Cancionero de Lope de Stúñiga: Códice del siglo XV.
Part 13
Mosen Juan Ribellas ó Ribelles, caballero catalan, acompañó como caballerizo á D. Alfonso de Aragon cuando su expedicion á Italia, y cayó prisionero de los genoveses en la batalla naval de Ponza. Puesto en libertad, continuó sirviendo á su Rey, con quien estuvo tambien en Castilla, segun se desprende de los versos suyos que hoy conocemos, en que celebra el agasajo y largueza de los grandes y de la córte de D. Juan II.—AMADOR DE LOS RIOS, _Historia crítica de la Literatura española_, tomo VI.
XXXII. _Pág. 162._ JOHAN DE TORRES.
_Non sabes, Johan de Padilla._
Muy jóven todavía, acompañó Juan de Torres á Alfonso de Aragon, sirviéndole como paje cuando la segunda expedicion de este Rey á Nápoles, en 1432, única noticia que de él tenemos.—_Coleccion de documentos inéditos para la Historia de España_, tomo XIII, pág. 495.
XXXIII. _Pág. 168._ SUERO DE RIBERA.
_Gentil sennor de Centellas._
El personaje á quien Ribera dirige su composicion es D. Frances Gilabert de Centellas, llamado tambien D. Ramon de Riuses, conde de Oliva, caballero valenciano, que acompañó al Rey de Aragon cuando su segunda expedicion á Nápoles, llevando cuatro hombres de armas montados á su costa y á quien el mismo rey don Alfonso dió el mando de cuatro galeras de Nápoles, con las que despues de prestar muchos servicios, en 1454, uniéndose al general Bernaldo de Vilamarin, que mandaba diez, derrotaron la escuadra genovesa, compuesta de diez y seis naos y diez galeras, al mando de Juan Filipo de Flisco, apresando siete de estas últimas, y haciendo que encallasen las tres restantes: tuvo lugar esta batalla en la isla de Ponza, lugar tan fatal años anteriores al mismo Alfonso V.—ZURITA, _Anales de Aragon_.—_Documentos inéditos_, tomo XIII, pág. 486.
XXXIV. _Pág. 172._ DIEGO DE VALERA.
_Adios, mi libertad._
Historiador, moralista y poeta, valiente y cumplido caballero, distinguido patricio ó ciudadano, mosen Diego de Valera fué uno de los hombres más notables de tu tiempo; nació en Cuenca en 1412, segun él mismo da á entender al final de la _Crónica de España_, que escribió en el Puerto de Santa María: crióse en la córte de Castilla, protegido por los Stúñigas; su viveza y temprano ingenio llamaron la atencion de don Juan II, que le nombró su doncel. Ganoso de señalarse en las armas el que ya habia dado muestra de lo que valia como poeta, salió de Madrid en 1435, acompañado de Lope de Stúñiga, para tomar parte, á las órdenes de Fernan Álvarez, señor de Valdecorneja, en la empresa de Huelma, subiendo por una de las escalas puestas á la villa en compañía de su amigo Stúñiga. Malogróse la empresa por haber sido sentidos por los moros, pero Valera, en premio de su arrojo, fué armado caballero por el señor de Valdecorneja. Vuelto á la córte, lo vemos en 1437 solicitar del Rey licencia para un largo viaje por Europa, y D. Juan se la concede, dándole cartas expresivas para los reyes sus aliados ó deudos. Llegó á Francia en ocasion en que Cárlos VII luchaba heroicamente para reconquistar la mayor parte de su reino, dominado por los ingleses; acompañó á este Rey durante el sitio de Montereau, y despues de ganada la ciudad por asalto, siguió su viaje á Bohemia, donde gobernaba á la sazon Alberto de Habsbourg, quinto de este nombre, llamado por sus contemporáneos el Ilustre, elegido emperador de Alemania por muerte de su suegro Segismundo, con el nombre de Alberto II; fué recibido con distincion por este Príncipe, que al ver que Valera renunció al sueldo que le ofrecia, diciendo queria servirle en la guerra contra los hussistas, en que estaba empeñado, como cualquier otro de los _continos de su casa_, le regaló una tienda y un carro toldado, con el caballo que lo tiraba y dos hombres que lo sirviesen. En el año siguiente, oponiéndose estos sectarios á la eleccion de Alberto como rey de Bohemia, reunieron sus fuerzas al mando de Jorge Podiebrad, pero fueron dispersadas cerca de Tabor por el Emperador, que se hizo coronar en