Carta De Pedro De Valdivia A Sus Apoderados En La Corte 15 De O
Chapter 1
Santiago, 15 de octubre de 1550.
Instrución y relación de lo que han de pedir y suplicar a S. M. e a lo s señores Presidentes e Oidores de su Real Consejo de Indias, en nombre de Pedro de Valdivia, gobernador e capitán general en su cesáreo nombre en estas provincias, dichas y nombradas por él de la Nueva Extremadura, como descubridor y primero poblador, conquistador, repartidor e sustentador dellas, e con su poder el reverendo padre Bachiller en teología Rodrigo González, clérigo presbítero, e Alonso de Aguilera, tenido y estimado por caballero fijodalgo, cuando Dios sea servido de los llevar en salvamento a España y Corte de S. M. y lo que han de hacer y decir ambos juntos o el que dellos dos se presentare ante su cesáreo acatamiento y de los señores Presidentes e Oidores de su Real Consejo de las Indias.
PRIMERAMENTE. Dar vuestras mercedes las cartas que llevan mías para S. M. y para los dichos señores de su Consejo de Indias, y de mi parte besarles las manos con aquel acatamiento y obediencia y devoción e humildad que debo al vasallaje y sujeción con que nací de vasallo de S. M. representándolo como soy obligado a lo ser e deben hacello en mi nombre.
Dar mis cartas particulares que van para sus señorías e mercedes, ofreciendo de a cada uno por servidor, con aquella afición e voluntad que yo a vuestras mercedes lo he significado.
Dar asimismo las cartas que llevan mías para los grandes señores de la corte de S. M. besándoles asimismo las manos de sus señorías de mi parte y representándome y ofreciéndome por servidor, en particular de S. S., suplicándole a S. S. e los que fuere justo, me resciban en el número de sus servidores e criados de sus ilustrísimas casas. Darán vuestras mercedes asimismo mis cartas a todos los demás caballeros e personas para quien van, hablando a cada uno como vieren que conviene al tratamiento y ser de su persona, de mi parte, para animarlos a que me conozcan los que no me conoscen, e se sirvan de mí y me envíen a mandar como de mi parte se les puede pedir por merced me favorezcan e ayuden en mis cosas, como yo haré en las suyas en todo tiempo; e a los que me conoscen, dándoles por merce d de mi parte me amen con aquella voluntad que yo los amo; y en esta tecla me remito a las prudencias de vuestras mercedes en lo demás.
Han de informar vuestras mercedes a S. M. e a los señores de su Real Consejo de Indias de las cosas que aquí se dirán, atento que de todas ellas doy parte a S. M. en mis cartas, y no me alargo en la relación dellas, aunque van largas o prolijas, conforme a lo que hay que decir de tanto tiempo cuanto ha que vine a estas partes a servir a su Majestad e a que le sirvo treinta años ha en el arte militar y trabajos de la guerra. Hacer relación sucintamente cómo serví a S. M. en Italia en tiempo del Próspero Colona e Marqués de Pescara hasta que murió, en el adquerir el estado de Milán, como buen soldado, por imitar a mis antepasados que se emplearon y emplean de cada día en lo mismo y servir en Flandes cuando S. M. estaba en Valenciana e vino el Rey de Francia sobre ella. Dar relación de cómo pasé a estas partes de Indias, año de quinientos e treinta e cinco, y me hallé en el descubrimiento e conquista de Venezuela un año.
Dar relación cómo el año adelante de quinientos e treinta y seis pasé a las provincias del Perú a la nueva que por aquellas partes donde yo estaba se decía de la rebelión del Inga, natural señor dellas, con todos los naturales, de su levantamiento contra el servicio de S. M. e aprieto en que tenían a los cristianos, que era en término de matar al Marqués Pizarro que los gobernaba, e a los demás vasallos de S. M. vecinos conquistadores que con él estaban, con la gran guerra que les daban; y cómo, movido por servir a S. M. en la posesión que tenía hecha, pasé a servir e ayudar a las defender o morir; e cómo en llegando ante el dicho Marqués Pizarro, sabiendo mi deseo e plática que tenía de las cosas de la guerra, me eligió por su maestre de campo general en nombre de S. M.; y con esta abtoridad trabajé de las pacificar, así de cristianos por las pasiones del Adelantado don Diego de Almagro, como de los naturales e rebelión suya; e cómo conquisté dos veces las provincias del Collao e los Charcas, e ayudé a poblar la villa de Plata en ellas, e traje de paz toda la tierra, la cual ha servido hasta el día de hoy e sirve.
