Carta De Pedro De Valdivia Al Emperador Carlos V 15 De Octubre

Chapter 5

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Asimismo suplico a V. M. sea servido de me mandar confirmar y hacer de nuevo merced del oficio de alguacil mayor de la dicha gobernación, perpetuo para mí y mis herederos.

Asimismo suplico a V. M. sea servido de me hacer merced de las escribanías públicas y del cabildo de las ciudades, villas e lugares que yo poblare en esta gobernación y si V. M. tiene hecha alguna merced dellas, a aquélla suplico la mía siga, expirando la primera.

Asimismo, si mis servicios fueren acebtos a V. M. en todo o en parte, pues la voluntad con que yo he hecho los de hasta aquí y deseo hacer en lo porvenir es del más humillde y leal criado, súbdito e vasallo de su cesárea persona que se puede hallar, a aquella muy humillmente suplico, en remuneración dellos, sea servido de me hacer merced de la ochava parte de la tierra que tengo conquistada, poblada y descubierta, descobriere, conquistare e poblare, andando el tiempo, perpetua, para mí e para mis decendientes, y que la pueda tomar en la parte que me paresciere, con el título que V. M. fuere servido de me hacer merced con ella.

Asimismo suplico a V. M. por la confirmación de la merced de que pueda nombrar tres regidores perpetuos en cada uno de los pueblos que poblare en nombre de V. M. en esta gobernación, y de nuevo me haga merced de que los tales regidores por mí nombrados no tengan nescesidad de ir por la confirmación al Consejo Real de Indias, a cabsa del gasto que se les podría recrecer en el enviar y daño que podían rescibir en el ir, por el largo e trabajoso viaje.

Asimismo suplico a V. M., atento los grandes gastos que en lo porvenir se me han de recrecer, porque no tengo hasta el día de hoy diez mill pesos de provecho, y son más de cient mill, por lo menos, los que gastaré en cada un año, para me prevenir en algo para ellos, sea servido de me hacer merced y dar licencia para que pueda meter en esta gobernación hasta el número de dos mill negros, de España o de las islas de Cabo Verde, o de otras partes, libres de todos derechos reales, y que nadie pueda meter de dos esclavos arriba en esta dicha gobernación sin mi licencia, hasta tanto que tenga cumplida la suma dicha.

Asimismo suplico a V. M. que, atentos los gastos tan excesivos que he hecho después que emprendí esta jornada, por el descubrimiento, conquista, población, sustentación y perpetuación destas provincias, e los que se me recrecieron cuando fui a servir contra la rebelión de Gonzalo Pizarro, como paresce por los capítulos desta mi carta, sea servido de me mandar hacer merced y suelta de las escripturas mías que están en las Cajas Reales de la ciudad de los Reyes y de la de Santiago, que son de la cantidad siguiente: una de cincuenta mill pesos que yo tomé en oro de la Caja de V. M. de la ciudad de Santiago, cuando fui a servir al Perú como es dicho, y otra escritura que hice a los Oficiales de la ciudad de los Reyes, del galeón y galera que me vendieron de V. M., y comida que me dieron en el puerto de Arica para proveer la gente que traje a estas partes, de cantidad de treinta mill pesos; y más treinta e ocho mill pesos que debo por otras escrituras a un Calderón de la Barca, criado que fue de Vaca de Castro, los cuales debo de resta de sesenta mill pesos que tomé de la hacienda que se trajo acá del dicho Vaca de Castro, en el navío del piloto e capitán Juan Bautista de Pastene, para remedio de la gente que en esta tierra estaba sirviendo a V. M., como está dicho, que por haber sido de Vaca de Castro, es ya de V. M., que montan estas tres partidas dichas ciento diez y ocho mill pesos de oro: desto suplico a V. M., como tengo suplicado, me haga merced y suelta.

Asimismo suplico a V. M. sea servido se me haga otra nueva merced de mandar sea socorrido con otros cien mill pesos de la Caja de V. M. para ayudarme en parte a los grandes gastos que de cada día se me ofrescen, porque mi teniente Franci sco de Villagra aún no es vuelto con el socorro por que le envié, e ya despacho otro capitán, que parte con los mensajeros que llevan esta carta, con más cantidad de dinero al Perú a que me haga más gente; y como el teniente llegue, irá otro, y así ha de ser hasta en tanto que se efectúe mi buen deseo en el servicio de V. M.

Asimismo suplico a V. M. que por cuanto esta tierra es poderosa de gente y bellicosa y la población della es a la costa, que para la guardia de sus reales vasallos sea servido de me dar licencia que pueda fundar tres o cuatro fortalezas en las partes que a mí me pareciese convenir desde aquí al Estrecho de Magallanes e que pueda señalar a cada una dellas para las edificar e sustentar el número de naturales que me paresciere, e darles tie rras convenientes como a los conquistadores para su sustentación, las cuales dichas fortalezas V. M. sea servido de me las dar en tenencia para mí e mis herederos, con salario en cada un año, cada fortaleza, de un cuento de maravedís.

