Cancionero de Lope de Stúñiga: Códice del siglo XV.
Part 2
Ahora bien, sin perjuicio de las oportunas explicaciones, ya bibliológicas, ya biográficas, que damos en las _Notas_ al final de la obra, cúmplenos consignar aquí el método que hemos seguido en la publicacion de este códice, en cuyo texto abundan las equivocaciones, que provienen de estar escrito por un italiano, como lo prueba la composicion bilingüe del fólio 152, y áun la misma encuadernacion revela evidentemente que está hecha en Italia. Estas equivocaciones han podido influir alguna vez para que no hayamos acertado á interpretar algunos vocablos, que muy bien pudiera suceder nos sean completamente desconocidos, áun admitiendo que no haya error en la escritura. De todos modos, hemos preferido no incluirlos en el _Glosario_, á proponer caprichosas ó infundadas conjeturas, que en vez de ilustrar el texto, hubieran contribuido á oscurecerlo más en algunos pasajes. Diversas, y áun de todo punto contradictorias, son las opiniones que profesan los más ilustrados críticos de Europa respecto al sistema ó método que debe seguirse en la publicacion de este linaje de obras. Sostienen muchos críticos alemanes que los códices deben publicarse con una fidelidad fotográfica, reproduciendo los textos sin la más mínima alteracion, con la misma ortografía, con la puntuacion que tuvieren, y hasta con sus mismas erratas, á fin de que el público no carezca absolutamente de ninguno de los datos necesarios y auténticos para formar con acierto su juicio. Al contrario, los críticos franceses asientan que los códices deben darse á luz ámpliamente comentados é ilustrados, corregidos en su ortografía, rectificados en sus errores y despojados en lo posible de todo cuanto pueda hacer difícil y áun enojosa su lectura, á fin de convidar más gratamente al público á que venga á saborear las desconocidas bellezas literarias de otras edades.
La explicacion plausible y naturalísima de estas dos contrarias opiniones la encontramos fácilmente en las diferencias características del genio frances, que ante todo aspira á la claridad y popularizacion de las ideas; y del genio aleman, que con preferencia se propone penetrar en la esencialidad de las cosas, cuidando más de la exactitud incontrovertible de sus conocimientos, que de agradar á toda clase de lectores. Ambos sistemas nos parecen demasiado exclusivos, y en este punto acaso hayamos tenido la fortuna de elegir el término discreto entre ambas encontradas opiniones, supuesto que por una parte hemos permanecido escrupulosamente fieles al texto del códice, conservando su misma ortografía respecto á la escritura de las palabras, y por otra nos hemos permitido alguna libertad en cuanto á la puntuacion, que hemos acomodado al uso corriente, con la única mira de aclarar su sentido y facilitar su lectura, consiguiendo de este modo, á nuestro parecer, casi todas las ventajas de los dos citados sistemas.
En nuestra patria no carece de partidarios la escuela francesa, y algunos críticos distinguidos recomiendan tambien la necesidad y conveniencia de publicar los códices expurgados, anotados y corregidos; pero nosotros creemos que esta opinion, sin duda muy respetable, no puede ni debe seguirse ni aplicarse en nuestra España, donde vemos con dolor que, por incuria, ignorancia ó malicia, desaparece cada dia alguna de nuestras preciosidades literarias. Triste y aun vergonzoso para un español es decirlo, pero en esta nacion, en que se han perdido casi todas las obras de D. Enrique de Villena; en esta nacion, en que nos vemos obligados á mendigar de gobiernos extranjeros que nos permitan copiar ó que nos presten por un breve plazo para su publicacion el _Cancionero de Baena_ y otras obras que hace poco tiempo conservábamos en nuestros archivos y bibliotecas; en la nacion en que tal sucede con mengua de nuestro decoro, lo importante es publicar sin dilacion todo lo inédito que se pueda y lo merezca, salvando así del olvido, de un incendio, de una inadvertencia ó de una infamia, tantos y tantos inapreciables manuscritos y códices como luchan todavía con el polvo y los gusanos.
Ahora bien, cuando estos monumentos literarios estén ya resucitados mediante la imprenta; cuando ya pertenezcan al dominio público, enhorabuena que entónces personas competentes los estudien, comenten é ilustren, segun la obra ó el género lo requiera ó demande. Tal ha sido la razon principalísima que nos ha impulsado á incluir en nuestra coleccion el _Cancionero de Stúñiga_, no ménos importante que el de Baena para la historia literaria de nuestra patria.