Praga, el 20 de Junio de 1438, rey de Bohemia. Valera que se encontró en la batalla y coronacion, sostuvo tambien dignamente en otra ocasion el honor de su rey y de su nacion: Cenando una noche en compañía de Alberto y otros muchos señores, uno de ellos, Gaspar Schlick, dijo que el Rey de Castilla no debia llevar bandera real en su ejército, porque habia visto en Portugal la que á su abuelo habian ganado los portugueses en la batalla de Aljubarrota. Enterado de estas palabras Valera, despues de contestar cumplidamente al Conde, bajo el punto de vista del derecho, le desafió, lo cual no tuvo efecto por haberle dado una satisfaccion cumplida, dando lugar con este motivo á que el Emperador dijese á Valera que no solamente _era caballero, mas caballero é dotor_. Hasta fines de 1438 permaneció en Alemania, despidiéndose entónces del Emperador para volver á Castilla, y Alberto, no sólo le dió cartas para el Rey, en que le decia lo bien que le habia servido, sino que ademas de regalarle espléndidamente y haberlo nombrado de su Consejo, lo agració tambien con las condecoraciones del imperio, entre ellas la del Águila, fundada por él, dándole de ésta el collar de oro, que sólo podian llevar los caballeros que habian combatido en cuatro batallas campales. Vuelto á España, D. Juan, que ya sabía por D. Martin Enriquez, que tambien habia estado en Alemania y habia vuelto ántes que Valera, los sucesos de éste, al presentársele, le concedió el _collar de las escamas, que él daba á muy pocos_, y el yelmo del torneo, entregándole cien doblas para que se lo hiciese, y mandando que desde allí en adelante se le llamase Mosen Diego, título entónces el de Mosen muy honorífico, pues equivalia á Señor.
Encargó D. Juan á Valera en 1440 que fuese en su nombre á cumplimentar á su tia la reina de Dacia, al rey de Inglaterra Enrique VI y á Felipe el Bueno, duque de Borgoña; pero coincidiendo esta embajada con la llegada á la córte de un faraute de este último Príncipe, que publicaba la empresa ó armas que deseaba sostener micer Pierres de Brefemonte, señor de Charin, en la villa de Dijon, Valera suplicó al Rey le permitiese tomar parte en ella; acordóselo D. Juan, regalándole, ademas del caballo y otras prendas, lo suficiente para su manutencion durante un año, tiempo que se calculó suficiente para su viaje; partió para él Mosen Diego, que, si bien no pudo cumplir su encargo para la reina de Dacia, pues habia muerto, hizo las demas embajadas, saliendo tan airosamente en su empresa, que el Duque de Borgoña le regaló doce tazas y dos servillas, que pesaban cincuenta marcos de plata.
Vuelto á la córte de D. Juan, es destinado por éste al servicio del Príncipe heredero D. Enrique, y al ver los males que aquejaban al reino en aquel turbulento reinado, dirige desde Segovia al Rey notable carta, dándole consejos sobre la gobernacion del Estado, en que hablándole con el respeto del súbdito, no por eso le adula ni deja de decirle la verdad, expresándole unas veces _que el reinar es más bien cargo que gloria_, y otras que, _dexando toda parcialidad e aficion_, ponga _todos los hechos en justa balanza_; no desagradó al Rey la franqueza, ni tampoco á la mayor parte de sus consejeros, si bien uno de ellos, D. Gutierre Álvarez, arzobispo de Toledo y parcial del Condestable, de quien ya Valera se separaba, expresó su dictámen con estas palabras: _Digan á Mosen Diego que nos embie gente ó dineros, que consejo no nos fallece_; sigue siendo, sin embargo, el hombre en quien sólo tiene confianza el Rey, hasta el punto de que, despues del escandaloso suceso de Medina, segun nos dice en su _Crónica_, «como por entónces no hoviese persona de quien se confiase, mandóme ir al Condestable, que estaba en Escalona, por le hazer saber cierto trato que tenía para salir de Tordesillas, del cual al Condestable no plugo. E de allí yo me volví para Cuenca, porque assí quedó concertado entre su Alteza é mí, donde estove hasta que salió de Tordesillas é se fué á Portillo, é de allí se partió á