Cádiz en la Guerra de la Independencia: cuadro histórico

Part 8

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Estrecha García en su mano un papel, en que está escrito un estudiado discurso para leerlo y dar gracias á las córtes; pero, la conmocion que experimenta, le impide la lectura. En aquellos momentos haciendo un esfuerzo sobre sí mismo, responde con balbuciente voz, estas improvisadas palabras: «Señor . . Yo estoy sumamente reconocido á los favores de V. M. Mi agradecimiento será eterno. . . No deseo mas que restablecerme un poco de mis heridas, para volver á ser útil á la patria. . . Derramaré por ella hasta la última gota de mi sangre. »

El inmenso concurso de las galería y palcos, los diputados mismos, todos están con las lágrimas en los ojos, al ver el tierno y grandioso espectáculo de un soldado español premiado por la representacion nacional, por la patria reconocida. Rompen en vivas y aclamaciones, vivas y aclamaciones repetidas en el salon, vivas y aclamaciones que se repiten por las calles al dirigirse el héroe con el alabardero al palacio de la Aduana, donde la Regencia le espera para recibir el decreto que tanto le honra: vivas y aclamaciones, cuando al volver, pasa por delante de la casa de Wellesley, quien le ofrece el presente de un uniforme completo de alférez y un sable; vivas y aclamaciones ante la lápida de la Constitucion en la plaza de San Antonio; y aclamaciones y vivas hasta que García queda en su casa.

A la noche concurre al teatro y al palco, que le han destinado como obsequio. En uno de los entreactos uno de los actores dirije la palabra á García con este soneto, que es muy aplaudido, y terminado por los entusiastas víctores de la numerosa concurrencia.

Anima en vano el galo prepotente Sus bárbaras legiones: arma en vano Sus sanguinarios siervos el tirano Para oprimir al español valiente.

Rabia y furor y hierro y plomo ardiente Dirige contra el jóven asturiano, Que con suerte divina, esfuerzo humano, Jamás abate la atrevida frente.

Honor del suelo astur, recibe, en tanto, El digno premio de la patria mia; Que mas que la expresion celebra el llanto.

Y cuando la francesa alevosía Oprimir quiera nuestro suelo santo, Firme España dirá: ¡¡vive aun García!!

Cuando presenció el pueblo de Cádiz un honor parecido en las Córtes y en el teatro al Lord Wellington, tratábase de un magnate de la orgullosa aristocracia inglesa, del duque de Ciudad Rodrigo, de un grande de España, de un caballero del Toyson de oro, del capitan general de nuestros ejércitos, vencedor muchas veces; ahora este honor se dedica á recompensar al sargento Antonio García que viene, como salido de la pobre fosa del soldado, en que lo creyeron sus verdugos.

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La ciudad de Cádiz vé en él la representacion viva del pueblo español en aquella lucha: herido, vencido en tantas y continuas ocasiones, fusilado y volviendo mas animoso á la lid, aun no convaleciente de sus heridas, á vengarlas y á pelear por la independencia. Tales eran los soldados de semejante pueblo: tal el pueblo que tenia semejantes soldados.

Su retrato grábase al punto con la escena del fusilamiento, y corre de mano en mano con la estimacion natural, que inspira la historia de aquel héroe: una suscricion se forma en Cádiz, para que con ella atienda á la curacion de sus heridas.

Imitan el ejemplo el jefe y los cuerpos del ejército de reserva y le juntan 9786 reales, que el conde del Abisbal le remite con una carta, diciéndole ser acreedor por sus hechos á la admir acion de los militares.

A los fines de abril del año mismo torna García á la campaña, restablecido de sus heridas, no sin manifestar antes y de un modo público, su gratitud al noble vecindario de Cádiz por sus pruebas de bondad y patriotismo, así como al Congreso Nacional y al embajador Británico.

