Part 1
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[Ilustracion: SIMON BOLÍVAR]
BIBLIOTECA DE LA JUVENTUD
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BIOGRAFIA
DEL LIBERTADOR
SIMON BOLÍVAR
ó
LA INDEPENDENCIA DE LA AMÉRICA DEL SUD
RESEÑA HISTÓRICO-BIOGRÁFICA
POR L. C.
PARIS
LIBRERIA DE ROSA Y BOURET
23, CALLE VISCOSTI, 23
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1868
El general Bolívar es delgado, y algo menos de una regular estatura. Viste bien, y tiene un modo de andar y presentarse franco y militar. Es ginete muy fuerte y atrevido, y capaz de resistir grandes fatigas. Sus maneras son buenas y su aire sin afectacion, pero que no predispone mucho á su favor. Se dice que en su juventud fué de buena figura; pero actualmente es de rostro pálido, pelo negro con canas, ojos negros y penetrantes; pero generalmente inclinados á tierra ó de lado cuando habla; nariz bien formada, frente alta y ancha y barba afilada; la expresion de su semblante es cautelosa, triste....
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Su carácter, viciado por la adulacion, es arrogante y caprichoso.... Su imaginacion y su persona son de una actividad maravillosa.... Su voz es gruesa y áspera; pero habla elocuentemente en casi todas materias....
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(Retrato hecho por el general SUCRE.)
PROLOGO
Ardua empresa es la de escribir la biografia de los hombres célebres contemporáneos. En todo tiempo, aquel que por sus méritos ha llegado á colocarse sobre el nivel de las gentes, siempre se ha visto atacado por la mordacidad de sus émulos y por muchos á quienes sus actos no podian menos de herir, ora en sus intereses, ora en sus familias. ¿Que resolucion se ha llevado á cabo sin lastimar intereses creados, sin sembrar la devastacion y la muerte por todas partes?
Por mas que el hombre de que vamos á ocuparnos haya derramado en su camino la sangre de sus hermanos, no por eso dejará de ser el _Libertador_ de un pueblo que gemia bajo el yugo de la opresion.
En la obra de la independencia de su pais que desde los primeros años del presente siglo fué iniciada, por el espíritu mismo de la época, en aquellas espléndidas regiones, el nombre de Bolívar fué conocido ya entre sus compatriotas; y desde el momento en que se le vé aparecer afiliado á la santa causa de la libertad, por su mérito personal es honrado con el alto cargo de los intereses de Venezuela cerca de los poderosos gobiernos de las naciones europeas.
Aun cuando no se hallase adornado de otro alguno, bastarian su constancia, su amor sin limites ni resfriamiento por la libertad de su pais; bastarian su génio infatigable para administrar y allegar medios de sostener la lucha con gloria, su noble desinterés, su probidad y su grandeza de ánimo durante los reveses de que fué víctima; bastaria, en fin, su sana intencion, su respeto hácia el descubridor del Nuevo Mundo y 16 años de no interrumpidos servicios prestados por su patria, que al cabo habia de ultrajarle menospreciando sus servicios y la rectitud de sus sentimientos, para que nuestra pluma no vacilase un solo punto en distinguirle con el glorioso título de _héroe_, añadido á los que el mismo pueblo venezolano, y á nombre de él sus representantes, le dieron, sin duda con justicia, de _Libertador_ y _Padre de la Patria_.
¿El espíritu público podia llegar á estraviarse hasta el extremo de honrarle de una manera indebida, precisamente en los momentos en que las exigencias de la guerra, que siempre va acompañada del desórden y el dolor, venian á destrozar los intereses, el bienestar y aun el corazon de los mismos que asi le aclamaban? Esta y otras consideraciones no menos poderosos nos han dado valor para acometer la empresa de ofrecer el retrato del célebre guerrero americano; pero como el mejor medio indudablemente es el de pedir prestados los colores á los acontecimientos mismos en que figuró desde su juventud, ofrecemos un bosquejo de los mas principales en la larga lucha que los Sud-americanos sostuvieron para conquistar su independencia.
