Carta Acerca Del Origen De La Imagen De Nuestra Senora De Guada

Chapter 3

Chapter 34,049 wordsPublic domain

l.º Los autos originales formados por el Sr. Zumárraga.

2.º La carta que el mismo escribió á los religiosos de su orden residentes en Europa.

3.º La Historia de la Aparición escrita por el Padre Mendieta y parafraseada por D. Femando de Alva.

Los ciertos son:

4.º La relación de D. Antonio Valeriano.

5.º El cantar de D. Francisco Plácido, Señor de Azcapotzalco.

6.º El mapa á que se refiere Doña Juana de la Concepción en las informaciones de 1666.

7.º El testamento de una parienta de Juan Diego.

8.º Los de Juana Martin y D. Esteban Tomelín.

9.º El de Gregoria Morales.

10.º La relación de D. Femando de Alva Ixtlilxóchitl.

11.º Los papeles que el bachiller Sánchez sacó su historia de la Aparición.

12.º Unos anales que vió el Padre Baltasar González en poder de un indio.

13.º La Historia de la Aparición en mexicano, publicada en 1649 por el bachiller Laso de la Vega.

14.º Una Historia de la Aparición que hasta 1777 se conservaba en la Universidad de México, “cuya antigüedad remonta hasta tiempos no muy distantes del suceso”.

15.º El añalejo de la Universidad citado por Bartolache.

Punto 41

Como se advierte, la lista de documentos es bastante larga; pero la desgracia ha querido que (a excepción del número 13), ninguno se halla publicado, ni siquiera se sepa que exista en alguna parte. Aunque no sería extraño que algunos, o los más, se hubiesen perdido, esa desaparición total es inexplicable. Singulares apologistas los que, escribiendo obras, á veces bastante voluminosas, no reservaron un rincón para los documentos en que se apoyaban, habiendo gastado tanta tinta y papel para remendar un edificio que por todas partes se abre. Una colección de esos antiquísimos y rarísimos papeles en un pequeño cuaderno, valdría más que todas las apologías. Pero unos se perdieron, otros fueron robados; aquellos se vendieron por papel viejo, los demás allá se quemaron; en fin, todos han desaparecido, y ninguno se puede hoy examinar ni sujetar á crítica. Sólo se sabe que existieron, porque uno que los vió, lo dijo á otro, y este á otro, y este último á otro más, quien lo contó al que lo va escribiendo; y todos los intermediarios eran, por supuesto, personas ancianas graves, y veracísimas, para venir á parar, después de tantos trámites y ponderaciones, en el cuento de la carta del Sr. Zumárraga que vió el Padre Mesquia, y que se quemó tan oportunamente.

Punto 42

Acerca de los números 1 y 2, es decir, los autos originales, y esa carta del Sr. Zumárraga, he dicho lo bastante; y pues sólo se dan como probables, afirmo que nunca existieron, y paso adelante. La misma calificación de probable trae la historia escrita por el Padre Mendieta (no. 3); más valiera decir con franqueza que nunca la hubo. Trátase de una relación de autor incierto, que Betancourt atribuía en duda al Padre Mendieta o á Ixtlilxóchitl. Florencia, propenso siempre á añadiduras y ribetes, ya dice que Betancourt le afirmó que era de Mendieta: vino Sigüenza y se enfadó contra el Padre Florencia por haber añadido aquello después que él dio la aprobación á la Estrella del Norte: con tal motivo declara y aun jura que se trataba de la traducción parafrástica de un original mexicano de letra de D. Antonio Valeriano, hecha por Ixtlilxóchitl. Cabrera le atribuye á Fray Francisco Gómez, que vino con el Sr. Zumárraga. Después de esto no comprendo cómo pudo dar el Sr. Tomel, ni aun por probable esa historia del Padre Mendieta.