Premiada en Cádiz fué una heroina guipuzcoana durante los dias del pertinaz asedio: doña María Angela de Telleria, que de edad de 26 años, y soltera vino en 1811 á esta ciudad: Era natural de Elgueta: residía en Durango á tiempo que en 1809 entraron allí tropas francesas conduciendo para Francia prisioneros españoles de Santander. Decidió libertar á los mas y ejecutó lo que decidiera. Pidió permiso por sola curiosidad para verlos: llevaba consigo ocultamente tres vestidos de mujer: disfrazó á tres oficiales: pasó con ellos por medio de los centinelas. Dejólos en libertad, y animóse con la felicidad del suceso para proseguirlo. Recorrió casa por casa de las personas en quienes confiarse podia: obtuvo varias ropas de paisanos y hasta unos 70 pesos fuertes en dinero. Mudó su trage por el varonil: bajo la capa ocultó unos cordeles; y noblemente artera, consiguió penetrar en el albergue de los prisioneros: hizo que todos se fuesen descolgando por una ventana á una huerta, y ella salió la última. Repartió el dinero entre todos: señalóles el camino mejor que cada cual debiera seguir para salvarse: ocultó á otros en casas que tenian sitio seguro y aplazado al intento, y ella llevó á la suya á un capitan de carabineros reales que se habia dislocado una pierna, al caer en la huerta. Un mes estuvo allí escondido y en curacion, costeada á expensas de doña María Angela. 26 fueron los oficiales que salvara: los soldados muchos mas.

Al fin los franceses averiguaron quien habia facilitado la huida de los españoles. El general Avril, gobernador de Bilbao, envió en su busca 400 hombres para asegurar su captura. Prisionera se trasladó á la cárcel de Bilbao: donde trataron, por amenazas y halagos alternativamente, de vencer su constancia, á fin de que declarase los nombres de los que le habian ayudado en su empresa. Interesáronse en Bilbao por ella algunos vecinos, y lograron que se la condenase solamente á dos años de cárcel en Durango. Trasladada allí, el denodado partidario Cuebillas determinó restituirla á la libertad: sorprendió la poblacion, y llevó á doña María Angela Telleria en triunfo á Logroño; pero á poco esta ciudad cayó en poder de los enemigos y con ella la heroina.

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Cargada de cadenas, fué encerrada en un horrible calabozo de Bilbao durante tres meses. La humedad y la falta de aire le ocasionaron una enfermedad grave, hasta el punto de enternecer en algo á sus opresores. Condújosela á otra habitacion de mas saludables condiciones, donde estuvo otros tres meses; pero no consiguió verse libre de las cadenas, que le dejaron siempre, cual si se tratara del malhechor mas temible.

El gobernador de Vitoria mandó que fuese llevada á aquella ciudad para sustanciar su causa. Allí intentaron tambien vanamente rendir su ánimo por medio de las amenazas y promesas á fin de que declarase los que le facilitaron recursos para salvar á los prisioneros. Condenáronla á muerte.

Supo todo el partidario Longa; y sin pérdida de tiempo dirijió al gobernador una carta previniéndole que los quince oficiales franceses, que él tenia en su poder, serian fusilados si en un plazo dado no ponia en libertad á doña María Angela Telleria. Consultó con el gobernador de San Sebastian Thouvenot lo que podria hacerse ante tan terrible y ejecutiva amenaza: este mandó que la heroina se trasladase á San Sebastian. Allí llegó al fin, escoltada por catorce gendarmes y alguna infantería. Denostó Thouvenot á doña María Angela por su proceder, olvidándose de que era una señora y prisionera. Ella no dió señales de alteracion alguna: al cabo, solo le respondió en su vascongada lengua que así como él era buen patriota francés ella era buena patriota española: que nada malo habia hecho en libertar á sus hermanos y que siempre que pudiera, volveria á ejecutar lo mismo.

No tuvo qué responderle Thouvenot: dióle la órden de salir, en el término de 30 dias, del territorio ocupado por los franceses; hizo que prestasen fianza tres personas abonadas, púsola en libertad: regresó ella á Vitoria y de allí pasó á Asturias, donde el general Bonnet á quien se presentára le dió un pasaporte é hizo que tropas suyas la llevasen adonde estaban las nuestras. Fue entregada al célebre Porlier.

Sin casa y sin recursos y en la miseria se presentó doña María Angela Telleria en Cádiz. D. Francisco Sanchez Barbero se interesó por ella en vista de su patriotismo heróico y de sus padecimientos: publicó en el Conciso su historia. En Cádiz llamó la atencion extraordinariamente y las córtes en 1811 acordaron que por la Regencia le fuese concedida una pension vitalicia de 4.000 reales de lós fondos de la Cruzada en Cádiz. En Cádiz siguió, durante el sitio y despues, estimada de todos. Por los años de 1825 estaba casada con D. Juan Olmedo, y se declaró que la pension no habia quedado invalidada por el estado nuevo que ella tenia. Era por sus méritos personales, y concedida sin restriccion alguna.

