Development of Gravity Pendulums in the 19th Century Contributions from the Museum of History and Technology, Papers 34-44 On Science and Technology, Smithsonian Institution, 1966

Chapter 1

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Las almas de fuego no sienten como las almas vulgares.

Querido amigo: después de tu partida, un suceso infausto ha venido a interrumpir la tranquilidad de mi corazón. En el seno de mis ilusiones y al abrigo del cariño maternal yo me reposaba sin imaginarme, ni aun en sueños, que la desgracia avara del bien podía venir a arrebatarme de ese mundo de glorias engendrado por mi imaginación, para trasportarme a otro lleno de imágenes sombrías y de realidades terribles. La previsión maternal me evitaba mil inquietudes y zozobras y mi ser en una armonía perfecta gozaba de aquel bien inefable que no tiene nombre en la tierra y que en la lengua de los ángeles se llama felicidad. Mi madre también era feliz al ver el esmero que yo ponía en agradarla, al paso que lisonjeado con la idea de que llegaría el día en que pudiese recompensar de algún modo sus bondades y cariños, proporcionándole una vejez cómoda y tranquila, yo me afanaba en enriquecer mi inteligencia correspondiendo a sus deseos para poder entrar a desempeñar con suceso en la sociedad los deberes de hombre. Pero temo, amigo, que mis esperanzas sean ilusorias: una melancolía profunda se ha amparado de su espíritu; ha renunciado a todo alimento y va perdiendo poco a poco sus fuerzas. Un presentimiento fatal le dice, como en secreto, que se acerca el término de su carrera y la hace desesperar de su salud. En vano trato yo de disuadirla para que aleje de su imaginación esas lúgubres ideas y se libre a su jovialidad ordinaria; en vano, amigo: una especie de vértigo embarga sus sentidos y no presenta a su espíritu enervado sino imágenes de muerte. Parece que una mano oculta la arrastra hacia el sepulcro. ¡Qué desdichado seré si pierdo a esta buena madre! ¿Quién será mi mentor y mi guía en el camino del mundo? Tiemblo al pensarlo solamente. Sin experiencia en la edad de las pasiones, devorado de mil deseos, ¿quién será mi consejo? ¿Quién me ayudará a retener estos impulsos violentos del corazón y me hará oír la voz de la razón en medio de la tormenta de las pasiones? ¿Quién me emulará en mis estudios y me enseñará el camino por donde se llega a la ilustración? ¿Quién será, en fin, mi verdadero amigo?

Una idea me atormenta: creo haber sido la causa involuntaria de la melancolía que la consume. Los halagos seductores de una mujer me arrastraron a algunos excesos; la ignorancia y la indiscreción propagaron y exageraron estos extravíos de mi inexperiencia: ella los supo y desde entonces data su enfermedad: calla por no afligirme, sin duda, pero yo he creído leer en su semblante mi acusación y mi martirio.

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Junio 30 de 182...

Mis infaustos temores se van realizando. Ya no hay medicina para su mal. Cuando articula algunas palabras, el cansancio y la fatiga las ahogan entre sus labios Paso los días y las noches al lado de su cama prodigándole mis inútiles cuidados, y no me canso de contemplar aquella fisonomía antes tan dulce y expresiva, ahora pálida y desfigurada con el lívido velo del dolor. Sin embargo, sus ojos conservan toda su expresión y son aún el espejo de aquel corazón tan sensible, tan puro y tan humano. Anoche lo pasé en vela a su lado, y por la mañana me retiré a descansar; pero al poco rato me hizo llamar. ¡Ah, qué escena tan desolante! Arrojéme sobre su cuerpo casi yerto, lo regué con mis lágrimas, imprimí mil y mil besos sobre su frío rostro y pareció animarse como con un éter vivificante al respirar mi aliento; recogió todas sus fuerzas y articuló estas palabra: "Hijo, yo me muero: la Providencia me llama a su seno... Ya mi hora va a sonar: tú quedas solo en el mundo... No te olvides de mis lecciones.. Eres joven; no te dejes arrastrar por tus pasiones... El hombre debe abrigar aspiraciones elevadas. La Patria espera de sus hijos: ella es la ú nica madre que te queda: A... " y la palabra expiró en su garganta y la expresión de su fisonomía y de sus ojos me dijeron el resto con voz callada y elocuente. Mi dolor llegó a su colmo, me arrancaron de entre sus brazos y mi mente está aún tan turbada que me falta el tino para escribirte.

