Cantar de los cantares: Capítulo 8 declaración

Part 2

Chapter 21,741 wordsPublic domain (Wikisource)

Esto es dicho siguiendo el parecer de algunos; mas a mi juicio todo este lugar se puede entender de otra manera más llana y mejor, diciendo que la Esposa, movida del natural cuidado del bien de su hermana (conforme a lo que dijimos acontece comúnmente a una doncella cuando se ve casada, desear luego el remedio de sus hermanas las demás), así que, movida de esto, pregunta a su Esposo la manera que tendrán, no en guardar ni encerrar a la pequeña hermana, sino en aderezalla y atavialla bien el día de las bodas, al tiempo de casalla, de manera que parezca bien; porque, como dicen, la pobrecilla por la edad y por su propia composición, no tenía pechos y era menudilla y de no muy buena disposición. A esto responde que el remedio será vencer la naturaleza con el arte, y cubrir el defecto natural con la gentileza y precio de los vestidos y arreos; como quien hermosea a un muro, pintándole las almenas de plata, y aforrándole una puerta con tablones y entalladuras de cedro por el mismo fin. Y diciendo y oyendo esto la Esposa, viénele a la memoria acordarse de sí y de su gentileza, y de la poca necesidad que tiene de semejantes artificios para agradar a su Esposo; y agradándose consigo misma y saboreándose consigo misma de ello, dice: "Yo soy muro". Como si dijera: «Dios loado, que yo no me vi en esta necesidad de buscar artificios y afeites postizos para agradar al mi Amado; que yo sin ayuda de hermosura ajena me soy el muro y las almenas y las torres de plata, y todo lo demás que dices». Por lo cual, como he dicho, se significa toda la hermosura advenediza, y toda la gentileza añadida por arte.

Prosigue:

11. "Una viña fue a Salomón en Baal-Hamon; entregó la viña a los guardas, cada uno trae por el fruto de ella mil monedas de plata."

12. "La viña mía, que es a mí, delante de mí; mil para ti, Salomón, y doscientos para los que guardan su fruto."

Después que las mujeres se hallan con buenos y honrados maridos, para la sustentación de su familia es necesario que entiendan en allegar y guardar la hacienda; y cuanto más honrada es y más ama a su marido, más cuenta tiene en esto, como parece claro en las parábolas o Proverbios de Salomón. Y así, luego que esta Esposa se casa tan a su contento, comienza a tener cuidado de la hacienda y esperar de haber gran provecho. Porque ella tiene una muy buena viña, como arriba la oímos decir; y como agora está favorecida con su Esposo, ella tendrá gran cuidado de la guardar hasta que se coja el fruto, y no habrá quien ose apartarla de guardar su viña, como antes hacían sus hermanos. Y así guardándola ella, como persona a quien le duele, estará más entero el fruto de la viña y rentará más. Y para decir esto, usa de un argumento entre sí de esta manera: Salomón, el rey de Jerusalén, tiene una viña en aquel lugar, que llaman Baal-Hamon, que quiere decir «señorío de muchos», como si dijésemos en el pago de muchas viñas, y esta viña arriéndala Salomón a unos hombres para que la labren y guarden, y le traigan mil monedas de plata del valor cierto de aquel tiempo por el fruto de ella, y que ellos se ganen lo demás; y de aquí concluye la Esposa que por fuerza su viña habrá de rentar más que no la de Salomón, porque la guarda ella, que es propia señora, y por la misma causa estaba mejor labrada que no la otra. Y dice: "«Pues si la tuya, Salomón, te renta mil a ti, y los que la arriendan y guardan ganan por lo menos la quinta parte, que son doscientos, ¿qué me rentará a mí la mía, de quien yo tendré tanto cuidado?»."

Dicho esto, habla el Esposo y dice:

13. "¡Oh, tú que estás en los huertos, los compañeros escuchan, haz que yo oiga tu voz!"

La viña de la Esposa no estaba muy lejos de los huertos, como podemos colegir de lo que ella en el capítulo antecedente decía, convidando a su Amado al campo: Levantarémonos de mañana, veremos las viñas y los huertos. De manera que, estando en los huertos, podría ver y guardar su viña. Y como el Esposo es pastor, conviénele andar entre día con su ganado; y así se ocupaba el uno con el pasto, y el otro en la guarda de las viñas, y en aderezar también alguna cosa del huerto, y que esto competía a la Esposa; mas como se amaban tanto, no se quisieran estar apartados uno de otro. Demás de esto suele acaecer que, cuando dos están en grande conformidad de estrecho amor, nunca faltan envidiosos que les pese de ello, porque ellos no tienen semejantes amores, o porque naturalmente son envidiosos del bien ajeno, y cualesquiera señas o cosas que ven pasar entre los buenos amantes les es enojosa y grave. Y de esto reciben gran gusto los que mucho se aman, porque no solamente con estas muestras hacen pesar a los émulos, mas acreciéntase también su amor; que parece que el atizar del contrario les enciende más el amoroso fuego de sus corazones. Esto es lo que pasa en la letra presente, que el Esposo dice a su Amada: "«Cuando tú estuvieses en los huertos, guardando tus viñas, y yo anduviere por el campo, apacentando el ganado, canta alguna canción que pertenezca a nuestro amor, de manera que yo la oiga y me goce mucho por ser tu voz, que yo tanto amo; y los pastores que estuvieren escuchando revienten de envidia»".