Punto 43

El primero de los documentos ciertos es la historia de D. Antonio Valeriano. Ya que Sigüenza jura que tuvo una relación de letra de D. Antonio Valeriano, no pondré duda en ello. Pero aquí de la desgracia, porque esta pieza capital no existe ni la ha visto ningún moderno, ni se ha publicado jamás, para que pudiéramos saber lo que decía, y como lo decía. El Padre Florencia que tan ampliamente usó de ella, se proponía imprimirla al fin de su historia, y al cabo fué saliendo con la frialdad de que por haber resultado aquella muy abultada, ya no imprimía la relación; por lo cual le increpa fuertemente y con razón Conde y Oquendo.

Siempre la fatalidad. Sigüenza, para corroborar que Mendieta no pudo ser autor de la tal relación, dice que en ella se leían algunos sucesos y casos milagrosos “que acontecieron años después de la muerte de dicho religioso”. El Padre Mendieta falleció en Mayo de 1604 y D. Antonio Valeriano en Agosto de 1605; luego si se hablaba de sucesos ocurridos años después de 1604, no pudo escribirlos quien murió en el siguiente de 1605, y tampoco Valeriano es autor de ese papel, aunque pareciera escrito de su letra; o bien el documento está interpolado.

En resumen; la relación no existe, ni puede conocerse más que por el extracto que de ella da Florencia, en el que no faltan, por cierto, pormenores inverosímiles. Los apologistas de la Aparición exigen que para comprobar el argumento negativo se les presente hasta el último papel posible e imaginable; al paso que dan como de recibo documentos dudosos, obscuros y enfermizos, que ni siquiera pueden exhibir.

Punto 44

El cantar de D. Francisco Plácido (no. 5) se encuentra exactamente en igual caso. También ofreció Florencia imprimirlo, y también se le dejó en el tintero, por lo abultado del libro. ¿No pudo haber desechado algo de la mucha paja que este tiene, para dejar hueco á papeles de tan alta importancia? Y si no quiso imprimirlos él que los tenía, ¿por qué formar queja de que ahora no se dé crédito á lo que sólo conocemos por noticias de segunda mano y extractos nada seguros?

El cantar fué dado al Padre Florencia por D. Carlos de Sigüenza, quien le halló entre escritos de Chimalpahin. No falta quien piense que no ha habido escritor de tal nombre. Aunque yo no me atreva á tanto, creo que la sola circunstancia de haberse cantado el día que “de las casas del Sr. Obispo Zumárraga se llevó á la ermita de Guadalupe la sagrada imagen”, basta para negar la autenticidad del himno, pues no hubo tal ocasión de que se cantase.

Punto 45

Pasemos al mapa de las Informaciones de 1666. Doña Juana de la Concepción, india de 85 años, declaró que por haber sido su padre hombre muy curioso, todo cuanto pasaba en México y su comarca lo escribía y asentaba en mapas; y que en ellos tenía asentada, si mal no se acuerda, la Aparición. Y aquí viene la desgracia de siempre, porque al viejo le robaron aquellos mapas, y la hija no pudo dar más que esa indicación vaga, que no sé de qué sirva.

Punto 46

El testamento de una parienta de Juan Diego (no. 7) aparenta mayor importancia, porque en él se menciona (según Boturini, único que le vió) una aparición en estos términos: “En sábado se apareció la muy amada Señora Santa María, y se avisó de ello al querido párroco de Guadalupe”. La traducción es de Boturini, pues el original estaba en mexicano, y ciertamente que la palabra teopixque no corresponde, exclusivamente á la de párroco, como notó muy bien el Sr. Alcocer, sino que significa padre o sacerdote en general; pero no puedo admitir que la indicación se refiera al Sr. Zumárraga, que era verdaderamente Padre y muy amado de los indios”, como quiere el mismo Sr. Alcocer, porque el sentido común está diciendo que el alto cargo del Sr. Zumárraga no era para que se le añadiese el calificativo de una ermita. Al Obispo llamaban Hueyteopixqui (sacerdote mayor o principal) según Florencia. Lo que pura y simplemente dice el texto es que la Virgen se apareció en sábado, y que se dio aviso del suceso al sacerdote (capellán o vicario) que estaba en la ermita de Guadalupe.