F. DEL V.
J. S. R.
[Ilustración]
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A la diligencia y saber del Excmo. Señor D. Juan Eugenio Hartzenbusch, debemos la revelacion del nombre del hasta ahora encubierto autor de la _Tragicomedia de Lisandro y Roselia_; á continuacion verán nuestros lectores la carta que noticiándolo tuvimos la honra que dicho señor nos dirigiera.
_Madrid, 14 de Octubre de 1872._
EXCMO. SR. MARQUÉS DE LA FUENSANTA DEL VALLE.—SR. D. JOSÉ SANCHO RAYON.
Muy señores mios y mis buenos amigos: Han querido ustedes que vea la luz pública la carta que tuve el gusto de dirigirles con fecha de 2 de Junio último; bien que añadiéndole algo: ahí va, pues, de nuevo mi epístola, con ensanche y cogidos, para hacerla ménos indigna de la publicidad.
Razon tenian ustedes: Maximiliano _Calvi_ no es el autor de la tragicomedia _Lisandro y Roselia_; aunque, á mi parecer, la tuvo muy presente cuando escribió su _Tractado de la hermosura y el amor_[1]: trozos hay en él con los mismos pensamientos, con el propio lenguaje casi, que otros de la tragicomedia. Debí reparar en que tras el apellido _Calvi_, que se lee en la página penúltima del libro, por ustedes reimpreso (la tragicomedia citada), tomando la sílaba _Cal_ de las iniciales de los versos 11, 12 y 13 de dicha página, y la sílaba _vi_ de la primera del verso 14; debí notar, digo, que el verso 15 principia con el adverbio _no_: de modo que realmente me decian las coplas _Calvi, no_; «no es _Calvi_ el autor de _Lisandro y Roselia_»: como si hubiese corrido por los años de 1542 engañosa voz, que importaba rectificar, de que un Fulano _Calvi_ habia escrito aquel drama. Conjeturas puramente de imaginacion; vamos á lo positivo.
[1] En Milan, por Paulo Gotardo Poncio, el año 1576.
El libro de la _Tragicomedia de Lisandro y Roselia_, libro llamado _Elicia_ por segundo nombre, concluye con la copla siguiente:
Si el nombre glorioso quisierdes saber Del que esto compuso, tomad el trabajo, Cual suele tomar el escarabajo, Cuando su casa quiere proveer. Del quinto renglon debeis proceder, Donde notamos los hechos ufanos De aquel que por nombre entre los humanos Vengador de la tierra pudo tener.
Quiere esto decir en prosa que, para saber quién es el autor del drama, se ha de partir del _quinto renglon_ (de una copla), donde se alude á los hechos gloriosos del que mereció se le apellidase _Vengador de la tierra_.
¿Quién fué este señor?
Ovidio, en el libro IX de sus _Transformaciones_, verso 241, escribe, refiriéndose á Hércules: «Timuere Dei pro _vindice terræ_.»
Séneca, en su tragedia _Hercules Œtæus_, versos 321 y 322:
Vindicem tellus suum _Defendet omnis_.
Versos 1416 y 1417 de la propia tragedia:
Vindicem _saltem precor_ _Servate_ terris.
Versos 1837 y 1838 de la misma:
Vindicem _amisi parens_ Terræ _atque pelagi_.
_Vindex_ significa _defensor_ ó _vengador_ ó cosas así, que convienen á Hércules, á quien van dirigidos los versos ó hemistiquios arriba apuntados y otras expresiones análogas. Hércules, pues, fué llamado, entre diferentes denominaciones, _vengador de la tierra_.
El vengador de la tierra, Hércules, fué llamado tambien _Alcídes_.
El nombre _Alcídes_ se halla en el sexto verso de la copla 4.ª, impresa en el libro _Lisandro y Roselia_ (página 297), donde se hace referencia á las grandes hazañas del hijo de Júpiter, habido en Alcmena.
Y contando desde el _verso quinto_ de dicha copla hácia atras, ó cuesta arriba, á semejanza del escarabajo cuando lleva reculando la bola, que, segun Samaniego[2],
[2] En la fábula _El Águila y el Escarabajo_.