Informar y dar relación cómo el dicho Marqués Pizarro, en remuneración de los servicios que a S. M. hice en término de cuatro años que trabajé en lo dicho, me dio en depósito y encomienda el valle todo llamado de la Canela, que después que yo le dejé le dio al capitán Peranzulez e a su hermano Gaspar Rodríguez y a Diego Centeno; e Vaca de Castro, cuando gobernó aquellas provincias del Perú a S. M. dio en él de comer a tres conquistadores, que fue a los capitanes Diego Centeno, Lope de Mendoza e Dionisio de Bobadilla, el cual repartimiento vale y ha valido cada año más de doscientos mill castellanos de renta. Y asimesmo ayudé a descubrir las minas de plata en el cerro rico e asiento de Porco, e hube en él una que ha valido más de doscientos mill castellanos. E decir cómo, por venir a servir a S. M. en esta empresa, descubrimiento e población, dejé los indios y valles etc. e asimismo la mina, para que lo diese todo el Marqués a otros conquistadores e cumpliese con ellos, sin haber un solo peso de oro de interese ni más por ella.
Informar e dar relación cómo por la vuelta de la provincia de Chile del Adelantado don Diego de Almagro, que a ella vino con quinientos de caballo y se volvió al Perú dejándola desamparada, quedó la tierra más mal infamada de cuantas hay en las Indias, e que, con todo esto, pedí al Marqués Pizarro que me diese autoridad de parte de S. M. para venir con la gente de pie e caballo que yo pudiese hacer a la conquistar e poblar y descobrir más provincias adelante, a poblarlas en su Real nombre, por cuanto tenía deseo de me emplear en la restauración desta tierra, porque sabía que se hacía muy grand servicio a S. M. en ello. E viendo mi voluntad, el Marqués me dijo que se espantaba cómo quería dejar lo que tenía, que era tan bien de comer como él, e aquella mina, por emprender cosa de tanto trabajo; e como vio mi ánimo e determinación, por una cédula de S. M. dada en Monzón, año de treinta y siete, refrendada de Francisco de los Cobos, secretario de su Real Consejo Secreto, en que por ella mandaba al Marqués enviase a poblar e conquistar e gobernar el nuevo Toledo e las provincias de Chili, de donde había vuelto Almagro, me mandó viniese a poner mi buen propósito en cumplimiento della; y así con los despachos que me dio, y por virtud de la dicha cédula, yo vine a servir a estas partes, partiendo del Perú por el mes de enero de quinientos e cuarenta años.
Informar asimismo cómo para hacer esta jornada, el Marqués Pizarro no me favoresció ni con un tan solo peso de la Caja de S. M. ni suyo, y cómo a mi costa e misión hice la gente e gastos que convino para la jornada, e metí en esta tierra ciento e cincuenta hombres de pie e caballo y me adeudé por lo poco que hallé prestado demás de lo que al presente yo tenía en más de setenta mill castellanos.
Informar asimismo de los trabajos que pasé en el camino por conducir la gente a estas provincias, para hacer el fruto cine se ha fecho en ellas y en servicio de Dios y de S. M., siendo algund instrumento para que no peresciesen cristianos, así por los grandes despoblados que hay, y falta de comida e agua, como indios de nuestro servicio e cargas; y llegado al valle de Copiapó, lo que trabajé en hacer la guerra a los naturales e fuertes que les rompí y la guerra que hice por todos los valles adelante, hasta que llegué al valle de Mapocho, que es cien leguas de Copiapó, e fundé la ciudad de Sanctiago del Nuevo Extremo, a los veinte e cuatro de hebrero del año de mill quinientos e cuarenta e uno, formando Cabildo, Justicia e Regimiento.
