The Copperhead

Chapter 6

Chapter 63,982 wordsPublic domain

Alternan estas representaciones con la M o g i g ata , El viejo y la niña y El sí de las niñas , de Moratin, no obstante ser afrancesado. Bien es verdad que en cambio representase en la córte el Oscar traduccion de D. Juan Nicasio Gallego, Diputado en Córtes.

Ciérrase el teatro en 15 de Julio por el calor del verano y no por el bombardeo.

Las artes en tanto se protejen, a pesar del asedio D. Francisco Brambila, pintor de cámara, y D. Juan Galvez, profesor de pintura, deseosos de perpetuar la memoria de los sucesos heróicos de Zaragoza, habian ido á aquella ciudad para dibujar sobre el terreno los sitios en que se verificaron las principales acciones de su defensa. Con peligro de sus vidas emprendieron sus tareas, puesto que una vez se vieron obligados á suspenderlas á causa de ser amenazados por las balas francesas el lugar en que trabajaban. Treinta y seis vistas de los principales hechos de ar

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mas de Zaragoza lograron reunir, y al cabo cuando los franceses ocuparon aquella ciudad huyeron cautelosamente. Ya en Cádiz ambos profesores, solicitan proteccion para publicar sus dibujos; y la Academia de Bellas Artes les concede veinte y cuatro mil reales que habian de recibir en mensualidades de seis mil reales.

De órden de las Córtes del 21 de Diciembre de 1811, se publica un Certamen para proveer una plaza de director de pintura en la Academia en el término de seis meses. Y con efecto, pintan los opositores sus cuadros al óleo, poniendo alegorías de los sucesos de la guerra, de la traicion de Bonaparte, de la España combatiendo y de la Constitucion publicada; y pronúnciase por el tribunal el fallo del 3 de Agosto, cuando mayor es el bombardeo de la ciudad.

En esta Academia de Bellas Artes existe un busto del general Solano, debido al cincel del escultor D. José Fernandez y Guerrero, cuando el Marques del Socorro la presidia. En los dias de la guerra de la Independencia lo ve el poeta Arriaza, por el favor de un amigo, pues está oculto por las circunstancias políticas, y prorumpe en estos improvisados versos al contemplar la actitud de aquel general, que parece mirar con intrepidez:

—¿Qué estás mirando?—El númen de la gloria. —¿Qué le pides?—La muerte ó la victoria.

Continúa en Cádiz el entusiasmo. Un soldado llamado José Cubelo, natural de San Cosme de Cusca, obispado de Orense, que sirve en la segunda compañía de Cazadores del Rey, recibe una bala de cañon, que le destroza la mano izquierda y parte del. antebrazo. Ampútasele el brazo cuatro dedos mas abajo del codo. Solo profiere un ay al empezar la operacion. Luego que el vendaje queda puesto, pregunta si seria necesario cortarle mas: respóndenle que nó los profesores, y exclama con la expresion del mas vivo júbilo: »De ese modo todavía, despues de curado, me queda en que apoyar el fusil para hacer la puntería; y eso es lo que yo deseo mientras haya franceses en España. » Palabras tiernamente sublimes que se celebran en Cádiz y en el ejército de la Isla, como una interpretacion del sentimiento de todos los defensores de este asilo de la independencia española.

Desde el 16 de Mayo de este año el asedio es mas molesto para los vecinos de Cádiz, porque con otros obuses nuevamente construidos logran dar mayor alcance á las bombas los franceses. El 13 de Julio trasládase el Cabildo Eclesiástico á la Iglesia de los Capuchinos y el Sagrario á la espaciosa capilla de la Orden Tercera de los mismos religiosos, y allí celebran los Divinos Oficios y sus acuerdos y. en las dependencias del mismo edificio moran los capitulares. No se pueden seguir celebrando en la Santa Iglesia Catedral, porque está bajo los fuegos del enemigo. (1)

El Ayuntamiento se halla igualmente en las Casas Consistoriales, bajo el fuego

(1) Permaneció allí el Cabildo Eclesiástico hasta el 30 de Octubre por la mañana, y por la tarda ya se cantaron las vísperas de coro en la Santa Iglesia Catedral.