Hoy vive doña María Angela Telleria en edad casi octogenaria en el pueblo del Rosal de Cristina (provincia de Huelva) y continúa cobrando de la administracion de Cruzada en Cádiz la pension otorgada en premio de su heroicidad, constancia y patriotismo; vivo monumento de una época de abnegacion cual ninguna, y de la estimacion con que en Cádiz se acogian á los nobles defensores de la independencia patria.

Siguen las córtes durante el año de 1813 en sus reformadoras tareas. Ce

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san las generales extraordinarias para que las ordinarias den principio, segun en la Constitucion se previene. Pero aquel cuerpo legislativo torna á la vida: la fiebre amarilla ha invadido á Cadiz, unos procuran negar la existencia del mal y otros aumentar sus estragos. Sanchez Barbero á este propósito publica el siguiente epigrama:

Como el corso está jugando Al congreso en la Bohemia, Así en Gibraltar y en Cádiz Jugamos á la epidemia.

Las córtes generales extraordinarias se han congregado por una parte del conmovido pueblo, que no quiere ver huir á la Regencia con las córtes ante la fiebre amarilla, cuando no huyeron ante las bombas del francés enemigo. Acuerdan que el Gobierno y Congreso continúen en Cádiz. El diputado don José Mejía es quien mas insiste en que no se padece aquí tal dolencia pestilente, y hasta lo asegura, apostando su cabeza. Pero la enfermedad produce sus estragos. Mueren al rigor de ella el mismo Mejía, causando su muerte en la temprana edad de 36 años extraordinario dolor, Capmany ya en la convalecencia, D. Manuel Luxan, Vega y otros diputados de las córtes que acaban de disolverse. Las ordinarias trasladáronse, al fin, á la isla de Leon. El ayuntamiento de Cádiz, con gran acompañamiento de generales y otras personas distinguidas, algunos prelados regulares, y diputacion del cuerpo de Voluntarios distinguidos pasa el dia antes de la traslacion al palacio de las córtes y es recibido por los dos secretarios mas modernos é introducido en el salon por los mismos, quedando á la entrada todo el acompañamiento. Sube á la tribuna de los diputados, como presidente del municipio, el general D. Cayetano Valdés, honor que se ha concedido por las córtes á la ciudad, y desde allí les dirije un discurso en nombre de Cádiz. Lee la respuesta el presidente y sale el ayuntamiento con igual ceremonia y pompa.

Este acto de gratitud, por mil causas fué obligacion del ayuntamiento. Aun resonaban las palabras del presidente de las córtes, cuando se instalaron en Cádiz el 24 de Febrero de 1811.

»¡Cádiz, patria dichosa de mis mayores! este pueblo afortunado no me dejará mentir, si en su nombre aseguro á V. M., que, como haya ele nuestra parte todo el teson del verdadero patriotismo y la recta administracion en todos los ramos del gobierno, tendremos soldados que hagan la guerra, tendremos dinero para continuarla, tendremos la dicha de ver entre nosotros al verdadero rey.»

Y Cádiz no defraudó las esperanzas que en ella las córtes pusieron: todo se cumplió tal como confiadamente se creia.

Por eso el ayuntamiento, al ser recibido públicamente por la Regencia, presidida por el cardenal de Borbon, pronunció estas solemnes palabras de despedida:

«Cádiz ha sido y es el baluarte de la nacion, en donde nunca dominarán otras armas que las españolas, cuya seguridad ofrece el ayuntamiento á nombre del pueblo.»

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Durante el sitio de Cádiz, fallecen en la ciudad, á mas de los diputados referidos, en 1810 el mariscal de campo D. Gerónimo Peynado, el duque de San Lorenzo, la Excma. Sra. D. Francisca Ramírez de Ulloa, la condesa de Torre Seca, en 1811 el mariscal de campo D. Andrés Lopez, la marquesa de la Calzada, la mariscala de Castilla, condesa de Noblejas, la madre D. María Josefa de la Herran, monja profesa del convento del Espíritu Santo del Puerto de Santa María, el marqués de San Bartolomé, el gefe de escuadra D. Adrian Valcárcel, el marqués de la Atalaya Bermeja, y D. Agustin Brun, de quien se advierte en el libro del cementerio, como cosa notable, que lo enterraron con el hábito de Santiago, que quisieron quitarle y no se consintió: en 1812 la vizcondesa de Uzot, los generales de marina D. Estanislao Juez Sarmiento, y D.Juan José Moreno, el teniente general de ejército D. Ramon de Castro, el marqués de Dos Hermanas, la marquesa de Casa-Enrile, el conde de Casa-Rojas, y en 1813 la condesa de Torre Alegre, D. Baseco Morales teniente general de marina, el marqués de Alcañices, el Excmo. Sr. D. José Bernmdez de Castro y el conde de Priole, ministro de la córte de las dos Sicilias cerca de. España, víctima mas que de la fiebre amarilla, del temor que le causó, pues siendo muy benigna, espiró repentinamente al segundo dia. (1)

