Part 1
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CATÁLOGO MONUMENTAL DE ESPAÑA
PROVINCIA DE ÁLAVA
MINISTERIO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y BELLAS ARTES
CATÁLOGO MONUMENTAL
DE
ESPAÑA
INVENTARIO GENERAL DE LOS MONUMENTOS
HISTÓRICOS Y ARTÍSTICOS DE LA NACIÓN
PROVINCIA DE ÁLAVA
POR
CRISTÓBAL DE CASTRO
EDICIÓN OFICIAL
MADRID
EST. TIPOGRÁFICO SUCESORES DE RIVADENEYRA
Paseo de San Vicente, núm. 20.
1915
Reservada la propiedad artística y literaria.
Queda hecho el depósito que marca la ley.
PRÓLOGO
Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora Campos de soledad, mustio collado, Fueron un tiempo Itálica famosa...
(RODRIGO CARO.--_A las ruinas de Itálica_.)
Inventariar los monumentos de un país es renovar su Poesía y acrecer su Historia. El pasado, como el espíritu, no muere, sino que, libre de las impurezas materiales, se ennoblece y enseñorea con el escudo de armas del recuerdo.
«Recordar--dice Eurípides--es resucitar.» La Arqueología bien puede llamarse «ciencia de las resurrecciones»; porque un dolmen, un hacha de silex, una columna rota, una lápida descifrada, pueden ser una teogonía, una batalla, una raza, un pueblo puestos en pie.
De todo el patrimonio artístico, el lote más fecundo es el del recuerdo. Porque el recuerdo de una guerra esculpe el Partenón y dicta la Ilíada; el recuerdo de un Hombre-Dios llena el mundo de catedrales y de oraciones; el recuerdo de una mujer escribe la _Divina Comedia_, pinta la _Gioconda_ y compone la _Novena Sinfonía_. Porque el recuerdo, en fin, es tan humano, que recordando vive la Humanidad, y cuando muere, muere tan sólo para dar vida al recuerdo.
El predominio evocador se dilata por todas las naciones cultas. Paralelo al florecimiento económico desenvuélvese, activo como él y con fiebre investigadora más alta y más noble, el florecimiento histórico-artístico. Los pueblos rivalizan en maquinaria y en documentación. Se diría que, junto a las «guerras de tarifas», nacen las «guerras arqueológicas»; que, para ennoblecer sus nuevas riquezas, cada cual busca su blasón.
De esta hidalga ansiedad moderna surge la Historia, armada de todas armas, como Palas surgió de la cabeza de Zeus. Las ciencias y las artes forman el «coro espléndido» de la Evocación; bibliografía, antropología, numismática, geología, códices, palimpsestos, iconografía, arquitectura, heráldica, toda la espesa fronda del boscaje histórico surge con exuberancia tropical.
La paciencia del monje, la audacia del explorador, el experimento del sabio, aportan a la Historia sus ansiedades. Y cuando en nuestros días levantan Mommsen y Ferrero, Rambaud y Lavisse, sus admirables monumentos de reconstrucción, la Historia no es ya un sangriento reflejo de la Epopeya ni un mudo archivo paleográfico, sino que, abarcándolo todo con sus ojos de Argos conmovido, convierte el estilete ingenuo de Herodoto en la pluma polígrafa de Maspero y de Paul Guiraud.
La riqueza monumental y artística de España estaba amortizada por la incuria, oculta por la «mano muerta» de la ignorancia o del desdén. El Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, con noble aliento de cultura y de modernidad, inicia esta labor desamortizadora, creando los _Catálogos monumentales y artísticos_ de todas y cada una de las provincias. España, en este punto de honor patrio está, pues, incorporada a Europa.
RECORRIDO DE LA PROVINCIA. DOCUMENTACIÓN Y PLAN DEL CATÁLOGO.
La provincia de Álava es pobre de extensión, pero riquísima en poblados. En sus 3.044 kilómetros cuadrados se asientan con la capital 85 villas y 348 aldeas, en muchas de las cuales hay algún testimonio de arqueología.
La empresa, pues, de recorrerla escrupulosamente, registrando sus monumentos y archivos, tomando apuntes y fotografías, aconsejándonos de sus hombres más insignes, hubo de ser tan larga como trabajosa.
