bastida al reino de Navarra, y en dicha fecha es incorporada al de Castilla. Por privilegio de Fernando, _el Santo_, en 1242, se concede a sus habitantes «_que hayedes aquellos montes para cortar y para facer como soliades haber en días del rey don Sancho y en días de mi abuelo el rey don Alonso_».

Otro privilegio del mismo Rey, dice: «_Sean de la villa de La Bastida no sólo los términos que poseyó en tiempo del rey de Navarra don Sancho, sino es también los que obtuvo en vida del de Castilla don Alonso._»

Cuando en 1288 fué D. Alonso de la Cerda proclamado Rey de Castilla, siguió su partido la villa, y Sancho IV la recuperó castigando cruelmente a sus principales caudillos.

En el Congreso de Olerón de 1388 el rey Carlos II de Navarra pidió que La Bastida volviese nuevamente a su corona. En 1370 don Enrique II de Castilla la donó a su repostero mayor D. Diego Gómez Sarmiento, juntamente con su castillo, vecinos y moradores, ventas, aldeas, alcabalas pertenecientes al Rey, con el señorío y jurisdicción criminal y civil, donación que fué confirmada por D. Juan I en 1379.

Del señorío de Diego Pérez Sarmiento pasó la villa al condado de Salinas, pero como el Conde, en 1554, nombrase un corregidor contra el deseo del vecindario y éste acudiese a la Chancillería de Valladolid, ocurrió que la Chancillería condenó al Conde a no poner nunca en la villa Alcalde mayor que conociese en previa instancia; y aunque le autorizaba a enviar jueces de residencia por espacio de treinta días, ordenaba que no se molestase en nada al Alcalde mayor elegido por el vecindario. Del Conde de Salinas pasó al señorío de Híjar, última Casa solariega que la dominó.

MONUMENTOS.

Una excursión por La Bastida y sus alrededores, paseando la villa histórica, el cementerio antropoideo de San Martín de los Monjes, las ruinas del castillo de Toloño, el claustro derruído del que fué convento de San Francisco, y a dos kilómetros de las ruinas del convento, los restos de algún arco de los diez que formaban el acueducto por donde se traían al convento las aguas de la sierra, nos refrendó la sensación de riqueza arqueológica que la lectura de historias y cronicones nos había dado.

La Bastida es, con Armentia, Estíbaliz, La Guardia y Salvatierra, lugar propicio a la investigación del arqueólogo y a las evocaciones del poeta, y uno de los florones artísticos de Álava.

RUINAS DEL CONVENTO Y DEL ACUEDUCTO.

Como a un kilómetro hacia el Sur de la villa, en parajes tan solitarios como melancólicos, están las ruinas del antiguo convento de San Francisco, llamado de San Andrés de Murga por haberse construído en el mismo lugar donde se alzaba la ermita de este nombre, cedida en 1477 por el obispo de Calahorra D. Pedro de Castro.

En pie no quedan más que los lienzos del claustro y el esqueleto de su arquería; alguna torre que sonríe por sus ventanas derruídas, como una calavera por su desdentada boca; tal cual machón robusto, afianzado a la eternidad como el brazo de un titán al suelo; aquí un muro, donde las claraboyas desoladas producen el dolor de pupilas ciegas; allá un ara de altar por donde, como en la oda de Rodrigo Caro a Itálica, crece y se extiende el jaramago...

Las crónicas nos hablan de que el convento fué uno de los más grandes que tenían los franciscanos en la provincia de Cantabria; de que llegó a reunir 50 religiosos y a ser famosa escuela de Teología y Artes; de que el edificio tenía un templo muy capaz, y, en fin, de la riqueza artística de este monumento fenecido.

Hasta bien entrado el siglo XIX, por los años de 1835, el convento de San Andrés de Murga estuvo regido por franciscanos; después, cuando la primera matanza de frailes, los del convento de San Andrés huyeron y quedó abandonada la hermosa fábrica al furor y a la tea de las guerras civiles, que dejaron en pie las ruinas que hoy visita melancólica y desoladamente todo viajero evocador...

Del acueducto restan, como dijimos, uno solo de los diez puentes que lo componían y varios pilares de sillería, que denotan la consistencia y solidez de construcción tan interesante, por ser tal vez la única de este género en toda la provincia de Álava.

ERMITA DEL CRISTO.

