Carta De Pedro De Valdivia A Sus Apoderados En La Corte 15 De O
Chapter 3
Informar asimismo cómo un día, a hora de vísperas, se presentaron sobre nuestro fuerte en unos cerros cuatro escuadrones, que habría cuarenta mill indios, viniendo a dar socorro otros tantos e más. Salí a las puertas; e como vi que no se podían favorescer el un escuadrón al otro, envié al capitán Jerónimo de Alderete con cincuenta de caballo, que venía un tiro de arcabuz de la una puerta. Ellos, con determinación de ponernos cerco, marcharon para el fuerte. Acomételos de tal manera, que luego dieron lado, e viendo los otros escuadrones esto, dan a huir. Secutóse la vitoria; matarse hían hasta dos mill indios; hiriéndose otros muchos. Prendiéronse trescientos o cuatrocientos, a los cuales hice cortar las manos derechas e narices, dándoles a entender que se hacía porque les había avisado viniesen de paz e me dijeron que sí harían, e viniéronme de guerra, e que, si no servían, que así los había de tratar a todos; e porque estaban entre ellos algunos caciques principales, dije a lo que veníamos para que supiesen e dijesen a sus vecinos, e así los licencié. Informar cómo luego hice recoger toda la comida de la comarca y meterla dentro en el fuerte.
Informar asimismo de la buena tierra ques ésta, de buen temple, fructífera e abundosa e de sementeras e de mucha madera e todo lo demás ques menester e se requiere para ser poblada e perpetuada de nosotros, e con razón, porque paresce tenerla nuestro Dios de su mano y servirse de nosotros en la conquista e perpetuación della, pues dicen los indios naturales quel día que llegaron a vista deste fuerte cayó entre ellos un hombre viejo, vestido de blanco en un caballo blanco e que les dijo: «Huid todos, que os matarán estos cristianos» e así huyeron; e tres días antes, al pasar del río grande para acá, dijeron haber caído del cielo una señora muy hermosa en medio dellos, también vestida de blanco, e que les dijo: «No vais a pelear con esos cristianos, que son valientes e os matarán»; e ida de allí tan buena visión, vino el diablo su patrón e les dijo que se juntasen muchos e viniesen a nosotros, que, en viendo tantos, nos caeríamos muertos de miedo, e que también él vernía; y con esto llegaron a vista de nuestro fuerte. Llaman a nuestros caballos hueques, y a nosotros ingas, que quiere decir ovejas de inga. Hasta hoy no han hecho más juntas para contra nosotros.
Informar asimismo cómo, desde a ocho o diez días, llegó a este puerto con la galera e navío el capitán e piloto Juan Batista de Pastene. Luego le despaché a que corriese la costa de Arauco e trajese los navíos cargados de comida, e hice pasar el río grande al capitán Jerónimo de Alderete con cincuenta de caballo, y se pasó muy bien, e que fuesen a correr a Arauco e hacer espaldas a la armada, e así se hizo. Vieron la más linda tierra del mundo todo, sana e apacible e sitio para poblar una cibdad mayor que Sevilla.
Informar cómo topó una isla de hasta mill indios de poblazón, e los trajeron de paz e le sirvieron. Cargaron los navíos de maíz. Informar asimismo cómo, desde a tres meses, torné a enviar al dicho capitán e piloto por más comida e a que dijese a los indios de la tierra, enviándoles mensajeros de los que tomase, que viniesen a servir, si no, que los enviaríamos a matar; e navegó veinte leguas más adelante de la primera isla, donde halló otra isla de más poblazón; y cargando los navíos de maíz, dio la vuelta; e cómo llegó un mes ha. Informar asimismo cómo, desde a ocho o diez días, tornó a enviar el armada por más comida e a que diese una mano en la tierra firme e matasen algunos indios, de noche, porque los costriñesen a tener algún temor para que, pasando allá, vengan más presto de paz.
Informar asimismo cómo en este tiempo que iba o venía el armada, conquisté yo toda esta tierra y términos que han de servir a la cibdad que aquí poblare, e cómotodos los caciques han venido de paz e sirven. He poblado e poblé la cibdad en este fuerte, y he formado cabildo, justicia e regimiento e repartido solares e los caciques entre vecinos que han de quedar a su sustentación, e cómo la intitulé la cibdad de la Concebción, e fundéla a los cinco de otubre deste presente año de quinientos e cincuenta.