El Cabildo Eclesiástico, agradecido por haberse consentido por los capuchinos que su Iglesia sirviese de Catedral, así como de parroquia la capilla de la Orden Tercera, celebró hermandad con los religiosos y concedió asiento en el coro entre los señores dignidades al guardian de aquel convento y á sus sucesores.

El Cabildo ofreció al convento el patronato de su Iglesia, y en 9 de Marzo de 1813 le dirigió el Padre Guardian la escritura en que la comunidad, con aprobacion del Provincial, concedia al Cabildo el referido patronato.

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de los franceses. El 12 de Julio celebra un cabildo general en la capilla de la Hermandad de Ntra. Sra. del Carmen, situada al frente de la Sacristía del convento de religiosos del mismo orden. El 19 de Julio traslada sus sesiones á la contaduría de la Casa de Misericordia. Acuérdase construir barracas en el campo de Santa Catalina, desde Capuchinos, por delante del Hospicio, hasta el cuartel de Artillería, para refugio del vecindario que se ha visto obligado á desamparar sus casas.

Las bombas de mayor alcance llegan á la calle de los Doblones y á la del Tinte, á la del Jardinillo y hasta la plaza de San Antonio. Una cae junto á las puertas de la Iglesia, casi al pie de un cuadro que representa á la Santísima Trinidad, recuerdo de que en aquel sitio solia predicar el célebre misionero capuchino Fr. Diego de Cádiz. Otra bomba cae en una casa de la calle Ancha, frente á la Iglesia de San Pablo. Vive en ella don José María Giobe, cónsul que es luego de los Estados-Pontificios. La bomba destroza todos los cuadros de la sala, menos los retratos de Jorge III y de su esposa la Reina de Inglaterra, a pesar de hallarse en un tabique que se rasga. En la plaza de Loreto cae una bomba á las once de la noche sobre un balcon: rompe un hierro que del rebote vá á dar en un oficial inglés que por allí pasa. Recibe este el golpe en una pierna, que en aquella noche misma se le amputa. Las campanas de los conventos de Santo Domingo, la Merced y San Francisco, son las que avisan, cuando se disparan las bombas por los enemigos. Sucede que un dia el lego que en San Francisco hace la señal , advierte un fogonazo, toca la campana y la bomba viene á estrellarse en esta, sin causar daño alguno á su persona. Divisa otro fogonazo y con una serenidad heróica, dirígese á otra campana y da la señal de aviso. Rara es la casa de Cádiz donde no hay un plano de la ciudad grabado, con cierto número de líneas. Con ellas y con un compás se calcula el alcance probable de las bombas, en la circunferencia del sitio en que la última ha caido. Fray Mariano de Sevilla, que aun sigue siendo guardian de Capuchinos, es la providencia de los desvalidos; su convento sirve de asilo al pueblo. Dos establecimientos de educacion pública de niños se trasladan alli: moran en el convento los obispos de Orense y Calahorra, y don Alvaro Caredo y don Simon Lopez, obispos, que son luego de Málaga y Orihuela. Facilita alimento Fray Mariano a muchos pobres militares y á viudas y á religiosos y eclesiásticos seglares , fugitivos de partes ocupadas por los franceses, a pesar de componerse entonces de 130 individuos la comunidad, en que están los capuchinos igualmente fugitivos de otros puntos.

Pero muy pocas desgracias personales se cuentan del bombardeo. Reina la alegría por todas partes, y en el recinto donde están las barracas, no se oye otra cosa en las primeras horas de la noche que los cantares del pueblo respondiendo á los disparos del enemigo con las sabidas coplas:

Con las bombas que tiran Los fanfarrones, Hacen las gaditanas Tirabuzones;

ó bien repiten la marcha española A las armas , que desde el principio de la guerra habia escrito D. Cristóbal de Beña:

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A las armas corred, españoles, De la gloria la aurora brilló: La nacion de los viles esclavos Sus banderas sangrientas alzó. ¿No escuchais en los campos vecinos Los infames franceses bramar? ¿No los veis con frenética furia Los hogares del pobre talar? Los fuertes aceros, Patricios guerreros, Al punto empuñad: Marchad, sí, marchad. Resuene el tambor, Veloces marchemos, Y la sangre española venguemos Derramada con ciego furor.