Informar asimismo cómo después de nos haber servido los naturales cinco meses e dado la obediencia a S. M., se me rebelaron, quemando el un bergantín que había fecho hacer con harto trabajo para enviar mensajero a S. M. a darle cuenta de mí e de la tierra e conquista e población de la cibdad, y para solicitar al Marqués Pizarro a que me enviase algund socorro de gente, de caballos e armas para costreñir a los naturales a que sirviesen e a poblar otras cibdades más adelante.
Informar asimismo cómo se juntó luego toda la tierra e andando yo con ciento de caballo a deshacer los fuertes donde la gente de guerra se favorescía, a quince e veinte leguas de la cibdad, habiendo dejado la guardia della al capitán Alonso de Monroy con treinta de a caballo e veinte peones, vinieron hasta ocho mill indios de todos los valles atrás; e dieron en la cibdad y quemáronla todo, sin dejar un palo enhiesto en ella, y pelearon todo un día con los cristianos y matáronnos veinte e tres caballos e dos cristianos, quemándosenos cuanto teníamos para remediar y proveer a los trabajos de la guerra, no quedándonos más de los andrajos e armas que traíamos a cuestas; y al venir de la noche, estando todos los cristianos heridos, dan en los indios con tanto ánimo que los desbaratan, e huyeron e fueron matando en el alcance toda aquella noche; y como lo supe, di la vuelta y reedifiqué la cibdad.
Informar asimismo cómo despaché, viendo el bergantín quemado, con cinco soldados a caballo, que no le pude dar más, al capitán Alonso de Monroy, caballero hijodalgo, por tierra, a las provincias del Perú a que llevase los despachos a V. M. e los enviase de allí, y él volviese con el socorro que pudiese traer, e fue en grande aventura como la quedábamos asimismo acá; y llevaron todos hasta diez mill castellanos, que por el embarazo e porque habían de ir a noche e mesón por tierra de guerra e despoblados, hice hacer dellos seis pares de estriberas, e los pomos e puños, e cruces de las espadas, e así se despidieron de mí para su jornada. Cómo en el valle de Copiapó mataron los indios los cuatro, con salirles de paz, e prendieron al Monroy y al otro compañero, tomáronles el oro e rompieron los despachos. Al cabo de tres meses mataron al cacique principal e huyeron en sendos caballos a las provincias del Perú. Llegaron a tiempo que gobernaba el Licenciado Vaca de Castro, estando en la ochava de la vitoria que había habido contra el hijo de don Diego de Almagro. Pidióle licencia e favor para volver con el socorro de gente que pudiese hacer. Diósela, y el Monroy buscó quien le favoreciese para lo traer: halló hasta ocho mill pesos, con que dio socorro de sesenta de a caballo, que trajo consigo por tierra, e un navío con hasta cuatro mill pesos de empleo de Arequipa, y con media docena de botijas de vino para decir misa, porque cuando partió podía quedar en la cibdad hasta un azumbre, lo cual nos faltó cinco meses antes que fuese de vuelta; y cómo me obligó a que pagase yo acá por la cantidad dicha para el socorro e paga, más de setenta mill pesos. Tardó desde el día que partió hasta que volvió ante mí, dos años justos.
Informar asimismo el trabajo que pasé en estos dos años en la guerra, e cómo hice un cercado e fuerte, de estado y medio en alto, de mill y seiscientos pies en cuadro, que llevó, doscientos mill adobes de vara de largo a un palmo de alto; e que ellos y a él hecimos a fuerza de brazos los vasallos de S. M., e con nuestras armas a cuestas, sin descansar un hora, trabajamos en él hasta que se acabó; y esto a fin de que se acogiese allí la gente menuda, e lo guardasen los peones, e los de caballo saliésemos a los indios, que nos venían a matar nuestras piezas de servicio e hijos a las puertas de nuestras casas, segúnd estaban tan desvergonzados, e arrancarnos nuestras sementeras; porque viendo que nos dábamos a sembrar, temían que vio nos habíamos de volver, e por forzarnos a ello nos hacían grand guerra en todo; y ellos no sembraban, manteniéndose de ciertas cebolletas ¿otras legumbres que produce la tierra de suyo; y en estos trabajos perseveramos los dos años dichos, y el primero sembramos hasta dos almuerzas de trigo que hallamos buenas entre obra de media fanega que nos quemaron los indios y habíamos traído para sementarnos; y de aquellas dos almuerzas se cogieron aquel año doce hanegas, que paresce lo quiso Dios dar así, e con aquellas nos sementamos e cogimos el otro año al pie de dos mill; e con una cochinilla e un porquezuelo, que lo que todos los demás nos mataron los indios, multiplicamos en aquellos dos años, e una pollita e un pollo, questos salvó una dueña que con nosotros estaba, se ha multiplicado gran cantidad de ganado gallinas; y en esto y en defendernos y ofender a los indios no dejándolos estar seguros en parte ninguna, entendí los dos años dichos; e repartí la tierra ascuras e sin tener relación, porque así convino a la sustentación della por aplacar los ánimos de los conquistadores, dando cédulas de repartimientos a más de setenta, porque con aquellos atenderían a los trabajos que por delante tenían.