Con esto queda ya dicho que la aparición de que se trata no es la famosa de la Virgen á Juan Diego, pues según todos los que de ella escriben, cuando se verificó no había nombre de Guadalupe, ni ermita, ni sacerdote allí á quien avisar, sino que todo vino de aquel prodigio. Se trata de uno de tantos milagros que por los años de 1555 o 1556 se atribuían á la imagen; y esto se confirma con la seca manera de enunciar el caso sin ninguna circunstancia particular que la distinga.

Punto 47

Concuerda con esta noticia otra que los últimos apologistas no han aprovechado, aunque habrían podido atribuirle gran valor. Juan Suárez de Peralta en sus Noticias Históricas de la Nueva España, escritas hacia 1589, dice que el Virrey Enriquez “llegó á Ntra. Sra. de Huadalupe, que es una imagen devotísima, questá de México dos lehuechuelas, la cual ha hecho muchos milagros (aparecióse entre unos riscos, y á esta devoción acude toda la tierra) y de allí entró en México. Vemos que Suárez anuncia esa aparición con igual sequedad que el testamento entre un paréntesis, y sin hacer caso de ella. No llama á la imagen aparecida, sino devota.

Es preciso distinguir entre una aparición cualquiera, de las muchas que se cuentan, que no deja rastro de sí, ni pasa de la persona favorecida, en cuyo dicho únicamente se funda, y la Aparición de la Virgen á Juan Diego, delante de testigos, y que permanece atestiguada perpetuamente en la imagen pintada por milagro. Preciso es repetirlo: lo que se cuestiona no es si la Virgen se apareció á alguien bajo la figura de la imagen de Guadalupe ya existente: sino si se apareció á Juan Diego en 1531 con las circunstancias que se relatan, y al fin quedó pintada en su tilma es decir, si la imagen que tenemos es de origen celestial.

Punto 48

En esto de testamentos de indios hay cierta confusión. El Sr. Lorenzana vió los de Juana Martín y D. Esteban Tomelín (no. 8): no publicó el primero, por estar enmendado el año: en el otro, otorgado en 1575 hay un legado á Ntra. Sra. de Guadalupe. Este hay que ponerlo á un lado, pues dejar un legado á Ntra. Sra. de Guadalupe no es atestiguar su aparición, y pues en 1575 había ya iglesia, nada tiene de particular ni prueba nada que D. Esteban le dejase una manda o limosna.

Del de Juana Martin no conocemos cosa alguna: ni aun la fecha: hay quien piense que es el mismo atribuido por Boturini á una parienta de Juan Diego. El Sr. Alcocer dice que se envió original á España con los demás papeles de D. Fernando de Alva (Ixtlilxóchitl). No sé qué fundamento tendría para asentar esto. Lo cierto es, que de los papeles de D. Fernando quedaron copias en México, y no quedó del testamento. Continúa la fatalidad destruyendo los papeles de los apologistas.

Punto 49

Del testamento de Gregorio Morales otorgado en 1559 (no. 9), dice el Sr. Alcocer que poseía copia: que en él se asienta la Aparición, y que muchos reputan por uno mismo este y el de Juana Martin. ¿Por qué no publicó la copia que tenía, para que viésemos cómo se asienta la Aparición, o si no hay más que el legado de una tierra, como en el de Tomelín? ¿Qué crédito merecen estos testamentos desconocidos, cuando ni siquiera se sabe si son diversos o uno solo?

Punto 50

Menciónase también una relación de D. Fernando de Alva Ixtlilxóchitl (no. 10), que según la declaración jurada de Sigüenza no era más que una traducción parafrástica de la atribuida á Valeriano. Por lo mismo no puede considerarse como documento diverso. Los papeles en que fundó su historia el Padre Sánchez (no. 11) se alegan también. Nadie sabe cuáles fueron, si es que los hubo. El malicioso Bartolache dice que “hubiera hecho muy bien el bachiller Sánchez en haber dicho qué papeles fueron los que halló y dónde”. Y pues no lo dijo, ¿qué prueban? ¿Quién puede calificarlos ahora? De más gravedad parecen los anales indios que tenía el Padre Baltasar González de la compañía de Jesús, los cuales llegaban á 1642 y en el año que le toca está el milagro de Ntra. Sra. de Guadalupe. Son palabras de Florencia. ¿Por qué dijo el milagro y no la Aparición? Estas vagas indicaciones de mapas en que está asentada la Aparición, no infunden confianza, porque como antes dije, no se trata de una aparición cualquiera de la Virgen de Guadalupe, sino de la Aparición á Juan Diego, y de la pintura milagrosa en la tilma.

