Carta De Eduardo Frei Montalva A Bernardo Leighton 22 De Mayo D

Chapter 1

Chapter 14,029 wordsPublic domain

Carta de Eduardo Frei Montalva a Bernardo Leighton Santiago, 22 de Mayo de 1975. Señor Bernardo Leighton Guzmán Roma, Italia

Querido Bernardo:

Recibí tu carta del 22 de abril y aprovecho el viaje de Angelo Bernasola para enviarte una respuesta.

Tú me dices en ella textualmente: "He leído y releído tu carta, meditado con ánimo objetivo y abierto sobre cada una de sus líneas más expresivas". "Otro espíritu no hace grato ni útil un intercambio de correspondencia". "Trataré de seguir el orden de tus argumentaciones y juicios concretos".

En vista de la acuciosidad con que sigues mis pasos y argumentos y la forma de tu planteamiento, me parece que lo mejor es atenerse a la misma pauta. Comienzas comentando mi frase "que me desconcertó la interpretación dada por ti acerca de la declaración relativa a la expulsión de Renán Fuentealba", en que tu textualmente dices que "se expresaba confianza en los actuales ocupantes del poder para ser el centro de la reconciliación de los chilenos", cosa que yo jamás he afirmado.

Comentando esta parte me dices que tengo razón, pues las palabras transcritas son tuyas y no mías. O sea, dejas estampado que me atribuías algo que se te ocurrió a ti, pero que yo no había escrito, lo que no deja de ser grave. Pero en vez de reconocer ese hecho tratas de justificarlo sobre la base de analizar una serie de actitudes mías para así explicar el que me hayas inventado una frase que no dije.

Cualesquiera que hubieren sido mis actuaciones anteriores, ello no te da derecho para suponerme ideas, actitudes o afirmaciones que no he formulado ni he pensado, pero revela cuál es el fondo de tu actitud, que en este caso se transparenta. Cómo tú me hablas con franqueza, de igual modo te diré que has adoptado una actitud, de juez o acusador que no acepto; pero al amigo de tantos años le voy a contestar.

El origen de donde derivan todas nuestras diferencias reside en una visión fundamentalmente diferente de lo que pasó en Chile en los años de la Unidad Popular. Si yo parto de la base de que el gobierno de la UP no violentó las leyes ni la Constitución, que a ojos vista no estaba preparando un golpe dictatorial marxista-leninista, que no se manifestó reiteradamente un gran desprecio por la democracia "formal" y "burguesa", que no se creó en el país un clima de odios insuperables, y no se creó en el país un clima de odios insuperables, y no se llegó a la destrucción de la economía que acarrea inevitablemente el trastorno político, no hay nada que decir. Si por el contrario ocurrió todo eso y mucho más, como lo pienso, no hay manera de entenderse.

No me interesa entrar a discutir aquí las intenciones del Presidente de la República, porque lo hechos históricos y políticos se juzgan por lo que realmente ocurrió y no por la interpretación de cuál sería el estado de ánimo de personas que se estiman o se quieren.

A la luz de una y otra interpretación, todo lo que sigue es distinto y me referiré al capítulo de cargos que con tono admonitorio me formulas.

Fui a la ceremonia de la Gratitud Nacional a que invitaba el cardenal para pedir a Dios por la paz de los chilenos. Invitados los tres ex Presidentes de la República, me pareció mi deber concurrir, deber para mi doloroso, pero deber.

Olvidas tú que en esa ocasión fui interrogado por la TV y por la prensa. Mi respuesta fue: "He venido a rogar a Dios para que vuelva la paz a Chile". No hay ahí ni una sola palabra de adhesión ni de excusa a nada. Además hecho que olvidas cuando al término de la ceremonia los otros dos ex mandatarios, el decano del Cuerpo Diplomático y todos los personajes asistentes fueron a saludar a la Junta, fui el único que permaneció sin moverse, lo que fue considerado por ésta como un extremo agravio y ante el hecho de que así se me representara, contesté "que yo era presidente del Congreso Nacional que ellos habían cerrado y que en tales circunstancias no podía adherir al saludo que los otros ex presidentes, autoridades y representantes extranjeros estaban haciendo". Fue notorio a la concurrencia entera de las Fuerzas Armadas que don Gabriel González y don Jorge Alessandri, que habían avanzado a saludarlos, se devolvieron a buscarme y me negué a acompañarlos.