¡Qué preliminares tan espantosos los que preceden al pasaje de la vida a la muerte! Como si la distancia del ser al no ser fuese inmensa; como si un muro de diamante se interpusiese entre el sepulcro y la vida, se mueven mil resortes para evitar el golpe fatal; pero él cae como la cuchilla justiciera burlándose de nuestra previsión y poder y nos muestra en un instante que la vida y la muerte son dos puntos que se tocan o dos accidentes pequeños en la vida general del universo.

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Julio, 28 de 182...

El verdadero motivo de mi silencio lo habrás, sin duda, adivinado. Llegó al fin el fatal momento y con él un cúmulo de aflicciones que ya me faltan fuerzas para soportar. La vigilia y el dolor me obligaron a hacer cama; no he podido verla más ni decirle el último adiós. Me ocultaron la catástrofe por algunos días; pero el semblante de los que me rodeaban hablaba elocuentemente a mi corazón. ¡Qué momentos tan crueles! Levantéme de cama; busqué a mi madre y no la encontré; estaba en el sepulcro. La eternidad la separaba de mí. Mis sentidos cayeron en estupor, la fuerza del sentimiento heló las lágrimas en mis ojos, y mi corazón quedó como deshecho. He permanecido por algunos días en una especie de pasmo o suspensión de que conservo una idea muy confusa: estuve, segú n me dicen, a punto de enloquecer. He salido por fin de ese letargo, pero para sentir más el horror de mi situación. Ven, amigo, y sabrás apreciarla, la pluma cae de mi mano. Perdí a mi padre cuando no podía aún apreciar su pérdida y en un mes he perdido lo que más adoraba y lo que hacía la felicidad de mi vida. ¿ Qué es la vida, amigo, y la felicidad para el hombre? Vanos sueños, sombras fantásticas que se disipan en un momento.

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Agosto, 1°

Ella expiró; pero su imagen está grabada aquí en mi corazón y en todas mis potencias con caracteres indelebles. Ella me consuela en mis sueños y me acompaña en todas partes. El hábito de verla y hablarla me lleva muchas veces a su cuarto: allí está la silla, el sofá, la mesa, la cama; pero todo desierto y silencioso... Salgo de allí como un frenético y corro por las calles hasta llegar a su sepulcro; me hinco sobre la fría losa que lo cubre; lloro, ruego, la llamo y una voz apagada me responde del seno de la tierra: "Está en el cielo". Sí, amigo, está en el cielo, pero yo no estoy con ella y estoy solo en el universo.

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Agosto, 28

Tú me aconsejas un viaje a la capital donde los pasatiempos y la sociedad podrán proporcionarme alguna distracción y contribuir a aliviar mi dolor. Te engañas, amigo, si has creído que el ruido del mundo y el trato de los hombres puedan ser un bálsamo para mi corazón. Además no está entre los felices el consuelo del desdichado. No hay amigos para el dolor, porque el que sufre lleva escrito en la frente este emblema que todos miran con horror. Nada yo puedo hacer para halagar las pasiones del hombre feliz. La prosperidad es el único cebo de los amigos; ellos vienen cuando podemos entregarnos con júbilo insensato a los placeres y mezclarnos en sus reuniones tumultuosas, destilando con boca risueña pláticas insípidas y licenciosas. Pero cuando la tristeza oscurece nuestros semblantes y las lágrimas humedecen nuestras mejillas, huyen aterrados. Este triste desengaño lo he adquirido desde la muerte de mi madre: pocos días de tribulación han bastado para alejar a mis amigos de casa; mi dolor los fastidia y me llaman débil por que sé sentir. Tú solo me has quedado en esta tormenta. Estoy rodeado de ingratos y debo salir de este lugar que sólo me inspira ideas desolantes: y ¿adónde iré?

