Carta De Bernardo Leighton A Eduardo Frei Montalva 26 De Junio

Chapter 2

Chapter 21,502 wordsPublic domain

Pág. 16 - Pr. 1. No tienes para qué decirme que no me inquiete por asuntos de candidaturas ni darme recados para algunos de mis amigos al respecto. Nunca me he contado entre quienes explican tu actitud cerrada frente a la UP y tu aceptación del golpe militar por tu presunta ambición de volver a ocupar la Presidencia de la República. Me he dado y he dado otra explicación. Equivocada, pero no mezquina.

La razón de tu posición la he derivado de un verdadero peso de conciencia por el triunfo de la UP, que vi caer sobre tu espíritu, abrumándolo, en los días posteriores a la elección de Salvador Allende.

Aquello te produjo, a mi parecer, una especie de trauma psíquico que te nubló poderosamente la mirada sobre el proceso de la Unidad Popular, la confabulación de la extrema derecha y el golpe militar. Recuerdo conversaciones que tuvimos sobre algo de esta materia en la galería de La Moneda y en tu casa, a raíz del asesinato de Edmundo Pérez.

Dices que los hechos de Europa te están dando la razón. Habría que verlo. Yo pienso igual que siempre: para poder oponerse a las amenazas de la dictadura de izquierda, hay que estar en contra de todas las dictaduras.

Pág. 17 - Pr. 7 / Pág. 18 - Prs. 1, 2. Después del desmentido de Javier Lagarrigue y de tu carta, no hay duda de que la reunión entre Bonilla, Carmona, tú y Lagarrigue no se produjo en casa de éste y que Javier no asistió a ninguna reunión; pero lo curioso es que reaccionas con inusitada violencia para negar la existencia de un hecho que la publicación no contiene.

En efecto, si te fijas bien, las propias frases de la revista que transcribes en tu carta, ellas hablan de una carta informativa a los partidos de la "Union Mundial", en parte alguna de una carta personal tuya a Mariano Rumor, presidente de la UMDC. Es decir, te indignas por algo que no aparece en la publicación. Tu ofuscación me impresiona en el sentido de confirmarme en la información que recibí en Santiago acerca de que se celebró, realmente, en otra casa la mencionada reunión.

Sin embargo, el propio Javier Lagarrigue lo único que censura de la publicación es precisamente lo que en ella no se pone, o sea, la carta tuya a Mariano Rumor. En la carta que me escribes dices textualmente: "si la reunión hubiera existido, no habría habido nada de deshonroso en ella". Luego, la publicación, que, repito, no habla de tu carta a Rumor, no es deshonrosa para ti ni merece, por tanto, los términos con que la calificas.

Pág. 18 - Pr. 4. Si hubiera yo sabido, como ahora lo sé por tu carta, el motivo de angustia paternal que te movió a comunicar a Jorge las noticias publicadas en la revista, tomadas del New York Post, habría pedido que no se hiciera la publicación. El periodista a que te refieres, que es mi amigo, sostiene que Jorge le pidió en tu nombre dar las noticias en Italia; él no consideró bueno para ti ni para nadie, políticamente, acceder a la petición de Jorge.

Pág. 19 - Prs. 2, 3. Escribes: "Yo comprendo que en un partido se haga una autocrítica, que nada se oculte, que todo se analice, que cada uno cargue con las responsabilidades que corresponde y que el partido lo juzgue y lo castigue si es necesario. Eso no sólo me parece conveniente, sino indispensable. Pero ningún partido que yo conozca admite que esa autocrítica la haga un prominente miembro del partido en una revista, acompañado de personas que no son miembros del partido, que lo han atacado y lo han criticado o abandonado. Eso no lo acepta ninguna organización política, democrática o no. Todo su contexto aparece dirigido a mostrar que hay dos partidos, el de los buenos, de los rectos que no se equivocaron, y el de los malos equivocados, para difundir esta idea entre los DC del mundo y naturalmente entre los que no lo son y presentar debidamente adosada la información. Esa no es autocrítica. Eso es tratar de destruir un partido. Y eso es absolutamente incomprensible."

Lo incomprensible para mí es que tú no hagas el esfuerzo de pensar que la intención de un viejo amigo tuyo y de otros chilenos, que fueron o pueden ser tus amigos, desterrados de su Patria y viviendo en duras condiciones, sea la que tú presumes y no otra, más lógica, más conforme con lo que tu viejo amigo ha sido siempre, más positiva y más noble. No es pedirte demasiado.