Si nuestro pincel no ha sido empleado con acierto, no se culpe jamás á nuestro buen deseo.
EL AUTOR.
CAPITULO PRIMERO
Introduccion.--Causas que influyeron en la sublevacion de la América del Sud.--Llegada de unos confinados á presidio.--Primeros movimientos revolucionarios de Venezuela.--Picton.--Publicidad de los futuros acontecimientos.--Carbonell y Rico.--Medidas represivas.--Expatriaciones y encarcelamientos.--Vasconcelos.--Actos con que se inauguraba en el mando.--Sus efectos.--Gestiones patrióticas.--Miranda.--Bolívar, su juventud, su regreso á Europa.
Entre las nobles y dignas figuras que en el glorioso cuadro de la independencia se destacan majestuosamente durante la revolucion que dió la libertad á las antiguas colonias españolas de la América Central y de la América del Sud, la del esforzado caraqueño Simon Bolívar se encuentra en primera línea al lado de las de Miranda, San Martin y Sucre, orlada de inmortal auréola.
El ejemplo de los Estados-Unidos del Norte influyó de una manera extraordinaria en el porvenir de los pueblos Sud-americanos, que desde muy atrás venian experimentando la tiránica opresion de los vireyes españoles, y el eco del santo grito de emancipacion dado por Washington en las márgenes del Potomac, poderoso á despertar el entusiasmo patrio, resonó en las del Magdalena, el Orinoco y el Plata, conmoviendo tambien el corazon de los Andes.
Corria el año 1796, cuando en el puerto de la Guaira, remitidos desde España, desembarcaron Manuel Cortés Campomanes, José Laz, Sebastian Andrés y Juan Bautista Picornell con destino á los presidios de América, como cabezas de cierta conspiracion, cuyo fin era dar á la monarquia española una forma democrática despues de derribar el trono de Cárlos IV, rey incapaz de alcanzarse por sus actos el buen nombre con que su antecesor habla bajado al sepulcro.
Iniciados estos hombres, como la mayor parte de los españoles ilustrados de su tiempo, en las doctrinas propaladas por la revolucion francesa, se anunciaron desde luego con el carácter de mártires de la causa republicana, dando pábulo por medio de sus sencillos y fáciles principios políticos al entusiasmo liberal que habia principiado á germinarse en el ánimo fogoso de la juventud.
Conspirábase ya en favor de las nuevas ideas, cuando Sir Tomás Picton, gobernador inglés de la isla de la Trinidad, recibió un despacho en el cual su gobierno le encargaba favoreciese la causa de la independencia americana; pues por aquel entonces, rotas las buenas relaciones entre España é Inglaterra, ésta buscaba todos los medios hábiles de hacer la guerra á aquella, y el mencionado despacho, impreso de órden de Picton, circuló con gran rapidez entre todos los venezolanos.
Esta determinacion del gobernador inglés tenia lugar el 26 de Junio, y cerca un año mas tarde, el 4 de igual mes de 1797, los conspiradores resolvian dar libertad á los encarcelados para que fuesen á buscar auxilios extranjeros, y facilitaban la evasion de todos ellos menos Laz, que habia sido ya remitido á su presidio hacia algun tiempo, sin que este hecho diese lugar por parte del gobierno á otra cosa que á algunas pobres é infructuosas averiguaciones.
La gestion de aquellos hombres decididos en contra del gobierno que los habia expatriado, poniendo entre ellos y su suelo natural la inmensidad de los mares, fué bastante activa y produjo algunos buenos resultados, disponiendo favorablemente los ánimos de los americanos residentes en Europa á la causa de las libertades patrias.
Casi todos los habitantes de la Guaira sabian que por el mes de Enero de 1798 un grande acontecimiento tendria lugar en el pais, y hablaban de sus planes con poca reserva y sobrado calor.