Fabrica diestramente Del material en que contínuamente Trabajando se halla, Cuyo nombre se sabe, aunque se calla, Y que, segun yo pienso, Para los dioses no es muy buen incienso;
tomando (repito) desde el quinto verso de dicha copla, el cual principia con la sílaba _es_, hasta el quinto verso de la misma página, el cual principia con la sílaba _ca_, una, dos ó tres letras, las primeras de cada verso, resulta:
Es Ta O Bra Con Pu So San Cho De Mu Ni No Na Tu Ral De Sa La Man Ca:
cláusula que (suprimido el rengloneo por sílabas y expresada con la ortografía corriente) nos deja leer: _Esta obra compuso Sancho de Munino, natural de Salamanca_.—Parece que el autor de _Lisandro y Roselia_ es casi tocayo de usted, Sr. D. José.
Aquí termina el descubrimiento, que es bien poca cosa, no teniendo noticia alguna del tal Sr. D. Sancho, cuyo sobrenombre no habia oido yo en mi vida; aunque en el _Ensayo sobre apellidos castellanos_, obra de mi amigo el Sr. D. José Godoy Alcántara, premiada por la Academia Española, se hallan (página 132) los nombres _Muninus_, _Monnino_ y otros, que parecen como precursores del apellido _Moñino_, célebre ya en España desde la época de Cárlos III, que hizo á su insigne ministro, D. José _Moñino_, Conde de Floridablanca. Quizá el mismo Sancho se llamaria, no _Munino_, sino _Muñino_; y su amigo, el autor del acróstico por sílabas, no repararia en usar _n_ por _ñ_, atendida la dificultad de encontrar vocablo que principiase con la sílaba _ñi_. En Salamanca, donde he pasado unos dias á fines de Agosto, no me han dado razon de nuestro recien aparecido Sancho; queda, no obstante, con deseo de hacer allí averiguaciones más de una persona, de cuya inteligencia y actividad nos debemos prometer satisfactorio resultado. Y en verdad que harto merece el autor de _Lisandro y Roselia_ el trabajo que cueste llegar á descubrir algo de su vida y hechos, porque, si bien aparece en su obra demasiadamente aficionado á picante y verdura, el libro es de lo mejor que en su tiempo se escribió en castellano. El autor se muestra doctísimo en todo género de letras, conocedor profundo del corazon humano, hábil pintor de costumbres, y personaje por muchos títulos distinguido, cuando el autor del acróstico le llama respetuosamente _generoso señor_. Tambien hubo de ser sujeto de cuenta este amigo suyo, autor nada ménos que de un poema en cuatro libros, cuyo protagonista era Héctor, obra que, segun Sancho nos dice (si no fué broma), estuvo en poder del impresor Juan de Junta para que la publicara. ¿Sería el amigo de Sancho algun _Calvi_, ó quizá un _Calvino_? Porque, en aquel tiempo áun podia llevar en España impunemente este último sobrenombre cualquier cristiano viejo. Sancho pudo tambien tener otro que el de _Munino_ ó _Muñino_, pues entónces se tomaban los apellidos, poco ménos que á gusto del portador: he repasado por eso la _Memoria histórica de la Universidad_ de Salamanca, que publicó tres años há mi antiguo compañero, D. Alejandro Vidal; y entre los Rectores de aquellas aulas famosísimas he visto un _Don Sancho_, que fué cuatro veces Rector en los años 1569, 1572, 1585 y 1588; pero aquel personaje, sobre no ser de Salamanca, llamarse _Dávila_ por padre y _Toledo_ por madre, nació cuatro años despues de impreso el drama de _Elicia_. Dejemos al tiempo la tarea de ofrecer noticias de uno y otro escritor.