Palencia, é el Cardenal D. Pedro Cervántes con él.» Lo mismo que le servia Valera para entenderse con el Condestable, quiso utilizarlo, sin que este último lo supiese, en su segundo casamiento, enviándolo á Francia para concertarlo con una hija de Cárlos VII, pero la indiscrecion de Pedro Fernandez de Lorca, que debia suministrar los fondos para el viaje y lo reveló al Condestable, hizo que éste, que ya tenía arreglado dar por esposa al Rey á la hija del de Portugal, Doña Isabel, se opusiese, y abusando de la influencia que áun conservaba con D. Juan, desbaratase el proyecto realizando el suyo, sin creer entónces labraba su ruina, pues, como dice Valera: _pensando por alli segurar su estado, traxo el cuchillo con que se cortó la cabeza_. Sintióse el Rey de ello, y no estuvo tampoco muy comedido en sus quejas don Álvaro, empezando desde entónces á declinar su privanza. Mosen Diego sigue al servicio del Rey, pues no consiguió apartarlo de él el Condestable, y nos cuenta en su _Crónica_ que la víspera de la batalla de Olmedo servia al Rey su plato cuando los enviados del Rey de Navarra hicieron á D. Juan el _requirimiento_ en que los grandes expresaban sus agravios. Vencidos éstos, presos muchos de ellos, el Rey convoca Córtes en Valladolid para dar cuenta en ellas de su reconciliacion con el Príncipe heredero, que despues de la batalla habia vuelto á separarse de su padre; de las penas que debian imponerse á los rebeldes, y gracias que, por el contrario, debia otorgar á los que habian seguido su bandera. Valera, que en union de Gomez Carrillo habia sido electo procurador por Cuenca, es el único que se opone con laudable entereza á que se cometa la iniquidad de condenar á quien no se habia oido, y dirigiéndose al Rey, pronuncia, entre otras, palabras tan notables como éstas: «Sería cosa razonable que vuestra Alteza mandase llamar todos estos caballeros, así los ausentes como los presos, que por sus procuradores pareciesen en vuestro alto Consejo, é la causa allí se ventilase..., en lo cual á mi ver se ganarian dos cosas, la primera que se guardaban las leyes, que quieren que ninguno sea condenado sin ser oido y vencido; la segunda, que no se pudiese por vos, señor, decir lo que Séneca dice, que muchas veces acaece ser la sentencia justa y el juez injusto, y esto es cuando se da sin ser la parte oida.» No desagradó al Rey lo dicho, ántes al contrario, como Fernando de Rivadeneira se levantase colérico diciendo: «Voto á Dios, Diego de Valera, vos os arrepintais de lo que aveis dicho»; el Rey con grande enojo le mandó callar, y sin querer ya oir á los demas procuradores dejó las Córtes y se fué á Tordesillas; volvieron á Valladolid los procuradores, desde donde Valera dirigió al Rey una carta en que insistia en su opinion. Desde esta época Valera abraza ostensiblemente el partido de los grandes contra el Condestable, y es uno de los instrumentos más activos de su ruina; la proteccion que desde niño le habia dispensado la poderosa casa de Stúñiga, hace que, pasando al servicio de ésta, vea y concierte entre el Príncipe, el Conde de Haro, el de Placencia, el de Benavente y el Marqués de Santillana, la trama que dió por resultado en Búrgos la prision del Condestable, en la cual toma parte personalmente con grave riesgo de su vida, salvando la de los criados y servidores de D. Álvaro, que éste le habia encomendado, rogándole no recibiesen injuria de obra ni de palabra; pasa á Béjar por encargo de Álvaro de Stúñiga con objeto de que recogiese la herencia de su padre el Conde de Placencia, que estaba para espirar, y despues de cumplir este encargo, acompaña á Sevilla á Pedro de Stúñiga, hijo de D. Álvaro, que contrajo matrimonio en dicha ciudad con Doña Teresa de Guzman, hija de los Duques de Medina Sidonia; allí permanece ocho meses, hasta que sabiendo la muerte de D. Juan Segundo vuelve á la córte, y ve que el reinado de D. Enrique dejaba muy atras al anterior en escándalos y concusiones. La rectitud de alma de Valera y la elevacion é independencia