Era por entonces capitan general Don Pedro Carbonell, en cuyas manos vino la casualidad á poner el hilo de la trama, ó mas bien que la casualidad la poca discrecion de un comerciante de Carácas, llamado Don Manuel Montesinos y Rico, quien deseoso de hacer prosélitos se franqueó á su barbero, mancebo timorato y de pocas luces. Este, despues de haber descubierto el secreto á otros jóvenes de su clase, y previo acuerdo de todos, fué á consultar el caso con un sacerdote amigo suyo llamado Don Domingo Lander. Por boca de este y de otro clérigo llegó á oidos del provisor, quien lo notició al capitan general.
Preso Rico y ocupados sus papeles, ofreció Carbonell á los conjurados el perdon y olvido de su delito, siempre que se presentasen en cierto término ante su autoridad. Semejante medida produjo grande alarma entre todos los iniciados, despertando en sus ánimos el temor de verse denunciados unos á otros, y corrieron de tropel á ponerse en manos de las autoridades, con la inocente credulidad de hombres novicios en el arte de conspirar.
Pronto las cárceles se vieron atestadas de venezolanos honrados y laboriosos. Aun no habia corrido un mes desde la denuncia, cuando ya se oficiaba á la Córte de España diciéndole: "que á excepcion de dos, que habian buscado amparo en las colonias extranjeras, los demás cómplices se hallaban presos." Don Manuel Grial, capitan retirado y Don José Maria España eran los referidos prófugos.
Pero en vez de perdonar y olvidar, conforme á la promesa, en Agosto del mismo año ordenaba la Audiencia que los detenidos fuesen desterrados á perpetuidad y trasladados unos á la metrópoli y otros á Puerto-Rico.
Algunos meses despues, el capitan general era reemplazado por Don Manuel de Guevara Vasconcelos, quien haciendo un uso inhumano de las ámplias facultades de que iba investido, condenó á ser ahorcados y descuartizados á seis de los principales conspiradores. Este inicuo é injusto proceder exacerbó al pueblo venezolano, tanto mas cuanto que los promovedores de la conspiracion, Sebastian Andrés y José Laz, á pesar de su mayor delito por esta circunstancia y la de ser reincidentes no merecieron otra pena que la de reclusion en las provincias de Panamá y Puerto-Cabello.
Asi inauguraba Guevara su entrada en el mando y la del año 1799, en cuyo mes de Abril fué apresado Don José Maria España, á quien su mala estrella trajo desde la Trinidad á la Guaira en busca de su esposa; la tierna solicitud de esta no bastó á tenerle bien oculto ni defendido contra las pesquisas de los agentes del gobierno. El 8 de Marzo, esto es, á los nueve dias de su captura, sufrió el desgraciado la pena de horca y su cabeza, dentro de una jaula de hierro, estuvo expuesta al público en la Guaira, mientras sus mutilados miembros fueron distribuidos entre varios pueblos y fijados en escarpias al borde de los caminos.
Pero semejantes medidas de terror solo servian para enconar mas y mas los ánimos y excitar el ódio y general descontento de un pueblo digno de mejor suerte, tratado con tan cruel manera, como el mas abyecto de los esclavos.
Asi cerraban los desaciertos de España el siglo XVIII, contribuyendo no poco de este modo á acelerar la emancipacion de Venezuela y la de todas las otras colonias, cuyos clamores, llevados á Europa por algunos de sus mas decididos patriotas, solicitaban de Francia é Inglaterra los necesarios socorros para emprender la obra santa de su independencia y tratar de sacudir para siempre el pesado, el ominoso yugo ejercido alli desde hacia tres siglos por los españoles con menoscabo, injusticia y fragrante impunidad de los sagrados derechos naturales de aquellos que llevaban su sangre, de aquellos cuyo sudor y afanes no eran aun bastantes á alimentar su insaciable codicia.