Beña, al componer esta marcha guerrera, tuvo muy presente la célebre estrofa Allons en fants de la Patrie del himno marsellés, traduciéndolo con toda exactitud expresamente para burlarse de los invasores.

Todas las victorias de nuestros ejércitos se solemnizan con grandes y públicos regocijos y las musas españolas son las primeras en ofrecer coronas á los vencedores.

Cuando llega la nueva de la reconquista de Badajoz por nuestras armas, el célebre poeta, D. Juan Nicasio Gallego, racionero entonces de la Santa Iglesia de Cartagena, electo chantre de la metropolitana de la isla de Santo Domingo, y diputado suplente por la. provincia de Zamora, publica aquel afamado soneto:

Al Lord Conde de Wellington, en la reconquista de Badajoz.

A par del grito universal, que llena De gozo y gratitud la esfera hispana, Y del manso, y ya libre, Guadiana Al caudaloso Támesis resuena:

Tu gloria ¡oh Conde! á la region serena De la inmortalidad sube, y ufana Se goza en ella la nacion britana; Tiembla y se humilla el vándalo del Sena.

Sigue: y despierte el adormido polo Al golpe de tu espada: en la pelea Te envidie Marte y te corone Apolo.

Y si al triple pendon que al aire ondea Osa Alecto amagar, tu nombre solo Prenda de union, como de triunfo, sea.

Mientras el ingenio de un gran poeta anuncia en sus vigorosos versos tan fausto acontecimiento, en las esquinas de las principales calles fíjase un cartel que dice en grandes letras: Badajoz rendida. Gloria inmortal á la soberbia Albion y odio sempiterno al tirano y á su hermano... Aparece este en una mal trazada figura, sentado sobre una cuba con un vaso en la mano, cual si estuviera bebiendo. Al propio tiempo y debajo de ella se leen estas palabras: ¡Amargo trago !

Así se tratan en Cádiz las cosas de la guerra: la alegría mas pura y el donaire siempre en ejercicio y la burla á José I constante en el ánimo de todos y para todo.

Objeto de festivas alusiones son entre sí y sus compatricios los voluntarios

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distinguidos: estos se conocen por vía de mote con el nombre de guacamayos por ser rojo el uniforme de gala y tener vueltas de terciopelo verde: tambien se conocen por el de obispos los artilleros gallegos: lechuguinos se llaman los de artillería de Puerta de Tierra por las lechugas que se crian en sus huertas y peregiles los de infantería: cananc os los cazadores por usar cananas, y pavos los de las milicias urbanas por el color de la ropa y vueltas.

La calle Ancha es el sitio de contínua parada del numeroso vecindario y forasteros: lo que eran las antiguas gradas de San Felipe y hoy es la Puerta del Sol en Madrid. Allí se adquieren noticias: allí se inventan: allí se murmura. Noticias de c a lle Ancha se llaman por el pueblo aquellas en que hay duda; y así, para esforzar la verdad de alguna, se suele decir ¡cuidado que esta no es noticia de calle Ancha ! Y hasta algunos periódicos, como el Re d a c t o r gen e r al , publican una seccion de noticias extraoficiales, y el nombre de Calle Ancha es el que sirve de título.

Las esquinas de las calles de San Francisco y del Baluarte se conocen burlescamente por de Ta falg ar , ó mas bien por cabo de Trafalgar.

Y hasta la plaza de San Antonio es llamada por el galante nombre de g o 1 fo de las dam as , ingeniosa alusion á nuestras bellas compatricias.