Entre los muchos milagros que á mediados del siglo se atribuían á la imagen, es casi seguro que incluían algunas apariciones, como la que refiere la parienta de Juan Diego y Suárez de Peralta. Aun cuando así no fuera, es costumbre que todavía dura, pintar en los retablos de milagro la imagen del santo que lo hizo, como si se apareciese en el aire al devoto, sin que nadie pretenda por eso que la aparición fué real, sino que es la manera de indicar cual fué el intercesor. Un retablo semejante pintado en unos anales indios, sin texto que declare el asunto, puede tomarse por una aparición real, sin serlo.

Punto 51

A cualquiera llamará la atención que entre los documentos anteriores al libro del Padre Sánchez se cuente la relación mexicana de Laso de la Vega, que salió al año siguiente (No.13). Es que sin más fundamentos que la elegancia del lenguaje y otros igualmente leves, se ha asentado que el Lic. Laso no es autor de ella, sino que el verdadero es mucho más antiguo “y probabilísamente es la misma historia o paráfrasis de D. Antonio Valeriano”. Si se acepta esa superlativa probabilidad, el documento se reduce á otro y no es uno más.

Pero sería bien extraño que después de haber dicho Laso en 2 de Julio que no había sabido hasta entonces palabra de tal historia, ya en 9 de Enero de 1649 tuviera presentada y aprobada la relación. ¿Dio la casualidad de que dentro de esos seis meses apareciera la relación que tanto tiempo había estado oculta? Si ya la tenía el Padre Sánchez, ¿por qué no se refirió á tan precioso documento, en vez de contentarse con vaguedades?

Aquí no hay relación alguna. Inflamada la devoción de Laso con el relato de Sánchez, quiso divulgarlo entre los indios, y para ello lo abrevió y puso en lengua mexicana. Eso es todo. Si el lenguaje es bueno, para eso había entonces grandes maestros de mexicanos, y basta con recordar el nombre del Padre Carochi, que el año de 1645 imprimió su famosa gramática.

Punto 52

El Dr. Uribe (1777) habla de una historia de la Aparición en lengua mexicana “archivada en la Real Universidad cuya antigüedad aunque se ignora á punto fijo se conoce que se remonta hasta los tiempos no muy distantes de la Aparición, ya por la calidad de la letra, ya por su materia, que es masa de Maguey, de la que usaban los indios antes de la conquista” (no. 14). Mucho después continuaron usándola, y tengo documentos de 1580 escritos en ese papel. Pero ¿qué contenía esa relación? ¿Cuál era su fecha? ¿Dónde para hoy? No hay quien conteste á estas preguntas. ¿Por qué no publicar, vuelvo á decir, ni siquiera uno de estos documentos? Dudas había en tiempo del Sr. Uribe, puesto que escribió una defensa; el Cabildo de la Colegiata no era pobre: ¿qué le impidió sacar á luz los documentos que citaba el defensor, como suele hacerse en todo alegato?

¿No le hizo costear después D. Carlos Bustamante la impresión del segundo libro XII del Padre Sahagún, haciéndole creer que era un documentó fehaciente de la verdad de la Aparición aunque no habla palabra de ella? Pues si tanto ha sido el descuido, ¿por qué se quiere que recibamos como buena y concluyente lo que no se conoce? Cuando vemos la constante e inexplicable terquedad con que los apologistas confunden el culto y la aparición, es muy fundado el temor de que en esos papeles desconocidos no se habla más que de culto, de mandas o de limosnas, como sucede en el testamento de Tomelín y muy probablemente en el de Gregoria Morales, que sin embargo se alegan como pruebas de la Aparición.