Entre los celosos gestores de la mas noble de las causas figuraban el peruano Don José Caro, el granadino Don Antonio Nariño y, con sus vastas relaciones y gran nombre europeo, el caraqueño Don Francisco Miranda. Llenos todos tres de ardiente patriotismo, todos tres animados del mejor deseo, ponian en juego cuantos medios estaban á su mano para concertar en el antiguo continente la manera de cambiar la faz política de su pais, dándole un gobierno independiente y republicano que guiase los pueblos á la prosperidad y adelantos que el movimiento general de la época y la riqueza de la América reclamaban.
Tal era la situacion de Venezuela al perderse en la inmensidad de los tiempos el siglo último, siglo que, al engendrar un Napoleon y un Washington, hizo participe de una chispa de su génio revolucionario al hombre que mas tarde habia de merecer el glorioso nombre de _Libertador de su pais_, y cuyos altos hechos vendrian á inmortalizar el cincel, el bronce y la pluma. Simon Bolívar pisaba los umbrales de la vida en la ciudad de Carácas el dia 24 de Julio de 1783. Nacia adornado de los talentos y dotes necesarias para consumar la obra de la independencia del Sud de América, y á ser el reparador de la injusticia que los hombres de otro tiempo habian inferido al intrépido y sábio descubridor del Nuevo Mundo, intentando, con la mas noble elevacion del espiritu al mismo tiempo que exponia su vida en los campos de batalla, perpetuar el recuerdo de Colon en la Confederacion que se esforzó en constituir bajo el título de _Colombia_.
Este probo, inteligente, noble, infatigable y decidido patriota, tuvo la desgracia de perder sus padres en la mas tierna edad. Estos fueron Juan Vicente y Maria de la Concepcion Palacios. Su afecto filial, falto de objetos tan queridos, rebosaba en su pecho y le consagró lodo entero á su patria, única madre que el cielo le habia conservado y por la cual mas tarde sacrificaba gustoso su sangre y su fortuna.
Diez años contaba apenas cuando pasó á Europa con la mira de completar su educacion y perfeccionarse en la carrera de las armas, hácia la cual le llamaba su natural inclinacion, sobreescitada por el mas ardiente amor de gloria. ¿Qué otra aspiracion mas digna y santa podia acariciar un corazon huérfano y un corazon sensible como el suyo?
Despues de haber viajado por Francia é Italia, donde las ideas liberales y de progreso prestaron á las suyas el calor y solidez que mas tarde habian de producir la independencia de su pais natal, y á poco de haber buscado entro los brazos de una esposa en la córte de España el amor de la familia, se trasladó á Venezuela. Aqui, trascurridos pocos meses, la compañera que habia elegido pasó á mejor vida, dejándole de nuevo en la antigua soledad y lleno de tristeza.
Entonces, por segunda vez, se encaminó hácia el Continente Europeo y presenció la coronacion de Napoleon I, de cuyo génio militar y político era apasionado admirador, y cuatro años despues vibraba en sus oidos el grito de _independencia ó muerte_ dado por los españoles al lanzarse al campo para estorbar por medio de las armas el poderoso vuelo de las águilas invasoras.
CAPITULO II
Aparente restablecimiento del órden.--Tentativas de Miranda.--Don Juan Casas.--Su situacion comprometida.--Los emisarios de Mural.--Actitud tomada por el pueblo venezolano.--La junta auxiliar.--Gestiones del Ayuntamiento.--Creacion de una junta suprema.--Bolívar y Emparan.-- Aborto de conspiracion.--Confirmacion de los rumores acerca de los sucesos de España.--Primer paso hácia la revolucion.--Destitucion de Emparan.--Declaraciones del Ayuntamiento de Carácas.--Destierro de las antiguas autoridades españolas.--Pronunciamientos.--Los emisarios en la provincia de Coro.--Primera salida á campaña.--Mision de Bolívar en Europa.--Don Antonio Cortabarria.--Actos de la junta de Carácas.--Conato de levantamiento.--Prisiones y asesinatos.--Rómpense las hostilidades.--Vuelta de Miranda.--Conflicto de la Junta.--Demostracion popular.--Nombramiento de Miranda.
