Cantos de Vida y Esperanza, Los Cisnes y otros poemas. Obras Completas Vol. VII

Part 1

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CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA

LOS CISNES Y OTROS POEMAS

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CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA

LOS CISNES Y OTROS POEMAS

POR

RUBÉN DARÍO

ILUSTRACIONES

DE

ENRIQUE OCHOA

Volumen VII de las obras completas. Administración: Editorial MUNDO LATINO Madrid. ]

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Imp. de Ramona Velasco, Viuda de P. Pérez, Libertad 31.

A NICARAGUA

A LA REPÚBLICA ARGENTINA

R. D.

PREFACIO

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Podría repetir aquí más de un concepto de las palabras liminares de _Prosas profanas_. Mi respeto por la aristocracia del pensamiento, por la nobleza del Arte, siempre es el mismo. Mi antiguo aborrecimiento a la mediocridad, a la mulatez intelectual, a la chatura estética, apenas si se aminora hoy con una razonada indiferencia.

* * * * *

El movimiento de libertad que me tocó iniciar en América se propagó hasta España, y tanto aquí como allá el triunfo está logrado. Aunque respecto a la técnica tuviese demasiado que decir en el país en donde la expresión poética está anquilosada a punto de que la momificación del ritmo ha llegado a ser un artículo de fe, no haré sino una corta advertencia. En todos los países cultos de Europa se ha usado del exámetro absolutamente clásico sin que la mayoría letrada y sobre todo la minoría leída se asustasen de semejante manera de cantar. En Italia ha mucho tiempo, sin citar antiguos, que Carducci ha autorizado los exámetros; en inglés, no me atrevería casi a indicar, por respeto a la cultura de mis lectores, que la _Evangelina_ de Longfellow está en los mismos versos en que Horacio dijo sus mejores pensares. En cuanto al verso libre moderno... ¿no es verdaderamente singular que en esta tierra de Quevedos y de Góngoras los únicos innovadores del instrumento lírico, los únicos libertadores del ritmo, hayan sido los poetas del _Madrid Cómico_ y los libretistas del género chico?

* * * * *

Hago esta advertencia porque la forma es lo que primeramente toca a las muchedumbres. Yo no soy un poeta para muchedumbres. Pero sé que indefectiblemente tengo que ir a ellas.

Cuando dije que mi poesía era «mía, en mí» sostuve la primera condición de mi existir, sin pretensión ninguna de causar sectarismo en mente o voluntad ajena, y en un intenso amor a lo absoluto de la belleza.

Al seguir la vida que Dios me ha concedido tener, he buscado expresarme lo más noble y altamente en mi comprensión; voy diciendo mi verso con una modestia tan orgullosa que solamente las espigas comprenden, y cultivo, entre otras flores, una rosa rosada, concreción de alba, capullo de porvenir, entre el bullicio de la literatura.

Si en estos cantos hay política, es porque aparece universal. Y si encontráis versos a un presidente, es porque son un clamor continental. Mañana podremos ser yanquis (y es lo más probable); de todas maneras, mi protesta queda escrita sobre las alas de los inmaculados cisnes, tan ilustres como Júpiter.

RIGHT R. D.

CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA

A J. ENRIQUE RODÓ

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El alma que entra allí debe ir desnuda, temblando de deseo y fiebre santa, sobre cardo heridor y espina aguda: Así sueña, así vibra y así canta]

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I

Yo soy aquel que ayer no más decía el verso azul y la canción profana, en cuya noche un ruiseñor había que era alondra de luz por la mañana.

El dueño fuí de mi jardín de sueño, lleno de rosas y de cisnes vagos; el dueño de las tórtolas, el dueño de góndolas y liras en los lagos; y muy siglo diez y ocho y muy antiguo y muy moderno; audaz, cosmopolita; con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo, y una sed de ilusiones infinita.