Tal es el cuadro histórico de Cádiz, durante la guerra de la Independencia. Como testimonios de lo que puede una ciudad leal al trono de sus mayores y á la causa de la Independencia patria, quedan el recuerdo de sus sacrificios personales y pecuniarios: las cruces instituidas para premiar á los marinos de la rendicion de la escuadra, á los defensores de Puntales, al conde de Casa-Rojas, y á los que asisten á la batalla de Chiclana.

Cádiz obtiene el renombre de muy heróica, como el mas preciado blason de sus blasones, y el título de ciudad, con nombre de San Fernando, la Real Isla de Leon. Al disolverse la junta de señoras, reciben del Rey don Fernando VII el, distintivo de un brazalete con la cifra del monarca: órden nueva destinada solo para recompensa de aquellas especiales y patrióticas virtudes.

La Cortadura sirve de monumento de época tan gloriosa para Cádiz.

Las banderas de sus voluntarios distinguidos, son en la Casa Capitular un vivo recuerdo del honor de sus habitantes .

Don José Macías, el defensor del castillo de Puntales, no quiere separarse de su querida fortaleza en muerte, como no se separó de ella durante treinta y dos meses. Pide y obtiene la especial merced de que sus restos descansen en la capilla de San Lorenzo del Puntal, y allí reposan. (2)

(1) Tal dice su médico el célebre Dr. Don Francisco Flores Moreno en su memoria sobre la fiebre amarilla.

(2) Hé aqui la inscripcion del sepulcro:

Aquí yace el cadáver del señor Coronel D. José Hacías García de Santa Ella, Caballero con la Cruz y Placa de la Real y militar orden de San Hermenegildo, Gobernador que fué de este castillo de San Lorenzo del Puntal, y condecorado con la Cruz de distincion por la defensa del mismo en la Guerra de la Independencia. S. M. en premio de esta gloriosa defensa, que bajo su mando hizo la fortaleza por espacio de treinta y dos meses, dispuso por Real órden de 28 de Julio de 1816, accediendo á su peticion, fuese sepultado en esta capilla. Falleció en 8 de Enero de 1824.

Le dedican esta memora su viuda e hijos. R. I P.

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Todos los años hasta el de 1830 se arbola la bandera del batallon de voluntarios distinguidos de infantería de Extramuros el dia de San Lorenzo bajo el pabellon español en el castillo.

Convertida en gloriosos girones aquella. insignia de honor, que se guardaba en la capilla de la fortaleza, y no habiéndose cuidado de restaurarla, cesa aquella costumbre, que se habia renovado por una órden soberana.

Yacen por mucho tiempo tendidos en el parque de Artillería los grandes morteros, con que bombardearon á Cádiz los enemigos: testigos silenciosos de la impotencia de Napoleon ante nuestros muros, y ante la inquebrantable fidelidad de sus moradores. Todavía sobre los muros de la Casa Consular, están escritas las .palabras con que la junta allí establecida, respondió á los generales de José Bonaparte, negándose á reconocerlo por Rey.

Todavía permanecen repetidas sobre los muros de la casa de la ciudad, para enseñarlas á los extraños y para enseñar á nuestros hijos.

Son las primeras de una grande historia: son el sencillo texto de un sublime poema, en que la patria es todo y el hombre nada.

APÉNDICE

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RESIDENCIAS

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La Regencia.—Palacio de la Aduana.

Secretaría de Estado y del Despacho.—En los pisos, primero principal y segundo de la misma Aduana.

Secretaría de la Real Estampilla.—Piso principal de la Aduana. Superintendencia, Direccion y Contaduría general de Correos y sus agregados. —Calle de la Verónica, número 160.