Informar asimismo cómo por el mes de enero del año de quinientos e cuarenta e cuatro, llegó el capitán Alonso de Monroy de vuelta a la cibdad de Sanctiago con los sesenta de caballo, e cuatro meses antes llegó el navío que despachó desde el Perú. Informar asimismo, cómo, llegada esta gente, salí a conquistar la tierra, y constreñí tanto a los naturales rompiéndoles todos los fuertes que tenían, que de puros cansados y muertos de andar por las nieves e bosques, como alimañas brutas, vinieron a servir, e nos han servido hasta el día de hoy sin se rebelar más, e vi la tierra toda, e declaré los caciques e indios que había, que eran pocos e de aquellos habíamos muerto en las guerras buena parte.
Informar asimismo cómo poblé luego la cibdad de La Serena en un puerto de mar muy bueno e seguro, en el valle que se dice de Coquimbo, que es a la mitad del camino dentre la cibdad de Sanctiago y el valle de Copiapó, a efeto que pudiesen venir sin riesgo, los cristianos, a, servir a S. M. en estas provincias, de las del Perú, e que los indios no los matasen ni peresciesen por falta de comidas; y con el trabajo que la sustenté, teniendo siempre, demás de trece vecinos que eran, otros diez o doce soldados a la sustentación della, visitándolos de dos en dos meses con gente por tierra, e con un barco que hice hacer para este efecto, enviándoles siempre trigo, gallinas e puercos para que criasen y sembrasen y se pudiesen sustentar.
Informar asimismo cómo el junio adelante del dicho año de cuarenta e cuatro, vino al puerto de Valparaíso, que es el de la cibdad de Sanctiago, un navío que trajo el capitán Juan Batista de Pastene, suyo, piloto mayor desta Mar del Sur, por los señores de la Real Audiencia de Panamá, con hasta quince mill castellanos de empleo, de Panamá, que trajo un criado del Licenciado Vaca de Castro, que se llamaba Juan Calderón de la Barca; e cómo tomé de mercaderías, armas e otras cosas necesarias para repartir entre los conquista dores para la sustentación de la tierra, al pie de ochenta mill castellanos.
Informar asimismo que para estos efetos he ayudado a soldados con armas e caballos, que les he dado en veces más de cincuenta e hecho otros gastos muy crecidos por perpetuar esta tierra a S. M.; e se me ha perdido gran cantidad de oro por enviar mensajeros a S. M., y por socorro a las provincias de Perú, y de todo ello no he habido fruto ninguno, ni tampoco han llegado mis despachos ante S. M. y no ha sido por falta mía, sino por la malicia de algunos de los mensajeros, como adelante se informarán, y por las alteraciones que ha habido en el Perú e por haberse quedado allí algunos de los mensajeros que enviaba a S. M. e otros muerto.