Yo supe de dolor desde mi infancia, mi juventud... ¿fué juventud la mía? sus rosas aun me dejan su fragancia-- una fragancia de melancolía...

Potro sin freno se lanzó mi instinto, mi juventud montó potro sin freno; iba embriagada y con puñal al cinto; si no cayó, fué porque Dios es bueno.

En mi jardín se vió una estatua bella; se juzgó mármol y era carne viva; una alma joven habitaba en ella, sentimental, sensible, sensitiva.

Y tímida ante el mundo, de manera que encerrada en silencio no salía, sino cuando en la dulce primavera era la hora de la melodía...

Hora de ocaso y de discreto beso; hora crepuscular y de retiro; hora de madrigal y de embeleso, de «te adoro», de «¡ay!» y de suspiro.

Y entonces era en la dulzaina un juego de misteriosas gamas cristalinas, un renovar de notas del Pan griego y un desgranar de músicas latinas,

con aire tal y con ardor tan vivo, que a la estatua nacían de repente en el muslo viril patas de chivo y dos cuernos de sátiro en la frente.

Como la Galatea gongorina me encantó la marquesa verleniana, y así juntaba a la pasión divina una sensual hiperestesia humana;

todo ansia, todo ardor, sensación pura y vigor natural; y sin falsía, y sin comedia y sin literatura...: si hay un alma sincera, esa es la mía.

La torre de marfil tentó mi anhelo; quise encerrarme dentro de mí mismo, y tuve hambre de espacio y sed de cielo desde las sombras de mi propio abismo.

Como la esponja que la sal satura en el jugo del mar, fué el dulce y tierno corazón mío, henchido de amargura por el mundo, la carne y el infierno.

Mas, por gracia de Dios, en mi conciencia el Bien supo elegir la mejor parte; y si hubo áspera hiel en mi existencia, melificó toda acritud el Arte.

Mi intelecto libré de pensar bajo, bañó el agua castalia el alma mía, peregrinó mi corazón y trajo de la sagrada selva la armonía.

¡Oh, la selva sagrada! ¡Oh, la profunda emanación del corazón divino de la sagrada selva! ¡Oh, la fecunda fuente cuya virtud vence al destino!

Bosque ideal que lo real complica, allí el cuerpo arde y vive y Psiquis vuela; mientras abajo el sátiro fornica, ebria de azul deslíe Filomela.

Perla de ensueño y música amorosa en la cúpula en flor del laurel verde, Hipsipila sutil liba en la rosa, y la boca del fauno el pezón muerde.

Allí va el dios en celo tras la hembra, y la caña de Pan se alza del lodo; la eterna Vida sus semillas siembra, y brota la armonía del gran Todo.

El alma que entra allí debe ir desnuda, temblando de deseo y fiebre santa, sobre cardo heridor y espina aguda: Así sueña, así vibra y así canta.

Vida, luz y verdad, tal triple llama produce la interior llama infinita; el Arte puro como Cristo exclama: _Ego sum lux et veritas et vita!_

Y la vida es misterio; la luz ciega y la verdad inaccesible asombra; la adusta perfección jamás se entrega, y el secreto ideal duerme en la sombra.

Por eso ser sincero es ser potente, de desnuda que está, brilla la estrella; el agua dice el alma de la fuente en la voz de cristal que fluye d'ella.

Tal fué mi intento, hacer del alma pura mía, una estrella, una fuente sonora, con el horror de la literatura y loco de crepúsculo y de aurora.

Del crepúsculo azul que da la pauta que los celestes éxtasis inspira, bruma y tono menor--¡toda la flauta!, y Aurora, hija del Sol--¡toda la lira!

Pasó una piedra que lanzó una honda; pasó una flecha que aguzó un violento. La piedra de la honda fué a la onda, y la flecha del odio fuese al viento.

La virtud está en ser tranquilo y fuerte; con el fuego interior todo se abrasa; se triunfa del rencor y de la muerte, y hacia Belén... la caravana pasa!

