Cantar de los cantares: Capítulo 7 declaración

Part 2

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Por el contrario, por los mismos pasos se entiende lo segundo, lo mucho que peca y la gran fealdad y vileza que comete el que, siendo amado, no ama o no desengaña abiertamente al triste amante. Porque, si es culpa hurtar la capa y si es pecado tiznar la fama ajena, ¿qué será levantarse alevosamente con la posesión de todo juntamente, de la fama, de la hacienda, de la vida y del alma, y finalmente de toda una persona que nació libre, y se vendió a él para comprar con este precio parte de tu voluntad? Este se recoge el precio y se alza con él y con toda la mercaduría. Y si la verdadera caridad es noble, aun con los que no conoce, y se extiende su virtud y beneficios aun hasta los malquerientes y enemigos, ¿qué palabras encarecerán la bajeza del que paga el amor con desamor, y roba la libertad del que le sirve y se va riendo con ella, y triunfa de su mayor amigo y da en trueco y cambio de firmeza y sencillez y claridad del buen amor un cuento o un millón de engaños y de embustes, un favor fingido y recateado, un cariciar muy disimulado, un mofar y un reír muy verdadero en volviendo las espaldas, una muestra de favor muy recateado, un enfadarse luego de lo hecho, y luego agraviarse de nonada, levantar en el aire sin fundamento mil vanidades de quejas, con otros melindres y niñerías que se callan? Así que quien esto hace por más principal persona y por más generosa que sea, aunque nadie se lo diga, dígaselo ella a sí, y condénese con el testimonio de su conciencia, por muy baja y muy soez y de muy viles y torpes mañas.

Porque se ha de entender que, entre las personas, (aunque en las demás cualidades o que se adquieren por ejercicio o que vienen por causa de fortuna o que se nace con ellas), pueda haber y hay grandes y notables diferencias, pero unidas en caso de amor y voluntad, porque esta es señora y libre, así como en todo es libre, así todos en ella son iguales, sin conocer ventaja del uno al otro por de diferentes estados y condiciones que sean. Así que mi voluntad es de tanto valor como la de mi vecino, cualquiera que sea, y no se puede pagar la deuda de mi amor sino con otro amor tan bueno y tan grande. Lo cual es en tanto verdad, que aun una sola cosa que hay, que por el incomparable exceso que nos hace podía bien salir de esta cuenta, que Dios es principio de todo bien y bien sin colmo, y se iguala con nosotros en este artículo y da por bien vendido el cuanto de su voluntad por el tanto de la nuestra. Y así dice: "«Yo amo a los que me aman»"; y en otra parte: "«El que me ama a mí, será amado de mi Padre»". Y queda dicho lo mucho que le ofende el que no ama, y el miserable mal que padece el que no es amado, y la infelicidad y gran copia de males que se encierran en este estado que dijimos ser segundo.

Resta que digamos de lo tercero, donde se entiende todo esto, porque ciertamente es la más alegre y dichosa vida que en esta vida se vive, y es muy semejante y cercano retrato del cielo, donde viven las llamas del divino amor, en que, amando y siendo amados, los bienaventurados se abrasan; y es una melodía suavísima que vence toda la música artificiosa, la consonancia de dos voluntades que amorosamente se responden. Porque los que aman, como los primeros que dijimos, no son hombres; y los que aman como los segundos son, o desdichados o malos hombres; sólo para estos terceros queda la buena dicha y la buena andanza, que como dicen los sabios, consiste en tener el hombre todo el bien que quiere; el que ama y es amado, ni desea más de lo que ama, ni le falta nada de lo que desea.

De este bienaventurado amor gozaba la Esposa, y por eso dijo: "Yo soy a mi Amado, y su deseo a mí."

Y, dicho esto, convídale a que salga con ella a vivir al campo, huyendo el estorbo e inquietudes de las ciudades; y porque, sin embarazo de nadie se gocen ambos y gocen de los bienes y deleites de la vida del campo, que son varios y muchos, y ella refiere algunos y así dice:

10. "Ven, Amado mío; vamos al campo, pasemos las noches en las granjas".

11. "Levantémonos de mañana a ver si florece la vid"; que todas son cosas que dan gran gusto y recreación. Pero lo que ella más pretende es poderse gozar a solas y sin estorbos de gentes, que para los que se aman de veras es tormento a par de muerte. Y por eso dice: Allí te daré mis amores.

12. Las mandrágoras si dan olor; que todos los frutos, así viejos como nuevos guardé en mi puerta para ti.

Como si dijese: Demás de estos gustos y pasatiempos, que tendremos de gozar del campo y andar viendo cómo florecen los árboles, no nos faltarán buenos mantenimientos, dulces y sabrosas frutas, así de las frescas y recién cogidas como de las de guarda, que son riquezas de que suele abundar la vida rústica; lo cual todo, dice, yo te lo guardé y aderecé.

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