En 31 de julio cántase solemnemente un Te-Deum en la iglesia del Cármen, oficiando el cardenal de Borbon. Acaba, de llegar la nueva de la victoria de Salamanca. Por la noche multitud de personas se dirige á casa del embajador británico á darle la enhorabuena por el triunfo de Wellington. Se habia hecho una suscricion patriótica para obsequiar á Wellesley. Fórmase un tablado en la Alameda: tremólanse en ella las tres banderas aliadas, la española, la británica y la portuguesa, de las tres armas que defienden la isla de Cádiz, puesto que una pequeña division de portugueses defiende las baterías de Torregorda. Ilumínase con hachas el tablado. A las diez una diputacion del pueblo conduce al embajador, precedido de la música de las guardias españolas y acompañado del almirante Legge, del brigadier Fleming y de otros muchos oficiales de su navío. Van á casa del conde de Fife, desde cuyos balcones presencia Wellesley el obsequio hasta las doce y media. Inmenso es el gentío: constantes las aclamaciones, testimonio sincero de aquel júbilo tan leal. Cantase un himno, que ha improvisado D. Juan Bautista Arriaza y cuya música se compone en pocos minutos por Moreti:

¡Viva el grande, viva el fuerte Que en la mas gloriosa accion El furor francés convierte En vergüenza y confusion!

Ved cual entre polvo y humo Por los campos de Castilla Vá la bárbara gavilla, Que era un tiempo su opresion.

¿Quién los bate y los humilla Con el rayo de victoria? La trompeta de la gloría Dice al mundo: Vellingtón.

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¡Oh Wellingtón! nombre amable Grande alumno del Dios Marte Tus contrarios ¿en qué parte Huirán de tu valor?

Tú los vences en los montes, En los valles ven tus brios, Y las aguas de los rios Te retratan vencedor.

Entre el Duero y claro Tormes Tú á los galos atropellas; Y aun siguiendo vas sus huellas De su entera ruina en pos.

Ya ¿qué importa que a España Turbe un mónstruo su sosiego Si en Wellingtón tiene luego Por defensa un semi-Dios.

El 12 de Agosto celebra con salva de artillería la plaza el cumpleaños del príncipe Regente de Inglaterra y Wellesley obsequia al pueblo de Cádiz con una fiesta por la noche en la plaza de las Barquillas de Lope, con iluminacion, música y fuegos artificiales.

Otro suceso memorable se celebra en el mismo recinto y de la misma suerte. Es el de la entrada de las tropas españolas en Madrid. Asiste el embajador inglés, conducido desde su casa entre aclamaciones, y precedido de una banda militar. Tal alegría domina en la ciudad con desprecio del mayor alcance de las bombas enemigas.

En tanto se ha erigido una plaza frente al castillo de Santa Catalina para funciones de caballería, novillos, bailes nacionales y otros ejercicios. Cada tres meses, á tiempo que verifique los exámenes la Academia militar, se habria de hacer una funcion de caballería: todos los domingos por la tarde se habrian de correr seis novillos y los dias verdaderamente nacionales como el aniversario del 2 de Mayo instalacion de las Córtes , publicacion de la Constitucion y otros sucesos de victorias habria de celebrarse baile público nacional. D. Francisco de la Iglesia Darrac es quien manda construir esta plaza para aplicar una parte de sus productos á la Academia de que es director.

Un teatro se construye tambien en aquellas inmediaciones para abrirse el dia 26 de Agosto, á fin de que el pueblo pueda seguramente gozar de los espectáculos dramáticos. La abnegacion anda mezclada con la natural alegría del carácter español. Se trata de abrir una lámina del retrato de D. Agustin de Argüelles en busto, como ofrenda de aprecio por su discurso preliminar de la Constitucion. Argüelles se niega á facilitar su retrato, y suplica que el importe de la suscricion, que con tal fin se ha hecho, se destine á la adquisicion de billetes de la lotería, destinados por iguales partes entre los soldados del ejército de la isla y de las fuerzas sutiles.