Informar e dar relación a S. M. e a los señores de su Real Consejo de Indias, cómo desde los trece de diciembre del año de quinientos e cuarenta e siete que partí del puerto de Valparaíso hasta que volví a él por mayo de quinientos e cuarenta e nueve, que fueron diez y siete meses, gasté en servicio de S. M. en oro e plata, ciento e ochenta e seis mill e quinientos castellanos, e gastara un millón, si toviera, siendo menester, como lo fue gastar aquéllos.
Informar asimismo cómo, después que emprendí esta jornada hasta el día de hoy, para su sustentación y perpetuación, no poniendo aquí el gasto que he fecho con mi persona, casa e criados, he gastado doscientos y noventa e siete mill castellanos en caballos, armas, ropas, herraje que he repartido a conquistadores para la sustentación de la tierra, y que no tengo acción a demandar un solo peso de oro, ni más a ninguno dellos, ni escritura, e que, como esté libre o algo más desocupado de los trabajos de la guerra, enviaré probanza por donde conste claro.
Ítem, informar asimismo cómo me he aventurado a gastar e gastaré que agora comienzo de nuevo, por poblar tan buena tierra a S. M. e questa ha sido, es y será muy trabajosa e costosa a los conquistadores e a mí, porque no se ha hallado oro sobre la tierra, como en el Perú; pero que, poblada, conquistada e asentada, como yo espero en Dios de lo concluir cuando Él fuere servido, será muy más abundosa de todo lo que venimos a buscar a estas partes, fertilísimas e de contento, así a los conquistadores como a todas las personas que en ellas estuvieren; e que mi principal intento es servir a Dios Nuestro Señor e a S. M. en poblar e perpetuar tan buena cosa.Informar a S. M. cómo, a no haber suscedido las cosas en el Perú de tan mala disistión después que Vaca de Castro vino a las gobernar, que segúnd la diligencia que he tenido y maña que me he dado en hacer la guerra a los indios y en enviar por socorro, e lo que ha gastado e perdídoseme por este efecto, hubiera descubierto, conquistado y poblado hasta el Estrecho de Magallanes e Mar del Norte, e hobiera ya en esta tierra dos mill hombres más de los que hay para lo poder haber efetuado.
Certificar a S. M. e informar quel fruto que de los trabajos que aquí significo que he pasado, servicios e gastos que he hecho, el bien que ha surtido es no más de la pacificación e sosiego de las provincias del Perú de la rebelión de Gonzalo Pizarro y el haber poblado en éstas las cibdades de Santiago, La Serena y esta de la Concebción y tener quinientos hombres en esta gobernación.
Informar asimismo cómo, de aquí a tres meses, con ayuda de Dios, con los trescientos hombres déstos e los mejores caballos e yeguas, dejando los demás para la conservación de las cibdades, me meteré en la grosedad de la tierra, veinte e cinco leguas de aquí o treinta a poblar otra cibdad. Informar asimismo del tratamiento que hasta el día de hoy he fecho e hago a los naturales, que es conforme a los mandamientos de S. M.; e que desto tengo en extremo muy gran cuidado e vigilancia, porque se sirviese dello S. M., e ser la principal cosa que conviene que haga cualquier buen gobernador en descargo de la cesárea conciencia, e questo doy a Dios por testigo, e la fama que correrá e testimonio que darán las personas que agora van e que, andando el tiempo, fueren destas provincias, e lo que vuestras mercedes, señores, dirán, como tan buenos testigos e fidedignos.
Ítem, después de informado de todas las cosas aquí contenidas en esta relación e de las demás que a vuestras mercedes les pareciere converná decir en respuesta de lo que les fuere preguntado de parte de S. M. e de los señores de su Real Consejo de Indias, de mi parte suplicarán muy humildemente lo que se contiene en los capítulos que aquí adelante se siguen, los cuales yo escribo en mi carta e relación que vuestras mercedes llevan, e van aquí puestos al pie de la letra para que estén advertidos dellos, porque platicando sobre ellos e demandando S. M. y los señores de su Consejo de Indias, vean lo que se pide e lo que han de responder.
