Buena Nueva de acuerdo a Mateo: Traducción de dominio público abierta a mejoras
Part 6
025:024 «También vino el que había recibido un talento y dijo, `Señor, sabía que eres un hombre duro, que recoge de donde no ha sembrado, y reúne de donde no ha esparcido. 025:025 Estaba asustado, salí y escondí tu talento en la tierra. Observa, tienes lo que es tuyo.´
025:026 «Pero su señor le contestó, `Tu siervo malo y perezoso. Sabías que recojo donde no he sembrado y reúno donde no he esparcido. 025:027 Entonces debiste haber depositado mi dinero con los banqueros, y a mi vuelta lo hubiera recibido con intereses. 025:028 Quítenle entonces el talento, y désenlo al que tiene diez talentos. 025:029 Porque al que tiene se le dará, y tendrá en abundancia, pero a aquel que no tiene, incluso lo que tenga se le quitará. 025:030 Arrojen a este siervo improductivo a la oscuridad exterior, donde habrá llanto y rechinar de dientes.´
025:031 «Pero cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria y todos los santos ángeles con Él, entonces Él se sentará en el trono de su gloria. 025:032 Ante Él estarán todas las naciones reunidas y Él separará unos de otros como un pastor separa sus ovejas de las cabras. 025:033 Él pondrá las ovejas a su mano derecha y las cabras a la izquierda. 025:034 Entonces el Rey le dirá a todos los que estén a su mano derecha, `Vengan, bendecidos de mi Padre, hereden el Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; 025:035 pues yo tenía hambre y ustedes me dieron de comer; tenía sed y me dieron de beber; fui un extraño y me recibieron; 025:036 estuve desnudo y ustedes me vistieron; estuve enfermo y ustedes me visitaron; estuve en prisión y ustedes fueron a mi.´
025:037 «Entonces los correctos le contestarán diciendo, `Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento y te alimentamos; o con sed y te dimos algo de beber? 025:038 ¿Cuándo te vimos como un extraño y te recibimos; o desnudo y te vestimos? 025:039 ¿Cuándo te vimos enfermo o en prisión y fuimos a ti?´
025:040 «El Rey les contestará, `Les aseguro, así como hicieron al menos con uno de mis hermanos[207], así lo hicieron conmigo. 025:041 Entonces les dirá a los de la mano izquierda, `Aléjense de mi, ustedes malditos, al fuego eterno preparado para el demonio y sus ángeles; 025:042 pues tuve hambre y no me dieron de comer; tuve sed y no me dieron de beber; 025:043 fui un extraño y no me aceptaron; estuve desnudo y no me vistieron; estuve enfermo y en prisión pero no me visitaron.´
025:044 «Entonces ellos contestarán diciendo, `Señor, ¿Cuándo te vimos enfermo, sediento, o como un extraño, o desnudo, enfermo o en prisión y no te ayudamos?´
025:045 «Entonces Él les contestará diciendo, `Les aseguro, así como no lo hicieron al menos con uno de estos[208], tampoco lo hicieron conmigo.´ 025:046 Estos irán al castigo eterno, pero los correctos a la vida eterna.»
26
026:001 Ocurrió, cuando Jesús había terminado estas palabras, que Él le dijo a sus discípulos, 026:002 «Saben que en dos días vendrá la Pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.»
026:003 Entonces los jefes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos del pueblo estaban reunidos en la corte del sumo sacerdote, quien se llamaba Caifás. 026:004 Ellos estuvieron de acuerdo en que atraparían a Jesús con alguna trampa y lo matarían. 026:005 Pero dijeron, «No durante la fiesta, para evitar que ocurra una protesta entre la gente.»
026:006 Cuando Jesús estaba en Betania, en la casa de Simón el leproso[209 ], 026:007 llegó una mujer con un jarro de alabastro lleno de un ungüento muy costoso, y lo vertió sobre su cabeza mientras Él se sentaba en la mesa. 026:008 Pero cuando sus discípulos vieron estos, se indignaron, diciendo, «¿Por qué este gasto? 026:009 Pues este ungüento podría haber sido vendido por mucho, y dado a los pobres.»