En lo alto de un cerrete que domina la población, está la interesante ermita del Cristo, que fué durante mucho tiempo la iglesia parroquial.

Por su situación; por el espesor de sus bóvedas; por los machones que de trecho en trecho sostienen el terreno donde la fábrica se asienta; por el carácter agrio, seco, realmente militar de la fachada; por las aspilleras que sustituyendo a los ventanales hay en sus muros, es indudable que esta ermita del Cristo fué uno de los templos-fortalezas que, como Santa María de Suso, de Vitoria, y alguno más, fundara el rey D. Sancho, _el Sabio_, de Navarra.

Da cierta autoridad a estas conjeturas el examen de la portada, magnífico, soberbio ejemplar románico, donde el viejo estilo español se manifiesta en toda su elegante severidad. Las columnas son bajas--seis a cada lado--y descansan sobre cenefas de sillería, y los capiteles, que forman como un tercio de los fustes, están labrados de hojas, vástagos, canes y baquetones de rara y característica labor.

Los arcos desenvuelven severamente su curva románica, en toda su pureza española, sin el menor adorno ni el más ligero rastro de ajeno estilo. (Lám. 66.)

La portada, por consiguiente, es un rarísimo y purísimo ejemplar románico. El interior del templo no es menos característico, con su bóveda baja, sus machones recios, su aspecto lóbrego y sombrío de calabozo o de catacumba. En la sacristía se atesoraban numerosos y valiosos objetos artísticos, que desaparecieron cuando la ermita fué saqueada en la primera guerra civil.

IGLESIA PARROQUIAL.

Está situada en el centro de la villa, en uno de los frentes de la plaza Mayor.

Su fábrica es de piedra de sillería y su estilo característico de fines del siglo XVII y principios del XVIII, mezcla el grecorromano con el dórico en forma de agradable ornamentación.

La portada, flanqueada por dos columnas embutidas que se elevan hasta el tejado, forma un arco de altísima cimbra que deja tres zonas o cuerpos. La del piso bajo o entrada al templo, tiene dos puertas divididas por un machón, completamente desprovistas de adorno. Sobre las puertas corre una barandilla que separa a este cuerpo bajo del piso principal, donde se ostenta una estatua de Nuestra Señora, encuadrada por columnitas dóricas.

El tercer cuerpo, rematado por el arco, no tiene más adorno que una ventana, guarnecida de un frontis liso.

El interior del templo es de una sola nave amplísima y tiene algún adorno de relativo mérito. La torre, baja, pero airosa, forma una especie de templete a la italiana, rematado en una terraza octogonal verdaderamente curiosa.

SAN MARTÍN DE LOS MONJES.

De la antigua ermita de este nombre, situada en las afueras de la villa, queda en pie solamente un lienzo de dos arcos románicos, separados por un machón lleno de aspilleras, que denotan el templo-fortaleza de los tiempos del rey D. Sancho, _el Sabio_, de Navarra. (Lám. 67.)

Delante de esta arcada en pie, extiéndese el notable y raro cementerio antropoide, cuyos sillares, levantados por la excavación, dejan al descubierto numerosas sepulturas, de carácter aborigen. (Lám. 68.)

OBJETOS ARTÍSTICOS.

Como la villa fué saqueada por los franceses en la guerra de la Independencia y por los carlistas en la primera y segunda guerra civil, los tesoros artísticos que en sus iglesias y ermitas se guardaban fueron llevados por los saqueadores en términos que ni el arcipreste de La Bastida, D. Guillermo Corcuera; ni el de Zambrana, D. Eugenio Olarte; ni el de Mijancas, D. Ignacio Fernández; ni el de Ocio, D. Ramón Corcuera; ni el de Peñacerrada, D. Braulio Beltrán; ni, en fin, ninguno de los adscritos a la parroquia han podido mostrarnos objetos artísticos dignos de mención.

LA GUARDIA

LA VILLA.

A 30 kilómetros de Vitoria, en una altura que domina la Rioja alavesa, está situada la histórica villa de La Guardia, célebre por su fuero, por sus murallas y por su Hermandad. Actualmente tiene unas 400 casas y más de 2.500 habitantes.

HISTORIA

Fué Hermandad de la cuadrilla de su nombre, la cuarta de las seis en que estuvo dividida Álava.

Ya en el siglo IX, antes de la creación del obispado de Vitoria, dependía de la diócesis de Calahorra, formando un vicariato.