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II

SALUTACIÓN DEL OPTIMISTA

Inclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda, espíritus fraternos, luminosas almas, ¡salve! Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ámbitos; mágicas ondas de vida van renaciendo de pronto; retrocede el olvido, retrocede engañada la muerte; se anuncia un reino nuevo, feliz sibila sueña y en la caja pandórica de que tantas desgracias surgieron encontramos de súbito, talismánica, pura, riente, cual pudiera decirla en sus versos Virgilio divino, la divina reina de luz, ¡la celeste Esperanza!

Pálidas indolencias, desconfianzas fatales que a tumba o a perpetuo presidio condenasteis al noble entusiasmo, ya veréis al salir del sol en un triunfo de liras, mientras dos continentes, abonados de huesos gloriosos, del Hércules antiguo la gran sombra soberbia evocando, digan al orbe: la alta virtud resucita que a la hispana progenie hizo dueña de siglos.

Abominad la boca que predice desgracias eternas, abominad los ojos que ven sólo zodiacos funestos, abominad las manos que apedrean las ruinas ilustres, o que la tea empuñan o la daga suicida. Siéntense sordos ímpetus en las entrañas del mundo, la inminencia de algo fatal hoy conmueve a la tierra; fuertes colosos caen, se desbandan bicéfalas águilas, y algo se inicia como vasto social cataclismo sobre la faz del orbe. ¿Quién dirá que las savias dormidas no despierten entonces en el tronco del roble gigante bajo el cual se exprimió la ubre de la loba romana? ¿Quién será el pusilánime que al vigor español niegue músculos y que al alma española juzgase áptera y ciega y tullida? No es Babilonia ni Nínive enterrada en olvido y en polvo ni entre momias y piedras reina que habita el sepulcro, la nación generosa, coronada de orgullo inmarchito, que hacia al lado del alba fija las miradas ansiosas, ni la que tras los mares en que yace sepulta la Atlántida, tiene su coro de vástagos, altos, robustos y fuertes.

Únanse, brillen, secúndense, tantos vigores dispersos; formen todos un solo haz de energía ecuménica. Sangre de Hispania fecunda, sólidas, ínclitas razas, muestren los dones pretéritos que fueron antaño su triunfo. Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espíritu ardiente que regará lenguas de fuego en esa epifanía. Juntas las testas ancianas ceñidas de líricos lauros y las cabezas jóvenes que la alta Minerva decora, así los manes heroicos de los primitivos abuelos, de los egregios padres que abrieron el surco prístino, sientan los soplos agrarios de primaverales retornos y el rumor de espigas que inició la labor triptolémica.

Un continente y otro renovando las viejas prosapias, en espíritu unidos, en espíritu y ansias y lengua, ven llegar el momento en que habrán de cantar nuevos himnos, La latina estirpe verá la gran alba futura, en un trueno de música gloriosa, millones de labios saludarán la espléndida luz que vendrá del Oriente, Oriente augusto en donde todo lo cambia y renueva la eternidad de Dios, la actividad infinita. Y así sea Esperanza la visión permanente en nosotros, ¡Inclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda!

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III

AL REY OSCAR

Le Roi de Suède et de Norvège, après avoir visité Saint-Jean-de-Luz, s'est rendu à Hendaye et à Fonterabie. En arrivant sur le sol espagnol, il a crié: «Vive l'Espagne!»

_Le Figaro_, mars 1899.

Así, Sire, en el aire de la Francia nos llega la paloma de plata de Suecia y de Noruega, que trae en vez de olivo una rosa de fuego.

Un búcaro latino, un noble vaso griego recibirá el regalo del país de la nieve. Que a los reinos boreales el patrio viento lleve otra rosa de sangre y de luz españolas; pues sobre la sublime hermandad de las olas, al brotar tu palabra, un saludo le envía al sol de media noche el sol de Mediodía.

