The Copperhead

Chapter 4

Chapter 43,865 wordsPublic domain

Estas y otras semejantes coplas entona el regocijo popular durante el asedio en burla del mariscal que lo manda, y del ponderado invento del obus del ingeniero francés Villantroys. Así termina el año de 1810. Al empezar el de 1811, se acuerda que no se malgasten municiones ni vidas en molestar desde las líneas de la isla de Leon á los sitiadores en combates parciales é inútiles. Proyéctase una expedicion para acometerlos por retaguardia. Manda el general don Manuel de la Peña las tropas españolas y el general Graham las auxiliares británicas que se embarcan en Cádiz. Un puente de barcas se echa sobre el rio Sancti-Petri para proteger nuestras tropas; pero á favor de un descuido nuestro, los enemigos se enseñorean del puente y logran pisar, aunque por breves instantes y á costa de muchas vidas, el territorio de Cádiz, pues son rechazados. Queda cortado el puente.

Adelántanse nuestras tropas el dia 10 de marzo por el camino de Algeciras. Trábase la batalla que tiene el nombre de Chiclana. En ella perece el general francés Ruffin, y es herido y prisionero su jefe de Estado mayor Bellegarde. Villatte queda herido. El general de brigada Rousseau-Chaudron y dos coroneles yacen en el campo.

Nuestro generales y jefes quedan salvos.

El general inglés se apodera á bayoneta calada de las alturas del cerro de la Cabeza del Puerco. Pero en medio del combate, se indigna Graham al ver que no ha recibido de los españoles socorro, y se retira á Cádiz con sus tropas y prisioneros por el restablecido puente de barcas. Al siguiente dia lo sigue el general español la Peña con las sayas. El ilustre poeta don Angel de Saavedra, hoy duque de Rivas, que despues de herido en la batalla de Ocaña, se encuentra en Cádiz, como ayudante segundo del Estado mayor general, vá, en medio de la batalla, de orden de la regencia, para volver con el primer aviso del éxito del combate.

Monta un caballo que habia pertenecido al general Solano. Llega á. la Isla, pasa el puente, se avista con el jefe de Estado mayor don Luis Lacy, el cual le manda, aprovechando la circunstancia de su venida, que al frente de un batallon se apodere de un reducto enemigo, que molesta mucho con sus fuegos. A la cabeza de las tropas vá don Angel Saavedra, y logra enseñorearse de aquel punto, no sin recibir una ligera herida de un bayonetazo en la frente. Con esta insignia de honor vuelve á Cádiz á dar á la regencia nuevas de la victoria, obteniendo en seguida el grado de teniente coronel.

Durante la batalla se emprende mi desembarco en las costas del Puerto de Santa María: por breves momentos logran entrar en la ciudad nuestras tropas, siendo acojidas con júbilo; pero pronto acuden fuerzas superiores y se ven obligadas á abandonar la empresa.

Graves cuestiones entre la Peña y Graham hay de resultas del combate y hasta papeles impresos, y un aplazado desafio. Media la regencia y concede al general inglés la grandeza de España con el título del cerro de la Cabeza del Puerco. Acéptalo Graham con reconocimiento; pero á poco, y comprendiendo que puede tener equívoco el título, tal vez porque se lo hacen notar, lo renuncia descortés y altaneramente.

La caridad de los gaditanos acoje con el amor mas vivo á los heridos y demás oficiales y soldados que vuelven del combate. Sin escitacion alguna por parte de las autoridades, ofrece sus casas y sus cuidados para conservar aquellas preciadas vidas, y darles un testimonio de la gratitud de la patria.