Tesorería mayor de S. M.—En el barrio de San Carlos, frente á la puerta de este nombre, número 138, principal.

Contaduría de la ordenacio n de Cuentas.—En el entresuelo.

Direccion del Real Giro de la misma Casa.—En la misma, principal corredor del segundo patio.

Secretaría de Consolidacion y Contaduría general.—Plazuela de San Agustin, número 74.

Oficinas de Renovacion de Vales Reales.—Calle de la Aduana, número 17, frente á la misma.

Junta de Hacienda y su Secretaría.—Piso principal, casa, plaza de San Antonio, número 5.

Junta superior de Confiscos y secuestros.—Sala de Justicia del Consejo de Hacienda en San Antonio.

Junta de Medios y Arbitrios.—Sala del Consulado.

Comision de Comercio y Navegacion.—Allí mismo.

Junta Suprema para la censura de obras y papeles impresos.—En el Consulado.

Junta suprema de Sanidad.—Calle del Beaterio, número 177.

Secretaría de la interpretacion de lenguas.—Calle del Molino, número 56, piso segundo.

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Secretaría de Cámara de los Sermos. Señores Infantes don Cárlos, don Francisco y don Luis, Rey que fué de E truria.—Calle del Cármen, número 79.

Secretaría de Cámara del Sermo. señor Infante don Antonio Pascual. Calle de los Blancos, número 150.

Direccion general de reales provisiones de víveres del Ejército, Marina y Presidios.—Calle de Gamonales, número 30.

Real Compañía de Filipinas.—Casa de las Cuatro Torres, Barrio de S. Cárlos.

Consejo Real y Supremo de S. M. y su Secretaría general. —En el piso principal del Palacio Episcopal.

Consejo Supremo de Guerra y Marina, reunidos interinamente.---Piso segundo de la casa número 138, frente á la puerta de San Cárlos.

Tribunal de juzgados, sus Sesiones pública.—Capilla de la Escuela de Cristo, Convento de los Descalzos.

Consejo Real y Supremo de las Indias y su Secretaría.—Calle de los Tres Hornos, número 72.

Contaduría general de Indias.—Palacio Episcopal.

Real sello de Indias.—Calle de San José, esquina á la del Jardinillo, casa del conde de Noblejas.

Consejo Real de las órdenes.—En el convento de los Religiosos Carmelitas.

Consejo Supremo de Hacienda.—Piso principal de San Antonio.

Tribunal de la Contaduría mayor de Cuentas.—Allí mismo.

Tribunal Real y Apostólico de Cruzada y gracias subsidiarias.—Piso principal del Convento de Santa María.

Real Audiencia de Sevilla.—Hospital del Cármen.

Cuerpo de Estado mayor de los Ejércitos españoles.—Su Secretaría, piso segundo de la Aduana.

Junta superior de la provincia de Cádiz.—Calle de San Francisco, Casa Consular.

Sociedad patriótica de señoras de San Fernando.—Las juntas se celebran en el hospital del Cármen.

RESIDENCIA DE PERSONAS NOTABLES

Doctor don José Lequerica, diputado por el reino de Granada, oficial de la Secretaría de Estado y del despacho de Gracia y Justicia.—Calle de Ahumada, n.° 18, (hoy n. 2.)

Don Agustin de Argüelles, diputado por Asturias en 1812.—Vivia plaza de Las Nieves, frente á la del Solano.

Don José María Crespo de Llano, Conde de Toreno, diputado por Asturias.—En la misma casa.

Don Antonio de Capmany.—Calle de la Amargura, número 86, (hoy n.° 7.)

Don José María Calatrava, diputado por Extremadura.—Calle de Murguía, núm. 125, (hoy 28.)

Don Manuel Luján, relator del Consejo de Castilla, y diputado por Extremadura.— Calle Ancha, número 137, (hoy n.° 21.)

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Don Joaquin Lorenzo Villanueva, diputado por Valencia, capellan de honor y predicador de S. M.—Calle de Murguía, número 127, (hoy n.° 30.)

Don Juan Nicasio Gallego, diputado por Zamora , racionero de la Iglesia de Cartagena, electo Chantre de la Metropolitana de la Isla de Santo Domingo.—Calle de la Pelota, número 270, (hoy n.° 12.)

Don Manuel José Quintana, secretario de S. M. y de la interpretacion de lenguas.— Calle del Molino, número 56, (hoy n.° 16.)