Si Segismundo siente pesar, Hamlet se inquieta. El Norte ama las palmas; y se junta el poeta del fjord con el del carmen, porque el mismo oriflama es de azur. Su divina cornucopia derrama sobre el polo y el trópico, la Paz; y el orbe gira en un ritmo uniforme por una propia lira: El amor. Allá surge Sigurd que al Cid se aúna. Cerca de Dulcinea brilla el rayo de luna, y la musa de Bécquer del ensueño es esclava bajo un celeste palio de luz escandinava.

Sire de ojos azules, gracias: por los laureles de cien bravos vestidos de honor; por los claveles de la tierra andaluza y la Alhambra del moro; por la sangre solar de una raza de oro; por la armadura antigua y el yelmo de la gesta; por las lanzas que fueron una vasta floresta de gloria y que pasaron Pirineos y Andes; por Lepanto y Otumba; por el Perú, por Flandes; por Isabel que cree, por Cristóbal que sueña y Velázquez que pinta y Cortés que domeña; por el país sagrado en que Herakles afianza, sus macizas columnas de fuerza y esperanza, mientras Pan trae el ritmo con la egregia siringa que no hay trueno que apague ni tempestad que extinga; por el león simbólico y la Cruz, gracias, Sire.

Mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire, mientras la onda cordial alimente un ensueño, mientras haya una viva pasión, un noble empeño, un buscado imposible, una imposible hazaña, una América oculta que hallar, vivirá España!

Y pues tras la tormenta vienes de peregrino real, a la morada que entristeció el destino, la morada que viste luto sus puertas abra al purpúreo y ardiente vibrar de tu palabra: Y que sonría, oh rey Oscar por un instante; y tiemble en la flor áurea el más puro brillante para quien sobre brillos de corona y de nombre, con labios de monarca lanza un grito de hombre!

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IV

LOS TRES REYES MAGOS

Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso. Vengo a decir: La vida es pura y bella. Existe Dios. El amor es inmenso. Todo lo sé por la divina Estrella!

--Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo. Existe Dios. Él es la luz del día. La blanca flor tiene sus pies en lodo. Y en el placer hay la melancolía!

--Yo soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro que existe Dios. Él es el grande y fuerte. Todo lo sé por el lucero puro que brilla en la diadema de la Muerte.

--Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos. Triunfa el amor y a su fiesta os convida. Cristo resurge, hace la luz del caos y tiene la corona de la Vida.

