Charge! A Story of Briton and Boer
Chapter 2
El señor Proudhon es, pues, necesariamente, un doctrinario. El movimiento histórico que está revolucionando el mundo actual, se reduce, para él, al problema de encontrar el verdadero equilibrio, la síntesis de dos ideas burguesas. Así, el hábil mozo descubre, a fuerza de sutileza, la idea oculta de Dios, la unidad de las dos ideas aisladas, que sólo lo están porque el señor Proudhon las ha aislado de la vida práctica, de la producción actual, que es la combinación de las realidades que ellas expresan. En vez del gran movimiento histórico que brota del conflicto entre las fuerzas productivas ya alcanzadas por los hombres y sus relaciones sociales, que ya no corresponden a estas fuerzas productivas; en vez de las guerras espantosas que se preparan entre las distintas clases de una nación y entre las diferentes naciones; en vez de la acción práctica y violenta de las masas, la única que puede resolver estos conflictos; en vez de este movimiento vasto, duradero y complicado, el señor Proudhon, pone el detestable movimiento de su cabeza (la mouvement cacadouphin). Así, son los sabios, los hombres capaces de sorprender los pensamientos recónditos de Dios, los que hacen la historia. A la gente menuda sólo le toca poner en práctica sus revelaciones.
Ahora comprenderá usted por qué el señor Proudhon es enemigo declarado de todo movimiento político. Para él, la solución de los problemas actuales no consiste en la acción pública, sino en las rotaciones dialécticas dentro de su cabeza. Como las categorías son, para él, las fuerzas motrices, para cambiar las categorías no hace falta cambiar la vida práctica. Muy por el contrario: hay que cambiar las categorías, y en consecuencia cambiará la sociedad real.
En su deseo de conciliar las contradicciones, lo único que no se le ocurre al señor Proudhon es preguntar si no deberá ser derrocada la base misma de estas contradicciones. Se parece en todo al político doctrinario, para quien el rey, la Cámara de los diputados y el Senado son, como partes integrantes de la vida social, categorías eternas. Sólo que él busca una nueva fórmula para equilibrar estas potencias, cuyo equilibrio está precisamente en el movimiento actual, en que una de estas potencias tan pronto es vencedora como esclava de la otra. Así, en e] siglo XVIII una multitud de cabezas mediocres se dedicaban a buscar la verdadera fórmula para equilibrar los estamentos sociales, la nobleza, el rey, el parlamento, etc., y al día siguiente ya no había ni rey, ni parlamento, ni nobleza. El verdadero equilibrio en este antagonismo era el derrocamiento de todas las relaciones sociales que servían de base a estas instituciones feudales y al antagonismo entre ellas.
Como el señor Proudhon pone de un lado las ideas eternas, las categorías de la razón pura, y del otro lado a los hombres y su vida práctica, que es, según él, la aplicación de estas categorías, encuentra usted en él desde el primer momento un dualismo entre la vida y las ideas, entre el alma y el cuerpo; dualismo que se repite bajo muchas formas. Ahora se dará usted cuenta de que este antagonismo no es más que la incapacidad del señor Proudhon para comprender el origen terrenal y la historia profana de las categorías que él diviniza.
Me he extendido ya demasiado y no puedo detenerme en las absurdas acusaciones que el señor Proudhon lanza contra el comunismo. Por el momento, convendrá usted conmigo en que un hombre que no ha comprendido el actual estado de la sociedad menos aún comprenderá el movimiento que tiende a derrocarla y las expresiones literarias de ese movimiento revolucionario.
El único punto en que estoy completamente de acuerdo con el señor Proudhon es en su repulsión hacia la sensiblería socialista. Antes que él me he ganado ya muchos enemigos por mis ataques contra el socialismo borreguil, sentimental, utopista. ¿Pero no se hace el señor Proudhon ilusiones extrañas cuando opone su sentimentalismo de pequeño burgués --me refiero a sus declamaciones acerca del hogar, el amor conyugal y todas esas banalidades-- al sentimentalismo socialista, que en Fourier, por ejemplo, es mucho más profundo que las presuntuosas banalidades de nuestro buen Proudhon? El mismo comprende tan bien la vaciedad de sus argumentos, su completa incapacidad para hablar de estas cosas, que se lía de pronto la manta a la cabeza y pronuncia furiosas tiradas y exclamaciones (irae hominis probi), vocifera, despidiendo espumarajos por la boca, jura, denuncia, maldice, se da golpes de pecho y se jacta ante Dios y ante los hombres de hallarse puro de infamias socialistas. Se desvela por criticar el sentimentalismo socialista o lo que él toma por sentimentalismo. Como un santo, como el Papa, excomulga a los pobres pecadores y canta las glorias de la pequeña burguesía y las miserables, amorosas y patriarcales ilusiones del hogar. Esto no es casual. El señor Proudhon es de pies a cabeza un filósofo y un economista de la pequeña burguesía. En una sociedad avanzada el pequeño burgués se hace necesariamente, en virtud de su posición, socialista de una parte y economista de la otra, es decir, se siente deslumbrado por la magnificencia de la gran burguesía y siente compasión por los dolores del pueblo. Es al mismo tiempo burgués y pueblo. En su fuero interno se jacta de ser imparcial, de haber encontrado el justo equilibrio, que proclama diferente del término medio. Ese pequeño burgués diviniza la contradicción, porque la contradicción es el fondo de su ser. No es más que la contradicción social en acción. Debe justificar teóricamente lo que él mismo es en la práctica, y al señor Proudhon corresponde el mérito de ser el intérprete científico de la pequeña burguesía francesa, lo que constituye un verdadero mérito, pues la pequeña burguesía será parte integrante de todas las revoluciones sociales que han de suceder.
Hubiera querido enviarle con esta carta mi libro de Economía política , pero hasta ahora no he conseguido imprimir esta obra ni mi crítica de los filósofos y socialistas alemanes , de la que le hablé en Bruselas. Le parecerán a usted inverosímiles las dificultades que una publicación de este tipo encuentra en Alemania, tanto por parte de la policía como por parte de los libreros, que son representantes interesados de todas las tendencias que yo ataco. En cuanto a nuestro propio partido, además de ser pobre, una gran parte del Partido Comunista Alemán está enfadada conmigo porque me opongo a sus utopías y a sus declamaciones...
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Categoría:ES-CCategoría:EpístolasCategoría:Epístolas de Karl Marx
pt:Carta de Marx a Pavel Vasilyevich Annenkov