Y permítanme ustedes que al darles afectuosas gracias por la publicacion de obra tan estimable, y la enhorabuena por el excelente gusto y esmero con que han hecho edicion tan linda, señale aquí algunas erratas, que noté al paso al leer el libro, y que serán, por supuesto, de la impresion original, por ustedes resucitada. Cualquiera echará de ver que _Ticion_ (página 22), _Lypariso_ (página 183), _Tramiseno_ (página 221) y _Loadice_ (pág. 273), son equivocaciones en lugar de _Ticio_, _Cipariso_, _Trasimeno_ (el lago de este nombre) y _Laodice_; tambien se advertirá que el nombre _Lanace_, impreso así en la página 182, es el mismo de _Cánace_, que se halla en la página 274; pero no es tan fácil conocer que el nombre _Macarso_, que se lee en la misma página 274, y el de _Macharco_ de la página 182, son el de _Macareo_, hermano de _Cánace_, personaje mitológico de no ejemplar memoria, como varios otros del libro: _Canno_ (página 274) es _Cauno_ (error tan fácil de cometer como de perdonar); _Menefon_ debe ser _Menefron_; _Thistes_, _Tiéstes_, y _Europa_, _Erope_. Alguna otra cosilla pudiera notar; pero sobra lo dicho para venir al fin que me propongo con estos impertinentes reparos. Necesitaba yo, señores, hablar de erratas con cualquiera pretexto, para salvar aquí una gordísima, que benignamente se me ha notado, cometida en un Discurso que leí en la Academia Española, donde estampé que el pronombre _Nós_ era... _¡segunda persona de plural!_ Habia corregido con mucho cuidado las pruebas del Discurso; corregí, con mayor detenimiento aún, la reimpresion del mismo; y en él y en ella salió y se ve la que he llamado _errata_, sin serlo de imprenta, sino despropósito de este pobre viejo, que no está ya para nada, aunque siempre muy deseoso de servir á ustedes, cuyas manos besa:
JUAN EUGENIO HARTZENBUSCH.
[Ilustración]
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_LOPE DE STÚÑIGA._
Á cabo de mis dolores, Fin de largas cruesas, Principio de mis amores, Comienço de mis tristesas, Ayas piedat et mesura Contra mí, Que de tu sola figura Me vençí.
De tí me viene pesar Et desigual padescer, Tú fuelgas con mi penar Et penas con mi plaser. ¡Oh sennor, cuál enemigo Haber pudiera Que más danno del que digo Me fisiera!
Tanto terrible fuerte Es mi pena dolorida, Que vida será mi muerte, Et muerte será mi vida; Que los mis tristes gemidos Non son tales Para sin muerte sofridos Ser sus males.
De tí es preçiado mi mal Et querida la mi pena, Pones con ira mortal En mi libertad cadena. ¡Oh cuytado pecador De mí, que só Tan firme, cual amador Nunca naçió!
Oh vida, que la tu vida Es vida con la qual muero, Et vida que non olvida La contra de lo que quiero; Non quieras dolor tan fuerte Que me fiera, Porque mi querida muerte Non me quiera.
Tú quieres lo que non quiero, Quiero lo que tú fisieres, Quieres la muerte que muero, Yo quiero, pues tú la quieres; Et quiero ser bien querido Yo de tí, ¿Quieres tú, triste perdido Ver á mí?
Non sé si meior me fuera Nasçer come soy nascido, Ó que iamas non nasciera Para te haber conoscido; Pues con muerte çessaras El mi dolor, Mas tú, que nunca cobraras Tal servidor.
Tú fases la mi salud De muerte ser temedora, Por guarda de tu vertud Eres buena et mal fechora; ¿Quál es más contrariedat Al coraçon Que tener mal et bondat Sin division?
Pero tú nunca te mueves Para darme galardon, Pésete porque non debes Complir la mi peticion. É tu pesar me dará Tal esperança, La qual vivir me fará Syn mal andança.
Agora, sempre, despues, Mira mis quexas sumarias, Rescibe, pues que asy es, Mis lágrimas et pregarias; É quiérate desplaser, Porque bondat Non te consiente faser Mi voluntat.
_Fyn._
Non te desplega saber Que honestad Te fase palaçio ser De castitad.
_LOPE DE STÚÑIGA._
¡Oh triste partida mia, Causa de secretos males! ¡Oh cuidados desiguales, Que destruyen mi alegría! ¡Oh qué tanto bien sería Un partir de aquesta vida, Porque en fin de mí partida Et mi vida fenescida, Non muriese cada dia!
Mis males eran nascidos Ante de mi nasçimiento, En los signos de sabidos Et planeta de perdidos Fué mi triste fundamiento; Et la rueda de fortuna, Con el signo más esquivo, Con la más menguante luna, Me fadaron en la cuna Para ser vuestro captivo.