Como en las provisiones que me dio e merced que me hizo por virtud del poder que de S. M. trajo el señor Presidente de La Gasca, me señaló de límites de gobernación hasta cuarenta e un grados de Norte sur, costa adelante, e cien leguas de ancho ueste leste; y porque dallí al Estrecho de Magallanes es la tierra que puede haber poblada poca, e la persona a quien se diese, antes estorbaría que serviría, e yo la voy toda poblando y repartiendo a los vasallos de S. M. e conquistadores, aquella muy humilldemente, suplico sea servido de mandarme confirmar lo dado e de nuevo hacerme merced de me alargar los límites della, que sean hasta el Estrecho dicho, la costa en la mano, e la tierra adentro hasta la Mar del Norte. E la razón porque lo pido es porque tenemos noticia que la costa del Río de la Plata, desde cuarenta grados hasta la boca del Estrecho, es despoblada y temo va ensangostando mucho la tierra, porque cuando envié al piloto Juan Batista de Pastene, mi teniente general en la mar, al descubrimiento de la costa hacia el Estrecho, regiéndose por las cartas de marear que de Españ a tenía empremidas, hallándose en cuarenta e un grados, estuvo un punto de se perder; por do se ve que las cartas que se hacen en España están erradas en cuanto al Estrecho de Magallanes, andando en su demanda, en gran cantidad; e porque no se ha sabido la médula cierta, no envío relación dello hasta que se haga correr toda, porque se corrija en esto el error de las dichas cartas e para que los navíos que a estas partes vinieren enderezados no vengan en peligro de perderse. Y este error no consiste, como estoy informado, en los grados de norte sur, ques la demanda del dicho Estrecho, sino del este y ueste. E no pido esta merced al fin que otras personas de abarcar mucha tierra, pues para la mía siete pies abastan, e la que a mis suscesores hobiere de quedar para que en ello dure mi memoria, será la parte que S. M. se servirá de me hacer merced por mis pequeños servicios, que por pequeña que sea, la estimaré en lo que debo, que sólo por el efecto que la pido es para más servir e trabajar, e como la vea e tenga cierta relación, la enviaré a S. M. para que si fuere servido partirla o darla en dos o más gobernaciones, se haga. Asimismo suplico a S. M. sea servido de me mandar confirmar la dicha gobernación, como la tengo, por mi vida, e hacerme merced de nuevo della por vida de dos herederos, suscesive, o de las personas que yo señalare, para que después de mis días la hayan e tengan como yo.
Asimismo suplico a S. M. sea servido de me mandar confirmar e hacer de nuevo merced del oficio del alguacil mayor de la dicha gobernación, perpetuo, para mí e mis herederos.
Asimismo suplico a S. M. sea servido de me hacer merced de las escribanías públicas y del cabildo de las cibdades, villas e lugares que yo poblare en esta gobernación e si S. M. tiene hecha alguna merced dellas, a aquella suplico la mía siga, expirando la primera.
Asimismo, si mis servicios fueren acebtos a S. M. en todo o en parte; pues la voluntad con que yo he hecho los de hasta aquí y deseo hacer en lo porvenir, es del más humilde e leal criado, súbdito e vasallo de su cesárea persona que se puede hallar, a aquella muy humilldemente suplico, en remuneración dellos, sea servido de me hacer merced de la ochava parte de la tierra que tengo conquistada e poblada e descubierta, descubriere e conquistare e poblare andando el tiempo, perpetua, para mí e para mis descendientes, e que la pueda tomar en la parte que me paresciere, con el título que S. M. fuere servido de me hacer con ella.
Asimismo suplico a S. M. por confirmación de la merced de que pueda nombrar tres regidores perpetuos en cada uno de los pueblos que poblare en nombre de S. M. en esta gobernación, e de nuevo me hagan merced de que los tales regidores por mí nombrados no tengan necesidad de ir por la confirmación al Consejo Real de Indias, a causa del gasto que dellas podía recrecer con el enviar, e daño que podían rescebir en el ir, por largo e trabajoso viaje.