Nueve dias despues, es el de José Bonaparte. Jerez de la Frontera había obtenido el título de capital de prefectura con su nombre, debiendo crearse dos subprefecturas, una en Cádiz y otra en Ronda. Véase la forma, con que, se celebra el dia del monarca intruso. La vispera, á la puesta del sol, hay salvas de artillería, y á las ocho de la noche repique general de campanas, que se repiten á las siete de la mañana del dia 19 y á la hora del Te-Deum. Las autoridades civiles y militares y españolas se reunen en las casas de don Juan Ponce de Lean, prefecto del Departamento. A las doce sale de ellas la comitiva con numerosa escolta. Las tropas están formadas en la carrera hasta la Iglesia mayor, donde se canta una solemne misa y un Te-Deum.

A las cuatro de la tarde hay un banquete en las casas del prefecto, á que asisten las autoridades principales francesas y españolas, y á las nueve de la noche un baile en el mismo edificio. Son maestros de ceremonia para la funcion de Iglesia el comandante Luis Francois y don Pedro Riquelme, miembro de la municipalidad, y maestros de ceremonias del baile don Jacobo Gordon, los capitanes Marinar y Villate y el mismo Riquelme. Asisten al Te-Deum entre los generales franceses y en preferente lugar, los generales españoles Vergara y Orbaneja.

La junta de Cádiz, ya no es superior, de gobierno: reducida á menos atribuciones, cuida sin embargo, de auxiliar al gobierno en la defensa de la ciudad, y de facilitarle medios pecuniarios. Aun resuena en Cádiz el acento de aquellos nobles patricios, cuando necesitando la regencia veinte millones de reales, acude la junta á pedirlos al embajador Británico Este se escusa con que no tiene instrucciones de su gobierno. Irritados los de la junta ofrecen en hipoteca el caserío de Cádiz.

No cede de su negativa Wellesley, hasta que uno de los vocales dice: » Pues bien: sí V. E. no facilita esos millones en letras sobre la tesorería real de Inglaterra, un barco nos espera para pasar al Puerto de Santa María, donde con esa misma hipoteca pedimos al mariscal Soult el dinero.» Al punto cede Wellesley y entrega las letras, que son negociadas el mismo dia.

Ante estos ejemplos de patriotismo y energía que Cádiz da, los escritores españoles, parciales de José Bonaparte, procuran por mil medios exhortar á la ciudad á abandonar la causa de la nacion. En junio de 1811 decia lo siguiente el autor del folleto, Carta de un español al general Castaños, despues de la batalla de la Albuera.

¿Qué hacernos, pues, divididos los que hemos nacido para vivir bajo una religion, costumbres y leyes? Contigo hablo ¡oh Cádiz! ornato y riqueza de Andalucía y aun de toda España, ¿por qué no dás la paz á las provincias que causaban antes tu abundancia y activaban tu comercio? Nosotros no podemos libertarte, así como á nosotros no nos libertaron los que hoy te gobiernan. Por qué, pues, causas nuestra destrucción con tu exterminio? Esto escribe probablemente el célebre literato don Félix José Reinoso El no menos célebre poeta don Juan Melendez Valdés, que al empezar la guerra había compuesto dos ardientes romances octosílabos contra los franceses por la independencia de la patria, ya parcial de José Bonaparte dice en un opúsculo dirigiéndose á los gaditanos.

»No os envanezcais, pues, de ese rincon, ni os deis en vuestra cárcel por libres y seguros: las bombas y el cañon llegan á todas partes: hoy sufris los desprecios de esos ingleses que os han tiranizado y mañana os veréis sugetos y rendidos á las fuerzas del rey buscando humildes su amparo y proteccion. Entonces será el dia de la vergüenza y del oprobio.»

De este modo se equivoca el talento.

Las Córtes desde el 24 de febrero de 1811 están en Cádiz adonde se trasladaron despues de celebrar sesion tres dias antes en la Isla, sin que hayan querido ser recibidas con solemnidad. La Iglesia de San Felipe Neri, es destinada para sus sesiones, y allí las prosiguen reformando la legislacion española, y discutiendo la Constitucion de la monarquía.

Llámanse las Córtes generales y extraordinarias sobrando aquí la partícula conjuntiva, pues su verdadero nombre es el de Córtes g en er ales extraordinarias.