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Septiembre, 20

He resuelto bajar a la Capital, donde me llama un litigio de intereses que dejó pendiente mi madre; mi salud está muy quebrantada y pienso antes pasar algunos días en una estancia poco distante de... De allí te escribiré cuantas veces haya proporción. Vengo de regar con mis lágrimas, quizá por la última vez, la tumba de mi madre: mil dolorosas memorias vinieron a asaltarme en aquel religioso deber; allí se me presentaron como fantasmas colosales los deslices de mi juventud y me increparon con voces penetrantes mis errores. En vano tú tratas de disuadirme: yo abrevié los días de mi desventurada madre; mis desaciertos le ocasionaron aquella melancolía profunda que la consumió; yo robé al mundo aquella vida tan preciosa empleada toda en socorrer al desvalido y en aliviar la humanidad doliente.

¡Y aún vivo, y aún la tierra me sustenta!... ¿Por qué no se abre bajo mi planta y me sepulta de una vez en sus entrañas? Así al menos los ayes de mi dolor no importunarían al mundo; el eco sordo de la conciencia y el murmullo de la detracción no herirían más mis oídos; ni esos hombres intolerantes y débiles que no consideran la edad, la inexperiencia, los lazos que la sociedad corrompida tiende a la indiscreta juventud, me fastidiarían con sus insípidas reflexiones, ni con el amargo cuadro de mis desaciertos. ¿Y somos por acaso árbitros de nuestras acciones, cuando las pasiones hierven en el corazón; cuando luchamos débiles contra las tentaciones que nos rodean para relevarnos en la opinión de los demás; para hacer ver que somos fuertes y cautivar la admiración y los aplausos? ¿No son la presunción y el orgullo las primeras lecciones que nos da la sociedad, y por consiguiente los primeros móviles del corazón humano?

La vida es un sueño que agitan mil imágenes terribles.

Mil imágenes terribles agitan el sueño de la vida.

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Octubre, 1°

La herida de mi corazón sangra a cada paso y no hay bálsamo en la tierra que pueda curarla. Busco a mi madre y no la encuentro, y una voz interior me dice: tú abreviaste sus días... perdóname, sombra querida; no fue mi voluntad criminal; yo estoy inocente y te venero, y te adoro aún más que mi vida.

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Octubre, 2O

Tú sabes cómo yo me recreaba con la vista de alguna escena imponente de la naturaleza; cómo gustaba entregarme al curso de mis pensamientos en medio de las llanuras desiertas de nuestros campos o en el abrigo de esos montes donde apenas penetra la luz; cómo mi imaginación se eleva en la soledad a las mas altas contemplaciones ansiando penetrar los arcanos del universo. Tú me has visto más de una vez desaparecer súbitamente de las placenteras reuniones, abandonar mis lecturas favoritas, para ir a esparcir mi ánimo en el retiro silencioso y entregarme libre a la meditación. ¡Qué instantes tan felices aquéllos! Entonces mi corazón estaba tranquilo; ningún contratiempo había venido aún a turbar la armonía de mis facultades, y exento de cuidados podía divagar a mi antojo por las regiones fantásticas de mi imaginación. Ahora obligado a arrastrar la pesada cadena del infortunio, me muevo lentamente; estoy atado a la argolla de los pesares, punzado a cada paso por el aguijón del dolor, devorado interiormente por una actividad que me consume; y sin poder desatarme de las prisiones que me abaten, siento un gran vacío en mi corazón que nada creo es capaz de llenar. ¿Dónde está la que me dio el ser; la amiga de mi juventud; la mujer venerable cuyo influjo divino relevaba mi espíritu abatido descubriéndole un mundo nuevo de ideas y pensamientos sublimes? Ninguna de mis facultades quedaba inactiva en su presencia y siguiendo mi inteligencia progresivamente sus inspiraciones, se elevaba sin sentirlo hasta la excelsitud de mi razón abrazando en su vuelo sublime la inmensidad de la creación. Ella penetraba todos mis sentimientos porque mi alma y la suya eran como dos hermanas.