de su carácter no le consienten sufrir tal espectáculo, y retirándose á vivir á Palencia, da muestra de su generosa indignacion en la notabilísima carta que dirige al Rey, 20 de Julio de 1462, en que le dice: «Dais, señor, las dignidades eclesiásticas y seglares á ombres indignos, non mirando serviçios, virtudes, linajes, çiençias ni otra cosa alguna, salvo por solo voluntad: é lo que peor es que muchos afirman que se dan por dineros, lo qual quanta infamia sea, á vuestra persona real e á vuestro claro juicio asaz debe ser manifiesto... todos los pueblos, á vos sujetos, reclaman á Dios, demandando justicia, como non la fallen en la tierra vuestra. Et dicen que como los corregidores van ordenados para faser justiçia é dar á cada uno lo que suyo es, que los más de los que hoy tales officios exerçen son ombres ynprudentes, escandalosos, robadores e cohechadores, é tales, que vuestra justicia venden publicamente por dinero, syn amor de Dios ny vuestro; e áun de lo que más blasfeman es que en algunas cibdades é villas de vuestros reynos, vos, señor, mandays poner corregidores, non los aviendo menester, ni seyendo por ellas demandado, lo que es contra las leyes de vuestros regnos.» Predícele á dónde le llevan sus desaciertos, diciendo más adelante: «Non deveys, señor, olvidar al rey D. Pedro, que fué quarto abuelo vuestro, el qual, por su dura é mala governaçion, perdió la vida y el reyno con ella»; y si D. Enrique no tuvo el mismo fin, presenció Valera su destitucion en Ávila, y el que no pudiera heredarlo á quien llamaba hija suya. No toma parte alguna en los sucesos de aquel reinado, hasta que en los de los Reyes Católicos lo vemos volver á ser atendido como su mérito merece; nombrado su maestresala, acompaña á D. Fernando en la batalla de Toro, despues de la cual, ademas de darle 30.000 maravedises por su cargo, se le nombró Corregidor de Segovia, y despues del Puerto de Santa María, con el cargo, ademas, de la armada estacionada en él, cuyo mando dió á su hijo Cárlos, justificando éste á poco su nombramiento por la victoria que alcanzó contra la escuadra portuguesa junto á Alcazarzaquil. Hiciéronle, ademas, donacion de la finca llamada la Grillera, á orillas del Júcar, cerca de Cuenca, escuchando deferentes sus consejos en la empresa de la conquista del reino de Granada, de que fué uno de los más ardientes promovedores. La última noticia que tenemos de él es de 1.º de Marzo de 1486, fecha de una carta dirigida al Rey Católico, ocupado á la sazon en el sitio de Velez Málaga, siendo, por lo tanto, de presumir que muriese poco despues.
Valera es conocido como historiador, que es donde brilló más su talento y de lo que escribió más; ménos como poeta y moralista; algunas de sus obras se han perdido por desgracia, muchas permanecen inéditas, proponiéndonos nosotros publicar alguna en esta coleccion, entre ellas sus notabilísimas cartas.—_Crónica de España_, abreviada por MOSEN DIEGO DE VALERA.—_Crónica de D. Juan II._—COLMENARES, _Historia de Segovia_.—MUÑOZ, _Historia de Cuenca_.—AMADOR DE LOS RIOS, _Historia de la Literatura española_.—_Tratado de las epístolas embiadas por_ MOSEN DIEGO DE VALERA, _en diversos tiempos á diversas personas_.—_Biblioteca Nacional_, F. 108.
XXXV. _Pág. 173. El Planto que fiso la Pantasilea._
_Yo sola membrança sea._
Publicó esta obra, como del Marqués de Santillana, el Sr. Amador de los Rios, quien dice despues en la página 550, tomo VI de la _Historia de la Literatura española_: «Algunos Cancioneros atribuyen esta querella al docto Marqués de Santillana, y en este concepto la insertamos entre sus poesías en la edicion de sus obras (Madrid, 1852). Ciertos datos adquiridos despues nos inspiran no despreciables dudas, por lo cual la conservamos aquí como anónima, segun se halla en el códice que examinamos.» En el llamado de Stúñiga, que nosotros publicamos, como ven nuestros lectores, tampoco consta quién fuese su autor, y lo mismo sucede en los códices números 7.819 y 7.825 de la Biblioteca Imperial de París.