Asimismo suplico a V. M. sea servido, atento que la tierra es tan costosa y lejos de nuestras Españas, de me hacer merced y señalar diez mill pesos de salario y ayuda de costa en cada un año.

Sacra Majestad, yo envío por mensajeros con estos despachos y carta, al reverendo padre, bachiller en teología, Rodrigo González, clérigo y presbítero, y a Alonso de Aguilera, a dar cuenta a V. M. y señores de su Real Consejo de Indias de mis pequeños servicios hechos en estas partes y de la voluntad tan grande que me queda de hacerlos muy más señalados en servicio de nuestro Dios y de V. M., dispensando Él por su infinita misericordia de que yo sea instrumento para los de adelante, como lo he sido para los de hasta aquí; con poder bastante para pedir mercedes de mi parte y sacar las provisiones y cédulas de las que V. M. será servido de me hacer y acostumbra dispensar con sus súbditos e vasallos que bien e lealmente sirven, como yo siempre lo he hecho y haré durante la vida; y las instrucciones que se me hobieren de enviar, para que sepa en lo que tengo de servir, por no errar en nada, porque mi deseo es tener claridad en todo, para mejor saber acertar.

El reverendo padre Rodrigo González es natural de la villa de Costantina y hermano de don Diego de Carmona, deán de la Sancta Iglesia de Sevilla; vino comigo al tiempo que yo emprendí esta jornada, habiendo salido pocos días antes de otra muy trabajosa y peligrosa, por servir a V. M., que hizo el capitán Pedro de Candia en los Chunchos, donde murieron muchos cristianos y gran cantidad de los naturales del Perú que llevaron de servicio y con sus cargas, de hambre; e los que salieron, tovieron bien que hacer en convalecer e tornar en sí por grandes días. En lo que se ha empleado este reverendo padre en estas partes es en el servicio de nuestro Dios y honra de sus iglesias y culto divino, y prencipalmente en el de V. M.; en esto y con su religiosa vida y costumbres en su oficio de sacerdocio administrando los sacramentos a los vasallos de V. M., poniendo en esto toda su eficacia, teniéndolo por su prencipal interese y riqueza.

Ciertas cabezas de yeguas que metió en la tierra con grandes trabajos, multiplicándoselas Dios en cantidad por sus buenas obras, que es la hacienda que más ha aprovechado y aprovecha para el descubrimiento, conquista, población e perpetuación destas partes, las ha dado e vendido a los conquistadores para este efeto. Y el oro que ha habido dellas, siempre que lo he habido menester para el servicio de V M. y para me ayudar a enviar por los socorros dichos para el beneficio desta s provincias, me lo ha dado y prestado, con tan buena voluntad como si no me diera nada; porque su fin ha siempre sido y es en lo espiritual, como buen sacerdote, ganar ánimas para el cielo de los naturales, e animar a los cristianos a que no pierdan las suyas por sus codicias, sembrando siempre entre ellos, paz e amor que el Hijo de Dios encargó a sus discípulos cuando se partió deste mundo, y en lo temporal, como buen vasallo de V. M., ayudar a engrandecer su Corona Real viribus et posse. La conclusión es en este caso, que después de haber hecho el fruto dicho, por verse tan trabajado y viejo, ha determinado de se ir a morir a España y besar primero las manos a V. M., siendo Dios servido de le dejar llegar en salvamiento ante su cesáreo acatamiento, y darle razón de todo lo destas partes, que como tan buen testigo de vista, la podrá dar como yo. Y por más servir y ver cómo estaban las ovejas que él había administrado, cuando vine a la población e conquista desta ciudad de la Concebción, habiéndole dejado por su ancianidad en la cibdad de Santiago, se metió a la ventura en un pequeño bajel e vino aquí a nos animar y refocilar a todos en el amor e servicio de nuestros Dios; y hecha esta romería, dio la vuelta a la dicha cibdad a hacer en ella su oficio. Yo le despacho desta cibdad de la Concebción, porque por mi ocupación y su vejez no nos podemos ver a la despedida, y por las causas dichas y fruto que hemos cogido de las buenas obras y santas doctrinas que entre nosotros ha sembrado en todo este tiempo, todos los vasallos de V. M. lloramos su ausencia y terníamos nescesidad en estas partes de un tal prelado. De parte de todos los vasallos de V. M. que acá estábamos y le conoscemos, que poder me han dado para ello, e de la mía, como el más humillde súbdito y vasallo de su cesáreo servicio, suplicamos muy humillmente a V. M. sea servido, llegado que sea en su Real presencia, le mande vuelva a estas partes a le servir, mandándole nombrar a la dignidad episcopal destas provincias, haciéndole merced de su real cédula, para que, presentada en el consistorio apostólico, nuestro muy Sancto Padre le provea della, porque yo quedo tan satisfecho, segúnd el celo suyo, que verná a tomar este trabajo sólo por servir a nuestro Dios, mandándoselo V. M. o los señores de su Real Consejo de Indias, diciendo convenir así a su cesáreo servicio y conversión destos naturales: que por el amor particular que a éste tiene, sé yo obedescerá y cumplirá hasta la muerte, y no de otra manera. Y si acaso estoviese proveído alguna persona del obispado de Chili, puédele V. M. nombrar para el obispado de Arauco y ciudad que poblare en aquella provincia. Y aunque dice San Pablo: qui episcopatum desiderat, bonum opus desiderat, doy mi fe e palabra a V. M.