026:010 Pero Jesús, sabiéndolo, les dijo, «¿Por que molestan a la mujer? Pues ella ha hecho una buena obra para mí. 026:011 Porque ustedes siempre tendrán al pobre con ustedes, pero no siempre me tendrán a mí. 026:012 Al verter este ungüento en mi cuerpo, ella me ha preparado para la sepultura. 026:013 Con seguridad les digo, donde quiera en el mundo entero que esta Buena Nueva sea predicada, lo que esta mujer ha hecho también será dicho para recordarla.»
026:014 Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue donde los jefes de los sacerdotes, 026:015 y les dijo, «¿Que está dispuestos a darme, para que se los entregue?» Ellos le prepararon[ 210] treinta monedas de plata. 026:016 Desde ese momento él buscó una oportunidad para traicionarlo.
026:017 En el primer día de la fiesta del pan sin levadura[211], los discípulos fueron donde Jesús, diciéndole, «¿Dónde quieres que preparemos para que comas las Pascua?»
026:018 Él dijo, «Vayan a la ciudad donde cierta persona, y díganle, `El Maestro dice, «Mi hora está a mano. Celebraré la pascua en tu casa con mis discípulos.»´»
026:019 Los discípulos hicieron tal como Jesús les ordenó, y prepararon la Pascua. 026:020 Cuando había llegado la noche, Él estaba reclinado a la mesa con los doce discípulos. 026:021 Mientras comían, Él dijo, «Con seguridad les digo que uno de ustedes me traicionará.»
026:022 Ellos estaban muy apenados, y cada uno comenzó a preguntarle, «¿ No soy yo, verdad, Señor?»
026:023 Él contestó, «Aquel que sumerja su mano[212] conmigo en el plato, el mismo me traicionará. 026:024 El Hijo del Hombre se va, así como está escrito sobre Él, ¡pero pobre del hombre por quien el Hijo del Hombre es traicionado! Sería mejor para ese hombre si no hubiera nacido.»
026:025 Judas, quien lo había traicionado, contestó, «¿No soy yo, verdad, Rabi?» Él le contestó, «Tu lo has dicho.»
026:026 Mientras estaban comiendo, Jesús tomó pan, dio gracias[213]por este y lo partió. Lo dio a los discípulos y dijo, «Tomen, coman; este es mi cuerpo.» 026:027 Tomó la copa, dio gracias y se las dio diciendo, «Todos ustedes beban de ella, 026:028 pues esta es mi sangre de la nueva alianza, la cual es derramada para muchos para el perdón de los pecados. 026:029 Pero les digo que no tomaré de este fruto de la vid de ahora en adelante sino hasta ese día que lo tome de nuevo con ustedes en el Reino de mi Padre.» 026:030 Cuando habían cantado un himno[214] se fueron para el Monte de los Olivos.
026:031 Entonces Jesús les dijo, «Todos ustedes tropezarán a causa mía esta noche, pues está escrito, `Golpearé al pastor y las ovejas del rebaño se separarán.´ 026:032 Pero después de que yo sea resucitado, iré antes de ustedes a Galilea.»
026:033 Pero Pedro le contestó, «Aunque todos tropiecen por ti, yo nunca tropezaré.»
026:034 Jesús le dijo, «Te aseguro que esta noche antes de que el gallo cante me negarás tres veces.»
026:035 Pedro le dijo, «Aunque tenga que morir contigo no te negaré.» Todos los discípulos dijeron lo mismo.
026:036 Entonces Jesús fue con ellos a un lugar llamado Getsemani y le dijo a sus discípulos, «Siéntense acá mientras voy allá a rezar.» 026:037 Llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a entristecerse y a preocuparse. 026:038 Entonces les dijo, «Mi alma está extremadamente triste, incluso hasta la muerte. Quédense acá y estén atentos conmigo.»