XXXVI. _Pág. 180._ ALFONSO ENRIQUEZ. _Testamento suyo._
_En el nombre de Dios de Amor._
Hijo bastardo del desgraciado hermano de D. Pedro el Cruel, D. Fadrique, Maestre de Santiago, el triunfo de su tio D. Enrique hizo á D. Alfonso Enriquez uno de los grandes más poderosos de Castilla, Señor de Medina, de Rioseco, Castroverde, Aguilar de Campoó, Valdunquillos y Bolaños, y Adelantado mayor de Leon. El cariño de su primo D. Juan I, no contento con esto, hizo que tomase gran empeño en que casase con Doña Juana de Mendoza, viuda de D. Diego Gomez Manrique, Adelantado mayor de Castilla, llamada la Rica Hembra, de quien D. Alfonso hacia tiempo estaba enamorado. Resistió tenazmente esta señora los deseos del amante y el mandato del Rey, diciendo que personas de su calidad, siendo viudas, no repetian el matrimonio; pero lo que no pudieron conseguir ruegos ni mandatos, lo consiguió el mismo D. Alfonso, que al verse desdeñado, bien sea porque el dolor lo cegase, ó porque, conociendo el carácter de ella, fingiese arrebatada cólera; es lo cierto que puso airado la mano en el rostro de Doña Juana, quien, porque no se dijese habia habido un hombre que, no siendo su marido, habia tenido semejante osadía consintió luégo en casarse; union por otra parte, tan fecunda, que tuvieron doce hijos. Fué D. Alfonso uno de los poetas más celebrados de su tiempo por sus composiciones amorosas, así como tambien caballero generoso y espléndido; su pasion por Doña Juana no le impidió el querer á otras muchas, dando lugar en su vejez, con sus excesos, á estos versos que están al final del _Centon Epistolario_.
OTRAS AL ALMIRANTE EN AQUEL MAL CASO.
El viejo que quiere mozo E sobrado con mujeres Parecer, El gozo le cae en un pozo; Ca más duelos que placeres Va á tener. Bien lo sentis vos, señor, Ca no han pasado seis dias Que bebistes Aquel maldito licor, Que con falsas correntías Lo volvistes. E del fedor de las heces Que alcanzó en su celda á oler, Mal pecado; Predicando Villacreces, Os lo dió bien á entender Disfrazado.
Alcanzó cinco reinados, pues naciendo en 1354, murió en Guadalupe en 1429, y en los cuatro tuvo siempre gran influencia.—SALAZAR Y CASTRO, _Historia de la Casa de Lara_.—_Centon Epistolario del Bachiller Cibdareal._
XXXVII. _Pág. 185._ ÇAPATA.
_Pues que fuistes la primera._
Véase lo que decimos en la nota XXV.
XXXVIII. _Pág. 188._ MACÍAS.
_El gentil ninno Narciso._
P. SARMIENTO, _Memorias para la Historia de la poesía y poetas españoles_.—OCHOA, _MSS. Españoles_. Copiamos á continuacion lo que referente á este ingenio dice D. Tomás Antonio Sanchez en su _Coleccion de poesías castellanas anteriores al siglo XV_, tom. I, pág. 138:
«Macías el Enamorado, bien conocido de nuestros poetas antiguos y modernos por sus amores, fué gallego, paisano de Juan Rodriguez del Padron, vecinos ambos, acaso, del lugar de este apellido, como lo da á entender este poeta en la última copla de los _Siete gozos de amor_, diciendo:
»Si te place que mis dias Yo fenezca mal logrado, Tan en breve, Plégate que con Macías Ser merezca sepultado. Y decir debe, Do la sepultura sea: _Una tierra los crió_, Una muerte los llevó, Una gloria los posea.