que sé yo que no la ama, aunque el oficio, que suelen usar los que le alcanzan, se ha empleado en él como buen caballero de Jesucristo. El Padre me ha solicitado a su despacho; el Cabildo e pueblo de aquella ciudad de Santiago me escriben que se han echado a sus pies, rogándole de parte de Dios y de V. M. no los deje, poniéndole por delante los trabajos del camino y su ancianidad: podrá ser que, movido por los ruegos de tantos hijos, él como buen padre los quiera complacer y deje la ida, que yo no lo podré saber tan presto. A V. M. suplico otra y muchas veces que, vaya o no, se nos haga la merced de dárnosle por perlado, pues la persona que V. M. e los señores de su Real Consejo con tanta voluntad han de mandar buscar por los claustros e conventos de sus reinos e señoríos para tales efectos, que sea de buena vida y costumbres, aquí la tienen hallada, e que haga más fruto con sus letras, predicación y experiencia que tiene destas partes que todos los religiosos que de allá podrían venir, e así lo certifico yo a V. M. Alonso de Aguilera es natural de la villa de Porcuna, tenido y estimado por hijodalgo, y dotado de toda virtud y bondad, vino a esta tierra a servir a V. M., y en mi demanda, por ser de mi sangre: llegó al tiempo que estaba en este fuerte, donde poblé esta cibdad de la Concebción, defendiéndome de los indios naturales e haciéndoles la guerra: ha ayudado a la conquista dellos. E aunque su voluntad era perseverar aquí sirviendo, poniéndole delante lo que conviene al servicio de V M. que una persona de su profesión y jaez vaya a llevar la razón de mí y relación que puedo dar al presente desta tierra, porque sé que dándole Dios vida, no se aislará como los mensajeros de hasta aquí, por tener el toque de su persona hartos más subidos quilates en obras e palabras que ellos, le envío a lo dicho e a que ponga en orden mi casa, entretanto que voy a poblar en Arauco, y despacho de allí al capitán Jerónimo de Alderete, criado de V. M. e mi lugarteniente de capitán general en esta conquista, con la descripción de la tierra y relación de toda ella e probanza auténtica de testigos fidedignos de todos los servicios por mí hechos a V. M. y gastos que he gastado y deudas que debo por los hacer y poco provecho que hasta el día de hoy he habido de la tierra, e lo mucho que se me ofrece de gastar hasta que se acabe de pacificar y asentar; y llevará el duplicado que ahora envío con estos mensajeros dichos. E para que me traiga a mi mujer y trasplantar en estas partes la casa de Valdivia, para que V. M., como monarca tan cristianísimo, rey e señor nuestro natural, sea servido illustrarla con mercedes, mediante los servicios por mí hechos a su cesárea persona, y estar en la mano en convertirse tan populantísimas provincias a nuestra santa fe católica, y el acrescentamiento de su patrimonio e Corona Real. Y en lo demás me remito a los mensajeros, los cuales suplica a V. M. sea servido de les mandar dar el crédito que a mi misma persona, porque la confianza que tengo de las suyas me asegura en todo harán lo que al servicio de V. M. conviniere y a mi contento; y despacharlos de la manera que yo me persuado que es, que en todo, ellos e yo, rescibiremos las mercedes que pido, porque pueda tener contento, que no será pequeño para mí en ver carta de V. M. por donde sepa se tiene por servido de los servicios por mí fechos en esta tierra, animándome para más servir.-Sacra, Cesárea, Católica Majestad, Nuestro Señor por largos tiempos guarde la sacratísima persona de V. M., con augmento de mayores reinos y señoríos. -Desta cibdad de la Concepción del Nuevo Extremo, a 15 de octubre de 1550.-S. C. C. M.-El más humillde súbdito, criado y vasallo de V. M., que sus sacratísimos pies y manos besa.

Pedro de Valdivia

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