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Noviembre, 2

Mi anterior fue escrita en camino y hoy hace dos días que estoy en la estancia de... Pienso permanecer aquí algún tiempo por ver si consigo restablecer mi salud. El paraje es desierto y solitario y conviene al estado de mi corazón; un mar de verdura nos rodea y nuestro rancho se pierde en este océano inmenso cuyo horizonte es sin límites. Aquí no se ven, como en las regiones que tú has visitado, ni montañas de nieve sempiterna, ni carámbanos gigantescos, ni cataratas espumosas desplomándose con ruido espantoso entre las rocas y los abismos. La naturaleza no presenta variedad ni contraste; pero es admirable y asombrosa por su grandeza y majestad. Un cielo sereno y transparente, enjambres de animales de diversas especies, paciendo, retozando, bramando en estos inmensos campos, es lo que llama la vista y despierta y releva la imaginación. He notado en mi tránsito que las gentes son sencillas y hospitalarias; siempre me han dado alojamiento en lo interior de sus reducidas chozas como si no fuese un desconocido. Mis huéspedes me han hecho el mismo acogimiento y me han cobrado en dos días una afección y cariño que no he podido adquirir con un trato largo y continuo en las ciudades. Se empeñan en que los acompañe algunos meses. No saben mi desgracia, pero han notado que estoy melancólico y que busco la soledad. ¡Buena gente! ignoran que la tristeza ha echado raíces profundas en mi corazón.

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Diciembre, 12

Todo entregado a la meditación paso momentos deliciosos en estas soledades. Mi imaginación se anima y sale del letargo sombrío y ominoso que la abruma, al contemplar los encantos del espectáculo maravilloso que la rodea. De todo me olvido, de mi dolor, de mi aislamiento, del mundo y aun a veces de mí mismo. Al romper el día hago ensillar mi bruto fogoso, monto y salgo con algunos peones a recorrer el campo y los rodeos de ganado; luego me separo de ellos y voy a visitar algunos ranchos vecinos y en todos encuentro la satisfacción y el regocijo que huyen de mí. Huyo yo también de estas moradas de felicidad y perseguido por mis lúgubres ideas, suelto la rienda a mi caballo, para aturdir mi mente y me alejo más y más hasta perderme en medio del desierto. Persigo al sagaz avestruz, corro en pos del ligero venado y luego bajo fatigado a reposar en el verde prado. ¡Qué gusto! verse transportado de aquí allí como por las alas del viento; volar de un sitio a otro y esparcir su vista a la vez por horizontes diversos y luego venir a reposarse alrededor de una multitud de insectos que hormiguean y chillan, de una multitud de aves que vuela o reposa también, y de enjambres de cuadrúpedos que rumian tranquilamente la yerba! ¡Observar el orden y la armonía de la naturaleza y elevarse hasta la meditación de sus leyes inmortales, y descubrir allá, en el corazón del universo, la mano omnipotente que lo rige! ¡Qué vuelo tan sublime toma entonces la fantasía, cómo se llena de gozo a medida que penetra y mira faz a faz los maravillosos arcanos de la creación! Su elemento es infinito, el cielo, los espacios imaginarios, el universo todo, lo abarca y lo sujeta a su atracción. ¿ Quién no queda absorto al contemplar en la callada noche el disco melancólico y plateado de la luna, acompañado de esa multitud de faros rutilantes que pueblan el firmamento? ¿Quién, al respirar el aroma vivificante de las flores en medio de esta soledad y de este silencio que no interrumpen sino el balido de la oveja, el relincho del caballo y el chillido de los insectos, queda frío espectador y no siente en su corazón emociones peregrinas? Y luego ¡tanta luciérnaga ambulante, el murmullo del arroyo y esos fuegos fatuos que se levantan, se acercan, se alejan y desaparecen dando pábulo a la fantasía y aterrorizando al vulgo! Son las doce de la noche y es la hora que yo voy como Ossian a interrogar mis recuerdos al resplandor de la luna, a escuchar las melodías aéreas y a hablar con mi corazón.