Nota esto el literato Don Antonio Puigblanch, y cierto dia se encuentra con su célebre compatricio don Antonio Capmany, redactor que es del diario de la regencia y diputado á Córtes, y que por su pericia en la lengua castellana merece ser quien antes de leerse á las Córtes la Constitucion, corrija su estilo No se trataban ni mas se volvieron á ver despues de este suceso. Capmany en un puesto de papeles públicos con muy alta voz cual suele, diserta sobre el idioma castellano. Puigblanch le dice el error cometido en su sentir, y Capmany con aquella ingenuidad, aquella franqueza, tan propia de él, le responde que la observacion es justa y todo una inadvertencia.

Antes de este suceso don Antonio de Capmany, escribe á un amigo ausente de esta ciudad una picante carta, dándole nuevas de lo que ocurre. Intercéptanla los franceses: hácese público el contenido. Los regentes están pintados de un modo satírico y no se ofenden, y rien con los chistes de la carta, y hasta se pasea en público uno de ellos con el propio autor, y gratamente los comenta.

Hablase de los ingleses en la carta motejándolos sobre el bruñido de sus dientes y botas, y su diversion en los bailes de gitanas; y desde entonces los ingleses mismos mas afecto demuestran á Capmany. Wellesley lo convida á comer el mismo dia en que la carta es conocida: los ingleses que al banquete asisten, glosan en él alegremente los chistes.

Nace á poco una discordia violentísima entre el mismo Capmany y el famoso poeta don Manuel José Quintana, secretario que es de la interpretacion de lenguas é individuo de la suprema junta censoria. El primero había publicado dos folletos con el título de Cartas d e un buen patriota, en que reprende el estilo escesivamente poético y algun tanto afrancesado, que antes en las proclamas de la junta central, y ahora en las de la regencia, usa su autor Quintana, de quien dice que q u i ere morir pr o c la mando y quedarse al fin con el dictado del p r o c l a m i s t a, del mismo modo que el real profeta David se conoce por el Salmista.

Lleva Quintana muy á mal estos escritos y con el título de Contestaeion á los rumores y críticas dirije cargos severos y epítetos fuertísimos contra Capmany.

Este, mas qúe defensa, escribe nuevas invectivas contra su adversario en su Manifiesto , si bien procura vindicarse únicamente del cargo, que se le ha dirijido, de hombre en v id i oso : recuerda que aconsejó á Quintana que dedicase su pluma á la prosa por haber cultivado bastante el campo de la poesia para su gloria; que le incitó y aun reprendió por su pereza, para que no dejase de las manos y concluyera las v idas de los varones ilustres; que él le buscó, no como amigo, sino como un padre á su hijo, noticias, documentos, memorias y libros para la vida de Roger de Lauria y del Príncipe de Viana, hasta llevarle á su casa y de noche y bajo la capa pesados volúmenes; que él admitió el encargo que le hizo Quintana de repasar los borradores de las v idas, de advertirle cuantos yerros encontrase, y que este rectificó y enmendó casi ciegamente cuanto le dijo: y por último que hasta le excitó á concluir esas vidas a fin de que ingresase por ellas en la Academia de la Historia. Y á pesar de la acritud con que fué reprendido Capmany por Quintana, aquel hace la justicia debida á sus costumbres diciendo: «El señor Quintana es persona digna de aprecio por su conducta privada y por su talento é ilustracion y á esta justa consideracion yo me suscribo»

Escandaliza mucho esta controversia por lo duro de los sarcasmos mútuamente lanzados, y por ser entre dos literatos tan eminentes, y á quienes tanto deben las letras y la política española en aquellos gloriosos días. Tercian en ella otros literatos corno Martinez de la Rosa, en defensa de Quintana (1): uno de ellos dice que Capmany quiere adquirir el título de Dictador de la lengua castellana .