Punto 53

Bartolache, más precavido, no quiso proceder tan de ligero como sus predecesores, sino que habiendo encontrado un añalejo manuscrito, en la biblioteca de la Universidad, hizo que el secretario le certificase la exactitud de los dos pasajes que extrajo. El añalejo no es original sino copia hecha al parecer en Tlaxcala, indudablemente en tiempos comparativamente modernos, pues según el mismo Bartolache, comprende sucesos desde 1454 hasta 1737 inclusive. Los pasajes citados son: uno del año 13 cañas, 1531, que traducido al castellano dice: “Juan Diego manifestó á la amada Señora de Guadalupe de México: llamábase Tepeyacac”. El otro es de 1548, 8 pedernales y dice: “Murió el Juan Diego á quien se apareció la amada Señora de Guadalupe de México”. La correspondencia del año está errada, porque al 1548 7 toca el signo 4 pedernal, no 8. Ignoro qué disposición tenía el añalejo: la que comúnmente se les daba era poner al margen, como en una columna 6 tablero, los signos de los años, y al frente de cada uno escribir lo que ocurría de notable: si nada había, quedaba el signo solo.

Tal es á lo menos la disposición de la pintura Aubin y de otras. Si el añalejo de Bartolache llegaba á 1737, la copia era, cuando menos, de esa fecha, que es precisamente la de la peste que fué causa ú ocasión de la jura del patronato de Ntra. Sra. de Guadalupe. Muy fácil fué añadir entonces en la copia estos pasajes, al frente de los signos correspondientes. De todos modos hace fuerza que sólo en un añalejo de pocas fojas, no original sino copia, concluido cuando se hallaba más exaltado el sentimiento piadoso en favor de la imagen, se encuentren tales menciones, y no en otros auténticos, conocidos y que no sintieron la influencia del libro del Padre Sánchez, porque no llegan á su fecha.

Punto 54

Agrávanse las dudas acerca de la existencia o del valor de todos esos documentos con el hecho de que en 1662 el Canónigo D. Francisco Siles, grande amigo y admirador de Sánchez, hizo que se solicitase de la Silla Apostólica la concesión de fiesta y rezo propio para el día 12 de Diciembre, y en vez de remitir, como era natural, en apoyo á la petición, algunos instrumentos auténticos que asegurasen un pronto y favorable despacho, sólo acompañó instancias de los cabildos y de las religiones.

A lo menos podían haber sido aquellos papeles que el bachiller Sánchez calificó de bastantes para levantar sobre ellos su inaudita historia. De Roma se anunció en respuesta al envío de un interrogatorio por el cual fuesen examinados los testigos del milagro. Antes de que llegara, preparó el Canónigo lo necesario para recibir la información, que en efecto se hizo á fines de 1665 y principios de 1666. El documento se perdió en Roma y nunca se ha publicado su texto: tenemos únicamente los extractos que trae Florencia. Estas son las famosas Informaciones de 1666 que por el número de testigos y la calidad de muchos de ellos, se consideran como de los mejores comprobantes de la verdad del milagro.

Punto 55

La información se hacía ciento treinta y cuatro años después de la fecha que se asigna al suceso, y claro es que no podían quedar ya testigos de vista. Pero se encontraron oportunamente indios octogenarios y aun más que centenarios, que alcanzaron á padres o abuelos igualmente longevos, de manera que con dos vidas bastó para remontarse á 1531 y más allá. Lo incomprensible es que antes de 1648 todo el mundo ignoraba la Aparición; no hubo escritor que la refiriese, ni aun por incidencia: el Padre Bustamante predicaba un sermón que equivalía á negarla: ninguno de esos ancianos de Cuauhtitlán, que se hallaban tan bien informados sus padres y abuelos, advirtió á los capellanes de la ermita el valor del tesoro que guardaban: ellos ignoraban todo y eran unos “Adanes dormidos":el culto había decaído al extremo de no existir en lugar público de la ciudad de México más que una copia de la Virgen de Guadalupe; y en medio de ese silencio general, apenas publica el Padre Sánchez su libro sin comprobante, cuando la devoción vuelve á encenderse, toman parte en fomentar[a corporaciones tan respetables como el Cabildo Eclesiástico; llévase el asunto por aclaración á Roma; aparecen por todas partes testigos calificados que unánimes y bajo juramento declaran saber de mucho tiempo atrás lo que hasta entonces nadie, ni ellos habían sabido.