026:039 Se adelantó un poco, cayó sobre su cara y rezó diciendo, «Mi Padre, si es posible que está copa se aleje de mi; aunque que no sea lo que yo desee sino lo que tu desees.»
026:040 Fue donde los discípulos y los encontró durmiendo y le dijo a Pedro, «¿Qué, no podían estar atentos conmigo por una hora? 026:041 Estén atentos y oren para que no entren en tentación. El espíritu en verdad lo desea pero la carne es débil.»
026:042 De nuevo una segunda vez se apartó de ellos y oró diciendo, «Mi Padre, si esta copa no se puede alejar de mi sin que la beba, que se haga tu deseo.» 026:043 Fue de nuevo y los encontró durmiendo pues sus ojos estaban pesados. 026:044 Los dejó de nuevo y se apartó de ellos y oró por tercera vez diciendo las mismas palabras. 026:045 Después fue donde sus discípulos y les dijo, «Sigan durmiendo y descansen. Escuchen la hora está a la mano y el Hijo del Hombre es traicionado en las manos de pecadores. 026:046 Levántense y vámonos. Observen el que me traiciona está a la mano.»
026:047 Mientras aún hablaba, Judas uno de los doce llegó, y con él una gran multitud con espadas y palos eran de los jefes de los sacerdotes y de los ancianos del pueblo. 026:048 Entonces el que lo traicionó les dio una señal, diciendo, «A quien yo bese, ese es. Aprésenlo.» 026:049 De inmediato fue donde Jesús, y le dijo, «¡Saludos, Rabi!» y lo besó.
026:050 Jesús le dijo, «Amigo, ¿por qué estás aquí?» Entonces fueron, pusieron sus manos sobre Jesús, y lo atraparon. 026:051 Uno de los que estaba con Jesús estiró su mano, sacó su espada, le dio al siervo del sumo sacerdote atinándole en la oreja. 026:052 Entonces Jesús le dijo, «Pon tu espada en su lugar, pues aquellos que toman la espada morirán con la espada. 026:053 ¿O no piensas que yo podría pedirle a mi Padre, y Él me enviaría ahora más de doce legiones de ángeles? 026:054 ¿ Entonces como se cumplirían las escrituras si eso fuera así?»
026:055 En ese momento Jesús le dijo a la multitud, «¿Han venido como contra un ladrón con espadas y palos para apresarme? Me senté a diario en el templo y no me arrestaron. 026:056 Pero todo esto ha ocurrido, para que se cumplieran las Escrituras de los profetas.» Entonces todos los discípulos lo dejaron, y huyeron. 026:057 Los que habían tomado a Jesús lo condujeron donde Caifás, el sumo sacerdote, donde los escribas y los ancianos estaban reunidos. 026:058 Pero Pedro lo siguió a distancia hasta la corte del sumo sacerdote, entró y se sentó con los oficiales, para ver el final. 026:059 Entonces el sumo sacerdote, los ancianos y el consejo entero buscaban testimonios falsos contra Jesús, para poder sentenciarlo a muerte; 026:060 y no encontraron. Aun cuando muchos testigos falsos fueron, no encontraron ninguno. Pero al final dos testigos falsos fueron, 026:061 y dijeron, «Este hombre dijo, `Puedo destruir el templo de Dios, y construirlo en tres días.´»
026:062 El sumo sacerdote se levantó, y le dijo, «¿No tienes respuesta? ¿ Qué es esto que estos dan como testimonio en tu contra?» 026:063 Pero Jesús mantuvo su paz[215]. El sumo sacerdote le dijo, «Te ordeno por el Dios viviente, que nos diga si tu eres el Cristo, el Hijo de Dios.»
026:064 Jesús le dijo, «Tu lo has dicho. Sin embargo, te digo, ustedes verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Poderoso, y viniendo entre las nubes del cielo.»