Volvamos á anudar el hilo de los acontecimientos de Venezuela.
Ahogada en la apariencia la revolucion, fermentó sordamente durante los primeros años del siglo actual entre la juventud venezolana. Las familias que tuvieron la desgracia de perder alguno de sus miembros, y aquellas que habian sufrido y sufrian aun las consecuencias del primer paso dado hácia el templo de la libertad, aleccionadas por la experiencia, se agitaban con cautela en favor de la santa causa y esperaban el momento oportuno de poder obrar con mayor acierto, con nueva decision y energia.
Despues de mil y mil contrariedades, el 25 de Marzo de 1806 se presentaba Miranda en la Costa Firme, á vista de Ocumare, con una corbeta y dos goletas, únicos auxilios que pudo conseguir de la América del Norte. Sus fuerzas de desembarco se componian de unos 200 jóvenes que se le unieron un Haiti. Atacado de improviso por dos bergantines, despues de una vigorosa pero inútil pelea, con pérdida de las goletas, se retiró á Trinidad, donde impetró el auxilio de los ingleses y muy particularmente el de Cochrane, almirante de la escuadra que estacionaba entonces en las islas de Barlovento.
De alli á cuatro meses guiaba quince diferentes buques con 500 hombres, y habiendo puesto en fuga á los enemigos que defendian la costa, penetró vencedor en la Vela de Coro el segundo dia de Agosto; pero no encontrando alli la acogida y proteccion que esperaba, renunció á su expedicion y regresó á Trinidad, pasando luego á Europa desde esta isla. Diez de los suyos, hechos prisioneros en el combate, fueron pasados por las armas en Puerto-Cabello y varios otros confinados á los presidios.
Este fué el último de los actos del mando de Vasconcelos.
Los acontecimientos de España en 1808 pusieron al capitan general sucesor, Don Juan Casas, en la mas crítica situacion. Los comisionados mandados alli por Murat que le exigian obediencia al nuevo monarca, y la presencia de un buque de guerra inglés en las costas, le envolvieron en una inmensa perplejidad. Por otra parte, la imprudente lectura que un oficial francés hizo en público de la _Gaceta de Bayona_ produjo un motin entre los oficiales criollos y españoles, que dieron el grito de "¡Viva Fernando VII y mueran los franceses!" Además, la actitud del pueblo le impidió decidir por si solo en tan árduas circunstancias, y acordó reunir una junta auxiliar compuesta de un miembro por cada tribunal, corporacion y clases de la sociedad.
La junta, presidida por Casas, se hizo cargo de los despachos de Murat y de los que el gobierno británico habia enviado por medio de Colincour y de Cochrane, y optó decididamente por la conservacion del estado de cosas sin alteracion de ninguna especie. Esta medida, como era natural, mantuvo y sobreescitó la general inquietud, ocasionando motines y alborotos que el capitan general tuvo que castigar con mano fuerte.
El ayuntamiento le instaba á que constituyese una junta como las de la metrópoli, algunos dias antes de la llegada de un comisionado mandado por la junta de Sevilla. El 28 de Julio Casas accedió á las instancias del ayuntamiento, y el 5 de Agosto se presentaba en Carácas el mencionado agente.
Constituida la junta, no sin que antes hubiesen mediado contestaciones entre el cabildo y el capitan general que exigió de este obediencia ciega, subsistió hasta el 13 de Enero de 1809, en que fué reconocida la soberania de la central, instalada en Aranjuez por Setiembre del año anterior.
Declarados como parte esencial é integrante de la monarquia española sus dominios ultramarinos, el valiente, antiguo y distinguido capitan de la marina real Don Vicente de Emparan fué nombrado, en reemplazo de Casas, como capitan general de Venezuela.