Non porque vuestra figura Con muchas virtudes dos La cordura con mensura Nin la vuestra fermosura Eran nascidas, nin vos, Mas porque habia de ser Mandado de Dios asy Que nasciesse mi querer Para tanto vos querer, Mucho más que quiero á mí.
É despues fuestes nasçida, Nasçida con tal poder, Con el qual muere mi vida Syn poder ser defendida De tan gran pesar haber Como yo tengo queriendo, Como yo tengo pensando, Nunca cesso, maldiciendo Mi vida, que bien serviendo Muere ya desesperando.
Que de muerte la quiteis Non vos demando, querida, Et si vos morir la veis, Non negais que lo mateis Nin seréis della servida; Que merçed non pediria De vida tan aborrida, Porque muy meior sería De perderla en este dia Que assy verla destruida.
Como fueron assignados Mis dias para ser vuestro, Aunque fueron apartados, Ya por fuerza son tornados Á servirvos más que muestro; Piense vuestro pensamiento Piedat muy virtuosa, Et matad mi grand tormento, Non por mi merescimiento, Mas por vos ser piadosa.
Non poderian los amores Del mundo todos iuntados El mayor con mis dolores, Nin se ygualen amadores Nin pueden ser ygualados, Porque mi querer sobrado Á todos passa en amar Tanto que pienso cuitado De morir arrebatado Ó muerto m’han de fallar.
Si servitio merescistes Non meresco grand pesar, Et si vos me conoscistes Para darme dias tristes, Non vos dejo de loar; Que, par Dios, despues de aquella Devota vírgen María, De las otras sois estrella, Nunca nasció tal donsella Como vos, sennora mia.
_Fyn._
Non dexedes assí finar Vida que ya muerte fuesse: Vos, mi bien, quered usar Con el miedo de matar, Osaréis si vos pluguiesse, Plaser que teme bondat Por ganar mi alma vuestra Despendiendo crueldat, Pues mi pena con verdat Es mayor que se vos muestra.
_IOHAN DE MENA._
Guay de aquel hombre que mira Vuestro gesto triste ledo, Si delante non se tira, En él pone vuestra ira Non ménos amor que miedo; La ira non conveniente De fermosa os face fea, Mas vuestro gesto plasiente, Bien mirado por la gente, Con sanna más vos arrea.
Yo vos he visto sannosa, Yo vos he visto pagada, Mas iamas fallo tal cosa Por do ménos que fermosa Vos faga ser alterada; Tal me vos siempre mostrays Por mi ventura fadada, Qual, aunque non querays, Fuerça es que padescays Desamando ser amada.
Dubdo que pueda pensar Vuestra grand beldat partir Nin que vos pueda parar Ménos bella el grand llorar Que fermosa el buen reyr; Nin calor más non enciende Vuestra ymágen estranna Nin frior la reprehende, Nin la noche la ofende, Nin la mannana la danna.
Siempre estais de un estante Et iamas en una tema, Syempre es vuestro semblante En una forma constante, Non communa, mas estrema; Como es norte firmesa Sobre todas las estrellas, Assy vuestra gentilesa Es el norte de bellesa Sobre cuantas naçen bellas.
Solamente con cantar Dis que enganna la serena, Mas yo non puedo pensar Quál manera de engannar Á vos non vos venga buena; Ca vos me engannays reyendo, Et me engannays llorando, Engannaysme dormiendo, É más me matays n’os veyendo Que me penays mirando.
Si ántes oviérades sydo, Fisiera rason humana, Segun el gesto garrido, Vos ser madre de Cupido É gosar de la mançana; Que si Páris conosciera Que tan fermosa sennora Por nascer áun estoviera, Para vos, sy lo supiera, La guardára fasta agora.
Quanto más bella se pára De las estrellas la luna, Tanto vuestra linda cara Se muestra perla muy clara Sobre las fermosas una; Como el fénix fiso Dios En el mundo sola un ave, Assy quiso que entre nos Sola tal fuéssedes vos De fermosura la nave.
É vos, que desque naçistes Las beldades se consumen, Vos, que nascida fesistes Ser envidiosas et tristes Las que de bellas presumen; É pues luz de las fermosas Quiere razon que vos llamen, Síguense de aquí dos cosas: Las damas que estén sannosas, Los hombres que más vos amen.