La canción que la Esposa dice para estos propósitos de mostrar el amor suyo y de su Esposo y hacer rabiar a los émulos, es la que está luego a la letra que dice:

14. "Corre, Amado mío, que parezcas a la cabra montés, y al ciervecito sobre los montes de los olores."

Como si dijese: «Esposo mío, amado mío, gran deseo tengo de verte; no estés sin venir a visitar a tu Esposa; acude de cuando en cuando a verla, y cuando vinieres, no estés en el camino, sino muestra el amor que me tienes, no sólo en visitarme a menudo, sino en venir más ligero que la cabra montés, y más que el ciervecito que anda en los montes espesos, donde hay cedros, terebintos y otras plantas olorosas; porque bien sabes tú que corren con gran ligereza. No tardes en correr, amor mío verdadero, pues no puedo hallarme sin ti. Con gran presteza acude a verme».

Y podríase trovar esta canción en pocos versos, que dijese de esta manera:

Amado, pasearás los frescos montes más presto que el cabrito de la cabra montés y que el gamito.

La virtud siempre fue y es envidiada de muchos, y para muchas gentes no hay dolor que más les llegue al alma que ver a otros que tratan de amar y ser amados de Dios; y si pueden muy a costa suya deshacer esta santa liga, y desterrar la piedad del mundo y poner perpetuos bandos y disensión entre el divino Esposo y los hombres, y sacalle de entre los brazos, lo harían; y así lo intentan y procuran cuanto en sí es. Para contra estos le pide Dios la voz de su cantar y confesión, en que publique lo mucho que le quiere; que es un amargo y mortal tósigo para el gusto de sus envidiosos contrarios, los cuales son falsos y los sembradores de cizañas del demonio y sus bandoleros.

A esto obedece la Esposa, y el cantar de que usa para el gozo del Esposo y rabia de sus enemigos es pedille que se apresure y que venga; que es una voz secreta que, aguzada por el movimiento del Espíritu Santo, suena de continuo en los pechos y corazones de los ánimos justos y amadores de Cristo. Como lo certifica San Juan en el Apocalipsi, capítulo último, diciendo: "«El Esposo y la Esposa dicen: Ven, Señor»". Y poco después dice él mismo en persona suya, como uno de los más justos: "«Ven presto, Señor Jesú»"; la cual voz y petición es una muestra de amor muy agradable y muy preciada de Dios. Porque pedille que se apresure y venga, es pedille lo que se demanda en la oración que él nos enseñó, "que santifique su nombre"; que lo ponga todo debajo de su poder y de sus leyes; que reine enteramente y perfectamente en nosotros; y que vuelva por sí y por su honra, y ponga fin a los desacatos de los rebeldes contra la majestad de su nombre; que dé su asiento a la virtud y, usando de riguroso castigo, ponga en la mala reputación que merecen a los vicios y a los viciosos.

Que todas ellas son cosas que, como dicen, le atañen y pertenecen, y tiene a su cargo de hacellas al tiempo que Él sabe y tiene señalado, que es el día del juicio universal, que con particular razón suele en la Escritura Sacra llamalle "día suyo", porque es el propio día de su honra y gloria. Por donde el pedille que se acelere presto y que venga, a Él le es por extremo agradable, y por el contrario les es triste y aborrecible a sus enemigos; porque en descubrir ya Cristo su luz y resplandecer enteramente por el juicio en el mundo, está el remate de todo su mando usurpado y tiranizado, y el principio de su abatimiento y mal perpetuo.

Pues este aceleramiento de la honra de Dios es el que pide en esta letra la Esposa como perfecta ya en el amor suyo; y el que cada cual de nosotros, si somos miembros de Cristo y si nos cabe parte de su divino Espíritu, debemos continuamente pedille; que le plega, aunque sea a costa de asolar las provincias y trocar los reinos y poner a fuego y sangre todo lo poblado y de trastornar el mundo, rompiendo sus más antiguas y firmes leyes, y allanando por el suelo los cerros y los montes, venir volando a deshacer las afrentas y baldones que cada día recibe su honra, y a volver por su honor, y a quien propia y solamente se debe toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

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