El primitivo origen de La Guardia fué una fortaleza mandada edificar por los Reyes de Navarra, en la cordillera de Sonsierra. Desde mediados del siglo XII se la consideró como plaza fuerte.

El rey D. Sancho, _el Sabio_, la aumentó dándola el célebre Fuero (25 de mayo de 1165) y nombrando gobernador de la villa a D. Rodrigo Martínez.

A pesar del fuero de que gozaba durante los reinados de los Teobaldos, los habitantes de La Guardia sufrieron muchos atropellos, según consta en la escritura de privilegio otorgada por D. Enrique II de Castilla, confirmando a La Guardia en sus fueros y exenciones.

El rey D. Juan I conservó la villa en rehenes hasta el año 1386, en que la devolvió a su cuñado D. Carlos II, y tras de largas y cruentas guerras entre Navarra y Castilla, y después del famoso sitio de La Guardia, por D. Diego de Estúñiga, sobrino del Obispo de Calahorra, pasó la villa a ser de Navarra.

Nuevamente, por D. Enrique IV volvieron a ser rotas las treguas y La Guardia rindióse a D. Rodrigo de Mendoza, fecha en que la reina D.^a María, mujer de D. Enrique, se la mandó entregar al Conde de Tendilla, D. Íñigo López de Mendoza, y quedó incorporada al principado de Viana.

Por fin el Rey Católico, D. Fernando V, tras las luchas habidas entre agramonteses y beaumonteses, ordenó en su famosa carta de 4 de Enero de 1486, escrita a D. Rodrigo de Mendoza, que La Guardia «_entrase en hermandad con la dicha provyncia de bitoria et hermandades de Álava ó con otra provyncia que más en comarca vos quepa_.» Desde entonces La Guardia pertenece a Álava.

RUINAS DEL CASTILLO Y DE LAS MURALLAS.

Quedan en pie gran parte de las murallas, fabricadas de recia y sólida sillería, flanqueadas por II torreones y un castillo pequeño, y adornadas de trecho en trecho por cubos y castilletes con almenas y saeteras.

La muralla tenía cinco puertas, llamadas: de San Juan, de Santa Engracia, de Páganos, de las Carnicerías y del Mercadar.

La altura de esta vieja fortaleza, su situación casi inexpugnable, pues desde ella se domina una gran extensión de terreno, y los pactos y guerras a que su posesión dió lugar, confirman plenamente su importancia histórica.

MONUMENTOS.

Tiene La Guardia, a más de sus murallas y castillo, iglesias y palacios de una notable antigüedad y de gran valor arqueológico y artístico.

La iglesia de Santa María de los Reyes, la de San Juan Bautista o del Pilar, los palacios y casas solariegas de los Mendozas y Zurbanos, la casa en que nació el afamado fabulista D. Félix María Samaniego, el notable edificio que es hoy la residencia municipal, atestiguan el abolengo nobilísimo de esta villa y justifican el largo espacio que en el CATÁLOGO le concedemos.

SANTA MARÍA DE LOS REYES.

La iglesia parroquial de Santa María de los Reyes comenzó a construirse en el siglo XII, conforme al estilo ojival florido.

En el siglo XVIII sufrió grandes reformas y transformaciones, agregándosele una nave muy grande con varias capillas.

Su portada, magnífica, exuberante, forma una quíntuple arquería, con 12 estatuas laterales bajo doseletes labrados, representando los apóstoles y atribuídas a Gregorio Hernández.

Los arcos asimismo están llenos de estatuas, puestas bajo doseletes, éstos y aquéllas mucho más pequeños que las laterales.

El tímpano tiene tres zonas, exornadas profusamente de relieves elegantísimos, con escenas bíblicas. (Lám. 69)

El interior, como se ha dicho, mezcla el estilo puro ojival con adornos grecorromanos de poco gusto. En el altar mayor hay un retablo gigantesco, que se llama de los tres Juanes, porque lo construyeron por los años de 1632 Juan de Arizmendi, Juan de Iralzu y Juan Vascardo, y tiene algunas tallas apreciables. La torre o campanario es un castillete abacial muy elegante.

SAN JUAN BAUTISTA O CAPILLA DEL PILAR.

Se ignora cuándo fué construído el templo de San Juan Bautista, aun cuando «ciertos rasgos bizantinos de su interior» le asignan una antigüedad de doce o catorce siglos, según el sorprendente juicio del Sr. Carreras Candi, y probablemente de algunos siglos menos, a juzgar por los capiteles y esculturas de su atrio, que está hoy convertido en capilla del Pilar.