Y como Capmany hubiese retratado en el M a n i fi e s t o á varios literatos eclesiásticos de la tertulia de Godoy con horrendos colores y algunos creyesen que entre ellos estaba aludido D. Juan Nicasio Gallego, éste se apresura á escribir á Capmany pidiéndole que declare la verdad públicamente: que él no se encuentra en el caso de las personas zaheridas. Hácelo así ingenuamente Capmany, y termina este suceso literario

Desde 1810 está en esta ciudad el ilustre poeta D. Francisco Sanchez Barbero, entre los Árcades de Roma, Floralbo Co r in ti o, y es uno de los editores del afamado periódico El Con ciso. La vista del mar de Cádiz le inspira este excelente soneto:

Por la primera vez enagenado Te admiro ¡oh rey del húmido tridente! Y á tu inmenso poder mi humilde frente Inclino, de pavor desalentado.

Mas de pomposa majestad cercado Despliegaste: con ímpetu inclemente Corres: un paso mas, y el continente Desaparece súbito anegado.

Perdona al español que sacudiendo La esclavitud de sí, fácil abrigo

Busca ¡oh mar! en tu imperio proceloso Salud: por tí mi libertad consigo, Y el bárbaro opresor que lo está viendo Los hierros que rompí muerde rabioso.

Un amigo y admirador del ingenioso poeta le exhorta á cantar los males de la patria y las glorias de la nacion en la lucha heróica, que se sostiene, para que repitan sus acentos las hijas de Cádiz.

Oigamos repetidas No son merecedoras Por mil graciosas bocas Gerona, horror de Francia, De las afables ninfas, La inmortal Zaragoza, Que el gran emporio adornan, Y la ciudad de Alcides, Canciones d la patria, Que impávida la arrostra, Y que respiren todas Mil rayos fulminando Rencor inextinguible A sus feroces hordas, A. la Francia alevosa. Que desmayadas tiemblan ¿De tu metro elegante En la vecina costa?

(1) Bosquejo de una crítica á la carta de un buen patriota que reside disimulado en Sevilla es el título de un opúsculo: el del otro es Carta del maestro de escuela. de Polopos al buen patriota disimulado en Sevilla, gramático por excelencia é incansable crítico de proclamas.

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No es estéril el ruego del amigo, la manifestacion del deseo del buen español, que quería que la lira de Floralbo Corintio hiciese resonar sus acentos en la eterna roca de Cádiz. Escribe y publica Sanchez esta bellísima oda á la salida de una expedicion, que de Cádiz parte á combatir á los franceses: (1)

El undoso mar, cubierto Un pueblo inmenso se agolpa De las velas españolas, En la muralla y paseo, Enfrena sus bravas olas Que con la vista y deseo Con atenta admiracion: Acompañándolos ván. A los buques numerosos Su valor al suyo juntan, Van los vientos halagando: A la suya su esperanza: Van ufanos gobernando Uno es el odio y venganza, Tan gloriosa expedicion. Uno el gozo y el afan. Salen: aléjase el puerto, Corred, corred animosos El contrario se estremece: A los campos de la gloria, Su rabia impotente crece Y con la dulce victoria, Sin poderlos detener. Hijos de España, tornad. ¿Qué haré? el mariscal pregunta En vuestro baldon estriba Viendo próxima su ruina; Nuestro infame cautiverio: Y la próxima colina En vuestro honor el imperio Le responde: Perecer. De la hispana libertad. A coronar va la patria Vuestras sienes victoriosas: Los hijos, padres y esposas A cantar vuestro loor. Y las bellas gaditanas Entre sus cándidos brazos ¡Oh qué suavísimos lazos! A premiaros con su amor.

Los franceses, despues de la batalla de Chiclana, procuran hacer otras pruebas del alcance de sus granadas. El dia 13 de Marzo dirijen algunos tiros desde la Cabezuela; pero sus piezas, como acontece en este sitio, no pueden resistir largo tiempo tanto esfuerzo; y así á cada uno de ellos se va el alcance minorando.