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Diciembre

Ayer, retirándome a mi choza con el crepúsculo vespertino encontré a una joven campesina arreando a caballo, un pequeño hato de ovejas que se había alejado un poco del redil, en busca de alimento. Su rostro hermoso, aunque algo tostado por el ardor del sol, su aire pensativo y melancólico, me interesaron. Acerquéme a ella cortésmente y la dije: parece que Ud. no se apura mucho por concluir su tareas y las ovejas se han apercibido sin duda de su negligencia y caminan con pasos perezosos. ¿Quiere Ud. que le ayude? Ya la noche se acerca y hay alguna distancia de aquí a su rancho. Muy bien, señor, me contestó, y heme aquí pastor de Arcadia guardando ganados con mi bella Galatea: ella por un lado y yo por otro picamos los caballos y dimos un repunte a las ovejas que se habían desparramado un poco, y seguimos al tranco sus lentos pasos, dando de cuando en cuando un grito o un silbido para hacerles notar nuestra vigilancia. Caminábamos así y punzado por la curiosidad le dije: Ud. me parece triste y pensativa ¿Qué cuidado le aflige? Ninguno, señor, me contestó. ¿Cómo ninguno? la repliqué: su fisonomía de Ud. indica que tiene alguna pena secreta y yo me intereso en saberlo. No, señor, no tengo pena ninguna, y las lágrimas le brotaron en los ojos.

En esto la luna aparecía como un globo de fuego en el claro horizonte y bailaba con sus rayos plateados la inmensa llanura que semejaba a un océano movido por la brisa suave del occidente. El cielo estaba claro y centellaban aquí, allí, en el firmamento con luz incierta varios grupos de estrellas, mientras que el aire embalsamado con el aroma de las yerbas halagaba dulcemente los sentidos y despertaban en el corazón mil emociones tiernas y apacibles. Paráronse las ovejas a poca distancia del rancho y oí una voz de mujer desde su puerta repetir altamente: ¡María! ¡María! ¿Quién la llama a Ud.? la dije. Mi madre, me contestó; no tiene más compañía que yo y se aflige cuando está sola; mi padre y mi hermano están en la frontera.

Llegamos en esto al rancho y la madre de María me recibió con agasajo sencillo pero algo embarazada y sorprendida; mas luego se recobró cuando le conté el encuentro fortuito de su hija. En su modo de expresarse y maneras manifestaba la señora que no había tenido siempre el rústico roce de los campesinos. Hablamos de cosas indiferentes y le hice notar el interés que me había inspirado el rostro y ademán melancólico de María. Entonces ella me contestó poco más o menos en estos términos: La tristeza de mi hija es muy fundada; mi hijo hace como un mes partió con un escuadrón de milicias que salió a escarmentar los bárbaros de la frontera, que como Ud. debe saber, han entrado a nuestros campos matando, robando y desolando todo cuanto encuentran. El futuro esposo de mi hija ha ido en seguida de él y hemos quedado solas con un peón de mala cabeza que hace dos días que no parece por aquí. Aún no hemos tenido noticias de ellos y nuestro cuidado se aumenta porque supimos ayer que el escuadrón fronterizo se ha batido con los indios. ¡Quién sabe cuál habrá sido su suerte! Yo que estoy habituada a los contratiempos y los trabajos, no me afecto tanto como María que empieza a vivir y se ha hallado burlada en sus primeros amores. Pero su hija de Ud. debe consolarse, le contesté, pues su amante ha ido a llenar uno de los primeros deberes del patriota y se cubre de gloria cuando corre a prestar su brazo para defender su tierra posponiendo los intereses de su corazón a los de la patria.