La portada, de acentuado carácter dórico-jónico, tiene una puerta flanqueada por dos columnas de basamento y capiteles característicos, y un frontón liso, sobre el cual hay un bajo relieve entre adornos de piedra inconfundibles.

Sobre este bajo relieve, que está ceñido por un arco, se mira una hornacina, entre dos columnitas con adornos, en donde hay una bella estatua de la Virgen. A uno y otro lado de la hornacina vense dos claraboyas elipsoideas y toda la decoración de la portada está, como es frecuente en las obras del siglo XVIII, guarnecida de un gigantesco arco superpuesto. (Lám. 70.)

La portada da entrada al antiguo pórtico, que hoy es capilla de la Virgen. La transformación se hizo de 1731 a 1741. La capilla, de forma octogonal, muy semejante a la que Azpeitia dedicó a San Ignacio de Loyola, es verdaderamente hermosa y notable.

Ocho airosas columnas sostienen los arcos del primer cuerpo, y sobre ellos se alzan otros ocho iguales que dejan en su parte posterior un amplio coro rodeando toda la capilla.

Toda la obra es de un gusto y distinción admirables.

LANDA

EL LUGAR.

Se alza sobre una altura que domina un llano. Tiene 25 casas; su población, que hace un siglo era de 200 almas, ha descendido a 50 que tiene hoy.

MONUMENTOS.

Son notables la ermita de San Miguel, en la actualidad medio derruída, y de la cual se conserva gran parte del ábside, con fenestras románicas características, y la iglesia parroquial, del arciprestazgo de Gamboa, que tiene una bellísima portada románicoojival y está bajo la advocación de San Bartolomé. (Láminas 71 y 72.)

LASARTE

EL LUGAR.

A tres kilómetros de Vitoria, en terreno montuoso, rico en ganadería, está la aldea de Lasarte, con 20 casas y unos 100 vecinos.

MONUMENTOS.

Es digna de catalogarse la iglesia parroquial, dedicada a la Asunción de Nuestra Señora y adscrita al arciprestazgo de Armentia.

En la iglesia de la Asunción, de cuya antigüedad nos habla el privilegio otorgado en Burgos por D. Sancho IV, en los años de 1286, ofrece una portada románica en donde apunta ya la ojiva, y un ábside tan singularmente exornado, sobre todo en sus ventanas del centro, que acaso es el más interesante de los muchos interesantes de la provincia, y sin duda el más bello entre los más bellos.

Es de sillería de piedra, recio, fuerte, macizo, y sus ventanas laterales presentan un triple arco románico, de finísimas labores, y seis suntuosas columnas, en cuyos capiteles ricos parece que el artífice agotó los primores del estilo. (Lám. 73.)

Las ventanas centrales son aún más notables y de más extraña labor. En ellas, las columnas están sustituídas por estatuas que descansan sus pies en labrados basamentos y sostienen con sus cabezas capiteles de magnificencia extraordinaria. (Lám. 74.)

LEZA

LA VILLA.

Al pie de la sierra de Cantabria, entre frondosas arboledas surcadas de arroyos, está Leza, villa con cerca de 300 viviendas y unos 500 habitantes.

MONUMENTOS.

Además de la ermita de San Esteban, situada en las afueras, y en la que no se celebra culto ni hay nada interesante que anotar, está la iglesia parroquial adscrita al arciprestazgo de La Guardia, bajo la advocación de San Martín.

Tiene esta iglesia una portada ojival de la primera época, notable por la arcada, llena de adornos muy sencillos; y por la torre, cuyo cuerpo, de época posterior, es elegante y de bastante altura.

LEZAMA

EL LUGAR.

Situado a dos kilómetros de la vía férrea de Miranda a Bilbao, en la extensa comarca que riega el río Altube, tiene 92 viviendas y cerca de 500 vecinos.

MONUMENTOS.

A más de las ermitas de San Sebastián, Santa Marina y Santa María Magdalena, ninguna de las cuales ofrece nada digno de mención, tiene Lezama una iglesia parroquial que, por la portada y el ábside, es ingenuamente románica; pero que en su interior, innoblemente mutilado y modernizado, no presenta los caracteres de ningún estilo definido.