026:065 Entonces el sumo sacerdote rasgó su vestido, diciendo, «¡Ha dicho blasfemias! ¿Por qué necesitamos más testigos? Observen, ahora ustedes han escuchado su blasfemia. 026:066 ¿Qué piensan?» Le contestaron, «¡Merece la muerte!» 026:067 Entonces escupieron en su rostro y lo golpearon con sus puños, y algunos le dieron bofetadas, 026:068 diciendo «¡Profetiza para nosotros, tu Cristo! ¿Quién te golpeó?
026:069 Pedro estaba sentado fuera de la corte, y una empleada fue donde él diciendo, «¡Tu también estabas con Jesús, el de Galilea!»
026:070 Pero él lo negó ante todos, diciendo, «No se de que estás hablando.»
026:071 cuando había salido al pórtico, alguien más[216] lo vio, y le dijo a los que estaban allí, «Este hombre también estaba con Jesús de Nazaret.»
026:072 De nuevo lo negó con un juramento, «No conozco al hombre.»
026:073 Después de un momento, los que allí estaban fueron y le dijeron a Pedro, «Seguramente tu eres también uno de ellos, pues tu forma de hablar te da a conocer.»
026:074 Entonces él comenzó a maldecir y a jurar, «¡No conozco al hombre! » De inmediato el gallo cantó. 026:075 Pedro recordó las palabras que Jesús le había dicho, «Antes de que el gallo cante, me negarás tres veces.» Se fue y lloró amargamente.
27
027:001 Cuando la mañana llegó, todos los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tomaron consejo contra Jesús para condenarlo a muerte: 027:002 lo ataron, lo condujeron afuera y lo enviaron a Poncio Pilato, el gobernador. 027:003 Entonces Judas, quien lo había traicionado, cuando vio que Jesús fue condenado, sintió remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y los ancianos, 027:004 diciendo, «he pecado porque he traicionado sangre inocente.» Pero ellos le dijeron, «¿Que tiene que ver con nosotros? Es tu problema[217].»
027:005 Lanzó las monedas de plata en el santuario[218], y salió. Se alejó y se colgó. 027:006 Los jefes de los sacerdotes tomaron las monedas de plata y dijeron, «No es legal darlas como ofrenda, porque es el precio de sangre.» 027:007 Tomaron consejo, y compraron un campo[219] con estas, para enterrar extraños. 027:008 Por esto ese campo se llamó «El campo de la sangre» desde ese día. 027:009 Entonces se cumplió lo que había sido dicho por intermedio de Jeremías el profeta[220]: «Tomaron[221] las treinta monedas de plata,El precio de aquel sobre quien se había puesto precio[222], A quien algunos de los hijos de Israel le pusieron precio[223], 027:010 Y las dieron[224] por el campo del alfarero, Como el Señor me ordenó.» 027:011 Entonces Jesús fue donde el gobernador: y el gobernador le preguntó, «¿Eres el Rey de los Judíos?» Jesús le dijo, «Tal como dices.»
027:012 Cuando fue acusado por los jefes de los sacerdotes y los ancianos, no contestó nada. 027:013 Entonces Pilato le dijo, «¿No escuchas cuantas cosas dan como testimonio en tu contra?»
027:014 Él no respondió, ni siquiera una palabra, así que el gobernador se maravilló. 027:015 En la fiesta el gobernador solía liberar un prisionero para la multitud, el que ellos quisieran. 027:016 Tenían, entonces, un notable prisionero llamado Barrabás. 027:017 Entonces cuando la gente se había reunido, Pilato les dijo, «¿A quien quieren que libere por ustedes? ¿A Barrabás, o a Jesús, quien es llamado Cristo?» 027:018 Pues él sabia que era por envidia que Jesús le había sido enviado.
027:019 Mientras se sentaba en la silla para juzgar, su esposa le envió, diciendo, «No tengas nada que ver con este hombre justo, pues he sufrido muchas cosas este día en un sueño por su causa.» 027:020 Mientras tanto, los jefes de los sacerdotes persuadieron a la multitud para que pidieran a Barrabás y destruyeran a Jesús. 027:021 Pero el gobernador les pregunto, «¿A cuál de los dos desean que les libere?» Ellos dijeron, «¡Barrabás!»