Todo en este asedio da ocasion para provocar los chistes de los gaditanos, cuya condicion es proverbialmente alegre. Matan las granadas solo un gato y un perro: rompen ya las narices de un ángel de madera, que sostiene una lámpara, ya una cama de un religioso de San Juan de Dios, que venturosamente no duerme en ella el instante aquel, no obstante ser entrada la noche. Los muchachos cantan y repiten por las calles, aludiendo á la batalla del Cerro del Puerco, esta copla que es muy solemnizada por los mayores y que por muchos dias se entona por do quiera.

Tres mil franceses murieron En la batalla del Cerro; Pero han logrado en desquite Que una bomba mate un perro.

En la batalla de Chiclana mataron los franceses el caballo del general inglés, nuestro aliado. En cambio en el Cerro de Santa Ana de aquella villa, dias despues, una granada nuestra dió muerte al general Senarmont, y en el castillo de Santa Catalina del Puerto á un general de artillería, á otro de ingenieros, y á un coronel de aquel arma.

(1) Es la de D. Manuel de la Peña.

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Todo, en verdad, es motivo de burla. En Cádiz tienen que pelear contra dos clases de armas: las mortíferas y las ridículas. Con risa sarcástica se reciben las órdenes del Intruso , sus mandatos, sus intimaciones: con befa, se trata de su vida: con befa igualmente de los medios de terror que emplean sus tropas contra Cádiz.

Y es tal la desgracia de los franceses y de José, que cuando quieren amedrentar con estragos, los estragos, en vez de horror, vienen á causar la risa de los sitiados.

Insu rgentes y bandidos siempre llama José Napoleon á los españoles que lo combaten. En 1811 se fija en las esquinas de Moguer un decreto suyo, en que recomienda á los mariscales del imperio que traten con dulzura á los pueblos que dominen, y en que ya no designa como insurgentes y rebeldes á nuestros soldados , sino reconociéndolos por lo que son. Léese y comentase en un café de Cádiz esta nueva; y uno de los poetas, que tanto contribuyen en esta ciudad al entusiasmo patrio, improvisa estos versos, muy celebrados:

Cual insurgente y bandido Era el patriota llamado; Pero el nombre de soldado Por fuerza le han concedido. Nombre tan esclarecido Digno de sus glorias es; Mas no basta: el vil francés Nuevo elogio lo ha de dar, Y si hoy le vió militar, Héroe le verá despues.

Llega á Cádiz en este tiempo D. Manuel Jimenez Guazo: habia sido uno de los primeros que en 1808 desnudaron la espada contra los franceses el dos de mayo. Se habia hallado en la defensa de Zaragoza, donde peleó denodadamente: en Sevilla fué oficial de la Secretaría de la Junta Central; y con permiso de ella, consiguió alzar un cuerpo de tropas con el nombre de la Cruzada. Pelean en 1810, y al fin, tras grandes penalidades viene en Julio del siguiente año á esta ciudad Jimenez Guazo, tremola en ella su bandera de la Cruzada y la tremola con igual solemnidad que religion. La Regencia habia concedido algunos auxilios á sus gentes; pero los apuros del erario no permiten entonces facilitar haberes para el prest de los cruzados. De su sueldo mantiene Jimenez Guazo á 20, cuando son ya 400 los que se han juntado bajo el estandarte de la Cruzada. El obispo de Sigüenza y varios religiosos y presbíteros protejen esta empresa: conmueven á muchos á alistarse para la Cruzada, á semejanza de otros tiempos, las exhortaciones que en las principales iglesias de Cádiz por varias noches dirijen al pueblo oradores sagrados de valía. Sale de Cádiz Jimenez Guazo con sus cruzados y en la Serranía de Ronda y en los contornos de Málaga, ofende con su pequeña hueste, que es de las mas aguerridas y arriesgadas y de un modo tenaz, á los enemigos. Oficialmente se denomina Jimenez Guazo comandante. de la Cruzada del obispado de Málaga. Mas tarde, cuando Granada es libre de la opresion francesa, nombra su diputado en córtes á Jimenez Guazo por la fama de su singular patriotismo y extraña vida. Se pre