Y más lo hubiera sido, al punto de rendir nuestros entusiasmos, de no habernos favorecido tan hidalgamente, ya con libros, ya con fotografías, ya con sus provechosas indicaciones, los señores gobernador civil, D. Salvador Aragón, que nos guió en las excursiones a las basílicas de Armentia y de Estíbaliz; el señor obispo de la diócesis, D. José Cadena y Eleta, que, tras de dispensarnos su cooperación personal, facilitándonos Memorias, planos, folletos, manuscritos y fotografías de la grandiosa catedral en construcción, puso a disposición nuestra, por una orden a los arciprestes, todos los archivos parroquiales del obispado; el presidente de la Diputación, D. Federico Baráibar, quien tras de acompañarnos con su amable y profunda ciencia de poeta y de arqueólogo a la Diputación, al Museo provincial, a varios otros monumentos de la provincia, nos hizo el don valioso de sus libros, folletos, planos y apuntes, autorizándonos para reproducir la numerosa colección de fotografías que remitiera hace años a la Real Academia de Bellas Artes; y los arquitectos de la catedral nueva, en construcción, D. Javier de Luque y D. Julián Apraiz, a quienes por igual debemos gratitud, en su frecuente y reiterada cooperación a la presente obra.
Después de varios días de estancia en Vitoria, donde con tan amable y sabia compañía, no solamente recorrimos y estudiamos sus monumentos de más nota y valor, sino que compusimos el plan de excursión a los pueblos y las aldeas que ostentan un prestigio de arqueología, realizamos ya fácilmente las excursiones a Armentia, Estíbaliz, Arriaga, Eguílaz, Maestu, Antoñana, El Ciego, La Guardia, Labastida, Zambrana, Amurrio, Ayala, Arciniega, Lezama, Altube, Amézaga, Murguía, Ondátegui, Villarreal, Mendíbil, Elorriaga, Matauco, Echábarri, Salvatierra, Urabain, Vicuña, Gauna, Alegría, El Burgo y otras.
De regreso a Madrid, lozanas aún y palpitantes nuestras impresiones, procedimos a la investigación documental en archivos y bibliotecas, acudiendo a la autoridad y saber de los Sres. Conde de Cedillo, D. Narciso Sentenach, D. Antonio Garrido y D. Adolfo Herrera, que componen la Comisión mixta, organizadora de las provinciales de Monumentos, todos los cuales nos favorecieron con sus consejos y bondades en términos que exceden, aun siendo mucha, nuestra gratitud.
Por sus indicaciones y con la diligencia que pedía nuestro entusiasmo, nos fuimos orientando a través del espeso bosque de la Bibliografía, habiendo conseguido examinar, además de los _clásicos_ en la materia--Quadrado, Ponz, Carderera y Ceán Bermúdez, entre otros,--el extensísimo _Viaje a las Iglesias de España_, de D. Joaquín Lorenzo Villanueva, y la _España Sagrada_, del P. Flores; el tomo IV (Vascongadas) de la magna obra _España, sus monumentos y artes_; _su naturaleza e historia_, redactado, como se sabe, por D. Antonio Pirala; el rico, extenso y elocuente _Diccionario geográfico histórico_, de la Academia de la Historia; obras todas de consulta general; la bibliografía especial, geológica, geográfica, histórica, eclesiástica, monumental y artística de la provincia de Álava, en la cual bibliografía descuellan la _Historia civil_ e _Historia eclesiástica de la M. N. y M. L. provincia de Álava_ y los _Compendios históricos de las ciudades y villas de Álava_ (Vitoria, 1798; Pamplona, 1797, y Pamplona, 1798), de D. Joaquín José de Landazuri y Romarate; las _Noticias sobre las vías, poblaciones y ruinas antiguas, especialmente de la época romana, en la provincia de Álava_ (Madrid, 1875), de D. F. Coello y Quesada; los _Estudios monumentales y arqueológicos de las provincias Vascongadas_ (Revista de España, 1871), de D. José Amador de los Ríos; los _Apuntes arqueológicos de Álava_ (Vitoria, 1872), y _El libro de Álava_ (Vitoria, 1877), de D. R. Becerro de Bengoa; la _Crónica general de España_, de D. José Bisso (Madrid, 1868); _Armentia, su obispado y su basílica de San Andrés_, y _Vitoria y los 43 pueblos de su jurisdicción_, de Blas Díaz de Arcaya; la clásica y crédula _Vida de San Prudencio_, de Bernardo Ibáñez de Echavarri; el _Camino romano de Álava_, del sabio clérigo Lorenzo del Prestamero; la _Epigrafía armentiense_ y _En el dolmen de Arriaga_, de D. Federico Baráibar; el _Discurso de los dólmenes alaveses_, de D. Julián Apraiz; los _Alaveses ilustres_, de D Vicente G. de Echavarri; la _Espeleología de Álava_, de D. Luis Heintz y Lloll; el _Obispado y fueros de Álava_, de D. F. Carrera y Candi, y la _Geografía de Álava_, de D. Vicente Vera, obras estas tres últimas incluídas en la voluminosa _Geografía del país vasco-navarro_, dirigida por el Sr. Carrera y Candi y copiosamente enriquecida con planos, mapas, fotografías y estadísticas, que acrecen su valor científico, artístico y literario.