Los ingenieros Arrambide, Amat y Carrillo escriben por orden superior en medio del sitio tratados de táctica militar. El Duque del Infantado con ánimo generoso

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cede al Estado mayor general una caja magnífica, guarnecida de brillantes y valuada en diez mil pesos, regalo del Rey Jorge III, á fin de que, vendida, sirva su producto para la impresion de la táctica militar , que tan necesaria es en nuestros ejércitos para pelear contra las aguerridas huestes del Capitán del siglo.

Pero ¿qué se podian extrañar tales hechos? En Cádiz mismo no se habia visto empuñar las armas á don José de Rojas, primogénito de Casa Rojas? No se halló en cinco acciones? En la última no cayó herido? No le preguntó el general Ballesteros cual recompensa quería? Y la respuesta no fué decir: Nada, absolutamente nada deseo, sino solo dar un ejemplo á mis compatrícios?

No le vió Cádiz regresar de la campaña y andar por la ciudad vestido siempre de soldado granadero y acompañado con un granadero, constante camarada en la guerra, por mas que no fuese noble?

No habia contemplado Cádiz, cómo en el año de 1810, don Antonio Artecona marqués de Casa-Rávago, despues de servir diez y ocho años en el Real Cuerpo de guardias, y de vivir retirado en su patria desde el año de 1803, y haber sido comandante del primer batallon de voluntarios distinguidos, y vocal de la junta de gobierno, dejaba su casa y su familia, y salia de esta plaza en clase d e s ol dado de la compañía de cazadores de la espedicion, al mando del general don Luis Lacy?

Recuérdase todavía en Cádiz al jóven de don José Eusebio de Laraviedra. En el piso principal de la casa, donde vivian sus padres, el año de 1804 reside el ciudadano José Víctor Moreau, general célebre que fué de la república francesa y que desterrado á los Estados-Unidos, se halla de paso en esta ciudad con su esposa. Trabase amistad entre ámbas familias, y entusiasma Moreau al entonces niño Laraviedra con sús hechos de armas y con su odio hácia Bonaparte. En 1808, teniendo 17 años, acude á la defensa de la nacion: obtiene el despacho de subteniente: se halla en varias acciones, concédenle una tenencia. Prisionero, despues de una gloriosa defensa en un olivar con 20 hombres contra 360 Dragones franceses, consigue sin embargo huir de Sevilla, Llega á Cádiz; y sin lograr ni pedir premios, como ayudante de la columna de cazadores con destino á, las guerrillas del puente de Suazo, en una de aquellas salidas infructuosas , pero en donde siempre muestra su valor, muere el dia 14 de junio de 1810, atravesadas las sienes por una bala de fusil en el parapeto avanzado delante del portazgo. Mil veces habia dicho á sus amigos: No me es sensible perecer por la causa de la justicia, sino morir siendo como militar, el oprobio de mis conciudadanos.

En la flor de su edad, con gran talento, valiente, instruido, aficionado á la poesía, querido de todos en Cádiz donde habia nacido, excita su muerte el mas vivo dolor. Las córtes en la sesion del 13 de marzo de 1811, trataron de su trágico fin.

Así en esta lucha los hijos de Cádiz corresponden á lo que deben á la patria. Un comerciante, don Cecilio Zaldo, habia dado 200,000 rs, de donativo para nuestros ejércitos, el clero y los religiosos habian vestido al regimiento de Zamora con las limosnas de las misas, y la inspirada poetisa de Cádiz doña Vicenta Maturana, elegante, jóven y discreta, cuyo padre, como bravo militar, acababa de morir en el campo del honor, cuando era requerida de amores, y aun sin serlo, manifestaba por

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do quiera la exaltacion de su patriotismo, asegurando que su mano estaba reservada al soldado mas heróico de aquella guerra.

Esto era Cádiz; y asi fué su defensa.