Informar asimismo cómo, vista la voluntad del piloto e capitán Juan Batista de Pastene, y con el celo que había venido al socorro desta tierra con su navío llamado San Pedro, que fue por servir a S.M. y se me ofresció de le servir, y a mi en su cesáreo nombre, y le conoscí por hombre de valor y de prudencia y espiriencia de guerra de indios e nuevos descubrimientos, le crié e di la abtoridad de mi lugarteniente de capitán general en la mar, y le envié con su navío y con otro en conserva e gente la que era menester, a que me descubriese por la costa arriba hacia el Estrecho de Magallanes hasta doscientas leguas, y me trajese lenguas; y envié en su compañía e para que me tomase posesión de la tierra, al capitán Jerónimo de Alderete criado de V. M., e a Juan de Cárdenas escribano mayor del juzgado desta gobernación, a que diese testimonio de la posesión que se tomaba, e porque todos tres son muy celosos del servicio de S. M. E así se fueron, e me trajeron lenguas, e tomaron la posesión, como se podrá ver por el treslado abtorizado del mismo Juan de Cárdenas, que vuestras mercedes llevan, diciendo cómo este descubrimiento me causó otra cantidad de pesos de oro de gasto, que pasó la suma que por lo poder hacer hice, de más de veinticinco mill pesos.
Informar asimismo cómo, en viniendo del descubrimiento dicho, procuré de echar a las minas las anaconcillas e indios de nuestro servicio, porque los naturales atendiesen a sembrar, e los vasallos de S. M. les llevábamos la comida en nuestros caballos a las minas, que eran doce leguas de la cibdad; y esta comida la sacábamos de los cueros, partiendo por medio la que teníamos por a nos sustentar a nosotros o, a nuestros fijos, habiéndolas sembrado e cogido con el trabajo de las personas; e así aquella demora, que fueron hasta ocho meses, con estas pecezuelas, que fueron hasta quinientos, se sacaron hasta setenta mill castellanos. Todos los vasallos de S. M. me dieron e prestaron lo que era suyo; e con ello e con lo que yo tenía acordé de enviar de nuevo con el un navío de los dos que tenía, mensajero a S. M. y otros al Perú , a que me tornasen a traer más socorro.
Informar asimismo cómo despaché luego al capitán Alonso de Monroy y al capitán e piloto Juan Batista de Pastene en su navío para que el uno por tierra y el otro por la mar, me volviesen con socorro de gente caballos e armas e las demás cosas necesarias, trayéndome desto todo lo que pudiesen, y envié a S. M. un mensajero, que se llamaba Antonio de Ulloa, natural de Cáceres, con el cual escribí largo, dando cuenta a S. M. y a los señores de su Real Consejo de Indias, de la conquista desta tierra e población de la cibdad de Sanctiago y descubrimiento por mar; y entre ellos tres y otros dos mercaderes, repartí el oro que digo se sacó, para que todos trajesen el recaudo que pudiesen a esta tierra para su perpetuación e para quel Antonio de Ulloa pudiese ir a dar cuenta a S. M. de mí y presentarle mis despachos. E así partió el navío a los cuatro de setiembre de mill y quinientos e cuarenta e cinco años. Informar cómo fui a la cibdad de La Serena a despachar este navío con los mensajeros que habían de ir a S. M. y al Perú, e por visitar aquella cibdad y dejar buen recaudo en ella, porque determinaba, luego de vuelta que fuese en la cibdad de Sanctiago, ir por tierra a descobrir donde pudiese poblar otra cibdad. E así, en llegando hice apercebir sesenta de caballo bien armados, con las lanzas en las manos, a la ligera, e descobrí hasta un río grande que se dice Buybío, que está cincuenta leguas de la cibdad de Sanctiago, donde me dieron hasta ocho mill indios una noche, habiéndoles yo dado guazábaras. Otros dos días pelearon muy reciamente, y estuvieron fuertes al pie de dos horas en un escuadrón, como tudescos. En fin, los rompí, e huyeron y matamos su capitán y hasta doscientos indios, y ellos nos mataron dos caballos e hirieron otros diez o doce cristianos y caballos. Y teniendo nueva cierta cómo los indios desta parte del río y de aquella, que es grand cantidad de lente, estaba junta para nos tomar todos los pasos y dar en nosotros, determiné de dar la vuelta, porque, a susceder algún revés, que no se pudiera excusar por ser pocos e los indios muchos, quedaba en riesgo la cibdad de Sanctiago e de La Serena, acordé de dar la vuelta, habiendo visto el sitio e tierra donde se podía poblar; y así lo di a entender a los indios e que supiesen que no venía a otra cosa. Informar asimismo cómo, vuelto del descubrimiento, que tardé mes y medio en ir y volver, atendí a hacer sembrar, creyendo venían mis capitanes presto con gente, y a que se sacase algún oro para si me conviniese despachar más mensajeros. Luego el mes de setiembre, que era ya un año que habían partido, determiné a hacer a S. M. otro mensajero con el duplicado que llevó Antonio de Ulloa, e con lo demás que había que decir del descubrimiento por tierra e próspera que había hallado, que se llamaba Juan Dávalos, natural de las Garrovillas, y lleva dineros también para dar a mis capitanes, si los topase con necesidad. Topó al piloto Juan Batista e no te dio nada, ni fue a S. M. y echó los despachos a mal y a mí me llevó mis dineros sin nunca más verle. Fue este mensajero en un barco que teníamos hecho para pescar y nos sustentar con el pescado que tomábamos con el chinchorro. Fueron en el barco, míos y de particulares, todo para beneficio de la tierra, más de setenta mill castellanos. Todo se perdió e nunca se hobo fruto dello acá.