La portada, con un bonito arco apuntado, tiene seis elegantes columnas típicas, y el ábside, cuyos capiteles y ventanas están caprichosamente labrados de grotescos, entre los que se destacan perros y enanos limpia y graciosamente esculpidos, es sumamente extraño y curioso. (Lám. 75.)

También hay en Lezama un palacio, el de Larraco, que tiene un bello pórtico de cinco arcos frontales y dos laterales, separados por machones de sillería.

LEGARDA

LA VILLA.

Situada en la falda del puerto de Arrato, es de origen antiquísimo, pues figuraba ya en el Catálogo de San Millán como perteneciente a la merindad de Divina. Tiene no más de doce casas y cuarenta vecinos.

MONUMENTOS.

A más de la famosa ermita de San Antonio, en donde se celebra una tradicional romería, y que nada ostenta de artístico, tiene Legarda una interesantísima iglesia parroquial adscrita al arciprestazgo de Armentia, bajo la advocación de San Andrés, notable por ser uno de los más puros ejemplares románicos, y por la rara elevación de su esbelta y airosa torre, con aspilleras y una imposta almenada verdaderamente curiosa. (Lám. 76.)

LEORZA

EL LUGAR.

Enclavado en un territorio de las minas de asfalto de Maestu, a orillas del río Ega, se compone de 20 viviendas y unos 80 vecinos.

MONUMENTOS.

La iglesia parroquial del arciprestazgo de Maestu está dedicada a Santa Eugenia, y solamente ofrece de particular su portada, de estilo románicoojival, con adornos ajedrezados de mucha sencillez y gusto.

LOPIDANA

EL LUGAR.

Está situado en una meseta que domina el valle, regado por el Zadorra. Tiene 10 casas y 60 vecinos.

MONUMENTOS.

La iglesia parroquial, adscrita a Armentia, bajo la advocación de la Purificación de la Virgen, también es románicoojival, muy bella y muy interesante.

Su portada tiene un triple arco, que ofrece la notable particularidad de no estar exornada más que en sus líneas del centro, con labradas hojas. Las tres columnas de estos tres arcos son labradas con entrelazos delicadísimos, distintos los de la central e iguales los de las columnas de ambos lados.

Los capiteles, por el mismo orden, tienen hojas iguales en los extremos y distintas el capitel del centro. (Lám. 77.)

El interior también es muy notable, aun cuando ya en las bóvedas se acusa, mucho más que en la portada, el estilo ojival. El retablo del altar mayor parece obra más moderna, y se compone de tres cuerpos o zonas. La inferior, donde está el Sagrario, entre dos columnas lisas, tiene a uno y otro lado dos relieves representando escenas del apostolado. La zona media, que ostenta en su parte central una hornacina con la estatua de Nuestra Señora, tiene a un lado la Anunciación y al otro el Descendimiento. Y la tercera zona remata en solo un cuadro, que corresponde a las hornacinas centrales, ya descritas, y representa la resurrección de Cristo.

El retablo, que es mixto de relieve y talla, está preciosamente trabajado y sus figuras son de elegancia y finura admirables. (Lám. 78.)

También debemos mencionar el ábside, cuyas ventanas ojivales ostentan capiteles con preciosos grotescos y arquería ojival de la primera época.

La iglesia de Lopidana, pues, aun cuando pertenece al período románicoojival, que fabrica, como hemos visto, la mayoría de los templos alaveses, puede decirse que es más ojival que románica.

De románica tiene poco; la portada apenas, pues ya hemos visto que aun cuando sus arcos son románicos propiamente, sus columnas labradas y sus capiteles suntuosos delatan claramente la preponderancia ojival.

En cambio, desde el interior al ábside, desde las bóvedas a las ventanas, el estilo a que diera nombre la ojiva se acusa en términos inconfundibles. Por tanto, aun cuando propiamente no se pueda decir que la iglesia de Lopidana sea ojival enteramente, menos puede afirmarse que sea románica, como quieren algunos alaveses del linaje fanático, que tanto molestara un tiempo al Sr. Amador de los Ríos.

MAESTU

LA VILLA.

A 25 kilómetros de Vitoria, hacia el sudeste, está la villa de Maestu, que tiene cerca de 100 casas y unos 500 habitantes.

MONUMENTOS.

Hasta el siglo pasado se conservaban las ermitas de Santa Eufemia, San Juan, San Vicente, San Anastasio, San Martín y Nuestra Señora del Campo.