027:022 Pilato les dijo, «¿Qué debo hacer entonces con Jesús, quien es llamado Cristo?» Todos ellos le dijeron, «¡Que sea crucificado!»
027:023 Pero el gobernador dijo, «¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho?» Pero gritaron exageradamente diciendo, «¡Que lo crucifiquen!»
027:024 Así que cuando Pilato se dio cuenta de que no conseguía nada, pero en cambio se estaba comenzando un disturbio, tomó agua y se lavó las manos ante la multitud diciendo, «Yo soy inocente de la sangre[225] de este hombre justo. Ustedes verán[226].»
027:025 Todas la gente contestó, «¡Que su sangre se derrame sobre nosotros y sobre nuestros hijos[227]!»
027:026 Entonces les liberó a Barrabás pero Jesús fue azotado y entregado para ser crucificado. 027:027 Luego los soldados del gobernador llevaron a Jesús a la tienda del Pretor y reunieron a toda la tropa en contra de Él[228]. 027:028 Le quitaron la ropa y le pusieron un manto escarlata. 027:029 Le trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza y un vara en la mano derecha; se arrodillaron delante de Él y lo ridiculizaron diciendo, «¡Paz, [229]Rey de los Judíos!» 027:030 Lo escupieron[230], tomaron una vara y le pegaron en la cabeza. 027:031 Después de ridiculizarlo le quitaron el manto y le pusieron su ropa y lo llevaron para crucificarlo.
027:032 Cuando salieron encontraron un hombre de Cirene llamado Simón, lo obligaron a ir con ellos para que cargara la cruz[231]. 027:033 Llegaron a un lugar llamado «Gólgota» que significa, «El lugar de la calavera.» 027:034 Le dieron vino amargo[232]. Cuando lo probó no quiso tomar. 027:035 Cuando lo crucificaron se dividieron su ropa entre ellos echando suertes, [233] 027:036 y se sentaron y lo vigilaron allí. 027:037 Pusieron escrito sobre su cabeza la acusación en contra de Él, « ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS.»
027:038 Habían dos ladrones crucificados con Él, uno a su derecha y el otro a su izquierda. 027:039 Los que pasaban lo blasfemaban moviendo sus cabezas, 027:040 y diciendo, «Tu que destruyes el templo y lo vuelves a construirlo en tres días, ¡sálvate a ti mismo! ¡Si eres el Hijo de Dios baja de esa cruz!»
027:041 De la misma forma los jefes de los sacerdotes también lo ridiculizaban, junto con los escribas, los fariseos[234] y los ancianos, diciendo, 027:042 «Él salvó a otros, pero no puede salvarse a si mismo. Si es el Rey de Israel, que baje de la cruz ahora, para que creamos en Él. 027:043 Él confía en Dios. Que Dios lo libere ahora, si lo aprecia; pues Él dijo, `Soy el Hijo de Dios.´» 027:044 También los ladrones que estaban crucificados con Él, le hacían el mismo reproche.
027:045 Desde la sexta hora[235] hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la novena hora[236] 027:046 Alrededor de la novena hora Jesús grito con fuerte voz, «Elí, Elí, ¿lima sabachthani?[237]» Que es, «Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has abandonado?»
027:047 Algunos de lo que estaban allí, cuando lo escucharon, dijeron, « Este hombre está llamando a Elías.»
027:048 De inmediato uno de ellos corrió, tomó una esponja, la llenó con vinagre, la puso en una vara y le dio para que bebiera. 027:049 Los demás dijeron, «Déjalo. Veamos si Elías viene a salvarlo.»