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V

CYRANO EN ESPAÑA

He aquí que Cyrano de Bergerac traspasa de un salto el Pirineo. Cyrano está en su casa. ¿No es en España, acaso, la sangre vino y fuego? Al gran gascón saluda y abraza el gran manchego. ¿No se hacen en España los más bellos castillos? Roxanas encarnaron con rosas los Murillo, y la hoja toledana que aquí Quevedo empuña conócenla los bravos cadetes de Gascuña. Cyrano hizo su viaje a la luna; mas, antes, ya el divino lunático de don Miguel Cervantes pasaba entre las dulces estrellas de su sueño jinete en el sublime pegaso Clavileño. Y Cyrano ha leído la maravilla escrita y al pronunciar el nombre del Quijote, se quita Bergerac el sombrero; Cyrano Balazote siente que es lengua suya la lengua del Quijote. Y la nariz heroica del gascón se diría que husmea los dorados vinos de Andalucía. Y la espada francesa, por él desenvainada, brilla bien en la tierra de la capa y la espada. ¡Bienvenido; Cirano de Bergerac! Castilla te da su idioma, y tu alma como tu espada brilla al sol que allá en tus tiempos no se ocultó en España. Tu nariz y penacho no están en tierra extraña, pues vienes a la tierra de la Caballería. Eres el noble huésped de Calderón. María Roxana te demuestra que lucha la fragancia de las rosas de España con las rosas de Francia, y sus supremas gracias, y sus sonrisas únicas y sus miradas, astros que visten negras túnicas, y la lira que vibra en su lengua sonora te dan una Roxana de España, encantadora. ¡Oh poeta! ¡Oh celeste poeta de la facha grotesca! Bravo y noble y sin miedo y sin tacha, príncipe de locuras, de sueños y de rimas: Tu penacho es hermano de las más altas cimas, del nido de tu pecho una alondra se lanza, un hada es tu madrina, y es la Desesperanza; y en medio de la selva del duelo y del olvido las nueve musas vendan tu corazón herido. ¿Allá en la luna hallaste algún mágico prado donde vaga el espíritu de Pierrot desolado? ¿Viste el palacio blanco de los locos del Arte? ¿Fué acaso la gran sombra de Píndaro a encontrarte? ¿Contemplaste la mancha roja que entre las rocas albas forma el castillo de las Vírgenes locas? ¿Y en un jardín fantástico de misteriosas flores no oiste al melodioso Rey de los ruiseñores? No juzgues mi curiosa demanda inoportuna, pues todas esas cosas existen en la Luna. ¡Bienvenido, Cyrano de Bergerac! Cyrano de Bergerac, cadete y amante, y castellano que trae los recuerdos que Durandal abona al país en que aun brillan las luces de Tizona. El Arte es el glorioso vencedor. Es el Arte el que vence el espacio y el tiempo; su estandarte, pueblos, es del espíritu el azul oriflama. ¿Qué elegido no corre si su trompeta llama? Y a través de los siglos se contestan, oid: La Canción de Rolando y la Gesta del Cid. Cyrano va marchando, poeta y caballero, al redoblar sonoro del grave Romancero. Su penacho soberbio tiene nuestra aureola. Son sus espuelas finas de fábrica española. Y cuando en su balada Rostand teje el envío, creeríase a Quevedo rimando un desafío. ¡Bienvenido, Cyrano de Bergerac! No seca el tiempo el lauro; el viejo corral de la Pacheca recibe al generoso embajador del fuerte Molière. En copa gala Tirso su vino vierte. Nosotros exprimimos las uvas de Champaña para beber por Francia y en un cristal de España.

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VI

SALUTACIÓN A LEONARDO

Maestro, Pomona levanta su cesto. Tu estirpe saluda la aurora. Tu aurora! Que extirpe de la indiferencia la mancha; que gaste la dura cadena de siglos; que aplaste al sapo la piedra de su honda.

Sonrisa más dulce no sabe Gioconda. El verso su ala y el ritmo su onda hermanan en una dulzura de luna que suave resbala (el ritmo de la onda y el verso del ala del mágico Cisne, sobre la laguna) sobre la laguna.

Y así, soberano maestro del estro, las vagas figuras del sueño, se encarnan en líneas tan puras que el sueño recibe la sangre del mundo mortal, y Psiquis consigue su empeño de ser advertida a través del terrestre cristal. (_Los bufones que hacen sonreír a Monna Lisa, saben canciones que ha tiempo en los bosques de Grecia decía la risa de la brisa._)

Pasa su Eminencia. Como flor o pecado en su traje rojo; como flor o pecado, o conciencia de sutil monseñor que a su paje mira con vago recelo o enojo. Nápoles deja a la abeja de oro hacer su miel en su fiesta de azul; y el sonoro bandolín y el laurel nos anuncia Florencia. Maestro, si allá en Roma quema el sol de Segor y Sodoma la amarga ciencia de pupúreas banderas, tu gesto las palmas nos da redimidas, bajo los arcos de tu genio: San Marcos y Partenón de luces y líneas y vidas. (_Tus bufones que hacen la risa de Monna Lisa saben tan antiguas canciones._)

Los leones de Asuero junto al trono para recibirte, mientras sonríe el divino Monarca; pero hallarás la sirte, la sirte para tu barca, si partís en la lírica barca con tu Gioconda... la onda y el viento saben la tempestad para tu cargamento.