Informar asimismo cómo desde ahí a trece meses llegó el capitán Juan Batista del Perú, que había veinte e siete meses que se había partido de mí, y me dio aviso de las revueltas del Perú y prisión del Visorrey Blasco Núñez Vela y desbarato suyo en Quito y muerte de su persona por Gonzalo Pizarro e los suyos, e como el dicho Gonzalo Pizarro estaba alzado y rebelado con la tierra contra el servicio de S. M., e como murió el capitán Alonso de Monroy; e Antonio de Ulloa, el mensajero que enviaba a S. M., había abierto los despachos, y después de leídos y hecho burla dellos con otros mancebos como él, los rompió y se fue a Quito a servir a Gonzalo Pizarro y se halló en la batalla contra el Virrey, e cómo por este servicio que había fecho a Gonzalo Pizarro, le pidió licencia para hacer gente y traerme el socorro, e desque se vido desta parte de los Reyes, se declaró venían a me matar e dar la tierra a Gonzalo Pizarro; y a esto me dijeron le había ayudado y favorescido un Lorenzo de Aldana, por gobernar acá, que era a la sazón teniente y justicia mayor en los Reyes por Gonzalo Pizarro, e me tomó los dineros que llevaba el Monroy, que murió allí, y los dio al Ulloa, y él los desperdició y gastó como se le antojó, sin haber provecho yo ninguno dello. Y me fue causa el dicho Ulloa de perder más de sesenta mill castellanos; y lo peor, la mala obra que me hizo en no enviar los despachos a S. M. Y llegado a Atacama con la gente, dio la vuelta a los Charcas, a se juntar con un Alonso de Mendoza, hermano del Juan Dávalos, que a S. M. enviaba; y no fue, que era capitán de Gonzalo Pizarro en los Charcas, con voluntad de ir ambos a Gonzalo Pizarro, porque los había enviado a llamar, diciendo tener necesidad dellos para ir contra el Presidente de la Gasca, que estaba en Panamá y pasaba al Perú, enviado por S. M. Informar asimismo cómo este Antonio de Ulloa fue causa de que matasen los indios del valle de Copiapó diez o doce cristianos, e pusiesen en término de matar otros tantos, que salieron bien heridos, con pérdida de las haciendas e piezas de servicio, esclavos e fijos, e más de sesenta cabezas de yeguas; y esto fue por quitarle las armas e buenos caballos, que traían e dejarlos en Atacama a ruego de sus amigos, porque tenían voluntad de venir donde yo estaba. Destas cosas e muchas más fue causa el dicho Antonio de Ulloa.
Informar asimismo cómo, sabida la desvergüenza de Gonzalo Pizarro contra el servicio de S. M., llegando el navío que traía el capitán e piloto Juan Batista, primero de diciembre del año de quinientos cuarenta y siete al puerto de Valparaíso, a los diez del estaba dentro para ir al Perú a servir a S. M. e buscar al Presidente para le servir en su cesáreo nombre contra la rebelión de Gonzalo Pizarro.