No digo esto por excusarme ni para dar explicaciones, sino porque quiero que los hechos también queden claros, ya que hay quienes viven llevando una bitácora de mis actitudes. No acepté la clausura del Parlamento. Hay una declaración de mi parte al respecto. Es posible -y lo he pensado muchas veces- que debieran haber hecho una protesta formal, pero en las circunstancias que vivía Chile en ese momento y que nadie podía suponer, como tu mismo lo reconoces, lo que ocurriría después, me pareció que más que testimonios personales, en que trata de salvarse uno y quedar bien, contribuiría así a la posibilidad de que se reestableciera la paz y se abrieran caminos de construcción democrática. Como me gusta reconocer los hechos, hoy tengo graves dudas respecto a que podría haber sido más categórico en mis expresiones.

En cuanto a mi entrevista al ABC, me extraña que la cites. Hice una protesta pública por los diarios diciendo que el periodista español había abusado de mi confianza, que no le había dado una entrevista, que había tomado parte de mis palabras y entre otras cosas señalé mi protesta porque se ponía en mi boca una referencia al Presidente Allende que jamás hice. Por lo demás, tú estás acostumbrado a entrevistas que distorsionan palabras o te aprovechan. Testimonio de ello es tu entrevista a L'Expresso, en la cual mañosamente sin que tú lo hubieras dicho, del contexto de ella se desprendían juicios sobre mi persona, que me has afirmado no formulaste, o se hacían afirmaciones muy mentirosas, como el atribuirme encuentros con Pinochet en el mismo momento en que yo estaba en los Estados Unidos.

A no otra cosa responde también mi prólogo al libro de Genaro Arriagada. No hay una sola palabra de aprobación al golpe y mucho menos de una dictadura militar. Los elementos marxistas han escrito decenas de libros que contienen las mayores falsedades, incluso las más increíbles fantasías. No te he visto protestar en contra de ellos. Desde el libro del señor Joan Garcés afirmando en conversación con Allende pocos días antes del golpe éste le dijo que jamás se entendería con la Democracia Cristiana, hasta toda clase de truculencias.

Yo creo que será difícil que el país se recupere si no se establece la verdad de lo que pasó. Y vuelvo aquí a mi convicción fundamental: nosotros entregamos un país en que durante seis años hubo real y verdadera democracia y nadie mejor que tú lo sabe. Tú sabes muy bien lo amargos que fueron los 60 días entre el 4 de septiembre y el 4 de noviembre de 1970; las enormes presiones de que fui objeto y sin embargo, es un hecho histórico que, cualesquiera que sean mis defectos –que tu con acuciosidad apuntas y te esmeras tanto en destacar- resistí esas presiones y cumplí con mi deber, entregando un país pleno de desarrollo económico, en las mejores condiciones que ningún otro gobierno lo ha entregado.

Continuas tú en tu lista de cargos. Citas una frase mía en cuanto no he tenido relación alguna con la preparación o el hecho del golpe militar. No tuve contactos, ni conversaciones, ni conocimiento de su gestación.

Tu me dices que no soy exacto. Quiero tomar en la mejor forma posible lo que en su texto es un agravio inaceptable. Recuerdas que una vez que nos reunimos en un departamento de Américo Vespucio (realmente no me acuerdo), yo dije saber que en esa ocasión no había duda de que el golpe se produciría. Me dices que me equivoqué de fecha pero que eso no destruye el hecho, aunque las fechas no coincidan. Me parece fantástica tu afirmación. No había parlamentario ni persona en Chile que durante los últimos meses hablara de que el golpe se iba a producir y que estaba a la vista. No sólo lo dije una vez sino diez veces que veía que en las condiciones en que estaba operando el país el golpe sería inevitable.

No había embajador, incluso de los países socialistas, que no expresara sus temores ciertos de que se iba al colapso. Rumores de todo orden corrían el día entero. No conozco un solo senador que alguna vez no dijera que había oído referencias a ello. Invocar esto para dar a entender que yo estaba vinculado con esta situación, me parece que excede a todo lo ponderable. Retienes también en tu memoria me dices que en la comisión política yo informé varias veces de mi insistencia ante militares amigos para que aumentaran al control de parte de las FF.AA. respecto de las armas. Agregas que se ha conocido la ntención torcida destinada a extremar la atención pública con que en repetidas ocasiones se aplicó esta ley. Tú me dices que al insistir en esto yo no tenía la intención, pero que prácticamente la servía y que era grave por el alto cargo que ocupaba que no lo advirtiera.

Realmente veo que estamos en posiciones más que diametralmente opuestas para interpretar lo ocurrido en Chile.

Nunca oculté mi exigencia de que se cumpliera con esa ley , pues estimaba que ella podía impedir un trastorno, ya que ningun país puede admitir impunemente que se internen armas en forma ilegal. Esto no se lo dije a militares amigos. Se lo dije ocasionalmente a uno o dos de mis ex edecanes y sólo de manera formal al señor Carlos Prats.