Te daré elementos para la rectificación de tu juicio. En primer lugar, la monografía de la DC que pretendes convertir en una autocrítica del Partido, está muy lejos de ser eso, por cierto. No tuvo otra finalidad que describir, en líneas muy resumidas, con evidentes fallas e imprecisiones, la evolución interna de los DC chilenos, a partir del 11 de septiembre, haciendo ver cómo las dos posiciones diseñadas en los primeros días fueron paulatinamente desapareciendo en favor de una línea común de crítica contra la dictadura.

No se hacen calificaciones, ni exclusiones; al contrario, en el curso del relato, y aún en el mismo número 4 que comentas, encontrarás parte de lo que echas de menos acerca de las actuaciones de numerosos DC (algunos de los que nombras), en la defensa de los presos políticos, en los comentarios e informaciones radiales, en las publicaciones clandestinas, etc., etc.

No es una cosa perfecta y completa. No trata de presentar dos partidos, ni de adelantar el juicio final, señalando desde ya a los buenos y a los malos, sino de exponer una etapa de la vida de un partido, compuesto de hombres libres y falibles, que no tuvo la fortuna de contar con una opinión unánime, entre sus dirigentes más antiguos, el día de la gran catástrofe.

Este ha sido, por lo demás, el rumbo seguido por mi actuación en Europa, no exenta de mil limitaciones. Es fácil comprender las complejas dificultades con que tropieza este empeño, proveniente ante todo de mi ubicación fuera del país, mientras la Directiva se encuentra en el interior de él sin libertad de acción, ni de expresión.

Las circunstancias anotadas nos exigen a todos un grande y perseverante esfuerzo de clarificación en las ideas y en las conductas, de sometimiento objetivo a las insuperables condiciones materiales diferentes y de comprensión recíproca y fraterna. La unidad fundamental del Partido tenemos que alcanzarla tomando en cuenta estas realidades y, hasta cierto punto, aprovechándolas, lo que a su vez resulta inmensamente difícil por el problema de las comunicaciones, sobre todo de la comunicación personal que suele ser insustituible.

No hay más camino que confiar los unos en los otros, aunque no estemos en completo y total acuerdo, por encima de discrepancias que, en tiempos normales, serían inaceptables; pero que la penosa actualidad nos impone tolerarlas.

La lucha, en definitiva, no es entre nosotros, es contra la dictadura. Consideremos con objetividad y confianza recíproca la conducta de unos y de otros; así como yo no podría pedirte que en tus entrevistas abordaras a fondo el tema político, porque por razones obvias no puedes hacerlo desde el interior del país, no me pidas que, en el sitio en que estoy, me aísle rígidamente, y no suscriba documentos o asista a reuniones con otros políticos chilenos, por la simple razón de que nos han ofendido o con quienes hemos en otros tiempos y sobre otras materias, discrepado y combatido.

Proceder con serenidad de juicio, sin precipitación, es razonable y así procuro actuar concretamente; pero llegar más lejos existiendo la dictadura que sufrimos en Chile, te aseguro, mi querido Eduardo, que lo estimaría una traición a mi país y a mi conciencia.

Prefiero, con mucho, correr los riesgos que estoy corriendo, incluidas la incomprensión explicable de los amigos y las injurias de los adversarios, antes de cambiar la línea política que abracé en mi juventud y que, a Dios gracias, me siento con fuerzas para no abandonar.

Todo lo que me dices tocante a la carta de Radomiro a Leigh (publicada aquí hace tiempo por el Paese Sera) y a un artículo de Oscar Waiss, francamente pudiste suprimirlo. Con Radomiro tuve discrepancias sobre varias de las materias tratadas en esa carta y sobre su oportunidad; pero encuentro absurdas las suposiciones y comparaciones en las que te extiendes largamente; adquieren el carácter de un desahogo bastante odioso de tu parte.

Oscar Waiss es un antiguo amigo mío con quien he mantenido innumerables discusiones, pero los conceptos violentistas que transcribes y que tampoco comparto no constituyeron la orientación básica del diario "La Nación" cuando Waiss desempeñó su dirección. Ese habría sido un buen argumento para tu tesis.

Me he alargado casi tanto como tú y por tus mismas y cordiales razones.

Te abraza tu affmo. amigo,

Bernardo Leighton G.

PD. Anoche me llamó Nacho Palma desde Milán, espero con ansias que llegue hoy o mañana.

Category:DH-CCategory:EpístolasCategory:Epístolas de Eduardo Frei Montalva