Maestro! pero tú en cabalgar y domar fuiste diestro. Pasiones e ilusiones: A unas con el freno, a otras con el cabestro las domaste, cebras o leones. Y en la selva del Sol, prisionera tuviste la fiera de la luz: y esa loca fué casta cuando dijiste: «Basta». Seis meses maceraste tu Ester en tus aromas. De tus techos reales volaron las palomas.

Por tu cetro y tu gracia sensitiva, por tu copa de oro en que sueñan las rosas, en mi ciudad, que es tu cautiva, tengo un jardín de mármol y de piedras preciosas que custodia una esfinge viva.

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VII

PEGASO

Cuando iba yo a montar ese caballo rudo y tembloroso, dije: «La vida es pura y bella». Entre sus cejas vivas vi brillar una estrella. El cielo estaba azul y yo estaba desnudo.

Sobre mi frente Apolo hizo brillar su escudo y de Belerofonte logré seguir la huella. Toda cima es ilustre si Pegaso la sella, y yo, fuerte, he subido donde Pegaso pudo.

Yo soy el caballero de la humana energía, yo soy el que presenta su cabeza triunfante coronada con el laurel del Rey del día;

domador del corcel de cascos de diamante, voy en un gran volar, con la aurora por guía, adelante en el vasto azur, siempre adelante!

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VIII

A ROOSEVELT

Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman, que habría que llegar hasta ti, Cazador! Primitivo y moderno, sencillo y complicado, con un algo de Wáshington y cuatro de Nemrod! Eres los Estados Unidos, eres el futuro invasor de la América ingenua que tiene sangre indígena, que aun reza a Jesucristo y aun habla en español.

Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza; eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy. Y domando caballos, o asesinando tigres, eres un Alejandro-Nabucodonosor. (Eres un Profesor de Energía como dicen los locos de hoy.)

Crees que la vida es incendio, que el progreso es erupción; que en donde pones la bala el porvenir pones. No.

Los Estados Unidos son potentes y grandes. Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor que pasa por las vértebras enormes de los Andes. Si clamáis se oye como el rugir del león. Ya Hugo a Grant lo dijo: Las estrellas son vuestras. (Apenas brilla, alzándose, el argentino sol y la estrella chilena se levanta...) Sois ricos. Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón; y alumbrando el camino de la fácil conquista, la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.

Mas la América nuestra, que tenía poetas desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl, que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco, que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió; que consultó los astros, que conoció la Atlántida cuyo nombre nos llega resonando en Platón, que desde los remotos momentos de su vida vive de luz, de fuego, de perfume, de amor, la América del grande Moctezuma, del Inca, la América fragante de Cristóbal Colón, la América católica, la América española, la América en que dijo el noble Guatemoc: «Yo no estoy en un lecho de rosas»; esa América que tiembla de huracanes y que vive de Amor; hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive. Y sueña. Y ama, y vibra; y es la hija del Sol. Tened cuidado. Vive la América española! hay mil cachorros sueltos del León Español. Se necesitaría, Roosevelt, ser por Dios mismo, el Riflero terrible y el fuerte Cazador, para poder tenernos en vuestras férreas garras.

Y, pues contáis con todo, falta una cosa: Dios!

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IX

Torres de Dios! Poetas! Parrayos celestes, que resistís las duras tempestades, como crestas escuetas como picos agrestes, rompeolas de las eternidades!

La mágica Esperanza anuncia un día en que sobre la roca de armonía expirará la pérfida sirena. Esperad, esperemos todavía!

Esperad todavía. El bestial elemento se solaza en el odio a la sacra poesía y se arroja baldón de raza a raza. La insurrección de abajo tiende a los Excelentes. El caníbal codicia su tasajo con roja encía y afilados dientes.