Entre otras cosas le manifesté mi grave preocupación porque él decía que habría una guerra civil con un millón de muertos. Yo le dije que esa guerra civil no sería posible si no hubiera enormes cantidades de armas entregadas al país (cosa que por lo demás fue fehacientemente comprobada después), y que la aplicación severa de la ley despachada por el Congreso daría a la ciudadanía sensación de seguridad y a la vez evitaría la posibilidad de cualquier golpe.

Decir que si el Presidente del Senado exigía el cumplimiento de una ley que pedía al país entero ante el hecho gravísimo y provocativo de la internación de armas hacía el juego a la subversión, me da la impresión ya no de la Torre de Babel, sino de una distancia aún mayor para juzgar lo que ocurrió.

Por lo demás, en este aspecto las declaraciones de Renán Fuentealba como presidente del Partido, directiva de la cual eras Vicepresidente, son numerosas, públicas y muchísimo más severas que las mías. Sin comparación. De eso nada dices. Tampoco de la actitud de muchos personeros DC que actuaron pública y constantemente.

Muchas veces expresé que yo veía inevitable que la democracia se derrumbaría ante tales eventos. Más aún, creí mi deber advertirlo y repetirlo. Para ti eso es un delito. A los seis meses del Gobierno, en la elección municipal, dije un discurso al país a petición expresa de la Directiva, en el cua señalé que se llevaría al país al desastre y a una inflación incontrolada. El señor Vuskovic se rió de mí diciendo que la situación económica era espléndida y que no habría inflación. Según tú piensas, cometí yo una provocación y Vuskovic estuvo muy acertado. Sin embargo, olvidas que tú mismo, de lo cual hoy te lamentas, firmaste los acuerdos del partido en que se señalaron taxativamente las distintas violaciones de la Constitución y la ley.

Tu me recuerdas que un día al salir del Senado según tú te pregunté porqué estabas tan furioso y tú me dijiste que no estabas furioso conmigo sino con mi posición política. Tú me has obligado a escribir esta carta, porque no puedo dejar en pie tus aseveraciones. Yo también recuerdo que un día te dije en el senado: "Bernardo, no te conozco. te veo lleno de odio y de resentimiento. No soy yo solamente el que piensa así entre muchos amigos tuyos. No eres el Bernardo que yo conocía. Tú me contestaste que no era así, que yo estaba equivocado.

Después dices que yo hice declaraciones frente al Gabinete de Allende que fueron un ariete en contra de la estabilidad del Gobierno y precipité la catástrofe. He repasado esas declaraciones y las hice porque estaba convencido de que la fórmula que se estaba aplicando no tenía por objeto que las FF.AA. entraran al Gobierno a dar garantía a todo el país, sino para ser envueltas en una maniobra política destinada a dar los últimos pasos para la consolidación de una forma de gobierno antidemocrática. Los hechos posteriores me han confirmado la justicia de esa interpretación. Por lo demás, tú pareces olvidar otra cosa. Hubo varias reuniones del comité político a las cuales asististe tú, Tomic y otros personeros y yo también, y con la aprobación unánime de la comisión política se señaló la necesidad de un gabinete en que estuvieran las FF.AA. pero se decía claramente- y yo no era miembro de la comisión- que no con unos dos o tres ministros superpuestos manteniendo toda la estructura administrativa inferior (subsecretarios, etc.), porque eso se consideraba un peligro y un error.

Más aún, hubo una declaración oficial de la comisión política al respecto. Yo llevé un borrador de declaración el cual fue aprobado en términos generales, estando tu presente y redactado en definitiva por el presidente del partido con la aprobación de toda la comisión, a la cual tu asististe.

Yo también hago memoria y podría citar otra infinidad de hechos, porque resulta que aquí parece que algunos no hubieran cometido pecado alguno y quieren convertir a otros, especialmente a mí, en chivos expiatorios de todos los pecados. Yo estoy dispuesto a cargar con los míos, pero no a que aparezcan como blancas ovejas quienes tienen bastantes salpicones... Al final de la página 2 me dices que cometo un error al decir que escogiste el camino del exilio, porque tu no saliste pensando en un alejamiento definitivo y que es la decisión de Pinochet la que te impidió y te impide volver a Chile.

La verdad es que en el carácter de proceso que le has dado a mi carta, cometí un error. Podría invocar para él que no me fijé atentamente en su redacción, puesto que comenzaba por decirte que considero una infamia que se te niegue volver a tu Patria, a la que tú siempre has servido con dignidad y con honor. Si siguiera tu hermenéutica diría que del contexto de tu actuación tu decidiste ese camino.