Don Francisco Martinez de la Rosa.—Calle de Comedias, número 23, casa de los comerciantes granadinos Martinez Rivera y compañía, (hoy n.° 6.)

Don Angel Saavedra, duque de Rivas.—Callejon alto de los Descalzos, (hoy n.° 21.)

El marqués de Wellesley, embajador británico.—Calle de la Amargura, (hoy n.° 1.)

GOBERNADORES DE CÁDIZ DURANTE EL SITIO.

1808. El teniente general, marqués de la Solana y del Socorro.

1808. El teniente general don Tomás de Morla.

1808. El Mariscal de Campo don. Félix Jones.

1809. El teniente general don Francisco Javier Venegas.

1810. El teniente general, duque de Alburquerque.

1810. El brigadier don Francisco de Jáuregui.

1810. El Mariscal de Campo, conde de Villanueva de la Barca.

1811. El teniente general don Gaspar de Nava, conde de Noroña.

1811. El teniente general de la Armada, don Juan María Villavicencio.

1812. El teniente general de la Armada don Cayetano Valdés, que obtiene además el cargo de gefe político hasta el año de 1814.

SOCIEDAD PATRIÓTICA DE SEÑORAS AL EMPEZAR EL AÑO DE 1812.

DIRECTORAS.—Excma. señora marquesa de Villafranca.—La marquesa de Casa-Rávago, viuda.

SECRETARIAS.—Doña María Loreto Figueroa.—Doña Maria Gertrudis Carasa

TESORERAS.—La condesa de Casa-Sarria.

DEPOSITARIAS.—Dala Gerónima Montero.—(De efectos.)—Doña Francisca Morales de Carvajal.—(De vestuarios.) --Doña Nicolasa Sarria de Hidalgo.--(De prendas y donativos.)

COMISARIAS DE BARRIO.—Angustias.—Doña María del Cármen Moreno.—Doña Rita Torrenueva de Santiso.

Rosario.—Doña Joaquina Iglesias.—Doña María Antonia Darrae.

Cuna.—Doña María Ignacia Valiente de Saldo.—Doña María de las Nieves Renteria de la Torre.

Vi ñ a.—Doña Josefa Astron de Galiano.—Doña María Josefa Inojosa de Carrasco.

Candelaria.—Doña Josefa Santibañez y Mora.—Doña María de la Cruz Mora de Cosio.

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San Antonio.--Doña Josefa Micheo de Lesma.—Doña María Josefa de Micheo.

B en dicion de Dios.—Dofia Tomasa Morzo de Melendez.—Doña María Belen Parte- Arroyo.

Pilar.—Doña Josefa Morando de Campana.—Doña Margarita Comez de Orcullo.

Nuevo de Santa Cruz.—Excma. señora duquesa de Rivas.—Doña María de la Paz Marin.

Santiago.—Doña María Teresa Baquero de Castro Ferrer.—Doña Ana Gonzalez de Romero.

San Felipe.—Excma. señora condesa de Villamonte.—Doña Manuela Castañeda de Esquivel.

Ave María.—Doña Francisca Delaville.—Doña Manuela Ley de Izquierdo.—Doña Teresa do Alvareda.—Doña María Blanco de Casalduero.

Santa Mar í a.—La marquesa de los Alamos.—Doña Juana Ventura de Lila.

San Roque y Boquete.—Doña María Felipa de Lila.—La marquesa de Ussel.

Mundo N u e v o.—Doña Clara Madariaga.—Doña M.a Petra Augusta de Vazquez.

Cruz de la Verdad.—Doña Catalina Urruela de Vela.—Doña María Antonia Man- jon de Barreiro.

San Lorenzo.—Doña Justa de Guzeme.—La marquesa de Tabaloso.—Doña Rita de Letona y Víctor.—La marquesa de Sales.

Capuchinos.—Doña María del Rosario Gregorio.—Doña María Josefa Ostos.

Hasta aquí los nombres de estas señoras, tales como se leen en la Guia de forasteros de Cádiz del año de 1812.

Además pertenecian á la junta las siguientes:

Doña Francisca Cepeda.

Doña Josefa Alba.

Doña Engracia Coronel.

Doña Manuela de la Piedra.

Doña María Teresa Peralta.

Doña Isabel Blasco.

Doña María Dolores Leon Orozco.

Doña María Guimicio.

Doña Manuela Manjon.

Excma. Sra. Doña María Dolores Rodriguez de Alava