Los actores, que en el teatro han trabajado durante el rigor del sitio, colocan, con permiso de las Córtes, una inscripcion de gratitud á ellas por haberles la Constitucion concedido el derecho de ciudadanos. Ellos concurren á una misa solemne, que en accion de gracias costean en la Iglesia del Cármen, siendo el orador el Magistral D. Antonio Cabrera; y por último, en la noche de ese dia, que es el 25 de Junio, representan en una funcion, á beneficio del ejército, la version que de la tragedia de Alfieri Bruto primo, ha hecho con este fin y el título de Roma libre D. Antonio Sabiñon, excediendo su obra en mérito al original, asi por la dulzura, como por la gravedad y fIuidez de sus versos. La primera actriz Agustina Torres representa un prólogo á la tragedia, escrito por D. Cristóbal de Beña, al gusto griego, el cual termina con estos versos tan famosos:

Y escrito está en los libros del destino Que es libre la nacion que quiere serlo.

Este axioma tiene de notable el haberlo recordado Napoleon á los polacos y recordarse ahora por un poeta al pueblo de Cádiz, despues de mas de dos años de sitio por las tropas de Napoleon mismo que experimentaba la verdad que encierra.

El castillo de San Lorenzo del Puntal ó Puntales, es el que resiste todo el rigor del asedio y desde donde se defiende por la parte de bahía la ciudad. Viene á ser la Torre de Malakoff de este sitio. Colocadas las baterías enemigas en el Trocadero, el castillo tiene que ofender y ser ofendido por la artilleria francesa. Está confiado el gobierno durante el sitio á D. José Macías y estará años despues. Los voluntarios artilleros distinguidos de Extramuros son los que lo guarnecen con alguna pequeña fuerza de veteranos y unos artilleros ingleses que sirven la batería alta. Primero formaban una compañía esos voluntarios, mas tarde se convirtieron en un batallón. Contra el castillo lanzan los enemigos durante el asedio 15.521 proyectiles y los del castillo contra las baterías francesas 53.259. Un albañil que se decia Juan Romero, en medio del fuego, con una andamiada y á cuerpo descubierto repara exteriormente los muros, sin que un tiro enemigo le acierte en los dias mas rigurosos del asedio. Al cabo solo obtiene el recuerdo de una herida leve. Arde constantemente en la capilla del castillo ante una imagen de San Lorenzo una lámpara, única luz que en la fortaleza queda en la noche, y única tambien que no se apaga cuando dos determinados cañones de la batería alta son disparados; pues las demás luces mueren en ese instante.

Y las desgracias que producen los disparos enemigos, llegan á muy poco número en todo el asedio: 14 muertos, 38 heridos, 41 contusos. Viva, es la fé con que invocan al santo patron del castillo.

A los principios del sitio murió un albañil predecesor del heróico Romero. Refiérese, que estando con un peon en el andamio, introduciendo un canto en el muro, una bala dá en éste cerca de él. Caen en el andamio muchas piedras que hacen perder el equilibrio al peon y á Romero juntamente. Es baja mar: ámbos descienden sobrel os peñascos al pié del castillo, descubiertos por la baja mar, y so-

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bre el pecho de Romero cae el canto que está á medio introducir en el muro, acabando así sus dias aquel valiente defensor del castillo de Puntales.

Solo un incendio hay durante el sitio y ese ocasionado por una granada española que reventó al salir de la pieza en la batería alta: vuélase un arcon de cartuchería en la baja: muere un artillero veterano; queda muy maltratado otro; préndese fuego á otro arcon de la misma batería y cinco artilleros de voluntarios distinguidos precipitadamente acuden con agua, en vez de huir; y de este modo el fuego se extingue y se salvan cuantos en la batería se encuentran.

Un oficial de ejercito, hombre de gran valor é imprudencia, suele pasearse y hasta correr sobre el parapeto de la misma batería en los instantes de fuego, peligrosa diversion á que lo lleva su entusiasmo patrio. Cierto dia estando en aquel lugar, una bala de cañón enemiga le arrebata la cabeza y su cuerpo sigue corriendo, aun sin ella, breves momentos, mientras su cuello está convertido en varias fuentes de sangre con espanto de la guarnicion del castillo.