Pero si tú estimas que he cometido un error, me apresuro a pedirte excusas por él. En la página 3 hay una afirmación fundamental, que crees uno de los puntos claves de toda nuestra discrepancia. dices textualmente: "los que creyeron posible la colaboración, nunca recibieron una proposición seria y aceptable. Esto no es verdad, e incluso tengo escrito los hechos que demuestran lo contrario. Que la gran prensa guardara silencio o tergiversara, es cuento aparte."

Yo no puedo saber cuáles son los hechos a que tú te refieres mientras no los des a conocer. Desgraciadamente, en los años de la Unidad Popular tampoco tuve ocasión de conocerlos, lo que lamento profundamente, pues creo tenía derecho a estar informado de una materia tan trascendental. los hechos que yo tengo hasta ahora son otros: 1) nunca en la mesa directiva del partido o en el Consejo se dio cuenta de ninguna proposición concreta o seria. Varias veces lo dije y en tu presencia. Era la ocasión de convencerme que estaba en un error; 2) la proposición de Irureta fue rechazada; 3) una carta que no conocía y que he leído de Tomic al presidente Allende fechada el 3 de Junio de 1971, en la cual textualmente le proponía un acuerdo con la Democracia Cristiana, no tuvo respuesta, lo que se tradujo en el hecho en una negativa; 4) las diversas gestiones que se hicieron respecto a la reforma constitucional; 5) las entrevistas finales públicamente conocidas del presidente del partido, que nadie puede discutir, salvo que ya se quiera discutir que la luz del día ya no la produce el sol, que fueron rechazadas por el presidente; 6) la última conversación del presidente del partido en casa del Cardenal con el Presidente de la de parte del segundo, salvo que le encomendaría el asunto a Carlos Briones, cosa que no hizo. Por lo menos eso es lo que Aylwin ha informado y ratificado el Cardenal.

Me parece aún más extraño todo lo que tú me dices porque tú fuiste miembro de la mesa directiva durante todo el período de Fuentealba. Si hubo una proposición, ¿por qué no la tradujeron en hechos? Tampoco la llevaste a la presidencia de Aylwin. Por eso es que tengo verdadera curiosidad por conocer esas proposiciones, que desgraciadamente no llegaron a tiempo.

Tu me dices que la gran prensa calló y tergiversó. No hay duda. Pero yo creo que una directiva del partido que hubiera tenido una proposición seria y responsable no podía dejarse manejar por esa gran prensa. nunca lo fue en las cosas decisivas. Por lo demás, entre esa gran prensa. Nunca lo fue en las cosas decisivas. Por lo demás, entre esa gran prensa yo coloco también al Clarín, de propiedad del Presidente de la República, que avivara la cueca en una forma horrorosa y que injuriaba y encanallaba a destajo y Ultima Hora, de propiedad de algunos ministros de Estado. Yo fui una víctima constante de esa actitud. Y allí, salvo tratar de dividirnos en buenos y malos, nunca hubo nada serio.

Tú has hecho así una larga y detallada enumeración de lo que tú concibes como mis errores políticos.

Pero yo quisiera agregarte dos cosas que creo es conveniente se señalen para la Historia. Cuando fui a La Moneda con motivo de la muerte del edecán señor Araya, el Presidente Allende me recibió con extrema cortesía. Para dos días después estaba anunciada su reunión con Patricio Aylwin, que había sido suspendida por esa desgracia. Al despedirme de él le dije: "Presidente, usted va a tener una conversación con Aylwin. Yo he respaldado con todo entusiasmo el que esta conversación se verifique. Creo que es decisivo para el futuro de Chile que usted llegue a un acuerdo con el partido y con su presidente. no trate con personas individuales, trate sólo con él como directiva oficial. Tenga la seguridad de que yo deseo el éxito de esta reunión". El Presidente agradeció mis palabras, pero no agregó una sola frase fuera de sus expresiones de gratitud. Si el tenía algo que decirme, yo le abrí el camino. No se interesó. Para terminar con esta serie de recuerdos, quisiera señalar dos cosas.