Este elogio de su querido animó a María que enajenada dijo: Mire Ud. si tendrá sentimientos elevados Alberto: estábamos en vísperas de casarnos cuando llegó a sus manos una proclama del gobierno a los habitantes de la campaña anunciándoles la próxima incursión de los indios y diciéndoles que se preparasen para defender sus fortunas y familias. Ese mismo día escogió sus mejores caballos, preparó su equipaje y me dijo: La Patria, tu vida y la de mi familia peligran, los indios están próximos; estos son deberes sagrados para un hombre de honor, yo no puedo desconocerlos. Cuando haya servido a mi Patria vendré a consagrarte mi mano y mi corazón. Ya tu hermano me precedió, voy a seguirlo: adiós, volveré glorioso y enamorado. Diome un abrazo y se fue.

La noche estaba avanzada, mi caballo algo cansado de las carreras del día, mi rancho algo distante, y resolví, cediendo a las repetidas instancias que me hicieron, pasar la noche allí. Cenamos los tres cordialmente un buen asado de cordero; retirámonos a dormir y al romper el día dije adiós a mis dos amables huéspedes, después de haberles prometido que pronto les daría noticias ciertas de los ausentes. Quedaron algo consoladas con mi promesa, monté a caballo y me retiré lentamente pensando sobre las vicisitudes de la suerte y sobre la fragilidad de las cosas humanas.

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La idea de los padecimientos de los otros debe derramar el bálsamo de la conformidad en los corazones afligidos, pues que ella nos prueba claramente que la humanidad nació para sufrir. Yo siento menos mis dolores cuando pienso que otros son más infelices que yo y soportan con más paciencia sus calamidades.

He sabido que la señora de que hablé en mi última carta pertenece a una familia distinguida de... que poseía una fortuna pingüe en la campaña, y que la guerra civil la dejó del día a la noche casi en la indigencia. Después de esta catástrofe reunió lo que pudo de los despojos de su riqueza y reducida por la necesidad se retiró con su marido y sus dos hijos al paraje donde yo la vi ayer. Su esposo murió al poco tiempo y sin más apoyo que su hijo y María vive soterrada en el campo, olvidada del mundo, y conforme con su destino.

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Hoy me retiraba al tranco del caballo a mi rancho acompañado de un peón. El viento adormido apenas respiraba. El sol flameaba como una hoguera inmensa en el firmamento y el blanco desierto semejaba a un mar de luz resplandeciente. Toda la naturaleza parecía envuelta en un letargo profundo ocasionado por el ardor febeo. Caminábamos y de repente una nube opaca nos interceptó los rayos del sol y nos cubrió con su sombra; miré hacia el cielo y vi con admiración cómo un cono opaco cuya base tocaba en la tierra y cuyo vértice se elevaba hasta las nubes que reflejando los rayos de la luz, parecía coronado de una aureola resplandeciente, y ondeaba y hervía como torbellino en el espacio. Pregunté al peón qué era aquello, y me contestó: es un hormiguero de hormigas voladoras que ha reventado: cuando el tiempo está sereno, el viento no sopla y hace mucho calor, revientan con frecuencia. ¿Qué Ud. nunca ha visto eso? No, le respondí; es una cosa bastante rara y dudo que sea lo que tú dices. Llegamos a casa y la relación de muchas personas confirmó mi fe en este fenómeno maravilloso, que yo había tomado por meteroro.

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