027:050 Jesús gritó nuevamente con fuerte voz, y entregó su espíritu. 027:051 La cortina del templo se rasgó de arriba a abajo en dos. La tierra tembló y se rompieron las rocas. 027:052 Se abrieron las tumbas, y muchos cuerpos de santos que habían caído dormidos se levantaron; 027:053 y después de la resurrección de Jesús[238], salieron de las tumbas, entraron a la ciudad santa y se aparecieron a muchos. 027:054 Entonces el centurión, y los que estaban con él viendo a Jesús, cuando sintieron el temblor, y las cosas que ocurrieron, se asustaron mucho y dijeron, «Verdaderamente este era el Hijo de Dios.»
027:055 Muchas mujeres estaban mirando desde cierta distancia, ellas habían seguido a Jesús desde Galilea y le habían servido. 027:056 Entre ellas estaba Maria Magdalena, Maria la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo. 027:057 Cuando llegó la noche, un hombre rico de Arimatea llamado José quien era también un discípulo de Jesús llegó. 027:058 Este hombre fue donde Pilato, y le pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato ordenó que le entregaran el cuerpo. 027:059 José tomó el cuerpo, y lo envolvió en una tela de lino limpia[239], 027:060 lo puso en una tumba nueva de su propiedad, que había cavado en la roca, rodó una gran piedra en la puerta de la tumba, y partió. 027:061 María Magdalena estaba allí, junto con la otra Maria, sentadas al otro lado de la tumba. 027:062 Al día siguiente, que era el día después de la Preparación, los jefes de los sacerdotes y los fariseos se reunieron con Pilato 027:063 y le dijeron, «Señor recordamos lo que ese impostor dijo mientras aún estaba vivo: `Después de tres días resucitaré.´ 027:064 Ordena entonces que la tumba sea asegurada hasta el tercer día, para evitar que tal vez sus discípulos vengan durante la noche, lo roben y digan a la gente, `Ha resucitado de la muerte;´ y el último fraude sea peor que el primero.»
027:065 Pilato les dijo, «Tienen una guardia. Vayan y asegúrenlo tanto como puedan.» 027:066 Así que fueron con la guardia y aseguraron la tumba, sellando la roca.
28
028:001 Después del día Sabático, cuando comenzó el amanecer del primer día de la siguiente semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver la tumba. 028:002 Ocurrió que hubo un gran temblor de tierra, pues un ángel del Señor bajó del cielo, fue y rodó la piedra de la puerta y se sentó sobre esta. 028:003 Su apariencia era como un rayo, y su vestido blanco como la nieve. 028:004 Llenos de temor los guardias temblaron y quedaron como muertos. 028:005 El ángel les dijo a las mujeres, «No tengan miedo, pues se que buscan a Jesús quien ha sido crucificado. 028:006 Él no está aquí, pues ha resucitado así como había dicho. Vengan y vean el lugar donde yacía el Señor. 028:007 Vayan rápido y díganle a sus discípulos, `Él ha resucitado de la muerte, y escuchen, irá antes que ustedes a Galilea, allí lo verán.´ Les he dicho.»
028:008 Partieron rápidamente de la tumba con gran temor y alegría, y corrieron a llevarles la palabra a los discípulos. 028:009 Cuando iban a contarle a los discípulos, Jesús se encontró con ellas, y les dijo, «¡Alégrense!» Ellas al llegar se arrodillaron, tomaron sus pies y lo alabaron.
028:010 Entonces Jesús les dijo, «No se asusten. Vayan y díganle a mis hermanos[240] que deben ir a Galilea, y allí me verán.»
028:011 Mientras ellas iban, algunos de los guardias fueron a la ciudad, y les dijeron a los jefes de los sacerdotes todas las cosas que habían ocurrido. 028:012 Cuando se reunieron con los ancianos, y había tomado consejo, le dieron un gran cantidad de monedas de plata a los soldados, 028:013 y les dijeron, «Digan `Sus discípulos vinieron en la noche, y lo robaron mientras dormíamos.´ 028:014 Si esto llega a los oídos del gobernador, lo convenceremos y no tendrán de que preocuparse.» 028:015 Así que tomaron el dinero e hicieron como se les dijo. Este mensaje fue difundido entre los judíos y continua hasta este día.