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senta en Cádiz y en las córtes, contuso desde la última accion de guerra en que se halló, que fué para él la mas obstinada y peligrosa. Su extravagante vestido, sus grandes bigotes, una gran espada, especie de mandoble, que siempre lleva ceñida, en recuerdo de sus hechos militares, la insignia de antiguo cruzado al pecho y la religiosidad que inusitadamente exagera teniéndose por hombre de otros dias, le atraen los sarcasmos de la gente juvenil, alegre y bulliciosa, que le da el titulo del nuevo Quijote . (1) Pero a pesar de esta rara manera de vivir, proceder y pelear, Jimenez Guazo no está poseido del entusiasmo por la religion y por la patria, sino por el delirio del entusiasmo mismo que sabe producir grandes cosas, por mas que algunas salgan del natural Orden y sorprendan y muevan á risa á veces. Mas tarde fue nombrado oficial del Ministerio de Gracia y Justicia, sin que se sepan mas acciones de él, cuerdas, útiles ó extrañas.

En Junio de 1811 desembarca en Cádiz la 1ª division de infantería del 5.° ejército, que acaba de adquirir laureles inmortales en la batalla de la Albuera, una gloria mas del ilustre general Castaños. Conmuévese la ciudad, al ver la desnudez de los soldados: fórmase una suscricion, y con ella costéase el vestuario de que tanto aquellos necesitan. Por gratitud y como la mayor honra se pide á la Regencia que uno de los regimientos lleve el nombre de Cádiz . Es el elegido el del Gen e r a 1, creado al empezar la guerra.

La Junta de Gobierno acoje con entusiasmo esta idea, en representacion de la ciudad. «Aceptando, decia, esta delicada fineza del. general Castaños, se honrará Cádiz de que una parte de los valientes, que tanto se distinguieron en la famosa batalla de los campos de la Albuera, continúe sacrificándose por la patria bajo el nombre y banderas de un pueblo, que á ningun otro cede en lealtad.»

Las banderas del regimiento llevan en sus ángulos las armas de Cádiz: son un don que las señoras de esta ciudad ofrecen á aquellos valientes. Bendícense y entréganse estas banderas el dia 27 de Octubre en la Santa Iglesia Catedral, con asistencia de la Junta superior de Gobierno y el Ayuntamiento y las señoras que habian costeado y bordado aquellas insignias de honor y que habian hecho con sus propias manos los vestidos de los soldados, el pueblo en fin, que habia contribuido con sus haberes á tan digna empresa. No puede ser mas hermoso y noble el espectáculo. Las señoras de Cádiz desde los instantes primeros de la guerra habian contribuido con sus trabajos personales al bien de nuestros soldados. En Agosto de 1808 vistieron al regimiento de Logroño, cosiendo todas las prendas por sus propias

(1) El Diario Mercantil de Cádiz, en que escribia don Pablo de Jérica, cuando era diputado publicó en 1813 el siguiente epigrama contra Jimenez Guazo

Al verle tan terrible chafarote, Orden de la Cruzada en el costado, Y cual dragon descomunal bigote, Todo el mundo lo hubiera comparado Al inmortal manchego D. Quijote; Pero ¡cuánto se hubiera equivocado! Porque el Quijote tuvo gran talento Y el mortal de que hablo es un jumento!

Contra el Marqués de Villa-Panés, íntimo amigo de Jimenez y que escribia un periódico en sentido contrario á las ideas liberales, se publicaron muchos versos satíricos. Entre ellos está aquel celebrado epigrama de don Pablo de Jérica:

"En Cádiz estás Marqués Y metido á cortesano" Dijo un quidam jerezano A nuestro invicto Panés. "En vivir aquí, buen hijo, Que estás engañado siento: No es aqueste tu elemento: Esto es córte, no cortijo."

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