»Se puede dudar si Macías es nombre ó apellido. Antiguamente se decia Macías por Matías como observó el erudito D. Gregorio Mayans en los _Orígenes de la lengua castellana_, y áun hoy á los Matías los llaman Macías en muchos lugares de tierra de Salamanca. En un códice antiguo manuscrito del Real Monasterio del Escorial, en que se trata del _Credo_ compuesto por los Apóstoles, San Matías es llamado Sant Macías. Macías, siendo escudero del famoso Enrique de Villena, se enamoró de una criada de su amo, éste la casó, hallándose Macías ausente, con un hidalgo de Porcuna, pero no por eso cesaron los amores de Macías. No pudiendo el hidalgo sufrir estos amores, dió cuenta á su amo, el cual, despues de muchas reprensiones infructuosas, resolvió ponerlo preso en Arjonilla, lugar del órden de Calatrava, de que D. Enrique era Maestre, cinco leguas de Jaen. Preso allí en duras cadenas, lo estaba mucho más en los antiguos amores de su señora, á quien desde la prision escribia lastimosas canciones. Hay una de ellas en un libro de trovas que se guarda en el Escorial, de donde la sacó Argote de Molina y la trae en la _Nobleza de Andaluzia_, y es la primera de las cuatro que le atribuye el Marqués de Santillana:
»Cativo de miña tristura, Ya todas prenden espanto, E preguntan, ¿qué ventura Foy que me atormenta tanto? Mas non sé, no, mundo amigo, Qué mais de meu quebranto Diga de esto que vos digo, Que bem ser nunca debia, Al pensar que faz solia. »Cuidí subir en alteza Por cobrar mayor estado, É caí en tal pobreza Que moiro desamparado, Con pesar é con deseio; Que vos direy mal fadado Lo que yo he ben ovejo, Quando ó loco cay mas alto Subir, prende mayor salto. »Pero que pobre sandece, Porque me deu á pesar, Miña locura así crece, Que moiro por entonar: Pero más non á verey, Si non ver y desciar, É por en, así direy: Quen cárcel sole viver, En cárcel cobeja morer. »Miña ventura en demanda Me puso atan dudada, Que mi corazon me manda Que seya siempre negada; Pero mays non saberan De miña coyta lazdrada, É por en así dirán: Can rabioso é cosa brava De su señor sé que traba.
»Estas coplas llegaron á manos del hidalgo, el cual, irritado, fué á Arjonilla, y tuvo modo de arrojar á Macías una lanza con que le quitó la vida. Su cuerpo fué sepultado en la iglesia de Santa Catalina de dicho lugar, y en su sepultura quedó la lanza y una memoria en esta letra:
»Aquesta lanza sin falla, ¡Ay coytado! Non me la dieron del muro Nin la prise yo en batalla; Mal pecado.
»Mas viniendo á tí seguro, Amor falso y perjuro Me firió, é sin tardanza, É fué tal la mi andanza Sin ventura.
»Ximena, _Anales eclesiásticos de Jaen_, dice que la iglesia de Santa Catalina, que ahora es ermita, «fué en tiempos antiguos la iglesia parroquial, y en ella está sepultado el enamorado Macías... como consta del epitafio de su sepulcro, adonde se lee de letras antiguas lo siguiente:
»Aquí Yace Macías el Enamorado.»
Despues de lo escrito por el Sr. Sanchez, justo nos parece poner tambien á continuacion otra version distinta, y es la que se contiene en la nota á la pág. 77 del tomo VI de la _Historia crítica de la Literatura española_ del Sr. Amador de los Rios; dice así:
El infante D. Pedro de Portugal, contemporáneo de Macías, á quien tal vez conoció durante su permanencia en Castilla, refiere en su ya citada sátira _De felice é infelice vida_, que siendo la dama deudora á Macías de la vida, que la salvó sacándola de un rio con peligro de la suya, hallóla acaso en un camino, ya casada; y «por paga de sus señalados servicios, dice el Infante, le demandó que descendiese, la qual, con piadosos oydos, oyó la demanda é la complió.» Agradecido Macías y advirtiendo el peligro en que la ponia por seguirla de cerca su esposo, rogóle que cavalgase, «é luégo ella partida, llegó su marido, é visto assy estar apeado en la mitad de la via aquel que non mucho amava, le preguntó qué ally fazia; el qual repuso: Mi sennora puso aquí sus piés, en cuyas pisadas yo entiendo vivir é fenescer mi triste vida. E él, sin otro conocimiento de gentileza é cortesía, lleno de sçelos más que de clemencia, con una lanza le dió una mortal ferida; é tendido en el suelo, con voz flaca é ojos revueltos á la parte do su sennora yba, dixo las siguientes palabras: O mi sola é perpétua sennora, á dó quiera que tu seas avé memoria, te suplico, de mí, indigno siervo tuyo. E dichas estas palabras con grand gemido, dió la bien aventurada ánima.» (_Biblioteca Nacional._)
XXXIX. _Pág. 190._ VILLALOBOS.
_Pues me fallesció ventura._