Asimismo suplico a S. M. atento los grandes gastos que en lo porvenir se me han de recrecer, porque no tengo hasta el día de hoy diez mill pesos de provecho, e son más de cien mill, por los menos, los que gastaré cada un año para me prevenir en algo para ellos, sea servido de me hacer merced y dar licencia para que pueda meter en esta gobernación hasta número de dos mill negros, de España o de la isla de Cabo Verde o de otras partes, libres de todos derechos reales, e que nadie pueda meter de dos esclavos arriba en esta dicha gobernación sin mi licencia, hasta en tanto que tenga cumplida la suma dicha.
Asimismo suplico a S. M. que, atentos los gastos tan excesivos que he hecho después que emprendí esta jornada, por el descubrimiento e conquista e población, sustentación e perpetuación destas provincias, e los que se me recrecieron cuando fui a servir contra la rebelión de Gonzalo Pizarro, como paresce por los capítulos de la carta que a S. M. escribo, sea servido de me mandar hacer merced e suelta de las escrituras mías que están en las Cajas Reales de la cibdad de los Reyes e de las de Santiago, que son de la cantidad siguiente: una de cincuenta mill pesos que yo tomé en oro de la Caja de S. M. de la cibdad de Santiago, cuando fui a servir al Perú, como es dicho, y otra escritura que hice a los Oficiales de la cibdad de los Reyes, del galeón y galera que me vendieron de S. M. e comida que me dieron en el puerto de Arica para proveer la gente que truje a estas partes, de cantidad de treinta mill pesos, e más de treinta e ocho mill pesos que debo por otras escrituras a un Calderón de la Barca, criado que fue de Vaca de Castro, los cuales debo de resto de sesenta mill pesos que tomé de la hacienda que se trajo acá del dicho Vaca de Castro, en el navío del piloto y capitán Juan Batista de Pastene, para remedio de la gente que en esta tierra estaba sirviendo a S. M., como está dicho que por haber sido del Vaca de Castro es ya de S. M., que montan estas tres partidas dichas ciento e diez e ocho mill pesos de oro: destos suplico a S. M. como tengo suplicado, me haga merced e suelta. Asimismo suplico a S. M. sea servido de me hacer otra nueva merced de mandar sea socorrido con otros cien mill pesos de la Caja de S. M. para ayudarme en parte a los grandes gastos que de cada día se me ofrecen, porque mi teniente Francisco de Villagra aún no es vuelto con el socorro por que le envié, e ya despacho otro capitán que parte con los mensajeros que llevan esta carta, con más cantidad de dinero al Perú a que me haga más gente; y como el teniente llegue, irá otro, y así ha de ser hasta en tanto que se efectúe mi buen deseo en el servicio de S. M. Asimismo suplico a S. M. que por cuanto esta tierra es poderosa de gente e belicosa e la población della es, a la costa, e, para la guardia de sus reales vasallos sea servido de me dar licencia que pueda fundar tres o cuatro fortalezas en las partes que a mí me paresciere convenir desde aquí al Estrecho de Magallanes, y señalar a cada una dellas para las edificar e sustentar el número de naturales que me paresciere, e darles tierras convenientes como a los conquistadores para su sustentación, las cuales dichas fortalezas S. M. sea servido de me las dar en tenencia para mí e mis herederos con salario en cada un año, cada fortaleza, de un cuento de maravedís.
Asimismo suplico a S. M. sea servido, atento que la tierra es tan costosa e lejos de nuestra Españas, de me hacer merced y señalar diez mill pesos de salario e ayuda de costa en cada un año.
Asimismo se escribe a S. M. suplicándole haga merced a esta tierra y sus vasallos de mandar nombrar por obispo al padre bachiller Rodrigo González; y el señor Alonso de Aguilera atenderéis a solicitar esto, que si no es por mandárselo S. M. no acetará el obispado, atento que no es nada presuntuoso de dignidades, y en esto diréis lo que sabéis de su integridad y de lo que todos le amamos acá, por sus letras, predicación e buena vida.
E desta cibdad de la Concebción a quince de otubre de quinientos cincuenta años. -Pedro de Valdivia.-Por mandado de S. S. el señor Gobernador. -Joan de Cárdenas.
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