La lectura más superficial de la Información del Sr. Montúfar, sin otra prueba, deja en el ánimo una convicción absoluta de que la historia fué inventada después; y sin embargo, á los ciento diez años hay quienes afirmen haberla oído á los que la recogieron de la boca misma de Juan Diego. No me haría fuerza el caso si solamente tratara de los testigos indios, porque siempre han sido propensos á las narraciones maravillosas, y no muy acreditados por su veracidad; pero cuando veo que sacerdotes graves y caballeros ilustres afirman la misma falsedad, no puedo menos de confundirme, considerando hasta dónde puede llegar el contagio moral y el extravío del sentimiento religioso. No cabe decir que esos testigos se acercaban á ciencia cierta con un perjurio; pero es visto que afirmaban bajo juramento lo que no era verdad.

Es un fenómeno bastante común en los ancianos, y le he observado muchas veces, llegar á persuadirse de que es cierto lo que han imaginado. Se juzgará, sin duda, absurdo y atrevido desechar así un instrumento jurídico; pero el hecho es que la demostración histórica no admite réplica, y que las afirmaciones de unos veinte testigos de oídas, por calificadas que sean, no pesan más que la terrible información de 1556 y el mudo pero unánime y desapasionado testimonio de tantos escritores, y no menos autorizados que aquellos testigos, y que llevan á su frente al Ilmo. Sr. Obispo Zumárraga.

Punto 56

A las informaciones se agregaron dictámenes de pintores y de médicos. Los primeros afirmaron que aquella pintura excedía á las fuerzas humanas, y los segundos que su conservación era milagrosa. Contra aquéllos hay la declaración pública del Padre Bustamante: él dijo en el púlpito que la imagen era obra del indio Marcos y nadie le contradijo. A los médicos pudiera decirse que se conservan muchísimos papeles de mayor antigüedad, á pesar de que son más frágiles que un lienzo y de que ruedan por todas partes. Los Sres. Canónigos que en 1795 dieron el dictamen contra el sermón del Padre Mier, decían que"los colores se han amortiguado, deslustrado, y en una ú otra parte saltado el oro, y el lienzo sagrado no poco lastimado”, En todo caso la conservación de la imagen sería milagro diverso y sin relación alguna con el de la Aparición. Se cree también que la imagen de Ntra, Sra. de los Ángeles se conserva milagrosamente en una pared de adobe y nadie le ha atribuido por eso origen divino.

Punto 57

La Santa Sede, obrando con prudencia, dio largas al negocio, y aparece que la devoción mexicana volvió á enfriarse un poco, porque el expediente durmió en Roma unos ochenta años, y hasta se perdieron las informaciones de 1666. Fué preciso que un acontecimiento tan notable como la peste de 1737 viniera á revivir el fervor. La ciudad quiso jurar por su patrona á la Sma. Virgen de Guadalupe, y con tal motivo se renovaron en Roma las instancias con grandísimo empuje. El resultado fué la concesión del rezo el 25 de mayo de 1754.

Punto 58

Para sacar una copia exacta de la imagen y enviarla á Roma en apoyo de las nuevas diligencias, se hizo otra inspección de pintores el 30 de abril de 1751; entre ellos estuvo el célebre D. Miguel Cabrera, quien imprimió después su dictamen con el título de “Maravilla Americana”. Puede suponerse lo que diría un pintor preocupado ya con la creencia general, con el resultado de la inspección de 1666, y con la presencia de altos personajes, que no le dejaban libertad, ni le hubieran tolerado la menor indicación de que había en la imagen algo que no fuera sobrenatural y divino.