La vuestra clara presençia Á las presentes absenta Et defasse con prudençia Quanto saber é sciençia Vivo seso representa; Mas teneys otros errores Ó yo soy del todo loco, Que de remediar amores, Segund muestran mis dolores, Vos sabeys, sennora, poco.
Pues tales factiones tanto Son en vos como perdidas, Si me acuesto ó me levanto En el mi terrible planto Solas lloro yo dos vidas; La mia porque se alabe Que muere por bien amar, La vuestra porque non sabe De la beldat que le cabe Nin se quiere aprovechar.
Ya por Dios este pensar Non vos tenga así engannada, É quered considerar Sy deleyte es desear, Quanto más ser deseada; Aunque rabio por memoria, Sed vos Diana de palmas, En haber de mi victoria, Non habrés pena nin gloria Más que en el limbo las almas.
Pues si yo tanto vos quiero Vuestra bellesa lo fase; Que m’ha fecho assy guerrero De un amor tan verdadero, Que aunque me pesa me plase; Y hé plaser y dolor, Por haber della tal guerra Ordenando fué Amor, Ó fasedme vencedor, Ó metedme so la tierra,
_Fyn._
Yo vos supplico et ruego Que me libreys desta pena, Que si muero en este fuego, Non fallaréys asy luégo Cada dia un Iohan de Mena.
_IOHAN DE MENA._
Ya non sufre mi cuidado Llagas de tantas feridas, Un vivir atribulado Non se cuenta entre las vidas. ¡Oh syn ventura nascido! ¡Quánt bueno fuera el morir Si pudiera ser venido Quando yo ove tenido Más cobdicia en el vivir!
Un danno que nunca cansa, Un dolor vuelto con sombra, Un mal que nunca se amansa, Sennores, ¿cómo se nombra? Si segun mi llaga fuerte Mi danno se entitulasse, Presumo, segun mi suerte, La mi muy rabiosa muerte Que sin nombre se quedasse.
Vengamos á vos, sennora, Remedio de mis pesares, Aunque cruel causadora De mis penas singulares, Vengan mis quexas gimiendo, Los mis gemidos quexando, La mi vida maldisiendo, Porque mis males viviendo Mueran mis ojos llorando.
Nin maldigo á quien me yerra Nin á mal tanto profundo, Mas blasfemo de la tierra Porque me sufre en el mundo; Ca si muriera al nasçer Ó nasçido si muriera, Non me pluguiera plaser, Nin me diera yo al querer Nin el querer á mí se diera.
Pues mi mal non se resiste Por mi bien nin por su miedo, Volverme contra mí triste, Pues ya contra vos non puedo. Et diré, ved qué diré; Desespero si esperaba, É si dixierdes por qué, Dir vos hé, porque fallé La muerte que non buscaba.
Ya el universo gentío Bien dise de mi persona El triste martirio mio Ser digno de grand corona; Y vos, por quien se padesce Un dolor tan adversario Mirad si vos bien paresce De quien non vos lo meresce Que digays lo contrario.
Por vos me plugo la vida, Por vivir vuestro captivo, É por vos non ser servida Me desplase porque vivo; Et pues fuestes vos por quien Me prendió la tal cadena, Llamadme disiendo, ven, Ordenando de mi bien Quanto mi mal desordena.
Si la sanna que mostró El vuestro gesto sereno, Non por amores, yo no Oviera seydo tan bueno; Nin algund grado de amar Non plega á Dios que penseis Ya por á mí meiorar, Por ménos cuytas me dar Nin por más que me cuyteis.
¿Dó nunca dispuso amor Lealtad y tanta fe Con tal sobra de dolor Qual de mí recontaré? Ca segund mi desear Et mi mucho desplaser, ¿A dó fallaré mi par Que perdon tan singular Non se me dexe vencer?
Vos, mi bien, tan solamente Sois la que non se convençe De mí, de quien tanta gente Por sobra de amor se vençe; ¡Oh males mal despendidos! ¡Oh malvada ingratitud! Dad ya fin á mis gemidos, Pues salud á los vencidos Es non esperar salud.
Mis penas mirando luégo, Quiero que de vos se teman Aquellas flamas de fuego Que ménos arden que queman; Y á lo qual por fama rasa Bien ha fecho ser notorio, Quemándome en esta brasa, Vuestro deseo ser causa Para mí de purgatorio.