Tú te encargas de señalar mis errores políticos, de subrayarlos, pero olvidas que durante los seis años de mi presidencia el Partido Socialista y el partido Comunista, pero especialmente el Partido Socialista, mantuvieron una actitud de ruptura con el gobierno legal, que no tiene parangón con la que tuvimos nosotros con el gobierno de la Unidad Popular. Desconocieron la legalidad de mi elección; se negaron incluso en el caso del terremoto a ir a La Moneda cuando los invité oficialmente; me negaron permiso para salir de Chile a Estados Unidos, unidos a la derecha; los senadores socialistas y el propio

Salvador Allende no sólo guardaron silencio para el Tacnazo sino que hicieron declaraciones estimulando el golpe. En cambio, la directiva del PDC y algunos prominentes democratacristianos tuvieron continuados contactos con el presidente, perdonaron tramitaciones y engaños. Yo no los critico. Cuando Aylwin consultó si iba a La Moneda voté afirmativamente, y cuando me consultó privadamente si concurría a la comida donde el Cardenal, a pesar del fracaso anterior, le di mi opinión diciéndole que era su deber asistir.

También debiera pesar en tu conciencia un hecho: a ti te consta que yo no quería ser candidato a senador por Santiago. Cuando la mesa insistió, estando tú presente como parte de ella, dije la razón que tenía para no aceptar, y que era mi posición frente al gobierno de la Unidad Popular; el juicio que yo tenía de este gobierno, la catástrofe que se preparaba para Chile, y que yo en ese contexto daría la campaña, porque no podía hacerlo de otra manera y que si ustedes no estaban de acuerdo con esa posición no tenía objeto en que insistieran en que fuera candidato. En eso fui extremadamente claro e insistente, y tú que has sido siempre muy honrado para tus cosas no puedes dejar de reconocerlo. Nada, pues, de mis posiciones posteriores pudieron extrañarte, porque fueron debida, explícita y reiteradamente advertidos respecto a cuál era mi posición. Y en esas condiciones me insistieron, designándome.

Cuando yo veo la oposición que le hace el comunismo al gobierno DC en Italia, cuando veo lo que ocurre en Portugal, en Grecia y en otras partes, confirmo cada una de mis posiciones.

Tú me dices que la Democracia Cristiana de Portugal no era claramente democrática y que ese militar era una persona extraña, que así te informaron los DC españoles. También lo sé. Leo diarios italianos que me llegan con regularidad. Leo Il Popolo, el órgano de la DC, y me di el trabajo de seguir todo el debate del Consiglio nacional de Febrero y las posteriores campañas: la ley para garantizar el orden público y la seguridad y el voto en contra del Partido Comunista, después de haber hecho campaña en contra de la Democracia Cristiana, porque ésta era débil para mantener el orden público; y después cuando quiere intentarlo, la atacan por vinculaciones fascistas. Leo también Le Monde y el New York Times y otras revistas de manera que a pesar de no estar en Europa creo tener una información adecuada y no simplificada de los fenómenos. Lo que es un hecho es que el PC con un 12% del electorado tiene más poder que los sectores democráticos con 60 o 70%. Esta es la misma línea que siguieron en Hungría, cuando con el 17% del electorado se quedaron con el país, la misma línea de Checoslovaquia y la misma que siguen en cualquier parte. Los detalles importan poco frente a una línea de conducta siempre igual y a una estrategia no variada y sólo a tácticas diversificadas. Los DC italianos -he leído sus declaraciones- han dicho una cosa muy razonable "Mientras la adhesión a la democracia del PC sea sólo táctica y mantenga su filosofía y su estrategia muy clara para llegar a una dictadura totalitaria, no hay base para un acuerdo". Yo quisiera ahora también, porque ni me has colocado en esa situación, decirte lo que yo pienso de algunas actuaciones tuyas.

Creo, en primer término, que tú cometiste un error político inmensamente grave, sin quererlo, porque nunca he dudado de tu lealtad y de tu rectitud. ¿Cuáles son esos errores? Yo creo que tus actuaciones amistosas y privadas, aunque fueran autorizadas por la directiva o no autorizadas porque tú eras parte de ella muy fundamental, los contactos que tuviste con el propio Presidente Allende, nunca fueron claros.

Fueron emocionales, amistosos y dieron pábulo para que él creyera que podía dividir o manejar a la Democracia Cristiana. Si se hubiera sido claro y más rotundo desde el comienzo y él hubiera visto un bloque en esa posición, tal vez se habrían evitado los daños posteriores y quizás llegado a un acuerdo. Y digo tal vez, porque creo que la temática en que estaba él empeñado y las fuerzas políticas que lo acompañaban lo habrían hecho imposible. ignorar ahora todas las declaraciones del Partido Socialista, el Partido Comunista y el MIR y sus actos es imposible. Creo también que nunca has hecho una valoración exacta de los actos del gobierno de la Unidad Popular que llevaron al país al despeñadero, a la violencia, a los cordones industriales, a las tomas, a los territorios ocupados por el comandante Pepe y otros, al control de las poblaciones, etc.