Bolívar acompañó en su viaje al nuevo representante militar de España, pues como buen patriota no podia vivir lejos del suelo que le habia visto nacer y cuya precaria suerte tantas veces aceleraba los latidos de su noble y esforzado corazon. La idea de poder dar á su pais dias de dicha y prosperidad, abriéndole la senda de su futura independencia, en mas de una ocasion habia venido á interrumpir su sueño y á mecer sus halagüeñas esperanzas de gloria. El 17 de Mayo Emparan y Bolívar pisaban la Costa Firme. Las primeras disposiciones del nuevo capitan general fueron tan violentas y desacertadas, que todos, sin excepcion alguna, asi españoles como criollos, con ánimo de no separar la colonia de la madre patria, formaron el plan de derrocar su poder y de constituir en seguida un gobierno análogo al de aquella.
Espiraba el mes de Marzo de 1810, y segun estaba convenido, el marqués del Toro, coronel del batallon miliciano de los valles de Aragua, debia señalar la entrada del de Abril apoderándose por sorpresa del capitan general, quien noticioso del proyecto, merced á un vil denunciador, dió un golpe de mano á los conspiradores.
Contra lo que podia esperarse, y en desacuerdo con sus primeros actos de gobierno, se limitó Emparan á confinar en Maracaibo, Margarita y otros puntos de la provincia á los principales autores del abortado plan.
Vagos rumores se esparcieron por este tiempo acerca de la disolucion de la Junta central y de la dispersion de sus miembros, rumores que fueron confirmados el 18 de Abril, dia de Miércoles Santo, de una manera muy ámplia, pues además se supo que toda la Península, menos Cádiz y la Isla de Leon, estaba ya ocupada por los franceses; lo cual hizo cundir la inquietud con la rapidez del rayo entre todas las clases del pueblo, y hasta los mismos españoles manifestaban temores, sobresaltos y desconfianza del gobierno.
La ocasion se presentaba muy propicia para hacer renacer en los criollos las pasadas pretensiones, y conjurándose nuevamente, atrajeron á su partido á los principales jefes y oficiales de las tropas que guarnecian la ciudad; y hasta el cabildo, que estaba compuesto de españoles y americanos casi por partes iguales, se prestó á provocar una discusion con el capitan general.
El dia siguiente, con motivo de la asistencia á la celebracion de los oficios de Jueves Santo, el ayuntamiento, fiel á su promesa, pasó una invitacion á Emparan, quien se presentó en la casa capitular y encontró al cuerpo municipal constituido en sesion extraordinaria, arrogándose agenas facultades y tratando del peligro que corria la América, de la política que debia adoptarse en aquellas circunstancias y de la perentoria necesidad de organizar un gobierno propio que la pusiera á cubierto de la anarquia.
Emparan, despues de haber eludido hábilmente las consideraciones y dificultades que el ayuntamiento le presentaba, concluyó declarando: _"que seria inconvenientísima toda innovacion,"_ y salió de alli dirigiéndose luego hácia la iglesia metropolitana. Pero los conspiradores le siguen, le interceptan el paso, y uno de ellos, llamado Francisco Sálias, auxiliado del populacho, le obliga á volver á la casa capitular sin que los cuerpos de guardia que encuentran al paso opongan la menor resistencia, sino que, antes por el contrario, manifiestan su actitud amenazadora negando á su jefe los honores de ordenanza.
Emparan tuvo que asentir á la idea de formar una Junta suprema; pero habiendo tenido los capitulares la debilidad de acceder por su parte á que este siguiera ocupando al frente de ella el cargo de Presidente, un doctor y canónigo de la catedral de Carácas, el Señor Don José Cortés Madariaga, que se anunció en el ayuntamiento como diputado del clero y del pueblo, en un interesante y elocuente discurso pidió la deposicion del capitan general.
En tan críticas circunstancias, Emparan, presentándose en el balcon á la muchedumbre que cercaba la casa capitular, apeló á su voto; pero esta, siguiendo á los conjurados, gritó: _¡Afuera! ¡Afuera! No le queremos.--Ni yo tampoco quiero el mando_, dijo él despechado, si bien tratando de disimular su enojo y bochorno. Tomóse acta de estas palabras y se consideraron alli mismo como una renuncia voluntaria.