Ordenados nuestros apuntes, planos, mapas, fotografías y manuscritos, hemos dispuesto el plan de la presente obra, procurando seguir los métodos históricos modernos, esto es, ir evocando cronológicamente la aparición de las diversas civilizaciones y con ellas las de sus monumentos y gesta de arte.
Tocante a las fotografías, siguen al texto como su resumen plástico, y, conforme a justicia, las que nos han sido diligentemente facilitadas, llevan al pie los nombres de sus generosos prestatarios.
En tales condiciones, ya que no de saber, de escrupulosa investigación emocional y documental, hemos acometido la honrosa y, para nuestros cortos medios, difícil empresa que el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes se sirvió confiarnos, por Real orden de 31 de julio de 1912, y que señalará, por sus aciertos, el saber y la autoridad de nuestros consejeros y auxiliares, y marcará, en sus deficiencias, las huellas desafortunadas, pero diligentes, de nuestros grandes entusiasmos...
ÁLAVA
CAPÍTULO PRIMERO
MONUMENTOS PREHISTÓRICOS
...Antes que una voz tan solo diera El nacimiento al mundo Y la tierra arrancara del profundo Abismo de los mares...
(MILTON.--_El Paraíso perdido._)
Ambas, como arañadas en el bloque de un gran peñasco, despiertan en el visitante honda emoción, y su ingenuidad ruda y toscos trazos nos hablan de hombres fabulosos, gigantescos, que cubiertos de pieles y los cabellos en desorden, penetran en la cueva dando gritos y esgrimiendo las hachas de pedernal.
¿Qué antigüedad se asigna a estas esculturas? ¿Son de los aborígenes o de los invasores? Los eruditos alaveses D. Sotero Mantelli, don Ricardo Becerro de Bengoa, D. Miguel Rodríguez Ferrer y D. Ladislao Velasco, no dilucidan la cuestión. El Sr. Amador de los Ríos, que tan prolijamente abogó por considerar el monumento megalítico de San Miguel de Arrechinaga, en Vizcaya, «cual misterioso lazo que uniendo, dentro del suelo vascongado, en indestructible cadena, las edades prehistóricas con los tiempos históricos, perpetúa y transmite hasta nuestros días la memoria de aquellos hombres a quienes fué dado acaso el asentar su planta por vez primera en sus encrespados valles y montañas», no menciona las esculturas de Marquínez.
Solamente el Sr. Carreras Candi, en su monumental _Geografía del país vasco-navarro_, sostiene que esas tallas de la piedra son esculturas protohistóricas, inclinándose a que los hombres que las trabajaron fueron los primitivos, los primeros habitantes del suelo alavés.
CAPÍTULO II
MONUMENTOS CELTAS
El dolmen tal vez fué al mismo tiempo túmulo y altar, porque para los celtas la muerte no era el fin de la vida, sino el comienzo de la oración a sus dioses.
(JOAQUÍN COSTA.--_La poesía popular española y Mitología y Literatura celto-hispanas._)